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Técnicas literarias en Las huellas de la Sierpe

Técnicas literarias en Las huellas de la Sierpe

María Ángeles Solís del Río · Editorial Poesía eres tú, 2026

1. Introducción técnica

Las huellas de la Sierpe presenta una notable variedad de recursos formales para un primer poemario editado en sello. María Ángeles Solís del Río no se decanta por una única modalidad expresiva: convoca la décima espinela, la terza rima, el soneto, la quintilla, el romance y el verso libre con propósitos diferenciados. El recurso central que vertebra el libro es la imagen simbólica —TYPE B, símbolo—, concretada en la sierpe/lagarto como eje semántico que recorre las cuatro partes del volumen. Cada forma métrica se elige en función del contenido: las formas cerradas para los poemas de enunciado mítico o argumentativo, el verso libre para los momentos de mayor carga intimista.

Los sentidos trabajados con mayor intensidad son el visual (el olivar plateado, el cielo constelado, los muros verdes), el auditivo (las campanas, el viento, el rugido en el raudal) y el táctil (el abrazo al tronco del olivo, el frío de la gruta, las piedras empedradas). El olfativo y el gustativo aparecen de forma puntual y eficaz: el «vino amargo» de la Plaza de la Magdalena y el «olor a tierra» cuando la sierpe roza las aguas.

2. La imagen simbólica como eje constructivo

La sierpe es el símbolo central y su potencia radica en la acumulación de capas semánticas a lo largo del libro. Comienza como monstruo acuático y termina siendo guardiana del secreto de la catedral. Veamos los momentos clave de esa transformación:

Este desplazamiento semántico —de amenaza a guardiana— es el arco simbólico más sofisticado del libro y su principal hallazgo constructivo.

3. Recursos fónicos y rítmicos

El libro trabaja con notable rigor métrico en sus poemas de forma cerrada. La décima espinela de «Tierra Olivarera» respeta la rima ABBAACCDDC con precisión: condena/cadena/frente/repente (ABBA) / tributo/fruto (CC) y las rimas subsiguientes.

«Brazo de Mar» adopta la terza rima dantesca (ABA BCB CDC DED…), forma de extraordinaria dificultad en castellano, que Solís del Río resuelve con elegancia: gruta/escruta/nada (ABA), lejana/ventana/mundo (BCB), viejos/reflejos/raudal (CDC). El encadenamiento de las rimas imita visualmente el avance lento de la sierpe hacia el raudal, creando un efecto de inevitabilidad rítmica.

No hay anáforas como recurso estructural sistemático, aunque sí locales: la anáfora de «Mujer» en «Magdalena» construye una letanía de invocación y la de «Tierra» en «Olivo» funciona como estribillo emocional.

El libro opta por el verso libre sin rima sistemática en sus poemas intimistas (Magdalena, Olivo, Santo Reino), pero el ritmo se sostiene mediante la variación controlada del verso: versos breves para el intimismo («Tierra que sangra / cuando gritas») y versos más largos para la narración y la contemplación.

4. Imágenes sensoriales

La imagen visual domina el libro: el olivar como «campo de plata», el lagarto que ilumina el cielo rojo al explotar, la constelación Draco reflejada en los monumentos de Jaén, el verde de los muros de San Miguel, las «piedras bellas» que florecen bajo las estrellas. La visualidad de Solís del Río es concreta, nunca abstracta.

El sentido auditivo aparece con intensidad en «Leyenda»: «el viento susurraba / en las calles de piedra», «las campanas de bronce / lanzaron al infinito, / enloquecidos sus sones». El silencio también se trabaja: «Mientras calla el mundo» (San Miguel), «En silencio la Torre del Concejo» (Torre del Concejo).

El tacto es el sentido de la intimidad y el dolor: «Me abracé a tu tronco / para curar mis cicatrices» (Olivo), «el temblor de las noches sin mañana» (Brazo de Mar), «el frío» que «la atravesó» en la gruta (Magdalena).

El sentido del gusto no aparece como recurso relevante de manera sistemática, aunque el «vino amargo» de «Plaza de la Magdalena» destaca como imagen aislada de amargura y desengaño.

5. Sintaxis y disposición tipográfica

La sintaxis de los poemas de forma cerrada es generalmente regular y respeta los límites del verso como unidad sintáctica, con algunos encabalgamientos moderados. En los sonetos, el encabalgamiento entre cuartetos y tercetos crea tensión semántica, especialmente en «El Mito»: «Dios romano, venerado en la fuente. / Un ara te recuerda de manera / infame, a tus pies la sierpe presiente.»

En los poemas de verso libre, la disposición tipográfica refleja el flujo emocional. Los versos cortos de «Olivo» crean una cadencia de respiración contenida, casi mántrica. Los versos largos de «Catedral» —especialmente los finales con el diálogo entre las almas y la voz del viento— amplían el espacio emocional del poema.

La puntuación es en general convencional, con uso de puntos suspensivos para sugerir lo inacabado o lo inefable, recurso que aparece con discreción y eficacia: «Camina buscando una luna llena.» (sin suspensivos), «pasado muerto que en tus sienes muerdes.» La exclamación se reserva para los momentos de mayor intensidad emocional: «¡Poeta!, viene la muerte…» (Arco San Lorenzo).

6. Léxico y campo semántico

El campo semántico dominante es el de la leyenda y el mito: sierpe, lagarto, raudal, bestia, dragón, fauces, entrañas, yesca, corderos, pólvora. Este léxico épico convive con el léxico intimista de los poemas de la cuarta parte: cicatrices, tronco, alas, templanza, humanidad, manto, quebranto.

El léxico arquitectónico y monumental es muy preciso: raudal, Magdalena, Jabalcuz, Fuente de la Peña, lavaderos, campanario, facetas moriscas, catacumbas romanas. Esta precisión topográfica ancla el libro en lo real y evita la vaguedad del paisajismo convencional.

Destaca el uso del término «sierpe» frente a «lagarto» o «dragón»: la autora alterna los tres con criterio poético-semántico. «Sierpe» connota lo reptiliano y acuático; «lagarto» lo popular y local; «dragón» lo mítico y universal. Esta triada léxica recorre el libro y sustenta su carácter de mito en tres dimensiones: local, regional y universal.

7. Síntesis técnica

Las huellas de la Sierpe muestra una poeta con dominio técnico claro: conoce las formas cerradas y las usa con precisión (décimas, terza rima, sonetos, quintillas, romance), y sabe cuándo abandonarlas en favor del verso libre para dar paso a la voz más íntima. El símbolo de la sierpe está construido con coherencia y evoluciona a lo largo del libro sin agotarse. La variedad sensorial —visual, auditivo, táctil, con notas de gustativo y olfativo— confiere al libro una densidad perceptiva que invita a la relectura. El léxico combina con eficacia la precisión topográfica, la épica del mito y la delicadeza del intimismo. En conjunto, es una obra de mayor elaboración técnica de lo que sugiere su aparente sencillez.

Verso Recurso Efecto
sierpe engendrada, sal hacia el raudal Símbolo + imperativo Invocación que convierte a la sierpe en entidad convocable
La soga de la sierpe ata triunfante Metáfora simbólica La sierpe como fuerza que atrapa y retiene al visitante del monumento
La leyenda será ahora el camino… / La sierpe, cara a cara, a su destino Personificación La sierpe como ser con agencia narrativa propia
se comía los rebaños, / atemorizaba hombres Descripción épica La sierpe en su dimensión del terror colectivo
sierpe engendrada, sal hacia el raudal: / La Magdalena es un barrio fecundo Símbolo de fertilidad invertida La sierpe como origen oscuro de la vitalidad del barrio
Arrastrando, llegó la sierpe, acaso para hacerla callar Símbolo protector-ambigu La sierpe ya no aterra sino que calla al alma negra ante la belleza
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