Las huellas de la Sierpe, de María Ángeles Solís del Río
Análisis literario completo
1. Introducción
Las huellas de la Sierpe (Editorial Poesía eres tú, 2026) es el primer poemario de María Ángeles Solís del Río, poeta jaenesa nacida en 1977, galardonada con el Premio Provincial de Poesía «Federico Mayor» (2003). El libro propone un itinerario poético por Jaén: sus monumentos, su leyenda fundacional del lagarto, su tierra olivarera y el firmamento constelado que refleja la ciudad. La sierpe —el lagarto de la Magdalena— articula las cuatro partes del volumen como hilo conductor simbólico.
Se trata de un poemario de vocación cívica y lírica a un tiempo: el poema como acto de memoria y amor al territorio. La autora recorre plazas, arcos, conventos y catedrales no como guía turística sino como cronista de las emociones que esos espacios destilan. El prólogo de Martín Lorenzo Paredes Aparicio subraya esa dimensión doble: el itinerario monumental y la leyenda del dragón comparada con otros mitos universales.
El libro convoca una voz femenina que se erige en testigo y guardiana de una identidad que teme el olvido. Su arquitectura formal —décimas, terza rima, sonetos, quintillas, romance y verso libre— muestra una escritora que ha interiorizado la tradición sin someterse a ella.
2. Estructura y arquitectura del poemario
El volumen se organiza en cuatro partes de nombre significativo: «Al principio», «Lugares», «Él» y «Santo Reino». Esta distribución responde a un movimiento simbólico que va del origen al presente.
La primera parte, «Al principio», funciona como obertura con tres poemas de largo aliento: Tierra Olivarera, Brazo de Mar y Magdalena. Establecen el mapa simbólico: la tierra como identidad, el agua como origen de la leyenda, Magdalena como primera víctima y primera liberada de la sierpe.
La segunda parte, «Lugares», ofrece nueve poemas breves —casi todos quintillas— como fotografías emocionales de los monumentos jaeneses: Plaza de la Magdalena, San Miguel, el Convento de Santa Catalina, los Baños Árabes, la Torre del Concejo, el Arco San Lorenzo, San Andrés, la Plaza del Rostro y la Reja de la Capilla. La brevedad es deliberada: el destello antes que la exposición.
La tercera parte, «Él», es el corazón narrativo. Tres poemas —Leyenda, El Mito y Draco— abordan el relato del lagarto desde tres ángulos: la leyenda popular (romance extenso), el tiempo mitográfico romano (soneto) y la dimensión cósmica (soneto). Es la parte más ambiciosa en cuanto a manipulación del tiempo narrativo.
La cuarta parte, «Santo Reino», cierra con una meditación sobre la identidad jaenesa: Olivo, Santo Reino, El cielo no llora y Catedral. El olivo como metáfora matricial, la catedral como escenario donde el alma blanca vence al alma negra, y la sierpe que reaparece como guardiana ambigua del misterio final.
3. Voz poética y perspectiva
La voz de Solís del Río combina dos registros: la crónica colectiva y la confesión íntima. En los poemas de la segunda parte, la voz se diluye hasta casi desaparecer en el objeto contemplado; en los de la primera y la cuarta, emerge con fuerza personal.
En «Magdalena», la poeta asume la voz del mito femenino para hacer de la figura bíblica una metáfora de la mujer acosada y liberada:
“Mujer, sálvate y vuela, / que solo por ello, / pudo cambiar el mundo.”
La anáfora de «Mujer» aporta una cadencia litúrgica que convierte el poema en invocación protectora. La sierpe no es solo el lagarto: es también la amenaza sobre lo femenino, y la poeta lo sabe con precisión:
“La sierpe da un paso atrás / y el silencio se apodera / del vacío de la gruta / sin dañar tu fruto.”
En «Olivo», la voz vuelve a la primera persona para fundir la identidad femenina con la identidad territorial:
“Tierra que sangra / cuando gritas. / Tierra de entrañas / de mujer.”
En los poemas breves, la voz se retira para dejar paso al espacio. En «San Miguel», los monumentos hablan: «toca mis muros verdes… / pasado muerto que en tus sienes muerdes». La voz no contempla: escucha.
4. Temas centrales
4.1. La leyenda como identidad
El motivo de la sierpe/lagarto atraviesa el libro de principio a fin. En «Brazo de Mar», el lagarto aún no ha aparecido pero ya está convocado por el agua y la piedra:
“sierpe engendrada, sal hacia el raudal: / La Magdalena es un barrio fecundo.”
En «Leyenda» —el poema más extenso del libro— la narración del mito se despliega en toda su complejidad: el miedo colectivo, la recompensa, el preso que acepta el reto, el engaño con los corderos y la yesca, la explosión final. El momento cumbre es la liberación doble: del lagarto y del preso:
“Y reventó el Lagarto, rojo cielo, / iluminando todo. Jabalcuz, / lanza un suspiro hacia nuestra Cruz / mientras regresa el poeta con su anhelo.”
La muerte del lagarto es una metáfora del renacimiento poético y cívico. La libertad se gana mediante el ingenio, no la fuerza.
4.2. El territorio como cuerpo
La tierra de Jaén en este libro es un cuerpo vivo: sangra, grita, recuerda. En «Tierra Olivarera», el olivar es riqueza y condena a un tiempo:
“De esta tierra, la condena, / la bendición de tu fruto. / Siendo tu alma el gran tributo / negado: es riqueza ajena.”
La décima denuncia la injusticia histórica con precisión lacónica. En «Santo Reino», el territorio se convierte en espejo del alma:
“Era tierra de raíces y poetas / muertos que respiraron / aquel viento afilado.”
4.3. La muerte y la permanencia
En «El cielo no llora», un soneto ampliado que acompaña la procesión de Rógativas, la sequía es a la vez meteorológica y espiritual:
“el cielo no llora… ¡cuánto quebranto! / Nuestra vida muere si el agua nos deja.”
La sequía es un motivo perenne de la poesía andaluza, pero Solís del Río lo recoge desde una tradición popular y religiosa que hace más íntima la amenaza.
4.4. La belleza como revelación
El poema final, «Catedral», es el más simbólico del libro. Dos almas —negra y blanca— se enfrentan a la Catedral de Jaén. El alma negra niega la belleza; en el momento de la agonía, finalmente la ve. La sierpe aparece una última vez:
“Arrastrando, llegó la sierpe, acaso para hacerla callar.”
El cierre del libro es una imagen magistral de conocimiento:
“Ella sabía quién pintó las puertas de la Catedral de verde.”
El alma blanca conoce el secreto. La sierpe, amenaza al principio, se convierte al final en guardiana del misterio. Este desplazamiento semántico del símbolo es uno de los mayores logros del libro.
5. Recursos estilísticos y técnica poética
Solís del Río domina varias formas métricas con solvencia. La décima espinela de «Tierra Olivarera» respeta la rima ABBAACCDDC. «Brazo de Mar» adopta la terza rima dantesca (ABA BCB CDC…), fórmula de gran exigencia que aquí imita el avance lento de la sierpe hacia el raudal. Los sonetos —El Mito, Draco, El cielo no llora— muestran dominio del endecasílabo.
En los poemas breves de la segunda parte, la quintilla captura la esencia de cada espacio con economía de medios. En «Baños Árabes», la soga aparece como metáfora del encierro y la seducción:
“La soga de la sierpe ata triunfante.”
En «Leyenda», el romance octosílabo vehicula la narración del mito popular con el ritmo de la memoria colectiva. Los diálogos dentro del romance —«que me den la libertad, / si yo mato al lagarto»— intensifican la tensión dramática.
Las imágenes sensoriales son abundantes: el olor de la tierra, el sonido de las campanas, el tacto de los muros, el frío de la gruta. El agua es especialmente recurrente: el raudal de la Magdalena, la Fuente de la Peña, la lluvia de las rógativas, el mar imaginado en el olivar. El agua es origen y promesa.
En «El Mito», el soneto condensa siglos en catorce versos:
“Tiempos que se perdieron de muy lejos / pues se esparce en tierra el cruel olvido.”
Y en «Draco», la constelación como espejo de Jaén eleva el mito a categoría cósmica:
“Allá está, perdida en el firmamento, / lleva tu nombre una constelación, / simulando la forma de un dragón, / reflejando en Jaén su encantamiento.”
Uno de los recursos más llamativos es la personificación de los monumentos. La Torre del Concejo «toca a vecina muerta», San Miguel habla al poeta, el viento «grita en sus adentros». Jaén no es un decorado: es un personaje.
6. Tradición e influencias
Las huellas de la Sierpe se inscribe en la tradición del paisajismo poético andaluz y en la poesía de tema local. El modelo más cercano es la poética de Antonio Machado —la tierra como ánima, el paisaje como espejo del alma colectiva—, pero donde Machado buscaba la Castilla eterna, Solís del Río busca la Jaén viva y concreta.
La elección del romance para «Leyenda» remite al Romancero español y a su uso moderno por Lorca, que convirtió el romance en el vehículo idóneo para el mito popular. La dimensión cósmica de «Draco» recuerda la poesía mítica de Rafael Alberti, especialmente en su faceta de poeta del espacio.
El uso del soneto y la décima emparenta a Solís del Río con la tradición clásica que nunca se ha roto en la poesía española meridional. Es una escritora que conoce la tradición y la usa sin servilismo.
7. Interpretación global
Las huellas de la Sierpe es, en el fondo, un libro sobre la memoria: la memoria de una ciudad, de una leyenda, de una tierra. La autora escribe para que quede constancia; pero no con nostalgia paralizante, sino con amor combativo.
La sierpe puede leerse como la parte oscura de la identidad jaenesa —lo que asusta, paraliza, amenaza— que solo puede ser vencida con ingenio (el preso), con fe (Magdalena) y con belleza (el alma blanca ante la catedral). Estos tres modos de victoria son también tres modos de vida: el arte, la espiritualidad y la contemplación estética.
El libro habla también, en voz más baja, de la condición femenina. Magdalena es «mujer apedreada entre el tumulto de infieles», pero también la que salva a su criatura y la que es salvada por su fe. La voz femenina que narra no es víctima pasiva: es testigo activo, guardiana de la memoria.
8. Conclusión
Las huellas de la Sierpe de María Ángeles Solís del Río es una aportación valiosa a la poesía española de tema local, que eleva la tradición del poemario cívico a una dimensión mítica y personal. Su dominio de las formas clásicas, su manejo de la imagen sensorial y el arco simbólico que recorre el libro —de la condena de la tierra al secreto de la catedral— lo convierten en una obra de madurez estética notable para ser un primer poemario en sello editorial.
El libro invita a releerlo con el mapa de Jaén en la mano; pero también invita a leerlo sin él, porque sus imágenes trascienden la geografía local y hablan de algo que todos conocemos: el amor al lugar donde uno pertenece, el miedo al olvido y la certeza de que la belleza, cuando se la mira de frente, termina por vencer a la sierpe.







