Análisis académico
Antonio Isidro Graña Ojeda — Grupo Editorial Pérez-Ayala
ORCID: 0009-0001-7354-7934
Estudio sobre Sinencuentro, de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero (Editorial Poesía eres tú, Madrid, 2026. ISBN 979-13-87806-55-2).
Título del estudio en Zenodo: WhatsApp, amistad y vejez: la comunicación mediada en Sinencuentro. Registro: https://zenodo.org/records/23536551
1. Introducción
Sinencuentro (Editorial Poesía eres tú, 2026), de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero, narra una relación de amistad entre dos personas de edad avanzada, una declaración amorosa y una negativa. El relato se sostiene en buena medida sobre un medio de comunicación concreto, la aplicación de mensajería WhatsApp, que aparece nombrada en el título de un poema, en varias composiciones de la parte masculina y en la prosa de la parte femenina. Este análisis examina el lugar que ocupa la comunicación mediada en el libro y su relación con dos realidades sociales que el texto pone en primer plano: la amistad sostenida durante décadas y la vejez.
La pregunta que guía el trabajo es qué función cumple el mensaje digital en una relación que, según el propio libro, se desarrolla sobre todo a distancia y que solo en ocasiones se materializa en encuentros presenciales. La respuesta que se propone es que el mensaje funciona como un medio de presencia conectada, en el sentido que la sociología de la comunicación ha dado a esta expresión, y que el libro lo presenta con una ambivalencia que se resuelve de manera distinta en cada una de sus dos voces. Para él, el mensaje es el soporte de una esperanza; para ella, un instrumento de contención.
El marco teórico combina la sociología de las relaciones mediadas, con los trabajos de Christian Licoppe (2004), Nancy Baym (2010) y Sherry Turkle (2011); la sociología de los vínculos afectivos en la modernidad tardía, con Zygmunt Bauman (2005), Eva Illouz (2012) y Anthony Giddens (1995); y los estudios culturales del envejecimiento, con Kathleen Woodward (1991) y Margaret Morganroth Gullette (2004). Las citas del libro se localizan por página.
2. El poema WhatsApp: elogio y reserva
La composición titulada «WhatsApp» (p. 17) es la única del libro dedicada expresamente al medio. Se abre con una cita de una zarzuela, que la nota final identifica como frase de un personaje de La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón y Ricardo de la Vega, estrenada en 1894 (p. 89): «Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad» (p. 17). La cita, que en la obra original se refiere a los avances técnicos de fin del siglo XIX, se aplica aquí a la tecnología del siglo XXI, y con ello sitúa la mirada del poema: la de alguien que contempla la novedad con la perspectiva de quien ha conocido otros tiempos.
El poema elogia a continuación las ventajas del medio: «Gran invento eso del WhatsApp.» (p. 17); «Permite, con una gran facilidad, establecer ágil comunicación.» (p. 17). Y precisa en qué consiste su ventaja, comparándolo con los medios anteriores: «Sin el retraso de las misivas ni, del teléfono, la inoportunidad.» (p. 17). El mensaje digital reúne lo mejor de la carta y del teléfono: la inmediatez de este y la discreción de aquella. No exige la presencia simultánea del destinatario, como la llamada, ni la espera de días, como el correo postal. Janet Gurkin Altman (1982) mostró que la carta se define por la distancia que media entre el emisor y el destinatario y por el tiempo que separa la escritura de la lectura; el mensaje digital conserva la primera condición y reduce casi a cero la segunda, lo que explica que el poema lo celebre como superación de ambos medios.
El elogio se acompaña de una advertencia: «A destajo no se ha de utilizar» (p. 17), y se cierra con un refrán sobre la brevedad del sermón, cuya primera parte dice «Si corto, mueve el alma;» (p. 17) y cuya segunda, de registro coloquial, alude a la impaciencia que produce lo largo. La advertencia muestra la conciencia de un riesgo: el exceso de mensajes puede convertir la comunicación en importunidad. El poema anticipa así el conflicto que el libro desarrollará. La voz masculina usa el medio con frecuencia; la voz femenina lo percibirá como insistencia.
Nancy Baym (2010) señaló que el discurso sobre los medios digitales tiende a oscilar entre el entusiasmo y la alarma, y que ambas actitudes repiten las que suscitaron en su momento el telégrafo o el teléfono. El poema de Graciani Constante reproduce esa oscilación en una escala mínima: celebra el invento y, en el mismo texto, advierte de su abuso. La cita de la zarzuela refuerza el paralelismo histórico, porque recuerda que el asombro ante la técnica tiene una larga tradición en la cultura popular española.
3. Presencia conectada: la relación como flujo de mensajes
Christian Licoppe (2004) describió la presencia conectada como un repertorio de gestión de las relaciones en el que la persona ausente adquiere presencia mediante la multiplicación de gestos comunicativos mediados, hasta el punto de que la interacción presencial y la mediada se entrelazan en un mismo tejido. La relación que narra Sinencuentro se ajusta a esa descripción. El poema largo que da título al libro lo resume en dos versos: los protagonistas, durante todo un año, solo en WhatsApp tuvieron «alegres, breves contactos.» (p. 47). Y lo explica por la distancia entre sus vidas: «Vidas cuasi paralelas. Líneas con distintos actos: Trabajo y jubilación.» (p. 47).
Esta indicación es significativa desde el punto de vista sociológico. Las vidas de los protagonistas son paralelas porque transcurren en ámbitos distintos: uno trabaja y el otro está jubilado. El texto no precisa cuál de los dos se encuentra en cada situación, y este análisis no lo conjetura. La relación no se apoya en una cotidianidad compartida, sino en un flujo de mensajes que mantiene el vínculo entre encuentros espaciados.
La parte masculina del libro está compuesta en buena medida por piezas que funcionan como esos mensajes. Felicitaciones de cumpleaños, de santo, de Navidad, de Reyes; aniversarios; agradecimientos. Una de ellas lo dice expresamente: la voz se une a los cantos y felicitaciones de los familiares y amigos de la destinataria «aunque sea virtualmente» (p. 18). Otra recuerda la recepción de un beso enviado a distancia: «Recibido en un WhatsApp, que desde lejos fue enviado como todos los anteriores.» (p. 30). El beso digital, que en la comunicación presencial sería un gesto físico, se convierte en un objeto que se guarda: el poema busca dónde conservarlo y lo coloca junto a la lamparilla que alumbra las noches del sujeto.
La prosa de Zapata Tinajero confirma la regularidad del flujo desde la otra parte: «Nunca falta a las citas señaladas del calendario: Navidades, Año Nuevo, Reyes, Pascua de Resurrección.» (p. 77). Y describe la reanudación del contacto tras la noche de la declaración: «Dos días después un whatsapp me despertó con sus buenos días habituales.» (p. 78). El mensaje de buenos días, habitual, es la unidad mínima de la presencia conectada. Su regularidad lo convierte en rito, y su reanudación tras el episodio de la tormenta indica que la relación continúa.
4. Dos lecturas del mismo mensaje
La aportación más interesante del libro a la comprensión de la comunicación mediada es que ofrece dos lecturas del mismo flujo de mensajes. En la parte masculina, los mensajes son expresión de afecto y soporte de una esperanza. La voz de él escribe con intensidad, recuerda, felicita, desea. Al cerrar la larga composición «Ha pasado justamente un año», resume su situación en una cuarteta: «Tu sonrisa, en el año, iluminaba una vez, con buena luz, a mi vejez.» (p. 43); y concluye: «Ya, con WhatsApp, me apaño.» (p. 43). El mensaje digital es el sustituto de la presencia: la sonrisa que una vez al año ilumina la vejez del sujeto se compensa el resto del tiempo con la mensajería.
En la parte femenina, los mismos mensajes se leen de otra forma. La voz de ella los describe como «mensajes asépticos de whatsapp en los que intenta disimular su interés personal.» (p. 77). Y explica su respuesta: no contesta, o lo hace con fórmulas mínimas de cortesía. Tras la noche de la declaración, al mensaje de buenos días responde «con unas escuetas gracias, en otro whatsapp.» (p. 78). Lo que para él es comunicación afectiva es para ella un intercambio que debe mantenerse en los límites de la cortesía.
Erving Goffman (2009) analizó la interacción como una representación en la que cada participante gestiona la impresión que produce en el otro, y distinguió entre la información que se transmite de forma deliberada y la que se desprende sin control. El mensaje escrito facilita la gestión de impresiones, porque elimina buena parte de la información no verbal que en la conversación presencial delata las intenciones. Las dos partes del libro muestran ese efecto. Él cree disimular su interés en mensajes asépticos; ella lo percibe con claridad. Ella responde con frialdad para no alimentar expectativas; él interpreta los mensajes como señales de una relación que se mantiene. La mediación digital no elimina la ambigüedad: la desplaza al terreno de la interpretación del texto escrito. La distribución de los papeles, en la que él insiste y ella contiene, reproduce además un esquema de cortejo que Pierre Bourdieu (2000) consideraba incorporado en las disposiciones de ambos sexos, aunque el libro lo invierte en su desenlace al conceder a la mujer la última palabra.
La carta del lector ficticio, incluida en el apartado P.S. del libro, apunta a esta cuestión cuando reprocha al autor no haber percibido los matices de ella en el lenguaje «oral, leído, corporal mantenido» (p. 63) en los encuentros anteriores. La enumeración distingue tres canales: lo dicho en persona, lo leído en los mensajes y lo expresado con el cuerpo. El reproche consiste en que el autor solo ha sabido leer en blanco y negro lo que ella expresaba con matices en los tres canales. Fernando Poyatos (1994) insistió en que la comunicación humana es siempre plurimodal y en que la palabra, el paralenguaje y la kinésica forman un sistema; el libro sugiere que la reducción de la relación al canal escrito favorece la lectura simplificada que el lector ficticio reprocha al autor.
5. El encuentro presencial: la comida y la terraza
Frente al flujo de mensajes, el encuentro presencial aparece en el libro como acontecimiento excepcional. Dos composiciones lo narran: «La Parra» (p. 15), que describe una cena en un patio con música y baile, y el poema largo «Sinencuentro» (pp. 47-50), que narra una comida y un café en una terraza. En la prosa de ella se mencionan también comidas periódicas con otros amigos y amigas, que él organiza y que, según ella, tienen como fin pasar unas horas a su lado.
El poema «Sinencuentro» describe la comida con atención a la sociabilidad que la rodea: «La comida simpática.» (p. 47); «Los bien cocinados platos activan la conversación ayudados por los caldos.» (p. 47). La conversación versa sobre temas comunes: el trabajo, el estatus, los seres queridos. «Tema: Los seres queridos.» (p. 48). Y el poema observa que en esta fase del encuentro la comunicación corporal es escasa: los lenguajes corporales, muy escasos, no conforman un sentimiento intenso. El cambio se produce en el paseo hacia la terraza, donde, según el poema, los lenguajes corporales explotan y las palabras sobran.
Esta descripción ofrece un contrapunto a la comunicación mediada. En la comida, ambos hablan de lo que hablarían en un mensaje: noticias, trabajo, familia. En el paseo, la comunicación se vuelve corporal y silenciosa, y el poema la describe como el momento de mayor intensidad. Sherry Turkle (2011) sostuvo que la comunicación permanente por medios digitales puede empobrecer la conversación presencial, al sustituir la exposición a la presencia del otro por un intercambio controlado. Sinencuentro no formula esa tesis, pero la ilustra: la intensidad del vínculo se manifiesta en el encuentro físico, no en el flujo de mensajes, y es precisamente en un encuentro físico, la noche de la tormenta, donde se produce la declaración.
6. Amistad de décadas y vínculo líquido
La relación entre los protagonistas es, según el libro, una amistad de muchos años. La voz de ella habla de un compañero de toda la vida y de una amistad de años que un paso adelante pondría en riesgo. Esta amistad duradera constituye un vínculo fuerte, en el sentido de que ha resistido el paso del tiempo y los cambios de las circunstancias vitales.
Bauman (2005) caracterizó los vínculos de la modernidad líquida por su fragilidad y por la preferencia por las conexiones, fáciles de establecer y de romper, frente a las relaciones, que exigen compromiso. La comunicación digital es, en su análisis, el medio privilegiado de la conexión. Sinencuentro presenta un caso que no se ajusta del todo a ese diagnóstico. El medio digital sirve aquí para mantener un vínculo antiguo y estable, no para multiplicar conexiones efímeras. La amistad precede al medio y lo utiliza. Lo que se rechaza en el libro no es el compromiso en general, sino la transformación de un vínculo en otro de naturaleza distinta. Byung-Chul Han (2014) ha sostenido que la sociedad digital, al exponerlo todo y eliminar la distancia, debilita la experiencia del otro como alteridad; en Sinencuentro, sin embargo, la distancia se mantiene de forma deliberada, y es la voz femenina la que la preserva como condición de la amistad.
Illouz (2012) ha descrito la elección amorosa en la modernidad como un proceso de evaluación en el que intervienen criterios de compatibilidad, autonomía y riesgo emocional. La prosa de ella realiza esa evaluación con claridad: la negativa se apoya en la insuficiencia del sentimiento, en la diferencia de caracteres y en la voluntad de no perder la libertad. Giddens (1995) llamó relación pura a la que se sostiene por la satisfacción que proporciona a ambas partes y no por obligaciones externas. La amistad de los protagonistas tiene rasgos de relación pura: se mantiene por elección y puede continuar en los términos que ella fija, como sugiere la pregunta final de su prosa sobre si seguirán con el juego de la espera.
7. El calendario festivo como forma social de la comunicación
Los mensajes que componen la parte masculina no son aleatorios: siguen el calendario festivo y personal. Navidad, Año Nuevo, Reyes, el santo y el cumpleaños de la destinataria marcan los momentos en que la comunicación se produce. La prosa de ella lo confirma al enumerar las citas señaladas del calendario en las que él nunca falta. El flujo de mensajes es, por tanto, un flujo ritualizado, que se ajusta a las ocasiones socialmente reconocidas para la felicitación.
Esta ritualización tiene una función precisa. La felicitación de calendario es una forma de comunicación socialmente legitimada: nadie necesita justificar un mensaje de Navidad o de cumpleaños, porque la ocasión lo autoriza. Para la voz masculina, el calendario ofrece pretextos aceptables para mantener el contacto sin declarar sus intenciones. El soneto con el que felicita la Navidad un año después de la tormenta lo hace explícito: el deseo de felicidad se presenta como señal de un amor profundo hacia amigos y familiares, conforme a una costumbre general: «cual es tradición en todos los lares de nuestro muy católico mundo.» (p. 23). El afecto particular se ampara en la tradición colectiva, y la voz lo personaliza a continuación al decir que desea compartir ese sentir con la destinataria.
Goffman (2009) mostró que la vida social está regulada por rituales de interacción que permiten a los individuos relacionarse sin poner en riesgo su imagen. La felicitación de calendario es uno de esos rituales: permite expresar afecto sin exponerse al rechazo, porque su contenido es convencional. La voz masculina se sirve de él durante años, y la voz femenina responde con la fórmula convencional correspondiente, el agradecimiento. Ambos permanecen dentro del ritual. La declaración de la noche de la tormenta es, precisamente, la ruptura del ritual: el momento en que él abandona la fórmula y expone sus sentimientos, con el riesgo que ello supone.
Varias composiciones juegan con la convención de la felicitación hasta exhibirla. «Ha pasado justamente un año» (pp. 41-43) es una felicitación anual de sesenta y un versos que se disculpa por su extensión: «Mil perdones por malgastar tu tiempo.» (p. 43); y se pregunta si no habría bastado con decir a tiempo las dos palabras de la fórmula: «¿Bastaba solo con decir a tiempo:» (p. 43), seguida de la felicitación. La composición «Carta a los Reyes Magos» (p. 25) adopta la forma de la carta infantil a los Reyes para pedir un regalo para la destinataria, y concluye que tal regalo no cabe en un salón pero sí en un corazón. Y el poema «Regalo de los Reyes Magos» (p. 56), en la parte final, invierte la convención: los Reyes, conocedores de la situación, han decidido suprimir el regalo para evitar un pesar mayor. La felicitación ritual, que durante años había sostenido la relación, se interrumpe cuando la situación cambia.
Este último poema contiene una reflexión sobre la distancia que conecta con el tema de la comunicación mediada. Tras anunciar la supresión del regalo, cita un refrán y lo desmiente: «Ojos sin ver, corazón que no siente. No siempre es verdad. El refrán miente.» (p. 56). La distancia física no garantiza el olvido. La voz masculina, que durante años se ha comunicado a distancia, constata que la ausencia de contacto visual no elimina el sentimiento. El refrán, que es una forma de sabiduría colectiva sobre la distancia, se revela insuficiente ante la experiencia individual.
8. Del café a la Redacción: la esfera pública mínima del libro
El libro contiene una reflexión implícita sobre otra forma de comunicación, la que se produce entre el autor y su público. En el apartado P.S., la carta del lector ficticio se dirige al autor a través de un medio, cuya Redacción decide publicarla como excepción. El lector desea al autor que su obra sea comentada: «Te deseo que tengas muchos lectores, que en el café muchos oradores comenten, bien o mal, a tu parida.» (p. 64). El café aparece aquí como espacio de conversación pública sobre los libros, en la tradición de la tertulia española.
La escena reproduce, en miniatura, un circuito de comunicación pública anterior a la era digital: el libro se publica, un lector lo lee y escribe a un periódico, el periódico publica la carta, el autor responde, la Redacción cierra la polémica, y los lectores lo comentan en el café. Es un circuito lento, mediado por instituciones y por espacios físicos de sociabilidad. El contraste con la mensajería instantánea que domina la relación entre los protagonistas es evidente. El libro conjuga dos regímenes de comunicación: el íntimo y digital de los mensajes de calendario, y el público y tradicional de la prensa y la tertulia.
La carta del lector pide además al editor que no deje la carta en el cajón, sino que la haga llegar a la sección de redacción para que el autor pueda leerla. La figura del editor como intermediario entre el lector y el autor pertenece al circuito tradicional del libro. Y la carta de la Redacción, con su fórmula sobre la excepción, reproduce el tono de las secciones de cartas al director de la prensa periódica. Altman (1982) señaló que en la ficción epistolar la presencia de un tercero que media en la correspondencia modifica su naturaleza, porque la carta deja de ser privada. El apartado P.S. del libro opera esa transformación: la crítica privada del lector se hace pública y se integra en la obra.
La coexistencia de ambos regímenes de comunicación es coherente con la edad de los protagonistas. Su generación conoció la carta, el teléfono fijo, la prensa y la tertulia antes de adoptar la mensajería digital. El libro los muestra usando el nuevo medio sin abandonar los anteriores, y emplea la forma de la carta, tanto en verso como en prosa, como estructura de buena parte de sus textos. La mensajería no sustituye a la carta: se añade a ella. Baym (2010) señaló que los nuevos medios no reemplazan a los anteriores, sino que se integran en un ecosistema en el que cada uno adquiere funciones específicas. Sinencuentro ofrece un ejemplo literario de ese ecosistema: el mensaje para la felicitación y el saludo cotidiano, el encuentro presencial para la conversación y la declaración, la carta para la reflexión y la crítica.
9. Vejez, duelo y comunicación
La edad de los protagonistas no es un dato marginal en el libro. La carta inicial atribuye a la edad avanzada las libertades del texto, y varias composiciones de la parte masculina tematizan el envejecimiento. En «La Parra», tras describir la cena y la música, la voz constata: «Todavía la noche se siente joven, nosotros ya no lo somos. ¡Lástima!» (p. 15); y añade que no pueden ver el alegre final de la fiesta: «Ver, no podemos, el alegre final.» (p. 15). La vejez se manifiesta aquí como límite físico: la fiesta continúa, pero ellos deben retirarse.
El libro incluye además dos textos de duelo por amigos de la misma generación. El «Obituario» de la parte masculina se abre con una reflexión general: «Poco a poco se nos va la vida. De joven, lejos se ve su partida.» (p. 51). Le sigue la carta de Eloísa Zapata a Marisa Lobato, amiga de la facultad fallecida un año antes (p. 53). En la parte femenina, un poema firmado por Enrique despide a Adelino Alonso: «Se fue. Nadie se lo esperaba. Se fue.» (p. 79), y lo recuerda en la reunión de amigos, «alejado del compromiso con los nietos,» (p. 79). La muerte de los coetáneos forma parte del horizonte vital de los protagonistas y del grupo de amigos al que pertenecen.
La carta a Marisa Lobato contiene un dato sobre la comunicación que conecta con el tema de este análisis. La autora recuerda que habló con la amiga por teléfono para ir a verla y que esta le contestó que no se encontraba bien y que lo dejaran para otra ocasión; un mes después, una de sus hijas comunicó la noticia del fallecimiento (p. 53). La comunicación a distancia aparece aquí en su límite: la llamada no permite ver la gravedad de la situación, y la presencia aplazada ya no se producirá. El episodio confiere a la reflexión sobre los medios una dimensión que excede el juego amoroso.
Kathleen Woodward (1991) analizó las representaciones culturales de la vejez y señaló que tienden a asociarla con la pérdida, la retirada y la invisibilidad social. Margaret Morganroth Gullette (2004) criticó la narrativa del declive que domina esas representaciones y reclamó relatos de la edad que reconozcan la continuidad del deseo y de la vida social. Sinencuentro ofrece un relato de este segundo tipo. Sus protagonistas mantienen una vida social activa, organizan comidas, se escriben, se declaran y se rechazan. La tecnología digital, lejos de ser ajena a ellos, forma parte de su vida cotidiana, y el libro la presenta sin la condescendencia que a menudo acompaña la representación de las personas mayores ante la técnica.
El uso de la mensajería por los protagonistas tiene, en este contexto, un significado particular. Para personas de edad avanzada, con movilidad o disponibilidad reducidas, el mensaje digital permite mantener la presencia en la vida de los otros sin las exigencias del desplazamiento. La voz masculina lo reconoce al decir que se apaña con WhatsApp. El medio no sustituye la presencia, pero la prolonga en los intervalos entre encuentros. La lamparilla junto a la que la voz masculina guarda el beso recibido, «Su sitio está en la peana de la lamparilla que cada noche lucha con mis tinieblas,» (p. 30), es una imagen de esa función: el mensaje acompaña la soledad nocturna del sujeto. Roland Barthes (2008) describió en el discurso amoroso la figura de la espera y la conservación de los signos del otro como gestos propios del enamorado; el beso digital guardado junto a la lamparilla pertenece a ese repertorio, trasladado a un objeto inmaterial.
10. Conclusiones
El análisis de la comunicación mediada en Sinencuentro permite extraer las siguientes conclusiones.
En primer lugar, el libro sitúa la mensajería digital en el centro de una relación de amistad sostenida durante décadas. El poema «WhatsApp» la elogia por reunir la inmediatez del teléfono y la discreción de la carta, y advierte a la vez del riesgo de su abuso. La cita de La verbena de la Paloma que abre el poema inscribe la reflexión en la tradición popular del asombro ante la técnica.
En segundo lugar, la relación entre los protagonistas se ajusta al modelo de la presencia conectada descrito por Licoppe: un flujo regular de mensajes de calendario mantiene el vínculo entre encuentros presenciales espaciados. La parte masculina del libro está compuesta en buena medida por textos que funcionan como esos mensajes, y la parte femenina confirma su regularidad.
En tercer lugar, el libro ofrece dos lecturas del mismo flujo. Para él, los mensajes son expresión de afecto y sustituto de la presencia; para ella, intercambios que deben mantenerse en los límites de la cortesía. La mediación escrita favorece la gestión de impresiones y desplaza la ambigüedad al terreno de la interpretación. La carta del lector ficticio reprocha al autor haber leído en blanco y negro lo que ella expresaba con matices en los canales oral, escrito y corporal.
En cuarto lugar, el encuentro presencial aparece como acontecimiento excepcional y de mayor intensidad que la comunicación mediada. La declaración se produce en un encuentro físico, durante una tormenta, y no en un mensaje. El libro ilustra así, sin formularla, la tesis según la cual la intensidad del vínculo se manifiesta en la presencia.
En quinto lugar, el medio digital sirve aquí para mantener un vínculo antiguo y estable, no para multiplicar conexiones efímeras, lo que matiza el diagnóstico de la modernidad líquida. Lo que el libro rechaza no es el compromiso, sino la transformación de la amistad en una relación de otra naturaleza.
Por último, la vejez de los protagonistas confiere a la comunicación mediada un significado particular. El libro presenta a personas mayores que integran la tecnología en su vida social sin condescendencia, y sitúa el uso del mensaje en un horizonte marcado por la muerte de los coetáneos y por los límites de la presencia física. Sinencuentro contribuye así a una representación de la edad avanzada que reconoce la continuidad del deseo, de la amistad y de la vida social.
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DOI: 10.5281/zenodo.23536551
Registro en Zenodo: https://zenodo.org/records/23536551
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