Mockup del libro Sinencuentro (4) – Sinencuentro, de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero

Sinencuentro de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero: técnicas literarias

Introducción técnica

Sinencuentro, de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero, publicado por Editorial Poesía eres tú, es un libro de técnica mixta. La primera parte, «Punto de vista de él», está escrita en verso, con poemas breves y medios; la segunda, «Punto de vista de ella», es mayoritariamente prosa. Entre ambas, una sección de cartas en verso y en prosa sirve de enlace. Esta combinación de formas no responde a un capricho: cada voz elige el registro que mejor se ajusta a su modo de mirar lo ocurrido.

El recurso central del libro es de tipo estructural. El autor lo declara al llamar a su obra «esta novela corta y las metáforas que la desarrollan». Los poemas funcionan como capítulos de una historia, enlazados por un estribillo que se repite al pie de muchas piezas, y el conjunto se cierra con la versión de la otra protagonista. El análisis técnico debe atender, por tanto, tanto a la construcción de cada poema como a la manera en que el libro organiza el relato.

Los sentidos trabajados son principalmente la vista, el oído y el olfato; el tacto aparece en la prosa de ella. Los recursos identificados son el estribillo, la paradoja y el quiasmo, la personificación, la metáfora doméstica, la intertextualidad, la rima consonante y asonante en piezas concretas, el juego de palabras finales y la ruptura metaficcional.

La estructura como eje constructivo

El libro se apoya en una secuencia cronológica marcada por fechas: «28 de diciembre», «Feliz en tu día», «Carta a los Reyes Magos», «Muchas Felicidades por Navidad», «Enero.», «Julio», «Ha pasado justamente un año». Ese calendario imita los mensajes que él envía en cada celebración, y la prosa de ella lo confirma: «Nunca falta a las citas señaladas del calendario: Navidades, Año Nuevo, Reyes, Pascua de Resurrección.»

A partir de «Hace tiempo…» se instala un estribillo de cuatro versos que reaparece entre pieza y pieza: «Todo pasó y… no fue nada.» / «Nada pasó y… fue todo.» / «Entre todo y nada,» / «entre nada y todo:». Los dos puntos finales son un recurso de enlace: dejan el verso abierto hacia el título del poema siguiente, de modo que cada título se lee como respuesta a la pregunta implícita del estribillo. En «El ¡Beso!» el estribillo se prolonga y se resuelve en una variación: «pienso y recuerdo,» / «recuerdo y añoro.» / «Y entre ambos dos,» / «pienso y añoro: Vos.»

La segunda decisión estructural es la ruptura del orden narrativo. En «¿Cómo terminar la Historia?» el autor propone al lector varios finales antes de haber contado el desenlace. Tras ellos, una frase en prosa justifica la inversión: «Después de mucho cavilar caigo que debo comenzar por escribirla.» Solo entonces llega el poema «Sinencuentro», que narra la comida y la despedida. El efecto es metaficcional: el lector sabe que asiste a la construcción de una historia, no a su simple relato.

La tercera decisión es la sección epistolar. Una carta de un lector, la respuesta del autor y una nota de la redacción introducen una crítica interna al propio libro. El lector reprocha: «Te has olvidado: La otra parte» / «también existe en un sinencuentro.» Esta crítica prepara la segunda parte y justifica su existencia dentro de la ficción.

La última decisión es la coincidencia verbal entre ambas voces. El estribillo de él reaparece transformado en la prosa de ella: «Nada pasó y pasó tanto. Nada cambió y lo cambió todo.» Y más adelante: «Nada pasó, pero pasó todo.» Esa repetición une las dos partes sin que ninguna de las voces pierda su perspectiva.

Recursos fónicos y rítmicos

El libro no opta por un metro único. Conviven versos de arte menor y de arte mayor, con predominio de medidas próximas al octosílabo y al endecasílabo. La rima aparece de forma intermitente y siempre con función expresiva.

En «Julio» los cuatro versos de la estrofa inicial riman en consonante, en la terminación -ino: «Julio, no me perdí en el camino.» / «La Esperanza siguió su camino.» La repetición de «camino» en posición de rima produce un efecto de insistencia que coincide con el sentido: los caminos de la esperanza y de la ilusión se separan.

En «Ha pasado justamente un año» el autor se impone una restricción: casi todos los versos terminan en «año» o en «tiempo». El propio poema lo explica: «Jugar con las palabras: año, tiempo.» La repetición crea un ritmo obsesivo, que es el de alguien que cuenta los días.

Las anáforas aparecen como recurso estructural en varias piezas. En «¡Mis recuerdos!» la conjunción temporal abre tres versos seguidos: «Cuando las luces emigraron.» / «Cuando las sombras ganan.» / «Cuando con mi Yo, busco.» En «Felicidades» la anáfora es desiderativa: «Que la Felicidad te colme.» / «Que la Esperanza te rebose.»

El poema «A Ricardo» está construido en redondillas de rima abrazada, con un tono de arenga: «¡Ánimo! Tú vencerás.» El cambio de molde métrico marca que se trata de una pieza distinta, de aliento a un enfermo, inserta en la serie.

Imágenes sensoriales

La vista domina el libro. La luz y la oscuridad estructuran muchos poemas: el candil del «Prólogo», el faro de «Ha pasado justamente un año», la lamparilla de «El ¡Beso!». En «Tormenta» la vista se combina con el oído en una descripción gradual: «Gotas en el vidrio crecen…, resbalan…,» y, después, «Un ruido ronco…, lejano, perturba». Los puntos suspensivos imitan el ritmo de la lluvia.

El oído aparece también en «La Parra», con la música, los bailes y los aplausos del patio: «los bailes, los aplausos, los oles.» Y su ausencia se convierte en valor en el poema «Sinencuentro»: «Sin hablar, tan solo sentir.»

El olfato está presente en imágenes concretas. En «Tormenta», el autor usa un término culto para el olor de la tierra mojada: «El petricor, ha tiempo se alejó.» En «El ¡Beso!» el beso recibido se compara con un ramillete de jazmines: «es cual moña de jazmines» / «que cada noche perfuma,». En «Sinencuentro» el camino aparece «adornado de olores».

El tacto aparece sobre todo en la prosa de ella, en la escena del coche: «El frío de la noche me impelía acurrucarme en su pecho dentro de la intimidad del coche.» En la primera parte el contacto físico se transfiere a los objetos y al calor: el rescoldo de «Esperanza» da «suave calor,» y se desea que «nos calienta y no nos abrasa,».

El sentido del gusto aparece de forma secundaria, en la comida de «La Parra» y en el café de «Sinencuentro»: «y el café en la taza» / «ya espera su ocasión».

Sintaxis y disposición tipográfica

La sintaxis de los poemas de Graciani tiende al hipérbaton, con el verbo desplazado al final del verso: «La línea no sobrepasar.» o «Su ley, mi «Naturaleza», impone.» Este orden, de resonancia clásica, se combina con un vocabulario coloquial y con la oralidad andaluza, lo que produce un contraste deliberado.

La puntuación es expresiva. Los puntos suspensivos marcan la duda y la pausa del hablante. Los signos de exclamación e interrogación se insertan en mitad del verso, como en «Siempre me, ¿nos?, queda «París».», donde una pregunta de una sola sílaba cambia el sentido de la frase. Las comillas latinas destacan palabras con doble sentido: «Beso», «Línea», «Escusa», «París».

En la disposición, cada poema abre página y el estribillo queda al pie de la pieza anterior, de modo que funciona como transición visual. Los versos van alineados a la izquierda; la prosa de ella va justificada, como corresponde a su naturaleza narrativa.

Léxico y campo semántico

El léxico combina tres campos. El primero es el de la luz y la noche: candil, aurora, faro, lamparilla, estrella fugaz, tinieblas. El segundo es el vegetal: planta, capullo, flor, yemas, ramillete, jazmines, rosa, clavel. El tercero, más inesperado, es el científico: petricor, morrena, efecto Casimir, relatividad. Este último procede de la formación del autor y aparece integrado sin solemnidad, como en «¿El sueño será una morrena?», pregunta que cierra la pieza breve que sigue a «Tormenta».

Hay además un léxico arcaizante y andaluz: «aquesta», «denantes», «ogaño», «hase ya ido», «to» por «todo», «friíno». Esos términos dan al libro un color de época y de lugar, y en ocasiones sirven a la rima o al humor.

Síntesis técnica

Sinencuentro construye una narración con instrumentos poéticos. El estribillo convierte la serie de poemas en relato continuo; las fechas dan la cronología; la ruptura de «¿Cómo terminar la Historia?» introduce la metaficción; las cartas aportan la crítica interna; y la segunda parte en prosa ofrece el contrapunto. En el plano del verso, el libro combina la paradoja y el quiasmo con la metáfora doméstica y con un léxico que mezcla la tradición andaluza y el vocabulario científico. La rima se usa de forma selectiva, allí donde refuerza el sentido.

Tabla de recursos

Recurso Ejemplo en el libro Localización
Estribillo «Nada pasó y… fue todo.» Serie a partir de «Hace tiempo…»
Quiasmo «La realidad será todo un sueño.» / «El sueño se hará una realidad.» «Acta Notarial»
Personificación «Yo Sevilla, de ambos residencia,» «Acta Notarial»
Metáfora doméstica «Su sitio está en la peana» «El ¡Beso!»
Anáfora «Cuando las sombras ganan.» «¡Mis recuerdos!»
Intertextualidad «¿Será una rosa, será un clavel?» «Enero.»
Léxico científico «Fuera efecto Casimir.» «Sinencuentro»
Metaficción «Después de mucho cavilar caigo que debo comenzar por escribirla.» «¿Cómo terminar la Historia?»