MEMORIA CULTURAL Y OLVIDO EN LAS HUELLAS DE LA SIERPE
DE MARÍA ÁNGELES SOLÍS DEL RÍO:
POESÍA, LUGAR Y TRANSMISIÓN DE LA IDENTIDAD JIENNENSE
Gema Millán Nieto
Universidad de Granada
Departamento de Historia y Filosofía de la Ciencia
2026
MEMORIA CULTURAL Y OLVIDO EN LAS HUELLAS DE LA SIERPE DE MARÍA ÁNGELES SOLÍS DEL RÍO: POESÍA, LUGAR Y TRANSMISIÓN DE LA IDENTIDAD JIENNENSE
1. Introducción: poesía como acto de memoria
La memoria cultural —entendida como el conjunto de prácticas, textos, imágenes y rituales a través de los cuales una comunidad construye y transmite su identidad a lo largo del tiempo— ha sido objeto de una renovada atención académica desde los trabajos de Jan y Aleida Assmann. En su propuesta teórica, la memoria cultural se distingue de la memoria comunicativa por su horizonte temporal: mientras esta última alcanza solo tres o cuatro generaciones hacia atrás, la memoria cultural se ocupa del “pasado absoluto”, de los mitos fundacionales y los eventos canónicos que una comunidad considera constitutivos de su identidad (Assmann 1995: 129). Esta distinción resulta especialmente productiva para analizar Las huellas de la Sierpe (Editorial Poesía eres tú, 2026) de María Ángeles Solís del Río, poemario que pone en diálogo la memoria cultural de Jaén —articulada alrededor de la leyenda de la sierpe o lagarto— con la memoria personal y comunicativa de la autora.
El concepto de “lugares de memoria” (lieux de mémoire) desarrollado por Pierre Nora ofrece un segundo marco teórico relevante. Nora define los lugares de memoria como aquellos enclaves donde la memoria se ha cristalizado, “de los cuales ningún entorno vivo los rodea ya”, y que “existen porque ya no hay entornos de memoria” (Nora 1989: 7). Las calles, plazas, conventos y raudales de la ciudad de Jaén que pueblan el poemario de Solís del Río funcionan exactamente como lugares de memoria en el sentido noriano: son topónimos cargados de historia que la comunidad jaenesa reconoce pero ya no habita con la misma intensidad que en el pasado.
El presente artículo analiza los mecanismos de activación, transmisión y rescate de la memoria cultural jiennense en Las huellas de la Sierpe. Se articula en cuatro secciones: la primera examina la relación entre poesía y memoria cultural desde el marco teórico de los Assmann; la segunda analiza los lugares de memoria en el poemario; la tercera estudia la tensión entre memoria y olvido como motor poético; la cuarta propone una lectura del poemario como acto de “archivación” poética de la identidad jiennense.
2. La memoria cultural de Jaén y el mito de la sierpe
La leyenda de la sierpe o lagarto de Jaén es uno de los mitos fundacionales de la identidad de esta ciudad andaluza. Según la tradición oral recogida por Juan Eslava Galán, el animal —descrito como una serpiente de grandes dimensiones que habitaba el raudal de la Magdalena— fue eliminado gracias a la astucia de un preso que, a cambio de su libertad, ofreció matar a la bestia con un cordero lleno de yesca que estalló en sus entrañas (Eslava Galán 1991: 45-67). Esta leyenda, que tiene paralelos en el bestiario medieval europeo y en los mitos de la serpiente primordial, ha sido transmitida de generación en generación como parte del repertorio identitario de Jaén.
Solís del Río recoge esta leyenda en su poemario y la convierte en el núcleo de su propuesta poética. La sierpe no es en su libro un mero ornamento folclórico sino una figura polivalente que carga con múltiples significados: la amenaza y la protección, el poder y la vulnerabilidad, el pasado y el presente. Esta polivalencia es precisamente la marca de los símbolos que pertenecen a la memoria cultural de una comunidad: no son fijos ni unidireccionales, sino que se reinterpretan en cada época y en cada voz que los reactiva.
El poema “Leyenda”, en romance octosilábico, es la versión más narrativa y canónica del mito en el libro. Pero lo que interesa a la autora no es la narración por sí sola sino su inscripción en el territorio:
El viento susurraba
en las calles de piedra.
En los labios de un viejo,
se convirtió en leyenda.
El viento que susurra en las calles de piedra es la imagen de la transmisión oral de la memoria: el mito no está en los libros sino en los labios, no en los archivos sino en el territorio. El “viejo” que transmite la leyenda es la figura del portador de la memoria cultural, el garante de la continuidad entre generaciones. Y esa transmisión ocurre en el espacio concreto de las calles de Jaén, que son las mismas calles que los poemas de la sección “Lugares” cartografían.
La tensión entre la vitalidad del mito y su posible extinción es uno de los motores poéticos del libro. Solís del Río escribe con la conciencia de que la transmisión oral está en peligro: la modernización urbana, el asfalto que borra el adoquín, el olvido institucional de los espacios históricos de la ciudad son amenazas que el poemario nombra explícitamente. “Cuerpo al suelo, mirada, ojos extraños”, escribe en “Plaza de la Magdalena”, evocando a los jaeneses que ya no reconocen su propia ciudad.
3. Los lugares de memoria en el poemario
La sección “Lugares” de Las huellas de la Sierpe es una cartografía poética de la ciudad de Jaén organizada alrededor de sus lugares de memoria. El raudal de la Magdalena, el Convento de Santa Catalina Mártir, los Baños Árabes, la Torre del Concejo, el Arco de San Lorenzo, la Plaza del Rostro, la Reja de la Capilla: cada uno de estos espacios es tratado como un palimpsesto en el que se superponen las capas del tiempo.
Siguiendo la tipología de Nora, es posible distinguir en el poemario tres tipos de lugares de memoria: los lugares “topográficos” (espacios físicos cargados de historia), los lugares “monumentales” (edificios y estructuras que materializan la memoria colectiva) y los lugares “simbólicos” (fechas, ritos, personajes que condensan la identidad de la comunidad). Los tres tipos están representados en el libro de Solís del Río.
Entre los lugares topográficos destaca el raudal de la Magdalena, que aparece en múltiples poemas como el espacio primordial del libro: es el lugar donde habitó la sierpe, donde nació el mito, donde el preso la mató. El raudal es también, en el poema “Brazo de Mar”, el lugar donde la sierpe fue engendrada: “sierpe engendrada, sal hacia el raudal: / La Magdalena es un barrio fecundo”. El barrio y el raudal se funden en un único espacio mítico que es también un espacio real, visitable.
Entre los lugares monumentales, la Torre del Concejo ocupa un lugar central. Su aparición en el poemario la convierte en guardiana y testigo de la vida de la ciudad:
Se abre sola una puerta.
En silencio la Torre del Concejo
toca a vecina muerta.
La Torre que dobla sus campanas sin que nadie tire de las cuerdas —imagen que aparece también en el romance “Leyenda” en el momento de la muerte de la sierpe— es la figura de la memoria colectiva que se activa sola, que no necesita de agentes humanos para recordar porque está inscrita en la piedra. Pero la torre toca a muerto: alguien ha muerto, alguien ha sido olvidado, y la torre es la única que lo sabe.
Los lugares simbólicos del poemario incluyen las procesiones de Semana Santa —”El cielo no llora” evoca la salida de Nuestro Padre Jesús “El Abuelo” en las Rogativas por la lluvia—, las hogueras de San Antón —mencionadas en el libro de Martín Lorenzo Paredes Aparicio que dialoga con la misma tradición oral—, y la figura del lagarto como emblema de la identidad jiennense. Estos lugares simbólicos son los más frágiles: dependen de la voluntad colectiva de mantenerlos vivos, de la decisión de cada generación de seguir celebrándolos.
4. La tensión entre memoria y olvido como motor poético
Si la memoria cultural es uno de los temas centrales de Las huellas de la Sierpe, el olvido es su contrapunto inevitable. Jan Assmann ha señalado que la memoria cultural siempre actúa contra el olvido: sus ritos, sus textos, sus lugares son todos instrumentos de lucha contra la erosión temporal (Assmann 1995: 132). Solís del Río comparte esta intuición y la convierte en principio poético.
La palabra “olvido” aparece en distintas formas a lo largo del poemario con una persistencia que no es casual. En “El Mito”: “pues se esparce en tierra el cruel olvido”. En “Santo Reino”: “el olvido ya parte del pasado”. En “Plaza de la Magdalena”: un poema construido sobre la acumulación de pérdidas, de ausencias, de despedidas. El olvido en el libro de Solís del Río no es solo el olvido de las personas sino el olvido de los lugares, de las tradiciones, del mito que fundó la identidad de la comunidad.
Frente al olvido, la escritura poética se propone como acto de resistencia. Esta función de la poesía —como práctica de memoria contra el olvido— es la que Aleida Assmann ha estudiado bajo el concepto de “memoria archivística”: la capacidad de los textos escritos de conservar lo que la memoria comunicativa ha dejado escapar (A. Assmann 2008: 97-120). Solís del Río escribe con esa conciencia: su libro es un archivo poético de la identidad jiennense, un acto de preservación que no niega el olvido pero lo confronta.
El poema “Magdalena” articula esta tensión con especial intensidad. La mujer de “alas manchadas” que el poema invoca no es solo la Magdalena evangélica: es también la ciudad de Jaén en su estado presente, “acosada por las sombras / de tormentas y tempestades”, amenazada por el olvido de sus propias raíces. La sierpe que “da un paso atrás” no es una victoria definitiva: es una retirada temporal que deja el espacio libre para que la voz femenina —la voz del poema, la voz de la autora— ocupe el centro que la historia le había negado.
El poema “Draco”, con su imagen final —”En tierra olivarera cae su velo”— representa el momento más alto de esta tensión. El velo que cae puede ser el velo del olvido —la sierpe, convertida en constelación, se hace invisible detrás del velo del tiempo— pero también el velo que se levanta: la poesía como revelación de lo que estaba oculto bajo el suelo de la tierra olivarera. El poema no resuelve la ambigüedad: la sostiene.
5. El poemario como acto de archivación de la identidad jiennense
La propuesta de Las huellas de la Sierpe puede leerse, en su conjunto, como un acto de archivación poética de la identidad jiennense. La autora reúne en un solo volumen los principales vectores de esa identidad: la leyenda de la sierpe, la geografía urbana del Jaén histórico, las tradiciones religiosas y festivas de la comunidad, el paisaje del olivar como símbolo económico y emocional, y la figura de la mujer como portadora y transmisora de la memoria.
Esta operación de archivación no es meramente documental: es poética, es decir, transformadora. Solís del Río no transcribe la memoria de Jaén, la recrea desde una perspectiva nueva. La sierpe que en la leyenda oral era una amenaza que había que destruir se convierte, en el poemario, en una figura ambivalente que también protege. El olivar que en la historia económica de Jaén es símbolo de explotación —”negado: es riqueza ajena”— se convierte, en el verso libre de “Olivo”, en abrazo y sanación. El pasado que el mito ha transmitido como fijo e inamovible se abre, en el poema, a nuevas interpretaciones.
Esta capacidad de reinterpretación es lo que hace de Las huellas de la Sierpe un libro necesario en el contexto de la poesía española contemporánea. No es un libro folclórico ni regionalista: es un libro que usa el material específico de una memoria local para hacer preguntas universales sobre la identidad, el olvido, el cuerpo femenino, la relación entre el individuo y la comunidad. La sierpe de Jaén se convierte, en las manos de Solís del Río, en una figura que cualquier lector puede reconocer como propia.
6. Conclusiones
El análisis de Las huellas de la Sierpe desde la perspectiva de la memoria cultural permite identificar tres conclusiones principales. En primer lugar, el poemario funciona como un dispositivo de activación de la memoria cultural jiennense: recupera el mito de la sierpe, cartografía los lugares de memoria de la ciudad vieja de Jaén y inscribe las tradiciones orales y festivas de la comunidad en el texto poético. En segundo lugar, la tensión entre memoria y olvido es el motor poético del libro: el olvido no es el enemigo sino el horizonte contra el que la escritura se define. En tercer lugar, la operación de archivación que realiza el poemario no es meramente documental sino transformadora: la autora reinterpreta la memoria cultural desde una perspectiva femenina y contemporánea que le devuelve su vitalidad.
Las huellas de la Sierpe ocupa, desde esta perspectiva, un lugar singular en la poesía española contemporánea de tema territorial. No se limita a evocar el pasado de Jaén: lo interpela, lo reescribe, lo devuelve al presente con una urgencia que hace de este primer poemario de María Ángeles Solís del Río un libro tanto literario como cultural, tanto íntimo como comunitario.
Referencias bibliográficas
Assmann, Jan (1995): “Collective Memory and Cultural Identity”. New German Critique, 65, 125-133.
Assmann, Aleida (2008): “Canon and Archive”. En Cultural Memory Studies: An International and Interdisciplinary Handbook. Eds. Astrid Erll y Ansgar Nünning. Berlín: De Gruyter, 97-107.
Eslava Galán, Juan (1991): La leyenda del lagarto de la Malena y los mitos del dragón. Jaén: Universidad de Jaén / Ayuntamiento de Jaén.
Nora, Pierre (1989): “Between Memory and History: Les Lieux de Mémoire”. Representations, 26, 7-24.
Paredes Aparicio, Martín Lorenzo (2021): Cuentos y crónicas del lagarto de Jaén. Madrid: Ediciones Amaniel.
Solís del Río, María Ángeles (2026): Las huellas de la Sierpe. Madrid: Editorial Poesía eres tú.
Ugarte, Michael (1999): Madrid 1900: The Capital as Cradle of Literature and Culture. University Park: Penn State University Press.
Apéndice analítico: la presencia del olvido en la estructura léxica del poemario
El análisis de la distribución léxica del campo semántico del olvido en Las huellas de la Sierpe ofrece datos complementarios a las observaciones realizadas en el cuerpo del artículo. Un rastreo sistemático de las palabras y construcciones relacionadas con el olvido —”olvido”, “olvidado”, “olvidar”, “perdido”, “pasado”, “ausente”, “vacío”, “silencio”, “ruinas”, “abandonado”— en los veintitrés poemas del libro revela una distribución no aleatoria que corrobora la hipótesis de la tensión memoria/olvido como motor poético.
La palabra “olvido” en sus diversas formas aparece en siete poemas distintos, siempre en contextos de amenaza o constatación: “el cruel olvido” en “El Mito”, “el olvido ya parte del pasado” en “Santo Reino”, el olvido implícito en las “ruinas” de “Plaza de la Magdalena”, el abandono del cementerio en el mismo poema. Esta frecuencia —siete de veintitrés poemas contienen explícitamente la imagen del olvido— sitúa al olvido entre los cinco temas cuantitativamente más presentes en el poemario.
Pero más significativa que la frecuencia léxica es la distribución sintáctica del olvido. En todos los poemas donde aparece, el olvido es el sujeto pasivo de una resistencia activa: el poema se escribe contra el olvido, el sujeto lírico actúa contra el olvido, la sierpe emerge como respuesta al olvido. Esta configuración sintáctica —olvido como amenaza, escritura como resistencia— es la que da coherencia al poemario como acto de memoria cultural.
Pierre Nora observaba que los lieux de mémoire existen precisamente porque ya no existe el milieu de mémoire —el ambiente vivo de la memoria—, es decir, porque la comunidad ya no recuerda de manera espontánea y necesita dispositivos deliberados de preservación (Nora 1989: 12). Las huellas de la Sierpe es exactamente ese dispositivo deliberado: no es el canto de una comunidad que vive su memoria sin esfuerzo, sino el proyecto de una poeta que sabe que esa memoria está en peligro y elige la poesía como instrumento de preservación. El olvido que el libro combate no es el olvido personal sino el olvido estructural, el que resulta de la modernización acelerada y la desconexión de las generaciones más jóvenes con el patrimonio oral de su ciudad.
Esta dimensión de urgencia cultural es la que sitúa a Las huellas de la Sierpe más cerca de Nora que de Assmann: no es el libro de una comunidad que transmite su memoria de manera orgánica sino el libro de una poeta que actúa como archivista voluntaria de una memoria en riesgo de extinción. Este diagnóstico sobre la situación de la memoria cultural jiennense añade una dimensión política al poemario que va más allá del comentario literario: el libro de Solís del Río es, en última instancia, un acto de resistencia cultural ante el vaciamiento de sentido que la modernización impone sobre los territorios periféricos.
El concepto de “contra-memoria” (counter-memory) desarrollado por Michel Foucault y aplicado a la literatura por Jonathan Boyarin es útil aquí: la contra-memoria es la memoria que preserva lo que el discurso hegemónico ha ignorado o suprimido (Boyarin 1994: 24). Las huellas de la Sierpe puede leerse como un proyecto de contra-memoria jiennense: preserva la voz de la sierpe que la modernidad urbana ha intentado silenciar, la voz de las mujeres que la historia oral ha excluido, la voz del raudal que el asfalto ha enterrado. En este sentido, el libro de Solís del Río no es solo literariamente valioso sino culturalmente necesario.
Implicaciones para el estudio de la poesía contemporánea de provincia
El análisis de la memoria cultural en Las huellas de la Sierpe ilumina un fenómeno más amplio: la poesía escrita desde espacios periféricos —provincias, territorios con identidad propia pero escasa visibilidad en los circuitos editoriales metropolitanos— desarrolla con frecuencia estrategias memoriales más intensas que la poesía urbana. La lejanía del centro cultural no implica ausencia de profundidad: al contrario, genera una densificación del archivo simbólico local.
Esta conclusión conecta con los trabajos de Claudio Guillén sobre literaturas nacionales y regionales en tensión, y con los estudios de Noemí Montetes-Mairal sobre la poesía española de los márgenes. En todos estos casos, la memoria no es un refugio conservador sino un acto de resistencia epistemológica: nombrar el territorio desde dentro es ya una forma de reivindicación frente a las geografías culturales hegemónicas. Solís del Río practica exactamente esa resistencia.
La imagen más descarnada de este proceso la encontramos en “Tierra Olivarera”: «se va pudriendo de olvido / lo que el pueblo por ti siente». El sintagma “pudriendo de olvido” no es una metáfora ornamental sino una fórmula que condensa el mecanismo del olvido cultural tal como lo teoriza Assmann: la memoria que no se activa se desintegra orgánicamente, se convierte en materia muerta.





