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LAS HUELLAS DE LA SIERPE DE MARÍA ÁNGELES SOLÍS DEL RÍO:

LAS HUELLAS DE LA SIERPE DE MARÍA ÁNGELES SOLÍS DEL RÍO:
POÉTICA FEMENINA Y MITO LOCAL EN LA POESÍA JIENNENSE CONTEMPORÁNEA
[Reseña crítica]

Antonio Isidro Graña Ojeda

Universidad de Jaén
Departamento de Filología Española

Ínsula. Revista de Letras y Ciencias Humanas, 2026

LAS HUELLAS DE LA SIERPE DE MARÍA ÁNGELES SOLÍS DEL RÍO: POÉTICA FEMENINA Y MITO LOCAL EN LA POESÍA JIENNENSE CONTEMPORÁNEA

Datos bibliográficos

Solís del Río, María Ángeles. Las huellas de la Sierpe. Madrid: Editorial Poesía eres tú, 2026. 62 páginas.

Texto de la reseña

Hay libros que llegan al lector con la convicción de quien ha vivido lo que cuenta. Las huellas de la Sierpe, primer poemario de María Ángeles Solís del Río, es uno de esos libros. Publicado en 2026 por Editorial Poesía eres tú, el volumen desarrolla a lo largo de cuatro secciones un itinerario poético que tiene como eje vertebrador la leyenda de la sierpe o lagarto de Jaén, criatura mítica que habitó, según la tradición oral, el raudal de la Magdalena antes de ser vencida por un preso que a cambio de su libertad ofreció su vida como cebo.

La autora, de origen jiennense, conoce el territorio que canta y ese conocimiento se convierte en la primera virtud del libro. Los topónimos —el raudal de la Magdalena, la Fuente de la Peña, el Convento de la Trinidad, la Torre del Concejo, el Arco de San Lorenzo— no son decorado sino estructura: sobre ellos se construye una geografía emocional en la que el espacio urbano y el paisaje interior se funden con una naturalidad que no se aprende sino que se vive. «La Magdalena es un barrio fecundo», escribe la autora en “Brazo de Mar”, y esa afirmación no es turística sino profundamente arraigada.

El libro se organiza en cuatro partes que avanzan desde la fundación mítica —”Al principio”— hasta la contemplación del territorio como lugar de pertenencia y de duelo —”Santo Reino”—, pasando por la sección de “Lugares” que cartografía la ciudad vieja de Jaén y por la sección “Él”, dedicada a la figura de la sierpe en su dimensión legendaria y mitológica. Esta arquitectura no es casual: el poemario propone una lectura del mito como clave para entender el presente.

Desde el punto de vista técnico, Las huellas de la Sierpe destaca por la convivencia de formas métricas diversas que la autora maneja con competencia. Las décimas espinelas de “Tierra Olivarera”, los tercetos encadenados de “Brazo de Mar”, los sonetos de “El Mito”, “Draco” y “El cielo no llora” demuestran un dominio del metro clásico que no es frecuente en un debut. Junto a estos, los poemas en verso libre —”Magdalena”, “Olivo”, “Santo Reino”— aportan una voz íntima y corporal que contrasta con la solemnidad de las formas canónicas:

Mujer, sálvate y vuela,
que solo por ello,
pudo cambiar el mundo.

El poema “Magdalena” es, a mi juicio, el núcleo simbólico y emocional del libro. En él convergen los dos ejes temáticos del poemario: la sierpe como figura de poder y de amenaza, y la mujer como figura de resistencia y de renacimiento. La identificación entre la Magdalena del Evangelio —mujer marginada, apedreada, salvada— y la Magdalena barrio de Jaén —raudal, sierpe, tradición oral— es el hallazgo más original de la autora, y produce un poema de intensidad sostenida:

La sierpe da un paso atrás
y el silencio se apodera
del vacío de la gruta
sin dañar tu fruto.

Esta inversión semántica de la sierpe —de amenaza a guardiana— está cuidadosamente preparada por la arquitectura del libro: solo en el momento en que la mujer ocupa el centro del poema, la serpiente retrocede. La lectura simbólica es clara: el mito patriarcal de la bestia vencida se convierte, en la poesía de Solís del Río, en el mito del rescate de la voz femenina.

La sección “Lugares” es la más heterogénea del libro en cuanto a la extensión y el registro de los poemas, pero también la que mejor revela la plasticidad de la autora. “Plaza de la Magdalena”, soneto de dieciséis versos, alcanza una nota de intimidad en su cierre que contrasta con la distancia del cronista que la abre: “Mi alma andaba perdida en las fechas, / acariciando anhelos… Mi alma inquieta.” El soneto se fractura levemente para dejar pasar la voz personal, y en esa fractura está el mérito del poema.

La sección “Él”, dedicada a la sierpe, rescata el romance octosilábico como metro de la narración oral —”Leyenda”— con resultados sólidos. El romance narra la muerte de la sierpe sin complacencia ni sentimentalismo: el preso, el caballo, la yesca escondida en el cordero, la explosión en las entrañas del animal. La sobriedad narrativa del romance —un metro que no admite el adorno porque su velocidad lo impediría— convierte el episodio en una imagen limpia y perdurable.

Los sonetos “El Mito” y “Draco” elevan la sierpe a categoría cósmica —un dios romano cuya ara subsiste, una constelación en el firmamento— con un lirismo controlado que no cae en la grandilocuencia. “En tierra olivarera cae su velo” es un verso que el lector no olvida fácilmente.

La sección final, “Santo Reino”, aporta los poemas más personales del libro. “Olivo” —en verso libre breve, casi respirado— construye una metáfora del árbol como cuerpo materno y como territorio de pertenencia:

Me abracé a tu tronco
para curar mis cicatrices.
Me bendijiste con sabiduría
de aprender al tropezar.

Este poema y “Santo Reino” —con su imagen central de las “huellas limpias” y las “cicatrices en el alma”— cierran el itinerario del poemario con una nota de serenidad ganada: no la tranquilidad de quien no ha sufrido, sino la calma de quien ha atravesado el fuego y vuelve.

Si hay alguna objeción que hacer al libro, es que la sección “Al principio” —la más breve— resulta algo precipitada en su función de pórtico mítico. El poema en prosa que abre el libro establece con solvencia el marco legendario, pero sus dos páginas no bastan para sostener el peso simbólico que el resto del poemario le exige. Un desarrollo más extenso de este umbral habría dado al conjunto una mayor resonancia introductoria.

Con todo, Las huellas de la Sierpe es un debut extraordinario. La autora construye un libro coherente, técnicamente exigente y emocionalmente verdadero, que sitúa la leyenda de la sierpe de Jaén en el mapa de la poesía española contemporánea con la dignidad que esa leyenda merece. El libro de Solís del Río es, ante todo, un acto de justicia poética hacia un territorio que la literatura española demasiadas veces ha pasado por alto. Esa es su primera virtud, y también la más duradera.

Referencias bibliográficas

Eslava Galán, Juan (1991): La leyenda del lagarto de la Malena y los mitos del dragón. Jaén: Universidad de Jaén / Ayuntamiento de Jaén.

La palabra silenciada: Voces de mujer en la poesía española contemporánea 1950-2015 (2016). Ed. de Sharon Ugalde. Valencia: Pre-Textos.

Rico, Manuel (2015): “Poéticas femeninas en la España del siglo XXI: tradición y renovación”. Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 24, 112-128.

Solís del Río, María Ángeles (2026): Las huellas de la Sierpe. Madrid: Editorial Poesía eres tú.

Ficha de datos bibliométricos y contexto editorial

Para completar esta reseña, conviene añadir algunos datos bibliométricos y de contexto editorial. Editorial Poesía eres tú, sello en el que aparece Las huellas de la Sierpe, es un proyecto editorial especializado en poesía española contemporánea que publica con criterios de selección exigentes y distribución nacional. El libro se presenta en formato 14×21 cm, con cubierta a color diseñada específicamente para el poemario, y se distribuye en los principales portales de venta de libro en español.

Desde el punto de vista bibliométrico, Las huellas de la Sierpe es el primer libro de su autora, lo que le otorga el estatuto de debut literario. Sin embargo, como se ha señalado en el cuerpo de la reseña, no presenta los rasgos habituales del debut —la falta de cohesión, la búsqueda de voz todavía incierta— sino una madurez técnica y temática que solo puede explicarse por una larga práctica poética anterior a la publicación. La autora, de origen jiennense, lleva años vinculada a los círculos literarios de Jaén antes de publicar su primer libro.

En el contexto de la poesía española de autoría femenina del siglo XXI, Las huellas de la Sierpe ocupa un lugar específico: el de la poesía de raíz territorial que combina la reivindicación del espacio local con la construcción de una subjetividad femenina. Esta corriente —que tiene en Raquel Lanseros y en otras autoras andaluzas sus representantes más conocidas— ha ganado protagonismo en el panorama poético español en la última década, desplazando parcialmente la hegemonía de la poesía urbana y cosmopolita que dominó los años noventa. Solís del Río se suma a esta tendencia con un libro que tiene la virtud de ser específico sin ser provinciano, local sin ser costumbrista.

En definitiva, Las huellas de la Sierpe se sitúa entre los poemarios más logrados de la poesía jiennense reciente, y su lectura resulta imprescindible para quien desee comprender el estado actual de la lírica femenina española.

Entre los aciertos formales del poemario destaca el poema “Brazo de Mar”, donde el verso endecasílabo alterado concluye con la afirmación «La Magdalena es un barrio fecundo»: la sierpe, engendrada en el raudal, devuelve al barrio su potencia mítica. Es uno de los versos más memorables del libro.

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