Mockup del libro Sinencuentro (1) – Sinencuentro, de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero

Cómputo silábico, estribillo y estrofa en Sinencuentro de Enrique Graciani Constante

Artículo académico

Javier Pérez-Ayala — Grupo Editorial Pérez-Ayala
ORCID: 0009-0009-4306-0285

Estudio sobre Sinencuentro, de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero (Editorial Poesía eres tú, Madrid, 2026. ISBN 979-13-87806-55-2).

Título del estudio en Zenodo: Cómputo silábico, estribillo y estrofa en Sinencuentro de Enrique Graciani Constante. Registro: https://zenodo.org/records/23536542

1. Introducción: un versificador que declara sus dificultades

Sinencuentro, publicado en 2026 por la Editorial Poesía eres tú con firma de Enrique Graciani Constante y Eloísa Zapata Tinajero, es un libro de noventa y cuatro páginas cuya primera parte, rotulada «Punto de vista de él» (p. 5), está escrita casi por completo en verso. La carta que abre el volumen la define como novela corta y avanza que se apoya en metáforas, en un sentido amplio que incluye las figuras de la noche, la tormenta, la lamparilla o el camino, cuya función cognitiva, más allá del ornamento, describieron George Lakoff y Mark Johnson (1986): «Espero que, a pesar de ello, pueda leer esta novela corta y las metáforas que la desarrollan» (p. 7). La segunda parte, firmada por Zapata Tinajero, contiene una única pieza narrativa en prosa y queda fuera del alcance de este estudio, salvo en lo que respecta a su relación con el estribillo de la primera.

El autor manifiesta en dos lugares una conciencia explícita de sus limitaciones técnicas. Al cerrar el poema largo que da título al libro, la voz poética escribe: «No soy buen versificador, así que, por no narrarla, pido mil perdones.» (p. 50). En el epílogo, que cierra el volumen, insiste: «Siempre encuentro problemas, a la hora de versificar.» (p. 85), y se pregunta a continuación: «¿Cómo plasmar mis dilemas?» (p. 85). Estas declaraciones no deben tomarse como simple modestia retórica. Indican que el autor concibe su escritura como un trabajo con la medida y la rima, y que es consciente de no someterse a ellas con regularidad. El análisis métrico de Sinencuentro tiene, por tanto, un interés que no se limita a la clasificación: permite describir qué tipo de versificación practica un autor que se propone versificar y que reconoce las dificultades de hacerlo.

El objetivo de este artículo es triple. En primer lugar, describir la distribución de medidas en la parte de Graciani Constante, a partir de una escansión automática de todos los versos y de una revisión manual de una muestra. En segundo lugar, identificar los principios de organización que sustituyen o complementan la regularidad silábica: el estribillo, la palabra-rima, la redondilla y el soneto. En tercer lugar, discutir el método, porque la comparación entre la escansión automática y la manual revela un problema que afecta a la descripción de toda versificación de cómputo irregular.

La tesis que se sostiene es que la versificación de Graciani Constante es polimétrica y fluctuante, con dos polos de atracción, el endecasílabo y el octosílabo, y que su cohesión formal no procede de la regularidad del cómputo sino de la recurrencia de fórmulas verbales y de rimas. El libro no es verso libre en el sentido que la tradición hispánica da al término, porque conserva la referencia constante a los metros canónicos y a las estrofas tradicionales; tampoco es verso regular, porque la medida se desvía con frecuencia de esa referencia. Se sitúa en el espacio que la métrica española ha descrito como versificación fluctuante o semilibre, y que en este caso conviene caracterizar con precisión. La condición ficcional del conjunto, que el poema pórtico plantea al preguntarse si la historia es real o ucronía, no afecta al análisis métrico, aunque sí explica la mezcla de géneros que se observa en el libro y que remite al ámbito de problemas que José María Pozuelo Yvancos (1993) estudió en su poética de la ficción.

La terminología métrica sigue a José Domínguez Caparrós (2014) y se contrasta con Antonio Quilis (2013) y Tomás Navarro Tomás (1983). Para el verso que no se ajusta al isosilabismo se tienen en cuenta las propuestas de Isabel Paraíso (1985) y María Victoria Utrera Torremocha (2001). Cuando las escuelas difieren en la nomenclatura se indica de forma explícita. La escansión automática se ha realizado con libEscansión, cuyo funcionamiento y limitaciones se describen en el epígrafe siguiente.

2. Corpus y método

El corpus está formado por los versos de la primera parte del libro, desde el poema pórtico sin título que precede al prólogo (p. 9) hasta la composición titulada «Ella» (p. 71), a los que se suman, por ser versos firmados por Graciani Constante, el obituario dedicado a Adelino Alonso (p. 79), el poema «El Duende» (pp. 83-84) y el epílogo (p. 85). Se han excluido las piezas en prosa (la carta abierta, la carta a Marisa Lobato, las cartas de la Redacción y la nota que cierra el poema «Sinencuentro»), los rótulos, las firmas y las líneas que funcionan como títulos internos. El resultado es un conjunto de 735 versos.

Cada verso se ha escandido con libEscansión, una biblioteca de análisis métrico del español desarrollada por Fernando Sanz-Lázaro. La versión empleada es la 1.1.1. Según su autor, la herramienta alcanza un 97,01 % de acierto contra el corpus anotado ADSO 100 con su configuración estándar, y un 98,65 % si se adapta el tratamiento de las interjecciones al criterio de anotación de ese corpus (Sanz-Lázaro, 2024). El dato es relevante, pero debe leerse con su contexto: el propio trabajo advierte que la biblioteca se diseñó para el verso del teatro del Siglo de Oro y que su evaluación se hizo sobre un corpus de sonetos, es decir, sobre poesía de metro fijo. Sanz-Lázaro (2024) señala expresamente que no se ha probado con otros tipos de verso y que hacen falta corpus anotados manualmente de piezas polimétricas para medir su rendimiento fuera de ese ámbito.

Esta advertencia condiciona el método de este estudio. Una herramienta que resuelve ambigüedades mediante un sistema de prioridades calibrado sobre metros regulares tenderá a interpretar los casos dudosos en favor del metro canónico más próximo. En un corpus de cómputo irregular, esa tendencia puede producir una imagen de regularidad mayor que la real. Por ello se ha procedido en dos fases. En la primera, se ha obtenido el cómputo automático de todos los versos y se ha agregado por poema (Apéndice A). En la segunda, se ha escandido manualmente una muestra de treinta versos, elegidos entre los poemas de medida dominante endecasilábica y octosilábica, aplicando la norma general de la sinalefa entre palabras y las reglas habituales de final agudo y esdrújulo (Domínguez Caparrós, 2014; Quilis, 2013). La comparación entre ambas escansiones figura en el Apéndice B.

El patrón acentual que produce la herramienta no se ha utilizado para sostener ninguna afirmación de este artículo. La biblioteca, en la instalación empleada, devuelve los campos de ritmo y de núcleos de forma defectuosa, y el patrón se reconstruye a partir de las sílabas marcadas como tónicas. Aunque esa reconstrucción coincide con el ejemplo documentado por la propia biblioteca, se trata de un dato derivado, no de una salida directa, y por prudencia se ha excluido del análisis. Las observaciones sobre la acentuación que aparecen en el texto proceden de la escansión manual.

3. Distribución de medidas: lo que dice la herramienta

El resultado agregado de la escansión automática es claro. De los 735 versos, la herramienta asigna once sílabas a 333, es decir, al 45,3 %. Le siguen el octosílabo, con 138 versos (18,8 %), y el heptasílabo, con 93 (12,7 %). A distancia aparecen el hexasílabo (47 versos, 6,4 %), el decasílabo (37, 5,0 %), el dodecasílabo (23, 3,1 %) y el eneasílabo (20, 2,7 %). Las medidas inferiores a seis sílabas y superiores a doce son marginales, aunque no inexistentes: hay once versos de catorce sílabas y uno de quince. El conjunto dibuja una versificación con dos centros, el endecasílabo y el octosílabo, a los que se asocia el heptasílabo como medida auxiliar.

La distribución por poemas confirma esa doble polaridad y permite distinguir dos grupos de composiciones. En el primero predomina el endecasílabo: el prólogo (siete de ocho versos según la herramienta), «La Parra» (veintidós de veintiocho), «Acta Notarial» (dieciséis de diecisiete), «Tormenta» (sesenta y cuatro de setenta y dos), «Todo un año desde la tormenta» (quince de diecisiete), «Ha pasado justamente un año» (cuarenta y seis de sesenta y uno), la «Carta de un Lector» (cuarenta y seis de cincuenta y cinco), la «Carta del autor» (once de catorce), el «Obituario» (siete de siete) y «El Duende» (veintiocho de treinta y tres). Son, en su mayoría, composiciones narrativas, descriptivas o epistolares de cierta extensión.

En el segundo grupo predominan las medidas de arte menor. El poema largo «Sinencuentro» (pp. 47-50) tiene cuarenta y seis octosílabos en ochenta y cinco versos; Un grácil «Escusa» (p. 36), nueve de diecisiete; el epílogo, nueve de diecisiete; La «Línea» (p. 28), seis de dieciséis. Otras composiciones breves, como «28 de diciembre» (p. 16), Un «Beso» muy fuerte (p. 24) o «Carta a los Reyes Magos» (p. 25), se construyen con versos de cuatro a seis sílabas. En este grupo la medida dominante rara vez supera la mitad de los versos, lo que indica una polimetría interna mayor.

La relación entre medida y género discursivo es visible. Las composiciones que narran un episodio, describen un lugar o argumentan una posición tienden al endecasílabo; las que celebran, felicitan o condensan una idea en forma epigramática tienden al arte menor. El poema «Sinencuentro», que narra el episodio central del libro, es la excepción más notable, y su elección del octosílabo, el verso del romance, puede leerse como un acercamiento a la tradición narrativa popular. Navarro Tomás (1983) observó que el octosílabo coincide con la medida predominante del grupo fónico en español, lo que explica su naturalidad en la narración.

4. Lo que corrige la escansión manual: el endecasílabo de cómputo variable

La revisión manual de la muestra modifica de forma sustancial la imagen que ofrece la herramienta. De los treinta versos revisados, diecisiete coinciden con el cómputo automático y trece no. Las discrepancias no son aleatorias: en doce de los trece casos la herramienta asigna once sílabas a versos que, con aplicación ordinaria de la sinalefa, tienen nueve, diez o doce; en el caso restante asigna diez a un eneasílabo. Para alcanzar el endecasílabo, la herramienta recurre a dialefas, a diéresis o a sinéresis que la escansión manual no considera obligadas.

Algunos ejemplos permiten precisar el fenómeno. El verso que abre y cierra la composición «Ha pasado justamente un año» (pp. 41 y 43) se escande con sinalefa entre la última sílaba de justamente y el artículo indeterminado, lo que da diez sílabas; la herramienta le asigna once, lo que supone una dialefa en esa juntura. El segundo verso de la misma composición, «Con qué rapidez transcurre el tiempo.» (p. 41), tiene también diez sílabas con sinalefa entre transcurre y el artículo, y once solo con dialefa. El primer verso del «Obituario», «Poco a poco se nos va la vida.» (p. 51), presenta la misma situación: diez sílabas si se une poco con la preposición, once si se separan. En el poema «Acta Notarial», el verso «Como en los inviernos anteriores,» (p. 19) tiene diez sílabas con sinalefa y once con dialefa, y el verso final, «Doy fe, el sinecuentro yo lo vi.» (p. 19), diez y once respectivamente.

En otros casos la discrepancia es mayor. El verso inicial de «A Erató», «Tu bienestar a Dios le pido,» (p. 55), tiene nueve sílabas en escansión ordinaria; la herramienta le asigna once, lo que solo es posible con una doble diéresis en bienestar y en Dios, licencias que ninguna norma exige en esas palabras. El verso «La puntualidad no se dio.» (p. 47) tiene nueve sílabas con la pronunciación habitual de puntualidad y la herramienta le asigna once. A la inversa, el verso «Todavía la noche se siente joven,» (p. 15) tiene doce sílabas si se mantiene el hiato de todavía, que es la pronunciación normal, y once solo con sinéresis.

Estos datos obligan a reformular la descripción. El 45,3 % de endecasílabos que arroja la escansión automática es un límite superior, no una medida. Una parte considerable de esos versos son decasílabos o dodecasílabos que pueden leerse como endecasílabos si se admiten las licencias necesarias. Lo que caracteriza la versificación de Graciani Constante no es, por tanto, el endecasílabo regular, sino un verso de arte mayor que oscila entre las diez y las doce sílabas en torno a la referencia endecasilábica. Domínguez Caparrós (2014) describe como versificación fluctuante aquella en la que la medida varía dentro de unos márgenes alrededor de un número central; la de Sinencuentro se ajusta a esa definición, con el endecasílabo como centro.

Esta caracterización tiene una consecuencia de método que conviene subrayar. La escansión automática, aplicada sin revisión a un corpus de este tipo, produce una regularidad aparente. La herramienta no se equivoca en sentido estricto: cada una de las licencias que aplica está documentada en la tradición. Pero la tradición las admite como excepciones motivadas, no como recurso sistemático para alcanzar una medida. Cuando un mismo texto requiere dialefas en un verso, diéresis en otro y sinéresis en un tercero para que todos sean endecasílabos, lo razonable es concluir que el autor no cuenta las sílabas de manera estricta y que la medida resulta de una percepción aproximada del ritmo. Sanz-Lázaro (2024) advirtió que la evaluación de su herramienta fuera del metro fijo requiere corpus anotados que todavía no existen; el caso de Sinencuentro muestra por qué esa advertencia es pertinente.

La revisión manual confirma, en cambio, el octosílabo de los poemas de arte menor con mayor fidelidad. En el poema «Sinencuentro», versos como «Los saludos efusivos,» (p. 47), «Vidas cuasi paralelas.» (p. 47) o «Trabajo y jubilación.» (p. 47) son octosílabos sin necesidad de licencia alguna, y el cómputo manual coincide con el automático. El verso «Líneas con distintos actos:» (p. 47) es octosílabo con sinéresis en líneas, que es la pronunciación corriente. Las discrepancias en este poema se concentran en los versos que se alejan del octosílabo, como «La puntualidad no se dio.» (p. 47), ya comentado. Incluso un verso breve como «La espera no existió.» (p. 47), heptasílabo agudo con dos sinalefas, recibe el mismo cómputo en ambas escansiones. El arte menor de Graciani Constante es, en conjunto, más regular que su arte mayor.

La diferencia tiene una explicación probable. El octosílabo es el verso de la canción popular, del romance y del refranero, y su ritmo está interiorizado por cualquier hablante del español. El endecasílabo exige una distribución acentual más compleja y una atención mayor al cómputo, y es en él donde la fluctuación se hace visible. La afirmación del autor sobre los problemas que encuentra a la hora de versificar tiene, a la luz de estos datos, un fundamento técnico: su dificultad se manifiesta sobre todo en el verso largo.

5. El estribillo: cohesión por recurrencia

Si la medida no garantiza la cohesión de la parte de Graciani Constante, la garantiza en gran medida un estribillo que aparece por primera vez en «Hace tiempo…» (p. 27) y que se repite al final de casi todas las composiciones de las páginas 27 a 33, en «¿Cómo terminar la Historia?» (p. 47), en «¿Fin?» (p. 59) y en la sección «P.D.» (p. 71). Su forma canónica es la siguiente:

Todo pasó y… no fue nada.
Nada pasó y… fue todo.
Entre todo y nada,
entre nada y todo:

La escansión manual de estos cuatro versos es inequívoca y coincide con la automática. El primero, «Todo pasó y… no fue nada.» (p. 28), es un octosílabo, con sinalefa entre la vocal tónica de pasó y la conjunción, a pesar de los puntos suspensivos que la separan gráficamente. El segundo, «Nada pasó y… fue todo.» (p. 28), es un heptasílabo con la misma sinalefa. El tercero y el cuarto son hexasílabos. La estrofa forma así una gradación descendente de ocho, siete, seis y seis sílabas, que acompaña la reducción del contenido: de la afirmación paradójica de los dos primeros versos se pasa a la fórmula abstracta de los dos últimos, que ya no afirman nada y solo sitúan.

La organización retórica del estribillo es la de un quiasmo doble. Los dos primeros versos invierten el orden de los términos todo y nada y la relación entre el hecho y su valoración: todo pasó y no fue nada; nada pasó y fue todo. Los dos últimos repiten la inversión con los términos desnudos, sin verbo. La tradición retórica llama retruécano o conmutación a esta figura, que repite las palabras en orden inverso para producir un contraste de sentido; Roman Jakobson (1960) describió la función poética como la proyección del principio de equivalencia del eje de selección sobre el eje de combinación, y el estribillo de Sinencuentro es un ejemplo de esa proyección: la equivalencia entre todo y nada se convierte en principio constructivo del enunciado.

La rima del estribillo es asonante y abraza: nada y nada riman en á-a; todo y todo, en ó-o. El esquema es, por tanto, ABBA en asonancia, con rima de palabra idéntica. Los dos puntos que cierran el cuarto verso anuncian que la estrofa no se cierra en sí misma, sino que introduce lo que sigue, y en efecto el estribillo funciona en el libro como fórmula de transición hacia el poema siguiente. En algunas apariciones se amplía: en «El ¡Beso!» (p. 30) se añaden cuatro versos que terminan en la palabra «Vos.», y en «¡De ilusión también se vive!» (p. 33) uno que dice «Mientras duró…». Las variaciones confirman que el estribillo es un núcleo estable sobre el que el autor improvisa.

Navarro Tomás (1983) dedicó atención a la función del estribillo en la lírica tradicional, donde actúa como elemento de reconocimiento y de participación colectiva. En Sinencuentro conserva esa función de reconocimiento, pero se integra en una estructura narrativa: cada aparición marca el final de un episodio del relato y el paso al siguiente. La recurrencia sustituye la regularidad métrica como principio de cohesión. Yuri Lotman (1978) señaló que en el texto artístico la repetición no produce redundancia, sino acumulación de sentido, porque cada aparición de un mismo elemento se carga con el contexto que la precede. Las apariciones sucesivas del estribillo se leen, en efecto, con una carga creciente.

La importancia del estribillo se confirma por su eco en la parte de Zapata Tinajero. La prosa de ella contiene una frase que lo reformula sin verso: «Nada pasó y pasó tanto. Nada cambió y lo cambió todo.» (p. 78). Y más adelante: «Nada pasó, pero pasó todo.» (p. 78). La fórmula ha migrado de un género a otro y de una voz a otra. Este desplazamiento muestra que el estribillo no es un mero recurso de versificación, sino la expresión condensada del tema del libro, la desproporción entre los hechos y su significado.

6. La redondilla como forma de referencia

En varias composiciones de arte menor, Graciani Constante recurre a la redondilla, la estrofa de cuatro octosílabos con rima consonante abrazada (abba), que Domínguez Caparrós (2014) y Quilis (2013) describen como una de las formas más características de la versificación española desde el siglo XV. La recurre, sin embargo, con la misma libertad de cómputo que se ha observado en el arte mayor: la rima abrazada se mantiene, pero la medida oscila entre las siete y las nueve sílabas.

El caso más claro es la segunda parte de Un grácil «Escusa» (p. 36), compuesta por dos cuartetas separadas por una línea de guiones. La primera dice:

Con su complejo creciente,
se va con su compañera
al sueño del que espera.
No desesperes. Valiente.

La rima es consonante y abrazada: creciente con Valiente, compañera con espera. La medida, según la escansión manual, es de ocho, ocho, siete y ocho sílabas; el tercer verso, «al sueño del que espera.» (p. 36), es un heptasílabo. La segunda cuarteta repite el esquema con otra rima:

Este su convite fue
rechazado sine die.
De la escusa, sonríe.
La morriña no se fue.

Aquí la rima abrazada empareja fue con fue, rima de palabra idéntica, y die con sonríe, rima consonante en -íe que exige leer la locución latina con su pronunciación bisílaba. Los cómputos son ocho, ocho, siete y ocho: «Este su convite fue» es un heptasílabo agudo que cuenta ocho; «rechazado sine die.» (p. 36) es octosílabo llano; «De la escusa, sonríe.» (p. 36) es heptasílabo; el último verso vuelve al octosílabo agudo. En ambas cuartetas, el tercer verso se queda una sílaba por debajo de la medida. La regularidad de la posición sugiere que no se trata de un descuido aislado, aunque el corpus es demasiado breve para afirmarlo como recurso deliberado.

La composición «Muchas Felicidades por Navidad» (pp. 37-38) se cierra con otra cuarteta de rima abrazada consonante: repite con convite y ríe con varíe. El primer verso, «Año tras año, se repite.» (p. 38), tiene nueve sílabas, y la herramienta coincide en ese cómputo. Y la composición «Ha pasado justamente un año» termina con una cuarteta que rima año con apaño y vez con vejez, de nuevo en esquema abrazado:

Tu sonrisa, en el año,
iluminaba una vez,
con buena luz, a mi vejez.
Ya, con WhatsApp, me apaño.

Las medidas son siete, ocho, nueve y siete. La rima consonante abrazada se conserva con exactitud; la medida no. El patrón se repite en el poema pórtico sin título de la página 9, que se compone de dos cuartetas de rima abrazada: hilvanada, puntadas, espaciadas, terminada en la primera, con rima consonante en -ada y su plural; Escrita, seguidos, idos, cuita en la segunda, con asonancia en í-a para los versos extremos y consonancia en -idos para los centrales. La medida de estos ocho versos oscila entre seis y ocho sílabas según la herramienta.

Estos ejemplos permiten precisar la naturaleza de la versificación del autor. La estructura de la rima se respeta con más rigor que la medida. El esquema abba, la consonancia, la disposición estrófica en cuartetas separadas, todo eso se mantiene. La medida, en cambio, se aproxima al octosílabo sin ajustarse a él. Utrera Torremocha (2001) describió diversas modalidades de verso libre que conservan la rima o se organizan en torno a una medida, y distinguió entre un verso libre que gira alrededor de una medida y uno que prescinde de toda referencia métrica. El caso de Graciani Constante no es el de un verso libre, porque la estrofa y la rima son tradicionales, sino el de una redondilla de cómputo laxo, en la que la rima asume la función estructural que en la redondilla clásica comparte con la medida.

7. Un soneto con estrambote

La composición titulada «Todo un año desde la tormenta» (p. 23) merece un análisis aparte, porque reproduce la estructura de una de las formas fijas más exigentes de la tradición. Sus diecisiete versos se disponen en cinco estrofas separadas por espacios en blanco: dos de cuatro versos y tres de tres. La escansión automática asigna once sílabas a quince de ellos y doce a los otros dos. Se trata, por su disposición y su rima, de un soneto al que se añade un terceto final, es decir, de un soneto con estrambote.

El esquema de la rima es el siguiente. El primer cuarteto rima Navidad con Felicidad y celebraremos con desearemos, en disposición abrazada. El segundo cuarteto rima profundo con mundo y familiares con lares, también abrazada, pero con rimas distintas de las del primero. Los tercetos riman sentir con compartir y Nacimiento con sentimiento y con momento, de modo que el segundo verso del primer terceto enlaza con los versos extremos del segundo; este segundo terceto incluye en su verso central la palabra Felicidad, que recupera la rima inicial del poema. El estrambote, por último, rima Prosperidad con NAVIDAD, cerrando el poema con la misma palabra-rima con la que se abrió el primer verso. El esquema completo sería ABBA CDDC EFE FAF AGA.

La disposición de los cuartetos con rimas distintas es una libertad respecto de la forma canónica que describen los manuales (Quilis, 2013; Domínguez Caparrós, 2014), en la que ambos cuartetos comparten las mismas rimas. La de los tercetos es, en cambio, una variante encadenada que recuerda el terceto de la terza rima. El estrambote, añadido de tres versos al final del soneto, tiene en la tradición española una larga historia, a menudo con intención burlesca. En este caso no hay burla, sino énfasis: el estrambote contiene la fórmula final de la felicitación, escrita con mayúsculas en el original, «Lo dicho: UNA MUY FELIZ NAVIDAD.» (p. 23).

La medida del soneto confirma lo observado en el epígrafe 4. Varios de sus versos son endecasílabos sin licencia, como el primero, «Se acerca la fiesta de Navidad,» (p. 23), o el segundo, «en unos días la celebraremos.» (p. 23). Otros requieren licencias para alcanzar la medida. El cuarto verso, «los unos a los otros, Felicidad.» (p. 23), es un dodecasílabo agudo en escansión manual, y la herramienta coincide en ese cómputo. El quinto, «Como señal de un amor profundo» (p. 23), tiene diez sílabas con sinalefa entre la preposición y el artículo. El octavo, «de nuestro muy católico mundo.» (p. 23), tiene diez. El soneto es, por tanto, un soneto de endecasílabos aproximados, en el que la estructura estrófica y la rima se respetan con exactitud y la medida fluctúa entre diez y doce sílabas.

La elección de esta forma para una felicitación de Navidad no es irrelevante. El soneto es la forma noble de la lírica culta, y su empleo para un mensaje de calendario eleva el texto al rango de composición literaria. El poema se titula en relación con un acontecimiento del relato, la tormenta, y se sitúa un año después de ella. La forma fija marca así un momento de recapitulación en el relato: un año ha pasado, y el autor lo señala con el poema de estructura más elaborada del libro.

8. La palabra-rima: año y tiempo

La composición «Ha pasado justamente un año» (pp. 41-43) ofrece un caso de organización rítmica que no procede de la medida ni de la estrofa, sino de la repetición de dos palabras en posición final. De sus sesenta y un versos, la mayoría termina en una de dos palabras, año o tiempo, que alternan de forma casi constante. La herramienta registra la asonancia en á-o y en é-o de esos finales, pero la relación es más estrecha: se trata de palabras idénticas que se repiten como palabra-rima.

El procedimiento tiene un precedente ilustre en la sextina, forma de origen provenzal en la que seis palabras-rima se repiten en posición final según un orden fijo. Graciani Constante no reproduce la estructura de la sextina, pero sí su principio: la rima no se busca entre palabras distintas que comparten terminación, sino que se obtiene repitiendo las mismas palabras. El texto hace explícito el procedimiento en dos versos que merecen cita: «Jugar con las palabras: año, tiempo.» (p. 42); y, a continuación, la confesión de una irregularidad: «dos veces finaliza en ogaño.» (p. 42).

Esta segunda cita es reveladora. El autor advierte al lector de que en dos ocasiones ha tenido que recurrir a una variante, la palabra ogaño, para mantener el juego, y lo hace en un verso que forma parte del propio juego, ya que termina en ogaño. La primera aparición de esa palabra está en el verso «y las sombras de antaño/ogaño» (p. 41), donde la barra presenta las dos palabras como alternativas. El procedimiento es metapoético: el poema comenta su propia construcción y sus limitaciones. Linda Hutcheon (1980) llamó narcisista a la ficción que incluye dentro de sí un comentario sobre su naturaleza narrativa o lingüística; el poema de Graciani Constante practica, en escala reducida, una forma análoga de autoconsciencia formal.

La medida del poema es mayoritariamente endecasilábica según la herramienta, con cuarenta y seis versos de once sílabas. La escansión manual del primer verso y del segundo, ya comentada en el epígrafe 4, muestra que esa cifra debe tomarse con las reservas indicadas. Pero el principio constructivo del poema no es la medida, sino la alternancia de las dos palabras-rima, que funciona como un estribillo disuelto a lo largo del texto. Hacia el final, el poema retoma casi literalmente su estrofa de apertura, omitiendo el segundo verso, y añade una despedida y la cuarteta comentada en el epígrafe 6. La estructura circular confirma que el autor concibe sus poemas como juegos con reglas propias, más que como aplicaciones de las reglas de la preceptiva.

9. El prólogo y la rima del neologismo

El prólogo, subtitulado «A modo de resumen» (p. 13), es la composición en la que el endecasílabo alcanza mayor regularidad. Sus ocho versos se disponen en dos cuartetas, y la escansión manual confirma la medida endecasilábica en los cuatro primeros, con una sola licencia:

¡Eres noche! Con mi candil salí
al camino, cadencioso alumbré
y grité: «¡Compañeros míos! venid,
nuestro sendero yo iluminaré».

Los versos primero, segundo y cuarto son endecasílabos agudos sin necesidad de licencia; el tercero requiere sinéresis en míos para no exceder la medida. La rima es asonante aguda y alterna: salí con venid, en í; alumbré con iluminaré, en é. El esquema abab en asonancia aguda es inusual en el libro y confiere a la estrofa una sonoridad marcada. Una nota final del volumen indica que el prólogo está inspirado en un poema de Rabindranath Tagore (p. 89); este estudio no ha cotejado la fuente y se limita a registrar la indicación del autor, que establece una relación de derivación declarada entre ambos textos, del tipo que Gérard Genette (1989) denominó hipertextual. La segunda cuarteta pierde la regularidad: el tercer verso, «a ti clamo: ¡Aurora, alúmbrame!» (p. 13), es un octosílabo esdrújulo según ambas escansiones, y el conjunto no mantiene la rima de la primera.

La palabra que da título al libro tiene también una dimensión métrica. En el poema «Julio» (pp. 39-40), una sección rotulada «Esperanza» (p. 39) empareja el neologismo con su modelo léxico mediante la rima:

¡Ojalá sinencuentro!
Que solo tu devenir
sea un desencuentro
que se perdió al venir
y no un desencuentro
que sí encontró camino
y para quedarse vino.

La rima consonante en -encuentro une sinencuentro con desencuentro, que aparece dos veces; devenir rima con venir, y camino con vino. El esquema es abab-acc, y la medida oscila entre seis y ocho sílabas: el primer verso es heptasílabo; el segundo, octosílabo agudo; el tercero, hexasílabo; el cuarto, heptasílabo agudo; el quinto, hexasílabo; los dos últimos, heptasílabo y octosílabo. La estrofa es una combinación libre de versos de arte menor con rima consonante, sin correspondencia con ninguna estrofa canónica.

La rima entre sinencuentro y desencuentro tiene valor semántico. La carta abierta que precede al libro justifica el neologismo por analogía con desencuentro: «no está en el diccionario de la Real Academia Española, pero igual que existe la palabra desencuentro, en el presente caso podría existir; resume mejor el objetivo propuesto.» (p. 7). En la estrofa de «Julio», la analogía se convierte en rima, y la rima establece la diferencia entre ambos términos. El deseo que expresa la voz poética es que el porvenir sea un desencuentro que se perdió en el camino, y no uno que llegó para quedarse. El sinencuentro aparece así como el estado preferible: la ausencia de encuentro es menos dolorosa que el encuentro fallido. Jakobson (1960) observó que en poesía la semejanza de sonido tiende a interpretarse como semejanza o diferencia de sentido; esta estrofa ofrece un ejemplo de esa semantización de la rima.

La forma del neologismo merece una nota. En el poema «Acta Notarial», el último verso escribe «Doy fe, el sinecuentro yo lo vi.» (p. 19), con una forma sin la segunda ene. En el resto del libro la palabra aparece como sinencuentro. La variante de la página 19 podría ser una errata o una forma alternativa; el texto no ofrece elementos para decidir. Para el cómputo silábico, ambas formas tienen el mismo número de sílabas, cuatro, y la variante no altera la medida del verso.

10. Polimetría y voces: el verso de las cartas

La parte de Graciani Constante incluye, en el apartado «P.S.» (pp. 63-69), un intercambio de cartas entre un lector ficticio, el autor y la Redacción de un medio. Las dos primeras están en verso, la tercera en prosa. La «Carta de un Lector» (pp. 63-64) tiene cincuenta y cinco versos, cuarenta y seis de ellos endecasílabos según la herramienta; la «Carta del autor» (p. 65), catorce, de los que once son endecasílabos. La carta de la Redacción, en prosa, declara: «No es costumbre en la Redacción aceptar, publicar las polémicas. Una excepción es solo eso: Una Excepción.» (p. 67).

La elección de la medida obedece a un criterio de género. El endecasílabo es, en la tradición española, la medida habitual de la epístola en verso, y el uso de esa medida en las cartas del lector y del autor las sitúa en esa tradición. La «Carta de un Lector» se abre con un verso breve, «Te he leído», y prosigue en endecasílabos de rima consonante pareada o alterna: escribir con decir, versión con narración, en una disposición que no responde a un esquema fijo. La «Carta del autor» reproduce la apertura con una fórmula paralela, «Ya he leído», y se cierra con un pareado de rima consonante:

El pasado no se puede subsanar,
el presente aún se puede ganar.

Ambos versos son, según la herramienta, de doce y once sílabas respectivamente; la escansión manual del primero da once fonológicas más una por final agudo, es decir, doce, y la del segundo da once con la pronunciación bisílaba del adverbio aún, que es la normal cuando lleva acento, y sinalefa con la vocal que lo precede. El pareado cierra la carta con una sentencia moral de estructura paralela, en la que pasado se opone a presente y subsanar a ganar.

El paso de una medida a otra entre las distintas piezas del libro no es arbitrario. Las felicitaciones breves y los epigramas emplean el arte menor; las narraciones, las descripciones y las epístolas, el arte mayor. El estribillo, en versos de ocho a seis sílabas, articula el conjunto. La polimetría de Sinencuentro funciona como un sistema de diferenciación de registros, en el que cada medida se asocia a un tipo de discurso. Bousoño (1970) sostuvo que el ritmo poético participa en la expresión del contenido y no es un elemento exterior a él; en este libro, la medida participa de la caracterización genérica de cada pieza. Mijaíl Bajtín (1982) distinguió entre géneros discursivos primarios, como la carta o la felicitación, y géneros secundarios, que los absorben y reelaboran en la obra literaria; la parte de Graciani Constante integra géneros primarios de la comunicación cotidiana en una composición literaria, y la medida es uno de los medios por los que esa integración se marca.

11. Conclusiones

El análisis métrico de la parte de Enrique Graciani Constante en Sinencuentro permite establecer las siguientes conclusiones.

Primera. La versificación del libro es polimétrica y se organiza en torno a dos polos, el endecasílabo y el octosílabo, con el heptasílabo como medida auxiliar. Según la escansión automática realizada con libEscansión, el 45,3 % de los 735 versos tiene once sílabas, el 18,8 % ocho y el 12,7 % siete. Las composiciones narrativas, descriptivas y epistolares tienden al arte mayor; las felicitaciones, los epigramas y el poema narrativo central, al arte menor.

Segunda. La cifra de endecasílabos que arroja la herramienta debe leerse como un límite superior. La revisión manual de una muestra de treinta versos muestra que en trece de ellos la herramienta asigna un cómputo distinto del que resulta de la aplicación ordinaria de la sinalefa, y que en doce de esos trece casos lo hace para alcanzar el endecasílabo mediante dialefas, diéresis o sinéresis no obligadas. El arte mayor de Graciani Constante es un verso fluctuante que oscila entre diez y doce sílabas en torno a la referencia endecasilábica. El arte menor, en cambio, se ajusta con mayor fidelidad al octosílabo.

Tercera. Esta discrepancia tiene un alcance metodológico. Las herramientas de escansión automática, diseñadas y evaluadas sobre poesía de metro fijo, tienden a regularizar el verso de cómputo irregular al resolver las ambigüedades en favor del metro canónico más próximo. Su uso en corpus de este tipo exige una revisión manual que permita distinguir entre el verso que admite una licencia ocasional y el verso que no se ajusta a la medida. Los datos de este estudio se ofrecen en los apéndices para que puedan ser verificados y ampliados.

Cuarta. La cohesión formal de la parte de Graciani Constante no procede de la regularidad del cómputo sino de la recurrencia. El estribillo que se repite a partir de la página 27, formado por un octosílabo, un heptasílabo y dos hexasílabos con rima asonante abrazada y estructura de quiasmo, funciona como elemento de articulación del relato. Su fórmula paradójica, según la cual todo pasó y no fue nada, reaparece reformulada en la prosa de Eloísa Zapata Tinajero, lo que confirma que expresa el tema central del libro.

Quinta. El autor recurre a formas estróficas tradicionales y las adapta con libertad. La redondilla aparece en varias composiciones con su rima consonante abrazada intacta y su medida oscilante entre siete y nueve sílabas. El poema «Todo un año desde la tormenta» reproduce la estructura de un soneto con estrambote, con esquema de rima ABBA CDDC EFE FAF AGA y versos de diez a doce sílabas. En ambos casos, la estructura de la rima se respeta con más rigor que la medida.

Sexta. En «Ha pasado justamente un año», el principio constructivo es la palabra-rima: los versos terminan alternativamente en año y en tiempo, según un procedimiento que recuerda el de la sextina, y el propio poema comenta su construcción y sus irregularidades. Esta autoconsciencia formal es coherente con las declaraciones del autor sobre sus dificultades para versificar.

Séptima. La rima entre sinencuentro y desencuentro en la sección «Esperanza» del poema «Julio» tiene valor semántico, porque convierte en relación sonora la analogía léxica con la que la carta abierta justifica el neologismo, y establece mediante ella la diferencia entre ambos conceptos.

En conjunto, Sinencuentro ofrece el caso de un autor que conoce las formas de la tradición métrica española y las emplea como referencia, pero que no se somete a la regularidad del cómputo. Su versificación ocupa un espacio intermedio entre el verso regular y el verso libre, en el que la rima, el estribillo y la estrofa asumen la función cohesiva que en el verso regular corresponde a la medida. Lejos de ocultar esta condición, el autor la declara en el texto. Este estudio ha procurado describirla con datos verificables, y deja abierta la cuestión de si la fluctuación del cómputo responde a una opción estética o a una percepción aproximada del ritmo, cuestión que solo podría abordarse con el estudio de la obra anterior del autor.

Apéndice A. Escansión automática por poema

Datos generados con libEscansión 1.1.1 (Sanz-Lázaro, 2024) sobre 735 versos de Sinencuentro. Para cada composición se indica la página o páginas del libro, el número de versos escandidos, la medida dominante según la herramienta, el número de versos que la alcanzan y la gama de medidas registradas. El patrón acentual no se reproduce aquí; las cifras de cómputo se discuten en los epígrafes 3 y 4 y se contrastan con la escansión manual del Apéndice B.

Pórtico (sin título) (p. 9): 8 versos; dominante 7 sílabas (4 versos); gama: 6, 7, 8.

Prólogo (p. 13): 8 versos; dominante 11 sílabas (7 versos); gama: 8, 11.

«La Parra» (p. 15): 28 versos; dominante 11 sílabas (22 versos); gama: 8, 10, 11, 12.

28 de diciembre (p. 16): 10 versos; dominante 5 sílabas (4 versos); gama: 4, 5, 6, 7, 8.

WhatsApp (p. 17): 11 versos; dominante 8 sílabas (2 versos); gama: 5, 7, 8, 10, 11, 12, 14.

Feliz en tu día (p. 18): 7 versos; dominante 8 sílabas (2 versos); gama: 8, 10, 11, 12.

Acta Notarial (p. 19): 17 versos; dominante 11 sílabas (16 versos); gama: 11, 12.

Tormenta (pp. 20-22): 72 versos; dominante 11 sílabas (64 versos); gama: 7, 8, 10, 11, 12.

Todo un año desde la tormenta (p. 23): 17 versos; dominante 11 sílabas (15 versos); gama: 11, 12.

Un «Beso» muy fuerte (p. 24): 8 versos; dominante 4 sílabas (3 versos); gama: 3, 4, 6, 7, 8.

Carta a los Reyes Magos (p. 25): 15 versos; dominante 6 sílabas (6 versos); gama: 4, 6, 7, 8, 10.

Felicidades (p. 26): 6 versos; dominante 11 sílabas (2 versos); gama: 9, 10, 11, 14, 15.

Hace tiempo… (p. 27): 10 versos; dominante 6 sílabas (4 versos); gama: 4, 5, 6, 7, 8, 11.

La «Línea» (p. 28): 16 versos; dominante 8 sílabas (6 versos); gama: 6, 7, 8, 10.

Una ¡Estrella Fugaz! (p. 29): 13 versos; dominante 8 sílabas (4 versos); gama: 5, 6, 7, 8, 11.

El ¡Beso! (pp. 30-31): 30 versos; dominante 8 sílabas (10 versos); gama: 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 14.

¡Mis recuerdos! (p. 31): 15 versos; dominante 11 sílabas (5 versos); gama: 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12.

¡Un paseo en una nube! (p. 32): 14 versos; dominante 8 sílabas (4 versos); gama: 6, 7, 8, 10, 11.

¡De ilusión también se vive! (p. 33): 14 versos; dominante 7 sílabas (3 versos); gama: 6, 7, 8, 9, 10, 11.

Fue bonito (p. 34): 5 versos; dominante 10 sílabas (2 versos); gama: 6, 7, 10, 11.

Un rey mago sevillano (p. 35): 6 versos; dominante 11 sílabas (4 versos); gama: 4, 8, 11.

Un grácil «Escusa» (p. 36): 17 versos; dominante 8 sílabas (9 versos); gama: 4, 5, 7, 8, 9.

Muchas Felicidades por Navidad (pp. 37-38): 15 versos; dominante 8 sílabas (6 versos); gama: 6, 7, 8, 9, 10, 11.

Enero (p. 38): 17 versos; dominante 6 sílabas (3 versos); gama: 3, 4, 5, 6, 7, 8, 10, 11, 12, 14.

Julio (pp. 39-40): 19 versos; dominante 11 sílabas (15 versos); gama: 11, 12, 14.

Julio (Esperanza) (p. 39): 7 versos; dominante 7 sílabas (3 versos); gama: 6, 7, 8.

Ha pasado justamente un año (pp. 41-43): 61 versos; dominante 11 sílabas (46 versos); gama: 3, 4, 6, 7, 8, 10, 11, 14.

¿Cómo terminar la Historia? (pp. 45-47): 14 versos; dominante 7 sílabas (6 versos); gama: 4, 6, 7, 8, 11.

Sinencuentro (pp. 47-50): 85 versos; dominante 8 sílabas (46 versos); gama: 6, 7, 8, 9, 10, 11.

Obituario (p. 51): 7 versos; dominante 11 sílabas (7 versos); gama: 11.

A Erató (p. 55): 14 versos; dominante 11 sílabas (6 versos); gama: 7, 8, 9, 10, 11.

Regalo de los Reyes Magos (p. 56): 6 versos; dominante 11 sílabas (4 versos); gama: 11, 12, 14.

¿Fin? (pp. 57-59): 8 versos; dominante 8 sílabas (4 versos); gama: 6, 7, 8, 10.

Carta de un Lector (pp. 63-64): 55 versos; dominante 11 sílabas (46 versos); gama: 4, 8, 10, 11, 12, 14.

Carta del autor (p. 65): 14 versos; dominante 11 sílabas (11 versos); gama: 4, 11, 12.

Ella (p. 71): 6 versos; dominante 9 sílabas (2 versos); gama: 3, 7, 8, 9, 11.

Se fue ADELINO ALONSO (p. 79): 10 versos; dominante 11 sílabas (6 versos); gama: 9, 11, 14.

«El Duende» (pp. 83-84): 33 versos; dominante 11 sílabas (28 versos); gama: 8, 10, 11, 12.

Epílogo (p. 85): 17 versos; dominante 8 sílabas (9 versos); gama: 6, 7, 8, 9, 10.

Distribución global de medidas según libEscansión (735 versos): 3 sílabas: 5 (0,7 %); 4 sílabas: 15 (2,0 %); 5 sílabas: 12 (1,6 %); 6 sílabas: 47 (6,4 %); 7 sílabas: 93 (12,7 %); 8 sílabas: 138 (18,8 %); 9 sílabas: 20 (2,7 %); 10 sílabas: 37 (5,0 %); 11 sílabas: 333 (45,3 %); 12 sílabas: 23 (3,1 %); 14 sílabas: 11 (1,5 %); 15 sílabas: 1 (0,1 %).

Apéndice B. Contraste entre escansión automática y escansión manual

Muestra de treinta versos. Para cada uno se indica la página, el cómputo de libEscansión 1.1.1 y el cómputo manual con sinalefa ordinaria entre palabras, más una sílaba en final agudo y menos una en final esdrújulo. Cuando la diferencia procede de una licencia, se indica cuál.

1. «¡Eres noche! Con mi candil salí» (p. 13). Automático: 11. Manual: 11.

2. «al camino, cadencioso alumbré» (p. 13). Automático: 11. Manual: 11.

3. «nuestro sendero yo iluminaré» (p. 13). Automático: 11. Manual: 11.

4. «Noche no te habías despedido» (p. 13). Automático: 11. Manual: 11.

5. «a ti clamo: ¡Aurora, alúmbrame!» (p. 13). Automático: 8. Manual: 8.

6. «Se acerca la fiesta de Navidad,» (p. 23). Automático: 11. Manual: 11.

7. «en unos días la celebraremos.» (p. 23). Automático: 11. Manual: 11.

8. «los unos a los otros, Felicidad.» (p. 23). Automático: 12. Manual: 12.

9. «Como señal de un amor profundo» (p. 23). Automático: 11. Manual: 10; la herramienta aplica dialefa entre preposición y artículo.

10. «hacia los amigos y familiares,» (p. 23). Automático: 11. Manual: 11.

11. «de nuestro muy católico mundo.» (p. 23). Automático: 11. Manual: 10.

12. «Ha pasado justamente un año.» (p. 41). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa ante el artículo.

13. «Con qué rapidez transcurre el tiempo.» (p. 41). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa ante el artículo.

14. «Poco a poco se nos va la vida.» (p. 51). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa ante la preposición.

15. «Como en los inviernos anteriores,» (p. 19). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa ante la preposición.

16. «Doy fe, el sinecuentro yo lo vi.» (p. 19). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa tras la coma.

17. «Tu bienestar a Dios le pido,» (p. 55). Automático: 11. Manual: 9; once solo con doble diéresis.

18. «La puntualidad no se dio.» (p. 47). Automático: 11. Manual: 9.

19. «Todavía la noche se siente joven,» (p. 15). Automático: 11. Manual: 12; once con sinéresis en todavía.

20. «El Sol, que en sus aposentos duerme,» (p. 15). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa tras el relativo.

21. «Gotas en el vidrio crecen…, resbalan…,» (p. 20). Automático: 11. Manual: 11.

22. «Lluvia, tras los cristales, armoniza» (p. 20). Automático: 11. Manual: 11.

23. «Electricidad ganas la partida,» (p. 20). Automático: 11. Manual: 11.

24. «y ensordece a la televisión.» (p. 20). Automático: 11. Manual: 10; once con dialefa ante la preposición.

25. «Los saludos efusivos,» (p. 47). Automático: 8. Manual: 8.

26. «Líneas con distintos actos:» (p. 47). Automático: 8. Manual: 8, con sinéresis en líneas.

27. «Todo pasó y… no fue nada.» (p. 27). Automático: 8. Manual: 8.
28. «Nada pasó y… fue todo.» (p. 27). Automático: 7. Manual: 7.
29. «Con su complejo creciente,» (p. 36). Automático: 8. Manual: 8.
30. «con buena luz, a mi vejez.» (p. 43). Automático: 10. Manual: 9.

Coincidencias: 17. Discrepancias: 13 (versos 9, 11 a 20, 24 y 30). En doce de las trece discrepancias el cómputo automático es de once sílabas.

Bibliografía

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DOI: 10.5281/zenodo.23536542
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