Javier Pérez-Ayala
Grupo Editorial Pérez-Ayala / Editorial Poesía eres tú
ORCID: 0009-0009-4306-0285
Sumario
1. Introducción: una forma sin metro. 2. Corpus, método y cautelas. 3. El dictamen métrico: veintiocho poemas sin metro cerrado. 4. La cobertura como dato: lo que la máquina no puede contar. 5. El retorno léxico como principio constructivo. 6. «Al abordaje»: el estribillo de segundo hemistiquio variable. 7. Anáfora categorial y monorrimia: la casilla vacía. 8. El versículo y el límite del verso. 9. Conclusiones. Bibliografía. Apéndice de datos: estudio métrico del libro (tabla por poema y escansión verso a verso de tres poemas nucleares).
1. Introducción: una forma sin metro
La Estirpe de la Bandera Negra, de Eusebio Navarro (Editorial Poesía eres tú, Madrid, 2026), reúne veintinueve poemas distribuidos en cinco secciones de seis, cinco, siete, cuatro y siete composiciones respectivamente, cada una encabezada por un epígrafe de un poeta distinto: Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral, Sylvia Plath, Arthur Rimbaud y W. B. Yeats. El libro se abre con un prólogo del propio autor que, sin proponérselo como declaración de poética formal, enuncia con exactitud el problema que este artículo quiere estudiar. Al describir el modo en que los poemas fueron llegando, Navarro escribe que «Todos ellos viven en la irregularidad temporal de su autor: sin rutina, sin un patrón de llegada». La frase describe una biografía de la escritura, no una métrica; pero el libro que sigue hace de esa misma irregularidad un principio de composición, y lo hace de manera bastante más deliberada de lo que el prólogo admite.
La hipótesis que aquí se defiende es sencilla de enunciar y exige alguna cautela para ser demostrada: el libro renuncia al metro regular, pero no renuncia a la forma. Lo que cohesiona el poema —lo que hace que un poema de Navarro se perciba como una unidad cerrada y no como una tirada de frases cortadas— no es la recurrencia de una medida silábica, sino la recurrencia del léxico: la anáfora de arranque y el estribillo con variación. El retorno léxico ocupa aquí, funcionalmente, el lugar que en la versificación regular ocupa el metro. Esa es la tesis.
Conviene desactivar de entrada dos malentendidos. El primero es terminológico. Que un verso no rime no lo convierte en verso libre: puede ser verso blanco, que mantiene medida regular y carece de rima en toda la serie, o verso suelto, que carece de rima en una serie donde otros versos sí riman. La distinción no es pedantería, porque el libro de Navarro contiene ejemplos de las tres cosas y confundirlas invalidaría la lectura formal entera. El segundo malentendido es metodológico y afecta al modo en que se obtienen los datos. Este trabajo emplea escansión automática, y la escansión automática de este libro produce un resultado parcial que debe declararse antes de utilizarlo, no después.
El artículo procede en cuatro movimientos. Primero fija el método y sus límites. Después presenta el dictamen métrico del libro, que es abrumadoramente negativo: la herramienta no encuentra metro cerrado prácticamente en ninguna parte. A continuación analiza el dispositivo que sí encuentra regularidad —el retorno léxico— en sus dos formas, anáfora segmental y estribillo variable. Y por último examina un hallazgo que no estaba previsto al comenzar y que obliga a matizar la tesis en un punto: la anáfora verbatim y la monorrimia no aparecen nunca juntas en el mismo poema, pero la anáfora categorial y la monorrimia sí, lo que sugiere que no hay un solo dispositivo de cohesión sino dos, con reparto distinto.
2. Corpus, método y cautelas
El corpus es la totalidad del libro: veintinueve poemas, trescientos setenta y ocho versos. Se ha trabajado sobre el original en formato .docx facilitado por la editorial, del que se extrajo un texto plano párrafo a párrafo; todas las citas literales que aparecen entre comillas angulares en este artículo han sido verificadas carácter a carácter contra ese original. Quedan fuera del recuento el prólogo, los cinco epígrafes, la nota final de procedencia de los epígrafes y el índice. Los epígrafes se excluyen por una razón obvia —son versos de otros autores— y su exclusión importa porque tres de los cinco están en lengua extranjera y habrían contaminado cualquier medición.
La escansión se ha realizado con libEscansión 1.1.1 en su configuración estándar, es decir, con silabación castellana y sin forzar la interpretación átona de las interjecciones. Este punto merece atención porque la cifra de precisión que suele citarse de esta herramienta se cita con frecuencia mal. La precisión declarada por su autor es del 97,01 % en configuración estándar —la aquí empleada— y del 98,64 % con la opción adso activada, que fuerza a considerar átonas las interjecciones para ajustarse al criterio de anotación del corpus de referencia. Ambas cifras se han comprobado en la fuente antes de citarlas. Y ambas, esto es lo decisivo, se midieron contra el corpus ADSO 100, compuesto por mil cuatrocientos cuatro versos de sonetos endecasílabos del Siglo de Oro.
Ese detalle no es una nota erudita: es una advertencia sobre el alcance de la herramienta. La precisión del 97,01 % es una precisión medida sobre metro fijo. El propio artículo fundacional de la escansión automática española moderna se titula, sin ambages, “A metrical scansion system for fixed-metre Spanish poetry” (Navarro-Colorado, 2017), y su evaluación se hizo igualmente sobre sonetos áureos. Trasladar esa cifra a un libro de verso libre contemporáneo sería un error de categoría. La herramienta no está mal construida; está construida para otra cosa. Cuánto exactamente le cuesta el cambio de objeto es, precisamente, uno de los datos que este trabajo aporta.
Tres cautelas más, todas ellas de método y todas ellas obligadas.
La primera se refiere a lo que la máquina devuelve y a lo que este artículo presenta. Los atributos de patrón rítmico y de núcleos silábicos de la biblioteca vienen defectuosos en la versión instalada: devuelven un carácter aislado en lugar del patrón completo, y el fallo se reprodujo en dos entornos distintos de Python, de modo que no es un problema de instalación local. El patrón acentual que aquí se maneja es, por tanto, una reconstrucción propia a partir del atributo de sílabas, donde el núcleo tónico aparece en mayúscula. Se declara así, y no como salida directa de libEscansión, porque no lo es. Los recuentos silábicos, las terminaciones asonantes y las consonantes sí proceden directamente de la biblioteca.
La segunda cautela es que ningún verso sostiene aquí una afirmación del cuerpo del artículo sin haber sido escandido también a mano. El apéndice recoge la escansión manual de tres poemas nucleares completos y consigna las discrepancias con la máquina allí donde las hay, que son varias y no todas triviales. Un dato automático que contradice la lectura manual se resuelve a favor de la lectura manual y se deja constancia de ambas.
La tercera cautela es terminológica. Se sigue la terminología de José Domínguez Caparrós, tal como queda fijada en su Diccionario de métrica española, por ser la obra que de manera explícita se propone arbitrar entre las nomenclaturas concurrentes de la disciplina. En consecuencia: metro es el esquema convencional abstracto; ritmo, su realización concreta sobre el material lingüístico; verso blanco, el de medida regular sin rima en toda la serie; verso suelto, el carente de rima en una serie que sí rima en otros lugares; verso libre, el que abandona o flexibiliza varias de las regularidades tradicionales conservando otras recurrencias; y versículo, la unidad versal extensa y flexible, con segmentación y ritmo propios, que no obedece a un metro regular breve. No se mezclan estas etiquetas con las de otras escuelas.
3. El dictamen métrico: veintiocho poemas sin metro cerrado
El primer resultado es contundente y conviene exponerlo sin adornos. Se aplicó a cada poema una función de dictamen que determina si la composición se ajusta a un metro cerrado, entendiendo por tal que al menos tres de cada cuatro versos escandidos compartan el mismo recuento silábico. De los veintinueve poemas del libro, veinticinco reciben dictamen negativo, tres quedan sin dictamen por no alcanzar el mínimo de versos exigido para pronunciarse, y uno solo recibe dictamen positivo.
Ese único poema es SECRETOS DESNUDOS, con una adhesión del 100 % a un metro de catorce sílabas. Pero el dictamen viene acompañado de su propia refutación: sólo se escandieron cuatro de sus ocho versos. Es decir, la unanimidad métrica se ha calculado sobre la mitad de la muestra, y la mitad que falta es precisamente la de los versos más largos, que son los que la herramienta no supo medir. Un dictamen de metro cerrado sobre el 50 % de los versos de un poema de ocho no es un dictamen: es una conjetura con formato de dictamen. El libro, por tanto, no tiene ni un solo poema del que pueda afirmarse con base suficiente que se ajuste a un metro regular.
La distribución de medidas confirma el diagnóstico desde otro ángulo. Sobre los doscientos ochenta y ocho versos efectivamente escandidos, el reparto es bimodal: ochenta versos de once sílabas (27,8 %) y noventa y tres de catorce (32,3 %), a los que se añaden treinta y siete de quince (12,8 %) y treinta y cuatro de ocho (11,8 %). Endecasílabo y alejandrino suman entre los dos el 60,1 % del total. Hay aquí una tradición reconocible —la silva libre impar, la combinación de endecasílabo y alejandrino que caracteriza buena parte del versolibrismo español contemporáneo, estudiada entre otros por Ayala Gallardo (2020) en Goytisolo—, pero reconocerla no equivale a encontrar un metro. Ningún poema se mantiene en una de esas medidas el tiempo suficiente para que la medida se convierta en expectativa.
Lo que sí se mantiene es la oscilación. Tómese LOS OLIVOS CENTENARIOS, un poema de doce versos con cobertura de escansión del 100 %, es decir, sin un solo verso que la máquina dejara sin medir. Su reparto es de seis endecasílabos, dos heptasílabos, dos alejandrinos, un dodecasílabo y un decasílabo. La adhesión al metro dominante es del 50 %: exactamente la mitad de los versos mide once sílabas y exactamente la otra mitad mide otra cosa. Un poema así no es irregular por descuido; es irregular de manera sostenida, que es cosa distinta. Y sin embargo el poema se percibe como una unidad perfectamente cerrada, porque los dos heptasílabos —los versos más breves, los únicos dos de esa medida— son el mismo verso repetido, y encabezan cada una de las dos mitades de la composición:
Lo haré, sé que lo haré.
El heptasílabo funciona aquí como pórtico. No organiza la medida de lo que sigue, que sigue siendo variable, pero organiza la percepción: el lector sabe dónde empieza cada movimiento. Es el primer indicio de lo que este artículo sostiene, y aparece en el poema que la máquina midió mejor de todo el libro.
Conviene también observar qué ocurre con la rima en este panorama. La rima no ha desaparecido del libro; se ha vuelto intermitente. El índice de dominancia asonante —la proporción de versos con rima detectada que comparten la asonancia mayoritaria del poema— arroja una media del 37,9 % sobre los diecinueve poemas con base suficiente para calcularlo. Es un valor bajo, muy por debajo de lo que exigiría hablar de serie asonantada, pero está lejos de cero. Hay dos poemas, que se examinarán en el apartado séptimo, donde ese índice se dispara por encima del 94 %. En el resto, la rima aparece y desaparece sin esquema, produciendo en la mayoría de las composiciones versos sueltos en el sentido técnico del término: versos sin rima dentro de una serie que sí rima en otros lugares. No son versos blancos, porque la serie no es de medida regular; no son versos libres aislados, porque la serie no es homogéneamente arrítmica. Son versos sueltos, y la precisión importa.
4. La cobertura como dato: lo que la máquina no puede contar
Llegados a este punto es forzoso hablar de lo que la herramienta no hizo. De los trescientos setenta y ocho versos del libro, libEscansión midió doscientos ochenta y ocho. La cobertura global de la escansión automática es, por tanto, del 76,19 %. Noventa versos —casi uno de cada cuatro— quedaron sin medida.
Esta cifra debe declararse por honestidad elemental, y debe declararse en el cuerpo del artículo y no sólo en el apéndice, porque afecta a la validez de todo lo dicho en el apartado anterior. Un dictamen métrico calculado sobre tres cuartas partes de los versos no vale lo mismo que uno calculado sobre la totalidad. Y la cobertura no se reparte de manera uniforme: oscila entre el 0 % de EL CONFÍN DEL HORIZONTE y de LOS SILENCIOS OPACOS —dos poemas de los que la herramienta no pudo medir absolutamente ningún verso— y el 100 % de ocho composiciones. Por secciones, la cobertura va del 52,6 % en la sección I al 91,5 % en la II.
Ahora bien, la cobertura no falla al azar, y ahí está lo interesante. Los noventa fallos son todos del mismo tipo: los noventa devuelven idéntico error interno, lo que indica un único modo sistemático de fallo y no una acumulación de causas heterogéneas. Y ese modo de fallo tiene una variable predictora clarísima, que es la longitud del verso. Clasificados los trescientos setenta y ocho versos por número de palabras, la cobertura desciende de manera monótona:
En el tramo de cero a siete palabras hay 210 versos, de los que se escandieron 195, el 93 %. En el de ocho a nueve palabras, 106 versos y 76 escandidos, el 72 %. En el de diez a once, 41 versos y 16 escandidos, el 39 %. En el de doce a trece, 11 versos y un solo escandido, el 9 %. Y de dieciséis palabras en adelante, 10 versos y ninguno escandido, el 0 %. No hay versos en el tramo intermedio de catorce a quince palabras.
La correlación de Pearson entre longitud en palabras y éxito de la escansión es de −0,4257 sobre los trescientos setenta y ocho versos. El verso escandido mide de media 6,68 palabras y 36,4 caracteres; el verso no escandido mide 11,56 palabras y 64,1 caracteres, casi el doble en ambas magnitudes. A partir de las dieciséis palabras, la herramienta no mide nada en absoluto.
La consecuencia metodológica es incómoda y hay que asumirla entera: la muestra de doscientos ochenta y ocho versos sobre la que se ha calculado el reparto silábico del apartado anterior está sesgada hacia el verso corto. Los versos largos están sistemáticamente ausentes de ese recuento, no por azar muestral sino por una limitación de la herramienta correlacionada justamente con la variable que se quiere medir. Dicho de otro modo: la distribución real de medidas del libro contiene más verso largo del que el 32,3 % de alejandrinos deja ver. El sesgo no invalida el hallazgo principal —que no hay metro cerrado—, porque un sesgo hacia el verso corto y homogéneo sólo podría inflar artificialmente la regularidad, y aun así la regularidad no aparece. Pero sí invalidaría cualquier intento de describir el perfil métrico del libro como si fuera completo. No lo es.
Conviene añadir una segunda medición, porque la cobertura sólo dice cuántos versos se midieron y no si se midieron bien. Se escandieron a mano los treinta y ocho versos de los tres poemas nucleares que sostienen las tesis de este trabajo, elegidos entre los de cobertura automática del 100 % para que el cotejo fuera completo. La escansión automática coincide con la manual en veintitrés casos y difiere en quince: una tasa de acuerdo del 60,5 %. Las discrepancias son direccionales —en doce de los quince la máquina cuenta más sílabas, por no aplicar sinalefas que el criterio manual sí aplica— y el detalle verso a verso figura en el apartado C del apéndice. Esa tasa no es directamente comparable con el 97,01 % declarado por el autor de la biblioteca, que se mide contra un corpus anotado por varias manos y sobre metro fijo; pero basta para justificar que ninguna afirmación de este artículo descanse sobre una medida silábica aislada, y explica por qué los apartados siguientes se apoyan en recurrencias léxicas, que son observables sin escandir, y no en recuentos.
Y hay un tercer modo de leer el mismo dato, que es el que justifica el título de este artículo. La cuenta no cuadra dos veces. No cuadra en el libro, donde ningún poema se deja reducir a un metro. Y no cuadra en el instrumento, que en presencia de este libro deja de contar en una cuarta parte de los casos. Las dos cosas tienen la misma causa: el verso de tirada larga, el verso que se acerca al versículo. Una herramienta calibrada sobre endecasílabos áureos enmudece precisamente donde el libro es más característico de sí mismo. Ese enmudecimiento es un dato positivo sobre el libro, no sólo una carencia del instrumento, y por eso se consigna aquí como resultado y no como excusa.
5. El retorno léxico como principio constructivo
Si el metro no organiza el poema, algo lo organiza. La respuesta de este artículo es que lo organiza la repetición léxica en posición fija, y que esa repetición no es un adorno retórico añadido sobre una estructura previa, sino la estructura misma.
La idea no es nueva en la teoría del verso libre español, aunque sí lo es su aplicación cuantitativa a un libro concreto. Utrera Torremocha (2003) ha mostrado que la explicación rítmica del versolibrismo tiende a desplazarse desde los factores métricos hacia los sintácticos y semánticos, y recuerda que Isabel Paraíso, en su tipología del verso libre hispánico, reserva un lugar central a la versificación paralelística, aquella que se sostiene en un retorno ideológico plasmado en recurrencias sintácticas y léxicas, entre las cuales figura la anáfora. La misma autora señala que Lázaro Carreter explicó el verso libre, diferenciándolo de la prosa, precisamente a partir de las repeticiones sintácticas y en relación con la función poética de Jakobson. Lo que sigue es una verificación de esa hipótesis general sobre un corpus cerrado y con recuento.
Se midieron dos índices. El índice anafórico segmental registra la proporción de versos de un poema que arrancan con un segmento inicial de dos o más palabras repetido en ese mismo poema. El índice anafórico categorial registra la proporción de versos cuya primera palabra, o cuya clase gramatical inicial cuando se trata de determinantes, se repite en el poema. La distinción entre ambos resultará decisiva en el apartado séptimo.
Doce de los veintinueve poemas presentan anáfora segmental, y seis de ellos llegan a la repetición literal del verso completo. El inventario de estribillos exactos es el siguiente: «Lo haré, sé que lo haré.» dos veces en LOS OLIVOS CENTENARIOS; «Hoy, ayer como mañana,» cuatro veces en el poema homónimo; «De aquellas de las que te contaron» tres veces en LAS RUINAS DEL REINO; «Ahora que ya no te tengo,» y «Y como aquel Febrero de antaño» dos veces cada uno en BISIESTO; y «Si hubiera nacido un par de siglos antes» tres veces en SIN PATENTE DE CORSO.
El caso de LAS RUINAS DEL REINO es especialmente limpio porque permite ver el dispositivo aislado. Es, junto con BISIESTO, el poema más extenso del libro, con treinta versos, y su cobertura de escansión es alta, del 93 %, de modo que el diagnóstico métrico es fiable: trece endecasílabos, nueve alejandrinos, dos de quince sílabas, uno de diez y uno de siete. Adhesión al metro dominante, 46 %. No hay metro. Tampoco hay rima organizada: el índice de dominancia asonante es del 18 %, el más bajo del libro junto con el de LA DAMA DESNUDA. Y sin embargo el poema tiene tres partes nítidas, de once, doce y siete versos, y el lector las percibe sin esfuerzo, porque cada una se abre con el mismo verso:
De aquellas de las que te contaron
La tercera aparición añade una coma final, único cambio en las tres ocurrencias. El verso es un endecasílabo en las tres. Aquí conviene detenerse, porque el dato es más fino de lo que parece: en un poema donde sólo el 46 % de los versos mide once sílabas, el verso que se repite mide once sílabas las tres veces. La anáfora no sólo marca el arranque de cada movimiento; introduce además, en cada arranque, la única medida que el poema trata como referencia. El retorno léxico y el retorno métrico coinciden en el mismo punto, y lo hacen en el punto estructuralmente relevante.
Lo que ocurre después de cada arranque es distinto cada vez, y ahí se ve que la anáfora no es inercia. Tras la primera aparición el poema despliega una enumeración de imágenes nocturnas; tras la segunda, un giro concesivo que el propio verso siguiente explicita al decir «puedo decir que algunas no mienten,»; tras la tercera, el repliegue hacia el sueño y la memoria dudosa, hasta el verso final. El estribillo, en suma, no repite el contenido: abre tres veces la misma pregunta y la contesta de tres maneras.
Un segundo caso, EL DÍA DE MAÑANA, muestra el dispositivo en su forma incipiente. El poema tiene tres estrofas de cuatro versos, y las tres arrancan con una prótasis condicional. La primera dice «Y si ese día llegara, sería como un nuevo comienzo»; la segunda y la tercera, «Y si de verdad llegara, arrasaría con todo lo pasado,» y «Y si de verdad llegara, gozaría el momento con pasión,». La variación está en la primera ocurrencia, no en la última, y el efecto es de progresiva fijación: el poema se va asentando en su fórmula en lugar de abandonarla. La cobertura de escansión de este poema es del 33 %, de las más bajas del libro, lo que impide cualquier afirmación métrica sobre él; pero la estructura anafórica es visible sin escansión alguna, y eso mismo es parte del argumento. El dispositivo que organiza el poema es accesible a la lectura aunque la medida no lo sea.
Conviene, por último, registrar un caso límite. En LOS SILENCIOS OPACOS, el poema más extenso del libro en tirada versal, la fórmula «Cuántas veces quiero hablar conmigo mismo y no me encuentro.» abre tres de los seis versículos. Pero la composición se cierra con una cuarta aparición que no abre nada: aparece al final del último versículo, y aparece alterada, sin la tilde diacrítica del interrogativo y con una coma que no estaba: «Cuantas veces quiero hablar conmigo mismo, y no me encuentro.» Sea deliberado o no el cambio de acentuación, el desplazamiento posicional sí lo es, y convierte el arranque en cierre. Volveremos sobre ello.
6. «Al abordaje»: el estribillo de segundo hemistiquio variable
SIN PATENTE DE CORSO es el poema donde el dispositivo alcanza su forma más elaborada, y merece análisis propio. Tiene veintiocho versos repartidos en cuatro estrofas, y combina dos mecanismos de retorno superpuestos.
El primero es la anáfora de estrofa. Las tres primeras estrofas arrancan con «Si hubiera nacido un par de siglos antes» —la primera sin coma final, las otras dos con ella— y la cuarta rompe la serie con una adversativa que niega la prótasis: «Pero no nací un par de siglos antes,». El esquema es de manual: tres veces la hipótesis, una vez su cancelación. La máquina mide catorce sílabas en las tres afirmativas y once en la negativa, lo que sugiere que la ruptura semántica va acompañada de una reducción de la medida; conviene tomar ese dato con reserva, porque la escansión manual del apéndice no confirma el once de la cuarta ocurrencia.
El segundo mecanismo es el estribillo propiamente dicho, y es el hallazgo formal más notable del libro. Cada una de las cuatro estrofas se cierra con un verso exclamativo que comienza siempre con la misma fórmula y termina siempre de manera distinta:
¡Al abordaje!, ¡Por si no hay un mañana!
¡Al abordaje!, ¡Antes de que el mar nos trague!
¡Al abordaje!, ¡Y que el Diablo sirva el vino!
¡Al abordaje!, ¡Y maldito sea el tiempo!
La estructura es bimembre y constante: primer miembro invariable, segundo miembro sustituido en cada ocurrencia. García-Page Sánchez (2014), en su estudio de las formas de estribillo en Emilio Prados, describe con precisión este tipo: el estribillo no es sólo un artificio de versificación sino un fenómeno de repetición de orden textual, que admite la modalidad de repetición inexacta o variable, en la que la variación puede consistir en un cambio léxico, gramatical o gráfico. Lo que Navarro practica aquí es exactamente eso, con una regularidad que Prados rara vez mantiene: la variación no es ocasional, es sistemática y afecta siempre al mismo miembro.
El efecto es doble. Por un lado, el primer hemistiquio funciona como señal de cierre estrófico, y lo hace con una fiabilidad que ninguna medida silábica alcanza en este libro: cuatro estrofas, cuatro cierres, misma fórmula. Por otro, el segundo hemistiquio construye una progresión semántica que el poema no podría articular de otro modo. Se pasa de la ausencia de futuro al naufragio, del naufragio a la bravata báquica y de ahí a la maldición del tiempo, que es el asunto real de la composición y que sólo se enuncia en la última palabra del poema. El estribillo, en vez de estancar el texto, lo hace avanzar: la constancia del primer miembro es lo que permite percibir el movimiento del segundo.
Añádase que la cuarta estrofa, la de la negación, se cierra con el verso que remite explícitamente a la escritura —«derramando venturas a golpe de versos.»— antes del último estribillo. El poema, que ha fingido durante veintisiete versos ser una fantasía de piratería, se revela en el penúltimo como una arte poética: lo único que queda del corsario es el verso. Que ese giro se apoye íntegramente en la arquitectura del estribillo, y no en ninguna disposición métrica, confirma la tesis en el poema que mejor la ilustra.
Obsérvese, para terminar, una simetría entre este poema y LOS SILENCIOS OPACOS. Ambos cierran alterando la fórmula que los ha sostenido: SIN PATENTE DE CORSO invierte la prótasis en la última estrofa, LOS SILENCIOS OPACOS desplaza el estribillo del arranque al cierre. En los dos casos el procedimiento es el que García-Page identifica como rasgo mayor del estribillo moderno: la ruptura consciente en la última ocurrencia. Dos poemas de la misma sección final, separados por una sola composición, resuelven su cierre con el mismo recurso, lo que difícilmente puede atribuirse al azar.
7. Anáfora categorial y monorrimia: la casilla vacía
Hasta aquí la tesis se ha sostenido sobre los poemas que exhiben anáfora. Queda por explicar qué ocurre en los diecisiete poemas que no la exhiben. Si el retorno léxico ocupa el lugar del metro, esos diecisiete deberían quedar sin principio de cohesión, lo cual es manifiestamente falso. La respuesta a esa objeción obligó a revisar la hipótesis inicial, y el resultado de esa revisión es la aportación más específica de este trabajo.
Se cruzaron los dos índices sobre los diecinueve poemas con base suficiente —al menos seis versos con rima detectada— y se obtuvo una correlación de Pearson de −0,2807 entre el índice anafórico segmental y el índice de dominancia asonante. Es una correlación negativa débil, y como tal se declara: no autoriza por sí sola a hablar de distribución complementaria. Lo que sí autoriza a afirmar algo más fuerte es el reparto por cuadrantes, porque hay un cuadrante vacío.
Los cinco poemas con índice anafórico igual o superior al 20 % —SIN PATENTE DE CORSO, FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS, LA ELECCIÓN DEL SENDERO, HOY, AYER, COMO MAÑANA y BISIESTO— tienen todos dominancia asonante igual o inferior al 44 %. Los dos poemas con dominancia asonante superior al 75 % —YA NO RECORRO TUS SUEÑOS, con el 100 %, y PROPÓSITO DE AÑO VIEJO, con el 94 %— tienen ambos índice anafórico segmental de cero. Ningún poema del libro ocupa la casilla alta-alta. Ninguno emplea con intensidad los dos dispositivos a la vez.
Examinemos los dos casos de monorrimia, porque son instructivos. YA NO RECORRO TUS SUEÑOS tiene ocho versos y cobertura de escansión del 100 %. Sus ocho versos, sin excepción, riman en asonancia á-o, y cinco de los ocho lo hacen además en consonancia -ado. Las medidas, en cambio, son de catorce, catorce, catorce, catorce, doce, once y ocho sílabas: el poema no tiene metro en absoluto. Es una serie monorrima de medida libre. Y su cohesión no descansa sólo en la rima: siete de sus ocho versos arrancan con un infinitivo —cantar, beber, sentir, demostrar, desafiar, lamer y, en el último, pensar— todos ellos dependientes del condicional que abre la composición en el verso primero, «Podría llenar los espacios,», y todos ellos recogidos en el cierre, «y pensar que te tuve y me has olvidado.».
Aquí está el punto. El índice anafórico segmental de este poema es cero, porque ninguno de esos siete infinitivos coincide con otro. Pero la estructura es rigurosamente paralela: un solo verbo modal rige siete infinitivos en posición inicial de verso. Eso es anáfora, sólo que anáfora de categoría gramatical y no de forma léxica. La medida elegida no la captaba, y hay que decirlo con claridad: el índice anafórico segmental, tal como está definido, tiene un punto ciego, y el punto ciego es precisamente el paralelismo que no repite palabras.
El segundo caso, PROPÓSITO DE AÑO VIEJO, lo confirma y lo complica. Dieciséis versos, cobertura del 100 %, quince de los dieciséis en asonancia á-o y catorce de los dieciséis en consonancia -ado. Es el poema más rimado del libro con diferencia. El verso noveno es la única excepción, «las velas, las lunas, las sombras.», y constituye un verso suelto en sentido técnico estricto: carece de rima en una serie que rima en todos los demás lugares. Las medidas vuelven a ser libres, de nueve a quince sílabas, con adhesión del 44 % al endecasílabo dominante. Y la construcción sintáctica es una enumeración tripartita que se repite verso tras verso: dos sintagmas nominales y un participio sustantivado, catorce veces, desde «Lo vivido, lo sentido, lo aprobado,» hasta el verso final que rompe el esquema para cerrar, «todo lo daría yo, por seguir la vida a tu lado».
El índice anafórico categorial de este poema es del 94 %: casi todos sus versos arrancan con un artículo o con el neutro «lo». De modo que aquí sí coinciden anáfora categorial y monorrimia, con índices casi idénticos, 94 % en ambos. La distribución complementaria, por tanto, no se da entre anáfora y rima en general. Se da entre anáfora verbatim y monorrimia. La anáfora categorial convive sin problema con la rima dominante, y en este poema las dos se refuerzan.
Un tercer poema cierra el argumento. ARQUITECTURA DE LA AUSENCIA tiene diez versos y cobertura del 100 %. Su índice anafórico segmental es cero; su índice anafórico categorial es del 100 %, el máximo del libro: los diez versos, sin una sola excepción, comienzan con un demostrativo. Ninguno repite el mismo demostrativo dos veces seguidas en idéntica forma, de ahí el cero en el índice segmental, pero la serie es absolutamente homogénea desde «Esa luna, esa noche, esas estrellas,» hasta «ese inconfundible aroma a café.». Y los versos quinto y sexto llevan el paralelismo al isocolon perfecto, con idéntica estructura de determinante, sustantivo, relativo y verbo, variando sólo el tiempo verbal:
ese libro que nunca firmé,
esas rimas que nunca escribiré,
El poema no tiene metro —seis endecasílabos, dos alejandrinos y dos decasílabos, adhesión del 60 %— y su rima es irregular en la primera mitad. Pero en la segunda mitad los seis versos finales terminan todos en palabra aguda, alternando las terminaciones en -é y en -á. La composición se sostiene, pues, sobre tres recurrencias simultáneas y ninguna de ellas métrica: anáfora categorial completa en la cabeza del verso, isocolon en el centro y cadencia oxítona en el pie.
La conclusión de este apartado obliga a reformular la tesis inicial con más precisión de la que tenía. No es que el retorno léxico sustituya al metro sin más. Es que el libro dispone de dos procedimientos de cohesión no métrica —el retorno verbatim, que marca articulaciones y divide el poema en movimientos, y el retorno categorial o paralelístico, que homogeneiza la totalidad de la serie— y que el segundo es compatible con la monorrimia mientras que el primero no aparece nunca junto a ella. La razón plausible es funcional: el estribillo verbatim y la monorrimia compiten por la misma función perceptiva, la de señalar al oído dónde está la estructura, y un poema que ya tiene una no necesita la otra. Es una hipótesis explicativa, no un resultado; el resultado es la casilla vacía.
8. El versículo y el límite del verso
Queda un último asunto, que es el de los poemas donde el verso se estira hasta el punto de poner en cuestión su condición de verso. Son pocos pero significativos, y son exactamente aquellos donde la escansión automática se detuvo por completo.
LOS SILENCIOS OPACOS consta de seis unidades versales de las cuales la más breve tiene veintiuna palabras y la más extensa sesenta y nueve. La herramienta no midió ninguna. EL JARRÓN Y LA FLOR alterna versos medibles con dos tiradas de veintiséis y veintiuna palabras, la primera de las cuales —«Hay un botín que buscar, una losa que me lleva hasta tu boca, hay un jarrón roto a la izquierda de esa foto, y una rosa.»— contiene en su interior una anáfora de «hay» que en un verso corto habría ocupado tres versos distintos. Estas unidades son versículos en el sentido fijado en el apartado segundo: extensas, flexibles, con segmentación y ritmo propios, ajenas a todo metro regular breve.
Utrera Torremocha (2003) sitúa el origen de esta modalidad en la versificación de base bíblica y salmódica, cuya innovación respecto de la tradición anterior reside, en sus palabras sobre el verso whitmaniano, en la extremada longitud de algunos de sus versos y en el hecho de que dejan en un lugar secundario el ritmo métrico para favorecer el ritmo del pensamiento. La descripción se ajusta a LOS SILENCIOS OPACOS con precisión notable: el poema no tiene ritmo métrico perceptible y sí tiene una arquitectura de pensamiento articulada por el retorno de la fórmula inicial, que es lo que impide que se lea como prosa.
Y es aquí donde la tesis de este artículo encuentra su prueba más exigente. Si se retira la anáfora de LOS SILENCIOS OPACOS, no queda absolutamente nada que distinga el texto de un fragmento de prosa reflexiva: no hay metro, no hay rima —la herramienta no detectó ni una sola terminación asonante en todo el poema—, no hay regularidad de longitud y la segmentación tipográfica coincide con la puntuación fuerte. El único rasgo que constituye el texto como poema es el retorno de la fórmula en cabeza de tres de sus seis unidades y su reaparición desplazada en el cierre. La anáfora no es aquí un recurso entre otros: es la condición de posibilidad del verso.
Esto permite formular el resultado en su forma más fuerte. A lo largo del libro hay un gradiente que va de los poemas donde la medida todavía ofrece alguna resistencia —LOS OLIVOS CENTENARIOS, ARQUITECTURA DE LA AUSENCIA— a aquellos donde ha desaparecido del todo. Conforme la medida se disuelve, la carga estructural se desplaza hacia el retorno léxico, y en el extremo del gradiente el retorno léxico la soporta sola. La cobertura de la escansión automática, que desciende del 100 % al 0 % siguiendo ese mismo gradiente, funciona por ello como un indicador indirecto bastante fiable de dónde se encuentra cada poema en él. Que un instrumento diseñado para el soneto áureo sirva para medir esto es una ironía metodológica que vale la pena consignar.
9. Conclusiones
La Estirpe de la Bandera Negra es un libro de verso libre que no renuncia a la forma, y este artículo ha intentado establecer con qué medios la construye cuando ha dejado de construirla con el metro. Las conclusiones pueden ordenarse en tres grupos: las que se refieren al libro, las que se refieren al método y las que quedan abiertas.
Sobre el libro, el resultado principal es negativo y firme. De los veintinueve poemas, veinticinco reciben dictamen explícito de metro no cerrado, tres no alcanzan el mínimo de versos para ser dictaminados y uno solo recibe dictamen positivo sobre la mitad de su muestra, lo que lo invalida como caso. No hay en el libro un solo poema del que pueda afirmarse con base suficiente que se ajusta a un metro regular. La distribución de medidas es bimodal, con el endecasílabo y el alejandrino sumando el 60,1 % de los versos escandidos, lo que inscribe el libro en la tradición de la silva libre impar del versolibrismo español contemporáneo; pero ningún poema mantiene una medida el tiempo necesario para que se convierta en expectativa, y la adhesión al metro dominante no supera en ningún caso el umbral de tres cuartos salvo en el poema mal medido.
El resultado positivo es que la cohesión corre a cargo del retorno léxico. Doce poemas presentan anáfora segmental y seis llegan a la repetición literal del verso completo. En LAS RUINAS DEL REINO el estribillo divide los treinta versos en tres movimientos de once, doce y siete, y lo hace además introduciendo en cada arranque la única medida que el poema trata como referencia, el endecasílabo, en un contexto donde sólo el 46 % de los versos la comparte. En SIN PATENTE DE CORSO el dispositivo alcanza su forma más elaborada: un estribillo bimembre de primer hemistiquio invariable y segundo hemistiquio sustituido en cada una de sus cuatro apariciones, que cierra cada estrofa y a la vez construye la progresión semántica que desemboca en el asunto real del poema. Esta forma corresponde con exactitud al tipo de estribillo variable descrito por García-Page Sánchez (2014), y el libro la practica con una sistematicidad mayor que la de los ejemplos canónicos.
La tesis inicial, sin embargo, ha tenido que ser corregida en un punto, y esa corrección es la aportación más específica del trabajo. No hay un solo dispositivo de cohesión no métrica, sino dos. El retorno verbatim articula el poema en movimientos y marca sus junturas; el retorno categorial o paralelístico homogeneiza la serie completa sin repetir una sola palabra. El cruce de índices sobre los diecinueve poemas con base suficiente arroja una correlación negativa débil, de −0,2807, que por sí sola no permitiría concluir nada; pero el reparto por cuadrantes muestra una casilla vacía: ningún poema del libro combina anáfora verbatim intensa con monorrimia. Los dos poemas monorrimos, YA NO RECORRO TUS SUEÑOS y PROPÓSITO DE AÑO VIEJO, tienen índice anafórico segmental de cero y, sin embargo, índices categoriales altísimos, del 94 % el segundo. ARQUITECTURA DE LA AUSENCIA alcanza el 100 % categorial con cero segmental. La complementariedad, por tanto, no opone anáfora y rima: opone anáfora verbatim y monorrimia, mientras que anáfora categorial y monorrimia conviven y se refuerzan. La explicación propuesta —que estribillo y monorrimia compiten por la misma función perceptiva— es una hipótesis, y como tal se ofrece; el dato es la casilla vacía.
Sobre el método, la conclusión es que la cobertura de la escansión automática debe tratarse como resultado y no como incidencia. La cobertura global en este libro es del 76,19 %: doscientos ochenta y ocho versos medidos de trescientos setenta y ocho. Los noventa fallos responden a un único modo sistemático y están fuertemente asociados a la longitud del verso, con una correlación de −0,4257 y un descenso monótono de la cobertura desde el 93 % en los versos de hasta siete palabras hasta el 0 % a partir de dieciséis. El verso no medido duplica en palabras y en caracteres al medido. La consecuencia es que la muestra disponible está sesgada hacia el verso corto y que el perfil métrico obtenido subestima la presencia del verso largo; el hallazgo principal resiste, porque un sesgo hacia lo breve y homogéneo sólo podría inflar la regularidad aparente y la regularidad no aparece, pero cualquier descripción del libro como si el recuento fuera completo sería falsa.
De ahí se sigue una recomendación de alcance más general para quien trabaje con estas herramientas sobre poesía contemporánea. La precisión del 97,01 % de libEscansión en configuración estándar, y la del 98,64 % con la opción adso, se midieron sobre mil cuatrocientos cuatro versos de sonetos endecasílabos áureos. Son cifras de precisión sobre metro fijo, no cifras de cobertura sobre verso libre, y confundir ambas cosas produce una falsa sensación de exhaustividad. Ninguna de las dos describe lo que la herramienta hace ante un versículo de sesenta y nueve palabras, que es sencillamente no medirlo. Declarar la cobertura efectiva sobre el corpus propio debería ser práctica obligada, y no lo es.
Quedan abiertas al menos tres cuestiones. La primera es si la distribución complementaria entre anáfora verbatim y monorrimia se sostiene fuera de este corpus; veintinueve poemas son pocos y la correlación obtenida es débil, de modo que el hallazgo debe considerarse una hipótesis contrastable, no una ley. La segunda es hasta qué punto el índice anafórico categorial, tal como aquí se ha definido a partir de la primera palabra y de su clase, capta el paralelismo sintáctico real; el caso de YA NO RECORRO TUS SUEÑOS, donde siete infinitivos distintos dependen de un mismo modal, quedó fuera de ambos índices y sólo se detectó por lectura, lo que indica que hace falta una medida sintáctica y no meramente léxica. La tercera es de orden editorial más que métrico: si el gradiente que va del verso medible al versículo corresponde a una evolución de la escritura o a una decisión de ordenación del libro. El autor declara en el prólogo que los poemas no están fechados y que ordenó el conjunto por estaciones temáticas, de modo que la cuestión probablemente no admita respuesta con los datos disponibles.
Una última observación, que no es conclusión sino constatación. El libro se abre con la imagen del pirata que no encuentra tesoros con regularidad, y se cierra con un hablante que no logra encontrarse a sí mismo por más veces que lo intente. Entre una cosa y otra, la única regularidad que el libro se concede es la de volver sobre sus propias palabras. Que ese retorno sea a la vez el asunto del libro y su procedimiento constructivo es, seguramente, lo más sólido que puede decirse de su forma.
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Apéndice de datos: estudio métrico de La Estirpe de la Bandera Negra
Advertencia previa sobre el alcance de estos datos. La escansión automática se realizó con libEscansión 1.1.1 en configuración estándar, con silabación castellana y sin forzar la interpretación átona de las interjecciones. La precisión declarada por el autor de la biblioteca para esa configuración es del 97,01 %, y del 98,64 % activando la opción adso; ambas cifras se midieron sobre el corpus ADSO 100, formado por mil cuatrocientos cuatro versos de sonetos endecasílabos del Siglo de Oro, es decir, sobre metro fijo. No son trasladables sin más a un libro de verso libre contemporáneo, y el apartado C de este apéndice ofrece una medición directa de hasta qué punto no lo son.
Segunda advertencia, sobre la naturaleza de los datos. El patrón acentual manejado en este trabajo es una reconstrucción propia a partir del atributo de sílabas de la biblioteca, en el que el núcleo tónico aparece en mayúscula. No es salida directa de libEscansión: los atributos de patrón rítmico y de núcleos de la versión instalada devuelven un carácter aislado en lugar del patrón, fallo que se reprodujo en dos entornos de Python distintos. Los recuentos silábicos y las terminaciones asonantes y consonantes sí proceden directamente de la biblioteca. La escansión manual del apartado C es enteramente propia.
Tercera advertencia, sobre la cobertura. De los 378 versos del libro, la herramienta midió 288. La cobertura global es del 76,19 %. Las columnas de recuento dominante y rango silábico de la tabla siguiente están calculadas únicamente sobre los versos efectivamente escandidos de cada poema, no sobre su totalidad, y deben leerse siempre junto a la columna de cobertura. En los poemas con cobertura inferior al 50 % esas columnas son meramente indicativas.
A. Tabla general por poema
Leyenda de columnas: número de orden; título; sección; versos totales; versos escandidos; cobertura; recuento silábico dominante y número de versos que lo comparten; rango silábico observado; asonancia mayoritaria y proporción de versos con rima que la comparten; dictamen de metro cerrado.
1. LA TINTA SECA. Sección I. Versos: 11. Escandidos: 3. Cobertura: 27 %. Dominante: 8 sílabas en 1 versos. Rango: 8 a 14. Rima: eo en el 100 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 33 % a 8 sílabas).
2. EL CONFÍN DEL HORIZONTE. Sección I. Versos: 5. Escandidos: 0. Cobertura: 0 %. Dominante: sin medida. Rango: no aplicable. Rima: sin rima detectada. Dictamen: sin dictamen: menos versos de los exigidos.
3. MÁS ALLÁ DEL CONFÍN DEL HORIZONTE. Sección I. Versos: 6. Escandidos: 2. Cobertura: 33 %. Dominante: 15 sílabas en 2 versos. Rango: 15 a 15. Rima: ia en el 50 % de los versos con rima. Dictamen: sin dictamen: menos versos de los exigidos.
4. LA ELECCIÓN DEL SENDERO. Sección I. Versos: 9. Escandidos: 9. Cobertura: 100 %. Dominante: 11 sílabas en 3 versos. Rango: 10 a 15. Rima: io en el 44 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 33 % a 11 sílabas).
5. EL CAMINO. Sección I. Versos: 14. Escandidos: 12. Cobertura: 86 %. Dominante: 11 sílabas en 4 versos. Rango: 6 a 14. Rima: eo en el 42 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 33 % a 11 sílabas).
6. EL DÍA DE MAÑANA. Sección I. Versos: 12. Escandidos: 4. Cobertura: 33 %. Dominante: 15 sílabas en 2 versos. Rango: 14 a 15. Rima: eo en el 50 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 50 % a 15 sílabas).
7. LAS NUBES DE TORMENTA. Sección II. Versos: 11. Escandidos: 7. Cobertura: 64 %. Dominante: 14 sílabas en 4 versos. Rango: 11 a 15. Rima: eo en el 29 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 57 % a 14 sílabas).
8. ARQUITECTURA DE LA AUSENCIA. Sección II. Versos: 10. Escandidos: 10. Cobertura: 100 %. Dominante: 11 sílabas en 6 versos. Rango: 10 a 14. Rima: ea en el 40 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 60 % a 11 sílabas).
9. LOS OLIVOS CENTENARIOS. Sección II. Versos: 12. Escandidos: 12. Cobertura: 100 %. Dominante: 11 sílabas en 6 versos. Rango: 7 a 14. Rima: ao en el 42 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 50 % a 11 sílabas).
10. LA MAÑANA DE OTOÑO. Sección II. Versos: 8. Escandidos: 8. Cobertura: 100 %. Dominante: 14 sílabas en 5 versos. Rango: 14 a 15. Rima: aa en el 38 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 62 % a 14 sílabas).
11. HOY, AYER, COMO MAÑANA. Sección II. Versos: 18. Escandidos: 17. Cobertura: 94 %. Dominante: 8 sílabas en 10 versos. Rango: 7 a 11. Rima: ea en el 29 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 59 % a 8 sílabas).
12. PIEL CANELA. Sección III. Versos: 8. Escandidos: 4. Cobertura: 50 %. Dominante: 15 sílabas en 2 versos. Rango: 14 a 15. Rima: ue en el 50 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 50 % a 15 sílabas).
13. LA LUNA SIN MIEL. Sección III. Versos: 14. Escandidos: 11. Cobertura: 79 %. Dominante: 15 sílabas en 4 versos. Rango: 11 a 15. Rima: e en el 27 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 36 % a 15 sílabas).
14. EL JARRÓN Y LA FLOR. Sección III. Versos: 10. Escandidos: 5. Cobertura: 50 %. Dominante: 14 sílabas en 3 versos. Rango: 11 a 15. Rima: o en el 60 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 60 % a 14 sílabas).
15. TU SONRISA. Sección III. Versos: 13. Escandidos: 3. Cobertura: 23 %. Dominante: 14 sílabas en 2 versos. Rango: 14 a 15. Rima: ao en el 67 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 67 % a 14 sílabas).
16. LA DAMA DESNUDA. Sección III. Versos: 18. Escandidos: 11. Cobertura: 61 %. Dominante: 14 sílabas en 7 versos. Rango: 11 a 15. Rima: oa en el 18 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 64 % a 14 sílabas).
17. YA NO RECORRO TUS SUEÑOS. Sección III. Versos: 8. Escandidos: 8. Cobertura: 100 %. Dominante: 14 sílabas en 5 versos. Rango: 8 a 14. Rima: ao en el 100 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 62 % a 14 sílabas).
18. SECRETOS DESNUDOS. Sección III. Versos: 8. Escandidos: 4. Cobertura: 50 %. Dominante: 14 sílabas en 4 versos. Rango: 14 a 14. Rima: eo en el 75 % de los versos con rima. Dictamen: metro cerrado en 14 sílabas (adhesión 100 %).
19. LA ESTIRPE DE LA BANDERA NEGRA. Sección IV. Versos: 14. Escandidos: 12. Cobertura: 86 %. Dominante: 11 sílabas en 5 versos. Rango: 8 a 15. Rima: oe en el 33 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 42 % a 11 sílabas).
20. FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS. Sección IV. Versos: 13. Escandidos: 12. Cobertura: 92 %. Dominante: 12 sílabas en 3 versos. Rango: 8 a 15. Rima: ea en el 17 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 25 % a 12 sílabas).
21. LOS HIJOS DE LA MOVIDA. Sección IV. Versos: 11. Escandidos: 10. Cobertura: 91 %. Dominante: 14 sílabas en 6 versos. Rango: 12 a 15. Rima: oe en el 30 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 60 % a 14 sílabas).
22. LAS RUINAS DEL REINO. Sección IV. Versos: 30. Escandidos: 28. Cobertura: 93 %. Dominante: 11 sílabas en 13 versos. Rango: 7 a 15. Rima: ao en el 18 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 46 % a 11 sílabas).
23. LAS LETRAS ODIADAS. Sección V. Versos: 5. Escandidos: 5. Cobertura: 100 %. Dominante: 14 sílabas en 3 versos. Rango: 11 a 15. Rima: eo en el 20 % de los versos con rima. Dictamen: sin dictamen: menos versos de los exigidos.
24. LAS CINCO VIOLETAS. Sección V. Versos: 15. Escandidos: 14. Cobertura: 93 %. Dominante: 11 sílabas en 6 versos. Rango: 8 a 15. Rima: ao en el 43 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 43 % a 11 sílabas).
25. PROPÓSITO DE AÑO VIEJO. Sección V. Versos: 16. Escandidos: 16. Cobertura: 100 %. Dominante: 11 sílabas en 7 versos. Rango: 9 a 15. Rima: ao en el 94 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 44 % a 11 sílabas).
26. BISIESTO. Sección V. Versos: 30. Escandidos: 30. Cobertura: 100 %. Dominante: 8 sílabas en 16 versos. Rango: 8 a 12. Rima: eo en el 30 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 53 % a 8 sílabas).
27. SIN PATENTE DE CORSO. Sección V. Versos: 28. Escandidos: 22. Cobertura: 79 %. Dominante: 14 sílabas en 12 versos. Rango: 11 a 15. Rima: aa en el 36 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 55 % a 14 sílabas).
28. CAFÉ CON ELLA. Sección V. Versos: 15. Escandidos: 9. Cobertura: 60 %. Dominante: 14 sílabas en 3 versos. Rango: 11 a 15. Rima: eo en el 11 % de los versos con rima. Dictamen: sin metro cerrado (adhesión 33 % a 14 sílabas).
29. LOS SILENCIOS OPACOS. Sección V. Versos: 6. Escandidos: 0. Cobertura: 0 %. Dominante: sin medida. Rango: no aplicable. Rima: sin rima detectada. Dictamen: sin dictamen: menos versos de los exigidos.
Totales del libro: 29 poemas, 378 versos, 288 escandidos, cobertura global del 76,19 %. Dictámenes: 25 poemas sin metro cerrado, 1 con metro cerrado sobre el 50 % de su muestra, 3 sin dictamen por número insuficiente de versos.
B. Cobertura de la escansión automática y longitud del verso
Cobertura por tramo de longitud del verso, medida en palabras: de 0 a 7 palabras, 210 versos, 195 escandidos, 93 %. De 8 a 9 palabras, 106 versos, 76 escandidos, 72 %. De 10 a 11 palabras, 41 versos, 16 escandidos, 39 %. De 12 a 13 palabras, 11 versos, 1 escandido, 9 %. De 16 palabras en adelante, 10 versos, 0 escandidos, 0 %. No hay versos en el tramo de 14 a 15 palabras.
Correlación de Pearson entre longitud del verso en palabras y éxito de la escansión, sobre los 378 versos: −0,4257. Longitud media del verso escandido: 6,68 palabras y 36,4 caracteres. Longitud media del verso no escandido: 11,56 palabras y 64,1 caracteres. Los 90 versos no escandidos devuelven los 90 el mismo error interno de la biblioteca, lo que indica un único modo sistemático de fallo.
Cobertura por sección: sección I, 6 poemas, 57 versos, 30 escandidos, 52,6 %. Sección II, 5 poemas, 59 versos, 54 escandidos, 91,5 %. Sección III, 7 poemas, 79 versos, 46 escandidos, 58,2 %. Sección IV, 4 poemas, 68 versos, 62 escandidos, 91,2 %. Sección V, 7 poemas, 115 versos, 96 escandidos, 83,5 %.
Reparto silábico global sobre los 288 versos escandidos: 6 sílabas, 1 verso (0,3 %). 7 sílabas, 6 versos (2,1 %). 8 sílabas, 34 versos (11,8 %). 9 sílabas, 4 versos (1,4 %). 10 sílabas, 15 versos (5,2 %). 11 sílabas, 80 versos (27,8 %). 12 sílabas, 18 versos (6,2 %). 14 sílabas, 93 versos (32,3 %). 15 sílabas, 37 versos (12,8 %). Endecasílabo y alejandrino suman el 60,1 % del total. Este reparto está sesgado hacia el verso corto por la razón expuesta en el párrafo anterior y no describe la distribución real de medidas del libro.
Índices de cohesión no métrica, calculados sobre los 19 poemas con al menos 6 versos con rima detectada. Índice anafórico segmental medio: 0,094. Índice de dominancia asonante medio: 0,379. Correlación de Pearson entre ambos: −0,2807. Poemas con índice anafórico igual o superior a 0,20: SIN PATENTE DE CORSO (0,32), FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS (0,31), LA ELECCIÓN DEL SENDERO (0,22), HOY, AYER, COMO MAÑANA (0,22) y BISIESTO (0,20); ninguno de ellos supera 0,44 de dominancia asonante. Poemas con dominancia asonante superior a 0,75: YA NO RECORRO TUS SUEÑOS (1,00) y PROPÓSITO DE AÑO VIEJO (0,94); ambos tienen índice anafórico segmental de 0,00. La casilla de anáfora alta con rima alta está vacía.
Inventario de versos repetidos literalmente: «Lo haré, sé que lo haré.», 2 veces en LOS OLIVOS CENTENARIOS. «Hoy, ayer como mañana,», 4 veces en HOY, AYER, COMO MAÑANA. «De aquellas de las que te contaron», 3 veces en LAS RUINAS DEL REINO. «Ahora que ya no te tengo,», 2 veces, y «Y como aquel Febrero de antaño», 2 veces, en BISIESTO. «Si hubiera nacido un par de siglos antes», 3 veces en SIN PATENTE DE CORSO.
C. Escansión manual verso a verso de tres poemas nucleares, con cotejo contra la escansión automática
Se escandieron a mano los tres poemas de cobertura automática del 100 % que sostienen las tesis de los apartados 3, 5 y 7 del cuerpo del artículo. Haberlos elegido con cobertura completa permite cotejar los 38 versos uno por uno, sin huecos. Se indica en cada verso la medida manual, la medida automática y, cuando difieren, la licencia que explica la diferencia. Criterio seguido: sinalefa siempre que dos vocales entran en contacto entre palabras y no lo impida una pausa fuerte; ajuste convencional de una sílaba más en final agudo y una menos en final esdrújulo.
C.1. ARQUITECTURA DE LA AUSENCIA. Verso 1, «Esa luna, esa noche, esas estrellas,»: manual 11, automática 11, acuerdo; dos sinalefas. Verso 2, «esa tarde de sol y viento de marea,»: manual 13, automática 14, discrepancia; la automática parece separar el diptongo de viento. Verso 3, «esa sala solitaria, invernal y gélida,»: manual 14 con dialefa tras la coma y ajuste esdrújulo, automática 14, acuerdo. Verso 4, «esas penumbras entre las letras,»: manual 10, automática 10, acuerdo. Verso 5, «ese libro que nunca firmé,»: manual 10 con ajuste agudo, automática 10, acuerdo. Verso 6, «esas rimas que nunca escribiré,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 7, «esa envidia que me despertará,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 8, «esa admiración que profesaré,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 9, «ese calor extinto del hogar,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 10, «ese inconfundible aroma a café.»: manual 11 con tres sinalefas, automática 11, acuerdo. Resultado: 9 acuerdos sobre 10 versos.
C.2. LOS OLIVOS CENTENARIOS. Verso 1, «Lo haré, sé que lo haré.»: manual 7, automática 7, acuerdo. Verso 2, «Será en una tarde oscura de tormenta,»: manual 12, automática 14, discrepancia de dos sinalefas no aplicadas. Verso 3, «dejaré la lluvia recorrer mi cara,»: manual 12, automática 12, acuerdo. Verso 4, «titubearé mientras avanzo»: manual 10, automática 10, acuerdo. Verso 5, «e inspiraré el aroma rancio»: manual 9, automática 11, discrepancia de dos sinalefas. Verso 6, «de aquella antigua tierra mojada.»: manual 10, automática 11, discrepancia de una sinalefa. Verso 7, «Lo haré, sé que lo haré.»: manual 7, automática 7, acuerdo. Verso 8, «Mientras la lluvia se tiñe salado»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 9, «caminaré hasta ese reducto,»: manual 9, automática 11, discrepancia de dos sinalefas. Verso 10, «imaginaré que el tiempo no ha pasado»: manual 12, automática 14, discrepancia de dos sinalefas. Verso 11, «y me recostaré sobre su lecho,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 12, «el de algún olivo ya preñado.»: manual 10, automática 11, discrepancia de una sinalefa. Resultado: 6 acuerdos sobre 12 versos.
C.3. PROPÓSITO DE AÑO VIEJO. Verso 1, «Lo vivido, lo sentido, lo aprobado,»: manual 12, automática 12, acuerdo. Verso 2, «las luces, los sueños y el pasado,»: manual 10, automática 11, discrepancia. Verso 3, «los trenes, los andenes, lo esperado,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 4, «los recuerdos, la esperanza, lo acabado,»: manual 12, automática 14, discrepancia de dos sinalefas. Verso 5, «la cordura, la ambición, lo exagerado,»: manual 12, automática 14, discrepancia de dos sinalefas. Verso 6, «lo entregado, recogido, lo decepcionado.»: manual 14, automática 14, acuerdo. Verso 7, «Las marcas, las muescas, lo sangrado,»: manual 10, automática 11, discrepancia. Verso 8, «el cartero, las cartas, lo marcado,»: manual 11, automática 11, acuerdo. Verso 9, «las velas, las lunas, las sombras.»: manual 9, automática 9, acuerdo; es el único verso suelto del poema, sin rima en serie monorrima. Verso 10, «Los arbustos, las raíces y los clavos,»: manual 12 manteniendo el hiato de raíces, automática 11, discrepancia por sinéresis. Verso 11, «los vientos, las nubes, lo regado,»: manual 10, automática 11, discrepancia. Verso 12, «lo llovido, lo bebido, lo secado,»: manual 12, automática 12, acuerdo. Verso 13, «el brasero, los otoños, lo creado.»: manual 12 manteniendo el hiato de creado, automática 11, discrepancia por sinéresis. Verso 14, «Lo rancio, lo dulce, lo probado,»: manual 10, automática 10, acuerdo. Verso 15, «los abrazos, las caricias, el pecado,»: manual 12, automática 12, acuerdo. Verso 16, «todo lo daría yo, por seguir la vida a tu lado»: manual 16, automática 15, discrepancia. Resultado: 8 acuerdos sobre 16 versos.
C.4. Balance del cotejo. Sobre los 38 versos escandidos a mano, la escansión automática coincide con la manual en 23 casos y difiere en 15. La tasa de acuerdo es, por tanto, del 60,5 %. Las discrepancias son direccionales: en 12 de los 15 casos la máquina cuenta más sílabas que la lectura manual, y la causa dominante es la no aplicación de sinalefas que el criterio manual sí aplica; en los 3 casos restantes cuenta menos, dos de ellos por resolver como sinéresis hiatos que la lectura manual mantiene. Esta tasa del 60,5 % no es comparable con la precisión del 97,01 % declarada por el autor de la biblioteca, porque aquella se mide contra un corpus anotado de metro fijo y esta es una comparación contra un único escandidor humano sobre verso libre; pero da la medida del margen con que deben leerse los recuentos de la tabla A, y justifica que ninguna afirmación del cuerpo del artículo descanse sobre una medida silábica aislada.
D. Nota final sobre el cierre de LOS SILENCIOS OPACOS. El poema no admitió escansión automática en ninguno de sus seis versículos y carece de rima detectable. La fórmula «Cuántas veces quiero hablar conmigo mismo y no me encuentro.» abre los versículos primero, cuarto y quinto. En el sexto y último reaparece al final, y reaparece alterada en dos puntos: «Cuantas veces quiero hablar conmigo mismo, y no me encuentro.» Se consignan ambas formas tal como figuran en el original, sin corregirlas, por tratarse del dato en que se apoya el apartado 8 del cuerpo.
DOI: 10.5281/zenodo.22862982
Registro en Zenodo: https://zenodo.org/records/22862982




