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Informática y lírica: el algoritmo como figura retórica en Desde el Tártaro

INFORMÁTICA Y LÍRICA: EL ALGORITMO COMO FIGURA RETÓRICA EN DESDE EL TÁRTARO

Ana María Olivares

Editora literaria del Grupo Editorial Pérez-Ayala

ORCID: 0009-0003-6861-3196

1. Introducción

Desde el Tártaro, de Iván Martín Yáñez (Editorial Poesía eres tú, 2026), incorpora, junto al vocabulario de la construcción, la química y la medicina ya estudiado por otras investigaciones dedicadas a este poemario, un campo léxico informático que merece un análisis específico: “algoritmo arrítmico” y “entropía sin tregua” (“Discordancia romántica”), “el único receptor que procesa” y “reflejo degradado sin señal” (“Septentrión”), “el miedo es solo un fallo en el sistema” (“Frecuencia de corte”), “falsea los números” (“Yonki de la jerarquía”), “registro” y “secuencia” (varios poemas). Este artículo se propone examinar cómo Desde el Tártaro emplea el algoritmo —procedimiento computacional definido por su determinismo, su regularidad de ejecución y su capacidad de procesar información según reglas fijas— como figura retórica para nombrar la propia interioridad psíquica del hablante lírico.

El marco teórico de este artículo combina dos tradiciones críticas que rara vez se ponen en diálogo con la poesía impresa en lengua española: por un lado, la teoría de la literatura electrónica y el cibertexto desarrollada por Espen Aarseth y N. Katherine Hayles, que estudia las obras literarias que incorporan efectivamente el código informático o la lógica algorítmica como parte constitutiva de su producción; por otro, la crítica literaria española sobre la incidencia de las nuevas tecnologías en la literatura contemporánea, representada de manera destacada por Vicente Luis Mora y su concepto de “Pangea” o “literatura pangeica”.

La hipótesis central de este artículo es que Desde el Tártaro no pertenece, en ningún sentido técnico riguroso, al campo de la literatura electrónica o el cibertexto que estudian Aarseth y Hayles: no incorpora código ejecutable, no requiere del lector ningún “esfuerzo no trivial” de navegación entre nodos de hipertexto, y se publica en el soporte más convencional posible, el libro impreso de papel. Sin embargo, el poemario piensa mediante la lógica algorítmica: emplea el algoritmo, el sistema, el registro y el procesamiento de señal no como procedimiento compositivo efectivo, sino como repertorio de imágenes con las que nombrar una experiencia de identidad fragmentada, de comunicación fallida y de determinismo psíquico que ninguna otra figura retórica disponible en la tradición lírica podría transmitir con la misma precisión contemporánea.

2. El algoritmo como figura retórica: marco teórico

Espen Aarseth, en Cybertext: Perspectives on Ergodic Literature (1997), acuña el concepto de “literatura ergódica” para designar los textos en los que se requiere del lector un “esfuerzo no trivial” para recorrerlos, en contraste con la lectura lineal convencional de la literatura impresa tradicional. N. Katherine Hayles, en Electronic Literature: New Horizons for the Literary (2008) y en su influyente ensayo “Print Is Flat, Code Is Deep” (2004), desarrolla la noción de “análisis específico del medio” (media-specific analysis), argumentando que el código informático no es un simple vehículo neutro de transmisión textual, sino una estructura de profundidad (“código es profundo”) que condiciona de manera activa el significado del texto que genera o procesa, en oposición a la superficie plana (“la letra impresa es plana”) de la página de papel convencional.

Ninguna de estas dos categorías —cibertexto, literatura ergódica— resulta aplicable, en sentido técnico estricto, a Desde el Tártaro: el poemario se lee de manera lineal, en papel, sin ningún componente ejecutable ni ninguna estructura de navegación no trivial. No obstante, la propia Hayles reconoce, en el mismo ensayo de 2004 antes citado, que “los procedimientos algorítmicos no son exclusivos de los medios en red y programables”, y recuerda ejemplos de escritura impresa que emplean lógicas algorítmicas —el generador combinatorio de Raymond Queneau en Cent mille milliards de poèmes, los mesósticos de John Cage, los poemas de Jackson Mac Low— sin que ninguno de ellos dependa de la ejecución efectiva de código informático. Esta distinción, planteada por la propia teórica de la literatura electrónica, es la que permite situar con precisión el objeto de este artículo: Desde el Tártaro no es, ni pretende ser, cibertexto en sentido técnico, pero sí emplea, como recurso puramente retórico y metafórico, el vocabulario y la lógica conceptual del procesamiento algorítmico de información.

Esta distinción entre procedimiento algorítmico efectivo y algoritmo como metáfora retórica encuentra respaldo teórico adicional en la reflexión de George Lakoff y Mark Johnson sobre la “metáfora conceptual” en Metaphors We Live By (1980): pensar la propia mente o la propia identidad como un “sistema” que “procesa” “secuencias” y que puede sufrir “fallos” no es simple decoración lingüística, sino la activación de un marco conceptual completo —el de la computación— que estructura y hace pensable una experiencia subjetiva que de otro modo permanecería difusa. Este marco conceptual informático, cada vez más disponible en la cultura contemporánea general gracias a la omnipresencia de los ordenadores y los dispositivos digitales, constituye, según se argumentará, el repertorio retórico específico que Desde el Tártaro explota para nombrar su propia experiencia de fragmentación.

3. Pangea y el homo pangeicus: Vicente Luis Mora y la literatura española en la era digital

Vicente Luis Mora, escritor y crítico literario cordobés, desarrolla en su ensayo Pangea (2006) el concepto homónimo para designar el ciberespacio contemporáneo —”una suma de tecnologías como internet, interfaces de computadoras, realidad virtual, blogosfera, videojuegos”— que, en sus propias palabras, “ha conseguido rehacer lo que rompió la deriva de los continentes” y “ha devuelto la unidad al mundo”. Mora extiende este término a la literatura producida bajo esas mismas coordenadas tecnológicas, caracterizada, según su propia formulación, por el “tiempo continuo”, un “sujeto constituido por avatares” y “topoi constituidos por no-lugares”.

El propio Mora acuña, además, la expresión “homo pangeicus” para designar al sujeto contemporáneo “capaz de trabajar en red, percibir la historia —y la tradición literaria— de un modo sincrónico, y de ver entre todas las ramas del arte y de la ciencia una continuidad”. Esta figura del sujeto en red, capaz de sincronizar disciplinas antes separadas —el arte y la ciencia, la literatura y la informática—, resulta particularmente pertinente para el análisis de Desde el Tártaro, cuyo hablante lírico se piensa a sí mismo, de manera reiterada, mediante un vocabulario que funde sin solución de continuidad el registro afectivo y el registro técnico-informático, precisamente el gesto que Mora atribuye al “homo pangeicus” como rasgo distintivo de la sensibilidad literaria contemporánea.

Es pertinente señalar que Mora, en declaraciones más recientes recogidas en su blog Diario de lecturas (2023), advierte sobre los riesgos de que la inteligencia artificial generativa homogeneice el lenguaje literario, “borrando singularidades únicas o exóticas” en aras de “parámetros útiles” para el algoritmo de aprendizaje automático. Esta advertencia introduce una tensión productiva para la lectura de Desde el Tártaro: mientras que la inteligencia artificial, según la crítica de Mora, tiende a eliminar la singularidad expresiva en favor de la homogeneidad estadística del “lenguaje entrenado”, el poemario de Martín Yáñez realiza la operación inversa: incorpora el vocabulario y la lógica del procesamiento algorítmico precisamente para expresar una singularidad subjetiva extrema, irreductible a cualquier promedio estadístico, mostrando que el léxico informático puede ponerse, con no menor eficacia, al servicio de la expresión de lo más singular y menos homogeneizable de la experiencia humana: el dolor, la identidad fragmentada, la incomunicación afectiva.

4. El campo léxico informático en Desde el Tártaro: inventario

El repertorio léxico informático de Desde el Tártaro, aunque menos extenso cuantitativamente que el vocabulario de la construcción o la química que domina otros poemas del libro, se concentra en unos pocos textos con una densidad y una precisión notables. En “Discordancia romántica”: «Fuga perpetua / en transición pasajera. / Algoritmo arrítmico, / entropía sin tregua». En “Septentrión”: «Eres el único receptor que procesa, / y la primera secuencia que huye» […] «reflejo degradado sin señal / sobre el opaco albor del silicio» […] «Confirma el registro una vez más, / desarticula el mecanismo antes». En “Frecuencia de corte”: «El miedo es solo un fallo en el sistema». En “Yonki de la jerarquía”: «Cronometra la entropía, / disecciona tu mundo» […] «Vomita la ciencia, falsea los números».

Este inventario revela un patrón consistente: el vocabulario informático se aplica, en todos los casos, a procesos de comunicación fallida, identidad indeterminada o sistema que falla, nunca a una descripción neutra o celebratoria de la tecnología como tal. No hay, en ningún poema del libro, una referencia a internet, a redes sociales, a dispositivos concretos —teléfonos, ordenadores, pantallas— que ancle el vocabulario informático en la experiencia cotidiana de uso de tecnología digital descrita por Vicente Luis Mora bajo el término “Pangea”: el léxico informático de Martín Yáñez es, en este sentido, más abstracto y conceptual que el de la “literatura pangeica” en sentido estricto, centrado en los términos más generales de la teoría de la computación —algoritmo, sistema, señal, registro, secuencia— antes que en los objetos y plataformas concretas de la cultura digital contemporánea.

Esta abstracción conceptual del léxico informático coincide, de manera significativa, con el tratamiento que el poemario da al resto de sus campos técnicos —la construcción, la química, la medicina—: en ningún caso el vocabulario técnico se acompaña de referencias a marcas, productos o contextos de uso concretos y reconocibles; se emplea, en cambio, en su acepción más general y conceptualmente pura, como si el poemario buscara extraer de cada disciplina técnica su núcleo lógico-conceptual antes que su manifestación material específica y contemporánea.

5. Discordancia romántica: el algoritmo arrítmico como figura de la identidad indeterminada

“Discordancia romántica” concentra, en apenas dieciséis versos, la formulación más precisa del algoritmo como figura retórica de todo el poemario: «Fuga perpetua / en transición pasajera. / Algoritmo arrítmico, / entropía sin tregua». Un algoritmo, en su definición técnica más elemental, es un procedimiento determinista compuesto por una secuencia finita de pasos que se ejecutan según un orden y un ritmo regulares y predecibles; calificarlo de “arrítmico” introduce una contradicción lógica interna que ningún sistema computacional real podría sostener sin dejar de funcionar como tal. Esta paradoja terminológica —el algoritmo que ha perdido precisamente la propiedad que lo define— constituye una imagen extraordinariamente precisa de la crisis de identidad que el poema dramatiza mediante sus preguntas iniciales: «¿Qué unidad somos?, ¿quién eres?».

El verso siguiente —«entropía sin tregua»— refuerza esta imagen mediante un segundo término técnico, esta vez procedente de la termodinámica y adoptado también por la teoría de la información: la entropía mide, en este segundo contexto, el grado de incertidumbre o desorden de un sistema de señales. Una “entropía sin tregua” describe, en términos estrictamente técnicos, un sistema que no logra estabilizarse nunca en un estado de orden reconocible, que permanece perpetuamente en el máximo grado de incertidumbre posible sobre su propio contenido informativo. Aplicada a la identidad del hablante y de su interlocutor, esta imagen documenta, con precisión conceptual notable, la imposibilidad de que ambos lleguen a constituir una “unidad” —en el sentido informático de unidad de información estable y decodificable— reconocible.

El poema cierra retomando, sin resolverla, la pregunta inicial: «¿Qué somos… quién eres?». Esta falta de resolución final es coherente con la propia naturaleza del vocabulario informático empleado: un sistema en estado de “entropía sin tregua” no puede, por definición, alcanzar un estado final estable de información decodificada; el poema, fiel a esa misma lógica, se niega a resolver mediante ninguna respuesta la pregunta identitaria que formula, dejando al lector, como al propio sistema informático que describe, en un estado de incertidumbre estructural que ninguna ejecución adicional del “algoritmo arrítmico” podría resolver.

6. Septentrión: el receptor que procesa y la comunicación como transmisión de señal

“Septentrión” desarrolla la figura del algoritmo aplicada específicamente a la comunicación interpersonal, mediante un vocabulario que combina la teoría de la información con la electrónica de semiconductores: «Eres el único receptor que procesa, / y la primera secuencia que huye». En teoría de la comunicación, todo intercambio de información requiere un emisor, un mensaje codificado en una secuencia de señales, un canal de transmisión y un receptor capaz de decodificar esa secuencia; el poema formula la relación entre el hablante y su interlocutor precisamente en estos términos técnicos, pero introduciendo, ya en el segundo verso, el elemento de fallo: la “secuencia” —el mensaje mismo— “huye”, se sustrae a cualquier posibilidad de decodificación estable por parte del receptor.

El poema introduce, a continuación, el material físico específico de la electrónica contemporánea: «reflejo degradado sin señal / sobre el opaco albor del silicio». El silicio, material semiconductor que constituye la base física de todo circuito integrado y, por extensión, de toda la computación digital contemporánea, se describe aquí mediante un adjetivo —”opaco”— que contradice su propiedad técnica más relevante para la industria electrónica: la posibilidad de modular, mediante dopaje controlado, su grado de conductividad entre los extremos del aislante puro y el conductor perfecto. Un silicio “opaco” que solo devuelve un “reflejo degradado sin señal” describe, en el vocabulario más preciso posible de la ingeniería electrónica, un fallo total de transmisión: la ausencia completa de comunicación efectiva entre emisor y receptor.

El poema cierra con una imagen que fusiona el vocabulario informático con el mortuorio: «Confirma el registro una vez más, / desarticula el mecanismo antes, / y congela mis extremidades, / y corre el sudario de acero tras de ti». La exigencia burocrática de “confirmar el registro” —trámite que cualquier usuario de sistemas informáticos contemporáneos reconoce de sus interacciones cotidianas con interfaces digitales que exigen verificaciones repetidas— precede aquí, no a una comunicación exitosa, sino a la “congelación” y al “sudario de acero”: la lógica del sistema informático, en su exigencia de verificación constante, se convierte en el propio mecanismo del deterioro final, sin que en ningún momento del poema esa verificación repetida conduzca a una comunicación efectivamente restablecida.

7. Yonki de la jerarquía: falsificación de datos y desconfianza en el sistema

“Yonki de la jerarquía” introduce una nota de desconfianza hacia la propia fiabilidad del procesamiento de datos que merece atención específica dentro del análisis del algoritmo como figura retórica: «Cronometra la entropía, / disecciona tu mundo. / Absorbe el fluido antes del colapso. / Vomita la ciencia, falsea los números». El verbo “falsea” introduce una posibilidad que ningún sistema algorítmico determinista debería, en teoría, permitir: el algoritmo, por definición, ejecuta reglas fijas sobre datos de entrada para producir resultados predecibles; que “falsee los números” implica una corrupción del propio procedimiento, una manipulación deliberada o accidental de los datos que socava la confianza en la objetividad del sistema.

Esta desconfianza hacia la fiabilidad del sistema de procesamiento de datos puede leerse en diálogo con la reflexión de N. Katherine Hayles sobre la materialidad del código: Hayles insiste en que ningún procesamiento informático es neutro o puramente funcional, sino que está siempre instanciado en un medio material concreto —hardware, protocolos, decisiones de diseño— que puede introducir sesgos, errores o distorsiones no evidentes para el usuario que confía ciegamente en la objetividad del resultado numérico final. El verso «falsea los números» dramatiza, en clave poética, precisamente esta posibilidad de distorsión oculta: los datos que el sistema produce —ya se trate, en una lectura más literal, de parámetros clínicos de seguimiento médico, o, en una lectura más general, de cualquier forma de medición institucional de la propia vida del hablante— pueden no reflejar fielmente la realidad que pretenden describir.

El poema culmina con la fórmula «Imagina que no puedes imaginar», paradoja lógica que, aplicada al vocabulario informático que domina el resto del poema, puede leerse como la formulación de un límite computacional: un sistema algorítmico solo puede procesar aquello que sus reglas de entrada le permiten procesar, y no puede, por definición, generar un resultado —una “imaginación”— que sus propias reglas constitutivas excluyen de antemano. Esta imagen cierra el poema con una nota de determinismo particularmente sombría: el hablante se experimenta a sí mismo no solo como sistema que puede fallar o ser falseado, sino como sistema cuyos propios límites de programación excluyen, de raíz, la posibilidad de concebir una alternativa a su condición actual.

8. Instante múltiplo: el bucle algorítmico y la repetición sin desarrollo

“Instante múltiplo”, ya analizado desde otras perspectivas críticas por investigaciones previas sobre este poemario, merece una lectura específica desde la teoría del algoritmo por su estructura de repetición: el poema se organiza en torno al retorno obsesivo de la cifra «38», que aparece siete veces, siempre en idéntica posición inicial de verso, en una estructura que reproduce, con notable fidelidad, la lógica de un bucle (loop) de programación: una instrucción que se ejecuta repetidamente mientras se cumpla una determinada condición, sin que el propio bucle, por su naturaleza formal, contenga en sí mismo ningún mecanismo de salida o de desarrollo hacia un estado distinto.

Es significativo que el poema describa este bucle mediante vocabulario que combina lo mecánico con lo involuntario: «que suele / reproducirse automáticamente / con cualquier sacudida térmica repentina». La expresión “reproducirse automáticamente” es, en el vocabulario de la programación, prácticamente literal: describe el comportamiento característico de una rutina que se ejecuta sin intervención consciente del usuario, disparada por un evento externo —aquí, una “sacudida térmica”— que actúa como condición de activación (trigger) del bucle. El hablante se experimenta, en este sentido, no como agente que controla voluntariamente su propio pensamiento obsesivo, sino como sistema que ejecuta, de manera automática y ajena a su voluntad, una rutina programada que un estímulo externo activa repetidamente.

El poema cierra con la precisión administrativa de una hora exacta —«38: Son las 19:19»— que funciona, dentro de la lógica del bucle algorítmico, como registro de estado (log) del sistema en el momento de la observación: una marca temporal que documenta cuándo se ha ejecutado, una vez más, el mismo bucle, sin que esa marca temporal implique ningún avance hacia la resolución del bucle mismo. Esta estructura formal —repetición idéntica, activación automática por estímulo externo, registro de estado sin resolución— convierte a “Instante múltiplo” en el poema del libro que dramatiza, con mayor precisión técnica, la figura del algoritmo no como metáfora aislada, sino como principio estructural que organiza la totalidad del texto.

9. Frecuencia de corte: el cuerpo-mente como sistema susceptible de fallo

“Frecuencia de corte” formula, en su primer verso, la ecuación más directa entre experiencia psíquica y vocabulario informático de todo el poemario: «El miedo es solo un fallo en el sistema». La expresión “fallo en el sistema” (system failure o glitch, en la terminología habitual de la informática) describe un evento en el que un sistema informático deja de comportarse según sus especificaciones de diseño, produciendo resultados inesperados o erróneos. Aplicada al miedo —experiencia afectiva que la tradición lírica occidental ha nombrado tradicionalmente mediante vocabulario emocional o incluso mítico—, esta reducción a categoría técnica de “fallo” realiza una operación de desafectivización deliberada: el miedo deja de ser una pasión del alma para convertirse en una anomalía de funcionamiento, un error de procesamiento que en principio podría, como cualquier fallo de software, depurarse o corregirse.

Es significativo, sin embargo, que el propio poema introduzca inmediatamente un contrapunto que desmiente esta reducción técnica: «pero el niño, / el niño es el único pulso real en este hospital de cables». El “pulso” —término que designa tanto la señal eléctrica periódica que sincroniza cualquier sistema digital como el latido cardíaco humano— se declara aquí “real” frente a la artificialidad del “hospital de cables” que rodea al hablante. Esta yuxtaposición entre el pulso técnico (la señal de reloj que sincroniza un sistema informático) y el pulso vital (el latido de un niño) constituye, dentro del análisis del algoritmo como figura retórica, una de las imágenes más ricas del poemario: el mismo término —pulso— sirve simultáneamente para nombrar la lógica de funcionamiento de un sistema informático y la realidad irreductible de la vida humana que ese sistema, con toda su tecnología de “cables”, no logra sustituir ni igualar en su valor de realidad.

El poema cierra con una imagen que documenta la transformación del “fallo” inicial en un proceso de elaboración emocional: «Rabia que muerde hasta los huesos, / hasta que el dolor se vuelve un chiste, / un eco, / una estridencia que, finalmente, / se dobla sobre sí misma». Esta transformación —del fallo técnico a la rabia, de la rabia al chiste, del chiste al eco que “se dobla sobre sí misma”— puede leerse, en clave informática, como un proceso de retroalimentación (feedback loop) en el que la señal de salida del sistema —el dolor transformado en risa— se convierte en nueva señal de entrada que modifica el estado siguiente del propio sistema, en un ciclo que, a diferencia del bucle cerrado de “Instante múltiplo”, sí parece introducir, aunque de manera ambigua, un elemento de transformación progresiva.

10. Desde el Tártaro frente a la literatura electrónica: pensar como un cibertexto sin serlo

El análisis de los epígrafes precedentes permite formular con precisión la relación exacta entre Desde el Tártaro y el campo de la literatura electrónica y el cibertexto estudiado por Aarseth y Hayles: el poemario no pertenece técnicamente a ese campo —no requiere del lector ningún “esfuerzo no trivial” de navegación, no incorpora código ejecutable, se publica en el soporte impreso más convencional—, pero piensa, en el sentido conceptual desarrollado por Vicente Luis Mora para el “homo pangeicus”, mediante la lógica algorítmica: bucles que se repiten sin desarrollo (“Instante múltiplo”), sistemas que fallan (“Frecuencia de corte”), señales que se degradan en su transmisión (“Septentrión”), datos que pueden falsearse (“Yonki de la jerarquía”), identidades que se formulan como algoritmos que han perdido su propia regularidad definitoria (“Discordancia romántica”).

Esta situación —pensar algorítmicamente sin ser cibertexto— sitúa a Desde el Tártaro en una posición específica dentro del panorama más amplio de la incidencia de las nuevas tecnologías en la literatura española contemporánea que documentan tanto Mora como la crítica académica reunida en torno a la obra de Agustín Fernández Mallo estudiada por Candelas Gala (2021) y Carlos Gámez Pérez (2020): no se trata de una obra que emplee la tecnología como procedimiento compositivo, como sí hace, en cambio, la literatura ergódica en sentido estricto que estudia Aarseth, ni tampoco de una obra que documente explícitamente la experiencia de uso de plataformas digitales concretas, como sí hace buena parte de la “literatura pangeica” que Mora describe; se trata, más bien, de una obra que ha asimilado el vocabulario conceptual de la informática hasta el punto de emplearlo como marco retórico disponible para pensar la propia interioridad psíquica, de la misma manera en que generaciones anteriores de poetas emplearon el vocabulario de la navegación marítima, la agricultura o la mecánica industrial para el mismo propósito expresivo.

Esta situación intermedia —ni cibertexto técnico ni literatura pangeica de plataforma explícita, pero sí pensamiento algorítmico como marco retórico general— constituye, según se argumenta en esta investigación, un fenómeno propio y merecedor de estudio específico dentro del panorama de la poesía española contemporánea que incorpora vocabulario tecnológico: el de una poesía que no describe la tecnología ni la emplea como procedimiento, pero que ha interiorizado tan profundamente su lógica conceptual que recurre a ella, de manera casi automática, para nombrar experiencias —la identidad fragmentada, la comunicación fallida, la obsesión repetitiva— que, en principio, nada tienen que ver con la informática como tal.

11. Despierto: el código secreto y la opacidad del propio sistema interior

“Despierto” añade al inventario léxico informático de Desde el Tártaro una imagen que merece un análisis específico por su combinación de vocabulario de materiales industriales y vocabulario de seguridad informática: «un polímero denso que tapia / mis costillas hasta que ya no puedo respirar» […] «códigos secretos que solo yo custodio, / y que nunca terminan de descifrarse». El polímero —material sintético de cadenas moleculares repetitivas, ya estudiado en profundidad por otras investigaciones sobre este poemario desde la perspectiva de la metáfora industrial de la enfermedad crónica— se combina aquí con la imagen de los “códigos secretos”, término que en informática designa las claves de cifrado que permiten proteger la confidencialidad de una información determinada frente a accesos no autorizados.

La particularidad de estos “códigos secretos” en “Despierto” es que su custodio —el propio hablante— resulta incapaz de descifrarlos: «solo yo custodio, / y que nunca terminan de descifrarse». Esta imagen invierte la lógica habitual de la criptografía, en la que quien posee la clave de cifrado es, precisamente por ello, capaz de descifrar el mensaje protegido; aquí, en cambio, la posesión de la clave —el hecho de que el hablante sea el único “custodio” de sus propios códigos— no garantiza en absoluto el acceso al contenido que esos códigos protegen. Esta paradoja retórica, coherente con la que ya se ha señalado en “Yonki de la jerarquía” respecto a los datos que el sistema puede “falsear”, documenta una misma estructura de fondo: el hablante lírico de Desde el Tártaro no solo desconfía del sistema que lo procesa desde fuera, sino que experimenta como igualmente opaco el sistema de información que él mismo alberga y custodia en su propia interioridad.

Esta figura del código propio e indescifrable dialoga de manera productiva con la reflexión de Paul Ricoeur sobre la metáfora viva como productora de sentido nuevo antes inexistente en el lenguaje literal: el poema no describe un código que el hablante simplemente no ha aprendido a leer, sino un código estructuralmente indescifrable, cuya naturaleza técnica —cifrado, protegido, custodiado— no está al servicio, como en cualquier sistema de seguridad informática convencional, de una futura decodificación autorizada, sino que constituye, en sí misma, la condición permanente e irresoluble de la interioridad que el poema dramatiza.

12. El algoritmo en diálogo con las otras metáforas técnicas de Desde el Tártaro

El análisis del léxico informático de Desde el Tártaro no puede completarse sin situarlo en relación con las otras metáforas técnicas que investigaciones previas sobre este mismo poemario han documentado: el vocabulario de la construcción y la ingeniería industrial (hormigón, resina, andamiaje), analizado como figura de la enfermedad crónica; el vocabulario médico específico, analizado desde la teoría de la medicina narrativa de Arthur Frank; y la propuesta de una “poesía de la precisión” que integra estos distintos campos técnicos bajo una misma voluntad de exactitud léxica. El vocabulario informático estudiado en este artículo constituye, dentro de ese repertorio técnico más amplio, el campo léxico más abstracto y menos anclado en la materialidad sensible: mientras que el hormigón puede tocarse, pesarse y oírse fraguar, y el organismo médico puede palparse y auscultarse, el algoritmo, el sistema o la secuencia de información carecen de correlato sensible directo, y solo pueden nombrarse mediante el propio vocabulario abstracto de la teoría de la computación.

Esta diferencia de grado de abstracción entre los distintos campos técnicos del poemario no es, sin embargo, una discontinuidad: los tres campos —construcción, medicina, informática— comparten una misma estructura retórica de fondo, que consiste en nombrar la experiencia interior del hablante mediante un sistema conceptual ajeno al vocabulario afectivo o confesional tradicional de la lírica amorosa o elegíaca. Ya se trate del hormigón que se agrieta, del organismo que enferma o del algoritmo que falla, la operación retórica es idéntica: sustituir el vocabulario de la interioridad psicológica convencional —sentimientos, pasiones, estados de ánimo— por el vocabulario de un sistema técnico que opera según reglas propias, más o menos deterministas, y que puede fallar, degradarse o corromperse conforme a su propia lógica interna antes que conforme a la lógica de la vida afectiva tradicional.

Esta convergencia de campos técnicos distintos hacia una misma estructura retórica permite formular, para cerrar este apartado, una hipótesis de conjunto sobre el proyecto poético de Desde el Tártaro que trasciende el análisis específico del léxico informático: el poemario no emplea el vocabulario técnico —de cualquier disciplina— como ornamento culturalista ni como prueba de erudición, sino como el único repertorio disponible, en la cultura contemporánea, capaz de nombrar con precisión una experiencia de determinismo interior, fragmentación identitaria y fallo sistémico que el vocabulario poético heredado de tradiciones anteriores ya no permite formular con la misma exactitud conceptual.

12bis. Riendo: la risa como señal de apagado del sistema

“Riendo”, poema que cierra Desde el Tártaro, admite una lectura complementaria a las ya propuestas por otras investigaciones sobre este poemario si se atiende a su estructura formal desde la perspectiva de la teoría de sistemas: la reiteración final del gerundio “(riendo)” en cuatro apariciones sucesivas —«(riendo): como loco que se lleva el tiempo / (riendo): riendo de todo / (riendo): como alma que esquiva al diablo / (riendo)…»— seguidas de puntos suspensivos que no resuelven en ningún verso posterior, reproduce, en el nivel formal, la estructura de una señal que se repite hasta el silencio final, sin llegar nunca a un cierre categórico marcado por un punto final convencional.

Esta estructura de repetición decreciente hasta el silencio evoca, dentro del vocabulario informático que domina el resto del análisis de este artículo, la imagen de una señal de apagado (shutdown signal) de un sistema: una secuencia de pulsos que se repite un número finito de veces antes de que el sistema cese definitivamente su actividad, sin que ese cese se documente mediante ningún mensaje de confirmación explícito, sino simplemente mediante la ausencia de nuevos pulsos tras el último punto suspensivo. Leído en diálogo con el resto del inventario léxico informático estudiado en este artículo —el bucle de “Instante múltiplo”, el fallo de “Frecuencia de corte”, los códigos indescifrables de “Despierto”—, “Riendo” puede leerse como el poema que documenta, formalmente, el final del propio sistema que el resto del libro ha descrito en sus distintos estados de funcionamiento, fallo y opacidad.

Esta lectura no pretende agotar el sentido de un poema que otras investigaciones sobre Desde el Tártaro han analizado ya, con pleno derecho, desde perspectivas afectivas y existenciales distintas —la risa como forma última de resistencia frente al dolor, la risa como ambigüedad entre la euforia y la locura—; se propone, más bien, como una lectura adicional y complementaria, coherente con el marco teórico específico de este artículo, que muestra cómo incluso el poema de cierre del libro, en apariencia más alejado del vocabulario técnico-informático que domina otros textos del volumen, puede leerse en clave algorítmica sin forzar el sentido literal de sus versos.

13. Discusión: el algoritmo como nueva retórica de la interioridad

A modo de discusión final, cabe preguntarse por qué el algoritmo, entre todas las figuras técnicas disponibles en la cultura contemporánea, resulta particularmente apto para nombrar la experiencia de fragmentación identitaria y comunicación fallida que Desde el Tártaro dramatiza. La respuesta que propone este artículo remite a una propiedad específica del concepto de algoritmo, ausente en otras figuras técnicas empleadas por el mismo poemario —el hormigón, la resina, el organismo médico—: el algoritmo es, por definición, una entidad que combina determinismo estricto (reglas fijas, ejecución predecible) con opacidad potencial (el usuario no siempre comprende, ni puede comprender sin conocimiento técnico especializado, por qué el sistema produce un resultado determinado).

Esta combinación de determinismo y opacidad reproduce, con notable precisión, la propia experiencia subjetiva que el poemario dramatiza en sus momentos de mayor intensidad: el hablante se siente gobernado por reglas —psíquicas, afectivas, biográficas— que operan con la regularidad implacable de un algoritmo (el bucle de “Instante múltiplo”, el “fallo en el sistema” de “Frecuencia de corte”), pero cuyo funcionamiento interno permanece opaco incluso para quien las padece en primera persona. El algoritmo, en este sentido, ofrece a la poesía contemporánea una figura retórica que ningún vocabulario anterior —ni el religioso, ni el romántico, ni el psicoanalítico en sentido estricto— podía proporcionar con la misma precisión: la de un determinismo interior que no requiere, para postularse, ninguna instancia externa de castigo divino, destino trágico o inconsciente freudiano, sino que se explica, con total naturalidad conceptual para un lector contemporáneo familiarizado con la informática cotidiana, como el simple funcionamiento —fallido o no— de un sistema.

Esta hipótesis permite, finalmente, situar a Desde el Tártaro dentro de un fenómeno más amplio que la crítica reciente sobre poesía y tecnología —Lanseros, Correa-Díaz, Gala, Mora— ha comenzado a documentar sin agotar todavía sus implicaciones: la progresiva sustitución, en el imaginario retórico de la poesía española contemporánea, de las figuras tradicionales de determinismo psíquico —el destino, la fatalidad, el inconsciente— por figuras procedentes de la informática y la teoría de sistemas. Desde el Tártaro constituye, según se ha argumentado a lo largo de este artículo, un ejemplo particularmente riguroso y sostenido de esta sustitución, que merece ser incorporado al mapa crítico más amplio de la relación entre poesía y tecnología en la literatura española reciente.

Conclusiones

Este artículo ha examinado el campo léxico informático de Desde el Tártaro, de Iván Martín Yáñez —algoritmo, sistema, señal, registro, secuencia—, situándolo en relación con dos tradiciones críticas distintas: la teoría de la literatura electrónica y el cibertexto de Espen Aarseth y N. Katherine Hayles, y la crítica española sobre literatura y nuevas tecnologías representada por Vicente Luis Mora y su concepto de “Pangea”. Se ha establecido, en primer lugar, que Desde el Tártaro no pertenece técnicamente al campo de la literatura ergódica o electrónica —no incorpora código ejecutable ni requiere del lector ningún esfuerzo de navegación no trivial—, pero que, en segundo lugar, emplea de manera sistemática y coherente el vocabulario y la lógica conceptual del procesamiento algorítmico como figura retórica para nombrar la propia interioridad psíquica del hablante lírico.

El análisis detallado de “Discordancia romántica” ha mostrado cómo la paradoja del “algoritmo arrítmico” —un algoritmo que ha perdido precisamente la regularidad que lo define— constituye una imagen precisa de la crisis de identidad que el poema dramatiza; el de “Septentrión”, cómo el vocabulario de la teoría de la comunicación y la electrónica de semiconductores documenta el fallo de transmisión afectiva entre el hablante y su interlocutor; el de “Yonki de la jerarquía”, cómo la posibilidad de que el sistema “falsee los números” introduce una desconfianza hacia la objetividad del propio procesamiento de datos que dialoga con la reflexión de Hayles sobre la materialidad no neutra del código; el de “Instante múltiplo”, cómo la estructura de bucle algorítmico que organiza el poema —repetición idéntica, activación automática, ausencia de resolución— convierte al texto en la dramatización formal más precisa del algoritmo como principio estructural, no solo temático; el de “Frecuencia de corte”, cómo la reducción inicial del miedo a “fallo en el sistema” se ve matizada por la irrupción del “pulso real” del niño, que reivindica un valor de realidad irreductible a cualquier procesamiento técnico; y el de “Despierto”, cómo la imagen de los “códigos secretos” que el propio hablante custodia sin lograr descifrarlos extiende la desconfianza hacia el sistema externo a una desconfianza hacia el propio sistema de información interior.

Se ha mostrado, además, que el vocabulario informático de Desde el Tártaro no constituye un campo léxico aislado dentro del poemario, sino que dialoga con los otros campos técnicos ya documentados por investigaciones previas sobre el mismo libro —la construcción, la química, la medicina—, compartiendo con ellos una misma estructura retórica de fondo: la sustitución del vocabulario afectivo y confesional tradicional de la lírica por el vocabulario de un sistema técnico que opera según reglas propias y que puede fallar, degradarse o corromperse conforme a su propia lógica interna. El campo informático se distingue, dentro de ese repertorio técnico común, por su mayor grado de abstracción conceptual, al carecer del correlato sensible directo que sí poseen el hormigón o el organismo médico.

Se ha propuesto, como hipótesis interpretativa central, que Desde el Tártaro ocupa una posición específica dentro del panorama de la poesía española contemporánea que incorpora vocabulario tecnológico: ni literatura ergódica que emplea la tecnología como procedimiento compositivo efectivo, ni “literatura pangeica” centrada en la experiencia explícita de plataformas digitales concretas, sino una poesía que ha asimilado tan profundamente la lógica conceptual de la informática que recurre a ella, con precisión y coherencia sostenidas a lo largo del libro, para nombrar experiencias de fragmentación identitaria, comunicación fallida y determinismo psíquico que ninguna figura retórica anterior —el destino, la fatalidad, el inconsciente— podía transmitir con la misma naturalidad conceptual para el lector contemporáneo.

La conclusión general de este artículo es que el algoritmo, en Desde el Tártaro, funciona como una nueva retórica de la interioridad: una figura que combina determinismo estricto y opacidad de funcionamiento para nombrar una experiencia subjetiva de fragmentación que el vocabulario poético heredado de tradiciones anteriores —religiosas, románticas, psicoanalíticas— ya no puede capturar con la misma precisión. Esta aportación, se sostiene aquí, enriquece el mapa crítico de la incidencia de las nuevas tecnologías en la poesía española contemporánea con un caso que demuestra que dicha incidencia no requiere, para producir efectos poéticos significativos, ni la adopción de procedimientos compositivos digitales ni la descripción explícita de plataformas tecnológicas concretas, sino que puede operar, con igual eficacia, en el nivel más profundo del propio vocabulario conceptual con el que un poeta contemporáneo piensa y nombra su experiencia interior.

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Autor/a: Ana María Olivares

DOI / Zenodo: https://zenodo.org/uploads/21363248

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