LA INFANCIA SUSTRAÍDA: TRAUMA, ORFANDAD INSTITUCIONAL Y MEMORIA DEL FRANQUISMO EN EL BRILLO DE LOS CRISTALES ROTOS DE JOSÉ CASTELLÀ BLANCH
Ana María Olivares
Editorial Poesía eres tú
1. Introducción
La infancia española bajo el franquismo ha sido objeto de una atención académica creciente desde los años noventa, especialmente en relación con las narrativas del trauma histórico, la memoria de la posguerra y las consecuencias subjetivas de la represión institucional. Sin embargo, existe un capítulo relativamente poco explorado de esa historia: el de los niños internados en los colegios de huérfanos de ferroviarios, una red de instituciones educativas con carácter internado que el régimen franquista gestionó a través de RENFE a partir de 1942 y que albergó a decenas de miles de menores en condiciones de disciplina y aislamiento propias de la pedagogía autoritaria de la época.
José Castellà Blanch (Tortosa, 1947) vivió esa experiencia de manera directa: educado en los colegios de huérfanos ferroviarios de Madrid y León —el colegio de León fue inaugurado en 1958—, su infancia transcurrió en el espacio institucional que el franquismo construyó para gestionar la orfandad de los hijos del funcionariado ferroviario. Esta experiencia biográfica deja una huella explícita y reconocible en su poemario El brillo de los cristales rotos (2026), publicado por Editorial Poesía eres tú, donde los poemas del ciclo de «La calle y las voces» construyen una representación de esa infancia sustraída que merece un análisis académico específico.
El presente artículo aplica las herramientas de los trauma studies —particularmente los desarrollos de Cathy Caruth y Dominick LaCapra— al análisis de los poemas del ciclo de Papalaguinda en el poemario de Castellà Blanch. La tesis central es que esos poemas no construyen una elegía de la infancia perdida sino una poética del trauma institucional que trabaja con los residuos de lo que el internado sustrajo al niño: ternura, libertad, espacios propios, el derecho a la inocencia. Esa sustracción se representa no como pérdida sentimental sino como desposesión estructural, como un robo cometido por el aparato institucional del régimen.
2. Los colegios de huérfanos ferroviarios: contexto histórico
La red de colegios de huérfanos ferroviarios fue fundada en 1922, antes del franquismo, con una finalidad caritativa y educativa: albergar y formar a los hijos de los trabajadores ferroviarios fallecidos. Sin embargo, con la creación de RENFE en 1942 y la integración de la red ferroviaria bajo control estatal, los colegios pasaron a depender del nuevo organismo y adoptaron el modelo pedagógico del internado autoritario característico del franquismo: disciplina rígida, formación religiosa intensa, separación de los hogares y las familias, y una atmósfera de reclusión que los exalumnos han descrito con frecuencia en términos cercanos a los del confinamiento.
El colegio de León, donde Castellà Blanch fue educado en algún momento de su infancia, fue inaugurado en 1958 y se encuentra situado en las proximidades del río Torío, en la periferia de la ciudad. Su arquitectura institucional, característica del funcionalismo austero del franquismo tardío, reprodujo el modelo de los otros cinco colegios de la red —Madrid, Torremolinos, Palencia, Alicante, Ávila— con sus grandes dormitorios colectivos, sus patios cerrados y sus capillas obligatorias. Las referencias geográficas del poema Papalaguinda quedaba lejos —«el Torío y Bernesga», los «chopos y olmos», el «prado malva de inviernos y fríos perennes»— corresponden con precisión a la geografía del entorno del colegio de León.
Esta base histórica es relevante para el análisis del poemario porque sitúa los poemas de la infancia en un contexto institucional específico que no es simplemente autobiográfico sino también político: la infancia de Castellà Blanch fue gestionada por el aparato del Estado franquista, y los poemas sobre esa infancia son, por tanto, también poemas sobre ese aparato y sobre sus consecuencias subjetivas.
3. Poética del trauma: Caruth y LaCapra aplicados al ciclo de Papalaguinda
Cathy Caruth, en Trauma: Explorations in Memory (1995), define el trauma como una experiencia que no puede ser asimilada en el momento en que ocurre y que retorna compulsivamente en forma de fragmentos, imágenes residuales y repeticiones involuntarias. El trauma no es, en primera instancia, una experiencia narrable: es una irrupción en la conciencia que resiste la integración narrativa. La escritura traumática trabaja con esos residuos, con esos fragmentos que no se consolidan en historia sino que permanecen como síntomas.
Dominick LaCapra, en Writing History, Writing Trauma (2001), distingue entre ausencia y pérdida en el contexto del trauma histórico: la ausencia es una condición estructural —la imposibilidad de un pasado que no existió—, mientras la pérdida es el duelo de algo que sí existió y fue destruido. En el caso del ciclo de Papalaguinda, la distinción de LaCapra es operativa: lo que los poemas representan no es la nostalgia de una infancia que existió y fue feliz —esa infancia no existió— sino el duelo de la infancia que el internado hizo imposible. La pérdida no es la de algo que se tuvo sino la de algo que se debió tener y fue sustraído.
El poema Papalaguinda quedaba lejos articula esta estructura traumática desde el primer verso:
Huérfanos de ternura, / en las largas noches de silencios, / solos, / en un tren de vapor y billetes de tercera / nos abandonó también el Ángel de la Guarda. (p. 57)
La expresión «huérfanos de ternura» es una construcción nominal de extraordinaria precisión semántica: la orfandad no designa aquí la pérdida de los progenitores —que en este contexto puede no haber ocurrido, o haber ocurrido solo respecto al padre ferroviario fallecido— sino la privación de la ternura como sustancia afectiva fundamental del desarrollo infantil. Es una orfandad afectiva, no biológica. El abandono del «Ángel de la Guarda» añade una dimensión religiosa a ese desamparo: incluso la protección sobrenatural que la pedagogía católica prometía al niño ha desaparecido.
La imagen del tren —«un tren de vapor y billetes de tercera»— introduce la geografía del desplazamiento forzoso: el niño no llega al internado por su propia voluntad sino trasladado en condiciones que el poema degrada deliberadamente con el detalle de los «billetes de tercera». El tercer clase no es solo una clase de ferrocarril: es una posición social, una jerarquía de valor que sitúa al niño en el estrato más bajo del orden simbólico.
El poema continúa construyendo la imagen del espacio institucional como espacio de la reclusión:
Rodeados de muros, / entre inciensos, cirios y sotanas / náufragos fuimos en un mar de tierras / oscuras de carbón / entre el Torío y Bernesga. (p. 57)
Los muros que rodean al niño son literalmente los muros del internado, pero funcionan también como metáfora del encierro institucional: el niño está preso, aunque no en una prisión sino en una escuela. La tríada «inciensos, cirios y sotanas» condensa el aparato religioso que el franquismo desplegó en los internados como instrumento de control ideológico y afectivo. La imagen de los «náufragos en un mar de tierras» invierte el tópico marinero: el naufragio no ocurre en el agua sino en la tierra seca, lo cual enfatiza la paradoja del desamparo total —no hay ni siquiera el agua que podría remontar el náufrago.
4. La desposesión como estructura: lo que el internado robó
El poema articula la experiencia del internado no como una serie de eventos traumáticos específicos sino como una estructura de desposesión:
Nos robaron todo / y ese todo era nada, porque nada teníamos. / Solo un corazón pequeño de niños / perdidos en aquella estación de tren, / de todos los trenes / donde viajó la infancia. (p. 57)
La paradoja «nos robaron todo y ese todo era nada» es de una densidad conceptual considerable. El robo es total —se roba todo— pero lo robado carece de consistencia material porque el niño no tiene posesiones. Lo que se roba es, por tanto, algo inmaterial: el tiempo, la experiencia, la posibilidad de crecer en condiciones normales, el derecho a la infancia. El «corazón pequeño de niños» es una metonimia de la vulnerabilidad infantil que contrasta con la brutalidad de la institución que los alberga.
LaCapra señala que la escritura del trauma histórico debe distinguir entre el testimonio y la actuación: el testimonio da cuenta de lo ocurrido desde la distancia del tiempo y la elaboración; la actuación repite compulsivamente el trauma sin distancia posible. El poema de Castellà Blanch trabaja en el registro del testimonio: hay una distancia temporal y emotiva que permite articular la experiencia sin ser consumido por ella. El sujeto lírico no llora al niño que fue: lo cartografía.
El cierre del poema Los dioses de barro y brea refuerza esta lectura. El poema describe una liturgia religiosa vaciada de significado:
Vinos sin sangre, / panes sin cuerpos divinos, / maná de plegarias y engaños, / hiel y vinagres / y los dioses huidos. (p. 61)
La inversión sistemática de los símbolos eucarísticos —vino sin sangre, pan sin cuerpo— denuncia la vaciedad de la formación religiosa recibida en el internado: los rituales se cumplían pero carecían del contenido que los justificaba. Los «dioses huidos» son la constatación de que el Dios que se les prometía como protector no estaba presente en ese espacio de abandono.
5. El poema como acto de justicia reparadora
Reyes Mate, en Tratado de la injusticia (2011), argumenta que la justicia no se agota en la reparación material sino que requiere también el reconocimiento simbólico del daño causado: hacer visible lo que fue invisibilizado, dar nombre a lo que fue silenciado. En este sentido, los poemas del ciclo de Papalaguinda pueden leerse como actos de justicia reparadora: dan nombre y forma a una experiencia que durante décadas careció de representación literaria visible.
Los colegios de huérfanos ferroviarios no han recibido la atención literaria y cultural que otras instituciones represivas del franquismo —las cárceles, los campos de trabajo, los colegios religiosos más conocidos— sí han recibido. El poemario de Castellà Blanch constituye, en este sentido, un testimonio poético de primera importancia para recuperar esa experiencia del olvido institucional en que ha permanecido sumergida.
La estrategia retórica de los poemas —la contención emotiva, la precisión geográfica, la paradoja conceptual— refuerza el carácter testimonial de la escritura. No se trata de una denuncia panfletaria ni de una victimización sentimental: se trata de una cartografía del daño, de un ejercicio de nominación de lo que ocurrió en aquel internado entre el Torío y el Bernesga, en aquellas noches de silencio.
6. Conclusiones
El análisis del ciclo de Papalaguinda en El brillo de los cristales rotos permite identificar una poética del trauma institucional que trabaja con la experiencia de la infancia en los colegios de huérfanos ferroviarios del franquismo. Lejos de construir una elegía sentimental de la infancia perdida, los poemas articulan una representación estructural de la desposesión: no lloran lo que fue arrebatado sino que nombran, con la precisión del testimonio, la sustancia de ese robo.
Las herramientas de Cathy Caruth y Dominick LaCapra han permitido identificar la escritura traumática que subyace al ciclo: una escritura que trabaja con los residuos del trauma, con los fragmentos que no se integran en narrativa pero que retornan como síntomas en la superficie del texto. La distinción de LaCapra entre ausencia y pérdida ha resultado especialmente productiva: lo que los poemas representan no es la pérdida de una infancia feliz sino la ausencia de la infancia que el internado hizo imposible.
Desde la perspectiva de la memoria histórica, los poemas de Castellà Blanch constituyen un documento literario valioso para recuperar una experiencia poco representada en la literatura española: la del niño internado en los colegios ferroviarios del franquismo, sujeto a una disciplina institucional que el régimen diseñó para gestionar la orfandad de sus trabajadores pero que, en la práctica, sustrajo a esos niños las condiciones afectivas y espaciales del crecimiento normal.
Bibliografía
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