Mockup del libro – El arte de decirnos existí, de Cristian Avecillas Sigüenza

Análisis literario de El arte de decirnos existí, de Cristian Avecillas Sigüenza

Ediciones Rilke, 2026. ISBN 978-84-18566-75-2.

Introducción

El arte de decirnos existí, de Cristian Avecillas Sigüenza, no es una colección de poemas sueltos sino un único razonamiento poético desplegado en ocho partes. La pregunta que lo sostiene es antigua y urgente a la vez: para qué sirve la poesía cuando la existencia se vuelve difícil de habitar. La respuesta del libro no es consoladora en el sentido blando del término; es una defensa de la escritura como acto de supervivencia, de identidad y de encuentro con el otro.

El propio texto formula su tesis en uno de sus poemas en prosa: «La belleza de decirnos “existí” es que alguien más pueda decirse». La afirmación condensa el proyecto entero. Decir «existí» no es aquí un gesto de vanidad ni de testamento, sino la forma en que una experiencia individual se vuelve compartida. El libro insiste en ello desde el primer poema, cuando afirma que «al transformar un signo nuestro en signo compartido / propiciamos un arribo de persona».

Avecillas, poeta, dramaturgo y cantautor con una trayectoria extensa en Ecuador y en España, construye aquí una poética en acto: un libro que piensa la poesía mientras la ejerce. El epígrafe general, de Friedrich Nietzsche, marca la dirección: «Uno debe dar valor a su existencia tratándola como si fuese una obra de arte». A partir de ahí, cada sección explora una dimensión distinta de esa idea: la escritura como salvación, el cuerpo y el instinto, la persona frente a la masa, la vida del artista, la subjetividad, el conjuro, el diálogo con el tú y, por último, la gratitud hacia otras voces.

El resultado es un poemario de pensamiento, de tono afirmativo y de ritmo envolvente, que exige al lector una lectura lenta y que recompensa esa lentitud con fórmulas de gran capacidad de memoria.

Estructura y arquitectura del poemario

El libro se organiza en ocho partes numeradas con romanos: I. Sálvate; II. Espíritu y animal; III. Decir persona; IV. Vida de artista; V. Subjetividad objetivada: claridad y tormenta; VI. Conjuro y excelencia; VII. Dejarse decir; VIII. Supervivencia poética: materia y gratitud. Cada parte se abre con dos epígrafes, y la regla es constante: una voz contemporánea, en muchos casos del entorno cercano del autor, junto a una voz canónica de la tradición universal. Así, Mar Marco dialoga con Anne Sexton, Maribel Prieto con Wislawa Szymborska, Anita Lobejona con Jacques Lacan o Elena Bagazgoitia González con Kobayashi Issa. Esa simetría anticipa una de las ideas centrales del libro: la poesía no distingue jerarquías entre quienes escriben.

Cada parte tiene además su propia forma. La primera reúne trece poemas titulados con la fórmula «PARA» seguida de un verbo (encontrar, adquirir, pensar, propiciar, gozar, resistir, amar, servir, adorar, ser, conseguir, cortejar, sobrevivir), y cada uno de ellos se divide en dos movimientos: un poema desarrollado y un breve cierre de carácter aforístico que casi siempre comienza con la estructura «No es que…». La segunda parte se compone de ocho secciones numeradas articuladas por la palabra «alarido». La tercera está escrita en prosa poética, con títulos que comienzan con frecuencia por «DECIR». La cuarta vuelve al verso y se organiza en torno a sustantivos abstractos precedidos de artículo: el talento, la necesidad, la vocación, la soledad, la salvación. La quinta prescinde de las mayúsculas iniciales y abre sus poemas en minúscula, como si continuaran una conversación ya empezada. La sexta y la séptima vuelven a la numeración y se construyen sobre la anáfora. La octava, finalmente, es un tejido de citas ajenas: trece pares de epígrafes en los que el poeta cede por completo la palabra.

Esta arquitectura progresa de lo íntimo a lo compartido. El libro empieza en la pregunta por la escritura y termina en el silencio agradecido del autor ante otras voces. El tránsito está calculado: el último poema propio del libro concluye con «en el poema queda escrito tú», y lo que sigue ya no es la voz de Avecillas, sino la de los demás.

Voz poética y perspectiva

La voz dominante del libro es la primera persona del plural. Avecillas escribe desde un «nosotros» que incluye a los artistas, a los lectores y, en sentido amplio, a cualquier persona que haya necesitado decir algo para seguir existiendo. Desde el primer poema esa voz habla en nombre de una comunidad: «No es que escribamos para ser amados, escribimos / porque ya hemos sido amados».

Ese plural no anula al individuo; lo pone en relación. El libro reflexiona de manera explícita sobre el pronombre «yo» y lo trata como un lugar de paso. En la cuarta parte, el estribillo «Nadie dice yo» se repite con variaciones hasta concluir en «Nadie dice yo / diciendo solamente yo». En la primera, el poema PARA SER lo formula de manera aún más radical: «el tú nunca es un tú, / es un atajo».

La voz es, además, una voz que piensa. Abundan las construcciones definitorias, las oposiciones y las reformulaciones. El poeta no describe escenas ni cuenta anécdotas: elabora proposiciones. Sin embargo, esas proposiciones nunca son frías, porque vienen ancladas en el cuerpo, la infancia y el amor. Cuando el libro recuerda la niñez, lo hace con una imagen de enorme sencillez: «cuando éramos niños jugábamos la tarde entera / y nadie estaba muerto».

En la séptima parte, la perspectiva se desplaza definitivamente hacia el otro. El pronombre «tú» se convierte en el eje de todos los poemas, y la voz plural se resuelve en una invocación: «Tú, diciéndote con todos los lenguajes. / Tú, diciéndote con lo que todos sueñan.»

Temas centrales

El primer gran tema del libro es la poesía como supervivencia. El poema que cierra la primera parte lo dice sin rodeos: «Si los tiempos / son difíciles para la poesía / son difíciles para la supervivencia». La escritura no aparece como ornamento ni como oficio, sino como condición de posibilidad de una vida plena. El libro insiste en que el arte no salva en sentido mágico: «El arte no nos salva, / nosotros tampoco», pero sostiene al mismo tiempo que en el poema algo resiste.

El segundo tema es la existencia afirmada a través de la palabra, que da título al libro. En la tercera parte, el poema TELESCOPIO DE LA FANTASÍA define al artista en esos términos: «Ser artista no es sentirnos acertados y coherentes, es estar gritando “yo existí”». La quinta parte devuelve la idea en clave negativa, en el poema LO QUE DURE, donde la exclamación «¡no existí!» se disuelve en una mirada humilde hacia las cosas.

El tercer tema es la relación entre persona y comunidad. Avecillas no concibe la identidad como algo aislado. En DECIR EL PUEBLO escribe: «Persona es todo lo que un pueblo puede hacer de una persona. Poeta es todo lo que una persona puede hacer de un pueblo». La dedicatoria del libro, dirigida a «los artistas vascos» y a los amigos de «La Cuarta Mesa», refuerza esa dimensión colectiva.

El cuarto tema es el amor, entendido como la forma más alta de encuentro. El poema PARA AMAR lo plantea como una duda fundante: «porque cuando vienen a decirnos amor mío / no sabemos si existimos / o empezamos a existir». Y en la cuarta parte, el amor aparece como la experiencia que permite abandonar la razón sin perderse: «perdemos la razón y nos sentimos salvos».

El quinto tema, muy actual, es la tensión entre lo humano y lo artificial. El libro alude a la inteligencia artificial y a los algoritmos con ironía y con inquietud. En LA SEDUCCIÓN la poesía se define como «una inteligencia artificial / que se hace más con la emoción / que con la inteligencia», y en FELICIDAD SIN PARECERSE el deseo es explícito: «ojalá que cuando más necesitemos, / nos atienda una persona / y no una máquina».

Recursos estilísticos y técnica poética

El recurso más característico del libro es la anáfora. Avecillas construye muchos de sus poemas sobre la repetición de una fórmula inicial que va acumulando sentidos. La más reconocible es la pregunta retórica sin signos de interrogación: «Qué, sino reinterpretarse es la escritura, / Qué, sino fundarse y refundarse». Otras series anafóricas recorren el libro entero: «Tanto hemos batallado», «Tanto hemos denunciado», «Tanto hemos entregado» en PARA RESISTIR; «Echamos a perder» en los cierres de la prosa poética; «Y si escribiésemos mejor» en la sexta parte; «Finalmente» en la séptima.

El segundo recurso es la estructura aforística de corrección. En casi todos los poemas de la primera parte, el segundo movimiento corrige una idea recibida con la fórmula «No es que» seguida de una rectificación: «No es que los artistas sean espejos, / son ventanas, / para que los que se van a amar se vean llegar». Este mecanismo convierte cada poema en una pequeña refutación y da al libro un tono de pensamiento en marcha.

El tercer recurso es el paralelismo con oposición. El poeta enfrenta términos de manera simétrica para revelar una diferencia: «Para la moral publicitada primero es el pan. / Para la moral poética primero es el hambre». O, en ESCULTURA INDIVIDUAL: «La psiquis siente sin saber» frente a «El mármol sabe sin sentir».

El cuarto recurso es la metáfora identificativa, que equipara dos realidades sin mediación. En PARA GOZAR el árbol y la persona se funden: «son lo mismo brazo o rama, / sudor o savia, / corteza o piel». En PARA CONSEGUIR, la palabra «campo» va acumulando sentidos hasta cerrar el poema con «la fe poética / es el campo».

El quinto recurso es el estribillo de cierre. En la quinta parte, el primer y el último poema terminan con los mismos versos: «claro que la perfección existe, / se llama / olvidar». La repetición convierte la sección en un círculo y otorga a esa afirmación paradójica el peso de una conclusión.

Tradición e influencias

Los epígrafes son la vía más fiable para situar el libro en una tradición, porque son las voces que el propio autor convoca. Entre ellas figuran Friedrich Nietzsche, Anne Sexton, Aristóteles, Wislawa Szymborska, Jacques Lacan, Kobayashi Issa, Liliana Bodoc, Roberto Manzano y Farid ud-Din Attar, y en la octava parte Mary Oliver, Walter Benjamin, Virginia Woolf, Joseba Sarrionandia, Hans Magnus Enzensberger, Charles Wright, Dostoyevski, Gianni Rodari, Antonio Porchia, Rumí y Antonio Machado, entre otros.

La presencia de Antonio Porchia es especialmente significativa, porque la forma breve y sentenciosa de muchos cierres del libro guarda afinidad evidente con la tradición del aforismo poético en lengua española. Es probable que el lector reconozca también parentescos con la poesía de pensamiento hispanoamericana, aquella que hace de la reflexión sobre el lenguaje y la existencia su materia principal. No se trata de imitación: la voz de Avecillas mantiene un ritmo propio, más expansivo y más oral, que puede relacionarse con su trayectoria como cantautor y dramaturgo.

La otra tradición que el libro reivindica es la de la comunidad poética viva. Los epígrafes de autores contemporáneos y la dedicatoria a «los artistas vascos» indican que Avecillas escribe desde una red de afectos y lecturas concreta, y que concibe la poesía como conversación entre iguales y no como monumento solitario.

Interpretación global

Leído en su conjunto, El arte de decirnos existí es un tratado lírico sobre la necesidad de la poesía. Su movimiento va de la pregunta a la entrega: comienza preguntándose qué es la escritura y termina cediendo la palabra a los demás. Entre ambos extremos, el libro recorre el cuerpo, la identidad, el amor, la época tecnológica y la muerte, y siempre vuelve a la misma intuición: la palabra poética es el lugar donde una persona se encuentra con otra.

En el poema LA ECONOMÍA, Avecillas lo dice con una claridad que podría servir de resumen: «Lo que se une en el poema, / no es un símbolo con otro símbolo, / es una persona con otra». Y en DECIR Y OCASIONAR lleva la idea al extremo cuando afirma que «un poema es el lector siendo el poema». La poesía, en esta concepción, no pertenece a quien la escribe, sino a quien la necesita.

La conclusión del recorrido propio del autor, en la séptima parte, es la apertura total al otro: «Y aunque no se salve nadie, / en el poema queda escrito tú». El libro no promete salvación, pero sí la certeza de que algo queda escrito y, por tanto, compartido.

Conclusión

El arte de decirnos existí es un libro de madurez, coherente en su arquitectura y ambicioso en su planteamiento. Su mayor virtud es la capacidad de convertir el pensamiento en música verbal: las anáforas, los paralelismos y las fórmulas aforísticas no son adornos, sino la forma misma en que el libro razona. Su exigencia, que es también su riesgo, es la densidad conceptual: no es un poemario para leer de corrido, sino para volver a él.

Para el lector interesado en la poesía como forma de pensamiento, en la relación entre arte y vida o en la pregunta por lo humano en una época dominada por las máquinas, el libro ofrece un recorrido sólido y con voz propia. Ediciones Rilke incorpora con este título una obra que defiende, con convicción y sin ingenuidad, que decir «existí» sigue siendo un acto necesario.