LIBERTAD, de Silvia Cubeles Vaquero:
el testimonio como forma poética
Ficha técnica
Título: Libertad | Autora: Silvia Cubeles Vaquero | Editorial: Editorial Poesía eres tú | Año: 2026 | ISBN: 979-13-87806-39-2 | Páginas: 60 composiciones
Presentación
Silvia Cubeles Vaquero (Mataró, 1994) es poetisa, actriz, cantante, compositora y bailarina. Formada en las mejores escuelas de escritura de Barcelona, llega a Libertad después de poemarios como Sintiéndote, Revoltijo y Versos de fuego. Pero este libro es diferente: es el libro que no podía no escribirse. El testimonio de dos años de vida entre rejas, de un amor que derivó en proceso judicial, de la cárcel al psiquiátrico y del psiquiátrico al mar.
La tesis de esta crítica es que Libertad no es solo un libro de poemas con trasfondo autobiográfico: es un proyecto formal deliberado donde la crudeza del testimonio genera su propia poética. Y que esa poética resulta literariamente eficaz precisamente por su renuncia a la distancia lírica.
El proyecto poético
La primera decisión formal de Libertad es la más importante: el libro no se divide en secciones. Los sesenta poemas se suceden sin carteles que organicen el itinerario. Esta renuncia es una estrategia: reproduce la experiencia temporal del encierro, donde la distinción entre etapas (prisión, psiquiátrico, permiso, libertad) se difumina en una cotidianidad de espera sin horizonte preciso.
La segunda decisión es la alternancia entre el castellano y el catalán. Los poemas en lengua catalana —SOL, A PRESÓ, AL MARÇ, NO TENS PERDÓ, entre otros— no se agrupan sino que se intercalan, y tienden a concentrar los momentos de mayor intimidad o reflexión. «A presó separada / del meu pare / i de la meva gossa, / lluny de casa. / A presó per culpa / d’un monstre / al que no hauria / d’haver estimat tant» (poema 6). La lengua materna como refugio dentro del encierro.
La tercera decisión es la interpelación directa al «tú». El libro habla con alguien: el expareja que la denunció, la libertad personificada, el juez implícito, el lector. Este «tú» múltiple convierte el testimonio en diálogo, en confrontación, en plegaria.
La voz poética
La voz de Libertad es inconfundible en su registro: primera persona, presente o pasado inmediato, sin ornamento. «Yo que nunca había pisado / una comisaría, / yo que no sabía ni donde estaba / la ciudad de la justicia, / ahora me veo en calabozos, / esposada dentro de un coche patrulla, / y en prisión» (poema 10). La anáfora de «yo que» construye el arco del inocente que aprende a golpe de proceso judicial.
La ironía aparece como recurso de supervivencia. En el poema 5: «Soy tan peligrosa / y tan mala / que tu mejor solución / ha sido encarcelarme». La voz adopta la acusación del otro y la hace explotar. En el poema 15: «Estrenando películas, / protagonizando series, / y ganando premios. / Qué gran vida tienes / mientras me destrozas / a mí la mía». El sarcasmo ante la impunidad del otro es, también, una forma de dignidad.
Los recursos formales
El verso libre de línea corta es la forma dominante. Silvia Cubeles trabaja con unidades mínimas de sentido que fuerzan el silencio entre verso y verso. «Cara rajada. / Me miro al espejo / y siempre estás ahí. / Cicatriz imborrable» (poema 46): cuatro versos, cuatro golpes. La brevedad es urgencia formalizada.
La anáfora es el recurso constructivo central: «No podrás conmigo, / no vas a derrumbarme» (poema 3); «No ens podem parlar. / No ens podem mirar. / No ens podem tocar» (poema 7). La repetición no es ornamento; es estrategia de resistencia. Nombrar lo mismo muchas veces es no dejar que desaparezca.
El campo semántico del encierro —rejas, prisión, celda, condena, monstruo— se opone al de la liberación —mar, viento, playa, respirar. Esta dialéctica semántica sostiene la arquitectura del libro y hace que el poema final, LIBERADA («El viento despeinando mi pelo, / el coche que me lleva lejos, / bajar la ventanilla, respirar»), tenga la fuerza de una resolución literaria.
El poema comentado: CENTRO PENITENCIARIO (41)
Llueve en el patio.
Por un momento
dejas de estar
encerrada. Lo olvidas
unos segundos.
Te mojas.
Llueve y el cielo cae sobre ti.
No estás privada de libertad.
No del todo.
CENTRO PENITENCIARIO es el poema más breve y más perfecto del libro. En nueve versos, Silvia Cubeles hace lo que la poesía hace mejor que ningún otro género: instalar al lector en un momento de tiempo con tal precisión que el momento deja de ser anécdota y se convierte en verdad universal.
La técnica es la del haiku: un elemento natural (la lluvia) que suspende temporalmente la categoría en la que el sujeto está atrapado. «No estás privada de libertad. / No del todo.» La negación doble —la segunda más tentativa, el «no del todo» que matiza sin negar— es el movimiento más sofisticado del libro. La libertad no es absoluta ni en la prisión ni fuera de ella. Y la lluvia, por un momento, lo demuestra.
Valoración crítica
Libertad de Silvia Cubeles Vaquero es un libro que se gana el derecho a existir por la radicalidad de su propuesta: escribir desde dentro de la experiencia, sin red, sin distancia que suavice los bordes. No es el libro más elegante de 2026, pero sí uno de los más honestos y, en su honestidad, uno de los más literariamente necesarios.
Su lugar en la conversación poética contemporánea es el de la escritura testimonial de nueva generación: influenciada por la cultura pop (La Rosalía, Pau Vallvé, el cine), bilingüe sin pedantería, directa sin ser simplista. Un libro que amplía el mapa de lo que puede ser un poemario en castellano —y en catalán— en 2026.









