Crítica Literaria
Roberto Pepió Martínez · Ediciones Amaniel, 2026
“Lo que veo mientras duermo” se sitúa en territorio exigente: el del thriller psicológico que aspira a alcance literario sin renunciar a la intriga de trama. Roberto Pepió Martínez logra ese equilibrio mediante una propuesta que interroga la naturaleza misma de la percepción confiable en contexto de urgencia institucional. La novela abre con dos escenas paralelas que ocurren en la misma hora: Beatriz, estudiante de medicina, estudiando para un examen; y Álex Marrero, en estado de parálisis del sueño, “viviendo” un crimen. Que ambas escenas sean reales —aunque en planos distintos de la realidad— es la apuesta central del libro.
El thriller como forma de análisis moral
La novela rechaza la separación entre thriller y literatura seria. En lugar de ofrecer crimen como puro mecanismo de suspensión narrativa, Pepió lo utiliza como lente para examinar cómo el aparato institucional —en este caso la policía— se vuelve cómplice de lo que investiga. El thriller deviene vehículo para análisis de poder: quién sabe qué, quién puede actuar sobre ese conocimiento, quién elige no actuar. La presencia de Roldán, inspector mayor que “ya lo ha visto casi todo” y cuya complicidad nunca es plenamente demostrada, encarna esta dimensión política. No es explícita sino emergente de las decisiones narrativas.
La ambigüedad como propuesta ética
La pregunta que Álex se formula a las 3:02 —«¿Y si no estoy soñando? ¿Y si lo que veo está pasando de verdad?»— es también la pregunta ética central de la novela: ¿qué responsabilidad tiene quien cree saber algo pero no puede probarlo? Pepió no resuelve la pregunta. Es la decisión más valiente del libro. El lector llega al final sin certidumbre plenamente ganada, lo que resulta más auténtico que cualquier revelación tranquilizadora. En sistemas donde el poder está distribuido y la corrupción es sistémica, no hay perspectiva desde la que toda claridad sea posible.
Estabilidad narrativa como problema
Un riesgo del thriller psicológico es la tentación de resolver la ambigüedad mediante revelación final. Pepió resiste esta tentación. La novela termina sin certidumbre plenamente ganada; algunos eventos permanecen en ambigüedad deliberada. Esta decisión es arriesgada —algunos lectores la encontrarán frustrante— pero defensible: la propuesta moral del libro reside en la imposibilidad de resolución. El silencio de Roldán al final no es olvido del autor; es la respuesta más honesta al problema que el libro plantea.
Debilidades técnicas menores
Si existen aspectos susceptibles de mejora, residen en ciertos pasajes donde la prosa se vuelve expositiva. Hay momentos donde Pepió necesita comunicar información compleja sobre dinámicas policiales previas, y algunas de estas explicaciones rompen ligeramente el ritmo que el resto del libro mantiene con tanta eficacia. Asimismo, hay un personaje secundario cuya función en la trama podría haberse integrado más orgánicamente. Estos son detalles menores en el contexto de una obra de ambición clara.
Contexto en la tradición española y valoración
En la tradición española del thriller psicológico y la novela negra, “Lo que veo mientras duermo” establece voz propia. Pepió no es imitador de referencias foráneas sino escritor que ha asimilado la tradición del género en lengua española e inglesa y produce desde esa síntesis una propuesta que suena contemporánea. La novela ocupa un espacio específico en el catálogo actual: no es thriller comercial ni prosa experimental autorreferencial. Es thriller de pretensiones literarias que respeta ambos términos del hífen. Para lectorado que busca intriga de calidad sin renuncia a la densidad psicológica, es propuesta rigurosa y bien construida.





