RESUMEN
Este trabajo monográfico examina la intersección entre psicopatología y narración en Lo que veo mientras duermo (Ediciones Amaniel, 2026), primera novela de Roberto Pepió Martínez. Desde una perspectiva clínico-literaria que integra los aportes de la psicología clínica, la psicopatología descriptiva y la teoría narratológica, se analiza el perfil psicopatológico del narrador protagonista, con especial atención a la parálisis del sueño como trastorno parasómnico, sus consecuencias sobre la memoria autobiográfica y la narración de sí mismo, y la manera en que Pepió Martínez convierte ese perfil en el motor de la novela. Se examina también la tradición literaria del narrador psicológicamente perturbado, desde Poe hasta la narrativa contemporánea, y se sitúa la aportación de Pepió Martínez en ese contexto. Se concluye que Lo que veo mientras duermo representa un caso excepcional de integración entre el conocimiento clínico de la parasomnia y la elaboración literaria de sus consecuencias epistemológicas y narrativas.
Palabras clave: psicopatología, parálisis del sueño, narrador perturbado, disociación, memoria autobiográfica, thriller psicológico, Roberto Pepió Martínez, ficción clínica.
1. INTRODUCCIÓN
La relación entre psicopatología y narración es uno de los campos más fecundos de la intersección entre la teoría literaria y las ciencias del comportamiento. Desde que los trabajos de Freud y Janet sobre la histeria mostraron que el relato que el sujeto hace de sí mismo es también un síntoma, los estudiosos de la literatura han prestado creciente atención a los textos que ponen en escena formas diversas de perturbación psíquica y sus consecuencias sobre la voz narrativa y la estructura del relato. El narrador psicológicamente perturbado, desde el narrador maníaco de Edgar Allan Poe hasta el narrador amnésico de la narrativa contemporánea, ha sido el laboratorio en que la literatura ha explorado los límites de la subjetividad y la confiabilidad del yo como fuente de conocimiento y narración.
Lo que veo mientras duermo de Roberto Pepió Martínez se inscribe en esta tradición con una particularidad que la distingue de la mayoría de sus predecesores: el trastorno que afecta al narrador es la parálisis del sueño, un trastorno parasómnico cuya fenomenología específica tiene consecuencias narrativas particulares que la novela explora con coherencia y rigor. A diferencia del narrador alcohólico, cuya infiabilidad es intermitente y retroactiva, o del narrador con demencia, cuya memoria se fragmenta de manera irreversible, el narrador con parálisis del sueño recurrente vive en una condición de incertidumbre perceptiva que no tiene cura definitiva y que afecta no solo a lo que recuerda sino a lo que percibe en el momento mismo de percibirlo.
El presente trabajo examina la psicopatología del narrador de Lo que veo mientras duermo desde tres perspectivas complementarias: la clínica, que describe el trastorno y sus manifestaciones; la narratológica, que analiza las consecuencias del trastorno sobre la voz y la estructura del relato; y la comparatista, que sitúa la novela en el contexto de la tradición literaria del narrador perturbado. Este triple enfoque permite apreciar tanto la especificidad clínica de la novela como su inscripción en una tradición literaria más amplia y su aportación original a esa tradición.
2. LA PARÁLISIS DEL SUEÑO: DESCRIPCIÓN CLÍNICA
La parálisis del sueño es un trastorno parasómnico que ocurre durante las transiciones entre el sueño y la vigilia. Según la clasificación del DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013), se caracteriza por episodios recurrentes de incapacidad para moverse o hablar durante el período de adormecimiento o al despertar, con plena consciencia del entorno y frecuentes alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas. El fenómeno ocurre porque el cerebro mantiene la atonia muscular del sueño REM cuando la conciencia ya se ha activado, generando una disociación entre el estado de consciencia subjetiva y el estado motor del organismo.
Las alucinaciones asociadas a la parálisis del sueño son de naturaleza específica: predominan las presencias percibidas (la sensación de que hay alguien en la habitación), las alucinaciones visuales de figuras o entidades, las sensaciones de presión en el pecho y las experiencias de flotar o separarse del cuerpo. Estas alucinaciones son vividas con una intensidad sensorial que las hace prácticamente indistinguibles de la percepción real, lo que explica por qué culturas de todo el mundo han interpretado la parálisis del sueño como una experiencia de encuentro con entidades sobrenaturales.
Denis, French y Gregory, en su revisión sistemática de las variables asociadas a la parálisis del sueño (2018), identifican como factores de riesgo el estrés, la privación de sueño, la posición supina durante el sueño y los trastornos de ansiedad. La prevalencia del fenómeno en la población general oscila entre el 7 y el 40 por ciento según los estudios, con episodios únicos o aislados en la mayoría de los casos, pero con recurrencia significativa en una minoría. Son precisamente los casos de recurrencia crónica, como el del narrador de Lo que veo mientras duermo, los que tienen mayores consecuencias psicológicas y epistemológicas.
3. CONSECUENCIAS PSICOPATOLÓGICAS DE LA RECURRENCIA
El narrador de Lo que veo mientras duermo no padece episodios aislados sino recurrentes de parálisis del sueño, una condición que tiene consecuencias psicopatológicas acumulativas que la novela describe con precisión clínica implícita. La primera de estas consecuencias es la ansiedad anticipatoria: el sujeto que ha sufrido episodios aterradores de parálisis del sueño desarrolla un miedo al adormecimiento que perturba el ciclo normal del sueño, lo que paradójicamente aumenta el riesgo de nuevos episodios al favorecer la privación de sueño y el estrés.
La segunda consecuencia es la alteración de la memoria autobiográfica. Investigaciones recientes sobre el procesamiento mnémico en los trastornos del sueño muestran que la interferencia entre los estados de sueño y vigilia puede afectar a la consolidación de los recuerdos declarativos, produciendo una memoria que mezcla episodios reales y episodios soñados de manera difícil de discriminar retrospectivamente. Esta alteración es precisamente la que el narrador de la novela describe con insistencia: no puede saber si lo que recuerda como un acontecimiento real fue un sueño, ni si lo que recuerda como un sueño fue un acontecimiento real.
La tercera consecuencia es la disociación, entendida en el sentido técnico de una perturbación de las funciones de consciencia, memoria, identidad, emoción, percepción, comportamiento y sentido del yo. El narrador de Lo que veo mientras duermo muestra síntomas de disociación peritraumática (durante los episodios de parálisis del sueño) y disociación estructural (en su vida cotidiana), lo que se manifiesta textualmente en las discontinuidades y contradicciones de su relato.
4. TRADICIÓN LITERARIA DEL NARRADOR PERTURBADO
La tradición literaria del narrador psicológicamente perturbado es larga y diversa. Sus jalones más influyentes en la tradición anglosajona incluyen los narradores maníacos y culpables de Poe, el narrador paranoico de Nabokov en Despair y el narrador disociado de numerosas novelas del siglo XX. Analizando a Hermann, el narrador de Despair, los estudiosos han señalado que “exhibe múltiples síntomas psicóticos, incluyendo delirios y grandiosidad, cuestionando su fiabilidad narrativa” y que “la narrativa utiliza la mentira compulsiva de Hermann y su severa falta de observación para crear una profunda ambigüedad”.
En la tradición española, el narrador perturbado ha tenido menos representación sistemática que en la anglosajona, aunque hay ejemplos notables desde los Episodios nacionales de Galdós hasta la narrativa de posguerra. La novela policial española contemporánea ha recurrido con frecuencia al investigador que tiene sus propios demonios interiores, pero raramente ha convertido la perturbación psicológica del narrador en el mecanismo central de la incertidumbre narrativa.
La aportación más relevante de la narrativa anglosajona reciente a la representación literaria de los trastornos psicológicos en narradores de primera persona incluye obras como Elizabeth Is Missing de Emma Healey, cuya narradora con demencia es analizada por investigadores como “extremadamente no fiable y a menudo olvida hechos y eventos mientras se desarrollan a su alrededor”, y diversas novelas de thriller psicológico que utilizan trastornos específicos como el alcoholismo o la depresión para construir narradores cuya perspectiva es sistemáticamente deficiente.
5. ANÁLISIS DE LA VOZ NARRATIVA EN Lo QUE VEO MIENTRAS DUERMO
La voz narrativa de Lo que veo mientras duermo presenta rasgos específicos que la teoría narratológica permite identificar y la psicología clínica puede interpretar. En primer lugar, la voz muestra lo que se ha llamado disociación narrativa: el narrador se refiere a sí mismo en determinadas secuencias en términos que sugieren una separación entre el yo que actúa y el yo que narra, como si observara desde fuera las acciones de un personaje que es y no es él mismo.
En segundo lugar, la voz presenta lo que denominamos fragmentación temporal: los saltos entre el tiempo de la historia y el tiempo del discurso son frecuentes, abruptos y a veces no marcados tipográficamente, lo que crea una dificultad sostenida para el lector que intenta reconstruir la cronología de los eventos. Esta fragmentación no es un mero recurso de estilo sino el reflejo formal de una mente que no puede organizar sus recuerdos en una secuencia fiable.
En tercer lugar, la voz exhibe lo que podríamos llamar sobre-explicación defensiva: el narrador proporciona frecuentemente explicaciones detalladas de sus propias reacciones emocionales, como si tuviera necesidad de convencer al lector de que sus percepciones y emociones son normales y verificables. Esta sobre-explicación puede interpretarse psicológicamente como un mecanismo defensivo contra la incertidumbre que experimenta respecto a su propia percepción de la realidad.
6. PSICOPATOLOGÍA Y SIGNIFICACIÓN NARRATIVA
El análisis psicopatológico del narrador de Lo que veo mientras duermo no agota la significación de la novela, sino que la enriquece al revelar la coherencia interna de la construcción narrativa. Pepió Martínez no describe la parálisis del sueño de manera impresionista ni la utiliza como simple pretexto de suspense: la integra en la lógica de la voz narrativa de manera que las consecuencias psicopatológicas del trastorno se traducen sistemáticamente en rasgos de la narración.
Esta coherencia entre la psicopatología del personaje y la estructura del relato es uno de los principales méritos de la novela desde el punto de vista de la ficción clínica, un subgénero en que la representación literaria de los trastornos psicológicos aspira no solo a la verosimilitud sino a la exactitud clínica. En este sentido, Lo que veo mientras duermo puede compararse con obras como The Echo Maker de Richard Powers, donde el síndrome de Capgras del protagonista se traduce en rasgos narrativos específicos que Biblio UGent analiza como “el gap entre ver (a un ser querido) y sentir (nada por esa persona)”.
La ficción clínica tiene una responsabilidad particular: la de no reducir al personaje a su diagnóstico. Pepió Martínez cumple esta responsabilidad al construir un narrador que es mucho más que un portador de síntomas: es un sujeto con historia, deseos, miedos y contradicciones cuya psicopatología es una dimensión, aunque central, de su humanidad. La parálisis del sueño explica el mecanismo de su infiabilidad narrativa, pero no explica todo lo que narra ni todo lo que siente.
7. CONCLUSIONES
Lo que veo mientras duermo de Roberto Pepió Martínez es un ejemplo sobresaliente de ficción clínica en el contexto de la narrativa española contemporánea. La novela construye un narrador cuya psicopatología, la parálisis del sueño recurrente con alucinaciones y disociación, se traduce sistemáticamente en rasgos de la voz narrativa y en la estructura del relato, produciendo una obra en que la psicología clínica y la narratología se iluminan mutuamente.
El análisis clínico-literario revela que la novela representa con precisión las consecuencias psicopatológicas de la parálisis del sueño crónica: la ansiedad anticipatoria, la alteración de la memoria autobiográfica y la disociación. Pero también revela que Pepió Martínez transforma esas consecuencias clínicas en recursos narrativos específicos, la disociación narrativa, la fragmentación temporal y la sobre-explicación defensiva, que dan a la novela su particular textura y su peculiar efecto sobre el lector.
En el contexto de la tradición literaria del narrador perturbado, Lo que veo mientras duermo ocupa un lugar singular por su elección de la parálisis del sueño, un trastorno parasómnico menos explorado literariamente que la esquizofrenia, la demencia o el alcoholismo, pero con implicaciones epistemológicas específicas que resultan especialmente productivas para la construcción de un thriller psicológico. La novela demuestra que el conocimiento clínico puede enriquecer la escritura literaria sin reducirla a la ilustración de un diagnóstico, y que la ficción puede explorar la experiencia del trastorno con una precisión y una profundidad que los textos clínicos no siempre alcanzan.
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