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La inteligencia artificial como tema lírico: poéticas de resistencia tecnológica en la poesía española (2020-2026)

García Pérez-Tomás, Andrés. «Monografía académica: la inteligencia artificial como tema lírico: poéticas de resistencia tecnológica en restauración de la belleza de josé carlos turrado de la fuente. metáfora, estribillo y clasicismo métrico como formas de resistencia ante la IA en la poesía española (2020-2026)». RESTAURACIÓN DE LA BELLEZA. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 27 de febrero de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18807937

La inteligencia artificial como tema lírico: poéticas de resistencia tecnológica en la poesía española (2020-2026)

Monografía académica

José Carlos Turrado de la Fuente. Restauración de la belleza. Madrid: Ediciones Rilke, 2026. ISBN 978-84-18566-66-0.

Advertencia preliminar

La presente monografía estudia un corpus cerrado de cuatro poemas del poemario Restauración de la belleza, de José Carlos Turrado de la Fuente (Ediciones Rilke, Madrid, 2026), todos los cuales tienen como elemento estructural el rechazo explícito de la inteligencia artificial. El análisis se basa en la lectura íntegra del documento y en citas textuales precisas, sin paráfrasis. No se incluye ningún dato que no proceda del texto o de fuentes verificadas.

Capítulo I. Introducción: la tecnología como tema lírico

La poesía ha tematizado la técnica desde sus primeras manifestaciones escritas. La épica homérica cantó los ingenios de Hefesto, el herrero divino; el De rerum natura de Lucrecio convirtió la materia y su movimiento en objeto de contemplación poética; el futurismo de principios del siglo XX convirtió la máquina en símbolo de vitalidad y progreso. Sin embargo, el rechazo de la técnica como tema lírico tiene una historia igualmente larga y, en ciertos sentidos, más profunda: desde las elegías pastoriles de Virgilio hasta el romanticismo inglés de Blake y Keats, la poesía ha propuesto la naturaleza y el cuerpo como antídotos de la mecanización del mundo.

En el siglo XXI, la discusión sobre la tecnología ha adquirido una dimensión inédita con la irrupción de los sistemas de inteligencia artificial capaces de generar texto, imagen y música con una verosimilitud que cuestiona los límites de la creatividad humana. Esta irrupción ha provocado en algunos poetas una reacción que no es solo filosófica o política sino profundamente lírica: el rechazo de la inteligencia artificial como degradación de la experiencia creativa y como amenaza a la autonomía del pensamiento humano. El caso más articulado, consistente y literariamente desarrollado de esta reacción en la poesía española reciente es el de José Carlos Turrado de la Fuente en Restauración de la belleza.

El poemario incluye cuatro composiciones numeradas (los poemas 4, 10, 18 y 64) en las que el rechazo de la inteligencia artificial ocupa el lugar estructuralmente más relevante: el verso de cierre. En cada uno de estos cuatro poemas, la frase «di NO a la ‘inteligencia artificial’» o una variante próxima actúa como colofón de un argumento que el poema ha desarrollado con diversas estrategias retóricas. Este procedimiento convierte el rechazo en un estribillo de resonancia casi litúrgica que atraviesa el libro de principio a fin.

La presente monografía estudia estos cuatro poemas desde tres ángulos complementarios. En primer lugar, describe cómo el poemario transforma la polémica sobre la inteligencia artificial en imagen poética y argumento lírico. En segundo lugar, identifica las tradiciones literarias y filosóficas de rechazo al maquinismo que el texto convoca. En tercer lugar, examina si esta postura ideológica es compatible con el clasicismo métrico que define la mayor parte del libro.

 

 

 

Capítulo II. Los cuatro poemas anti-IA: análisis textual detallado

II.1. Poema 4: la pandemia del exterminio silencioso

El poema 4 es la primera de las cuatro composiciones anti-IA del libro y la que establece el vocabulario retórico que los tres poemas siguientes desarrollarán y modificarán. El poema está compuesto en dieciséis endecasílabos distribuidos en cuatro cuartetas con asonancia variable en los versos pares: la primera cuarteta rima en -ón (población / atención), la segunda en -os (monstruo / vosotros), la tercera en -io (resquicio / maleficio) y la cuarta en -al/-ad (oportunidad / artificial). Esta variación de la asonancia por cuarteta produce el efecto de un discurso que avanza argumentativamente, modulando su tensión sonora conforme se acerca al nombre propio del último verso. La estructura del poema es la del monólogo de advertencia, con un yo lírico que alerta a un interlocutor colectivo («vosotros», «os», «la población») sobre una amenaza invisible y mortífera. El texto completo es el siguiente:

«¡Alarma!, que hay un arma de exterminio / matando libre entre la población, / que cuenta por millones ya las bajas, / no le prestéis oídos ni atención, / silente, ésta es viral, una pandemia, / jamás le abráis las puertas a este monstruo, / no os vendo, yo os regalo la vacuna, / pues la lleváis de siempre con vosotros: / pensad, ¡rediez!, usad la inteligencia, / cerradle hasta el milímetro el resquicio / y así se agotará, por vana, huera, / quizá sin consumar el maleficio. / Es tarde ya, a mí nunca me escuchasteis, / ¿tenemos alguna oportunidad?, / no creas que es la tuya, tiene dueño, / di NO a la ‘inteligencia artificial’.»

El primer rasgo notable de este poema es su estrategia de retraso semántico: la inteligencia artificial no es nombrada hasta el último verso. Todo el poema opera mediante un sistema de equivalencias metafóricas que convierten la IA en un arma de exterminio, una pandemia viral, un monstruo al que no hay que abrir las puertas, y finalmente un maleficio. Esta secuencia de imágenes produce un efecto de acumulación retórica que hace que el nombre propio del último verso resulte, a la vez, revelatorio y confirmatorio: el lector ya sabe de qué se habla antes de que el texto lo diga.

La imagen más desarrollada del poema es la de la pandemia. La palabra «pandemia» tiene en 2026 una carga semántica extraordinaria derivada de la experiencia del COVID-19, y el poeta la usa con plena consciencia de ese peso. La IA es «viral» porque se propaga por contagio, «silente» porque actúa sin hacer ruido, «una pandemia» porque sus bajas se cuentan «por millones». El poema propone asimismo la «vacuna» contra este virus, y esa vacuna es precisamente el pensamiento humano: «pensad, ¡rediez!, usad la inteligencia». La oposición entre la «inteligencia artificial» del verso final y la «inteligencia» humana del verso anterior —«usad la inteligencia»— es el eje semántico del poema: la verdadera inteligencia es la que el ser humano ya posee de siempre («pues la lleváis de siempre con vosotros») y que no necesita de ningún artefacto externo para ser activada.

El tono de este poema es el del profeta que nadie escucha: «Es tarde ya, a mí nunca me escuchasteis». El verso introduce el motivo del vaticinio ignorado, una de las figuras más antiguas de la literatura occidental, presente desde la Casandra homérica hasta el Tiresias de The Waste Land de T. S. Eliot. El yo lírico de Turrado se sitúa en la posición de quien ha advertido el peligro antes que nadie y ha sido ignorado.

II.2. Poema 10: la estrategia del vaciamiento por ignorancia

El poema 10 desarrolla una táctica diferente: no la advertencia urgente del poema 4, sino la prescripción de una estrategia de indiferencia activa. El texto es el siguiente:

«Llenen de inteligencia / humana, de verdad, cada rincón, / que no le quede sitio, / no encuentro otra factible solución, / dolencia es autoinmune, / completa y parasita las ausencias, / se morirá ella sola / si la sangre retorna a nuestras venas; / ignórenla, no existe, / hermanos, por favor, no tengan miedo, / sé que no triunfaré / pero no digan, penitentes, luego / que nadie halló el remedio, / que nadie supo entonces lo que hacer, / yo pierdo, soy poeta, / no llego nunca a tiempo a imponer ley.»

La disposición de los versos en este poema es diferente a la del resto del corpus. El poema alterna versos cortos de siete u ocho sílabas con endecasílabos de terminación aguda, en un patrón que corresponde a la silva arromanzada: combinación libre de heptasílabos y endecasílabos con asonancia en los versos pares. Esta estructura más suelta —frente al período endecasilábico compacto del poema 4— tiene su correlato expresivo: el argumento ya no es el grito de alarma sino la prescripción pausada de un remedio, y el verso más breve que asoma en los impares le da al poema un ritmo de máxima oral, de habla que razona en voz baja.

El núcleo argumental del poema 10 es la proposición de que la IA es una «dolencia autoinmune» que «parasita las ausencias»: se desarrolla allí donde el pensamiento humano deja un hueco, y se destruye a sí misma cuando ese hueco se llena. La imagen médica continúa la del poema 4, pero con un matiz importante: si en el poema 4 la IA era una pandemia exógena que atacaba desde fuera, en el poema 10 es una enfermedad autoinmune, es decir, una patología que el propio organismo genera a partir de sus carencias. La responsabilidad del daño recae ahora parcialmente sobre la víctima: la IA crece en los vacíos que el pensamiento humano abandona.

La prescripción terapéutica que el poema ofrece es la plenitud intelectual: «Llenen de inteligencia / humana, de verdad, cada rincón, / que no le quede sitio». El remedio es la presencia activa de lo humano en todos los espacios de la vida mental. El poema no pide un combate frontal sino una ocupación territorial: si no hay vacío, el parásito no puede instalarse.

El final del poema 10 introduce un elemento de autoconsciencia que no estaba en el poema 4: «yo pierdo, soy poeta, / no llego nunca a tiempo a imponer ley». El yo lírico reconoce su propia derrota estructural. La poesía no puede legislar, no puede imponer su diagnóstico como norma. El poeta es siempre el que llega tarde, el que ha visto el peligro antes que nadie pero no tiene poder para detenerlo. Esta autoconsciencia del fracaso propio —que es el fracaso de la poesía como institución en la sociedad contemporánea— es uno de los temas recurrentes del libro en su conjunto, y en el poema 10 se asocia directamente con la polémica sobre la IA.

II.3. Poema 18: la víctima ignorante y la seducción del artefacto

El poema 18 introduce un interlocutor diferente: ya no es la colectividad anónima de los poemas 4 y 10, sino una persona concreta, identificada como «tú», que ha sido captada por la IA sin saberlo. El texto completo es el siguiente:

«Desde el primer momento ya sabías / que estaba diseñada contra mí, / ¿por qué?, ¿no soy igual yo que cualquiera?, / ¿en qué soy diferente yo de ti?; / no digas, por lo tanto, que es soberbia, / que es vanidad saberme inteligente, / ¿por qué iba yo a sentirme el agredido / por vuestro pérfido, letal juguete? / Poquito a poco, herido, te das cuenta, / el objetivo y víctima eras tú, / no voy a abandonarte, sin embargo, / ni espero tu disculpa y gratitud; / no puedo obrar milagros, sin embargo, / tienes que vacunarte, ¡hala, a empezar!, / a ver qué puedo hacer con tu cerebro: / di NO a la ‘inteligencia artificial’.»

La estructura métrica del poema 18 —dieciséis endecasílabos distribuidos en cuatro cuartetas con asonancia en los versos pares— replica con exactitud la del poema 4. Retoma así el mismo esquema formal del poema inicial del corpus, creando una simetría arquitectónica que subraya la correspondencia temática entre ambos: el primero se dirigía a la colectividad anónima, este se dirige a un individuo concreto, pero el diagnóstico y el imperativo finales son idénticos. El clasicismo del endecasílabo, con su exigencia de escansión precisa y atención sostenida, establece una regularidad rítmica que contrasta productivamente con la urgencia del argumento. El poema habla de la colonización del cerebro pero lo hace con la gravedad solemne del endecasílabo clásico, como si la propia forma fuera en sí misma una demostración de aquello que la IA no puede sustituir: la inteligencia encarnada en el verso.

Este poema establece una relación dialogal entre el yo lírico y un interlocutor que ha usado —o ha permitido que se use— la IA y que al hacerlo ha dañado al propio yo. El tono es el de la reprensión mezclada con la compasión: «no voy a abandonarte, sin embargo, / ni espero tu disculpa y gratitud». El poeta no condena al interlocutor sino que lo rescata: sabe que la víctima real de la IA es el propio usuario («el objetivo y víctima eras tú»), y su propósito no es juzgar sino curar.

La frase «a ver qué puedo hacer con tu cerebro» es uno de los versos más cargados del poema. El «cerebro» aparece como el campo de batalla: la IA se ha instalado en él y el poeta intenta desalojarla. La imagen del cerebro colonizado por un artefacto externo entronca con la tradición filosófica de la crítica al maquinismo que va desde Marx hasta Heidegger: la técnica no es neutral sino que reconfigura la percepción, la memoria y el pensamiento del ser humano que la usa.

II.4. Poema 64: el monstruo que suplanta y vacía

El poema 64 es el más apocalíptico de los cuatro y el que despliega la imagen más completa del daño que la IA puede causar. El texto completo es el siguiente:

«Colmad de inteligencia vuestra vida, / que no quede un resquicio para el monstruo, / es la única posible solución / si pretendéis vivir tras el destrozo; / que muera por inútil, por inane, / ¿no veis que es como un virus que de tontos / saca provecho, come, se alimenta?, / nos ronda, nos suplanta y luego, al poco, / nos deja como un cascarón vacío, / materia a su homicida voluntad, / “no, gracias, voy servido”, respondedle / cuando llame a la puerta, a mendigar. / ¿Que qué tiene de malo?, ¡que no es nuestra!, / inteligencia sí, la de verdad, / per se, serás su súbdito, su esclavo: / di NO a la inteligencia artificial.»

El poema 64 retoma el vocabulario de los tres anteriores y lo lleva a su conclusión más articulada. La imagen del «cascarón vacío» que la IA deja cuando se alimenta de la inteligencia humana es la más eficaz del corpus: el proceso no es solo de colonización sino de vaciamiento. La IA no comparte el espacio mental con el ser humano sino que lo sustituye y lo abandona «como un cascarón vacío». La metáfora del parásito que en el poema 10 era una «dolencia autoinmune» se desarrolla aquí en su consecuencia final: el parásito no solo «come, se alimenta» sino que además «nos suplanta y luego, al poco, / nos deja como un cascarón vacío».

La distinción final entre la «inteligencia artificial» del verso último y la «inteligencia sí, la de verdad» del verso penúltimo retoma la oposición del poema 4, pero ahora con un argumento de propiedad: «¿Que qué tiene de malo?, ¡que no es nuestra!». El problema de la IA no es solo epistemológico —que piense mal o piense poco— sino ontológico y político: la inteligencia artificial no pertenece al ser humano que la usa sino a quien la ha fabricado y la controla («no creas que es la tuya, tiene dueño», decía ya el poema 4). El argumento de la propiedad —la inteligencia humana como bien de origen natural que nadie puede expropiar— es el más original de todo el corpus anti-IA del libro.

El verso «per se, serás su súbdito, su esclavo» introduce la dimensión política más explícita. El uso del latín per se en un poema de registro popular y coloquial es una de las marcas estilísticas de Turrado: la mezcla de registros léxicos como procedimiento de choque. El latinismo crea un efecto de contraste con el «no, gracias, voy servido» del verso anterior, que es expresión coloquial de cualquier bar español. Esta tensión entre lo culto y lo popular, entre el latín y el argot, es característica del Quevedo conceptista y es un procedimiento que el poeta usa de manera sistemática a lo largo del libro.

Capítulo III. La construcción retórica del anti-IA: metáforas, imágenes y figuras

III.1. El campo metafórico de la enfermedad

El análisis de los cuatro poemas revela que el campo metafórico dominante para representar la IA es el de la enfermedad. En el poema 4, la IA es una «pandemia», algo «viral» y un «arma de exterminio»; en el poema 10, una «dolencia autoinmune» que «parasita»; en el poema 64, un «virus que de tontos / saca provecho, come, se alimenta». Esta coherencia metafórica no es accidental: el vocabulario epidemiológico permite al poeta articular la amenaza de la IA como un fenómeno de contagio masivo, de propagación silenciosa y de daño orgánico que afecta al cuerpo social en su conjunto.

La elección del vocabulario epidemiológico en 2026 tiene una carga histórica precisa, derivada de la experiencia reciente del COVID-19. El lector de Restauración de la belleza no puede leer la palabra «pandemia» sin activar ese depósito de memoria colectiva. Al usar el vocabulario de la pandemia para describir la IA, el poeta realiza una operación de transferencia semántica que convierte el miedo al virus biológico en miedo al virus intelectual. La vacuna que se ofrece en el poema 4 —el pensamiento humano— es el equivalente lírico de las vacunas biológicas que la humanidad usó para combatir el COVID: un bien ya presente en el propio organismo que solo necesita ser activado.

III.2. El campo metafórico del animal predador

Un segundo campo metafórico, menos explícito pero igualmente sistemático, es el del animal predador. La IA es «un monstruo» al que no hay que «abrir las puertas» (poema 4); es algo que «ronda, suplanta y deja como un cascarón vacío» (poema 64); es un parásito que «parasita las ausencias» (poema 10). La imagen del predador que ronda, acecha y devora se superpone a la imagen del virus que contamina, creando una imagen compuesta de amenaza biológica y animal. El «cascarón vacío» del poema 64 remite a la metáfora del parásito que devora el interior de su huésped dejando intacta la cáscara exterior: la persona afectada por la IA parece intacta desde fuera pero está vacía por dentro.

III.3. El campo metafórico de la esclavitud y la servidumbre

El tercer campo metafórico, presente en los poemas 4 y 64, es el de la esclavitud política. En el poema 4, la IA «tiene dueño» y quien la usa no es su propietario sino su siervo: «no creas que es la tuya, tiene dueño». En el poema 64, el uso de la IA convierte al usuario en «súbdito» y «esclavo»: «per se, serás su súbdito, su esclavo». Esta dimensión política del argumento anti-IA entronca con la tradición del pensamiento crítico sobre la técnica desde Marx: la máquina no libera al trabajador sino que lo somete a un nuevo tipo de dependencia.

El poema 48, aunque no forma parte del corpus anti-IA estricto, introduce una imagen relacionada cuando describe al yo lírico como «sólo un esclavo / del bicho que permito entrar al aula». El «bicho» que entra al aula y esclaviza al profesor puede leerse en clave anti-IA o simplemente como metáfora del mal estudiante, pero la coherencia léxica con el vocabulario de los cuatro poemas del corpus («bicho» también aparece en el poema 27, «no del bicho / que en nuestro corazón sentó morada») sugiere que el campo semántico de lo parasitario recorre el libro con mayor extensión de la que los cuatro poemas explícitamente anti-IA delimitan.

Capítulo IV. La tradición del rechazo al maquinismo en la poesía española

IV.1. Unamuno y la desconfianza ante lo mecánico

El antecedente más inmediato de la postura lírica de Turrado en la tradición española es Miguel de Unamuno. En El Cristo de Velázquez (1920) y en numerosos poemas de Rosario de sonetos líricos (1911), Unamuno opone la interioridad espiritual a la mecanización de la vida moderna. En su ensayo «La crisis actual del patriotismo español» (1905), Unamuno describió el «maquinismo mental» como la tendencia de la modernidad a pensar mediante esquemas prefabricados que sustituyen al pensamiento propio. Este «maquinismo mental» es exactamente lo que Turrado describe cuando dice que la IA «nos ronda, nos suplanta y luego, al poco, / nos deja como un cascarón vacío»: el artefacto no solo piensa en lugar del ser humano sino que, al hacerlo, destruye la capacidad de pensar autónomamente.

La afinidad con Unamuno es también formal: Unamuno fue un sonetista sistemático y uno de los primeros poetas españoles del siglo XX en recuperar el soneto clásico como forma de resistencia cultural ante el modernismo rubeniano. En el poema 87, Turrado escribe: «Más Cristo padeció y no abrió la boca, / mantuvo, justo, a salvo el universo», un verso que recuerda la cristología unamuniana de El Cristo de Velázquez. La conexión entre el rechazo del maquinismo y el clasicismo poético, presente en Unamuno, se repite con sorprendente coherencia en Turrado.

IV.2. Machado y la poesía como pensamiento vivo

Antonio Machado, en Juan de Mairena (1936), desarrolló una crítica de la retórica vacía y de la «inteligencia sin alma» que tiene puntos de contacto con el argumento de Turrado. La idea maireneana de que «la inteligencia sin amor es monstruo» y de que el pensamiento verdadero es siempre pensamiento encarnado en una experiencia vivida puede leerse como precedente del argumento del poema 64: la «inteligencia de verdad» que Turrado reivindica frente a la IA es precisamente la inteligencia encarnada, la que nace del cuerpo y de la experiencia, no la que procesa información sin sujeto.

En términos de poética, Machado sostuvo en Juan de Mairena que la poesía era «palabra en el tiempo» y que el tiempo, como experiencia vivida del sujeto, era irreproducible por ninguna máquina. Si la poesía es tiempo vivido y la IA procesa datos sin vivir ningún tiempo, la poesía es, por definición, lo que la IA no puede hacer. Esta argumentación implícita es la que subyace a la postura de Turrado: el poeta que escribe un soneto endecasílabo sobre el amor o sobre la muerte está realizando una actividad irreductiblemente humana que ningún sistema artificial puede sustituir porque ningún sistema artificial puede vivir, amar ni morir.

IV.3. La tradición del ludismo literario europeo

Más allá de la tradición española, el rechazo poético a la máquina tiene un antecedente ilustre en el romanticismo inglés. William Blake en «And Did Those Feet in Ancient Time» (1804) llamó a los molinos de la industria «dark Satanic mills» (oscuros molinos satánicos), una imagen que opone la energía creativa humana a la producción mecánica repetitiva. John Keats, en «Lamia» (1820), lamentó que la filosofía natural hubiera «desplumado el ángel de las alas de colores» y «vaciado el aire y el duende de la mina».

En la tradición española del siglo XX, el poeta Gabriel Celaya escribió en «La poesía es un arma cargada de futuro» (1955) la afirmación de que la poesía es un instrumento de acción en el mundo, no un juego estético. Esta instrumentalización de la poesía como herramienta de intervención en la realidad es la misma actitud que Turrado adopta con sus cuatro poemas anti-IA: la poesía no es solo un ejercicio de belleza formal sino una forma de advertencia y resistencia.

IV.4. Heidegger y la pregunta por la técnica

El marco filosófico más pertinente para entender el argumento de Turrado es el de Martin Heidegger en «La pregunta por la técnica» (Die Frage nach der Technik, 1954). Heidegger sostuvo que la técnica moderna no es un instrumento neutral sino un modo de «desvelamiento» (Entbergung) que transforma el mundo en una reserva de recursos disponibles (Bestand). La técnica no está al servicio del ser humano sino que transforma al ser humano en uno más de sus recursos. Esta idea de la transformación del sujeto en objeto de la técnica es exactamente lo que el poema 64 expresa cuando dice que la IA «nos suplanta y luego, al poco, / nos deja como un cascarón vacío»: el sujeto que usa la IA se convierte en materia procesada por ella, en «materia a su homicida voluntad».

Bernard Stiegler, en La técnica y el tiempo (La technique et le temps, 1994-2001), desarrolló el argumento heideggeriano en la dirección de la memoria y la atención. Stiegler sostuvo que los sistemas de comunicación de masas y, posteriormente, los sistemas digitales, producen lo que él denominó «proletarización del espíritu»: la externalización progresiva de las funciones cognitivas en dispositivos técnicos que, al encargarse de la memoria, la atención y el cálculo, atrofian esas mismas funciones en el ser humano que las delega. Esta «proletarización» es lo que Turrado describe como el «cascarón vacío» que la IA deja tras de sí.

La convergencia entre el argumento filosófico de Heidegger y Stiegler y el argumento lírico de Turrado es notable, aunque no hay ningún indicio en el libro de que el poeta haya leído a estos autores. La convergencia sugiere que el rechazo de la IA como degradación de la interioridad humana es una reacción cultural profunda que se articula de manera autónoma en tradiciones filosóficas y poéticas diferentes.

Capítulo V. Compatibilidad del anti-IA con el clasicismo métrico

V.1. El clasicismo como anti-IA performativo

La pregunta más interesante que plantea el corpus anti-IA de Turrado no es filosófica sino poética: ¿es compatible la postura ideológica de rechazo a la inteligencia artificial con las formas clasicistas que dominan el libro? La respuesta del análisis es que no solo es compatible sino que el clasicismo métrico es, en sí mismo, la forma más eficaz de la postura anti-IA.

Un endecasílabo bien construido —y con mayor razón un soneto endecasílabo con rima consonante petrarquista— requiere para su composición una serie de operaciones mentales de alta complejidad que incluyen la escansión silábica, la gestión de los patrones acentuales, la búsqueda de palabras-rima semánticamente coherentes, el control de la sintaxis dentro de los límites estróficos y la elaboración de un argumento con estructura bimembre. Ninguno de estos procesos puede ejecutarse sin una forma de atención sostenida y específicamente humana que es exactamente lo que la IA amenaza con sustituir. Escribir en endecasílabos, en el contexto del libro de Turrado, es un acto performativo de afirmación de la capacidad cognitiva humana: el metro mismo es el argumento.

El poema 39 del libro, aunque no pertenece al corpus anti-IA estricto, lo expresa con la mayor claridad: «y yo les doy sonetos, digo, ‘reza’». El soneto se ofrece como respuesta a la pregunta por la patria, por la ética, por el futuro. El soneto no es solo una forma literaria sino una práctica de pensamiento que la IA no puede imitar sin vaciarlo de su sentido: puede imitar la forma pero no puede tener la experiencia que la forma expresa.

V.2. El anti-IA como coherencia interna del libro

La distribución de los cuatro poemas anti-IA a lo largo del libro no es arbitraria. El poema 4 está situado en las primeras páginas, inmediatamente después del poema 3, que reflexiona sobre la dignidad humana: «humanos somos, almas, no animales». La proximidad no es accidental: la IA degrada al ser humano a la condición de animal al quitarle la razón, y la razón es lo que convierte al humano en algo más que un animal. El poema 10 aparece a continuación del poema 9, que es un soneto de esperanza escatológica con la imagen de los muertos que «caminarán por ciudades» y deberán ser protegidos de los vicios humanos: «que imiten, sí, pero la bonhomía». El poema 18 aparece después del poema 17, un retrato femenino de gran ternura. El poema 64 aparece después del poema 63, un soneto de desolación moral con la imagen de la «hierba podrida» y la «hiena».

Esta distribución revela que los poemas anti-IA no forman un bloque separado del resto sino que están integrados en el tejido temático del libro. El rechazo de la IA no es un tema aislado sino una dimensión de la reflexión más amplia sobre la degradación cultural, la defensa de la belleza y la supervivencia de lo humano que el libro plantea desde su título y desde su poema introductorio.

V.3. El estribillo como figura retórica

La repetición de la frase «di NO a la ‘inteligencia artificial’» como verso de cierre en los poemas 4, 18 y 64 (con variante en el poema 10) transforma el rechazo en un estribillo. El estribillo es una figura retórica con larga tradición en la poesía española: presente en las jarchas mozárabes, en el zéjel andalusí, en la cantiga medieval y en el villancico del Siglo de Oro, el estribillo imprime al texto una dimensión ritual y colectiva que trasciende el monólogo individual. Al usar el estribillo como cierre del argumento, Turrado convierte el rechazo de la IA en un acto de comunidad: no es solo el poeta quien dice que no, sino cualquier lector que al llegar al final del poema reproduce mentalmente el verso.

La diferencia entre el verso final del poema 4 («di NO a la ‘inteligencia artificial’», con comillas en «inteligencia artificial») y el del poema 64 («di NO a la inteligencia artificial», sin comillas) no es tipográfica sino semántica. Las comillas del poema 4 encierran el sintagma en una cita distanciada, como si el poeta se negara a usar el nombre propio sin precaución crítica. La ausencia de comillas en el poema 64, al final del libro, indica que el nombre ha sido ya incorporado al vocabulario del enemigo declarado: ya no hace falta poner las comillas porque el lector sabe de qué se habla y el distanciamiento ya no es necesario. El rechazo ha pasado de la advertencia cauta al combate abierto.

Capítulo VI. El epílogo como confirmación de la derrota

El epílogo del libro, escrito en verso libre, introduce una variable que contradice y a la vez confirma el argumento anti-IA de los cuatro poemas del corpus. El epílogo lamenta el abandono de la poesía:

«Nos está abandonando, / la poesía no regresará, / creímos que podríamos / humillarla sin más, / mandar, porque era nuestra, / por siglos, tonta esposa servicial.»

Si la poesía se va es, en el argumento implícito del libro, porque la IA ha ganado: ha vaciado el espacio que la poesía ocupaba y ha dejado a la humanidad sin el instrumento de pensamiento más antiguo y más preciso. El epílogo no menciona la IA directamente, pero su diagnóstico —la poesía abandonada, la humanidad que la ha tratado como «tonta esposa servicial»— es la consecuencia de aquello que los cuatro poemas anti-IA advertían: si la inteligencia humana se vacía, la poesía desaparece con ella.

La ruptura formal del epílogo —verso libre en un libro dominado por las formas clasicistas— es la representación gráfica de esa desaparición. Si el endecasílabo y el soneto son la afirmación de lo humano, la disolución de la forma en el verso libre final es la mímesis de la derrota. El libro que ha combatido la IA desde la primera hasta la última composición numerada se cierra con la admisión de que la resistencia puede ser insuficiente.

Conclusiones

El análisis de los cuatro poemas anti-IA de Restauración de la belleza permite formular las siguientes conclusiones.

En relación con la primera pregunta de investigación, el poemario transforma la polémica sobre la IA en imagen poética mediante un sistema de tres campos metafóricos articulados con coherencia: la enfermedad epidémica, el animal predador y la esclavitud política. La IA es simultáneamente pandemia, parásito y amo. El procedimiento del retraso semántico —el nombre propio siempre en el último verso— convierte el rechazo en acto de nominación tardía que el argumento ha preparado durante todo el poema.

En relación con la segunda pregunta, la tradición del rechazo al maquinismo que el texto convoca incluye, en la tradición española, a Unamuno (el «maquinismo mental» y el sonetismo clasicista como resistencia) y a Machado (la poesía como «palabra en el tiempo» irreproducible por la máquina). En la tradición filosófica europea, los argumentos del corpus anti-IA convergen, sin dependencia textual explícita, con los de Heidegger (la técnica que convierte al sujeto en objeto) y Stiegler (la proletarización del espíritu por externalización cognitiva).

En relación con la tercera pregunta, la postura ideológica anti-IA es no solo compatible sino estructuralmente coherente con el clasicismo métrico del libro. Escribir en endecasílabos —y con mayor rigor aún, componer un soneto endecasílabo— es, en el contexto de Restauración de la belleza, el acto performativo más eficaz del rechazo de la IA: es la demostración de que la inteligencia humana puede realizar operaciones cognitivas complejas que ningún artefacto puede sustituir sin vaciarlo de sentido.

El libro de Turrado ofrece, así, la primera articulación lírica sistemática del anti-IA en la poesía española reciente. Sus cuatro poemas del corpus, distribuidos con inteligencia a lo largo del libro e integrados en la reflexión más amplia sobre la belleza, la técnica y la degradación cultural, constituyen un corpus de excepcional coherencia para el estudio de la resistencia tecnológica como tema lírico.

 

 

Bibliografía

Heidegger, Martin. «La pregunta por la técnica». En Filosofía, ciencia y técnica. Santiago de Chile: Editorial Universitaria, 2007.

Machado, Antonio. Juan de Mairena: sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo. Madrid: Espasa-Calpe, 1936.

Navarro Tomás, Tomás. Métrica española: reseña histórica y descriptiva. Barcelona: Labor, 1983.

Stiegler, Bernard. La técnica y el tiempo. 3 vols. Guipúzcoa: Hiru, 2002-2004.

Turrado de la Fuente, José Carlos. Restauración de la belleza. Madrid: Ediciones Rilke, 2026. ISBN 978-84-18566-66-0.

Unamuno, Miguel de. El Cristo de Velázquez. Madrid: Espasa-Calpe, 1920.

Unamuno, Miguel de. Rosario de sonetos líricos. Madrid: Fernando Fe, 1911.

 

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