REFUGIADOS
Un saludo,
en la distancia.
Una paloma blanca,
extranjera.
Una mirada perdida
sin bandera
ni estandarte.
La paz robada,
sin prejuicios.
En la rodilla
izquierda,
anexionada.
En la sonrisa de un niño
que no juega,
castigado
por la guerra,
sin juguetes.
COMPRAR EL PAN EN CHERNIGOV
A pesar de las cadenas
he salido a comprar el pan
y no he vuelto.
¡Ay, de mí!
Una herida profunda
en la garganta,
y otras dos en la pierna,
donde estuvieron antes
la tráquea,
las arterias,
las venas y los nervios.
Un paisaje robado a los cielos
con sabor a pólvora quemada.
Y es que solo he salido a comprar el pan
y el vendedor me ha dicho
que no tiene harina
para desenterrar a los muertos
y alimentar a los lobos.
¡Ay! ¡Ay, de mí!
De mis cadenas.
Porque les prometí a mis hijos
que volvería para la cena,
entrecruzando los dedos,
y no he vuelto.
YO, EL REFUGIADO
No soy nada.
No tengo nada.
No represento nada.
No soy nadie.
El refugiado.
El futuro inmigrante.
Un caminante sin camino, sin huella.
Sin esperanza.
Sin vínculos de pertenencia ni apoyos
donde trasplantar mis raíces.
Con miedo a lo desconocido.
A ser invisible.
A no ser escuchado en mi propia lengua.
A que me señalen y me censuren.
Sin techo.
Sin posibilidad de regreso,
con lo que dejo atrás
en la despedida.
Porque necesito
que me veas en mi desnudez,
sin prejuicios.
Con empatía.
Porque yo no soy el enemigo.
Yo no soy quien te persigo
cuando te roban la vida.
LA FORTALEZA
Si no quisiera rendirme a la guerra,
dirías que estoy loco.
¿Qué dirías si no quisiera
rendirme a la paz?
¿Que soy un loco de atar
por no rendirme?
UNA VENTANA AL FUTURO
Defiendo,
la lección del maestro.
Defiendo,
la lección en sus libros.
Defiendo,
la libertad de mi casa.
Defiendo,
la libertad de mis hijos.
Defiendo,
la exclamación, ¡no a la guerra!
Defiendo,
la exclamación, ¡no al intruso!
Defiendo,
una ventana sin dioses.
Defiendo,
una ventana al futuro.



