DAVID GARCÍA GUTIÉRREZDAVID GARCÍA GUTIÉRREZ
LA RESISTENCIALA RESISTENCIA
GRUPO EDITORIAL PÉREZ-AYALAEditorial Poesía eres tú

DAVID GARCÍA GUTIÉRREZ: EL MÉDICO QUE ESCRIBE LA GUERRA

David García Gutiérrez nació en Madrid el 2 de abril de 1976. Es Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de La Laguna, en Tenerife, especialista en Medicina de Familia y Comunitaria —formación que completó como Médico Interno Residente en Gran Canaria— y Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid desde 2021. Ejerce en Madrid, donde desarrolla su labor asistencial, comunitaria y humanista. Esa doble condición, la del médico que atiende y la del poeta que escribe, no son en él dos oficios paralelos: son el mismo oficio mirando el mundo desde dos ventanas.

Su trayectoria poética empieza en 2012 con Las lágrimas de Luzbel, su primer poemario, y continúa con La lírica de una revolución, Dioses de plastilina y Pandemia: con la fragilidad de un beso en la mejilla. Quien haya seguido esos libros reconocerá enseguida el hilo que los une: la atención sostenida al cuerpo que sufre, al dolor que no se deja nombrar del todo y al gesto de cuidado que, aun sabiéndose insuficiente, insiste. De Pandemia a La Resistencia el autor no cambia de mirada; cambia de catástrofe. Allí fue una tragedia sanitaria; aquí es una tragedia bélica. En ambos casos el poeta se sitúa donde el médico está acostumbrado a estar: junto a la camilla, no en la tribuna.

Ese origen explica una de las señas más reconocibles de La Resistencia. Cuando el libro necesita nombrar lo que una invasión hace a un país, echa mano del vocabulario que el autor conoce de primera mano: «Como células tumorales que metastatizan / en los tejidos» (INVASIÓN Y METÁSTASIS). La guerra se lee como enfermedad, y la enfermedad tiene signos, curso y pronóstico. No es una metáfora decorativa: es la manera en que este poeta piensa.

En La Resistencia, David García Gutiérrez escribe en verso libre, sin rima regular, con una enumeración que avanza por acumulación y que recuerda al parte clínico tanto como a la letanía. Los topónimos están ahí —Mariupol, Bucha, Zaporiyia, Chernigov, Kramatorsk— porque el autor se niega a que el sufrimiento sea abstracto. Y, como en la consulta, el libro no se despide en el diagnóstico: termina afirmando. «Defiendo, / una ventana al futuro.» (UNA VENTANA AL FUTURO), dice el poema que cierra la obra, y en esa voluntad de abrir se reconoce entero al hombre que la firma.

David García Gutiérrez. Escritor, poeta. Compartir en X