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LOS VEINTISÉIS MIMBRES DEL AMOR: TAXONOMÍA POÉTICA DE LAS EMOCIONES AMOROSAS Y SU DIÁLOGO CON LA PSICOLOGÍA CONTEMPORÁNEA

Olivares, Ana María. “Los veintiséis mimbres del amor: taxonomía poética de las emociones amorosas y su diálogo con la psicología contemporánea”, January 1, 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.19655083

LOS VEINTISÉIS MIMBRES DEL AMOR: TAXONOMÍA POÉTICA DE LAS EMOCIONES AMOROSAS Y SU DIÁLOGO CON LA PSICOLOGÍA CONTEMPORÁNEA

  1. Introducción

Toda clasificación es una forma de conocimiento. Cuando Antonio del Barrio Estremera organiza su poemario Mimbres (2026) en torno a veintiséis componentes o “mimbres” del amor —respeto, cariño, afecto, ternura, deseo y pasión, sentimiento, emoción, entrega, compartir, lucha y sacrificio, sufrimiento, comprensión y apoyo, admiración, autoestima, sinceridad, soledad por la ausencia, fidelidad y lealtad, empatía, sensibilidad, complicidad, comunicación, reconciliación, ser romántico y convivencia—, no solo está escribiendo poesía: está construyendo una taxonomía de la experiencia amorosa. El gesto clasificatorio es en sí mismo un acto de conocimiento que merece ser analizado en sus supuestos, sus aciertos y sus limitaciones.

Este artículo examina esa taxonomía poética desde una doble perspectiva. Por un lado, analiza la lógica interna de la clasificación: qué criterios ordenan los veintiséis mimbres, qué queda incluido y qué queda excluido, cómo se relacionan entre sí los distintos componentes. Por otro lado, pone esa taxonomía en diálogo con dos marcos teóricos provenientes de la psicología contemporánea: la teoría triangular del amor de Robert J. Sternberg (1988) y la psicología de las emociones de Paul Ekman (2003). El objetivo no es juzgar el poemario a la luz de la psicología —disciplinas distintas con métodos y objetivos distintos—, sino iluminar, por contraste y por resonancia, qué aporta la mirada poética al conocimiento del amor respecto a la mirada científica.

  1. La taxonomía poética: lógica interna y criterios de clasificación

Los veintiséis mimbres de Del Barrio Estremera pueden organizarse, a efectos analíticos, en cuatro grandes grupos según su naturaleza y función en la relación amorosa.

El primer grupo, que podríamos denominar mimbres fundacionales, agrupa los componentes que el autor considera condición de posibilidad del amor: respeto, cariño, afecto y ternura. Estos cuatro mimbres aparecen en los primeros poemas del libro, no por azar, sino porque el autor los concibe como el suelo sobre el que los demás pueden crecer. Sin respeto no hay amor posible; sin cariño y ternura, el amor se vuelve frío y utilitario.

El segundo grupo lo forman los mimbres emocionales, que describen los estados afectivos asociados al enamoramiento y al amor pasional: deseo y pasión, sentimiento, emoción y admiración. Estos mimbres son los que la tradición romántica ha privilegiado como definidores del amor; Del Barrio Estremera los incluye pero los sitúa en el contexto de una visión más compleja, donde la emoción es necesaria pero no suficiente.

El tercer grupo está formado por los mimbres relacionales, que describen los comportamientos y actitudes que hacen posible la vida en pareja: entrega, compartir, lucha y sacrificio, comprensión y apoyo, fidelidad y lealtad, empatía, sensibilidad, complicidad, comunicación, reconciliación, ser romántico y convivencia. Este es el grupo más numeroso, lo que refleja la convicción central del autor: el amor no es un estado que se tiene sino un conjunto de conductas que se practican.

El cuarto grupo lo forman los mimbres identitarios, que abordan la relación entre el amor y la identidad individual: autoestima, sinceridad y soledad por la ausencia. Estos tres mimbres tienen en común que plantean la tensión entre el yo y el nosotros: cómo el amor puede fortalecer o debilitar la identidad personal, cómo la honestidad con uno mismo es condición de la honestidad con el otro, y cómo la pérdida del ser amado reactiva esa soledad del yo que el amor había mitigado.

Esta clasificación analítica revela que la taxonomía de Del Barrio Estremera no es arbitraria: hay una lógica implícita que va de los fundamentos (el respeto) a las emociones (la pasión), de las emociones a los comportamientos (la comunicación) y de los comportamientos a la identidad (la autoestima). La taxonomía describe un amor que evoluciona y se profundiza con el tiempo.

  1. La taxonomía poética en diálogo con la teoría triangular de Sternberg

Robert J. Sternberg propuso en 1988 su célebre teoría triangular del amor, según la cual todo amor puede describirse en términos de tres componentes fundamentales: intimidad (el sentimiento de cercanía, conexión y vinculación), pasión (los impulsos motivacionales y el deseo físico) y compromiso (la decisión de amar a la otra persona y el compromiso de mantener ese amor a lo largo del tiempo). Según Sternberg, las diferentes combinaciones de estos tres componentes producen los distintos tipos de amor: el amor romántico (intimidad + pasión sin compromiso), el amor compañero (intimidad + compromiso sin pasión), el amor fatuo (pasión + compromiso sin intimidad) y el amor consumado o completo (los tres componentes presentes en equilibrio).

La taxonomía de Del Barrio Estremera es evidentemente más granular que la de Sternberg: veintiséis componentes frente a tres. Pero al examinarla con los criterios del psicólogo, es posible identificar correspondencias reveladoras. Los mimbres de Del Barrio Estremera que corresponden al componente de intimidad de Sternberg son: cariño, afecto, ternura, sentimiento, empatía, sensibilidad, complicidad, comunicación y ser romántico. Los que corresponden a la pasión son: deseo y pasión, emoción y admiración. Los que corresponden al compromiso son: entrega, compartir, lucha y sacrificio, fidelidad y lealtad, reconciliación y convivencia. Algunos mimbres no encajan fácilmente en ninguna de las tres categorías de Sternberg: el respeto, la sinceridad y la autoestima son componentes que Sternberg no contempla explícitamente, pero que Del Barrio Estremera considera esenciales.

Esta comparación ilustra tanto la complementariedad como las diferencias entre los dos enfoques. Sternberg busca la economía explicativa: tres componentes que den cuenta de todos los tipos de amor. Del Barrio Estremera busca la exhaustividad experiencial: nombrar y celebrar cada ingrediente concreto del amor vivido. El psicólogo trabaja con categorías abstractas; el poeta, con realidades concretas y cotidianas.

Pero quizá la diferencia más significativa es que Sternberg no incluye el respeto entre los componentes del amor, mientras que Del Barrio Estremera lo sitúa en primer lugar, como fundamento de todo lo demás. Esta diferencia refleja orientaciones éticas distintas: la teoría de Sternberg describe el amor tal como es; la taxonomía de Del Barrio Estremera propone el amor tal como debería ser.

  1. La taxonomía poética en diálogo con la psicología de las emociones

Paul Ekman identificó en sus investigaciones un conjunto de emociones básicas universales —alegría, tristeza, miedo, ira, asco y sorpresa— presentes en todas las culturas humanas. Su trabajo posterior amplió y refinó esa lista, añadiendo emociones complejas como el amor, la vergüenza, el orgullo o la culpa. En Emotions Revealed (2003), Ekman analiza cómo las emociones se activan, cómo se manifiestan en el cuerpo y cómo influyen en el comportamiento.

La taxonomía de Del Barrio Estremera no es, estrictamente hablando, una clasificación de emociones: varios de sus “mimbres” son actitudes, valores o comportamientos más que estados emocionales en sentido técnico. Sin embargo, al examinarla desde la perspectiva de Ekman, emergen cuestiones interesantes. El amor, para Ekman, es una emoción compleja que se articula en torno al placer de la presencia del otro y al dolor de su ausencia. Del Barrio Estremera captura exactamente esta dualidad: tiene un poema dedicado a la emoción como alegría y energía, pero también uno dedicado al sufrimiento como consecuencia inevitable del amor (“¡En el amor cómo sufrimos / cuando amamos!”).

La empatía, que Del Barrio Estremera incluye como un mimbre del amor, ha recibido creciente atención en la psicología de las emociones desde los estudios sobre las neuronas espejo de Giacomo Rizzolatti y Vittorio Gallese. La empatía no es solo un sentimiento sino una capacidad neurológica: la capacidad de “sentir desde dentro” el estado emocional del otro. El poeta la describe con precisión empírica: “Si te amo, / yo me pongo en tu lugar / por sentir como tú estás / cuando me amas”. Esta formulación coincide casi exactamente con la definición técnica de la empatía afectiva.

La autoestima, por su parte, es un concepto que la psicología positiva —en particular Martin Seligman y Nathaniel Branden— ha situado en el centro del bienestar psicológico. Del Barrio Estremera la incluye como un mimbre del amor con una perspicacia notable: quien no se quiere a sí mismo no puede amar bien a otro. “Comencemos por querer / a nuestro yo, por sistema! / Porque crece la autoestima / que regalaremos luego / a quien nuestro amor corteja”.

  1. Lo que la taxonomía poética aporta que la psicología no da

La comparación entre la taxonomía poética de Del Barrio Estremera y los marcos teóricos de la psicología no debe llevar a concluir que la poesía es una versión inferior o imprecisa de la ciencia. Al contrario: el análisis revela que la poesía aporta dimensiones del amor que la psicología, por sus compromisos metodológicos, no puede capturar.

En primer lugar, la poesía aporta la dimensión moral y ética del amor. Ninguno de los modelos psicológicos examinados incluye el respeto, la sinceridad o la fidelidad como componentes del amor: son categorías éticas, no psicológicas. Del Barrio Estremera insiste en ellas porque su concepción del amor no es descriptiva sino normativa: no describe cómo es el amor sino cómo debería ser.

En segundo lugar, la poesía aporta la perspectiva de la primera persona. La psicología trabaja con datos agregados, estadísticas, poblaciones. El poeta habla desde su propia experiencia, con la autoridad de quien ha amado y ha sufrido: “Ya que nosotros sentimos, / como si fuera algo nuestro / lo que le duele al amado”. Esta voz en primera persona, que la ciencia considera subjetividad y por tanto descarta, es precisamente lo que el lector busca en la poesía.

En tercer lugar, la poesía aporta la dimensión estética del amor. La taxonomía de Del Barrio Estremera no solo clasifica los componentes del amor: los celebra. Cada poema es un acto de gratitud y de admiración ante el amor vivido. Esta dimensión celebratoria es constitutiva de la experiencia amorosa —el amor se quiere expresar, se quiere cantar— y ningún modelo científico puede darle cuenta.

  1. Conclusiones

La taxonomía poética de los veintiséis mimbres del amor propuesta por Antonio del Barrio Estremera en su poemario Mimbres (2026) constituye una clasificación original, coherente y empíricamente fundada en la experiencia vivida. Su diálogo con la teoría triangular de Sternberg y con la psicología de las emociones de Ekman revela tanto las convergencias como las diferencias entre el conocimiento poético y el conocimiento científico del amor.

Las convergencias demuestran que la poesía no es ciega a la realidad psicológica: los mimbres de Del Barrio Estremera coinciden en buena medida con los componentes que la psicología identifica como claves del amor y del bienestar en la pareja. Las diferencias demuestran que la poesía aporta dimensiones —la ética, la primera persona, la celebración estética— que la ciencia no puede capturar por definición.

El valor de la taxonomía de Mimbres reside precisamente en esa combinación: la sistematicidad de un tratado y la vitalidad de la experiencia vivida, el rigor del observador y la calidez del amante. Es, en este sentido, una taxonomía poética en el sentido más pleno del término: una clasificación que no solo describe el amor sino que lo canta.

Referencias bibliográficas

Barrio Estremera, A. del (2026). Mimbres. Madrid: Grupo Editorial Pérez-Ayala.

Branden, N. (1994). The Six Pillars of Self-Esteem. Nueva York: Bantam.

Ekman, P. (2003). Emotions Revealed. Nueva York: Times Books. (Trad. esp.: El rostro de las emociones. Barcelona: RBA, 2004.)

Fisher, H. (2004). Why We Love. Nueva York: Henry Holt.

Fromm, E. (1956). The Art of Loving. Nueva York: Harper & Row. (Trad. esp.: El arte de amar. Barcelona: Paidós, 1959.)

Gallese, V. (2003). “The Roots of Empathy: The Shared Manifold Hypothesis and the Neural Basis of Intersubjectivity”. Psychopathology, 36(4), 171-180.

Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Nueva York: Bantam. (Trad. esp.: Inteligencia emocional. Barcelona: Kairós, 1996.)

Seligman, M. E. P. (2002). Authentic Happiness. Nueva York: Free Press.

Sternberg, R. J. (1988). The Triangle of Love: Intimacy, Passion, Commitment. Nueva York: Basic Books.

Sternberg, R. J. (1997). “Construct Validation of a Triangular Love Scale”. European Journal of Social Psychology, 27(3), 313-335.

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