Olivares Tomás, Ana María. «Ensayo académico — la jaula como metáfora existencial: libertad, domesticación y resistencia en fuera de la jaula de andrés martínez díaz». FUERA DE LA JAULA. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 14 de marzo de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.19021820
LA JAULA COMO METÁFORA EXISTENCIAL: LIBERTAD, DOMESTICACIÓN Y RESISTENCIA EN FUERA DE LA JAULA
Ensayo académico
Resumen
El presente ensayo analiza la metáfora de la jaula en el poemario Fuera de la Jaula (Ediciones Rilke, 2026) de Andrés Martínez Díaz. Se argumenta que dicha metáfora opera simultáneamente en tres niveles —biográfico, político y existencial— y que su función no es decorativa sino estructural: articula la organización temática de las doce secciones del libro y determina el movimiento de sentido que lo recorre de principio a fin. A partir del marco teórico de la metáfora conceptual (Lakoff y Johnson) y del análisis retórico e intertextual, se demuestra que la jaula en este libro no es una imagen de cierre sino un proceso de liberación en marcha, y que se inscribe en la larga tradición de la metáfora carcelaria en la lírica española, desde Quevedo hasta León Felipe y Gabriel Celaya.
Palabras clave: metáfora conceptual, jaula, libertad, resistencia, Andrés Martínez Díaz, poesía española contemporánea.
- Introducción
La metáfora de la jaula pertenece a uno de los repertorios más antiguos de la imaginería poética en lengua española. Desde las liras de Fray Luis de León hasta los versos político-existenciales de León Felipe y la poesía social de Gabriel Celaya, el espacio cerrado —la celda, el calabozo, la reja, la jaula— ha servido para nombrar tanto la privación física de libertad como su dimensión interior: el miedo, el silencio impuesto, la renuncia voluntaria. En ese campo semántico vasto y cargado de historia se instala el poemario Fuera de la Jaula de Andrés Martínez Díaz, publicado por Ediciones Rilke en 2026, con una particularidad que lo distingue de sus predecesores: la metáfora no aparece para describir el estado de quien está encerrado sino para anunciar el acto de quien sale o decide salir.
El propio título ya es una declaración de movimiento. No dice dentro de la jaula ni la jaula, sino fuera de la jaula, y ese prefijo espacial lo cambia todo: convierte la metáfora de una imagen estática de confinamiento en una imagen dinámica de liberación en curso. Sin embargo, como se demostrará a lo largo de este ensayo, la salida no es nunca en el libro un hecho consumado, sino una tensión permanente entre el impulso hacia la libertad y la constatación de que las jaulas
—sociales, políticas, psicológicas, cotidianas— se multiplican y se renuevan. Esa tensión es el motor del libro.
El análisis que sigue se organiza en torno a tres preguntas que el texto plantea: en primer lugar, cómo evoluciona la metáfora de la jaula a lo largo de las doce secciones; en segundo lugar, si la jaula funciona como metáfora de cierre o de proceso; y en tercer lugar, qué relación guarda con la tradición de la metáfora carcelaria en la lírica española. El marco teórico es el de la metáfora conceptual desarrollado por George Lakoff y Mark Johnson, que entiende las metáforas no como adornos retóricos sino como estructuras cognitivas que organizan el pensamiento y la experiencia.
- El marco teórico: la metáfora conceptual
Lakoff y Johnson, en su obra fundacional Metaphors We Live By (1980), argumentaron que el pensamiento humano es estructuralmente metafórico: las metáforas no son meras figuras del lenguaje sino modos de comprender y experimentar un dominio de la realidad en términos de otro. Una metáfora conceptual como LA VIDA ES UN VIAJE no es solo una forma de hablar sino una forma de pensar: orienta las inferencias, determina qué aspectos de la experiencia se destacan y cuáles se ocultan, y organiza el discurso de manera coherente.
Aplicado al análisis de Fuera de la Jaula, este marco permite entender la metáfora de la jaula no como una imagen aislada que aparece en algunos poemas, sino como una metáfora conceptual que estructura todo el libro bajo la forma LA LIMITACIÓN ES UN CONFINAMIENTO. Esta metáfora raíz se ramifica en un conjunto de metáforas derivadas: el miedo es una reja, las normas sociales son barrotes, la desidia es domesticación, la autenticidad es espacio abierto, la escritura es una puerta. Todas ellas remiten al mismo dominio fuente —el espacio cerrado, la jaula— para iluminar dominios tan diversos como el amor, la política, la muerte o la identidad.
- La arquitectura del libro y la distribución de la metáfora
3.1 Las secciones del libro y su lógica interna
Fuera de la Jaula está organizado en secciones temáticas cuya secuencia no es aleatoria sino que sigue una progresión que va de lo íntimo a lo colectivo y de lo colectivo a lo universal, con la metáfora de la jaula operando como hilo conductor en cada una de ellas. Las secciones son, según el libro: El Filo de la Navaja, Una Mirada al Espejo, A Hierro y Fuego, Justicia Poética, El Hueco de una Ausencia, Huecos Irrellenables, Ad Experimentum, Relojes de Arena, Muertos Verticales, Otras Experiencias Vitales y Promesas, Designios y Augurios.
Esta estructura responde a un movimiento de cámara que parte del espacio más íntimo —la relación amorosa, el autorretrato— y va ampliando el encuadre hasta abarcar la crítica social y política, la elegía por los amigos muertos, y finalmente la declaración de principios del poema titular. No es casual que el poema ¡Fuera de la Jaula! aparezca en la sección Otras Experiencias Vitales: su posición es la de un clímax argumentativo, no la de una apertura. El lector ha tenido que recorrer todas las formas de la jaula —amorosa, existencial, política, elegíaca— antes de llegar a la proclama liberatoria.
3.2 La jaula amorosa: «El Filo de la Navaja»
La primera sección del libro, titulada El Filo de la Navaja, presenta una paradoja que recorrerá todo el poemario: el amor es simultáneamente la experiencia de mayor libertad y la forma de sujeción más voluntariamente aceptada. El amado o la amada es, al mismo tiempo, la llave y el cerrojo. Esta tensión aparece formulada de manera explícita en el poema «Una luz en el camino»:
“Un cuchillo en la garganta
es el miedo de perderte,
una mano que no alcanza
y no llega a retenerte.
Una tranca hay en la puerta,
una reja, un no se puede,
una noche que no cesa,
un día que no amanece.”
Los términos tranca, reja, no se puede pertenecen todos al campo semántico del encierro. La jaula amorosa es aquí la jaula del miedo a la pérdida: el sujeto poético se siente enjaulado no por el amado sino por su propia vulnerabilidad. La libertad que se reclama no es libertad del amor sino libertad dentro del amor; por eso el mismo poema concluye con la apelación a la compañía como condición del movimiento:
“Para vivir sin fuste ni muste
y andar como un borreguico,
‘¡Voto a Bríos!’, qué desajuste,
para eso no cuenten conmigo.”
La negativa a andar como un borreguico —imagen del animal domesticado, del ser que ha aceptado su confinamiento— es ya, en la primera sección del libro, la primera formulación de la resistencia.
En el poema «Tú misma», la metáfora de la jaula interior adquiere su formulación más precisa:
“No dejes que tu mente sea un laberinto
de puertas con cerrojos magnéticos,
mejor tira las llaves, sigue tu instinto,
abre las puertas, rehúsa lo hermético.”
El laberinto de puertas con cerrojos magnéticos es la jaula interior por excelencia: no la construida por otros sino la que el propio sujeto edifica con sus miedos y sus silencios. El verso siguiente —mejor tira las llaves, sigue tu instinto— es la primera ocurrencia explícita del gesto liberatorio en el libro. La jaula se desmonta desde dentro, y la llave no es instrumental sino que debe ser arrojada: el acto de deshacerse de la llave es el acto de confiar en que la puerta puede abrirse sin ella.
3.3 La jaula interior: «Una Mirada al Espejo»
La segunda sección, Una Mirada al Espejo, desplaza el eje desde el amor hacia la identidad. El sujeto poético se contempla a sí mismo con una lucidez que no es complaciente: sus miedos, sus contradicciones, sus renuncias. El poema «No soy perfecto» es el autorretrato más directo del libro, y en él la imagen del encierro opera de manera implícita:
“A veces no hablo,
otras ni lo intento
si estoy encerrado
en un libro abierto.”
La paradoja del verso final —encerrado en un libro abierto— merece atención. La jaula del silencio puede ser también una jaula intelectual: el sujeto que se refugia en los libros para no tener que hablar está eligiendo un encierro voluntario. La imagen invierte la oposición habitual entre cultura y confinamiento: no se está encerrado a pesar de los libros sino, en ocasiones, a través de ellos.
El poema «Prefiero», en la misma sección, contiene el verso que en el prólogo se identifica como uno de los más representativos de la ética vital del libro:
“Prefiero correr, ser un fugitivo
que se niega a ser domado,
a ser un cuadro muy bonito
de una pared colgado.”
El sintagma cuadro muy bonito de una pared colgado es la imagen de la domesticación perfecta: el ser que ha renunciado al movimiento y ha sido convertido en objeto decorativo. La alternativa no es el triunfo ni la comodidad, sino la fuga: ser un fugitivo. El fugitivo es quien ha salido de la jaula sin pedir permiso, aunque su condición sea la del perseguido.
3.4 La jaula política: «A Hierro y Fuego»
La tercera sección, A Hierro y Fuego, y las siguientes de carácter satírico, desplazan la metáfora del espacio íntimo al espacio político. Aquí la jaula ya no es una construcción interior sino una estructura de poder que otros imponen. El poema «Sectarios» enuncia esta idea con la imagen del circo romano, que reaparece de manera sistemática en el libro como metonimia del sistema de control social:
“Con algunos denarios, pan y circo,
Roma evitaba siempre la rebelión;
piensa el político ahora: no abdico
y la mejor doma… una subvención.”
El término doma es aquí capital. La doma es el proceso mediante el cual un animal salvaje es convertido en animal doméstico: es decir, en un animal enjaulado que ya no necesita barrotes porque ha interiorizado su confinamiento. La subvención como instrumento de doma política es una de las imágenes más amargas del libro, y su amargura no proviene de la retórica sino de su precisión conceptual: la jaula política más eficaz es la que el sometido acepta como beneficio.
El poema «La trinchera» desarrolla la imagen de la jaula autoerigida como forma de cobardía existencial:
“Hay quien se empeña en el error
de cavar cada noche una trinchera,
refugiándose en su zona de confort,
sin otra manía que cerrar la puerta
para seguir alimentando la guerra
que se desata en su interior.”
La trinchera es aquí una jaula que el propio sujeto excava: no le es impuesta desde fuera sino que la construye para protegerse de sus propios miedos. El verso sin otra manía que cerrar la puerta retoma el campo semántico del encierro voluntario que ya aparecía en «Tú misma»: la puerta cerrada desde dentro es la jaula más difícil de abandonar porque requiere, para abrirse, no fuerza exterior sino voluntad propia.
En el poema «Incultos, pobres y enfermos», la dimensión política de la jaula alcanza su formulación más directa:
“Es propio de la fuerza actuante
aprender a vivir del bulo,
cuando se es gobernante
interesa un pueblo inculto.”
La ignorancia como instrumento de domesticación: el pueblo inculto es el pueblo enjaulado. La conexión con el universo conceptual de la jaula es inmediata: el gobernante que interesa un pueblo inculto es el domador que necesita que sus animales no sepan que pueden salir.
3.5 La jaula de la ausencia: elegías y resistencia
Las secciones elegíacas —El Hueco de una Ausencia, Huecos Irrellenables, con los poemas a José Luis Gil González, a Francisco Gil González y a Carlos Martínez Torreblanca— introducen una nueva dimensión de la metáfora: la jaula de la memoria. Los muertos son quienes han salido de la jaula de la vida, pero los que quedan permanecen en la jaula del duelo si no consiguen transformar la ausencia en presencia activa. El poema «Buen Viaje Amigo», dedicado a José Luis Gil González, contiene este verso revelador:
“Hoy apenas refulges en un candil
pero tiempo ha que vuelas libre,
no acabarás en un mísero cuchitril,
no será tu morada la herrumbre,”
Vuelas libre es la imagen de la liberación definitiva: el muerto ya no está en ninguna jaula. La descripción de su nueva condición —libre, sin cuchitril, sin herrumbre— construye la muerte no como confinamiento sino como apertura. Esta inversión es significativa: si la vida puede ser una jaula, la muerte puede ser una salida. Pero el libro no acepta esa lógica fácilmente; más bien la problematiza. Lo que resiste a la muerte no es la idea de una libertad post mortem sino el acto concreto de recordar:
“Guardo tu canción y el disco de oro
del día que completamos aforo,
aunque no sea un archivo sonoro,
ni pueda sonar en tu gramófono,
sabes que ni el metal, ni el formato,
pueden enmudecer este alegato.”
La memoria como alegato que no puede ser enmudecido: la escritura como resistencia a la jaula del silencio que la muerte impone. El libro, en su conjunto, es ese alegato.
- El poema titular como síntesis
El poema ¡Fuera de la Jaula!, que da título al libro y aparece en la sección Otras Experiencias Vitales, es el poema que reúne y explicita todas las dimensiones de la metáfora que han ido acumulándose a lo largo del libro. Su análisis merece atención detenida.
El poema se abre con una declaración de alcance:
“¡Fuera de la Jaula! no es sólo una expresión,
es un lema de vida, una forma de conducta,
una bella frase para bordar un pendón,
un virus benigno en el ADN que no muta.”
Los cuatro versos establecen cuatro niveles de la metáfora: el lingüístico (una expresión), el ético (una forma de conducta), el simbólico-comunitario (una bella frase para bordar un pendón) y el biológico-esencial (un virus benigno en el ADN que no muta). La progresión es de lo superficial a lo constitutivo: la frase, la conducta, el símbolo colectivo y finalmente el impulso instintivo e inmutable. La jaula, según esta gradación, no es un problema externo que puede resolverse con decisiones voluntarias: está inscrita en la biología del poder y en la biología de la resistencia simultáneamente.
La segunda estrofa identifica a los guardianes de la jaula:
“Cuanto te limita te hace más pequeño,
más vulnerable a quienes te manipulan,
los que se creen los amos de la llave,
aquellos que coartan tus sueños,
los elegidos que a todo se postulan,
aduladores y conductores de la nave
en una sociedad con rejas de diseño.”
La expresión rejas de diseño es la más lograda del poema y quizá del libro entero. Las rejas de diseño son las jaulas del siglo XXI: no los barrotes de hierro sino las estructuras invisibles —el discurso mediático, la corrección política, el control digital, la jerarquía burocrática— que constriñen sin que el constreñido las reconozca como constricciones. El diseño es precisamente lo que las hace invisibles y, por tanto, más eficaces.
La tercera estrofa lleva esta idea a su expresión más política:
“Todo se enfoca en hacerte sentir culpable:
tú infringes las normas, contaminas el planeta,
malgastas el agua, provocas las guerras,
envenenas el aire, manipulas la prensa,
ensucias los ríos, plastificas la tierra;
eres víctima y verdugo, la cal y la arena.”
La enumeración de culpas atribuidas al sujeto es la descripción del mecanismo más sofisticado de la jaula contemporánea: la culpabilización sistemática que hace al sometido responsable de todo aquello que en realidad es consecuencia de las decisiones de quienes detentan el poder. La jaula más eficaz es aquella en la que el preso cree merecer estar encerrado.
Frente a todas estas formas de confinamiento, el poema articula una propuesta que no es evasión sino resistencia activa:
“Confía en tu intuición, sal del montón,
sigue siempre tu propia dinámica,
deja que lo que se moldee sea la cerámica,
que los ventrículos lleven la sangre al pulmón,
que la inteligencia artificial sea una castaña,
orienta tus decisiones con el corazón.”
Y más adelante:
“¡Fuera de la Jaula! y clausura la puerta,
otra celda vacía, que nadie entre en ella,
que el aire te lleve a su libre albedrío,
la libertad vigilada no es buena oferta,
si no bates las alas te precipitas al vacío,
no tiene sentido seguirles la cuerda.”
El verso si no bates las alas te precipitas al vacío merece una glosa. La imagen del pájaro que no bate las alas no es la del pájaro enjaulado sino la del pájaro que, habiendo salido de la jaula, no sabe volar porque ha olvidado que puede. La libertad no es natural en quien ha vivido confinado: requiere un esfuerzo activo, el batir de las alas, o de lo contrario el vacío —es decir, la angustia de la libertad sin proyecto— sustituye a la jaula.
El poema cierra con una enumeración final que condensa todas las dimensiones de la metáfora:
“Cuanto frena tu libertad de movimiento
te aquieta, te controla, te impide ser auténtico,
te ciega, hace que otros decidan tus certezas
impidiendo tu libertad de pensamiento,
lo importante siempre son tus rarezas,
lo que te hace singular, es lo que siento:
¡Fuera de la Jaula! y no más barreras.”
Lo importante siempre son tus rarezas: la singularidad como fundamento de la libertad. La jaula, en su forma más profunda, es precisamente la uniformización que aplasta lo singular. Salir de la jaula no es hacerse igual a los demás en el espacio abierto, sino recuperar y defender aquello que hace a cada uno irreductible.
- La metáfora entre cierre y proceso
Una vez analizada la distribución de la metáfora de la jaula a lo largo del libro, puede responderse a la segunda pregunta central del ensayo: ¿es la jaula una metáfora de cierre o de proceso?
La respuesta es que es una metáfora de proceso, pero de un proceso que nunca concluye. El libro no narra la historia de alguien que estaba en una jaula y salió de ella: narra la historia de alguien que constantemente identifica nuevas formas de confinamiento y constantemente moviliza nuevas formas de resistencia. La jaula no desaparece con el poema titular; reaparece en cada sección bajo formas distintas: la reja del miedo en la sección amorosa, el laberinto de cerrojos en el autorretrato, la subvención como doma en la crítica política, el silencio de la muerte en las elegías.
La libertad no es un estado al que se llega; es una actitud que se elige y se renueva. La jaula, por tanto, tampoco es un estado que se abandona definitivamente: es una condición que se enfrenta cada día.
El libro ofrece esta idea en el poema «La puerta invisible», que cierra el poemario con la imagen de una puerta que no tiene cerradura convencional:
“La llave de esta entrada inmaterial,
no tiene ningún cifrado, es maestra,
para entrar y salir de este portal,
sólo hay que andar con gentileza,”
La puerta inmaterial, sin cifrado, es la última formulación de la metáfora de la jaula en el libro: una jaula cuyo único cerrojo es la falta de gentileza, es decir, la falta de honradez con uno mismo y con los demás. Salir de esa jaula no requiere fuerza sino autenticidad.
- Intertextualidad: la tradición de la metáfora carcelaria en la lírica española
6.1 De Quevedo a Bécquer
La metáfora carcelaria tiene una historia larga y rica en la lírica española. En Quevedo, el alma es un pájaro enjaulado en el cuerpo; la muerte es, paradójicamente, la liberación de esa jaula. Esta concepción, de raíz neoplatónica y estoica, está presente en muchos de sus sonetos morales. La diferencia fundamental con Martínez Díaz es que en Quevedo la jaula es el cuerpo y la libertad es transcendente; en Fuera de la Jaula, la jaula es social y política, y la libertad es inmanente: se ejerce o no se ejerce en esta vida, en este cuerpo, en esta sociedad.
En Bécquer, la imagen del pájaro enjaulado o del ser que no puede volar —tan presente en las Rimas— es fundamentalmente amorosa: la distancia entre el deseo y el objeto del deseo es el espacio de la jaula becqueriana. El sujeto lírico de Bécquer está atrapado por su propia sensibilidad, por la incapacidad de la palabra para capturar la emoción. También aquí la diferencia con Martínez Díaz es reveladora: mientras Bécquer interioriza la jaula como problema estético, Martínez Díaz la exterioriza como problema ético.
6.2 León Felipe: la jaula y el exilio
León Felipe es quizá el precedente más directo en la tradición española para el uso de la metáfora de la jaula como imagen de la libertad negada. En toda su poética del exilio, la jaula es España bajo la dictadura, pero también es la condición del desarraigo, la incapacidad de echar raíces en ninguna tierra. La conexión con Fuera de la Jaula es temática —la crítica al poder, la reivindicación de la dignidad individual frente al sistema— aunque el tono sea radicalmente distinto: donde León Felipe trabaja desde la grandiosidad del grito profético, Martínez Díaz trabaja desde la cotidianidad del hablante común.
6.3 Gabriel Celaya: la poesía como herramienta
La conexión más estrecha con la tradición de la poesía social española es con Gabriel Celaya, cuya poética de la urgencia —la poesía entendida no como adorno sino como un arma cargada de futuro— resuena directamente con la declaración de Martínez Díaz al final de su introducción: «seguramente sin pensar que unas letras pueden llegar donde no lo hace una bala». La frase es casi una paráfrasis del programa celayano, aunque sin la dimensión colectivista del poeta vasco: en Martínez Díaz la escritura es también un arma, pero es un arma individual, no de clase ni de movimiento.
La diferencia es significativa desde el punto de vista de la metáfora de la jaula: en Celaya, salir de la jaula es un acto colectivo, una revolución; en Martínez Díaz, es un acto individual que puede, sin embargo, contagiarse. La metáfora del virus benigno en el ADN que no muta es exactamente eso: no una revolución sino una infección de libertad que se propaga de individuo en individuo.
- Los tres niveles simultáneos de la metáfora
El análisis desarrollado en las secciones anteriores permite confirmar la hipótesis de partida: la metáfora de la jaula en Fuera de la Jaula opera en tres niveles simultáneos que coexisten en el libro sin excluirse.
El primer nivel es el biográfico. La jaula es el límite concreto que el autor ha encontrado en su propia vida: las ataduras de la discográfica que no tuvo, la SGAE que le dificultó registrar sus obras sin publicarlas, el silencio que estuvo a punto de dejar sus poemas «muertos en un cajón, o en una carpeta de mi ordenador». En este nivel, salir de la jaula es el acto de publicar, de compartir, de dejar que los versos existan fuera de la carpeta de ordenador.
El segundo nivel es el político. La jaula es el sistema de control social —las rejas de diseño— que el libro identifica y denuncia en sus secciones satíricas: el político que doma con subvenciones, el sistema que culpabiliza al ciudadano, la estructura de poder que necesita un pueblo inculto para mantenerse. En este nivel, salir de la jaula es un acto de resistencia cívica que el autor formula en la introducción como una confianza en el poder de la palabra frente a los instrumentos de la violencia.
El tercer nivel es el existencial. La jaula es la condición humana de quien sabe que el tiempo se agota, que los amigos se van, que el cuerpo envejece, y que sin embargo sigue eligiendo vivir con autenticidad. En este nivel, la jaula no tiene guardianes externos: es el miedo propio, la resignación, la costumbre. Y salir de ella no es una victoria definitiva sino una decisión que debe renovarse cada día.
Los tres niveles convergen en el poema titular y se articulan de manera coherente a lo largo de todas las secciones del libro. Su coexistencia es lo que da al libro su densidad y su eficacia: ninguno de ellos agota la metáfora, y la tensión entre los tres es lo que la mantiene viva.
Bibliografía
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