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He ignorado el futuro que impedí

y aquellas heridas amenazadas

por la sutura de mi voluntad.

Creo que podría haber sido distinto

si me hubiera vestido con el gusto

del misterio con que aman las dudas.

Quiero ser otro ser desde que olvido.

No viví lo que yo quise vivir.

Me ha invadido un pasado de carcomas

y desde entonces soy su podredumbre.

Del todo me ha tragado la apariencia

de recuerdos de lo que pudo ser.

Y soy esta recreación ruinosa

de lo que erróneamente pretendí.

8 del libro DESMEMORIA de MARÍA PAZ COTS MARFIL. Clic para tuitear

20

 

Solo puedo estar a partir de mí

y situarme dentro de un volumen

que me considere igual que materia.

Puedo compartir rincones velados,

historias de verdades corregidas,

pero no lo que sueño en mis recuerdos,

que desbocan las posibilidades

de algún paisaje de frente a su inicio.

Mi universo parece protegido.

Su amplio territorio de alambradas

me hace andar con los pies enamorados.

Siendo así, quiero la tierra descalza

de los pasos que se aman conscientes.

Soy una imagen de lo que yo fui,

corazón paralelo, no recíproco.

Repleta mi memoria, no conozco.

Lo que yo soy no lo he sido nunca.

20 del libro DESMEMORIA de MARÍA PAZ COTS MARFIL. Clic para tuitear

42

 

No solo me imagino mis recuerdos,

también cómo viví los de verdad.

Quizá no reaccioné bien del todo

en algún momento de mi espectáculo,

y me va silenciando con distancia

mi habla oída, igual que si hablara

la canela en rama sobre ser polvo.

A veces solo la pared me atiende,

incluso disimula que hay personas

que se acercan y luego se despiden.

Pero siempre soy yo. Siempre soy yo.

Soy el final de relatos robados.

Nada es locura. Todo es soledad.

Mañana respetaré mis altares.

Construiré una puerta para el viento

con sus quicios y goznes giratorios,

que casi no demude nuevos cambios

ni conozca cómo abrirse hacia fuera,

gracias a un sortilegio en sus esquinas.

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Crece el tiempo mientras lloran los sauces

y hay verdina en la esperanza del agua.

¿Habrá felicidad sin un mañana,

sin un ayer de espacios ocupados,

sin todo mi pasado resistiendo?

¿Soportaré la luz de las mimosas,

del sol más blanco germinado en ellas?

Ya he comprendido que el dolor es rojo,

que está retenido entre mis azules,

que muda mi corazón con esquirlas

y decora en mi alma su diana.

Es el perdón el que cede conmigo

la ilusión esmeralda de empezar.

Y soy yo quien pretende amar la vida,

tender la libertad sobre mi valle,

sentir que este rocío de pianos

sigue tocándome igual que aprendió,

sin destemplar los graves de sus noches

ni blanquear el trasluz de mis lágrimas.

Ya he recorrido lo que me persigue,

y sé que es el arte de la belleza

el que inspira el empeño de los ríos,

que mueren como mueren: sin morir.

El olvido perfecto es su memoria.

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Cualquier huella es capaz de acariciar

la rapidez detenida en cansancio

a causa del desorden de haber ido.

Es solo imperfección delineante,

es la callosidad de quien conoce

que a veces se está yendo hacia detrás.

Pensé que recordar era ser yo,

permanecer siendo alguna deidad

con entereza para no sentir

la obligada condición de persona.

Pensé que recordar era ser yo,

pero era confundirme entre la yedra

que no permite que crezcan los muros

hasta donde sé que pueden llegar.

Me quedo aquí con el cielo hecho suelo,

convertido en jacarandas rendidas,

para sembrarme en oro de jazmines

firmamentos de tierras que hay en mí.

El lucero del alba ya no es uno.

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