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Anáfora, oxímoron y cultismo: la arquitectura retórica de OPUS MEI

1. Introducción

La crítica que se ocupe de OPUS MEI (Editorial Poesía eres tú, 2026), primer libro de Lucía Alba Alcántara, habrá de reconocer pronto que su singularidad no reside tanto en sus temas —el cautiverio, la gracia, la maternidad— cuanto en la factura verbal con que los trabaja. Este estudio se propone un análisis estilístico del poemario, en la tradición que Dámaso Alonso y Carlos Bousoño fundaron para la poesía española: una lectura atenta a los procedimientos retóricos como forma de sentido y no como mero ornato.

La tesis que defenderemos es que la retórica de OPUS MEI se organiza en torno a tres ejes solidarios: la anáfora-letanía, que provee la estructura; el oxímoron y la antítesis, que proveen el pensamiento; y el cultismo unido al neologismo, que proveen la densidad. El examen de cada uno permitirá mostrar que en Alba Alcántara forma y contenido son inseparables: cada figura es un modo de conocer.

2. La anáfora-letanía como principio estructural

El recurso vertebrador del libro es la repetición anafórica que organiza poemas enteros a la manera de la letanía litúrgica. No se trata de un adorno rítmico episódico, sino de un principio constructivo: numerosas composiciones avanzan por acumulación de miembros que comienzan por la misma fórmula, de modo que el poema se edifica como una oración que insiste hasta agotar su objeto.

La filiación es claramente litúrgica, y la autora la explota con plena conciencia: la letanía, oración de súplica que enumera invocaciones, se convierte en molde de una introspección que enumera estados del alma. La forma religiosa sostiene un contenido secular, y de esa tensión nace buena parte del voltaje del libro. La anáfora, además, imprime al verso un ritmo de salmo que sustituye con eficacia a la métrica regular, de la que el poemario prescinde.

3. Tipología de las letanías

Conviene distinguir las variedades del procedimiento. La letanía de la culpa estructura MEA CULPA, cuyo doble catálogo anafórico —regido por las partículas “de” y “si”— enumera las servidumbres del hombre contemporáneo y desemboca en un remate que parodia el rito penitencial: «Mea culpa. Mea culpa. Mea culpa. / Reincide.». La letanía desiderativa, en cambio, organiza AMOR (CARNE DE MI CARNE), donde la fórmula «Te deseo Perplejidad,» se repite estrofa tras estrofa para construir el catálogo de dones invertidos.

Una tercera variedad es la letanía interrogativa de MEMORIA DE OBJETOR, articulada por la pregunta recurrente «Llorar: ¿para qué?», que vertebra una diatriba contra el lamento estéril. Y aún cabe señalar la novena estación entera, GRATITUD, concebida como letanía de acción de gracias cuyos poemas se encadenan por la anáfora de la bendición. La variedad funcional de la figura —súplica, deseo, interrogación, gratitud— demuestra que la anáfora no es en Alba Alcántara un tic, sino un instrumento dúctil de composición.

4. El oxímoron y la antítesis como pensamiento

Si la anáfora provee la estructura, el oxímoron provee el pensamiento. La voz de OPUS MEI avanza tensando contrarios hasta que de su choque brota el sentido. La figura aparece en su forma más pura en fórmulas de extrema concisión: «Muerte y floración.», «Invicta soy y herida quedo.». No se trata de una coquetería ingeniosa, sino de un modo de conocer: el oxímoron nombra lo que el concepto unívoco no puede, la coincidencia de los opuestos en la experiencia real.

Esta lógica de la contradicción enlaza directamente con la tradición de la poesía mística, en la que San Juan de la Cruz —estudiado por Dámaso Alonso precisamente desde esta perspectiva estilística— hizo de la antítesis el vehículo de lo inefable. Alba Alcántara hereda ese procedimiento y lo seculariza: sus paradojas no nombran ya la unión con Dios, sino la condición escindida del sujeto contemporáneo, a un tiempo invicto y herido, muerto y en flor.

5. La paradoja y la teología negativa retórica

El oxímoron se extiende, en el plano del discurso, a una retórica de la paradoja que organiza poemas enteros. CREDO construye su arte poética sobre la afirmación de que lo más valioso es lo no dicho, lo que se calla y se intuye; y la novena estación culmina en la sentencia «toda verdad se vive en silencio.». Estamos ante una retórica de la teología negativa: el sentido se persigue rodeándolo de lo que no es, nombrándolo por sus límites.

Esta poética del decir indirecto tiene consecuencias formales precisas. Abundan en el libro las construcciones que afirman negando —«no morirme si muero», «no puedo no pretender evitar»— y las que sitúan el sentido en el intervalo, en la pausa, en lo que ocurre «entre las notas». La retórica de Alba Alcántara es, en este sentido, una retórica de la veladura: dice mostrando que no acaba de decir, y en ese resto no dicho aloja lo esencial.

6. El cultismo y el latinismo

La densidad léxica es la seña de identidad más reconocible del poemario. Alba Alcántara maneja un castellano culto, latinizante, que recupera voces de baja frecuencia y las inserta en contextos de plena vigencia expresiva. Los títulos mismos de las estaciones —Lamentatio, Premura de gracia, Verbo postrero— y de muchos poemas —Vindicta, Signum, Vocatio, Manumisión— exhiben esa veta latina, que remite a la vez a la liturgia y a la tradición clásica.

El cultismo no es en la autora afectación arcaizante, sino instrumento de precisión y de extrañamiento. Términos como “viático”, “contrición”, “lubricán” o “poseidónica” obligan al lector a una lectura lenta y reactivan, por su rareza, la materialidad de la palabra. En la línea de lo que Jakobson llamó la función poética —la que pone el acento sobre el mensaje mismo—, el cultismo de OPUS MEI devuelve al idioma su espesor, contra la transparencia gastada del habla común.

7. El neologismo y la derivación creadora

Junto al cultismo heredado, la autora practica una neología propia que tuerce la gramática sin romperla. Sustantiva el infinitivo —«Vivirse inhóspito.»—, verbaliza el sustantivo —«Bipedestar por la fuerza»— y crea adjetivos y abstractos insólitos. La fórmula con que la voz se define en el pórtico inicial condensa este procedimiento: «soy convicta de la perturbabilidad», donde “perturbabilidad” es un abstracto acuñado para nombrar la capacidad de ser conmovido.

Esta derivación creadora alcanza su cima en autodefiniciones memorables como «Soy etóloga sin permiso.», que aplica al yo un término científico desplazado de su campo. El neologismo cumple en OPUS MEI una función cognoscitiva: nombra realidades para las que el léxico disponible resultaba insuficiente. La autora no inventa por capricho, sino por necesidad expresiva; y en ese forzamiento medido del idioma reside una de las marcas más personales de su estilo.

8. La interrogación y la exclamación

El temple imperioso de la voz se sostiene en un uso intensivo de la modalidad exclamativa e interrogativa. Las exclamaciones —«¡me conviene!», «¡Garra de mi alma, abúndame la copa!», «¡no silenciar los inviernos!»— imprimen al discurso un tono de exhortación y de mandato que delata a un sujeto que se arenga a sí mismo para sobrevivir.

La interrogación, por su parte, alcanza valor estructural en VINDICTA, donde la pregunta «¿Qué hora es?» reaparece como obsesivo estribillo y convierte el poema en una indagación angustiada sobre el tiempo. La interrogación retórica de Alba Alcántara rara vez espera respuesta: su función no es informativa, sino expresiva y rítmica; marca los hitos de una conciencia que se interroga sin tregua y hace de la pregunta, más que de la afirmación, su gesto característico.

9. La imagen sensorial y la sinestesia

La factura retórica del libro culmina en una imaginería de extraordinaria potencia, predominantemente táctil. El dolor se hace materia que punza —«las escarpias de mi sedienta piel»— y la esperanza, luz física —«ascuas de luces claras / entre la vida y el olvido»—. La autora construye sus imágenes por condensación, cargando un solo sintagma de varias capas sensoriales, en un procedimiento próximo a la sinestesia.

Esa concentración imaginativa, unida a la densidad léxica, exige del lector una atención sostenida y explica la dificultad —productiva— del libro. Como en la mejor tradición de la metáfora hispánica, de Góngora a la generación del 27, la imagen no ilustra la idea: la constituye. Pensar y ver son, en OPUS MEI, operaciones simultáneas, y la imagen es el lugar donde el concepto se hace carne sensible.

10. El aforismo y la sentencia

Frente a los grandes poemas-letanía, Alba Alcántara intercala piezas brevísimas de filo sentencioso que actúan como bisagras del conjunto y dan respiro a su densidad. Versos como «la concordia no merece aplazamiento.» o «¡no silenciar los inviernos!» poseen la rotundidad de la máxima y condensan, en pocas palabras, núcleos de sentido que el resto del libro desarrolla.

El aforismo cumple en el poemario una doble función: rítmica, al alternar la concentración breve con la amplitud de la letanía; y conceptual, al fijar en fórmulas memorables las conclusiones de la travesía. Esta convivencia de lo extenso y lo lapidario, de la enumeración y la sentencia, revela un sentido muy seguro de la arquitectura del libro, capaz de modular la intensidad y de administrar los silencios.

11. Conclusiones

El análisis estilístico confirma que la singularidad de OPUS MEI es, ante todo, retórica. Su autora dispone de un repertorio de procedimientos —la anáfora-letanía estructural, el oxímoron y la paradoja como formas de pensamiento, el cultismo y el neologismo como densidad, la interrogación y la exclamación como temple, la imagen táctil como conocimiento sensible y el aforismo como bisagra— que maneja con una conciencia de oficio insólita en un primer libro.

Importa subrayar, para terminar, que en Alba Alcántara la retórica nunca es gratuita. Cada figura sirve a una arquitectura de sentido: la anáfora ordena el pensamiento, el oxímoron lo profundiza, el cultismo lo densifica, la imagen lo encarna. La suya es una poesía que piensa con las figuras, en la mejor tradición estilística de la lengua. Si algo cabe pedir a sus libros futuros es alguna concesión a la respiración del lector; pero esa misma exigencia es inseparable de su valor. OPUS MEI demuestra que la alta retórica no es un lujo del pasado, sino un instrumento vigente de conocimiento poético.

Bibliografía

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Estudio académico sobre OPUS MEI depositado en Zenodo (comunidad «OPUS MEI», pendiente de publicación).

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