Canto I. IFIGENIA
(fragmento)
La mañana tenía
el color de los almendros.
No lo sabía.
Nadie lo sabía.
Las aves cruzaban el cielo
con sus pequeñas leyes de aire.
Los caballos respiraban.
Las telas del campamento
se hinchaban con el viento.
Y mi hija reía.
Mi hija.
La de los tobillos ligeros.
La que corría detrás de las mariposas.
La que dormía con una mano
abierta sobre la mejilla.
La que todavía pronunciaba
algunas palabras
como si acabara de inventarlas.
Mi hija.
Canto III. HELENA
(fragmento)
Helena era hermosa.
No.
Hermosa no.
Las flores son hermosas.
El mar es hermoso.
La luna es hermosa.
Helena era otra cosa.
Cuando entraba en una habitación
el aire cambiaba.
Los hombres olvidaban
lo que estaban diciendo.
Las mujeres tocaban distraídas
sus cabellos.
Los niños levantaban la cabeza.
Hasta los perros la miraban.
Yo la observaba dormir.
Éramos niñas.
Dormíamos juntas.
Su respiración era suave.
Como el roce de una paloma
sobre el trigo.
Yo pensaba:
los dioses la aman.
Y me equivocaba.
Los dioses no aman.
Los dioses utilizan.
[…]
Los hombres construyeron Troya.
Los hombres incendiaron Troya.
Los hombres degollaron a sus hijos.
Y después pronunciaron
el nombre de una mujer
para ocultar sus propias manos.
Canto V. EL REGRESO
(fragmento)
EGISTO:
¿Voy contigo?
CLITEMNESTRA:
No.
EGISTO:
¿Por qué?
CLITEMNESTRA:
Porque esto no te pertenece.
[…]
EGISTO:
¿Y si no regresas?
CLITEMNESTRA:
Hace diez años
que no regreso.
Canto VI. EL BAÑO
(fragmento)
Levanté la mano.
No temblaba.
Eso fue lo terrible.
No temblaba.
Había temblado durante diez años.
Ahora estaba quieta.
Como una estrella.
Como una sentencia.
Como una piedra
al borde del abismo.
Abriste los ojos.
Y durante un instante
nos miramos.
Nunca sabré lo que viste.
Sorpresa.
Miedo.
Comprensión.
Tal vez nada.
Tal vez ya estabas
muy lejos.
Entonces descendió mi brazo.
Y el tiempo,
que había permanecido inmóvil
durante una década,
volvió a moverse.
Escuché un grito.
O quizás era el mío.
Escuché agua.
Escuché silencio.
Escuché el nombre de Ifigenia
atravesando mi sangre.
Una vez.
Dos veces.
Mil veces.
Y cuando todo terminó
vi el vapor elevarse
hacia las vigas.
Como si el alma de la casa
abandonara lentamente
su cuerpo.
Yo seguía allí.
Tú seguías allí.
Ifigenia seguía ausente.
Incluso la venganza
es una forma del duelo.
Una forma desesperada
de llamar a quienes no regresan.
Canto XI. EL FINAL
(fragmento)
Y comprendo algo.
Por fin.
No fui solamente
la mujer de Agamenón.
No fui solamente
la asesina.
No fui solamente
la supuesta reina.
No fui solamente
la madre de Orestes.
Fui la madre de Ifigenia.
Y eso basta.
Eso basta.
Si existe una casa
más allá de la noche,
que sea ella quien me encuentre.
Si existe una luz,
que sea su rostro.
Si existe un nombre
que sobreviva a todos los nombres,
que sea el suyo.
Ifigenia.
…
Ifigenia.
…
Hija.



