EL UMBRAL DEL MEDIO DÍA
Y
me buscaste
en los libros: El amarillo
y el de las caras.
Donde en silencio yo era líneas esperadas.
Me encontraste
al final del día,
cuando la tarde se acaba.
Y
me hablaste,
repasando el destino
del pasado que pasaba
como agua malgastada,
peinándonos las risas, los recuerdos y las canas.
Y
aquí estamos:
rompiendo rutinas rancias,
sintiendo viva la vida,
reviviéndonos en palabras
dulces, amargas y amadas.
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LA LUZ EN VOZ BAJA
Busco el reflejo en el azogue
pero encuentro solo tu luz:
la que desprendía el vaho de mi nombre
cuando lo pronunciabas en voz baja.
Mis miedos se deshacían
como sal en el agua.
En ese cristal de pulso limpio
donde la niebla se despejaba
al fondo de tu mirada.
Éramos dos espejos fluyendo;
no proyectábamos la sombra de lo que fuimos,
sino lo que estábamos siendo:
dos vidas ya sin costra ni distancia.
La soledad se torna un óxido muerto
que ningún viento persigue,
porque tu pupila me alcanza
y en su centro, mi peso ya descansa.
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CALIGRAFÍA DEL GOZO
Si me escribes, Amor,
por favor, recuerda
que el sufrimiento
es punto y aparte.
Está en otro renglón
y nunca va, conmigo.
Si me escribes, Amor,
no uses venenosa tinta,
esa enredadera
que asfixia el papel
con culpas del ayer.
Ni orles apegos innecesarios
en la caligrafía del dolor,
que jamás va conmigo.
Si me escribes, Amor,
hazlo con Mayúsculas:
libres, gloriosas, ridículas.
Sin reglas ni líneas,
con la música suntuosa
de tu algarabía y sinrazón.
Si me escribes, Amor,
usa colores: ensalada gozosa
desde la cocina de tu corazón.
Firmado con tu nombre de hombre,
empezando por la A
y acabando, conmigo.
Si me escribes, Amor,
¡toda la vida
te estaré leyendo!
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LA ORILLA QUIETA
En la orilla quieta
del tiempo perdido,
miro, miro y miro:
en tus recovecos,
el río.
Y soy faro luminoso
oteando halcones dibujados en el horizonte;
nostálgico sueño bravío de un océano glorioso,
dueño de mis días con sus noches.
Y soy inmóvil roca
en mi eterno aquí y ahora,
ajena al fluir fugaz
del ocaso y de la aurora.
Anclada al destino elegido,
permanezco por si resucitas reconstruido.
En la orilla quieta
del tiempo perdido,
miro, miro y miro,
en tus recovecos,
el río esquivo.
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EL INSTANTE GIGANTE
En tu ausencia,
sigues siendo presencia.
En esos ratos velados,
llenos de ti en mi memoria.
Ratos perdidos en la historia,
sujetos a nebulosas quimeras.
En ese instante,
gigante, huérfano, zozobrante
en mi marea;
instante cálido
que es ya presente,
escurriéndose por la arena.
En ese segundo inmenso,
misterio herido en su batalla contra el olvido.
Segundo oscuro
que anhela el rayo del universo entero por bandera.
En esos ratos.
En ese instante.
En ese segundo.
Lo único que existe
es que, en tu ausencia,
sigues siendo presencia.
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