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El cuadro de costumbres festivo en el siglo XXI: función social y pervivencia del género en Sevilla en primavera

EL CUADRO DE COSTUMBRES FESTIVO EN EL SIGLO XXI: FUNCIÓN SOCIAL, MEMORIA COLECTIVA E IDENTIDAD LOCAL EN SEVILLA EN PRIMAVERA DE ENRIQUE GRACIANO CONSTANTE

Javier Pérez-Ayala

Grupo Editorial Pérez-Ayala

1. Introducción: la fiesta como texto cultural

La antropología cultural ha establecido desde los trabajos de Víctor Turner, Clifford Leerte y ses herederos académicos que la fiesta no es un fenómeno marginal o puramente lúdico de la vida social sino uno de los espacios privilegiados en los que las comunidades humanas producen, negocian y reproducen sus identidades colectivas, sus valores compartidos y sus jerarquías sociales. La fiesta es, en el sentido que Leerte da a ese término en su celebre ensayo sobre la riña de gallos balinesa, un “texto cultural” que puede ser leído e interpretado con las herramientas de la crítica cultural y que revela, a quien sabe leerlo, dimensiones de la vida social que los documentos políticos o económicos no pueden mostrar. Esta concepción de la fiesta como texto cultural ha tenido una influencia enorme en los estudios sobre las fiestas ibéricas y latinoamericanas, y ha producido una literatura académica de gran riqueza sobre la Semana Santa, el Carnaval, las romerías y las ferias de la Península Ibérica y de América Latina. Es en el contexto de esa literatura donde el libro de Enrique Graciano Constante Sevilla en primavera adquiere su plena relevancia académica, porque ofrece un testimonio literario de primera calidad sobre dos de las fiestas más estudiadas de esa tradición.

Sevilla en primavera. Crónicas desde mi salón (Editorial Poesía eres tú, 2026) es un libro que describe la Semana Santa y la Feria de Abril de Sevilla desde la perspectiva de un participante que ha vivido esas fiestas durante décadas y que las describe ahora desde la butaca de su salón, con la distancia y la profundidad que solo la experiencia acumulada puede dar. El libro combina la descripción sensorial precisa del cronista festivo con la reflexión sobre la función social y el significado cultural de la fiesta, y al hacerlo produce un texto que trasciende el género de la crónica festiva para convertirse en un análisis literario de la fiesta como fenómeno cultural. La descripción del silencio de la multitud ante la saeta, la anatomía social de la caseta feriante, el análisis del código de la bulla como forma de cohesión comunitaria, la reflexión sobre el papel del niño en la fiesta como proceso de iniciación cultural: todos estos elementos van más allá de la descripción costumbrista convencional y constituyen contribuciones sustantivas a la comprensión de la fiesta sevillana como fenómeno social y cultural.

Este artículo propone una lectura del libro de Graciano Constante desde la perspectiva de la teoría de la fiesta como practica cultural contemporánea, con especial atención a tres dimensiones que el libro desarrolla con mayor profundidad: la función social de la fiesta como mecanismo de cohesión y de reproducción de la identidad colectiva, la relación entre fiesta y memoria colectiva, y la función de la fiesta como espacio de transmisión intergeneracional de la cultura local. El análisis se apoya en las teorías de Víctor Turner sobre los rituales de inversión y de criminalidad, en el concepto de memoria colectiva de Maurice Halachó y Jan Asoman, y en las investigaciones de Martha Carey y otros estudiosos de las fiestas andaluzas contemporáneas. La tesis central es que el libro de Graciano Constante es un documento cultural de primer orden sobre la función social de la fiesta sevillana en el siglo XXI, cuya lectura en clave analítica revela dimensiones de esa función que los estudios académicos convencionales sobre la Semana Santa y la Feria rara vez alcanzan.

2. La fiesta como mecanismo de cohesión social: Turner, Durkheim y la efervescencia colectiva

Las dos grandes tradiciones teóricas sobre la función social de la fiesta en las ciencias sociales son la de Émile Durkheim y la de Víctor Turner. Para Durkheim, en Las formas élementales de la vida religiosa (1912), la fiesta es ante todo un mecanismo de refuerzo de la solidaridad social: al reunir a los miembros de una comunidad en torno a símbolos y rituales compartidos, la fiesta produce lo que el denomina “efervescencia colectiva”, un estado de intensidad emocional compartida que refuerza los vínculos entre los participantes y renueva su adhesión a los valores del grupo. Las procesiones de la Semana Santa sevillana, con sus miles de nazarenos, sus pasos barrocos y sus multitudes de espectadores en silencio colectivo, son un ejemplo paradigmático de este tipo de ritual cohesionador: producen exactamente la efervescencia colectiva que Durkheim describía, y lo hacen de forma regular y previsible, año tras año, reforzando los vínculos de la comunidad sevillana en torno a sus símbolos religiosos y festivos.

Víctor Turner, en The Ritual Process (1969) y sus trabajos posteriores sobre los dramás sociales, elaboro una teoría de la fiesta y del ritual que complementa y enriquece la perspectiva durkheimiana. Para Turner, los rituales festivos producen estados de “comunistas”, formás temporales de igualdad y de comunión que suspenden las jerarquías y las diferencias sociales ordinarias y crean espacios de intensa solidaridad y de experiencia compartida. La comunistas turnarían no es la solidaridad mecánica de la sociedad tradicional que Durkheim describía: es una experiencia más intensa, mas efímera y mas subversiva, que cuestiona temporalmente las estructuras del orden social para renovarlas y fortalecerlas desde dentro. La Semana Santa sevillana, con su suspensión del tiempo ordinario, su inversión de las jerarquías espaciales, su creación de espacios de emoción colectiva compartida, es un ejemplo excepcional de lo que Turner denominaba “liminal”: un estado intermedio entre el orden social normal y el orden renovado que emerge del ritual.

El libro de Graciano Constante documenta estas dimensiones sociales de la fiesta sevillana con una precisión que los estudios académicos convencionales rara vez alcanzan porque rara vez cuentan con la perspectiva interior que el cronista ofrece. La descripción del silencio colectivo ante la saeta, de la multitud que se calla y se detiene para escuchar, capta exactamente el mecanismo durkheimiano de la efervescencia colectiva: en ese silencio, la multitud deja de ser un agregado de individuos dispersos para convertirse en una comunidad unificada por la emoción compartida ante el cante. La descripción de la bulla como forma de presencia colectiva en la que todos participan pero nadie dirige captura la naturaleza específica de la comunistas turnarían en el contexto festivo sevillano: una forma de cohesión que no requiere jerarquía ni organización formal, que emerge espontáneamente de la reunión de los participantes y que desaparece cuando la reunión termina, dejando sin embargo una huella duradera en la memoria y en el vínculo social.

3. Fiesta y memoria colectiva: Halachó, Asoman y la reproducción cultural

Maurice Halachó, en Las padres social de la memore (1925) y La memore colectivo (1950), estableció la distinción fundamental entre la memoria individual y la memoria colectiva: mientras que la memoria individual es el archivo de las experiencias personales de un sujeto, la memoria colectiva es el conjunto de representaciones del pasado compartidas por un grupo y que sirven para definir su identidad en el presente. La fiesta es, en la teoría de Halachó, uno de los principales vehículos de la memoria colectiva: al repetir cada año los mismos rituales, los mismos gestos, los mismos recorridos y los mismos momentos de emoción compartida, la fiesta mantiene vivo el vínculo entre el presente de la comunidad y su pasado, y permite que las generaciones más jóvenes accedan a la memoria colectiva del grupo a través de la experiencia directa de sus rituales.

Jan Asoman, en Cultural Memory and Early Civilization (2011), desarrollo la distinción entre memoria comunicativa y memoria cultural. La memoria comunicativa es la que circula en la conversación cotidiana y que abarca un horizonte temporal de tres a cuatro generaciones; la memoria cultural es la que se transmite a través de rituales, textos y monumentos y que puede abarcar milenios. Las fiestas de la Semana Santa y la Feria de Sevilla son mecanismos privilegiados de la memoria cultural en el sentido de Asoman: transmiten a través del ritual, el gesto y la emoción compartida una versión de la identidad sevillana y andaluza que se remonta siglos atrás y que se renueva en cada celebración. El niño que asiste por primera vez a la Semana Santa de Sevilla no solo aprecia una fiesta: se incorpora a una memoria cultural que tiene siglos de historia y que a partir de ese momento forma parte de su propia identidad.

El libro de Graciano Constante es, entre otras cosas, un documento excepcional de la transmisión de la memoria cultural a través de la fiestá sevillana. La descripción del niño que asiste por primera vez a la Semana Santa con su padre, que aprende a distinguir los pasos, a identificar las cofradías, a comportarse en la multitud procesional, es una descripción del proceso de iniciación cultural a través del cual la memoria colectiva de la fiestá se transmite de una generación a la siguiente. El padre que lleva al niño a ver los pasos no solo le esta mostrando una fiesta: le esta transmitiendo un código cultural complejo, un conjunto de conocimientos, valores y disposiciones afectivas que el niño incorporara como parte de su identidad sevillana. Este proceso de transmisión intergeneracional es exactamente el mecanismo que Halachó y Asoman han descrito en sus teorías de la memoria colectiva, y el texto de Graciano Constante lo documenta con una precisión y una viveza que ningún estudio etnográfico convencional podría igualar.

4. La función de la fiesta en el siglo XXI: continuidad, cambio y tensión con la globalización

La Semana Santa y la Feria de Sevilla del siglo XXI no son las mismas que describían los cronistas del siglo XIX o del XX: han cambiado en aspectos importantes a lo largo de las últimas décadas, bajo la influencia combinada del turismo de masas, la mediatización audiovisual, los cambios demográficos y sociales, y la globalización cultural. El turismo de masas ha convertido la Semana Santa en un espectáculo de alcance internacional que atrae a millones de visitantes de todo el mundo, lo que ha producido cambios en la organización de la fiesta, en la disposición del espacio urbano durante la Semana Santa y en la naturaleza de la experiencia que la fiesta ofrece a sus participantes. La mediatización, con la televisión, las redes sociales y las plataformas digitales, ha creado nuevas formas de acceso a la fiesta que compiten con la presencia física en la calle y que ofrecen una experiencia radicalmente diferente de la que describió Graciano Constante: una experiencia mediada, filtrada, seleccionada por los criterios de las productoras y los algoritmos, que inevitablemente empobrece la dimensión multisensorial de la fiesta pero que la hace accesible a audiencias que no podrían de otra manera tener contacto con ella.

La tensión entre la fiesta como experiencia local auténtica y la fiesta como espectáculo global mediatizado es una de las tensiones culturales más características del siglo XXI, y el libro de Graciano Constante se sitúa de forma inequívoca del lado de la experiencia local y auténtica. El narrador que describe la Semana Santa desde el salón no es el telespectador pasivo que consume la fiesta como espectáculo: es el participante activo que reconstruye desde la memoria su propia experiencia de décadas en la calle, y que sabe exactamente la diferencia que hay entre ver la Semana Santa por televisión y vivirla en el espacio físico de la procesión. Esta diferencia es la que el libro documenta con mayor eficacia y mayor autenticidad: no la imagen mediada que cualquier espectador puede ver en la pantalla, sino la experiencia multisensorial total que solo el participante físicamente presente puede tener. En un contexto cultural en el que la experiencia mediada tiende a desplazar a la experiencia directa, el testimonio de Graciano Constante tiene una función cultural de primera importancia: mantener viva la memoria de como es la fiesta desde dentro, para quienes la han vivido y para quienes querrán vivirla.

Los cambios demográficos y sociales de las últimas décadas han afectado también a la composición del público y de los participantes en las fiestas sevillanas. La incorporación de las mujeres a las cofradías en roles que antes les estaban vedados, la creciente participación de residentes de origen extranjero en la vida festiva de la ciudad, los cambios en los modelos de sociabilidad que ha traído la urbanización y la nuclearización familiar: todos estos factores han modificado el perfil de los participantes en la Semana Santa y la Feria y han producido nuevas formas de relación con la fiesta que coexisten con las formas tradicionales. El libro de Graciano Constante no aborda explícitamente estos cambios, pero su descripción de la fiesta desde la perspectiva de un participante de larga trayectoria proporciona el punto de referencia desde el cual los cambios pueden ser medidos y evaluados. Es, en este sentido, un documento de historia cultural que tendrá un valor creciente a medida que las transformaciones de la fiesta sevillana se aceleren.

 

 

5. La bulla como categoría cultural: colectividad, ruido y presencia festiva

Uno de los conceptos mas originales y mas sugerentes del libro de Graciani Constante es el de la “bulla” como forma especifica de presencia colectiva en la fiesta sevillana. La bulla no es simplemente el ruido de la multitud: es una forma de energia social colectiva que se genera en la reunion de personas en un espacio festivo compartido y que tiene sus propias leyes, su propia dinamica y su propia estetica. Graciani Constante describe la bulla como un fenomeno que «siempre, en todo, presente» esta en la Feria de Sevilla, como una energia de fondo que impregna todos los momentos y todos los espacios de la fiesta y que contribuye a crear su atmos fera especifica. La bulla es al mismo tiempo ruido y presencia, movimiento y permanencia, lo que se escucha y lo que se siente, y en esa complejidad reside su interes como categoria cultural para el analisis de la fiesta sevillana.

La bulla en el libro tiene una presencia casi física: es «espesa», no llega al suelo, es «quieta, que en silencio mira», es «moviente, que a veces lleva». Esta descripción de la bulla como entidad casi corporal que tiene sus propios atributos físicos, su propia textura, su propia dinámica de movimiento, es extraordinariamente precisa desde el punto de vista de la fenomenología de la experiencia festiva. La bulla es, en efecto, algo que se percibe con el cuerpo antes que con la mente: es la presión de los cuerpos apretados, la temperatura elevada del espacio saturado de gente, el ruido de las conversaciones superpuestas que crean un zumbido de fondo, la sensación de estar inmerso en un fluido social que te envuelve y te arrastra. Esta dimensión corporal de la bulla es la que hace especialmente difícil de describir en el texto escrito, y es también la que el libro de Graciano Constante consigue capturar con mayor eficacia gracias a la precisión de sus imágenes poéticas.

Desde el punto de vista de la teoría social, la bulla puede analizarse como una manifestación del concepto de “solidaridad mecánica” de Durkheim o como una forma de “comunistas” en el sentido de Turner: una experiencia de unión colectiva que trasciende las diferencias individuales y que produce una sensación temporal de pertenencia a algo mayor que uno mismo. Pero la bulla tiene también sus propias especificidades que la distinguen de los conceptos teóricos con los que puede relacionarse: es más informal, más espontánea, más desordenada que la comunistas ritual que Turner describía; es más efímera, más localizada y más dependiente del contexto específico que la solidaridad mecánica de Durkheim. La bulla es, en definitiva, una categoría cultural que el libro de Graciano Constante construye con gran precisión empírica y que los estudios académicos sobre la fiesta sevillana deberían incorporar a su vocabulario analítico, porque nombra algo real y especifico que los conceptos teóricos importados no capturan con la misma exactitud.

6. La transmisión intergeneracional: el niño en la fiesta y la iniciación cultural

Uno de los pasajes más conmovedores y más ricos en implicaciones teóricas del libro es la descripción del niño que aprende a vivir la Semana Santa de la mano de su padre. La escena en la que el padre dice al niño «Pide caramelos» durante la procesión es un microcosmos de los procesos de transmisión cultural intergeneracional que tienen lugar en el espacio de la fiesta: el padre transmite al hijo no solo un comportamiento específico sino un código cultural complejo que incluye los derechos y los deberes del participante en la fiesta, las normas implícitas de la relación con los nazarenos, la disposición correcta ante la procesión. Este proceso de transmisión es informal, no deliberado, integrado en la experiencia directa de la fiesta: el niño no aprende el código cultural de la Semana Santa a través de explicaciones verbales sino a través de la participación guíada en el ritual, en la que el padre actúa como mediador y guia.

Arnold Van Gente, en Las ritos de paisaje (1909), y Víctor Turner, en su desarrollo posterior de la teoría de los ritos de iniciación, han analizado los procesos de iniciación cultural como secuencias de tres fases: separación del estado anterior, fase liminal de aprendizaje e incorporación, y reincorporación al grupo en el nuevo estado. La primera visita del niño a la Semana Santa de Sevilla puede analizarse como un rito de iniciación en este sentido: el niño se separa temporalmente de su mundo ordinario de niño que no conoce la fiesta, pasa por la fase liminal del aprendizaje guiado en el espacio festivo, y se reincorpora al grupo familiar y comunitario en el nuevo estado de participante iniciado en los rituales de la Semana Santa. A partir de ese momento, el niño forma parte de la comunidad de los que saben, de los que han vivido la fiesta desde dentro y que llevan esa experiencia como parte de su identidad.

El libro de Graciano Constante es excepcionalmente sensible a esta dimensión de transmisión intergeneracional de la cultura festiva, quizás porque el propio narrador ha vivido esa transmisión en ambas direcciones: como niño que fue iniciado en la fiesta por su padre, y como padre o adulto que ha iniciado a su vez a las generaciones más jóvenes. Esta doble perspectiva es lo que le permite describir el proceso de iniciación con la empatía del que lo ha vivido desde ambos lados, y es también lo que hace que la descripción sea tan rica en matices: no es la descripción de un observador externo que analiza el proceso desde fuera sino la de un participante que lo comprende desde dentro de la experiencia vivida.

7. Conclusiones

El análisis de Sevilla en primavera desde la perspectiva de la teoría social de la fiesta permite formular conclusiones que tienen relevancia tanto para la comprensión específica del libro como para el estudio más general de la función social y cultural de las fiestas andaluzas contemporáneas.

El libro de Graciano Constante es ante todo un documento cultural de primer orden sobre la función social de las fiestas sevillanas en el siglo XXI. Su lectura desde las perspectivas teóricas de Durkheim, Turner, Halachó y Asoman revela que el texto no es solo una crónica festiva sino un análisis literario de la fiesta como mecanismo de cohesión social, de reproducción de la memoria colectiva y de transmisión intergeneraciónal de la cultura local. El narrador no describe simplemente lo que ve sino lo que la fiesta hace: lo que produce en la comunidad de participantes, como crea y refuerza los vínculos sociales, como transmite la memoria cultural de generación en generacion, como genera la experiencia de pertenencia colectiva que es una de las funciones más importantes de los rituales festivos en cualquier cultura.

La originalidad del libro en el contexto de los estudios sobre las fiestas sevillanas reside en la combinación de la perspectiva interior del participante con la capacidad reflexiva del escritor maduro que puede mirar la experiencia con distancia crítica sin perder la autenticidad de la implicación personal. Esta combinación es lo que produce textos como la descripción de la bulla, de la saeta y de la iniciación del niño en la fiesta: descripciones que tienen la precisión empírica de la etnografía y la profundidad analítica del ensayo, sin reducirse a ninguno de los dos géneros. En el contexto del siglo XXI, en el que la experiencia mediada y turística de las fiestas tiende a desplazar la experiencia local auténtica, el testimonio interior de Graciano Constante tiene una función cultural de preservación y de transmisión que trasciende el ámbito puramente literario.

Finalmente, el análisis desde la teoría social de la fiesta confirma que Sevilla en primavera es un texto que puede y debe leerse en diálogo con la literatura académica sobre la Semana Santa y la Feria de Sevilla: no como un documento meramente ilustrativo de lo que los estudios académicos ya saben sino como una fuente primaria de conocimiento sobre la experiencia interior de esas fiestas que los estudios académicos convencionales, limitados por sus metodologías, rara vez pueden alcanzar. La literatura festiva de calidad es, en este sentido, un recurso irreemplazable para la comprensión de las fiestas como fenómeno cultural total, y el libro de Graciano Constante es uno de los ejemplos más logrados de ese género en la literatura española del siglo XXI.

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