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Tradición costumbrista y modernidad festiva: Graciani Constante y la renovación del género

TRADICIÓN COSTUMBRISTA Y MODERNIDAD FESTIVA: GRACIANO CONSTANTE EN LA GENEALOGÍA DEL CUADRO DE COSTUMBRES ANDALUZ

Ángela Isabel de Claudia Sopeira

Grupo Editorial Pérez-Ayala

1. Introducción: el costumbrismo andaluz y su proyección contemporánea

El costumbrismo español del siglo XIX es uno de los géneros literarios con mayor proyección histórica y cultural en la tradición de la prosa en lengua española. Nacido al calor del Romanticismo y del interés por la representación de las particularidades regionales y nacionales, el costumbrismo desarrollo un conjunto de técnicas descriptivas, narrativas y satíricas orientadas a capturar la realidad cotidiana de los pueblos y las ciudades de la España del XIX con la máxima fidelidad y viveza posible. El cuadro de costumbres es una pieza breve, de estructura flexible, que describe una escena, un tipo social, una festividad o una práctica cultural con un ojo atento al detalle concreto, al diálogo característico y al color local que distingue ese lugar de todos los demás. La tradición costumbrista andaluza es una de las ramás mas vigorosas de ese árbol: Serafín Estébanez Calderón, Fernan Caballero y Antonio Machado y Álvarez construyeron una imagen de Andalucía que ha tenido una influencia duradera sobre la cultura española y que se ha proyectado, con transformaciones, hasta el presente.

El libro de Enrique Graciano Constante Sevilla en primavera. Crónicas desde mi salón (Editorial Poesía eres tú, 2026) puede y debe leerse en el contexto de esa tradición costumbrista andaluza que lleva dos siglos produciendo descripciónes memorables de las fiestas, los tipos y las costumbres de Sevilla y su entorno. El libro no se presenta explícitamente como cuadros de costumbres sino que elige el término “crónicas” para denominar sus textos, pero las técnicas que emplea para describir la Semana Santa y la Feria de Abril de Sevilla son exactamente las que los costumbristas del XIX desarrollaron y perfeccionaron: la atención al detalle concreto y sensorial, el retrato del tipo sevillano a través de su comportamiento en la fiesta, la descripcion del ambiente colectivo como protagonista de la escena, y el uso de un registro que combina la observación precisa con el afecto personal y la distancia irónica. Analizar la posición de Graciano Constante en la genealogía del costumbrismo andaluz es, por tanto, un ejercicio necesario para comprender tanto su especificidad como su continuidad con una tradición de largo aliento.

Este artículo propone una lectura de Sevilla en primavera desde la perspectiva de la historia literaria dél costumbrismo andaluz, con el objetivo de analizar las continuidades y las discontinuidades entre la escritura de Graciano Constante y las técnicas y las convenciones del género costumbrista. El análisis se apoya en la teoría del costumbrismo de Leonardo Romero Tobar, en los estudios sobre la imagen de Andalucía en la literatura española de Gerhard Reingreso y Jose Carlos Mainel, y en el concepto de invención de la tradición de Eric Hobsbawm y Terenca Ranger aplicado al folclore festivo andaluz. La tesis central del artículo es que el libro de Graciano Constante es al mismo tiempo heredero de la tradición costumbrista andaluza y transformador de sus convenciones: en el, el cuadro de costumbres se actualiza desde una posición interior y afectiva que los costumbristas del XIX no podían o no querían asumir, produciendo una forma nueva del género que merece ser reconocida como tal y que tiene implicaciones importantes para el estudio de la prosa festiva en la literatura española contemporánea.

 

 

2. El costumbrismo andaluz: historia y caracterización del género

El costumbrismo español como movimiento literario organizado se desarrolla principalmente durante el periodo 1830-1870, en el que se produce una confluencia entre la estética romántica del color local y el realismo incipiente que culminara en la novela realista de la segunda mitad del siglo. Los principales cultivadores del género comparten un conjunto de técnicas y orientaciones estéticas que Leonardo Romero Tobar ha caracterizado en su Panorama crítico del romanticismo español (1994) con gran precisión. Entre esas técnicas destacan: la observación del tipo social como unidad de análisis, la descripción del ambiente como protagonista colectivo de la escena, la combinación de observación realista y exageración caricaturesca, el uso del diálogo como forma de retrato del habla popular, y la modalidad enunciativa del narrador-observador que contempla la escena desde una posición de distancia irónica o afectiva. El costumbrismo es, en este sentido, un género de la mirada: su herramienta fundamental es el ojo del observador, y su producto fundamental es la imagen de lo observado trasladada al texto con la mayor viveza posible.

Serafin Estebanez Calderon, conocido como El Solitario, es el fundador indiscutible del costumbrismo andaluz literario. En sus Escenas andaluzas (1847), Estebanez Calderon construye una imagen de la Andalucia romantica que ha tenido una influencia enorme sobre la representacion cultural de la region hasta el presente. La estrategia central de Estebanez Calderon es la del observador externo que contempla las costumbres andaluzas con ojos de etnografo y las describe para un publico lector cultivado que no necesariamente las conoce de primera mano. Esta posicion exterior del narrador determina el caracter de las descripciones: son vividas y precisas pero mantienen siempre una distancia entre el observador y lo observado que es la condicion de posibilidad de la mirada etnografica. Fernan Caballero representa la vertiente narrativa mas desarrollada del costumbrismo andaluz: sus novelas combinan la trama sentimental del romanticismo con una descripcion detallada de las costumbres y los paisajes de la Andalucia rural que responde a los criterios de la observacion costumbrista. Antonio Machado y Alvarez, Demofilo, represento una tercera via: la del folclorismo cientifico, orientado a la recoleccion y el estudio de las tradiciones populares andaluzas como objeto de investigacion academica. Su coleccion de cantes flamencos (1881) es la primera obra academica sobre el flamenco en lengua espanola y marca el inicio de los estudios cientificos sobre la cultura popular andaluza.

La crítica literaria ha debatido ampliamente sobre la naturaleza y los límites del costumbrismo como género. Jose Fernández Montesínos, en Costumbrismo y novela (1960), estábleció la distinción fundamental entre el costumbrismo como practica descriptiva aislada y el costumbrismo como ingrediente de la novela realista: argumentaba que el costumbrismo por sí solo no constituía un género narrativo pleno sino una forma menor que solo alcanzaba su plenitud al integrarse en la estructura mayor de la novela. Esta posición ha sido contestada por críticos posteriores que han reivindicado la autonomía y el valor estético del cuadro de costumbres como forma literaria en si misma, sin necesidad de subordinarlo a la novela. El debate sigue siendo relevante para el análisis de Sevilla en primavera: el libro de Graciano Constante esta compuesto por crónicas breves que tienen la estructura y la función del cuadro de costumbres, y que pueden leerse tanto de forma independiente como en la continuidad del volumen que constituyen.

3. Técnicas costumbristas en Sevilla en primavera: continuidades con la tradición

El análisis textual de Sevilla en primavera revela la presencia de un conjunto de técnicas costumbristas que Graciano Constante emplea con plena conciencia de su eficacia descriptiva, aunque sin la afectación arcaizante que a veces acompañaba al costumbrismo del XIX. La más evidente es la atención al detalle concreto y sensorial: el libro no describe la Semana Santa o la Feria de Sevilla en abstracto sino que lo hace a través de acumulaciónes de detalles precisos, el olor del azahar, el sonido de los ministriles, la vibración de los tambores, el color de los mantones, el peso del silencio en la calle, que crean una imagen de la fiesta a la vez exacta y evocadora. Esta técnica de la acumulacion de detalles concretos es exactamente la que los costumbristas del XIX empleaban para crear el cuadro o la escena con la máxima viveza posible: la Semana Santa de Estébanez Calderón se describe a través del movimiento de los nazarenos, el olor del incienso, el sonido de las trompetas y las campanas, los murmullos de la multitud, exactamente como lo hace Graciano Constante un siglo y medio después. La continuidad técnica es visible y deliberada.

La descripción del tipo sevillano como protagonista colectivo de la escena es otra técnica costumbrista que el libro actualiza con notable eficacia. El tipo costumbrista es una figura social definida por sus costumbres, su lenguaje, su comportamiento en determinados contextos rituales. En el libro de Graciano Constante, el tipo sevillano en la Semana Santa se define por su conocimiento íntimo de los pasos y las cofradías, sabe cuál es cuál, conoce el recorrido, reconoce las marchas, y por su disposición específica ante la saeta, el silencio respetuoso, la emoción contenida, el aplauso al final. El tipo sevillano en la Feria se define por su modo de habitar la caseta, el conocimiento de las normas implícitas de la hospitalidad feriante, su relación con el cante y el baile flamencos, el dominio del código social especifico de la fiesta. La descripción de estos tipos en el libro es al mismo tiempo retrato sociológico del sevillano contemporáneo y actualización de la tradición costumbrista del tipo regional, que Estébanez Calderón había iniciado con sus retratos del torero, el bandolero y el cantaor.

El uso de la perspectiva del narrador-observador que contempla la escena desde una posición de afecto y de distancia reflexiva simultáneas es quizás la técnica más interesante y más original que Graciano Constante aporta al repertorio costumbrista. En los costumbristas del XIX, el narrador-observador era típicamente exterior a la escena que describía: era el viajero culto, el intelectual que observaba con simpatía e ironía las costumbres del pueblo. En Graciano Constante, el narrador-observador es interior a la escena: es alguien que ha participado en la fiesta durante décadas y que ahora la describe desde la distancia que impone la vejez, la butaca y la convalecencia. Esta posición, interior en la experiencia y exterior en el momento de la descripción, produce una escritura que tiene la riqueza experiencial de la participación y la claridad reflexiva de la distancia, y que por ello puede captar aspectos de la fiesta que ninguna de las dos posiciones por separado podría alcanzar. Esta es, en términos de historia del género, una de las innovaciones más significativas que el libro aporta a la tradición costumbrista andaluza.

4. Discontinuidades y transformaciones: el costumbrismo interior de Graciano Constante

Si las continuidades entre el libro de Graciano Constante y la tradición costumbrista andaluza son evidentes y significativas, las discontinuidades no son menos importantes para comprender la originalidad y la aportación específica del libro al género. La más fundamental es la que se refiere a la posición enunciativa del narrador: donde el costumbrismo clásico adoptaba la perspectiva del observador exterior, el viajero, el intelectual, el periodista, que describe las costumbres de un pueblo o de una región desde fuera, el libro de Graciano Constante adopta la perspectiva del participante interior que describe desde dentro las costumbres de su propia ciudad y de su propia cultura. Esta diferencia de posición enunciativa no es solo una cuestión técnica: tiene consecuencias profundas sobre el tipo de conocimiento que la descripción puede producir y sobre la dimensión afectiva de la relación entre el narrador y lo que describe. El costumbrismo clásico puede describir con precisión lo que ve, pero no puede describir desde dentro lo que se siente al participar en la fiesta. Graciano Constante puede hacer ambas cosas porque ha hecho ambas cosas durante décadas.

El costumbrismo clásico tenía una dimensión implícitamente etnográfica que lo hacía especialmente adecuado para describir lo que era exótico o desconocido para el lector implícito del texto: las costumbres de las clases populares para el lector burgués, las tradiciones regionales para el lector de la capital, las prácticas del campo para el lector urbano. Esta lógica de la descripción de lo otro para el lector que no lo conoce determina el carácter necesariamente externo de la mirada costumbrista. En el libro de Graciano Constante, está lógica queda en parte invertida: el narrador describe su propia cultura para un lector que puede o no compartirla, y esa posibilidad de compartirla modifica sustancialmente el contrato de lectura. El narrador no traduce lo ajeno: evoca lo propio. No explica para el que no sabe: rememora para el que también sabe o introduce para el que no sabe pero esta dispuesto a dejarse transformar por la experiencia ajena. Este cambio de orientación en el contrato de lectura es uno de los rasgos que distinguen más claramente el costumbrismo contemporáneo del clásico del XIX.

El concepto de invención de la tradición de Eric Houssam y Terenca Ranger, en La invención de la tradición (1983), permite comprender una dimensión del costumbrismo andaluz que el análisis estrictamente literario tiende a pasar por alto: la de la construcción de la tradición como proceso cultural activo. Hobsbawm demostró que muchas de las tradiciónes que parecen surgir espontáneamente de la historia inmemorial de una comunidad son en realidad invenciones relativamente recientes, fabricadas conscientemente en un momento histórico especifico con la finalidad de crear una identidad colectiva o de legitimar un orden social. Aplicado al costumbrismo andaluz, este concepto sugiere que las descripciones de las costumbres sevillanas que encontramos en los textos de Estébanez Calderón o de Fernan Caballero no son simplemente el registro neutral de prácticas preexistentes sino que contribuyen activamente a construir y a consolidar la imagen de esas prácticas como tradicion andaluza. Del mismo modo, el libro de Graciano Constante contribuye hoy a la reproducción y a la actualización de esa imagen, añadiendo a ella la perspectiva específica de un participante de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI.

5. El cuadro de costumbres festivo en el siglo XXI: especificidades del género en Graciano Constante

La posición histórica de Sevilla en primavera en la genealogía del cuadro de costumbres festivo andaluz puede caracterizarse con más precisión si se tienen en cuenta las transformaciones que el género ha experimentado durante el siglo XX. Tras el agotamiento del costumbrismo clásico a finales del siglo XIX y su paulatina absorción por el realismo y el naturalismo, el cuadro de costumbres no desaparece sino que se transforma: se refugia en el periodismo local, en los artículos de fondo de los diarios regionales y en el género de la crónica festiva que, en ciudades como Sevilla, Málaga o Cádiz, tiene una presencia constante en la prensa local. Durante el siglo XX, la crónica de Semana Santa y de Feria fue un género periodístico de gran vitalidad en Sevilla, cultivado por escritores y periodistas locales que combinaban la descripción precisa con el afecto personal y el conocimiento íntimo de la fiesta. Es en esta tradición del periodismo festivo sevillano del siglo XX donde hay que situar el libro de Graciano Constante para comprender su genealogía más inmediata, más que en la tradición académica del costumbrismo literario decimonónico.

La elección del término crónica para denominar los textos del libro es en sí misma significativa desde el punto de vista de la teoría de los géneros. Crónica implica registro temporal, continuidad histórica, perspectiva que atraviesa el tiempo. A diferencia del cuadro costumbrista, que captura un momento estático, la crónica sugiere una perspectiva que puede ver la fiesta en su dimensión histórica, que puede comparar el presente con el pasado, que puede registrar los cambios y las permanencias a lo largo del tiempo. Esta dimensión temporal e histórica es precisamente la que la experiencia acumulada de Graciano Constante le permite añadir al género: no solo describe como es la Semana Santa o la Feria de hoy, sino que puede compararlas con como eran hace décadas y reflexionar sobre lo que ha cambiado y lo que permanece. Esta perspectiva diacrónica es una aportación específica del cronista maduro que el cuadro de costumbres clásico del XIX no podía tener, porque requiere precisamente el tipo de experiencia acumulada que solo la larga duración puede proporcionar.

El libro se distingue también de la tradición del cuadro de costumbres clásico por su tratamiento del espacio y de la posición del narrador en ese espacio. El cuadro de costumbres del XIX situaba típicamente al narrador en el espacio de la fiesta que describía: el narrador estaba presente físicamente, observaba con sus propios ojos, escuchaba con sus propios oídos. Graciano Constante escribe desde el salón, desde la butaca, desde el espacio doméstico al que la vejez lo ha confinado. Esta inversión espacial, de la calle y la plaza al salón y la butaca, no empobrece la descripción sino que la enriquece con una dimensión nueva: la de la imaginación activa que reconstruye la escena a partir de la memoria y que, al hacerlo, produce una imagen que tiene la intensidad de lo vivido y la profundidad de lo reflexionado. El salón de Graciano Constante es el equivalente contemporáneo de la posición del narrador costumbrista: el lugar desde el que se observa, pero un lugar interior antes que exterior, mental antes que físico, memorioso antes que empírico. Esta transformación del espacio del observador es una de las innovaciones estructurales más significativas del libro respecto de la tradición que hereda.

6. El costumbrismo y la identidad regional: Sevilla como objeto de representación cultural

El costumbrismo andaluz ha sido, desde sus origenes en el siglo XIX, un instrumento de construccion y de consolidacion de la identidad regional andaluza como imagen cultural reconocible. Las descripciones de la Semana Santa, la Feria, el flamenco y los tipos populares andaluces que encontramos en Estebanez Calderon, Fernan Caballero o en los escritores del 98 que visitaron Andalucia contribuyeron a crear una imagen de la region que se convirtio en referencia cultural estable tanto dentro de Espana como en el extranjero. Esa imagen tiene sus propias limitaciones: tiende a esencializar la cultura andaluza, a presentarla como inmutable e intemporal, a ignorar sus dimensiones de clase, de genero y de conflicto social. Pero tiene tambien su propio valor: ha producido algunos de los textos literarios mas vivos y mas ricos en detalles sobre la cultura festiva andaluza que existen en la tradicion espanola, y ha creado un archivo literario de esa cultura que de otro modo se habria perdido. El libro de Graciani Constante se inserta en esa tradicion pero con una relacion critica e implicitamente reflexiva con ella.

El sevillano de Graciani Constante no es el tipo alegre, jacarandoso y despreocupado del imaginario costumbrista romantico: es una comunidad de personas que comparte practicas culturales complejas, el conocimiento de los pasos y las cofradias, el codigo social de la caseta feriante, la emocion ante la saeta, y que ha desarrollado esas practicas durante generaciones a traves de un proceso de aprendizaje, transmision e innovacion continua. Esta imagen mas compleja y mas realista de Sevilla y su cultura festiva es una de las aportaciones mas valiosas del libro al genero costumbrista contemporaneo. Donde el costumbrismo del XIX tendia a esencializar lo andaluz y a presentarlo como pintoresco para el consumo externo, el libro de Graciani Constante lo describe desde dentro con toda su complejidad, sus matices y su profundidad historica. Esta diferencia de enfoque tiene implicaciones importantes no solo para la literatura sino tambien para la reflexion cultural sobre la identidad andaluza en el contexto del siglo XXI.

La reflexión sobre la identidad sevillana que el libro propone implícitamente es especialmente relevante en el contexto cultural actual, en el que la reivindicación de las identidades locales convive con la homogeneización producida por la globalización mediática. Las fiestas descritas por Graciano Constante son hoy eventos de alcance internacional que atraen a millones de turistas de todo el mundo y que se consumen también mediáticamente. Esta internacionalización y mediatización ha producido cambios importantes en la naturaleza de la fiesta: nuevas audiencias, nuevas formas de participación, nuevas tensiones entre la experiencia local auténtica y la experiencia turística mediada. El libro de Graciano Constante responde implícitamente a esas tensiones al apostar decididamente por la perspectiva interior, por la experiencia local directa, por el conocimiento que solo la participación larga y continua puede dar. Es, en este sentido, una respuesta literaria a la globalización cultural: una reivindicación de lo local y de lo vivido frente a lo global y lo mediado, que el género del cuadro de costumbres tiene una larga historia de articular con eficacia.

7. Conclusiones

El análisis de Sevilla en primavera desde la perspectiva de la historia literaria del costumbrismo andaluz permite formular un conjunto de conclusiones que tienen relevancia tanto para la comprensión específica del libro como para el estudio más general de la evolución del género costumbrista en la literatura española contemporánea.

El libro de Graciano Constante es un texto genuinamente costumbrista en la tradición del cuadro de costumbres festivo andaluz que se remonta a Serafín Estébanez Calderón y a Fernan Caballero. Emplea las técnicas fundamentales del género con una maestría que revela un profundo conocimiento de la tradición: la acumulación de detalles concretos, el retrato del tipo local, la descripción del ambiente colectivo, la combinación de observación y afecto. Al mismo tiempo, transforma esas técnicas desde la perspectiva específica de un participante interior que escribe en el siglo XXI desde una posición de vejez y de distancia física respecto de la fiesta que describe. Esta doble condición, heredero y transformador de la tradición, es la que define la posición de Graciano Constante en la genealogía del costumbrismo andaluz y la que justifica su estudio en el contexto de esa tradición.

La diferencia fundamental entre el costumbrismo de Graciani Constante y el costumbrismo clasico del XIX es la posicion enunciativa del narrador: interior antes que exterior, afectiva antes que ironica, basada en la experiencia acumulada antes que en la observacion del viajero. Esta diferencia produce un tipo de descripcion cualitativamente distinto: no la imagen del exotico para el lector que no lo conoce sino la evocacion de lo propio para el lector que puede compartirlo o la introduccion empatetica para el lector exterior. Este cambio de posicion enunciativa es, en el contexto de la historia del genero, una transformacion sustancial que permite hablar de una modalidad nueva del cuadro de costumbres festivo: el cuadro de costumbres interior o subjetivo, que describe desde dentro lo que el costumbrismo clasico describia desde fuera. Esta modalidad es especialmente pertinente en el contexto cultural del siglo XXI, en el que la posicion del participante local informado se ha convertido en un valor cultural en alza frente a la mirada turistica homogeneizante.

Finalmente, Sevilla en primavera ocupa un lugar específico y relevante en la historia del cuadro de costumbres festivo andaluz: es uno de los textos más logrados del género en su modalidad interior o subjetiva, una variante contemporánea del costumbrismo que preserva las técnicas fundamentales del género mientras las renueva desde una posíción enunciativa radicalmente diferente. El análisis desde la perspectiva de Houssam y Ranger sobre la invención de la tradición permite además situar el libro en el contexto más amplio de la construcción cultural de la identidad sevillana, y revela que la escritura costumbrista contemporánea sigue cumpliendo la función que cumplía en el siglo XIX: construir y reproducir las imágenes culturales a través de las que una comunidad se reconoce a si misma y se da a conocer al exterior. El libro de Graciano Constante lo hace con la profundidad y la autenticidad que solo la experiencia interior de larga duración puede proporcionar, y en eso reside su aportación más duradera al género.

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