Llegaste sin avisar

No esperaba tu visita,
menos hice invitación,
y no veo
la razón
que tu llegada ejercita.

No fue obra del ayer,
ni presagio del futuro,
y me atrevo
a dar por seguro
que le lograste sorprender.

Con rapidez te adueñaste
como si fuera una herencia,
ofreciéndole impaciencia
y muy confiada acampaste.

Su tranquilidad ahuyentaste,
y no te puede perdonar;
su corazón agitaste
cuando llegaste sin avisar.

Te instalaste en sus sentidos
como un huésped clandestino;
torciste
todo el camino
que creía ya aprendido.

Y aunque intente descifrar
la señal
de tu llegada,
solo encuentra tu emboscada
en cada intento de avanzar.

Llegaste sin avisar del libro Cuando falta la ansiedad de Daisel Lozada Fernández Compartir en X

Oscuras ventanas del alma

Oh sol, qué bello amanecer,
oh día limpio de primavera;
oh, si pudiera ella ver
la luz que tiembla en la pradera.

Oh claridad que se derrama,
oh rosa viva y azucena;
oh, ¿por qué siente tanta pena
si el mundo en calma la llama?

Oh, ¿qué has hecho con sus ojos,
ansiedad que los oscureces?
Oh, ya no mira como meses
antes de tus cerrojos flojos.

Oh sombra que se desliza,
oh niebla que la desarma;
oh, cómo le robas la calma
cuando la luz se suaviza.

Oh, quisiera ella sostener
la belleza que se asoma;
oh, pero todo se desploma
cuando intenta comprender.
Oh, se le nubla la mirada,
oh, se le quiebra la certeza;
oh, la flor pierde belleza
en su ventana apagada.

Oh, quisiera volver a ver,
oh, quisiera abrir la palma;
oh, ¿por qué se han de enlutecer
las oscuras ventanas del alma?

Oscuras ventanas del alma del libro Cuando falta la ansiedad de Daisel Lozada Fernández Compartir en X

Divorcio incomprendido

No sé cómo tú has logrado
separar lo inseparable,
cortar sin arma alguna
lo que antes era unidad.

Su cuerpo sigue intacto,
con fuerza suficiente para andar,
con la salud que permitiría
afrontar el día sin tropiezos.

Pero cuando intenta pensar,
la cabeza no responde:
se ausenta,
se oculta,
no aparece.

La imagen se disuelve,
la idea pierde forma,
y el cuerpo espera
un movimiento que no llega,
como si la orden
se hubiera extraviado
en algún punto de la mente.

Hay momentos
en que la niebla mental
lo cubre todo:
una opacidad que separa,
que divide,
que deja al cuerpo solo
en su intento de avanzar.

La fractura no es visible,
pero opera en silencio:
una desconexión interna,
una línea partida
entre la función que quiere actuar
y la función que no responde.

Nada de esto fue decidido,
pero ocurre.
Ella lo vive sin entenderlo,
como si su propio organismo
se hubiera dividido en dos partes
que ya no dialogan.

Su cuerpo, dispuesto a luchar,
su mente, perdida en la niebla.
Y en esa separación involuntaria
se instala la verdad clínica:
un divorcio incomprendido.

Divorcio incomprendido del libro Cuando falta la ansiedad de Daisel Lozada Fernández Compartir en X

Cuando falta la ansiedad

Hoy celebra noche y día
no haber caído en tu juego;
ya no le arrastras con fuego
ni con tu maña sombría.

Pensaste que le ganabas
al alterar su anatomía,
cabeza y cuerpo separar,
creíste que lo lograbas.

Su mente desordenabas,
creando un ruido profundo;
y hasta el pulso
de su mundo
con tu sombra desgarrabas.

Fingías ser realidad
con tu máscara imprecisa;
pero toda tu premisa
se quebró en su claridad.

Hoy camina sin tus pies,
sin tu truco en cada esquina;
y aunque la duda germina,
ya no dicta lo que es.

Hay vacíos que quedaron,
huecos que aún desconciertan;
pero en su forma desierta
los milagros respiraron.

Es extraño continuar
cuando el miedo
ya no aprieta;
la vida se vuelve quieta
y le invita a regresar.

A veces mira hacia atrás
y no entiende la caída;
pero sabe
que fue la herida
quien le enseñó a levantar.

Subió desde aquel abismo
sin temerle a la distancia;
y en su nueva circunstancia
renació su propio ritmo.

Hoy sobran las emociones,
sobran cielos por mirar;
y hasta el aire quiere entrar
en sus nuevas direcciones.

No hay truco en tu falsedad,
ni retorno a tu dominio;
ya no marcas su camino
cuando falta la ansiedad.

Cuando falta la ansiedad del libro Cuando falta la ansiedad de Daisel Lozada Fernández Compartir en X

Recuperar lo perdido

Allí está, regresando a esos lugares.
Da un paso,
otro más.
El miedo ya no se interpone en su avance;
la vida abre de nuevo
como una puerta que siempre estuvo esperando.

Las calles ya no la extrañan.
El encuentro se despliega,
abre horizontes que estuvieron enclaustrados por meses,
sin barreras,
sin límites.
Qué grandioso es volver
a lo que antes le negabas.

Qué gusto le da ver el parque,
los jardines con sus flores.
El aroma,
los colores,
todo parece alinearse
al compás de su sonrisa renacida.

El viento le ofrece la brisa,
el sol su luz,
su calor.
La vida le devuelve ese amor perdido
que estuvo ausente
mientras atrapabas su existencia.

Tus intentos ya se dispersan
en su andar callejero.
Ella va mil pasos delante de ti;
tu orgullo
y tu maldad
son parte de un pasado
al que no piensa regresar.

Por eso hoy se devuelve a lo abierto.
Respira aire sin tu engaño,
sin tu trampa,
sin tu maña.
Baila, canta,
y recupera ilusiones perdidas.
Hoy, para ella,
es tiempo de disfrutar
todo lo que le robaste.

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