DAISEL LOZADADAISEL LOZADA
CUANDO FALTA LA ANSIEDADCUANDO FALTA LA ANSIEDAD
GRUPO EDITORIAL PÉREZ-AYALAEditorial Poesía eres tú

DAISEL LOZADA FERNÁNDEZ: EL TESTIGO EN EL UMBRAL

Hay una habitación en la que alguien intenta quedarse quieto y no puede. Luego la cocina, luego el pasillo, luego el baño. Ninguna estancia sirve, porque lo que ocupa la casa no tiene cuerpo y sin embargo cabe en todas partes: «si camina hacia la cocina / la envuelves sin compasión». Quien escribió ese verso, Daisel Lozada Fernández, pasó años mirando desde la puerta de esas habitaciones sin poder entrar, y de esa posición —la del que ama y no puede curar— nace toda su escritura.

Nació en Cuba el 26 de mayo de 1976 y reside en Asturias. Es licenciado en Idioma Inglés y periodista habilitado; ha trabajado como traductor de artículos periodísticos y como profesor de idiomas, y llega a la literatura desde ese oficio de precisión: el de quien lleva años obligado a encontrar la palabra exacta para algo que alguien dijo en otro idioma. Esa formación se nota en su poesía más de lo que él mismo declararía. Su escritura no busca el efecto, busca la definición: cuando quiere nombrar la desconexión entre la mente y el cuerpo, no acude a la metáfora piadosa sino al término jurídico, y la llama «un divorcio incomprendido».

Cuando falta la ansiedad, publicado por Editorial Poesía eres tú en 2026, es su primer libro. Treinta y seis poemas repartidos en cuatro secciones —la irrupción, el caos, la pérdida y el regreso de la luz— que trazan el recorrido de una mujer atravesada por una enfermedad invisible y el de quien permanece a su lado. El autor la llama «ella» y no la nombra nunca; tampoco nombra a la madre cuya muerte, revelada en un solo poema y en cuatro versos secos, reordena retrospectivamente el libro entero. Ese pudor —la decisión de no convertir la propia biografía en espectáculo— es probablemente el rasgo más definitorio de su voz.

La imagen que organiza su poesía es la de la ocupación territorial. La enfermedad, en sus versos, no enferma: invade. Se adueña, acampa, ocupa habitaciones, domina el territorio, marca el suelo «como si fuera tuyo, / pero ya no lo es». Y en consecuencia la salud no se recibe, se recupera: la última sección del libro es literalmente una reconquista de calles, parques, colores y aromas. De ahí procede también la singularidad técnica de su escritura, que alterna sin complejos la estrofa octosilábica de rima consonante —herencia del cancionero popular hispánico y de la tradición de la décima cubana— con un verso libre de dicción analítica en el que el vocabulario de la clínica se vuelve lírico sin ablandarse.

Tres adjetivos que no suelen coincidir en un mismo poeta le describen bien: es clínico, es pudoroso y es terco. Clínico porque prefiere el término preciso al término emotivo; pudoroso porque calla en el punto exacto en que otros subrayarían; terco porque sostiene una misma decisión formal —hablarle de tú a la enfermedad— durante treinta y seis poemas sin abandonarla una sola vez.

Su lugar en la poesía escrita hoy en español es, por eso, algo lateral y muy reconocible. Donde la poesía reciente sobre salud mental suele hablar desde dentro del trastorno, Lozada Fernández escribe desde el umbral, más cerca de la tradición del testigo que cultivan autoras como Piedad Bonnett o Chantal Maillard en su escritura del duelo: no por semejanza de estilo, sino por identidad de posición. Lo que aporta esta voz es una forma específica de honestidad, la del que registra su propia impotencia sin convertirla en mérito: «La llevo a caminar, / a tocar la naturaleza, / a sentir el mundo sin ruido. / Pero la cabeza se aprieta».

Su poesía no promete curaciones. Ofrece compañía, que es lo único que puede ofrecer honestamente quien ha estado al otro lado de la puerta. Quien quiera comprobarlo encontrará en Cuando falta la ansiedad treinta y seis maneras de decir que la oscuridad se atraviesa acompañado, y una frase final que el autor dejó suelta, fuera de todo poema, como quien deja una luz encendida en el pasillo: «Que la luz venza siempre, incluso cuando no se ve».

Daisel Lozada Fernández. Escritor, poeta. Compartir en X