Mockup del libro – El arte de decirnos existí, de Cristian Avecillas Sigüenza

Elementos destacados de El arte de decirnos existí, de Cristian Avecillas Sigüenza

Ediciones Rilke, 2026.

Los tres versos más poderosos

Primer verso: «el corazón no es más que un trozo de carne asustada».

Cierra el primer poema del libro, PARA ENCONTRAR, y funciona como declaración de principios. La frase completa dice que «para quienes no se atreven a la poesía, / el corazón no es más que un trozo de carne asustada». Su fuerza reside en el descenso brusco de registro: el corazón, símbolo tradicional del sentimiento, queda reducido a materia orgánica, y el adjetivo «asustada» devuelve a esa carne una emoción elemental, el miedo. Es extraordinario porque convierte una idea abstracta (la poesía como forma de valentía) en una imagen física inolvidable. La técnica que lo hace memorable es la degradación metafórica: el símbolo pierde su prestigio para revelar lo que hay debajo.

Segundo verso: «la lluvia que se escribe moja menos, / pero la persona escrita se ha mojado más».

Cierra el poema CURIOSIDADES SATISFECHAS, en la quinta parte. Plantea, en dos versos, toda una teoría de la literatura: la representación es más débil que la realidad, pero quien escribe ha vivido con mayor intensidad aquello que escribe. El quiasmo de sentido (moja menos, se ha mojado más) produce un efecto de giro final que el lector percibe como revelación. Es memorable por la sencillez del vocabulario y por la exactitud de la oposición.

Tercer verso: «cuando éramos niños jugábamos la tarde entera / y nadie estaba muerto».

Pertenece al cierre de PARA ADQUIRIR. En un libro dominado por el razonamiento, estos versos introducen de golpe la memoria de la infancia y la pérdida. No se nombra ningún duelo concreto; basta la constatación de que antes nadie estaba muerto para que el lector entienda todo lo que vino después. La técnica es la elipsis: lo que se calla pesa más que lo que se dice.

La imagen más original

«Una glotis matemática / se está tragando al cosmos con un algoritmo».

La imagen aparece en la sección 7 de la segunda parte, Espíritu y animal, y es probablemente la formulación más audaz del libro sobre la época tecnológica. La glotis es un órgano del cuerpo, asociado a la voz y a la deglución; al calificarla de «matemática», Avecillas fusiona lo orgánico y lo abstracto en una figura monstruosa que devora el universo. La originalidad está en que la amenaza no se describe con imágenes de máquinas, sino con un órgano humano desviado de su función. El poema responde inmediatamente con la contrapartida: «pero el arte nos entrega una ternura / para que volvamos a abrazar».

La arquitectura del poemario

El elemento estructural más inteligente del libro es su desenlace. Tras siete partes en las que la voz del poeta razona, afirma y canta, la octava, Supervivencia poética: materia y gratitud, está compuesta exclusivamente por trece pares de citas de otros autores. Cada par une una voz contemporánea con una voz de la tradición: Kike Puente junto a Walter Benjamin, Txaro García junto a Virginia Woolf, Iñaki Sánchez junto a Antonio Machado.

Esta decisión eleva el conjunto porque convierte la tesis del libro en forma. Si la poesía es el lugar donde una persona se encuentra con otra, el libro termina callando para que hablen los demás. La séptima parte ya lo había anunciado con su último verso propio: «en el poema queda escrito tú».

La voz: qué la hace inconfundible

Lo que Cristian Avecillas Sigüenza hace que nadie más hace es pensar en voz alta con la cadencia de una canción. Tres rasgos lo demuestran.

El primero es el nosotros. La voz rara vez dice yo; habla en nombre de una comunidad de lectores y artistas: «No es que leamos porque no nos conocemos, leemos / porque en todo nos reconocemos».

El segundo es la corrección aforística. El poeta parte de una idea recibida y la desmiente con una imagen: «No es que el sufrimiento dé lecciones».

El tercero es la definición paradójica. Avecillas da nombre a las cosas de manera inesperada, como cuando afirma que «claro que la perfección existe, / se llama / olvidar».

El poema imprescindible

LO QUE DURE

después no existe más el
¡no existí!
más bien se vuelve humildemente hasta las cosas
para ver que todas ellas
también tienen un abismo
y que el infinito entero sigue allí.

LO QUE DURE, en la quinta parte del libro, es el poema imprescindible porque dialoga directamente con el título. Si el libro entero defiende el arte de decirnos «existí», este poema imagina el momento posterior: el instante en que ya no existe la negación, en que «después no existe más el / ¡no existí!». El verso quebrado, que deja el artículo «el» suspendido al final de la línea, obliga al lector a esperar la exclamación, y esa pausa reproduce el vértigo de la idea.

Lo que sigue no es una afirmación triunfal, sino un gesto de humildad: volver «hasta las cosas» para descubrir que también ellas tienen un abismo. En apenas seis versos, el poema reúne los grandes temas del libro: la existencia, la palabra, la relación con el mundo material y la conciencia de lo infinito. Su brevedad y su ausencia de mayúscula inicial lo convierten además en un ejemplo perfecto de la forma de la quinta parte, que escribe como si continuara una conversación ya comenzada. Es el poema que mejor explica por qué el libro se titula como se titula.

Síntesis final

El arte de decirnos existí merece ser leído porque se atreve a hacer una pregunta que la poesía contemporánea suele esquivar: para qué sirve escribir. Cristian Avecillas Sigüenza responde con un libro entero, construido como un único razonamiento en ocho movimientos, que va del yo al tú y termina en la gratitud hacia otras voces. Sus versos tienen la condición rara de funcionar a la vez como música y como pensamiento: se recuerdan, se citan, se discuten.

Es un libro para lectores que buscan en la poesía algo más que emoción: una forma de entender la propia existencia. Y es también un libro para quienes alguna vez han necesitado escribir para seguir adelante.