ANTONIO DEL BARRIO ESTREMERAANTONIO DEL BARRIO ESTREMERA
MIMBRES DE AMORMIMBRES DE AMOR
GRUPO EDITORIAL PÉREZ-AYALAEditorial Poesía eres tú

ANTONIO DEL BARRIO ESTREMERA

El boceto que esperaba su hora

Hay obras que nacen del impulso. Las de Antonio del Barrio Estremera nacen de algo diferente: de la espera. Durante décadas, mientras llevaba cuentas y cerraba balances en el mundo financiero, este segoviano de 1956 guardaba en un cajón versos y bocetos que no le urgía mostrar. No por timidez, sino por convicción: creía, de algún modo, que las cosas grandes se hacen despacio. “Será grande el amor / que se hizo paso a paso”, escribiría años después en su poemario Mimbres de Amor. Ese verso no habla solo del amor: habla de cómo el propio Del Barrio Estremera ha construido su vida creativa.

Cuando llegó la jubilación, abrió el cajón. Y encontró que lo que había dentro no era un borrador sino una obra: versos con forma, bocetos con criterio, y una voz que había madurado sin necesitar el escaparate para hacerlo. “Un día, pleno de madurez y cercano a la jubilación, me pregunté: ¿y por qué no?”, declaró en 2023 al periódico El Adelantado de Segovia. La pregunta, dicha con aparente sencillez, encierra una filosofía: la de quien sabe que el momento de hacer las cosas no siempre coincide con el momento en que el mundo espera que las hagas.

Del Barrio Estremera nació en Segovia el 30 de noviembre de 1956 y desarrolló su carrera profesional en el ámbito empresarial y financiero. Esa trayectoria no es un detalle marginal de su biografía: es el material del que está hecha su poética. Un hombre que ha pasado décadas midiendo cosas —balances, riesgos, proyecciones— llega a la escritura con una precisión inusual en el lirismo confesional. Su poesía no se derrama: se construye. No busca la emoción por acumulación de imágenes hermosas, sino por la exactitud de nombrar las piezas. Por eso cuando decide estructurar su segundo libro como un inventario de los componentes del amor, no resulta frío sino riguroso. La emoción, en Del Barrio Estremera, tiene arquitectura.

Esa arquitectura tiene su primer edificio en Pinceles y rimas, para rosas y espinas (Editorial Poesía eres tú, 2023), su libro de debut. Un poemario que repasa los momentos más importantes de la existencia humana —las rosas y las espinas de una vida— ilustrado con bocetos del propio autor inspirados en grandes cuadros de la historia de la pintura: Miguel Ángel, Velázquez, Klimt. Esa doble condición —poeta y bocetista de la propia obra— no es un capricho de presentación: es una declaración de método. Del Barrio Estremera no escribe y luego ilustra, ni ilustra y luego escribe. Trabaja en los dos registros al mismo tiempo, como quien sabe que la palabra y la imagen son dos manos del mismo cuerpo. Lo que no cabe en un verso, cabe en un trazo. Lo que el trazo no puede decir, lo dice el octosílabo.

Su perfil completo de autor, con acceso a ambas obras y toda su actividad literaria, puede consultarse en nuestrosescritores.com/antoniodelbarrioestremera/.

El segundo libro, Mimbres de Amor (Editorial Poesía eres tú, 2026), profundiza esa apuesta y la lleva más lejos. Veintiséis poemas, uno por cada componente del amor —respeto, ternura, empatía, reconciliación, convivencia—, cada uno acompañado de un boceto sobre un cuadro histórico, desde Renoir hasta Chagall. La metáfora central es la del mimbre artesanal: el amor, como una cesta de mimbre, solo existe cuando todos sus componentes están trenzados. Ninguno puede faltar. La ausencia de uno solo basta para que la cesta —y el amor— pierda su forma. Es una imagen que solo podría ocurrírsele a alguien que ha visto fracasar relaciones y que ha tenido tiempo de pensar por qué. Es la poesía como diagnóstico, ejercida sin solemnidad y sin trampa.

La voz de Del Barrio Estremera trabaja en el registro del romance y la copla castellana: octosílabos, rima asonante, apelación directa al lector. No disimula esa filiación ni la justifica académicamente: la ejerce. Su referente declarado no es un poeta del canon sino José Luis Perales, al que define como “quizá el mejor poeta del amor”. Esa elección dice todo sobre el horizonte estético del libro: la canción popular de autor, la emoción sin distancia irónica, la utilidad emocional como valor legítimo. Eso es lo que construye Del Barrio Estremera verso a verso: no un poemario para ser admirado, sino uno para ser usado. Y lo hace, como siempre, en boceto —como preparatorio de algo más grande, como trazo que espera la obra definitiva—, con la plena conciencia de que a veces el boceto es lo más honesto que existe.

“Esto es solo una pincelada de mi alma bohemia”, escribió en su primera presentación pública como poeta. Solo una pincelada. Pero hay pinceladas que contienen el cuadro entero.