SABELA GONDULFES
Hay escritoras que escriben porque estudiaron literatura. Sabela Gondulfes escribe porque si no lo hiciera, probablemente estallaría. Nacida en Gondulfes, una aldea de Ourense donde los ríos aún tienen nombre propio y las montañas guardan secretos en gallego, aprendió a leer el mundo antes de saber escribirlo. Su infancia transcurrió descalza entre margaritas, subida a árboles comiendo fruta de temporada, ayudando en faenas que hoy la denunciarían al juez de menores. Fue feliz, dice, “en medio de una tristeza subyacente”. Esa contradicción —alegría atravesada de sombra— marca toda su poesía.
A diferencia de muchas poetas de su generación que escriben desde la biblioteca o la academia, Gondulfes escribe desde la carretera. Su biografía es un mapa de desplazamientos: Vigo, Madrid, Rennes, Vannes, Nueva York, Buenos Aires, Villa La Angostura en la Patagonia argentina, Isla Negra, Santiago de Chile, San Pedro de Atacama, Lisboa, Elvas en el Alentejo portugués. Cada ciudad dejó marca, cada paisaje se convirtió en verso. Pero siempre vuelve, al menos con las palabras, a esa Galicia que es origen y herida.
Estudió Psicología y Ciencias de la Información en la Complutense madrileña, combinación que explica mucho: sabe mirar dentro de las personas y sabe cómo contarlo. Su primera novela, En la Penumbra, quedó finalista en el V Concurso Internacional Luis Berenguer, confirmando que su talento no se limitaba al verso. Pero es en la poesía donde Gondulfes se reconoce completamente. Ha publicado Invéntame la Vida (con César Póo), PielanDo —presentado en la mítica Fundación Neruda, en Isla Negra, ese santuario donde los poetas peregrinan—, y Deshilachando Banderas con Nadar Ediciones.
Sus poemas han viajado más que ella: forman parte de antologías iberoamericanas, participaron del proyecto colectivo gira poema 2009 que conectó Santiago de Chile con Nueva York, y han sido musicalizados en jazz fusion y blues. Hay algo en su poesía que pide música, que necesita el cuerpo más allá de la página. No es casual que sus versos hayan sido traducidos al ruso, chino, georgiano e italiano, y recitados en escenarios tan diversos como un bar de Buenos Aires, una librería de Lisboa o un festival de poesía en Galicia. Su voz trasciende fronteras porque habla de lo universal desde lo profundamente personal.
Lo que distingue a Gondulfes de otras voces poéticas actuales es su negativa a elegir. Cultiva poesía, narrativa, crónica de viaje, ensayo, y recientemente se ha lanzado al dibujo y la literatura infantil. No se especializa porque la vida no cabe en un solo género. Escribe, dice, “desde que no sabía escribir. Entonces lo hacía a través de símbolos y dibujos”. Esa escritura anterior a la escritura, esa urgencia que no espera técnica ni permiso, sigue intacta en cada verso.
Su poesía no es de las que se leen en silencio y soledad. Es poesía para decir en voz alta, para compartir en la sobremesa, para gritar si hace falta. Cuando escribe “La poesía es el arma que me mantiene viva y libre”, no es metáfora: es declaración literal de supervivencia. Ha hecho de la escritura trinchera, refugio, territorio propio en un mundo que constantemente intenta moldear a las mujeres según patrones ajenos.
Gondulfes pertenece a esa estirpe de poetas —más común en Latinoamérica que en España— que no separan vida y escritura, que convierten cada experiencia en materia verbal. No escribe sobre la vida: escribe la vida mientras la vive. Sus lectores no encuentran en ella perfección formal sino autenticidad radical, esa rara honestidad de quien se atreve a decir “te amo” sin ironía protectora, “me duele” sin pudor intelectual, “estoy furiosa” sin disculparse.
Ahora, con AFOUTEZA & CERTEÇA, su nuevo poemario que fusiona gallego y portugués desde el título mismo, Gondulfes confirma una voz necesaria: la de quien escribe porque el silencio sería traición. En tiempos donde tanta poesía española se ha vuelto contenida, pulcra, casi aséptica, ella reivindica el derecho al desbordamiento. Su poesía puede ser irregular, excesiva, desigual. Y precisamente por eso es imprescindible.
Vive entre Galicia y el mundo, entre el español y el gallego, entre la página y la calle. Sigue escribiendo como quien respira: sin pedir permiso, sin esperar reconocimientos, porque es lo único que sabe hacer cuando la vida aprieta demasiado o cuando la belleza la desborda. “Amo profundo mi tierra natal”, dice, “aun así, me considero universal”. Esa es Sabela Gondulfes: radicalmente gallega y radicalmente del mundo, poeta de la aldea y del planeta, voz que canta en todas las lenguas que habita porque ninguna le alcanza para decir todo lo que necesita decir.
SABELA GONDULFES . Escritora, poeta. Compartir en X











