ANÁLISIS TÉCNICO: AFOUTEZA & CERTEÇA
CALIDAD LITERARIA
Voz y Estilo Autorial
La voz poética de Gondulfes es radicalmente auténtica y desinhibida. No busca complacer ni ajustarse a cánones: habla desde la víscera, desde la urgencia vital. Esta voz se reconoce por su multiplicidad consciente: puede ser la militante que denuncia, la hija que llora a su madre, la amante que espera, la mujer que baila sola en su cocina.
La originalidad reside precisamente en rechazar la unicidad de voz. Gondulfes no pretende ser “una” poeta con “un” estilo. Su autenticidad está en la contradicción: puede escribir “mamaita” en un verso y “radicalmente la conciencia del lector” en el siguiente. Esta aparente falta de filtro es, en realidad, una decisión estética: la voz debe contener todas las voces de una mujer que ha sido muchas.
La consistencia del tono es problemática y esa es su virtud. El poemario oscila deliberadamente entre registros: del misticismo erótico al panfleto político, de la elegía contenida al grito desarticulado. Esta inconsistencia no es descuido sino programa: refleja la imposibilidad de mantener una sola máscara emocional cuando se habla de vida completa.
El registro emocional es predominantemente alto, intenso, sostenido. Hay poco espacio para la ironía distanciadora o la frialdad intelectual. Cuando Gondulfes dice “Me haces mucha falta”, lo dice diecisiete veces de diecisiete formas porque una sola no alcanza. Esta intensidad constante es su marca: para bien (crea inmersión total) y para mal (puede agotar al lector que busque respirar).
Recursos Estilísticos
El uso de metáforas sensoriales es abundante y desigual. En sus mejores momentos, Gondulfes crea imágenes que fusionan sentidos de forma reveladora: “Pielando” condensa tacto, movimiento y construcción identitaria en un neologismo que es pura corporalidad. “Enraizando pies / Escalando piernas” convierte el cuerpo en geografía vertical donde cada parte es estación de un viaje.
La sinestesia literaria aparece especialmente en los poemas eróticos: “Es de oro el silencio”, “una caricia rosa”. Aquí Gondulfes dialoga con Juan Ramón Jiménez pero lo lleva al territorio del deseo físico. El problema es que no todas las sinestesias logran la misma potencia: algunas se quedan en combinaciones más convencionales.
Las anáforas son el recurso estructural dominante. “Quién tuviera / Quién tuviera / Quién tuviera” crea un efecto hipnótico de salmodia laica. “Me haces falta” se repite como letanía del deseo. Estas repeticiones no son ornamentales: construyen ritmo ceremonial, transforman el poema en ritual verbal donde la insistencia es forma de invocación.
Las enumeraciones funcionan como inventario existencial. En “Es mi voluntad aquí y ahora”, la poeta lista todo lo que dejó, todo lo que ganó, en una acumulación que recuerda a Whitman pero con acento gallego. La enumeración aquí no es catálogo sino biografía condensada: cada elemento de la lista es una vida completa.
Los diálogos poéticos aparecen de forma implícita más que explícita. No hay intercambios con guiones, pero sí vocativos constantes: “Venga. Dale Mujer”, “aBre el coRazón”. Son diálogos consigo misma, con el amante ausente, con la madre muerta. Esta dialogicidad fantasmal crea sensación de compañía imposible: hay otro, pero no está.
Estructura y Coherencia
La progresión temática entre secciones es clara en intención pero irregular en ejecución. El diseño conceptual (Prehistoria → Historia → Intra Historia → Nueva Era) sugiere un viaje iniciático desde el dolor hacia la sabiduría. Y efectivamente hay evolución: los primeros poemas son más desgarrados, los finales más contemplativos.
Sin embargo, dentro de cada sección hay desorden deliberado. La nota de la autora es reveladora: “los poemas no siguen orden alguno: la vida en sí / transcritos casi tal y como fueron creados en el cuaderno”. Esta decisión tiene consecuencias: crea autenticidad de lo vivido pero dificulta la construcción de arcos narrativos sostenidos.
El equilibrio entre poemas individuales y unidad del conjunto es frágil. Algunos poemas funcionan espléndidamente solos (“Tengo la memoria resbaladiza”, “A miña Mai”), mientras otros solo cobran sentido en el contexto de la secuencia. La unidad viene dada más por la voz persistente que por la arquitectura compositiva.
La secuenciación intenta crear un viaje emocional pero la ruta es accidentada. Hay momentos de gran coherencia (los “4 poemas de N0S” funcionan como suite integrada) y momentos donde un poema irrumpe sin preparación temática. Esto puede leerse como reflejo de la experiencia real —la vida no es ordenada— o como falta de trabajo editorial. Probablemente sea ambas cosas.
ELEMENTOS TÉCNICOS ESPECÍFICOS
Aspectos Formales
El verso libre es la forma casi exclusiva. Gondulfes rechaza la métrica regular como corsé innecesario. Su verso se estira y encoge según necesidad expresiva: puede ser breve aforismo (“Amo, Duelo, entonces EXISTO”) o versículo extenso que ocupa tres líneas físicas.
La efectividad de este verso libre es variable. En poemas como “Pielando” o “Outlanders”, la libertad formal permite que el pensamiento fluya siguiendo su propia lógica orgánica. En otros, la ausencia de restricción métrica deriva en prolijidad: líneas que podrían condensarse, reiteraciones que no añaden intensidad.
Las técnicas de encabalgamiento son constantes y a menudo abruptas. Gondulfes corta versos en lugares inesperados, obligando pausas que rompen la sintaxis natural:
“Y
Me recibí en las ganas de serNos”
Este encabalgamiento aislando el “Y” crea suspensión, respiración entrecortada. Es técnica que proviene de la poesía contemporánea española (Olvido García Valdés, Ada Salas) pero aplicada con menos rigor. A veces funciona espléndidamente; otras veces parece arbitrario.
El impacto en el ritmo de estos encabalgamientos es de aceleración-freno constante. El lector avanza, tropieza, avanza de nuevo. Esta irregularidad rítmica es coherente con la poética de la autenticidad en bruto: el ritmo del habla apasionada no es regular, tartamudea, se precipita, se detiene.
Coherencia Interna
La consistencia temática es sólida a nivel macro pero dispersa a nivel micro. Los grandes temas (amor, pérdida materna, compromiso político, construcción identitaria) están presentes de principio a fin. Pero dentro de cada sección hay saltos bruscos: un poema de denuncia política seguido de uno erótico sin transición.
Esta aparente incoherencia puede defenderse como reflejo de la simultaneidad de la experiencia: una mujer puede estar dolida por la injusticia social y atravesada por el deseo erótico al mismo tiempo. Pero en términos puramente compositivos, crea una sensación de collage más que de arquitectura.
El equilibrio entre tensión y calma es desequilibrado hacia la tensión. Hay escasos momentos de reposo emocional. Incluso los poemas contemplativos (“La vida más allá de la ventana”) mantienen carga de urgencia. Esto crea una lectura agotadora: el poemario no ofrece oasis, solo desiertos de intensidad.
La fluidez de lectura se ve afectada por varios factores: las mayúsculas expresivas (E S T R E M E C I D A), el multilingüismo sin traducción (palabras en gallego), las fragmentaciones tipográficas. Todo esto obliga al lector a desacelerar, casi a deletrear. Es decisión consciente: Gondulfes no quiere lectura fluida sino lectura física, donde el cuerpo del lector participe del esfuerzo articulatorio.
La accesibilidad es limitada para lectores no familiarizados con referencias culturales gallegas o con poesía experimental. El poemario exige complicidad: hay que estar dispuesto a no entenderlo todo inmediatamente, a dejarse llevar por el sonido incluso cuando el sentido se escapa.
ANÁLISIS DE CONTENIDO TEMÁTICO
Temas Principales y Secundarios
Amor ausente y presencia fantasmal es el tema vertebrador. No el amor correspondido sino la espera, el anhelo, la construcción de intimidad con quien no está físicamente. “Me haces mucha falta” se convierte en mantra: el amante ausente es presencia constante precisamente por su ausencia. Este tema se desarrolla con variaciones: a veces es dolor puro, otras veces es celebración de la conexión que trasciende distancia.
Duelo materno atraviesa el poemario como herida abierta. La muerte de la madre no es evento pasado sino presente continuo. Los poemas dedicados a ella (“A miña Mai”, “Me gustas tú”) son de los más conmovedores porque abandonan la retórica: son puro dolor articulado mínimamente. El tratamiento es original porque Gondulfes rechaza el consuelo: la muerte no enseña, no redime, solo arranca.
Compromiso político y crítica social irrumpe sin pedir permiso. La “Carta abierta a la Barbarie” establece que la poeta no separará lo personal de lo político. Esta integración es valiente pero difícil: algunos lectores vivirán la denuncia política como intrusión en lo lírico; otros lo verán como coherencia ética necesaria.
Construcción de identidad femenina aparece como proceso nunca terminado. Gondulfes explora qué significa ser mujer fuera de los mandatos patriarcales: puede ser guerrera (“Buscón´s con zapatos rojos”), puede ser vulnerable (“Retorna Azucena”), puede ser sexual sin justificación. La originalidad está en presentar esta construcción como conflicto permanente, no como logro alcanzado.
Desarraigo y pertenencia funciona como tema secundario pero persistente. La poeta se mueve entre Galicia, Madrid, Patagonia, Chile, sin terminar de arraigar. Este nomadismo no es turístico: es búsqueda de territorio propio. El planteamiento es interesante: ¿se puede ser de todas partes y de ninguna simultáneamente?
Erotismo y corporalidad se desarrolla con intensidad pero desigual efectividad. Los mejores poemas eróticos (“Bajo los Pliegues de mi Blusa”, “Pielando”) crean lenguaje nuevo para el deseo. Los menos logrados caen en repetición de imágenes ya vistas en poesía erótica femenina contemporánea.
Profundidad Emocional
La capacidad de crear conexiones emocionales es el punto fuerte indiscutible. Gondulfes logra transmitir la intensidad de su experiencia: cuando habla de la madre muerta, el lector siente el vacío; cuando habla del amante ausente, el lector comparte la espera. Esta conexión no viene de sofisticación técnica sino de honestidad radical.
Los múltiples niveles de significado existen pero son menos desarrollados de lo que la estructura sugiere. Hay poemas que funcionan principalmente en nivel literal-emocional, sin generar resonancias simbólicas más complejas. Los que sí lo logran (“Outlanders”, “La Tabla de multiplicar”) recompensan relecturas.
La intensidad emotiva es consistentemente alta, quizá excesivamente. Gondulfes practica lo que podríamos llamar maximismo emocional: cada sentimiento se expresa a volumen máximo. Esto puede ser liberador (por fin una poeta que no se contiene) o agotador (no hay respiro). La autora rechaza conscientemente la “contención” que caracteriza mucha poesía española contemporánea.
TÉCNICAS LITERARIAS DESTACADAS
Recursos Sensoriales
Las metáforas que incorporan los cinco sentidos aparecen especialmente en los poemas del cuerpo. “Pielando” es anatomía sensorial completa: “Enraizando pies” (tacto-peso), “Sobrevolando ingles” (movimiento-espacio), “Conectando pechos” (temperatura-proximidad), “Reconociendo ojos” (visión-identidad). Cada parte del cuerpo es estación sensorial.
En “Me haces mucha falta”, la ausencia se vuelve física mediante enumeración sensorial: “Le haces falta a mi cuerpo / a mi alma / a mi conciencia”. La falta se puede tocar, pesar, medir. Es técnica que convierte lo abstracto en material.
La sinestesia funciona mejor cuando es inesperada. “Es de oro el silencio” fusiona vista y sonido creando paradoja: el silencio, que es ausencia de sonido, tiene color. “Una caricia rosa” mezcla tacto y vista sugiriendo suavidad visual. Estas sinestesias no son ornamentales: intentan capturar experiencias que desbordan un solo sentido.
La corporalidad del lenguaje poético se logra mediante neologismos que son acciones corporales: “Pielando”, “Membramos”, “Ondeamos”. Estos verbos inventados transforman el cuerpo en territorio de acción poética. El lenguaje no describe el cuerpo: se vuelve corporal él mismo.
Estructura Retórica
El uso de anáforas es sistemático y constituye la columna vertebral rítmica. “Quién tuviera” se repite cuatro veces construyendo deseo acumulativo. “Me haces falta” multiplica sus variaciones hasta la saturación significativa. “Tengo” inaugura lista de posesiones que son también pérdidas.
Estas anáforas crean musicalidad próxima al canto: no es casual que varios poemas hayan sido musicalizados. La repetición genera trance, estado alterado donde el significado literal importa menos que el efecto acumulativo del sonido.
Las enumeraciones funcionan como técnica de exhaustividad imposible. En “Es mi voluntad aquí y ahora”, Gondulfes lista todo lo que dejó y ganó en su transformación vital. La enumeración no busca precisión sino abundancia: multiplicar los ejemplos hasta que el lector capte la magnitud del cambio.
La personificación aparece especialmente en la relación con la naturaleza. La Pachamama no es metáfora sino presencia viva: “Todo está en la PachaMama”. Los ríos tienen voluntad, las montañas abrazan, el viento porta mensajes. Esta personificación conecta con cosmovisión animista que rechaza la separación occidental entre sujeto y objeto.
La antítesis estructura varios poemas mediante oposiciones: vida/muerte, ausencia/presencia, silencio/palabra, tierra/cielo. Pero Gondulfes no se queda en la oposición binaria: busca el territorio intermedio, la zona borrosa. “Amo, Duelo, entonces EXISTO” fusiona amor y dolor como condiciones simultáneas del existir.
El uso expresivo de mayúsculas y espaciados convierte la tipografía en elemento retórico. Cuando escribe “Es Tre Me Ci Da”, cada sílaba separada reproduce el temblor del cuerpo estremecido. Las mayúsculas (“SIEMPRES”, “N0S”) no son gritos sino señalizaciones: aquí hay intensidad, presta atención especial.
Este análisis técnico revela un poemario de ambición totalizadora que busca contenerlo todo: dolor, deseo, política, duelo, esperanza. Su mayor fortaleza es la autenticidad emocional que establece conexión inmediata con el lector. Su debilidad es cierta irregularidad formal que puede leerse como frescura o como falta de depuración, según el lector.




