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ANÁLISIS AFOUTEZA & CERTEÇA

AFOUTEZA & CERTEÇA

ANÁLISIS Y SINOPSIS

AFOUTEZA & CERTEÇA es un poemario que funciona como diario lírico de una vida en permanente búsqueda. Sabela Gondulfes construye un viaje poético que abarca desde la prehistoria personal —esa infancia en aldeas gallegas— hasta una nueva era de reconciliación consigo misma. El título, jugando con el gallego y el portugués, ya anuncia su tema central: la valentía y la certeza necesarias para atravesar el territorio del amor, la pérdida, el compromiso político y la construcción de la identidad femenina.

El poemario se abre con una “Carta abierta a la Barbarie”, un texto en prosa que establece el tono combativo y la conciencia social que atraviesa toda la obra. Gondulfes no separa lo íntimo de lo político: su voz lírica es la misma que denuncia la corrupción, llora a la madre muerta, celebra el deseo erótico y cuestiona las estructuras de poder.

Lo más notable es cómo la autora construye una cartografía emocional que se mueve entre Galicia, la Patagonia, Chile y Lisboa, creando una poética del desplazamiento donde el cuerpo femenino es territorio, mapa y brújula.

Métrica y Ritmo

El poemario trabaja casi exclusivamente en verso libre, con una clara preferencia por el versículo largo que permite el desarrollo de imágenes complejas. Gondulfes utiliza el espacio en blanco como elemento compositivo: sus silencios son tan elocuentes como sus palabras.

Encontramos versos que oscilan entre el aforismo breve (“Amo, Duelo, entonces EXISTO”) y las enumeraciones extensas que recuerdan la técnica whitmaniana. La autora juega constantemente con las mayúsculas para crear énfasis emocional: “Me haces mucha falta. Le haces falta a mi cuerpo”, donde las mayúsculas funcionan como golpes de tambor.

El ritmo se construye mediante la repetición anafórica (“Quién tuviera la semilla / Quién tuviera la semilla”), creando un efecto hipnótico que acerca estos poemas a la oralidad del canto y la plegaria. Hay momentos donde el poema se fragmenta casi hasta la desarticulación: “Es Tre Me Ci Da”, obligando al lector a desacelerar, a saborear cada sílaba como quien descubre un cuerpo por primera vez.

Diálogo con la Tradición Poética

Gondulfes dialoga con varias tradiciones simultáneamente. Por un lado, bebe de la poesía social española de los años 50 y 60 —hay ecos de Blas de Otero en su denuncia política, de Gabriel Celaya en su poesía como arma cargada de futuro. Pero también conecta con las poetas del cuerpo como Ana Rossetti o Concha García, esa tradición que reivindica el deseo femenino sin eufemismos.

La influencia de la poesía latinoamericana es evidente: Rosario Castellanos, Idea Vilariño, y especialmente Cristina Peri Rossi aparecen como referentes en esa mezcla de erotismo y exilio. El poema “Outlanders” dialoga directamente con la literatura del desplazamiento, desde Alejandra Pizarnik hasta las voces contemporáneas de la diáspora gallega.

Lo más interesante es cómo Gondulfes se apropia de la tradición mística —San Juan de la Cruz resuena en sus poemas de ausencia y espera— pero la seculariza completamente. Donde San Juan buscaba a Dios, ella busca al amante ausente; donde había noche oscura del alma, hay crisis política y personal.

Posición en el Panorama Actual

Este poemario se sitúa en una zona de intersección muy contemporánea: la poesía que no separa lo personal de lo político, el cuerpo del territorio, la memoria de la imaginación. Gondulfes comparte con poetas como Elena Medel o Vanesa Pérez-Sauquillo esa capacidad para tejer lo biográfico con la crítica social sin que ninguno de los dos registros parezca impostado.

También participa de una tendencia actual: la poesía de la diáspora gallega, ese corpus cada vez más visible de autoras que escriben desde y sobre Galicia pero con una mirada cosmopolita. Está en conversación con voces como Luz Pichel o Yolanda Castaño, que también exploran la identidad gallega desde la distancia y el multilingüismo.

Lo que distingue a Gondulfes es su deseo de abarcarlo todo: no quiere elegir entre el poema íntimo y el poema social, entre el lirismo y la denuncia. Su ambición es totalizadora, para bien y para mal.

TÉCNICAS LITERARIAS

Gondulfes despliega un arsenal técnico diverso, casi barroco en su abundancia. La anfora es su recurso predilecto: “Quién tuviera”, “Me haces”, “Tengo la memoria” se repiten como mantras que estructuran el poema y crean un efecto de insistencia casi obsesiva. Esta repetición no es ornamental: sirve para transmitir la intensidad de la experiencia emocional, la imposibilidad de decir algo solo una vez.

La enumeración funciona como técnica de acumulación. En poemas como “Es mi voluntad aquí y ahora”, las listas crean un efecto de inventario vital: todo lo que la poeta tiene, todo lo que dejó atrás, todo lo que busca. Es una técnica que proviene de Whitman pero que aquí adquiere un tono de urgencia contemporánea.

El encabalgamiento abrupto rompe constantemente la sintaxis esperada. Versos que se cortan en momentos inesperados obligan al lector a hacer pausas que generan tensión: “Y / Me recibí en las ganas de serNos”. Estos cortes no son arbitrarios: marcan momentos de intensidad emocional, de vacilación, de descubrimiento.

La sinestesia aparece para crear imágenes que mezclan sentidos: “Es de oro el silencio”, “una caricia rosa”. Gondulfes busca traducir experiencias complejas mediante esta fusión sensorial, intentando capturar lo inefable del deseo y el dolor.

El neologismo es otra herramienta recurrente: “Pielando”, “Me contigo”, “DuDas”. Estos vocablos inventados no son capricho: buscan nombrar experiencias para las que el lenguaje convencional resulta insuficiente. “Pielando” condensa la idea de hacer piel, de construir intimidad epidérmica.

La tipografía expresiva —mayúsculas, espaciados, fragmentaciones— convierte el poema en partitura visual. Cuando escribe “Es Tre Me Ci Da”, cada sílaba separada transmite el temblor del cuerpo estremecido. Es una técnica que proviene de las vanguardias pero que aquí se pone al servicio de la expresión emocional directa.

Los cambios de registro —del lenguaje coloquial al lírico elevado, del español al gallego— crean una polifonía que refleja la multiplicidad de la voz autoral. En un mismo poema puede aparecer “mamaita” y luego “radicalmente la conciencia”. Esta mezcla es deliberada: Gondulfes rechaza la pureza estilística en favor de una autenticidad que incluye todas sus voces.

COMPARATIVA CON AUTORES CONTEMPORÁNEOS

Si colocamos a Gondulfes en el mapa de la poesía española actual, encontramos múltiples resonancias y también singularidades.

Con Olvido García Valdés comparte el uso del espacio en blanco como elemento significativo y una sintaxis fragmentaria que busca reproducir el pensamiento más que ordenarlo. Pero donde García Valdés es contenida y elíptica, Gondulfes es expansiva y declarativa.

En Elena Medel encontramos también esa fusión de lo personal y lo político, esa capacidad para hablar del amor y de las desigualdades económicas en el mismo poema. Ambas son poetas del cuerpo y de la clase social. Sin embargo, Medel trabaja con una precisión casi quirúrgica del lenguaje, mientras que Gondulfes prefiere la abundancia, el desbordamiento.

La conexión con Berta García Faet es evidente en el deseo de experimentar con el lenguaje, de inventar palabras, de romper las convenciones sintácticas. Las dos buscan una poesía de la extrañeza. Pero García Faet es más lúdica y conceptual, mientras que Gondulfes mantiene siempre un anclaje en lo vivencial.

Con Ada Salas comparte la intensidad emocional y la exploración del silencio. Ambas son poetas de la ausencia y la espera. La diferencia está en que Salas trabaja con la concentración máxima —cada palabra pesada como oro—, mientras Gondulfes necesita multiplicar las palabras para acercarse a lo que quiere decir.

En el contexto latinoamericano, dialoga con Mariana Bernárdez (Uruguay) en esa poesía del cuerpo deseante, y con Valeria Tentoni (Argentina) en la exploración de la violencia social y de género. Con María Negroni comparte cierto tono místico secularizado y la fascinación por el viaje como metáfora existencial.

Lo que distingue a Gondulfes es su vocación totalizadora: donde muchas poetas contemporáneas apuestan por la contención, ella apuesta por la abundancia; donde otras buscan la perfección formal, ella persigue la autenticidad emocional, incluso cuando eso significa cierta irregularidad estilística.

SIMBOLISMOS

El poemario construye un sistema simbólico coherente que vertebra toda la obra:

Los zapatos funcionan como símbolo de la transformación personal. “Azucena con zapatos viejos” / “Azucena con zapatos nuevos” marca el tránsito de una identidad a otra. Los zapatos viejos representan el pasado que pesa, las identidades impuestas; los zapatos nuevos (especialmente los rojos) simbolizan la libertad conquistada, la capacidad de elegir el propio camino. Es un símbolo profundamente material y femenino: los zapatos nos llevan, pero también nos definen socialmente.

La semilla aparece como símbolo de potencialidad y renovación. “Quién tuviera la semilla limpia y pura” expresa el deseo de transformación social y personal. La semilla es promesa, futuro, pero también responsabilidad: hay que sembrarla, cuidarla. Conecta con toda una tradición de poesía social que piensa la palabra como semilla transformadora.

El agua (ríos, mares, océanos) simboliza lo femenino, la fluidez, pero también la separación. El Atlántico separa tierras y amantes; los ríos de la infancia representan la conexión con el origen. El agua es el elemento de la purificación y también del ahogamiento. En “atravesamos las olas” aparece como obstáculo a superar; en “Agua sanadora” como elemento curativo.

La madre/Madre Tierra es un símbolo dual: la madre biológica cuya muerte atraviesa el poemario, y la Pachamama como principio femenino universal. Cuando escribe “Todo está en la PachaMama / No en los libros”, establece una jerarquía donde lo telúrico, lo corporal, lo femenino tiene primacía sobre el conocimiento abstracto masculino.

Los pies y las manos son símbolos de conexión y arraigo. Los pies conectan con la tierra (“Enraizando pies”), las manos tocan y transforman. El poema “Pielando” es una anatomía simbólica completa donde cada parte del cuerpo tiene significado: pies=arraigo, piernas=resistencia, ingles=deseo, vientre=vida, pechos=nutrición, manos=acción.

El fuego representa tanto la pasión erótica como la destrucción necesaria. “Me vi (te reconocí en el Fuego)” habla de un reconocimiento que quema, que transforma. El fuego es purificador pero también aniquilador: “el fuego que suicidé”.

Los números y las fórmulas matemáticas (especialmente Pi) simbolizan la búsqueda de orden en el caos. Pi es el número infinito, irracional, que no se puede completar: como el amor, como la búsqueda existencial. “Un simple tornillo con su tuerca” / “sin el 3´14 / El universo no se mantiene” sugiere que el amor es la matemática que sostiene el cosmos.

El pañuelo rojo evoca el compromiso político, la lucha, pero también la feminidad y la danza. Cuando escribe “me cubrí con el pañuelo rojo que me regalaste”, el objeto personal se carga de significado histórico y político.

ESTRUCTURA E IMPACTO EN EL LECTOR

La estructura del poemario no es lineal ni cronológica, sino espiralada: los temas regresan, se profundizan, se miran desde nuevos ángulos. Esta arquitectura produce en el lector una sensación de inmersión progresiva, como quien desciende por niveles cada vez más profundos de una misma experiencia.

El “Preámbulo: ante la Barbarie” funciona como declaración de intenciones. Al abrir con prosa política, Gondulfes establece que este no será un poemario puramente intimista. Obliga al lector a posicionarse desde el inicio: o acepta que lo poético incluye lo político, o abandona la lectura. Es una estrategia de selección de audiencia.

Las secciones marcadas como “Prehistoria”, “Historia”, “Intra Historia” y “Nueva Era” sugieren una evolución temporal, pero funcionan más como estados emocionales que como cronología. El lector experimenta esto como capas geológicas de una misma vida: puede leer linealmente pero también saltar entre secciones encontrando resonancias.

Esta estructura fragmentaria reproduce la experiencia de la memoria: no recordamos cronológicamente sino por asociación, por intensidades. El impacto es que el lector no consume el poemario como narrativa con principio-medio-fin, sino como constelación donde cada poema es un punto luminoso que se relaciona con los demás de formas múltiples.

La inclusión de notas explicativas (“agarimo: palabra gallega que no tiene traducción literal”) produce un efecto de cercanía pedagógica. Gondulfes no quiere lectores pasivos: quiere cómplices que entiendan las referencias culturales gallegas, que compartan su cosmogonía.

El uso de mayúsculas, espaciados y fragmentaciones tipográficas obliga al lector a desacelerar. Donde un texto convencional se lee fluido, estos poemas exigen pausas, pronunciación mental de cada sílaba. El impacto es físico: la lectura se vuelve corporal, el lector “siente” el poema en su respiración.

El cambio constante de registro —del gallego al español, del lenguaje coloquial al místico— produce un efecto de autenticidad en bruto. El lector no siente que está leyendo poemas pulidos hasta la perfección sino voces urgentes, necesarias. Esto puede generar dos reacciones: o el lector conecta con esa autenticidad y perdona las irregularidades, o se siente incómodo con la falta de pulimento.

La abundancia emocional —hay poco espacio para el descanso emocional del lector— puede resultar agotadora. Este poemario no ofrece refugio sino intensidad sostenida. El impacto es que algunos lectores vivirán esto como experiencia catártica, mientras otros sentirán saturación.

ESTRUCTURA DE TEMAS Y SECUENCIAS

El poemario se organiza en un viaje de transformación que va desde la ira política hasta la reconciliación amorosa, pasando por el duelo materno y la crisis identitaria.

Preámbulo: El Grito Político

La “Carta abierta a la Barbarie” establece el contexto: vivimos tiempos de corrupción, guerra, desplazamientos masivos. La poeta se posiciona como testigo y acusadora. Este texto funciona como obertura temática: todos los temas posteriores resonarán con esta denuncia inicial.

Prehistoria: El Paraíso Perdido

Aquí habita la nostalgia del origen. “Quién tuviera la semilla” inaugura una serie de poemas utópicos que imaginan un mundo transformado. “Pielando” introduce el tema del amor corporal, pero todavía idealizado. Los poemas de esta sección trabajan con tiempo futuro o subjuntivo: son deseos, anhelos, proyecciones.

Historia: El Territorio del Dolor

Esta es la sección más oscura. Aparece la memoria resbaladiza, el amor que se pierde, la violencia explícita (“Me maté tantas veces / algunas menos te maté”). El lenguaje se fragmenta, se violenta. Es el núcleo del trauma: personal, amoroso, histórico. Aquí el tiempo verbal es pasado pero un pasado que no pasa, que persiste como herida.

Intra Historia: El Retorno Reflexivo

“Retorna Azucena con zapatos nuevos” marca un punto de inflexión. Los poemas aquí son más breves, aforísticos. Aparece la lucidez: “Rendirse / Rendirse a la evidencia / Abrazar la derrota”. Es la sección de la aceptación, no resignada sino consciente. El tiempo verbal se hace presente continuo: “Canta Ama Baila”, imperativos que son también autoexhortaciones.

Nueva Era: La Construcción de Nosotros

“Neusa” (fusión de “nueva” y “usa”) introduce la posibilidad del amor maduro, no idealizado. Los poemas aquí son más sosegados, contemplativos. “Me gusta la idea de Nós” trabaja con la construcción paciente de la intimidad. El tiempo es presente y futuro próximo: hay esperanza pero también consciencia de la fragilidad.

Intra Nueva Era: El Cierre Abierto

La última sección, titulada “RIP”, no cierra sino que abre. Los poemas finales son meditativos, reconciliados con la impermanencia. La muerte de la madre ya no es solo herida sino también enseñanza. El poemario termina no con conclusiones sino con preguntas reformuladas.

Esta arquitectura temática produce una sensación de viaje iniciático: el lector acompaña a la poeta desde la ira y el dolor hasta una forma de sabiduría que no niega el sufrimiento pero lo integra. La estructura es circular pero en espiral ascendente: regresamos a temas similares pero desde una posición diferente, supuestamente más elevada.

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