{"id":47,"date":"2026-04-05T16:12:21","date_gmt":"2026-04-05T14:12:21","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/raul-gimeno\/?p=47"},"modified":"2026-04-05T16:12:21","modified_gmt":"2026-04-05T14:12:21","slug":"la-lluvia-como-umbral-disolucion-del-sujeto-y-transicion-iniciatica-en-don-de-la-invocacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/raul-gimeno\/2026\/04\/05\/la-lluvia-como-umbral-disolucion-del-sujeto-y-transicion-iniciatica-en-don-de-la-invocacion\/","title":{"rendered":"LA LLUVIA COMO UMBRAL: DISOLUCI\u00d3N DEL SUJETO Y TRANSICI\u00d3N INICI\u00c1TICA EN DON DE LA INVOCACI\u00d3N"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>de Claudia Soneira, \u00c1ngela. \u00abArt\u00edculo acad\u00e9mico: la lluvia como umbral: disoluci\u00f3n del sujeto y transici\u00f3n inici\u00e1tica en don de la invocaci\u00f3n de ra\u00fal gimeno. simbolismo acu\u00e1tico, bautismo invertido y rito de paso (bachelard, eliade, van gennep)\u00bb. DON DE LA INVOCACI\u00d3N. 1.\u00aa ed. Spain: Zenodo, 4 de abril de 2026. <a href=\"https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.19422040\">https:\/\/doi.org\/10.5281\/zenodo.19422040<\/a><\/p><\/blockquote>\n<h1><strong>LA LLUVIA COMO UMBRAL: DISOLUCI\u00d3N DEL SUJETO Y TRANSICI\u00d3N INICI\u00c1TICA EN <em>DON DE LA INVOCACI\u00d3N<\/em><\/strong><\/h1>\n<p>Art\u00edculo acad\u00e9mico<\/p>\n<p><strong>Resumen<\/strong><\/p>\n<p>El presente art\u00edculo analiza la funci\u00f3n simb\u00f3lica y formal del agua y la lluvia en <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> (Ediciones Rilke, 2026) de Ra\u00fal Gimeno. A partir de las declaraciones del propio autor \u2014&#8221;con su ca\u00edda se borran las fronteras que separan sujeto y objeto, vida y muerte, conocedor y conocido&#8221;\u2014 y del marco te\u00f3rico de Gaston Bachelard sobre la imaginaci\u00f3n material del agua y del simbolismo de las aguas en la obra de Mircea Eliade, el art\u00edculo describe las apariciones del agua en los poemas del corpus \u2014&#8221;Llega con el oto\u00f1o&#8221;, &#8220;Todo en orden&#8221;, &#8220;Ver llover&#8221;, &#8220;El mar&#8221;\u2014 y examina c\u00f3mo cada una de ellas cumple una funci\u00f3n espec\u00edfica dentro del arco inici\u00e1tico del libro. Se propone una lectura del poema &#8220;Ver llover&#8221; como escena de bautismo invertido \u2014&#8221;bautismo del hombre muerto&#8221;\u2014 y se estudia el di\u00e1logo que el libro establece con la funci\u00f3n que la lluvia cumple en la poes\u00eda de Jos\u00e9 Corredor-Matheos, a quien la obra est\u00e1 dedicada.<\/p>\n<p>Palabras clave: agua, lluvia, umbral, disoluci\u00f3n del sujeto, bautismo, iniciaci\u00f3n, Ra\u00fal Gimeno, Corredor-Matheos, Bachelard, Eliade.<\/p>\n<p><strong>Abstract<\/strong><\/p>\n<p>This article analyzes the symbolic and formal function of water and rain in <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> (Ediciones Rilke, 2026) by Ra\u00fal Gimeno. Drawing on the author&#8217;s own statements \u2014 &#8220;with its fall, the boundaries that separate subject and object, life and death, knower and known are erased&#8221; \u2014 and on the theoretical framework of Gaston Bachelard on the material imagination of water and the symbolism of waters in Mircea Eliade&#8217;s work, the article describes the appearances of water in the corpus poems \u2014 &#8220;Llega con el oto\u00f1o,&#8221; &#8220;Todo en orden,&#8221; &#8220;Ver llover,&#8221; &#8220;El mar&#8221; \u2014 and examines how each of them fulfills a specific function within the initiatory arc of the book. A reading of the poem &#8220;Ver llover&#8221; as an inverted baptism scene \u2014 &#8220;bautismo del hombre muerto&#8221; \u2014 is proposed, and the dialogue that the book establishes with the function that rain fulfills in the poetry of Jos\u00e9 Corredor-Matheos, to whom the work is dedicated, is studied.<\/p>\n<p>Keywords: water, rain, threshold, dissolution of the subject, baptism, initiation, Ra\u00fal Gimeno, Corredor-Matheos, Bachelard, Eliade.<\/p>\n<ol>\n<li><strong> Introducci\u00f3n<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Hay elementos en la escritura que no son nunca puramente decorativos. El fuego es uno de ellos. La tierra es otro. Pero de todos los elementos que la imaginaci\u00f3n simb\u00f3lica de las culturas ha cargado de significados, el agua es quiz\u00e1s el que mayor densidad sem\u00e1ntica concentra: es la vida y la muerte, la purificaci\u00f3n y la disoluci\u00f3n, el origen y el fin. Gaston Bachelard lo advirti\u00f3 con precisi\u00f3n en <em>El agua y los sue\u00f1os<\/em> (1942): las im\u00e1genes acu\u00e1ticas no son met\u00e1foras del pensamiento sino categor\u00edas de la imaginaci\u00f3n material, formas primarias de conocer el mundo que el lenguaje po\u00e9tico activa y transmite.<\/p>\n<p><em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> de Ra\u00fal Gimeno es un libro en el que el agua cumple una funci\u00f3n estructural precisa. El propio autor la ha descrito: &#8220;La lluvia es el elemento principal en la transici\u00f3n. Con su ca\u00edda se borran las fronteras que separan sujeto y objeto, vida y muerte, conocedor y conocido.&#8221; Esta declaraci\u00f3n no es la descripci\u00f3n de una imagen entre otras sino la identificaci\u00f3n del principio organizador del umbral entre las dos secciones del poemario. Si la primera secci\u00f3n, &#8220;Y la herida se hizo boca&#8230; A orillas del Neckar&#8221;, es la fase de la muerte simb\u00f3lica del yo, y la segunda secci\u00f3n, &#8220;Palabras al silencio originario&#8230; El lento discurrir de un caracol sin metaf\u00edsica&#8221;, es la fase del renacimiento contemplativo, la lluvia es el agente que produce el tr\u00e1nsito entre las dos fases. Es el agua bautismal que el autor menciona expl\u00edcitamente: &#8220;Si entendemos el poemario como una v\u00eda inici\u00e1tica entonces cobra sentido que en la primera parte se d\u00e9 una muerte simb\u00f3lica (el agua bautismal purifica) del yo y un nuevo renacer en la segunda parte.&#8221;<\/p>\n<p>El art\u00edculo que aqu\u00ed se propone tiene tres objetivos. El primero es describir sistem\u00e1ticamente las apariciones del agua en el libro, identificar sus formas \u2014la lluvia, el mar, el rio impl\u00edcito, el lago\u2014 y analizar la funci\u00f3n sem\u00e1ntica que cada una de ellas cumple en el arco del texto. El segundo es examinar el poema &#8220;Ver llover&#8221; como la escena central del simbolismo acu\u00e1tico del libro: una escena de bautismo invertido cuyas implicaciones se proyectan sobre el conjunto del poemario. El tercero es conectar la funci\u00f3n que la lluvia cumple en <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> con la po\u00e9tica del agua que caracteriza la obra de Jos\u00e9 Corredor-Matheos, a quien el libro est\u00e1 dedicado, siguiendo la indicaci\u00f3n del propio autor.<\/p>\n<ol start=\"2\">\n<li><strong> Marco te\u00f3rico<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><strong>2.1. Bachelard y la imaginaci\u00f3n material del agua<\/strong><\/p>\n<p>En <em>El agua y los sue\u00f1os: ensayo sobre la imaginaci\u00f3n de la materia<\/em> (1942), Gaston Bachelard propone que la imaginaci\u00f3n po\u00e9tica no opera principalmente sobre formas visuales sino sobre materias: el fuego, el agua, la tierra y el aire son las cuatro sustancias primordiales de la imaginaci\u00f3n humana, y cada una de ellas genera un tipo espec\u00edfico de im\u00e1genes y de enso\u00f1aciones. El agua, en particular, es para Bachelard el elemento de la imaginaci\u00f3n que m\u00e1s directamente evoca la muerte y el renacimiento: &#8220;El agua es el elemento de la muerte joven y bella, de la muerte florida, y en los sue\u00f1os de agua encontramos, al unirse el destino del agua y el destino del hombre, la muerte con sus aspectos de agua.&#8221;<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n metodol\u00f3gica de Bachelard al an\u00e1lisis de la poes\u00eda acu\u00e1tica es doble. Por un lado, establece una clasificaci\u00f3n de las im\u00e1genes del agua en funci\u00f3n del tipo de enso\u00f1aci\u00f3n que producen: las aguas claras y brillantes evocan la pureza y el origen; las aguas oscuras y profundas evocan la muerte y el inconsciente; las aguas corrientes evocan el tiempo y la transformaci\u00f3n. Por otro lado, Bachelard demuestra que estas im\u00e1genes no son convencionales sino que responden a una l\u00f3gica de la materia: el agua que cae, que fluye, que disuelve activa en el lector una respuesta imaginativa que precede a la comprensi\u00f3n conceptual. Este doble nivel \u2014material y conceptual\u2014 es el que opera en los poemas del agua de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<p>La categor\u00eda bachelardiana que m\u00e1s directamente ilumina los poemas de Gimeno es la del agua que disuelve. Para Bachelard, el agua que disuelve \u2014la lluvia que borra los contornos, el mar que absorbe al nadador\u2014 es el agente de la muerte suave: no la muerte violenta del fuego sino la muerte gradual y pacificadora que devuelve al ser individual a la indiferenciaci\u00f3n original. La lluvia de &#8220;Ver llover&#8221; es precisamente esta agua que disuelve: &#8220;sentir que el mundo se disuelve, \/ que nada vuelve, \/ que todo permanece.&#8221;<\/p>\n<p><strong>2.2. Eliade y el simbolismo de las aguas<\/strong><\/p>\n<p>Mircea Eliade, en <em>Tratado de historia de las religiones<\/em> (1949) y en <em>Lo sagrado y lo profano<\/em> (1957), analiza el simbolismo de las aguas en las religiones del mundo y llega a una conclusi\u00f3n convergente con la de Bachelard desde una perspectiva diferente: el agua es, en la mayor\u00eda de las tradiciones religiosas del mundo, el elemento de la regeneraci\u00f3n. La inmersi\u00f3n en el agua reproduce el caos primordial que precede a la creaci\u00f3n: el ser que se sumerge regresa al estado indiferenciado anterior a la forma y, al emerger, nace de nuevo con un ser purificado. Esta es la estructura del bautismo cristiano \u2014y de los ritos de inmersi\u00f3n de m\u00faltiples religiones no cristianas\u2014 que el poema &#8220;Ver llover&#8221; de Gimeno reinventa en la forma del bautismo por lluvia.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n que Eliade establece entre las aguas primordiales \u2014el caos acu\u00e1tico del que surge la creaci\u00f3n\u2014 y el diluvio \u2014el retorno de la creaci\u00f3n al caos acu\u00e1tico\u2014 es relevante para el an\u00e1lisis de la lluvia en <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em>. La lluvia del poema &#8220;Ver llover&#8221; no es una lluvia de fertilidad ni una lluvia de consuelo: es una lluvia de disoluci\u00f3n que aproxima al diluvio eliadiano. El yo que se disuelve en la lluvia no recibe la vida sino que la devuelve: &#8220;Bautismo del hombre \/ muerto.&#8221; El bautismo no es aqu\u00ed la entrada en una nueva vida sino la consumaci\u00f3n de una muerte necesaria.<\/p>\n<p><strong>2.3. La transici\u00f3n inici\u00e1tica y el agua<\/strong><\/p>\n<p>El agua como agente de la transici\u00f3n inici\u00e1tica est\u00e1 presente en la mayor\u00eda de los ritos de paso estudiados por Van Gennep y Turner. El ne\u00f3fito que cruza un r\u00edo, que es sumergido en las aguas bautismales o que es purificado por la lluvia abandona el estado previo y emerge en un estado nuevo. El agua es el elemento liminal por excelencia: no pertenece ni a la tierra ni al aire, no tiene forma propia, disuelve las fronteras que los otros elementos sostienen. La fase liminal del rito \u2014el momento en que el iniciado no es ni lo que era ni lo que ser\u00e1\u2014 tiene en el agua su correspondencia natural. Y el poema que ocupa el umbral entre las dos secciones de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> es, precisamente, un poema de lluvia.<\/p>\n<ol start=\"3\">\n<li><strong> El inventario acu\u00e1tico de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em><\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Antes de analizar los poemas del corpus en detalle, conviene trazar un inventario de las apariciones del agua en el libro. Este inventario revela que el agua no es un elemento ocasional sino un motivo estructural que atraviesa el libro de principio a fin, con una concentraci\u00f3n creciente a medida que se aproxima el umbral entre las dos secciones.<\/p>\n<p>La primera aparici\u00f3n del agua es impl\u00edcita: el texto inicial, &#8220;Resonancias&#8221;, habla de &#8220;dedos tr\u00e9mulos&#8221; que &#8220;dudan \/ si deslizarse por la ventana&#8221;, y la atm\u00f3sfera de la ma\u00f1ana descrita evoca la humedad y la penumbra m\u00e1s que la luz y la sequedad. No hay agua expl\u00edcita, pero hay un ambiente acuoso que impregna la apertura del libro.<\/p>\n<p>La segunda aparici\u00f3n es la de la lluvia en &#8220;Llega con el oto\u00f1o&#8221;: &#8220;Llueve. La verdad reverdece.&#8221; y &#8220;Llueve. De los dones \/ derramados en la casa de todos \/ ni\u00f1os y \u00e1rboles \/ crecen hacia arriba, hacia abajo.&#8221; Aqu\u00ed la lluvia es todav\u00eda una lluvia de fertilidad: hace reverdecer, derrama dones, hace crecer ni\u00f1os y \u00e1rboles. Es la lluvia positiva y nutritiva de las tradiciones agrarias.<\/p>\n<p>La tercera aparici\u00f3n es la de la lluvia en &#8220;Todo en orden&#8221;: &#8220;Empieza a llover \/ mientras crecen ra\u00edces en tus pies. \/ Un orden anterior a toda conciencia hipertrofiada \/ es restaurado en esta hora sin tiempo.&#8221; Aqu\u00ed la lluvia comienza a perder su car\u00e1cter nutritivo para adquirir uno m\u00e1s oscuro: restaura un orden anterior a la conciencia, lo que implica la suspensi\u00f3n de la conciencia. Y las ra\u00edces que crecen en los pies del sujeto sugieren una fusi\u00f3n con la tierra que anticipa la disoluci\u00f3n de &#8220;Ver llover&#8221;.<\/p>\n<p>La cuarta aparici\u00f3n, la m\u00e1s extensa y la m\u00e1s densa sem\u00e1nticamente, es la del poema &#8220;Ver llover&#8221;, que cierra la primera secci\u00f3n y opera como umbral hacia la segunda. Se analiza en el apartado 5.<\/p>\n<p>La quinta aparici\u00f3n es la frase que abre la segunda secci\u00f3n: &#8220;Ha dejado de llover.&#8221; Esta frase es la inversa de &#8220;Empieza a llover&#8221;: donde aquella se\u00f1alaba el inicio del proceso, esta se\u00f1ala su consumaci\u00f3n. El umbral ha sido cruzado.<\/p>\n<p>La sexta aparici\u00f3n es el mar del fragmento &#8220;(El mar)&#8221; en la segunda secci\u00f3n. El mar no es lluvia sino la forma expandida del agua: el elemento oce\u00e1nico que Freud describi\u00f3 como &#8220;sentimiento oce\u00e1nico&#8221; y que ya aparece en el texto inicial &#8220;Resonancias&#8221; \u2014&#8221;Sentimiento oce\u00e1nico&#8221; \u2014 reaparece aqu\u00ed como el escenario de la communitas posliminal: la fusi\u00f3n del yo con el todo.<\/p>\n<p>Hay adem\u00e1s una aparici\u00f3n impl\u00edcita en el fragmento sin t\u00edtulo que describe al pato que cruza las aguas de un lago: &#8220;te haces uno con el lago. \/ Un pato atraviesa tus aguas \/ y en la estela que forma \/ re-conoces la herida \/ que siempre estuvo ah\u00ed.&#8221; El lago es aqu\u00ed el espejo de la contemplaci\u00f3n: el yo que se funde con \u00e9l ve reflejada su propia herida en la estela del pato.<\/p>\n<p>Este inventario revela una progresi\u00f3n clara: el agua avanza desde la lluvia nutritiva de la primera secci\u00f3n hasta la lluvia disolutiva del umbral, y desde el umbral hacia el mar de la segunda secci\u00f3n. La direcci\u00f3n del movimiento es desde el agua como elemento de la naturaleza exterior hasta el agua como elemento de la experiencia interior.<\/p>\n<ol start=\"4\">\n<li><strong> &#8220;Llega con el oto\u00f1o&#8221;: la lluvia como don y como anuncio<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El poema &#8220;Llega con el oto\u00f1o&#8221; es el primero del libro en el que la lluvia aparece de modo expl\u00edcito y con un protagonismo tem\u00e1tico. El poema describe la llegada del oto\u00f1o como la llegada de una presencia que todo lo transforma: los \u00e1rboles encendidos, el sol que nadie ve retirarse, la mano que ofrece pan reci\u00e9n hecho. Y en ese contexto de transformaci\u00f3n estacional, la lluvia aparece dos veces.<\/p>\n<p>La primera aparici\u00f3n es escueta y contundente: &#8220;Llueve. La verdad reverdece.&#8221; La yuxtaposici\u00f3n de la lluvia y la verdad no es metaf\u00f3rica en el sentido convencional: no dice que la lluvia sea &#8220;como&#8221; la verdad ni que la verdad &#8220;parezca&#8221; lluvia. Dice que cuando llueve la verdad reverdece. El verbo &#8220;reverdecer&#8221; implica que la verdad estaba seca, marchita, y que la lluvia la devuelve a la vida. Esta funci\u00f3n de la lluvia como agente de la recuperaci\u00f3n de la verdad es una funci\u00f3n de revelaci\u00f3n: el agua disuelve la corteza de falsedad que recubre la realidad ordinaria y deja visible lo que estaba oculto debajo.<\/p>\n<p>La segunda aparici\u00f3n ampl\u00eda la imagen en direcci\u00f3n c\u00f3smica:<\/p>\n<p>Llueve. De los dones<br \/>\nderramados en la casa de todos<br \/>\nni\u00f1os y \u00e1rboles<br \/>\ncrecen hacia arriba, hacia abajo.<\/p>\n<p>La lluvia es aqu\u00ed un don derramado: la misma imagen del derrame que Gimeno utiliza para la verdad en la primera aparici\u00f3n se extiende ahora a toda la naturaleza. La &#8220;casa de todos&#8221; es el mundo compartido, el espacio com\u00fan que la lluvia purifica y fecunda. Y los ni\u00f1os y \u00e1rboles que crecen &#8220;hacia arriba, hacia abajo&#8221; reproducen la imagen de &#8220;Ra\u00edces&#8221; \u2014los organismos que crecen simult\u00e1neamente hacia la luz y hacia la oscuridad\u2014 pero en un contexto de alegr\u00eda y de don: aqu\u00ed el crecimiento doble no es angustioso sino gozoso.<\/p>\n<p>Esta lluvia de &#8220;Llega con el oto\u00f1o&#8221; es todav\u00eda una lluvia positiva, una lluvia de fertilidad que nutre y revela. Pero contiene ya el germen de la lluvia de disoluci\u00f3n: el don &#8220;derramado&#8221; puede leerse tambi\u00e9n como el don que se vierte sin control, que inunda y que borra las fronteras. El oto\u00f1o que llega trae consigo una verdad que &#8220;reverdece&#8221;: la paradoja de un reverdecer oto\u00f1al apunta hacia la inversi\u00f3n de las categor\u00edas \u2014vida en la muerte, comienzo en el fin\u2014 que la lluvia del umbral llevar\u00e1 a su punto extremo.<\/p>\n<ol start=\"5\">\n<li><strong> &#8220;Todo en orden&#8221;: la lluvia como restauraci\u00f3n de un orden pre-consciente<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>&#8220;Todo en orden&#8221; es el pen\u00faltimo poema de la primera secci\u00f3n, el que precede inmediatamente a &#8220;Ver llover&#8221;. Su funci\u00f3n en la arquitectura del libro es la de preparar el umbral: introduce la lluvia como agente de una restauraci\u00f3n que implica la suspensi\u00f3n de la conciencia ordinaria. El poema describe, en su primera parte, un paisaje de decadencia interior:<\/p>\n<p>El paisaje hecho hast\u00edo<br \/>\nen los espejos convexos que observan<br \/>\ndesde la ventana.<br \/>\nNo quieres reparar en esas grietas<br \/>\npor las que escapa el tiempo dejando<br \/>\ntras de s\u00ed un suced\u00e1neo de existencia,<br \/>\nni en las quemaduras de tus dedos fieles<br \/>\na la memoria de la carne,<br \/>\ncuando en mitad de la noche<br \/>\nnecesitaste la compa\u00f1\u00eda del f\u00f3sforo,<br \/>\nanimal nocturno que justo antes de la extinci\u00f3n<br \/>\nmord\u00eda<br \/>\ncon la rabia de saberse perdido.<br \/>\n\u00bfSer\u00e1 el dolor el \u00faltimo<br \/>\nanclaje a la vida?<\/p>\n<p>Este paisaje es el estado m\u00e1ximo de la angustia existencial de la primera secci\u00f3n: el hast\u00edo convertido en paisaje, el tiempo que se escapa, el dolor como \u00fanico anclaje. La pregunta que cierra esta primera parte \u2014&#8221;\u00bfSer\u00e1 el dolor el \u00faltimo \/ anclaje a la vida?&#8221;\u2014 es la pregunta que el umbral acu\u00e1tico va a contestar mediante la acci\u00f3n, no mediante el argumento.<\/p>\n<p>La respuesta llega en la segunda parte del poema:<\/p>\n<p>Empieza a llover<br \/>\nmientras crecen ra\u00edces en tus pies.<br \/>\nUn orden anterior a toda conciencia hipertrofiada<br \/>\nes restaurado en esta hora sin tiempo.<\/p>\n<p>La lluvia no responde a la pregunta sobre el dolor: la interrumpe. El dolor como anclaje pierde su relevancia en el momento en que empieza a llover y crecen ra\u00edces en los pies. Las ra\u00edces son la imagen de la conexi\u00f3n con lo que est\u00e1 por debajo de la conciencia: el substrato oscuro del ser que la &#8220;conciencia hipertrofiada&#8221; \u2014la conciencia que se ha inflado hasta cubrir todo el espacio interior\u2014 ha ido recubriendo. La lluvia restaura un orden anterior a esa conciencia, un orden que exist\u00eda antes de que el yo comenzara a pensar, a interrogar, a angustiarse.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n &#8220;esta hora sin tiempo&#8221; es particularmente significativa. No es una hora cualquiera sino una hora que ha salido del tiempo cronol\u00f3gico. Esto corresponde a lo que Eliade denomina el tiempo m\u00edtico del rito: el tiempo suspendido en el que la experiencia sagrada ocurre, irreducible al tiempo ordinario de la duraci\u00f3n. La lluvia no solo restaura un orden anterior a la conciencia sino que lo hace en un tiempo que est\u00e1 fuera del tiempo, en la eternidad puntual del instante ritual. El umbral est\u00e1 a un poema de distancia.<\/p>\n<ol start=\"6\">\n<li><strong> &#8220;Ver llover&#8221;: el bautismo del hombre muerto<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>&#8220;Ver llover&#8221; es el poema central del libro. No lo es por su extensi\u00f3n \u2014es uno de los m\u00e1s breves\u2014 sino por su funci\u00f3n estructural: cierra la primera secci\u00f3n y abre el camino hacia la segunda. El propio autor lo se\u00f1ala como el eje del proceso inici\u00e1tico: &#8220;En el poema &#8216;Ver llover&#8217;, \u00faltimo de la primera parte, la lluvia que cae se reproduce visualmente con versos cortos y formas verbales que acent\u00faan la acci\u00f3n. Es el momento de la disoluci\u00f3n del individuo (la muerte simb\u00f3lica).&#8221;<\/p>\n<p>El poema es el siguiente:<\/p>\n<p>Ver llover,<br \/>\nsentir que el mundo se disuelve,<br \/>\nque nada vuelve,<br \/>\nque todo permanece.<br \/>\nVer llover,<br \/>\npresentir un enigma que crece<br \/>\nalrededor.<br \/>\nDejar de ser<br \/>\nlo que eres,<br \/>\nnotar un algo que te envuelve<br \/>\nen su paz interior.<br \/>\nCaer, caer<br \/>\nsiendo lluvia,<br \/>\ndesnaciendo, nacer.<br \/>\nBautismo del hombre<br \/>\nmuerto.<\/p>\n<p><strong>6.1. El desplazamiento del agente<\/strong><\/p>\n<p>El primer rasgo formal del poema que merece atenci\u00f3n es la naturaleza de los verbos. Los tres primeros infinitivos \u2014&#8221;Ver&#8221;, &#8220;sentir&#8221;, &#8220;presentir&#8221;\u2014 son verbos de percepci\u00f3n: el sujeto no hace nada, solo percibe. Esta pasividad perceptiva es el primer grado de la disoluci\u00f3n del yo activo: el yo que percibe sin actuar ya no es el yo de la primera secci\u00f3n, que busca, llama, interroga. Es un yo que se ha detenido y que recibe el mundo en lugar de ir hacia \u00e9l.<\/p>\n<p>El cuarto infinitivo marca el salto: &#8220;Dejar de ser \/ lo que eres.&#8221; Ya no es un verbo de percepci\u00f3n sino de renuncia: la renuncia al estado anterior, la separaci\u00f3n del yo previo que Van Gennep describe como la primera fase del rito de paso. &#8220;Dejar de ser lo que eres&#8221; no es la muerte f\u00edsica sino la muerte simb\u00f3lica del yo constituido: el despojamiento de la identidad que el rito exige antes de que pueda emerger una nueva.<\/p>\n<p>La culminaci\u00f3n del movimiento es el paso del verbo &#8220;ver&#8221; al verbo &#8220;ser&#8221;: el sujeto que al principio del poema &#8220;ve llover&#8221; se convierte al final en lluvia. &#8220;Caer, caer \/ siendo lluvia&#8221; es el momento de la fusi\u00f3n completa entre el observador y el fen\u00f3meno observado: el sujeto ya no contempla la lluvia desde fuera sino que es la lluvia, que cae, que se disuelve, que no tiene l\u00edmites ni contornos. En t\u00e9rminos de Bachelard, es el momento en que la enso\u00f1aci\u00f3n del agua se cumple: el so\u00f1ador se convierte en el elemento que sue\u00f1a.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>6.2. La paradoja &#8220;desnaciendo, nacer&#8221;<\/strong><\/p>\n<p>El neologismo &#8220;desnaciendo&#8221; es uno de los hallazgos formales m\u00e1s precisos del libro. El verbo &#8220;desnacer&#8221; no existe en el espa\u00f1ol normativo, pero su significado es inmediatamente comprensible: deshacer el nacimiento, retroceder hasta el estado anterior al ser nacido, volver al caos primordial que Eliade describe como las aguas primordiales de la cosmogon\u00eda. Desnacerse no es morir: es retroceder hasta antes del nacimiento, hasta el instante en que el ser no hab\u00eda emergido todav\u00eda de la indiferenciaci\u00f3n originaria.<\/p>\n<p>La paradoja &#8220;desnaciendo, nacer&#8221; concentra en dos palabras la estructura completa del rito de paso: para nacer de nuevo, el iniciado debe primero desnacer. La muerte simb\u00f3lica del yo antiguo es la condici\u00f3n de posibilidad del nacimiento del yo nuevo. Pero en Gimeno la paradoja tiene una inflexi\u00f3n espec\u00edfica: el participio de presente &#8220;desnaciendo&#8221; y el infinitivo &#8220;nacer&#8221; son simult\u00e1neos, no sucesivos. El desnacimiento y el nacimiento ocurren al mismo tiempo, en la misma acci\u00f3n de caer siendo lluvia. No hay un momento de espera entre la muerte y el renacimiento: la disoluci\u00f3n es ya, en el mismo instante, la emergencia.<\/p>\n<p><strong>6.3. &#8220;Bautismo del hombre muerto&#8221;: el bautismo invertido<\/strong><\/p>\n<p>La frase final del poema \u2014&#8221;Bautismo del hombre \/ muerto&#8221;\u2014 es la que da t\u00edtulo al presente art\u00edculo y la que concentra la mayor densidad sem\u00e1ntica del libro. El bautismo cristiano bautiza a un ser vivo para darle vida nueva: el agua lava el pecado, el ne\u00f3fito emerge purificado y listo para la vida en la gracia. El bautismo de &#8220;Ver llover&#8221; invierte este movimiento: el que es bautizado es el hombre muerto. No es el vivo que muere simb\u00f3licamente para renacer; es el muerto que recibe el bautismo.<\/p>\n<p>Esta inversi\u00f3n tiene consecuencias precisas. En primer lugar, el bautismo del hombre muerto no es una purificaci\u00f3n sino una consumaci\u00f3n: no limpia al vivo sino que consagra al muerto. El yo que ha muerto simb\u00f3licamente a lo largo de la primera secci\u00f3n recibe en &#8220;Ver llover&#8221; el sacramento de su propia muerte. El agua no lo salva: lo libera. En segundo lugar, el bautismo invertido implica que lo que nace despu\u00e9s de \u00e9l no es la restauraci\u00f3n del yo purificado sino algo cualitativamente distinto: un ser que ya no tiene el yo como centro, el ser sin subjetivismo que la segunda secci\u00f3n propone como estado posliminal. En t\u00e9rminos de la teolog\u00eda cristiana que el poema invierte, es como si el bautismo no condujera a la vida eterna del alma sino a la comuni\u00f3n con el mundo como todo.<\/p>\n<p>La teolog\u00eda m\u00edstica que subyace a esta inversi\u00f3n es la de la aniquilaci\u00f3n del yo. Miguel de Molinos \u2014cuyo ep\u00edgrafe abre el libro: &#8220;Camina, camina por esta segura senda, y procura en esa nada \/ sumergirte, perderte y abismarte si quieres aniquilarte, unirte y \/ transformarte&#8221; \u2014 propone la aniquilaci\u00f3n como el camino hacia la uni\u00f3n con Dios. El bautismo del hombre muerto es la forma que Gimeno da a esta aniquilaci\u00f3n: no la violencia asc\u00e9tica del &#8220;sumergirte y perderte&#8221; de Molinos sino la suavidad de la lluvia que cae y que disuelve sin dolor.<\/p>\n<p><strong>6.4. Los recursos formales como m\u00edmesis de la lluvia<\/strong><\/p>\n<p>Los versos de &#8220;Ver llover&#8221; son, en su mayor\u00eda, bis\u00edlabos, tris\u00edlabos o tetras\u00edlabos. La brevedad de los versos reproduce visualmente y r\u00edtmicamente el movimiento de la lluvia: cada verso es como una gota, breve y cerrada en s\u00ed misma, que cae sobre el silencio de los espacios en blanco. El propio autor ha se\u00f1alado esta correspondencia: &#8220;la lluvia que cae se reproduce visualmente con versos cortos y formas verbales que acent\u00faan la acci\u00f3n.&#8221;<\/p>\n<p>Esta m\u00edmesis formal \u2014la forma que imita el contenido\u2014 es uno de los procedimientos m\u00e1s logrados del libro. Contrasta directamente con los versos de extensi\u00f3n media o larga que predominan en los poemas discursivos de la primera secci\u00f3n, y anticipa la brevedad de los fragmentos de la segunda. El poema es, desde el punto de vista de la extensi\u00f3n versal, un umbral formal entre los dos modos de escritura que coexisten en el libro.<\/p>\n<ol start=\"7\">\n<li><strong> El umbral acu\u00e1tico: &#8220;Ha dejado de llover&#8221;<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La frase con la que se abre la segunda secci\u00f3n \u2014&#8221;Ha dejado de llover&#8221; \u2014 es, en su brevedad aparente, uno de los enunciados m\u00e1s cargados sem\u00e1nticamente del libro. Cuatro palabras en tiempo pret\u00e9rito perfecto: la lluvia ha ocurrido y ha terminado. El umbral ha sido cruzado. El lector entra en la segunda secci\u00f3n sin ninguna otra preparaci\u00f3n que la afirmaci\u00f3n de que el proceso disolutivo ha concluido.<\/p>\n<p>El pret\u00e9rito perfecto \u2014&#8221;ha dejado&#8221;\u2014 es significativo: no es el indefinido &#8220;dej\u00f3 de llover&#8221;, que situar\u00eda el hecho en un pasado cerrado y alejado, sino el perfecto, que mantiene el hecho en relaci\u00f3n con el presente del enunciado. La lluvia ha ocurrido y sus efectos persisten. El yo que ha sido disuelto por la lluvia no ha desaparecido: ha sido transformado, y el estado en que ha quedado tras la transformaci\u00f3n es el estado desde el que la segunda secci\u00f3n habla. La frase-umbral no cierra el proceso sino que lo contin\u00faa: el silencio que sigue a la lluvia es el estado de la segunda secci\u00f3n.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos de Van Gennep, &#8220;Ha dejado de llover&#8221; es el enunciado de la fase posliminal: la se\u00f1al de que el iniciado ha cruzado el umbral y ha emergido en un estado nuevo. Pero en Gimeno ese estado no es la restauraci\u00f3n de la normalidad ni la reintegraci\u00f3n en la comunidad: es un estado de mayor apertura, de mayor silencio, de menor subjetivismo. El agua que ha ca\u00eddo ha disuelto las fronteras que manten\u00edan al yo separado del mundo, y lo que queda despu\u00e9s de la disoluci\u00f3n es un ser m\u00e1s permeable, m\u00e1s disponible para la escucha.<\/p>\n<ol start=\"8\">\n<li><strong> El agua en la segunda secci\u00f3n: el mar como communitas<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La segunda secci\u00f3n de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> no contiene lluvia sino mar. Este desplazamiento del elemento acu\u00e1tico \u2014de la lluvia al mar\u2014 corresponde al desplazamiento del estado inici\u00e1tico: la lluvia es el agente de la disoluci\u00f3n en el umbral; el mar es el espacio de la communitas en la fase posliminal. El mar es el agua en su forma m\u00e1s expansiva y m\u00e1s antigua: la forma que Freud denomin\u00f3 &#8220;sentimiento oce\u00e1nico&#8221; y que el texto inicial &#8220;Resonancias&#8221; ya evocaba.<\/p>\n<p>El fragmento &#8220;(El mar)&#8221; despliega esta comuni\u00f3n del yo con el elemento oce\u00e1nico:<\/p>\n<p>Un rumor llega,<br \/>\nun rumor que estaba<br \/>\nen ti mucho antes que nacieras.<br \/>\nHablan las olas<br \/>\nde mitolog\u00edas lejanas,<br \/>\nm\u00fasica primordial que fertiliza<br \/>\nla palabra humana.<br \/>\nLa suave danza del mar<br \/>\nte acun\u00f3,<br \/>\nsu furia despert\u00f3 el pecho<br \/>\nadolescente<br \/>\ny ahora la melod\u00eda espumosa<br \/>\ncalma con caricias<br \/>\nel cuerpo gastado.<br \/>\nTe invade<br \/>\nese sentimiento oce\u00e1nico<br \/>\ny una intuici\u00f3n certera<br \/>\nde pertenencia al todo.<br \/>\nEn tus aguas, dios del amor,<br \/>\nmil veces muero para renacer de nuevo.<br \/>\n(El mar)<\/p>\n<p>La primera imagen del fragmento establece una distinci\u00f3n temporal fundamental: el rumor del mar &#8220;estaba \/ en ti mucho antes que nacieras&#8221;. El mar no es un elemento del mundo exterior que el sujeto descubre: es un elemento que preexiste al nacimiento del yo, que pertenece al orden anterior a la conciencia que &#8220;Todo en orden&#8221; ya evocaba. El mar es el origen acu\u00e1tico que el yo lleva consigo desde antes de ser yo. La contemplaci\u00f3n del mar no es el descubrimiento de algo nuevo sino el reconocimiento de algo que siempre estuvo ah\u00ed.<\/p>\n<p>La coda marginal del fragmento \u2014&#8221;Afrodita Urania. \/ Afrodita Pandemos&#8221; \u2014 a\u00f1ade la dimensi\u00f3n mitol\u00f3gica que el propio Gimeno explica en sus notas: &#8220;El poeta catal\u00e1n tom\u00f3 de <em>El banquete<\/em> de Plat\u00f3n la distinci\u00f3n entre una Afrodita celeste (Urania) y una Afrodita pand\u00e9mica. Celeste ser\u00eda el amor puro, mientras que el com\u00fan (pandemos) ser\u00eda un amor f\u00edsico o corp\u00f3reo.&#8221; El mar contiene las dos dimensiones del amor: la celeste y la carnal, la espiritual y la corporal. Es el elemento que une lo que el pensamiento dualista separa.<\/p>\n<p>El verso final del fragmento \u2014&#8221;En tus aguas, dios del amor, \/ mil veces muero para renacer de nuevo&#8221; \u2014 recoge el motivo del morir-para-renacer que &#8220;Ver llover&#8221; hab\u00eda introducido y lo traslada al mar. Pero aqu\u00ed el proceso no ocurre una sola vez, como en el bautismo: ocurre &#8220;mil veces&#8221;. El mar no es el bautismo \u00fanico e irrepetible del umbral sino el espacio en el que el ciclo de muerte y renacimiento se produce de modo continuo. La segunda secci\u00f3n no propone un renacimiento definitivo sino una disponibilidad permanente a la transformaci\u00f3n.<\/p>\n<ol start=\"9\">\n<li><strong> El lago como espejo de la herida<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>Hay una tercera aparici\u00f3n del agua en la segunda secci\u00f3n que merece atenci\u00f3n especial. En el fragmento sin t\u00edtulo cuya coda marginal es &#8220;La sospecha met\u00f3dica&#8221;, el sujeto sale a dar un paseo y se funde con un lago:<\/p>\n<p>sales a dar un paseo,<br \/>\ndejas que el sol te acaricie,<br \/>\nte haces uno con el lago.<br \/>\nUn pato atraviesa tus aguas<br \/>\ny en la estela que forma<br \/>\nre-conoces la herida<br \/>\nque siempre estuvo ah\u00ed.<br \/>\n\u00a1Oh!<\/p>\n<p>Esta fusi\u00f3n con el lago \u2014&#8221;te haces uno con el lago&#8221;\u2014 es la versi\u00f3n m\u00e1s serena de la disoluci\u00f3n acu\u00e1tica que el libro propone. No hay aqu\u00ed la verticalidad de la lluvia que cae ni la expansi\u00f3n del mar que acoge: hay la horizontalidad quieta del lago que recibe y refleja. El yo que se funde con el lago no cae ni se expande: simplemente se extiende hasta coincidir con la superficie del agua quieta.<\/p>\n<p>Lo que el pato revela en su estela es la &#8220;herida \/ que siempre estuvo ah\u00ed&#8221;. La herida es el motivo central de la primera secci\u00f3n \u2014&#8221;Y la herida se hizo boca&#8221;\u2014, que reaparece aqu\u00ed en la segunda secci\u00f3n no como fuente de angustia sino como objeto de reconocimiento. En el contexto de la contemplaci\u00f3n serena, la herida ya no duele: es reconocida como parte constitutiva del ser. El guion entre &#8220;re&#8221; y &#8220;conoces&#8221; \u2014&#8221;re-conoces&#8221;\u2014 subraya que este conocimiento es un reconocimiento: no el descubrimiento de algo nuevo sino el regreso a algo que ya se sab\u00eda pero que se hab\u00eda olvidado. El agua como espejo devuelve al sujeto la imagen de su herida sin el miedo que esa imagen produc\u00eda en la primera secci\u00f3n.<\/p>\n<p>La exclamaci\u00f3n final \u2014&#8221;\u00a1Oh!&#8221; \u2014 es uno de los instantes m\u00e1s singulares del libro. No es una exclamaci\u00f3n de dolor ni de alegr\u00eda: es la exclamaci\u00f3n ante la evidencia. El &#8220;\u00a1Oh!&#8221; que no puede ser dicho de otra manera, que es la forma m\u00e1s desnuda del asombro. En t\u00e9rminos de la po\u00e9tica del l\u00edmite que Valente y Gimeno comparten, el &#8220;\u00a1Oh!&#8221; es el punto en que el lenguaje alcanza su propio borde y no puede ir m\u00e1s all\u00e1. El agua como espejo ha llevado al sujeto hasta ese borde.<\/p>\n<ol start=\"10\">\n<li><strong> La lluvia en la poes\u00eda de Corredor-Matheos: di\u00e1logo y herencia<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p><em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> est\u00e1 dedicado &#8220;A Pepe Corredor-Matheos&#8221;, y el propio Gimeno se\u00f1ala expl\u00edcitamente la relaci\u00f3n entre la funci\u00f3n de la lluvia en su libro y la po\u00e9tica del agua en la obra del poeta a quien lo dedica: &#8220;Esta funci\u00f3n de la lluvia es habitual en la poes\u00eda de Corredor-Matheos, a quien va dedicado el poemario.&#8221; Esta indicaci\u00f3n del autor constituye un punto de partida hermen\u00e9utico de primer orden: la lluvia de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> no es solo un s\u00edmbolo personal sino un elemento de una tradici\u00f3n po\u00e9tica que Corredor-Matheos representa.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Corredor-Matheos (1927-2023) es uno de los poetas espa\u00f1oles contempor\u00e1neos que m\u00e1s profundamente ha trabajado el symbolismo del agua como elemento de purificaci\u00f3n, contemplaci\u00f3n y disoluci\u00f3n del yo. Su poes\u00eda, fuertemente influida por la tradici\u00f3n zen y por la poes\u00eda cl\u00e1sica china, utiliza los elementos naturales \u2014el agua, la piedra, el silencio\u2014 como v\u00edas de acceso a una experiencia de la realidad que trasciende la perspectiva individual. El agua en Corredor-Matheos no es descriptiva sino reveladora: aparece en sus poemas como el elemento que disuelve la ilusi\u00f3n del yo separado y revela la pertenencia del ser individual a un todo m\u00e1s amplio.<\/p>\n<p>Esta funci\u00f3n del agua en Corredor-Matheos es precisamente la que Gimeno asume y desarrolla en <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em>. La lluvia que en Corredor-Matheos cae sobre el jard\u00edn o sobre la piedra y revela la superficie verdadera de las cosas reaparece en Gimeno como la lluvia que disuelve las fronteras entre el sujeto que observa y el mundo observado. La diferencia es de grado e intensidad, no de naturaleza: donde Corredor-Matheos propone la contemplaci\u00f3n serena del agua como v\u00eda de conocimiento, Gimeno lleva el proceso hasta su consecuencia m\u00e1s radical, la del bautismo del hombre muerto.<\/p>\n<p>La dedicatoria del libro a Corredor-Matheos tiene una dimensi\u00f3n hermen\u00e9utica precisa: sit\u00faa <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> en una genealog\u00eda po\u00e9tica en la que el agua es un elemento de la po\u00e9tica de la disoluci\u00f3n del yo y de la apertura a lo real. Gimeno reconoce en Corredor-Matheos al maestro que le ha mostrado c\u00f3mo el agua puede ser en la poes\u00eda algo m\u00e1s que un elemento descriptivo: puede ser el agente de una transformaci\u00f3n espiritual que el poema pone en marcha. La lluvia de &#8220;Ver llover&#8221; es, en este sentido, una herencia que el disc\u00edpulo lleva hasta el extremo que el maestro hab\u00eda se\u00f1alado.<\/p>\n<ol start=\"11\">\n<li><strong> El bautismo invertido: implicaciones para el conjunto del libro<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>La descripci\u00f3n del poema &#8220;Ver llover&#8221; como escena de bautismo invertido tiene implicaciones que se proyectan sobre el conjunto del libro y que permiten releer varios elementos del texto a una luz nueva.<\/p>\n<p>La primera implicaci\u00f3n es la del sujeto que nace en la segunda secci\u00f3n. Si el bautismo de &#8220;Ver llover&#8221; es el bautismo del hombre muerto, lo que nace despu\u00e9s no es el mismo yo purificado sino un ser cualitativamente diferente. La segunda secci\u00f3n habla desde ese ser diferente: un ser que ha perdido el yo como centro \u2014&#8221;p\u00e9rdida de subjetivismo&#8221; en las palabras del autor \u2014 y que se relaciona con el mundo desde una posici\u00f3n de mayor apertura y menor resistencia. La instrucci\u00f3n &#8220;Seamos \/ como el batir de alas del vencejo. \/ Ni alegres ni tristes seamos, \/ tan solo vuelo. \/ Seamos siendo&#8221;, que es la primera enunciaci\u00f3n de la segunda secci\u00f3n, describe ese estado: un ser que no tiene contenido emocional fijo sino que es puro movimiento, pura presencia.<\/p>\n<p>La segunda implicaci\u00f3n es la del agua bautismal como don. El t\u00edtulo del libro \u2014<em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em>\u2014 ha sido le\u00eddo habitualmente en relaci\u00f3n con el don po\u00e9tico: el don de la palabra que invoca. Pero la lluvia como agua bautismal a\u00f1ade una segunda lectura: el don es tambi\u00e9n el don de la disoluci\u00f3n, la gracia de ser deshecho por el agua para poder renacer de otra manera. El &#8220;imperfecto don&#8221; que aparece en la segunda secci\u00f3n \u2014&#8221;El imperfecto don que \/ nos aproxima a la \/ nada plena, viva&#8221; \u2014 es imperfecto precisamente porque no conduce a la plena purificaci\u00f3n sino a una aproximaci\u00f3n: el bautismo del hombre muerto no redime del todo, solo abre un camino.<\/p>\n<p>La tercera implicaci\u00f3n es la del final del libro. Si el bautismo de &#8220;Ver llover&#8221; es el momento central del proceso inici\u00e1tico, el final del libro \u2014con los fragmentos &#8220;(El huerto de Dios)&#8221; y el di\u00e1logo &#8220;Misterio del ser y del silencio originario&#8221;\u2014 es el punto en que el iniciado ha recorrido la segunda fase del camino y se encuentra con la frontera \u00faltima: la muerte real, no ya la muerte simb\u00f3lica del bautismo. El poema &#8220;(El huerto de Dios)&#8221; es un soneto en el que el sujeto contempla su propia ancianidad con los ojos de quien se sabe pr\u00f3ximo al fin: &#8220;Tiene la muerte rostro de espejo. \/ No te reconoces en ese viejo \/ de pelo gris y temblorosa mano.&#8221; La coda marginal \u2014&#8221;M\u00e1s all\u00e1 del lenguaje. \/ M\u00e1s ac\u00e1 de la carne&#8221; \u2014 sit\u00faa al sujeto en el umbral definitivo, el que el bautismo del hombre muerto hab\u00eda prefigurado pero no consumado.<\/p>\n<p>La agua bautismal de &#8220;Ver llover&#8221; es, en este contexto, una muerte provisional: el bautismo que prepara para la muerte real sin sustituirla. El iniciado que ha pasado por el agua de la lluvia sabe que hay otra agua que lo espera al final \u2014el mar de la muerte, el agua sin orillas del &#8220;(El huerto de Dios)&#8221;\u2014 y que esa agua no podr\u00e1 ser cruzada y vuelta a cruzar. Esta es la sabidur\u00eda triste del &#8220;hombre m\u00e1s triste y m\u00e1s sabio&#8221; que el autor invoca en su comparaci\u00f3n con Coleridge: el iniciado que ha aprendido a contemplar el agua sabe que hay una inundaci\u00f3n final de la que no hay retorno.<\/p>\n<ol start=\"12\">\n<li><strong> Sistematizaci\u00f3n del simbolismo acu\u00e1tico<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El an\u00e1lisis precedente permite proponer una sistematizaci\u00f3n del simbolismo acu\u00e1tico de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> en tres niveles.<\/p>\n<p>El primer nivel es el de la lluvia nutritiva. Aparece en &#8220;Llega con el oto\u00f1o&#8221; como lluvia de don y de verdad. Es el agua que fertiliza, que reverdece, que derrama dones. Corresponde al estado previo al umbral: el yo todav\u00eda no ha comenzado el proceso de disoluci\u00f3n, pero el agua ya est\u00e1 presente como anuncio.<\/p>\n<p>El segundo nivel es el de la lluvia disolutiva. Aparece en &#8220;Todo en orden&#8221; como restauraci\u00f3n del orden pre-consciente y en &#8220;Ver llover&#8221; como bautismo del hombre muerto. Es el agua que disuelve las fronteras ontol\u00f3gicas, que suspende la conciencia y que produce la muerte simb\u00f3lica del yo. Corresponde al umbral liminal.<\/p>\n<p>El tercer nivel es el del agua oce\u00e1nica. Aparece en &#8220;El mar&#8221; como sentimiento de pertenencia al todo y como ciclo de muerte y renacimiento continuo, y en el fragmento del lago como espejo que devuelve la herida sin dolor. Es el agua que ha completado el trabajo de la lluvia y que mantiene al yo disuelto en estado de communitas con el mundo. Corresponde a la fase posliminal.<\/p>\n<p>Esta sistematizaci\u00f3n tripartita corresponde con exactitud a las tres fases del rito de paso de Van Gennep: la lluvia nutritiva anuncia la separaci\u00f3n, la lluvia disolutiva ejecuta el umbral, el agua oce\u00e1nica sostiene la reincorporaci\u00f3n. El simbolismo acu\u00e1tico del libro no es solo un conjunto de im\u00e1genes relacionadas: es una estructura sem\u00e1ntica que organiza el arco inici\u00e1tico del poemario en sus tres dimensiones formales.<\/p>\n<ol start=\"13\">\n<li><strong> Conclusiones<\/strong><\/li>\n<\/ol>\n<p>El an\u00e1lisis del simbolismo acu\u00e1tico en <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> de Ra\u00fal Gimeno ha demostrado que el agua no es en este libro un elemento ornamental sino el agente estructural del proceso inici\u00e1tico que el poemario propone. Las tres apariciones principales del agua \u2014la lluvia nutritiva de &#8220;Llega con el oto\u00f1o&#8221;, la lluvia disolutiva de &#8220;Ver llover&#8221; y el mar de la segunda secci\u00f3n\u2014 corresponden con exactitud a las tres fases del rito de paso de Van Gennep: el anuncio de la separaci\u00f3n, el umbral liminal y la communitas posliminal.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis de &#8220;Ver llover&#8221; como escena de bautismo invertido ha revelado que el simbolismo acu\u00e1tico del libro invierte la direcci\u00f3n del sacramento cristiano: donde el bautismo convencional limpia al vivo para darle vida nueva, el bautismo de Gimeno consagra al muerto para liberar al yo que en \u00e9l se ha disuelto. Esta inversi\u00f3n es coherente con la tradici\u00f3n m\u00edstica que el libro convoca \u2014desde Molinos hasta Valente\u2014 y con la po\u00e9tica del l\u00edmite que el poemario comparte con su autor favorito y dedicatario, Corredor-Matheos.<\/p>\n<p>La conexi\u00f3n con la po\u00e9tica del agua de Corredor-Matheos sit\u00faa el simbolismo acu\u00e1tico de <em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em> en una tradici\u00f3n de la poes\u00eda espa\u00f1ola contempor\u00e1nea que ha encontrado en el agua el elemento m\u00e1s apto para articular la experiencia de la disoluci\u00f3n del yo y de la apertura a lo real. Gimeno hereda esa tradici\u00f3n y la lleva hasta un extremo que su maestro hab\u00eda se\u00f1alado pero no recorrido del todo: el extremo del bautismo del hombre muerto, donde el agua ya no purifica sino que libera.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Bachelard, Gaston.\u00a0<em>El agua y los sue\u00f1os: ensayo sobre la imaginaci\u00f3n de la materia<\/em>\u00a0. Traducci\u00f3n de Ida Vitale. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2008 (6.\u00aa ed.). ISBN: 978-968-16-0231-4.<\/p>\n<p>Eliade, Mircea.\u00a0<em>Lo sagrado y lo profano<\/em>\u00a0. Barcelona: Ediciones Paid\u00f3s, 2014. Colecci\u00f3n: Orientalia. ISBN: 978-84-493-2983-8.<\/p>\n<p>Eliade, Mircea.\u00a0<em>Tratado de historia de las religiones<\/em>\u00a0. Traducci\u00f3n de Tom\u00e1s Segovia. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1981. ISBN: 978-84-7057-430-6.<\/p>\n<p>Freud, Sigmund.\u00a0<em>El malestar en la cultura<\/em>\u00a0. Madrid: Alianza Editorial, 2010. ISBN: 978-84-206-6414-9.<\/p>\n<p>Gimeno, Ra\u00fal.\u00a0<em>Don de la invocaci\u00f3n<\/em>. Primera edici\u00f3n. Madrid: Ediciones Rilke, 2026. ISBN: 978-84-18566-70-7. Dep\u00f3sito Legal: M-8745-2026.<\/p>\n<p>Gimeno, Ra\u00fal.\u00a0<em>Don de la invocaci\u00f3n: algunas claves hermen\u00e9uticas<\/em>. Documento de trabajo facilitado a la editorial. Madrid: Ediciones Rilke, 2026.<\/p>\n<p>Molinos, Miguel de.\u00a0<em>Gu\u00eda espiritual<\/em>\u00a0. Edici\u00f3n de Jos\u00e9 \u00c1ngel Valente. Barcelona: Barral Editores, 1974.<\/p>\n<p>Turner, Victor W.\u00a0<em>El proceso ritual: estructura y antiestructura<\/em>\u00a0. Versi\u00f3n castellana revisada por Beatriz Garc\u00eda R\u00edos. Madrid: Taurus, 1988. ISBN: 978-84-306-1287-1.<\/p>\n<p>Valente, Jos\u00e9 \u00c1ngel.\u00a0<em>Al dios del lugar<\/em>. Barcelona: Tusquets Editores, 1989. ISBN: 978-84-7223-104-7.<\/p>\n<p>Valente, Jos\u00e9 \u00c1ngel.\u00a0<em>Material memoria (1979-1989)<\/em>. Madrid: Alianza Editorial, 1992. ISBN: 978-84-206-3267-4.<\/p>\n<p>Van Gennep, Arnold.\u00a0<em>Los ritos de paso<\/em>\u00a0. Traducci\u00f3n de Juan Ram\u00f3n Aranzadi Mart\u00ednez. Madrid: Alianza Editorial, 2008. ISBN: 978-84-206-6217-6.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>de Claudia Soneira, \u00c1ngela. \u00abArt\u00edculo acad\u00e9mico: la lluvia como umbral: disoluci\u00f3n del sujeto y transici\u00f3n inici\u00e1tica en don de la invocaci\u00f3n de ra\u00fal gimeno. simbolismo acu\u00e1tico, bautismo invertido y rito de paso (bachelard, eliade, van gennep)\u00bb. DON DE LA INVOCACI\u00d3N. 1.\u00aa ed. 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