A ORILLAS DEL NECKAR
Hubo un tiempo
en que los hombres
podían soportar
la presencia de un dios.
Cuando el poeta nombraba
no señalaba ni describía, invocaba.
Pero hemos olvidado los orígenes,
perdido la inocencia y la capacidad
de asombro.
¿Para qué poetas en tiempos de miseria?
Lo más cercano no puede
ser alcanzado.
AURORA DE ROSADOS DEDOS
Todo adquiere nueva luz
y el silencio,
con alegría renovada,
se derrama en el paisaje
y lo fertiliza.
Nada permanece, todo muda
en un instante de iluminación
que se eterniza.
Tampoco las palabras suenan como antes
y de su ceniza nueva llama arde.
Con gozo descubres
en el arder o en el mudar
el puro acontecer, la realidad real.
Aprendiendo a mirar
con el corazón.
EL TIEMPO DEL POEMA
A Álex Gimeno
Amigos, hoy quiero celebrar
este silencio que me vive
y me hace vivir
en mitad del bullicio.
Con mi canto desnudo
todo se lo ofrezco.
Bebamos por las cenizas
y pidamos un imposible
a la poesía,
manifestación de un dios humano
que sufre y ama en nosotros:
Que advenga el tiempo del poema
y las cenizas ardan de nuevo,
que el poeta enmudezca
y quede el diálogo
entre el silencio de antes
y el silencio de después.
La verdadera poesía es conversación
donde el poeta es testimonial.
Callemos,
no más palabras canallas.
Quiero brindar por la vida,
no rememorar la muerte
de un dios cercano.
Nombrar es matar.
El poeta que no abre un espacio
al silencio
es culpable
del mayor de los crímenes: deicidio.
Callemos, callemos.
INSTANTE
Amanece como siempre,
por primera vez.
Te asombra que viejas palabras dichas
por el silencio
suenen a nuevas
y que objetos cotidianos
estando a oscuras
desvelen su desnudez.
Buscas a tientas,
tocas la piel de la silla, de la mesa.
Tiemblan como animalitos desvalidos.
Sientes su respiración en tu entraña.
¡Qué extraña sensación! Todo
habita en ti salvo tu yo,
que no lo encuentras.
Se diría que eres el mismo siendo otro
muy distinto.
No necesitas certezas.
Los pensamientos del hombre
nada valen ante la luz de cada ser
concentrado
en un punto cero,
centro que todo lo contiene.
Poco a poco llegará el tiempo
para vestir el mundo con sus velos.
La costumbre
devolverá la palabra, los ojos
la ficticia distancia.
Nacerá un poema a la nostalgia
de una pérdida que no recuerdas
pero que sientes muy cerca.
Un gozo intermitente.
Volverás a creer en una razón tirana.
Lo que fue nunca será
y lo que no fue será de nuevo.
Celebrarás las horas huecas,
te perderás en tramas insustanciales.
Extraviado en el afuera
dejarás de sentir el latido cósmico
del corazón compartido.
Pero no todo estará perdido.
Cuando venga la muerte
a cubrir de abismo tus ojos,
recuperada la ceguera y sintiendo
crecer la sequedad interior
te irás despidiendo de cada cosa.
Antes de hacerse la nada
morirá el yo que te sustenta.
Tal vez, en ese último instante,
cuando el cuerpo te haya abandonado
pero la memoria de los párpados
aún retenga los fríos dedos
se dibujará una sonrisa en tus labios.
DUERMEVELA
A mi padre, In memoriam
A menudo te siento tan cerca
que te llamo agitado
pero nunca contestas.
Te busco, tanteo con las manos la oscuridad
y nada encuentro.
Cuando te sueño, no eres tú.
Es la imaginación que me lleva a engaño.
Pero hoy todo es distinto. Mis ojos ven
con claridad,
como nacidos de nuevo.
Un vacío amable y rumoroso,
arroyuelo de tiniebla que se adivina,
susurra palabras familiares que todo lo llenan.
Te duele la luz como
a Lázaro.
El corazón, centro del ser,
mágicamente se ha iluminado
y doy las gracias con lágrimas derramadas
porque te siento tan hondo que nada podrá ya
separarnos.
Sé, después de los años, que siempre
te encontraré en este gesto tan mío
que te pertenece.
El gesto permanece.


