{"id":17,"date":"2026-06-01T00:30:13","date_gmt":"2026-05-31T22:30:13","guid":{"rendered":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/pazclavel\/?p=17"},"modified":"2026-06-01T00:30:13","modified_gmt":"2026-05-31T22:30:13","slug":"el-dano-que-aprende-a-parecer-normal-la-violencia-de-la-positividad-en-instrumento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nuestrosescritores.com\/pazclavel\/2026\/06\/01\/el-dano-que-aprende-a-parecer-normal-la-violencia-de-la-positividad-en-instrumento\/","title":{"rendered":"El da\u00f1o que aprende a parecer normal: la violencia de la positividad en Instrumento"},"content":{"rendered":"<p>Antonio Isidro Gra\u00f1a Ojeda<\/p>\n<p><em>Grupo Editorial P\u00e9rez-Ayala<\/em><\/p>\n<p><strong>1. Introducci\u00f3n<\/strong><\/p>\n<p>En el centro de Instrumento (Ediciones Amaniel, 2026), primera novela de Paz Clavel, hay una frase que funciona como diagn\u00f3stico de \u00e9poca. La pronuncia Maya Gonz\u00e1lez, poco antes de convertirse en la primera v\u00edctima de la trama: \u00abLa gente cree que el da\u00f1o siempre deja marcas visibles. Pero lo verdaderamente peligroso es lo que aprende a parecer normal\u00bb. Esa intuici\u00f3n \u2014la de una violencia que ha dejado de ser espectacular para volverse ambiental, que no se reconoce como tal porque ha sido absorbida por la normalidad\u2014 constituye, seg\u00fan se argumentar\u00e1 aqu\u00ed, el verdadero asunto de la novela, y encuentra su formulaci\u00f3n te\u00f3rica m\u00e1s precisa en la obra del fil\u00f3sofo coreano-alem\u00e1n Byung-Chul Han. Este art\u00edculo se propone leer Instrumento desde el aparato conceptual que Han despliega en Topolog\u00eda de la violencia (2011) y La sociedad del cansancio (2010), con el fin de demostrar que la novela de Clavel dramatiza el tr\u00e1nsito hist\u00f3rico, descrito por Han, de una violencia de la negatividad a una violencia de la positividad.<\/p>\n<p>La tesis de este estudio puede enunciarse as\u00ed: la organizaci\u00f3n clandestina que vertebra la trama \u2014\u00abla Red\u00bb\u2014 y su ejecutor, Mat\u00edas, no encarnan la violencia arcaica del enemigo, del verdugo o de la guerra, sino una violencia posdisciplinaria, sist\u00e9mica e invisible, que se presenta como orden, como higiene social y como prevenci\u00f3n, y que por ello \u00abaprende a parecer normal\u00bb. La novela, lejos de limitarse a la mec\u00e1nica del suspense, ofrece una fenomenolog\u00eda de esa violencia lisa: su frialdad cl\u00ednica, su l\u00f3gica de la transparencia, su pretensi\u00f3n de eliminar toda fricci\u00f3n y toda alteridad. El an\u00e1lisis recorrer\u00e1, primero, la distinci\u00f3n haniana entre las dos formas de la violencia; despu\u00e9s, la condici\u00f3n de Mat\u00edas como sujeto de rendimiento que se autoexplota; en tercer lugar, la met\u00e1fora de la cirug\u00eda como cifra de la violencia lisa; y, por \u00faltimo, la l\u00f3gica de la expulsi\u00f3n de lo distinto que organiza el proyecto de la Red. Las citas remiten a la edici\u00f3n de Ediciones Amaniel (2026).<\/p>\n<p><strong>2. De la violencia de la negatividad a la violencia de la positividad<\/strong><\/p>\n<p>El n\u00facleo de la propuesta de Han en Topolog\u00eda de la violencia es una periodizaci\u00f3n. Existe, sostiene, una violencia de la negatividad, propia de las sociedades premodernas y disciplinarias: una violencia que opera en la tensi\u00f3n entre el yo y el otro, entre el amigo y el enemigo, entre lo propio y lo extra\u00f1o. Es una violencia visible, expresiva, que deja heridas y cad\u00e1veres; la violencia del soberano que decapita, del guerrero que vence, del castigo que se exhibe sobre el cuerpo del condenado \u2014la misma cuya genealog\u00eda traz\u00f3 Michel Foucault en Vigilar y castigar\u2014. Frente a ella, Han identifica una violencia de la positividad, caracter\u00edstica de la sociedad contempor\u00e1nea: una violencia que ya no procede de la negatividad del otro, sino del exceso de lo positivo, de la superproducci\u00f3n, del rendimiento, de la transparencia. Es una violencia sist\u00e9mica, an\u00f3nima, que no se deja ver porque carece de enemigo: se ha vuelto inmanente al sistema.<\/p>\n<p>Instrumento puede leerse como la puesta en escena narrativa de esa transici\u00f3n. La Red no es una banda que ejerza la violencia de la negatividad: no hay en ella odio al enemigo, no hay pasi\u00f3n, no hay rostro. Sus miembros no son guerreros sino funcionarios; no odian a sus v\u00edctimas, las \u00abprocesan\u00bb. La organizaci\u00f3n se autodescribe en t\u00e9rminos puramente sist\u00e9micos: \u00abTodo estaba medido: selecci\u00f3n, verificaci\u00f3n, seguimiento, ejecuci\u00f3n y disoluci\u00f3n. Nada quedaba al azar\u00bb. La violencia ha perdido su negatividad \u2014su car\u00e1cter de enfrentamiento\u2014 para volverse pura positividad operativa: un flujo de procedimientos sin sujeto que los asuma. Cuando Felipe, el analista y ejecutor, confiesa que \u00abejecutar no se siente como violencia. Se siente como cirug\u00eda\u00bb, est\u00e1 describiendo con exactitud la mutaci\u00f3n que Han teoriza: la violencia que ha dejado de aparecer como violencia.<\/p>\n<p>La frase de Maya con la que se abr\u00eda este art\u00edculo adquiere, en este marco, todo su alcance. \u00abLo verdaderamente peligroso es lo que aprende a parecer normal\u00bb es la formulaci\u00f3n literaria de la tesis haniana sobre la invisibilidad de la violencia positiva. Y su correlato, repetido a lo largo de la novela, lo confirma: \u00abLa violencia directa deja heridas visibles. La omisi\u00f3n no\u00bb. La violencia de la negatividad \u2014la directa, la que golpea\u2014 deja marcas; la violencia de la positividad \u2014la de la omisi\u00f3n, la del sistema, la de la normalidad\u2014 no las deja, y por eso es m\u00e1s dif\u00edcil de combatir. La novela construye as\u00ed una verdadera fenomenolog\u00eda de lo invisible: ense\u00f1a a ver la violencia precisamente all\u00ed donde ha aprendido a no mostrarse.<\/p>\n<p>La mirada de Emilia, el personaje-testigo, funciona en la novela como el \u00f3rgano de esa percepci\u00f3n dif\u00edcil. Lo que la inquieta de Mat\u00edas no es un acto brutal, sino una ausencia de brutalidad: \u00abMovimientos demasiado limpios. Demasiadas coincidencias\u00bb. Cuando presencia el crimen de Maya, lo que la perturba no es la sangre ni el grito \u2014no los hay\u2014 sino la asepsia del gesto: \u00abAlgo no encajaba: demasiado silencio\u00bb. Y la palabra con que resume la escena es reveladora: \u00abHab\u00eda sido\u2026 exacto\u00bb. La violencia de la positividad no se reconoce por su exceso, sino por su perfecci\u00f3n; no por el caos, sino por el orden. Emilia aprende a leer esa gram\u00e1tica invisible, y al hacerlo se convierte en la conciencia que la novela ofrece al lector: la de quien se niega a aceptar como normal lo que ha aprendido a parecerlo.<\/p>\n<p><strong>3. Mat\u00edas, sujeto de rendimiento<\/strong><\/p>\n<p>La segunda gran aportaci\u00f3n de Han, formulada en La sociedad del cansancio, es la caracterizaci\u00f3n del sujeto contempor\u00e1neo como sujeto de rendimiento. A diferencia del sujeto de obediencia de la sociedad disciplinaria foucaultiana \u2014que obedece a una instancia externa, a una prohibici\u00f3n, a un \u00abno debes\u00bb\u2014, el sujeto de rendimiento se rige por un \u00abs\u00ed, puedes\u00bb que ha interiorizado hasta convertirlo en autocoacci\u00f3n. Ya no necesita un amo que lo explote: se explota a s\u00ed mismo, voluntariamente, en una carrera de optimizaci\u00f3n sin t\u00e9rmino que termina en el agotamiento, la depresi\u00f3n y el burnout. La violencia, en este modelo, se ha vuelto reflexiva: el sujeto la dirige contra s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Mat\u00edas es, en un sentido riguroso, un sujeto de rendimiento. Su biograf\u00eda es la de una autooptimizaci\u00f3n permanente. De ni\u00f1o, encerrado por sus acosadores en un cuarto de limpieza, descubre un mecanismo: \u00absi contaba, el miedo no desaparec\u00eda, pero se ordenaba. Lo que se ordena duele menos\u00bb. El conteo, la segmentaci\u00f3n del caos en unidades manejables, es su primera t\u00e9cnica de autodisciplina. Y la frase que cifra su evoluci\u00f3n es inequ\u00edvocamente haniana: \u00abNo se hizo m\u00e1s fuerte. Se hizo m\u00e1s preciso\u00bb. La fuerza pertenece al paradigma de la negatividad \u2014es la potencia del que vence al otro\u2014; la precisi\u00f3n pertenece al paradigma de la positividad \u2014es la optimizaci\u00f3n del rendimiento propio\u2014. Mat\u00edas no se vuelve un guerrero; se vuelve un instrumento perfeccionado, un ejecutor de eficacia creciente que se mide contra su propia marca.<\/p>\n<p>La pedagog\u00eda cl\u00ednica que recibe de la doctora Isabel refuerza esta lectura. \u00abAprende a esperar antes de intervenir. No seas impaciente\u00bb, le ense\u00f1a ella sobre el cad\u00e1ver de la sala de pr\u00e1cticas. \u00abEl cuerpo siempre da margen. Lo que no lo hace es tu impaciencia\u00bb. La lecci\u00f3n es, en apariencia, una t\u00e9cnica quir\u00fargica; en realidad, es una disciplina del yo, una pedagog\u00eda del autocontrol que el sujeto de rendimiento aplica sobre s\u00ed mismo. La violencia que Mat\u00edas ejerce sobre los dem\u00e1s es indisociable de la violencia que ejerce sobre s\u00ed: la represi\u00f3n de toda emoci\u00f3n, la cancelaci\u00f3n del miedo, la conversi\u00f3n del afecto en c\u00e1lculo. \u00abEl odio desordena, el vac\u00edo ejecuta\u00bb, piensa antes de matar a su padre: la frase resume la econom\u00eda an\u00edmica del sujeto de rendimiento, que ha expulsado de s\u00ed toda negatividad \u2014el odio, la duda, el duelo\u2014 para alcanzar el vac\u00edo operativo que permite la m\u00e1xima eficacia.<\/p>\n<p>El precio de esa autoexplotaci\u00f3n es el agotamiento, el s\u00edntoma central de la sociedad del cansancio. La novela lo encarna sobre todo en Felipe, el ejecutor veterano. \u00abEstaba agotado\u00bb, se lee. \u00abLe pesaba vivir pendiente de los dem\u00e1s a todas horas. Vigilar, observar, anticiparse\u00bb. Y, en una frase que condensa el burnout haniano: \u00abPor primera vez, dormir no fue suficiente\u00bb. El cansancio de Felipe no es la fatiga del que ha luchado contra un enemigo \u2014esa ser\u00eda la fatiga de la negatividad, reparable con descanso\u2014, sino el agotamiento cr\u00f3nico del que se ha exigido demasiado a s\u00ed mismo, la fatiga del rendimiento que el sue\u00f1o ya no cura. La Red, maquinaria de la violencia positiva, produce no solo cad\u00e1veres, sino sujetos exhaustos: sus propios ejecutores son sus v\u00edctimas finales.<\/p>\n<p>Conviene subrayar que esta autoexplotaci\u00f3n se vive como libertad, lo que constituye, para Han, la trampa central de la sociedad del rendimiento. Mat\u00edas no es esclavizado por nadie: cree elegir. La filosof\u00eda de la pesca que le transmite su padre lo formula con precisi\u00f3n: \u00abEllos eligen. Nosotros solo colocamos la posibilidad\u00bb. La Red no obliga; ofrece. No proh\u00edbe; posibilita. Sus ejecutores no obedecen \u00f3rdenes bajo amenaza: asumen, como propia, una coacci\u00f3n que han interiorizado. Por eso la novela puede prescindir casi por completo de la figura del amo: la violencia ya no necesita un soberano que la imponga, porque ha sido absorbida por la subjetividad de quienes la ejercen. Es la violencia que \u00abaprende a parecer normal\u00bb tambi\u00e9n para quien la comete.<\/p>\n<p><strong>4. La cirug\u00eda como met\u00e1fora de la violencia lisa<\/strong><\/p>\n<p>La met\u00e1fora dominante de Instrumento \u2014la cirug\u00eda\u2014 merece un an\u00e1lisis espec\u00edfico, porque condensa la teor\u00eda haniana de la violencia de la positividad en una sola imagen. Han ha caracterizado la sociedad contempor\u00e1nea como una sociedad de lo liso, de lo pulido, de lo que ha eliminado toda negatividad, todo dolor, toda herida visible. La cirug\u00eda es la operaci\u00f3n lisa por excelencia: corta, pero anestesia; da\u00f1a, pero cura; sangra, pero en un campo est\u00e9ril, controlado, as\u00e9ptico. Cuando Felipe afirma que ejecutar \u00abse siente como cirug\u00eda\u00bb, traslada al asesinato esa cualidad de lo liso: la muerte sin grito, sin desorden, sin afecto.<\/p>\n<p>La prosa misma de Clavel reproduce esa lisura en las escenas de ejecuci\u00f3n. El asesinato de Maya se narra con una sucesi\u00f3n de notaciones t\u00e9cnicas \u2014\u00abManos limpias. Suelo sin rastro evidente. Respiraci\u00f3n estabilizada\u00bb\u2014 de las que ha sido expulsada toda emoci\u00f3n. El cuerpo se deposita en el maletero \u00abcon cuidado. No por respeto, sino por sentido del orden\u00bb. El orden, de nuevo, como valor supremo: la violencia lisa no tolera el resto, la mancha, la huella. Es una violencia higi\u00e9nica, que aspira a no dejar rastro precisamente porque su ideal es la transparencia, la superficie sin fisuras. La novela demuestra una conciencia aguda de que esta asepsia es m\u00e1s perturbadora que cualquier truculencia: el horror no surge del exceso de sangre, sino de su gesti\u00f3n pulcra.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n m\u00e9dica de la doctora Isabel y el vocabulario cl\u00ednico que impregna toda la novela \u2014incisi\u00f3n, arteria, pulso, procedimiento, margen\u2014 no son, por tanto, un mero rasgo de ambientaci\u00f3n. Son el s\u00edntoma estil\u00edstico de una violencia que se concibe a s\u00ed misma como intervenci\u00f3n terap\u00e9utica sobre el cuerpo social. La Red no mata: extirpa. No asesina: \u00abequilibra\u00bb. \u00abSu obsesi\u00f3n no era castigar \u2014se dice de Isabel\u2014. Era prevenir. Apagar incendios antes de que se propagaran\u00bb. La met\u00e1fora m\u00e9dica permite presentar la violencia como salud p\u00fablica, como profilaxis, como cuidado. Y aqu\u00ed Clavel toca el nervio de la cr\u00edtica haniana: la violencia de la positividad es tanto m\u00e1s eficaz cuanto que se disfraza de su contrario, de cuidado, de prevenci\u00f3n, de bien. El verdugo se cree m\u00e9dico; el asesinato, terapia; el cad\u00e1ver, un tumor extirpado.<\/p>\n<p>Esta l\u00f3gica de la lisura tiene, adem\u00e1s, una dimensi\u00f3n epistemol\u00f3gica. La violencia de la positividad no se deja narrar como relato moral, con su v\u00edctima inocente y su verdugo culpable, porque ha disuelto esas categor\u00edas en el procedimiento. Por eso la novela, como se ha analizado en otros estudios de este volumen, adopta la forma de un expediente y reh\u00fasa la resoluci\u00f3n: el detective Carlos P\u00e9rez, que en la tradici\u00f3n del g\u00e9nero restituir\u00eda el orden moral, confiesa al final su impotencia. \u00ab\u00bfD\u00f3nde termina la justicia y d\u00f3nde empieza esto?\u00bb, pregunta, sin obtener respuesta. La pregunta es irresoluble porque la violencia lisa ha borrado la frontera misma entre la justicia y el crimen, entre el cuidado y el da\u00f1o. La cirug\u00eda no distingue entre curar y matar: solo conoce la precisi\u00f3n del corte.<\/p>\n<p><strong>5. La expulsi\u00f3n de lo distinto y el ideal del mundo liso<\/strong><\/p>\n<p>La \u00faltima clave haniana que ilumina Instrumento procede de la cr\u00edtica de Han a la sociedad de la transparencia y de su correlato, la expulsi\u00f3n de lo distinto. Para Han, la sociedad contempor\u00e1nea tiende a eliminar toda alteridad, toda negatividad, todo lo que introduce fricci\u00f3n o resistencia, en favor de un mundo liso, homog\u00e9neo, sin diferencia. Lo distinto \u2014el otro, el extra\u00f1o, el que no encaja\u2014 es percibido como amenaza y expulsado. La violencia de la positividad es, en \u00faltima instancia, la violencia de esta homogeneizaci\u00f3n: no la del que odia al otro, sino la del que no soporta su existencia y la suprime para restaurar la lisura del conjunto.<\/p>\n<p>La Red es, en este sentido, una m\u00e1quina de expulsi\u00f3n de lo distinto. Sus v\u00edctimas son los \u00abmonstruos\u00bb: los depredadores, los abusadores, los criminales impunes; pero la categor\u00eda de \u00abmonstruo\u00bb funciona, en la l\u00f3gica de la organizaci\u00f3n, como el nombre de todo lo que perturba el orden y debe ser eliminado para restaurarlo. \u00abUn monstruo menos\u00bb, dice la hermana de una v\u00edctima, sancionando la expulsi\u00f3n con la f\u00f3rmula del alivio. La Red promete un mundo sin fricci\u00f3n, depurado de aquello que da\u00f1a; pero ese ideal de pulcritud social es, precisamente, el que Han identifica como la forma contempor\u00e1nea de la violencia. La eliminaci\u00f3n de lo distinto no produce un mundo m\u00e1s justo: produce un mundo m\u00e1s liso, y la lisura, advierte la novela, se paga con sangre.<\/p>\n<p>El propio Mat\u00edas es, parad\u00f3jicamente, una figura de lo distinto sometida a expulsi\u00f3n antes de convertirse en agente de expulsi\u00f3n. De ni\u00f1o, era \u00abdiferente. Demasiado callado y serio\u00bb; \u00aben una sociedad como aquella, quien no finge pertenecer, no encaja\u00bb. El acoso que padece es, en t\u00e9rminos hanianos, una violencia de homogeneizaci\u00f3n: el grupo expulsa al que no encaja, al que introduce diferencia. La tragedia de Mat\u00edas consiste en que, expulsado primero como lo distinto, se convierte despu\u00e9s en el instrumento que expulsa a otros. La v\u00edctima de la homogeneizaci\u00f3n deviene su ejecutor. La novela formula as\u00ed una de sus intuiciones m\u00e1s hondas: la violencia de la positividad se reproduce porque sus v\u00edctimas, lejos de romper el ciclo, lo perpet\u00faan desde el otro lado. El conejo azul aplastado bajo la rueda \u2014emblema de la diferencia infantil destruida\u2014 y la maleta del ejecutor adulto son los dos extremos de una misma l\u00f3gica de la expulsi\u00f3n.<\/p>\n<p>La dimensi\u00f3n amorosa de la novela confirma esta lectura. La relaci\u00f3n entre Emilia y Maya \u2014y, en otro plano, el amor no confesado de Felipe por Isabel\u2014 se inscribe en lo que Han, en La agon\u00eda del Eros, describe como la dificultad contempor\u00e1nea para experimentar al otro como otro, como alteridad irreductible. El eros, para Han, exige la negatividad del otro, su resistencia, su misterio; la sociedad de la positividad, que todo lo allana, erosiona la posibilidad misma del amor. \u00abAmar a Maya era como acercarse a un fuego que no hac\u00eda ruido mientras quemaba\u00bb, piensa Emilia: una imagen que capta a la vez la atracci\u00f3n por lo distinto y su peligro. La novela sugiere que, en un mundo regido por la lisura y el c\u00e1lculo, incluso el amor se vuelve una forma de riesgo, una grieta por la que se cuela lo que el sistema querr\u00eda expulsar.<\/p>\n<p><strong>6. La sociedad de la transparencia: vigilancia, expediente y dato<\/strong><\/p>\n<p>La cr\u00edtica de Han a la sociedad de la transparencia ofrece una clave adicional para comprender el funcionamiento de la Red. Para Han, la transparencia no es un valor inocente: es la forma contempor\u00e1nea del control. En la sociedad disciplinaria foucaultiana, el poder vigilaba desde un centro \u2014el pan\u00f3ptico\u2014; en la sociedad de la transparencia, en cambio, la vigilancia se ha generalizado y se ha vuelto rec\u00edproca, voluntaria, capilar. Todos vigilan a todos, y todos consienten ser vigilados. El control ya no necesita muros ni guardianes: se ejerce mediante la exposici\u00f3n, el dato, el expediente.<\/p>\n<p>Instrumento despliega una verdadera econom\u00eda de la vigilancia que confirma este diagn\u00f3stico. La Red no act\u00faa por impulso: observa. Antes de cada ejecuci\u00f3n hay d\u00edas de seguimiento \u2014\u00abEntradas y salidas. Horarios fijos\u00bb\u2014, una acumulaci\u00f3n paciente de datos sobre la v\u00edctima. Mat\u00edas estudia los portales, las rutas, las luces que se encienden y se apagan; conoce \u00aba qu\u00e9 hora sal\u00eda el perro y cu\u00e1nto tardaba en regresar\u00bb. La v\u00edctima ha sido convertida, antes de morir, en un expediente: \u00abNombres, fechas, declaraciones archivadas\u00bb. La organizaci\u00f3n entera funciona como un r\u00e9gimen de transparencia: \u00abtres verificaciones independientes como m\u00ednimo\u00bb, informes \u00abcon pruebas contrastadas, historiales, patrones de da\u00f1o sist\u00e9mico\u00bb. El crimen se ha vuelto gesti\u00f3n de informaci\u00f3n; el asesinato, la \u00faltima operaci\u00f3n de un proceso de miner\u00eda de datos.<\/p>\n<p>Pero la transparencia, en la novela, es asim\u00e9trica y se vuelve contra los propios miembros de la Red. Felipe, encargado de vigilar a Mat\u00edas, descubre que \u00e9l mismo es vigilado: \u00abla Red nunca deja de evaluar\u00bb. Arturo, al desviarse del protocolo, \u00absin darse cuenta, hab\u00eda comenzado a escribir su propia carpeta\u00bb. El sistema de transparencia que la organizaci\u00f3n dirige hacia fuera se repliega sobre s\u00ed mismo: cada miembro es, a la vez, observador y observado, sujeto y objeto del control. Han describe exactamente esta estructura cuando se\u00f1ala que, en la sociedad de la transparencia, el sujeto se convierte en su propio pan\u00f3ptico, en vigilante de s\u00ed mismo. La Red no es un aparato externo de represi\u00f3n: es una red, en el sentido literal del t\u00e9rmino, una malla de miradas rec\u00edprocas en la que nadie est\u00e1 fuera y de la que, por tanto, nadie puede salir. Cuando Felipe quiere abandonar \u2014\u00abquiso no ser imprescindible\u00bb\u2014, descubre que la salida no existe: la transparencia no tiene afuera.<\/p>\n<p>El motivo del expediente y del archivo adquiere, as\u00ed, una densidad te\u00f3rica notable. La carpeta de cuero que Mat\u00edas repasa antes de cada crimen, los informes que Felipe redacta \u00absin grietas\u00bb, el dosier que Emilia entrega finalmente al detective: la novela est\u00e1 construida con documentos, y esos documentos son el medio mismo de la violencia positiva. No se mata desde el odio, sino desde el dato; no se condena por lo que se es, sino por lo que el expediente dice que se es. La transparencia documental sustituye al juicio moral, y al hacerlo lo aniquila. La pregunta que Isabel formula al joven Felipe \u2014\u00ab\u00bfTe importa la contradicci\u00f3n o la vida que se va a perder?\u00bb\u2014 se\u00f1ala el punto exacto en que el rigor del dato ha desplazado a la conciencia: lo que preocupa a la Red no es la vida, sino la coherencia del archivo.<\/p>\n<p><strong>7. El cansancio como verdad de la Red<\/strong><\/p>\n<p>Si la sociedad del rendimiento produce, seg\u00fan Han, sujetos agotados, la Red de Instrumento produce ejecutores exhaustos, y ese cansancio es, en la novela, una forma de verdad: el s\u00edntoma a trav\u00e9s del cual lo reprimido retorna. El caso de Felipe es, de nuevo, paradigm\u00e1tico. Su confesi\u00f3n est\u00e1 atravesada por la fatiga: \u00abLlevaba semanas vigil\u00e1ndolos a los tres. Rutinas, horarios, movimientos m\u00ednimos. Estaba agotado\u00bb. Pero su agotamiento no es f\u00edsico, sino existencial: \u00abempezaba a preguntarse si la Red exist\u00eda para impedir el da\u00f1o o para darle sentido a quienes ya estaban rotos\u00bb. El cansancio abre, por primera vez, una grieta en la coherencia del sistema; introduce la duda donde antes solo hab\u00eda procedimiento.<\/p>\n<p>Han distingue entre el cansancio que separa y el cansancio que reconcilia, entre la fatiga del rendimiento \u2014que a\u00edsla al sujeto y lo deja sin mundo\u2014 y un cansancio fundamental que podr\u00eda devolver la capacidad de atenci\u00f3n y de v\u00ednculo. El de Felipe pertenece, sobre todo, al primer tipo: es el burnout del que se ha exigido demasiado, la fatiga cr\u00f3nica que el sue\u00f1o ya no cura \u2014\u00abPor primera vez, dormir no fue suficiente\u00bb\u2014. Pero la novela insin\u00faa, en su deriva final, una mutaci\u00f3n: el cansancio que lleva a Felipe a desear \u00abdejar de ser el hombre fiable, el ejecutor invisible\u00bb es tambi\u00e9n el principio de una desidentificaci\u00f3n, el momento en que el engranaje empieza a sentirse como engranaje. El agotamiento es, en este sentido, la primera forma de la conciencia: solo cuando el rendimiento se vuelve insoportable comienza el sujeto a sospechar de la maquinaria que lo habita.<\/p>\n<p>Este motivo del cansancio ilumina tambi\u00e9n la econom\u00eda afectiva de Mat\u00edas. Su \u00abvac\u00edo\u00bb \u2014\u00abel odio desordena, el vac\u00edo ejecuta\u00bb\u2014 no es serenidad, sino la forma extrema del agotamiento an\u00edmico: la abolici\u00f3n de todo afecto como condici\u00f3n de la eficacia. Cuando, tras matar a su padre, espera \u00absentir algo. Culpa, alivio o justicia\u00bb y \u00abno lleg\u00f3 nada\u00bb, la novela registra el grado cero de la subjetividad de rendimiento: un sujeto tan optimizado que ya no siente, una m\u00e1quina tan precisa que ha dejado de ser humana. El cansancio de Mat\u00edas no se expresa como fatiga, sino como anestesia; es el burnout llevado a su consecuencia \u00faltima, la del sujeto que se ha vaciado por completo para poder funcionar. Que ese vac\u00edo sea tambi\u00e9n, en \u00faltima instancia, lo que lo conduce al suicidio \u2014al puente viejo\u2014 confirma la intuici\u00f3n de Han: la violencia que el sujeto de rendimiento dirige contra s\u00ed mismo termina, en el l\u00edmite, en la autosupresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La sociedad del cansancio, recuerda Han, es una sociedad de la depresi\u00f3n y del suicidio, no del enfrentamiento. Y, en efecto, Instrumento es una novela poblada de suicidios: el de Mat\u00edas, el de Isabel, el del alumno El\u00edas, el de las v\u00edctimas que la Red disfraza de suicidio. La violencia de la positividad no produce m\u00e1rtires ni enemigos ca\u00eddos en combate; produce sujetos que se eliminan a s\u00ed mismos, en silencio, sin esc\u00e1ndalo. La omnipresencia del suicidio en la novela es, por tanto, coherente con su diagn\u00f3stico de fondo: en un mundo regido por el rendimiento y la lisura, la violencia m\u00e1s caracter\u00edstica no es la del homicidio espectacular, sino la de la autodestrucci\u00f3n callada. \u00abLo intent\u00e9\u00bb, dice la nota del alumno; \u00abLa Red no muere\u00bb, murmura Isabel antes de clavarse el cuchillo. Entre esas dos frases se extiende todo el territorio de la sociedad del cansancio.<\/p>\n<p><strong>8. La imposibilidad de la catarsis<\/strong><\/p>\n<p>Una \u00faltima consecuencia del marco haniano permite comprender la estructura \u00e9tica y formal del desenlace de Instrumento. La tragedia cl\u00e1sica ofrec\u00eda catarsis: la purga de las pasiones mediante el espect\u00e1culo del castigo y la restituci\u00f3n del orden. La novela negra hered\u00f3 esa promesa en la figura del detective que resuelve el caso y devuelve la ley. Pero la violencia de la positividad, por su car\u00e1cter sist\u00e9mico y an\u00f3nimo, no admite catarsis, porque no tiene un culpable singular cuya ca\u00edda restaure el equilibrio. No se purga un sistema; a lo sumo, se constata.<\/p>\n<p>Por eso el final de Instrumento niega deliberadamente toda purga. El detective Carlos P\u00e9rez no resuelve nada: hereda una sospecha. Quema la carta del padre, archiva la confesi\u00f3n de Felipe \u00aben el caj\u00f3n personal que no figuraba en inventarios\u00bb y reconoce su impotencia: \u00abNo estaba seguro de querer encenderla\u00bb, se lee de la luz de su despacho. La entrevista televisiva final, fechada en 2028, no clausura el caso: lo convierte en mito, en \u00abmonstruo colectivo\u00bb, en relato nacional que se repite \u00abcon mezcla de miedo y fascinaci\u00f3n\u00bb. Y la imagen con que se cierra \u2014\u00abuna chimenea apag\u00e1ndose\u00bb de la que \u00abno sabes si el fuego ha terminado o si solo est\u00e1 esperando aire\u00bb\u2014 es la negaci\u00f3n expresa de la catarsis: el fuego no se ha purgado, solo se ha replegado. \u00abHay fuegos que no se extinguen. Solo cambian de manos\u00bb.<\/p>\n<p>Esta imposibilidad de la catarsis es, en t\u00e9rminos hanianos, rigurosamente coherente. La violencia de la positividad no se deja exorcizar mediante el sacrificio de un culpable, porque no es una negatividad localizable, sino una positividad difusa, inmanente al sistema y a los sujetos que lo componen. Felipe lo enuncia con lucidez: \u00abLa Red nunca fue un lugar, fue una funci\u00f3n. Y las funciones necesarias siempre encuentran quien las ejecute\u00bb. No se puede matar a una funci\u00f3n; no se puede encarcelar a un sistema. La novela, al rehusar el final consolador, no incurre en pesimismo gratuito: extrae las consecuencias formales de su diagn\u00f3stico. Si la violencia ha aprendido a parecer normal, entonces ninguna resoluci\u00f3n narrativa puede devolvernos la inocencia de creer que la hemos vencido. Lo \u00fanico que la novela puede ofrecer \u2014y ofrece\u2014 es lucidez: la capacidad de seguir mirando all\u00ed donde el sistema nos invita a apartar la vista.<\/p>\n<p>El gesto final de Emilia condensa esa \u00e9tica de la mirada. En la \u00faltima escena, sola en su cocina, contempla los dos objetos que ha conservado: la tarjeta de Felipe y el fragmento aplastado del conejo azul. No los guarda ni los tira; los mira. Su sonrisa final es \u00abambigua\u00bb, \u00abcomo si hubiera entendido algo, pero no hubiera decidido a\u00fan qu\u00e9 hacer con ello\u00bb. Esa indecisi\u00f3n l\u00facida es la \u00fanica respuesta que la novela considera honesta frente a la violencia de la positividad: ni la denuncia justiciera \u2014que reproducir\u00eda la l\u00f3gica de la Red\u2014 ni el olvido c\u00f3modo \u2014que ser\u00eda una forma de la omisi\u00f3n\u2014, sino la atenci\u00f3n sostenida, el negarse a que el da\u00f1o \u00abaprenda a parecer normal\u00bb. \u00abNo s\u00e9 vivir fingiendo que no vi lo que vi\u00bb, dice Emilia. En esa frase, que es tambi\u00e9n una po\u00e9tica, se cifra la tarea que la novela propone a su lector.<\/p>\n<p><strong>9. Del mal banal a la violencia de la positividad<\/strong><\/p>\n<p>La lectura haniana propuesta en este art\u00edculo no contradice, sino que prolonga, la interpretaci\u00f3n de la Red a la luz de la banalidad del mal arendtiana. Conviene articular ambas perspectivas, porque su convergencia ilumina lo espec\u00edfico de la violencia que la novela retrata. Arendt describi\u00f3 un mal sin profundidad, ejercido por funcionarios incapaces de pensar; Han describe una violencia sin negatividad, inmanente a un sistema que se ha vuelto puro rendimiento. La una pertenece al horizonte de la modernidad disciplinaria y burocr\u00e1tica; la otra, al de la posmodernidad del rendimiento y la transparencia. Instrumento las hace coexistir: la Red es, a la vez, una burocracia del mal al modo de Eichmann y una maquinaria de violencia positiva al modo de la sociedad del cansancio.<\/p>\n<p>Esa coexistencia no es un eclecticismo, sino una intuici\u00f3n hist\u00f3rica precisa de la novela. La Red \u00abllevaba ya d\u00e9cadas funcionando\u00bb, seg\u00fan Felipe; naci\u00f3, pues, en el horizonte de la modernidad disciplinaria \u2014de ah\u00ed su estructura burocr\u00e1tica, sus protocolos, sus expedientes, su l\u00f3gica de obediencia a una instancia jer\u00e1rquica\u2014 y ha sobrevivido hasta el presente de la sociedad del rendimiento \u2014de ah\u00ed la autoexplotaci\u00f3n de sus ejecutores, su cansancio, su r\u00e9gimen de transparencia y vigilancia rec\u00edproca\u2014. La organizaci\u00f3n es un f\u00f3sil viviente que arrastra los rasgos de las dos \u00e9pocas: obedece como un aparato disciplinario y se autoexplota como un sistema de rendimiento. La doctora Isabel, su fundadora, encarna el primer paradigma \u2014el de la autoridad, la coherencia, la jerarqu\u00eda\u2014; Mat\u00edas y Felipe encarnan el segundo \u2014el de la interiorizaci\u00f3n, la autocoacci\u00f3n, el agotamiento\u2014. El relevo generacional que la novela narra es, en clave te\u00f3rica, el tr\u00e1nsito de una \u00e9poca de la violencia a otra.<\/p>\n<p>Lo que ambas perspectivas comparten, y lo que la novela subraya con insistencia, es la desactivaci\u00f3n del juicio. En Arendt, el mal banal procede de la incapacidad de pensar desde el lugar del otro; en Han, la violencia de la positividad prospera porque el sujeto, absorbido por el rendimiento y la transparencia, ha perdido la negatividad \u2014la pausa, la duda, la contemplaci\u00f3n\u2014 que har\u00eda posible el juicio. En ambos casos, lo que falta es la misma facultad: la capacidad de detenerse a evaluar moralmente lo que se hace. La Red la ha sustituido, en todos sus niveles, por el procedimiento: \u00abCuando el nombre llegaba a ti, la decisi\u00f3n ya estaba tomada\u00bb. El procedimiento piensa por el sujeto, y al hacerlo lo exonera. La novela demuestra que esa exoneraci\u00f3n es ilusoria \u2014el peso del acto retorna como cansancio, como vac\u00edo, como suicidio\u2014, pero tambi\u00e9n que es eficaz: durante d\u00e9cadas, la maquinaria funcion\u00f3 porque nadie, dentro de ella, se permiti\u00f3 juzgar.<\/p>\n<p><strong>10. El eros y la grieta<\/strong><\/p>\n<p>Si algo resiste, en la novela, a la violencia de la positividad, es el eros, entendido en el sentido fuerte que Han le otorga: la experiencia del otro como alteridad irreductible, como negatividad que no se deja asimilar. En La agon\u00eda del Eros, Han diagnostica la decadencia contempor\u00e1nea del amor: en una sociedad de la positividad y la transparencia, el otro deja de ser otro y se convierte en un objeto de consumo o en un espejo del yo; el eros, que exig\u00eda la negatividad, la distancia y el misterio, se marchita. La pregunta que recorre Instrumento en su nivel \u00edntimo es si todav\u00eda es posible, en el mundo liso de la Red, una experiencia genuina del otro.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre Emilia y Maya constituye el laboratorio de esa pregunta. Maya es, para Emilia, la irrupci\u00f3n de lo distinto en una vida regida por la rutina y el \u00abpiloto autom\u00e1tico\u00bb: \u00abuna grieta luminosa\u00bb, escribe la novela. El deseo que despierta es, precisamente, deseo de alteridad: \u00abhab\u00eda en Maya algo herido y brillante a la vez, una mezcla de inteligencia y distancia\u00bb. Pero esa alteridad es tambi\u00e9n peligro \u2014\u00abamar a Maya era como acercarse a un fuego que no hac\u00eda ruido mientras quemaba\u00bb\u2014, porque lo distinto, en el universo de la Red, est\u00e1 condenado a la expulsi\u00f3n. El amor de Emilia por Maya es, en t\u00e9rminos hanianos, un acto de resistencia: la afirmaci\u00f3n de la negatividad del otro frente a un sistema que tiende a eliminarla. No es casual que sea Emilia, la enamorada de lo distinto, quien se convierta en la \u00fanica conciencia capaz de ver la violencia de la Red y de negarse a normalizarla.<\/p>\n<p>El amor no confesado de Felipe por Isabel ofrece el contrapunto tr\u00e1gico. Felipe ha amado a Isabel \u00aben silencio\u00bb, \u00abcomo se ama una causa imposible de tocar\u00bb, durante d\u00e9cadas, sin atreverse jam\u00e1s a declararlo. Su eros est\u00e1, desde el origen, capturado por la l\u00f3gica del sistema: ha confundido el amor con la lealtad a la estructura, la pasi\u00f3n con la coherencia. \u00abSiempre pens\u00e9 que yo estaba a tu lado porque cre\u00eda en la Red \u2014confiesa ante el cad\u00e1ver de Isabel\u2014. Y s\u00ed, cre\u00eda. Pero estaba porque estabas t\u00fa\u00bb. Su tragedia es la de un eros que solo puede expresarse cuando ya es demasiado tarde, sobre un cuerpo muerto: el eros reprimido por la violencia de la positividad, que no admite la negatividad del deseo. Frente a la grieta luminosa que Maya abre en Emilia, el amor de Felipe es una grieta sellada, una negatividad ahogada por la lisura del sistema. Entre ambos polos \u2014el amor que ve y el amor que calla\u2014 la novela mide el coste humano de un mundo del que se ha expulsado lo distinto.<\/p>\n<p><strong>11. Conclusiones<\/strong><\/p>\n<p>El an\u00e1lisis precedente ha pretendido demostrar que Instrumento, m\u00e1s all\u00e1 de su eficacia como thriller, constituye una indagaci\u00f3n l\u00facida sobre la forma contempor\u00e1nea de la violencia, tal como la ha teorizado Byung-Chul Han. La novela de Paz Clavel escenifica el tr\u00e1nsito de la violencia de la negatividad a la violencia de la positividad: su organizaci\u00f3n criminal no odia ni combate, sino que procesa, optimiza y depura; su ejecutor no es un guerrero, sino un sujeto de rendimiento que se autoexplota hasta el agotamiento; su met\u00e1fora central, la cirug\u00eda, condensa el ideal de una violencia lisa, as\u00e9ptica, que se disfraza de cuidado; y su proyecto \u00faltimo, la expulsi\u00f3n de los \u00abmonstruos\u00bb, realiza la fantas\u00eda haniana de un mundo homog\u00e9neo del que se ha eliminado toda diferencia.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n espec\u00edfica de este estudio reside en haber mostrado que la frase que vertebra la novela \u2014\u00ablo verdaderamente peligroso es lo que aprende a parecer normal\u00bb\u2014 no es un mero hallazgo ret\u00f3rico, sino una tesis filos\u00f3fica plenamente articulada que dialoga, sin saberlo o sabi\u00e9ndolo, con la cr\u00edtica m\u00e1s penetrante de la sociedad contempor\u00e1nea. Clavel ha comprendido que la violencia que importa hoy no es la que grita, sino la que se normaliza; no la que deja heridas visibles, sino la que se ha vuelto sistema, procedimiento, transparencia. Y ha sabido encarnar esa comprensi\u00f3n en una forma narrativa \u2014fr\u00eda, exacta, sin \u00e9nfasis\u2014 que es ella misma una cr\u00edtica de la lisura: una prosa que imita la asepsia que denuncia para que el lector la experimente desde dentro y, experiment\u00e1ndola, la reconozca.<\/p>\n<p>Queda demostrada, por tanto, la tesis inicial. Instrumento es una novela sobre la violencia de la positividad, sobre el da\u00f1o que ha aprendido a parecer normal, y sobre la dificultad de combatir aquello que ha dejado de mostrarse. Su valor \u00faltimo no es informativo, sino perceptivo: nos devuelve la capacidad de ver la violencia all\u00ed donde la costumbre nos ha ense\u00f1ado a no verla. En tiempos en que la lisura, la transparencia y el rendimiento se presentan como valores incuestionables, la novela de Clavel nos recuerda, con la fuerza de la mejor literatura, que tambi\u00e9n la normalidad puede ser una forma del horror. Esa advertencia, sostenida sin didactismo a lo largo de toda la obra, sit\u00faa este debut en el terreno de la ficci\u00f3n que piensa, y confirma a su autora como una voz a la que la cr\u00edtica deber\u00e1 seguir con atenci\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>Bibliograf\u00eda<\/strong><\/p>\n<p>Arendt, H. (2003). Eichmann en Jerusal\u00e9n. Un estudio sobre la banalidad del mal (C. Ribalta, Trad.). Lumen. (Obra original publicada en 1963)<\/p>\n<p>Bauman, Z. (1997). Modernidad y Holocausto (A. Mendoza, Trad.). Sequitur. (Obra original publicada en 1989)<\/p>\n<p>Clavel, P. (2026). Instrumento. Ediciones Amaniel.<\/p>\n<p>Foucault, M. (1976). Vigilar y castigar: nacimiento de la prisi\u00f3n (A. Garz\u00f3n del Camino, Trad.). Siglo XXI. (Obra original publicada en 1975)<\/p>\n<p>Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (A. Saratxaga Arregi, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 2010)<\/p>\n<p>Han, B.-C. (2014). La agon\u00eda del Eros (R. Gab\u00e1s, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 2012)<\/p>\n<p>Han, B.-C. (2016). Topolog\u00eda de la violencia (P. Kuffer, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 2011)<\/p>\n<p>Han, B.-C. (2017). La expulsi\u00f3n de lo distinto (A. Ciria, Trad.). Herder. (Obra original publicada en 2016)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Isidro Gra\u00f1a Ojeda Grupo Editorial P\u00e9rez-Ayala 1. Introducci\u00f3n En el centro de Instrumento (Ediciones Amaniel, 2026), primera novela de Paz Clavel, hay una frase que funciona como diagn\u00f3stico de \u00e9poca. 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