Paz Clavel: la escritura del lado que no se mira
Hay un llavero de conejo azul aplastado contra el cemento de un garaje, y durante años nadie lo recoge. Esa imagen —lo frágil pisado sin testigos— condensa una manera entera de mirar el mundo. Paz Clavel, seudónimo de la escritora de origen búlgaro Mira Karamfilova, escribe, según ella misma, «desde la incomodidad», allí «donde las cosas dejan de ser evidentes y empiezan a doler un poco más de lo que deberían». Toda su literatura parte de una convicción: «lo verdaderamente inquietante no es lo que vemos, sino lo que decidimos no mirar».
Nacida en Bulgaria, Karamfilova construye su mirada en la distancia, en ese espacio donde lo propio y lo ajeno se mezclan y ninguna pertenencia es del todo firme. Esa extranjería interior —la del que observa una lengua y un país desde el umbral— se ha vuelto método: le interesan «las zonas grises, las decisiones que no tienen un lado correcto y las personas que, en algún momento, cruzan una línea sin saber si podrán volver». Instrumento (Ediciones Amaniel, 2026), su primera novela, demuestra que esa poética de la incomodidad puede sostener una arquitectura mayor.
El libro toma el armazón del thriller psicológico para una indagación moral de largo alcance: la historia de Matías, formado en la violencia y convertido en ejecutor de una justicia clandestina que se justifica con una frase escalofriante, «el mundo produce monstruos más rápido de lo que la justicia puede procesarlos». Frente a esa lógica, Clavel opone un temple narrativo clínico, sin énfasis, capaz de contar lo atroz con la serenidad de quien ordena: «abrió el maletero. La depositó con cuidado. No por respeto, sino por sentido del orden». Su prosa hereda la disciplina del protagonista, que de niño descubrió que «lo que se ordena duele menos»: frase corta, sintaxis podada, el silencio empleado como signo de puntuación. Tres adjetivos le caben sin gastarse: glacial, exacta y compasiva muy a su pesar.
En esa frialdad moral resuena la tradición de Patricia Highsmith —la del crimen narrado desde dentro, sin coartada para el lector— y el aliento ético de la mejor novela negra europea, la que usa el género para hablar de otra cosa. Lo que Clavel añade es una pregunta que se niega a resolver: dónde termina la protección y empieza el control, cuándo la violencia ejercida por amor deja de ser amor. «Confundí protección con control. Justicia con venganza», confiesa, demasiado tarde, uno de sus personajes. Esa frontera incierta es su verdadera materia.
Instrumento no ofrece consuelo ni moraleja: ofrece la incomodidad lúcida de mirar donde otros apartan la vista. Quien acepte la invitación encontrará un debut de rara madurez y una voz a la que merecerá la pena seguir.
Paz Clavel . Escritor, poeta. Compartir en X









