Olivares Tomás, Ana María. «Monografía académica: imágenes volcánicas y ritmos del destiempo en la arquitectura formal de tu silencio de nancy ordóñez salinas». TU SILENCIO. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 7 de febrero de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18519046
IMÁGENES VOLCÁNICAS Y RITMOS DEL DESTIEMPO EN LA ARQUITECTURA FORMAL DE TU SILENCIO DE NANCY ORDÓÑEZ SALINAS
INTRODUCCIÓN
La presente monografía propone un estudio formal de la obra Tu silencio de Nancy Ordóñez Salinas, publicada en 2026, en la que la autora articula una escritura poética de resistencia a partir de una imaginería volcánica, telúrica y acuática sometida a una lógica del “destiempo”. El análisis se centra en la organización del libro en cuatro partes, en la alternancia entre poemas breves y composiciones más extensas y en la construcción rítmica a través de encabalgamientos, repeticiones y silencios, planteando que el volumen configura una arquitectura formal que dramatiza procesos de devastación y recomposición subjetiva y colectiva.
La hipótesis de partida sostiene que Tu silencio construye ritmos internos no sometidos a la métrica tradicional, apoyados en recurrencias léxicas (silencio, río, mar, ojos, fado, Chocó, mariposas, entre otras) que cohesionan el libro y producen un efecto de destiempo, es decir, de desajuste entre el tiempo lineal y el tiempo vivido. La metáfora del volcán, junto con otras imágenes de fuego, humo y terremoto, permite leer la obra como un sistema formal que representa tanto la violencia histórica y política como los movimientos internos de una subjetividad en crisis.
CAPÍTULO I. ESTRUCTURA GENERAL DE TU SILENCIO
1.1. Datos de la obra y división en partes
La portada y las páginas iniciales presentan el libro bajo el título Tu silencio, firmado por Nancy Ordóñez Salinas, con primera edición en 2026 y publicación en España. Junto a los datos de copyright, la autora introduce un breve texto programático donde declara:
Mi voz, emerge con la resistencia de la mujer y su capacidad
para reinventarse, tejiendo la narrativa personal, la historia del
arte y el pensamiento filosófico, en una dinámica de liberación.
Este fragmento define con claridad un horizonte de lectura que combina memoria personal, historia del arte y reflexión filosófica, y que sitúa el libro en una poética de la liberación femenina y colectiva.
Tu silencio se organiza en cuatro partes claramente marcadas por encabezamientos: “Parte 1. Entre las sombras del silencio”, “Parte 2. Los ojos silenciados”, “Parte 3. Voces que rompen el silencio” y “Parte 4. En las aguas de la vida”. El índice confirma esta distribución interna y enumera los poemas que integran cada sección, lo que permite observar una progresión desde la inmersión en las “sombras del silencio” hasta una apertura a “las aguas de la vida”, pasando por una fase intermedia de silenciamiento de la mirada y otra de irrupción de voces que rompen ese silencio.
1.2. Las cuatro partes como arquitectura de sentido
La primera parte, “Entre las sombras del silencio”, concentra poemas que tematizan la disolución del yo, la fragmentación del espejo y la presencia de fuerzas telúricas y acuáticas que desestabilizan la identidad. El poema inicial, “Somos”, abre el libro con una imagen de existencia precaria: “Este existir casi distante / en reflejo cubierto de rojo / serpiente azul por el cuerpo / en latente movimiento / negativo de placa en blanco / la nada, un instante de ahora / cegados sin rescate / al espejo quebradizo / como lluvia en canto.” La elección de este texto como puerta de entrada define un clima de extrañamiento, inestabilidad y visión fragmentada que se mantendrá como tono dominante de la sección.
En la segunda parte, “Los ojos silenciados”, el eje se desplaza hacia un sujeto que se reconoce “de este tiempo, el de las mentiras y tristezas”, según confiesa el poema “Presente”: “Soy de este tiempo, el de las mentiras y tristezas / donde las palabras rapaces sepultan las ideas / y los cuerpos sangrientos visten los paisajes / sobre los leños cenicientos. / Es este mi tiempo… / el de los ojos silenciados.” Esta sección incorpora la experiencia de la pandemia (“Covid”), el encierro, la violencia social y la devastación ecológica (“Serpiente azul”, “Solos”), haciendo del silencio un síntoma de opresión más que un simple vacío.
La tercera parte, “Voces que rompen el silencio”, introduce una serie de poemas centrados en figuras femeninas y comunitarias (la mujer guerrera, la niña chocoana, la bailarina, Amalia Rodrigues) que reconfiguran el espacio del libro como lugar de toma de palabra y de genealogía de resistencias. En “Mujer…”, se lee: “Mírate al espejo / colócate el casco, y tu coraza brillante, / desenfunda tu espada y atraviesa los vientos / antes que el nuevo dolor se siembre en tu alma.” Este tono exhortativo, ausente en las secciones iniciales, marca un giro en la construcción rítmica y en la orientación pragmática del discurso.
Finalmente, la cuarta parte, “En las aguas de la vida”, desplaza el centro de gravedad hacia imágenes de río, selva, aurora y vuelo, en un esfuerzo por inscribir el dolor y la memoria en ritmos vitales que desbordan la destrucción. El poema “Un hilo en el tiempo” comienza: “Mientras las veinte seis heroínas / retrocedieron con Cuba en su canto / nacieron aquí en Colombia / los doce engendros llenos de sangre y dólar.” La sección se cierra con textos como “Poemas” y “A Gabo”, donde la escritura misma y la intertextualidad se convierten en formas de sostener la vida en medio del naufragio: “Cuando la luz del día se unió al soneto / la palabra desnuda se volvió eterna / y con su altivez / viajó por los cuatro vientos.”
CAPÍTULO II. IMAGINERÍA VOLCÁNICA Y TELÚRICA
2.1. El volcán y la ciudad sepultada
La imaginería volcánica aparece de manera explícita en la primera parte a través de alusiones al Vesubio y al volcán dormido, y se combina con imágenes de humo, llama y ceniza que se repiten a lo largo del libro. En el poema “Distante”, la voz afirma: “Todo el tiempo te amo Pompeya / pero tu ira ganó. / Quemaste el valle entero / y sus raíces / tú, el gran Vesubio, ya sin humo / convertido en recuerdos / solo / mi pasado e historia.” El texto convierte la destrucción de Pompeya en una metáfora del pasado personal de la hablante, que se percibe como restos sepultados bajo la lava de una relación o de una experiencia traumática.
La imagen del volcán reaparece en “Latente”, donde el yo se define: “Y yo, volcán dormido / en tus cálidas aguas / con tu arrullo latiendo / al fundirme en tu playa. / Con tu boca en silencio / en tu dolor latente / a la espera de auroras / erosionando mis penas.” La combinación de “volcán dormido” y “cálidas aguas” ofrece una síntesis de fuerzas térmicas y acuáticas que, más allá de la anécdota amorosa, configura un modelo de subjetividad en estado de tensión, comprimida entre el estallido posible y la erosión lenta.
2.2. Humo, llama y ceniza como motivos recurrentes
Los motivos de la llama y el humo constituyen un sistema de variaciones que atraviesa el libro. En “Quebradizo”, se enuncia: “Después de izar la voraz llama en frenesí / he visto al humo solo y disperso por el mundo / caer sombrío y dejo entre escombros / hasta adormecerse en este soplo mío. / Lo he visto grave y denso sobre la montaña fría / descender como gemido al día en el ocaso / para fundirse con la oscura noche / entre los retozos de mis sueños.” La secuencia describe el recorrido de la energía volcánica (la llama) hacia su disolución en humo, que se deposita sobre la montaña y se funde con la noche y el sueño, estableciendo un puente entre paisaje exterior y vida interior.
Esta relación entre devastación y sueño reaparece en otros textos, incluso cuando ya no se alude directamente al volcán. En “Solos”, por ejemplo, la tierra es presentada como un cuerpo herido: “Cuando la tierra tiembla, descansa y se limpia / si el aire es puro respira, cual fresca respira / ella sufre cuando está quieta / su dolor la rompe y su sangre la silencia / mientras el rojo y el marrón se mezclan / bañando sus caminos / resbalando al filo de piedra / en corte lento al reverso.” El temblor, el “rojo” y el “marrón” evocan un paisaje post-erupción donde la sangre y la lava se mezclan metafóricamente, reforzando la idea de un mundo en proceso de catástrofe y purificación simultáneas.
2.3. Volcán, guerra y cuerpos mutilados
En “Serpiente azul”, la dimensión volcánica y telúrica se articula con una referencia directa a la violencia en el Chocó: “Agujero negro de risa / en el espejo de ausentes deseos / llora tus arrugas, sin sueños, sin sexo, solo cristales / aunque el corazón siga invadido de sangre sin amor / como cualquier río del chocó desde el dos mil dos / con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua.” Aquí, la metamorfosis del cuerpo y del paisaje alcanza una intensidad política evidente: el “río del chocó” se convierte en un canal de cadáveres mutilados, y el “agujero negro de risa” sugiere una absorción de la alegría y del deseo en una gravitación de muerte.
La conexión entre volcán y guerra se plantea de manera más alegórica en “Un hilo en el tiempo”, donde se lee: “Desde esa larga noche / un pura sangre galopa entre olvidos / y en su lomo una guerra blanca de silencios / con los incontables cuerpos de maíz / y sus huellas en las profundidades.” La “guerra blanca de silencios” transmite la idea de una violencia sistemática pero invisibilizada, una erupción sin lava visible, cuyos efectos se inscriben en el silencio y en las “profundidades”. Esta línea refuerza la lectura del libro como un campo de fuerzas tectónicas que representan al mismo tiempo procesos psíquicos y conflictos históricos.
CAPÍTULO III. RÍTMICA DEL DESTIEMPO
3.1. El “destiempo” como categoría interna
El término “destiempo” aparece en el poema “Rescate”: “lava mi alma, libérame al tiempo / mientras el tiempo y el destiempo / caminan por mi pupila.” Aquí, el destiempo no es un simple sinónimo de retraso, sino una categoría que se opone al tiempo en cuanto orden y continuidad, al desajustar la experiencia de la hablante respecto a la cronología y al mundo. La coexistencia de “tiempo y destiempo” en un caminar por la pupila indica que la percepción se ve atravesada por dos regímenes temporales simultáneos: uno lineal y otro dislocado.
Este mismo motivo reaparece en “Covid”, donde los versos afirman: “Paso del día a la noche / en el fondo de este caño / cansada de ver y no ser / de repetir y no encontrar / desarraigo de memoria / desesperanza azul del cielo, / es el destiempo en este / mi tiempo solo de encierro.” La experiencia de confinamiento durante la pandemia se formula como destiempo, entendiendo el encierro como ruptura de la temporalidad cotidiana y como suspensión del devenir.
3.2. Encabalgamientos, cortes y silencios
La construcción del destiempo se sostiene formalmente mediante encabalgamientos, interrupciones del verso y cortes que fragmentan la sintaxis, generando una lectura entrecortada que obliga al lector a recomponer el sentido. En el ya citado “Rescate”, el flujo se quiebra con una serie de preguntas encabalgadas:
¿Cómo variar este ritmo?
¿Cómo darle alegría al día?
¿Cómo danzar con sus colores
y hacerme libre?
La ruptura del verso entre “colores” y “y hacerme libre” intensifica la sensación de búsqueda incompleta y de interrupción del flujo vital. El encabalgamiento funciona como traducción gráfica y rítmica de la imposibilidad de alcanzar la armonía deseada.
En “Vida” se repite esta lógica de ruptura: “Vidrio en rayuela / ilusión de ocaso / mientras tiempo y destiempo / aún caminan en vela / por mis pupilas.” Los cortes breves, casi sentenciosos, acompañados de una sintaxis que demora los complementos, refuerzan la sensación de pasos vacilantes de un tiempo que no termina de fijarse. El recurso a pausas internas y a encabalgamientos cortos intensifica la dimensión de destiempo, puesto que la lectura no puede resolver de inmediato el sentido de cada verso.
3.3. Repetición y variación rítmica
La repetición léxica es otro componente fundamental de la rítmica del destiempo. En “Solos”, la reiteración de estructuras similares refuerza la percepción de un ciclo que se repite sin resolverse:
Cuando la tierra tiembla, descansa y se limpia
si el aire es puro respira, cual fresca respira
ella sufre cuando está quieta
su dolor la rompe y su sangre la silencia
El paralelismo entre “tiembla, descansa y se limpia” y “respira, cual fresca respira” produce una cadencia que, no obstante, se ve frustrada por el giro hacia el sufrimiento y el silencio. La repetición se vuelve un mecanismo de insistencia que no concluye en tranquilidad, sino en una intensificación de la angustia.
En “Un día” (poema “Contra nocturno”), la repetición de “Un día” y de formaciones como “como en este día” crea un efecto de progresión obsesiva:
Un día
un día todo lleno de micos y gruñidos a la luna que se iba
y el chillido de las ranas que enmudecían.
Un día
era el sol que venía de su lejanía y ardía
Más adelante, se reiteran expresiones como “como en este día de la vida en primavera” y “como en este día todo lleno de ardillas y lagartos y de garzas”, que producen una sensación de circularidad insistente, como si el tiempo no avanzara sino que se enroscara sobre sí mismo. Esta repetición contribuye a la configuración de un destiempo narrativo y rítmico, donde cada iteración añade matices sin conducir a un cierre definitivo.
CAPÍTULO IV. MOTIVOS LÉXICOS Y COHESIÓN GLOBAL
4.1. Silencio y ojos: ver y no ver
El motivo del silencio atraviesa todo el libro, desde el título hasta múltiples poemas en los que el silencio aparece como sustantivo, adjetivo o verbo implícito. En el paratexto inicial, la autora se pregunta “¿si nos reinventamos con las mariposas, las flores, los ríos y los mares y con la vida del verde triunfante, acaso, con el silencio de tus ojos?” Esta formulación vincula el silencio a la mirada, sugiriendo una experiencia en la que la visión se carga de una mudez significativa.
En la segunda parte, el título “Los ojos silenciados” desarrolla esta relación. El poema “Presente” condensa el eje temático: “Es este mi tiempo… / el de los ojos silenciados.” Los ojos aparecen como órganos atravesados por la violencia contemporánea, incapaces de procesar la acumulación de mentiras, tristezas y cuerpos sangrientos que “visten los paisajes / sobre los leños cenicientos”. El silencio de los ojos no remite a serenidad, sino a saturación traumática.
En “Necropsia”, de nuevo los ojos son protagonistas: “Con el llanto de tantos muertos / asomados a tus grandes ojos azules / un suspiro dejo… me aquieta / bajo tu rostro siempre lívido / los silencios de tu oscura boca / se esconden cual sombras.” La mirada se convierte en lugar donde se asoman los muertos, desplazando la frontera entre vivos y muertos hacia los órganos de percepción. El silencio, en este caso, es el de la “oscura boca”, pero la escena está focalizada en los ojos, que sostienen el peso del llanto de los muertos.
4.2. Río, mar y aguas: dinámicas de flujo
Los motivos del río y el mar cumplen una función igualmente central en la cohesión de la obra. En “Y ahora”, se lee: “Un río silencioso avanza / bajo los verdes ojos / de las enredaderas y sus venas / sin refugio de estrellas / en la nada, entre Alighieri y Zeus / nos quedamos en la nada / nada de un claro de luna regalado al mundo / ni tampoco un piano al vuelo por Liszt / y mucho menos de Schubert, ni de Ravel, ni de Aranjuez / ni tampoco del grabado de Da Vinci / solo este repicar de agua / que aún corre por el estrecho camino / hacia este abismo frío / entre cielo y tierra / disolución incompleta / del claro al profundo / sin espejos en dos tiempos / condenados al destiempo.” Aquí, el río silencioso sustituye a las referencias culturales y musicales que podrían iluminar el mundo (Liszt, Schubert, Ravel, Aranjuez, Da Vinci), y se convierte en una corriente que avanza hacia un abismo frío, entre cielo y tierra, sin espejos que permitan una doble temporalidad.
En “Un silencio en silencio”, la voz afirma: “Un río vibrante y cálido se ha hecho canto / bajo los verdes ojos de las veraneras / llevando quimeras amores y sueños / a través del big data, el rey en tu cerebro / no siente frío, el omnipresente algoritmo / sin amor, ni dolor, su piel sigue lisa, no se eriza / en sus luces sin versos, la ternura es vendida / en la pantalla los gemidos interminables / los humanos, no escriben, ya no son canto.” El río cálido que se hace canto atraviesa el big data y el algoritmo, que representan una superficie fría y sin piel. El contraste entre el flujo natural y el flujo digital evidencia una tensión estructural entre ritmos vitales y ritmos mecanizados.
La presencia del mar se intensifica en poemas como “Al canto” (“El candelabro de espejos / rompe la mar en mis ojos / las yubartas baten sus colas / se avista un poema entre olas.”) y “Volar” (“Desde el filo de una ola / llegué a la luna / a colgar mis anhelos / en uno de sus cachos desde entonces / siempre / canto a la luna.”). Estas escenas refuerzan la idea de un continuum entre mar, ojo y palabra poética, en el que la experiencia de flujo se traduce en escritura.
4.3. Fado, Chocó, mariposas: campos semánticos cruzados
El fado y el Chocó constituyen dos polos geográficos y simbólicos que atraviesan el libro y que se articulan con otros motivos, como las mariposas y las flores. En “Cuerdas”, el yo declara: “El fado portugués cubrió mis ojos / con un canto de violetas rojas y azules / diluyendo mis tristezas y enredando mis fatalidades / tejiendo siempre / esa melodía lánguida / entre mis retorcidas venas.” Más adelante, el poema imagina que el fado “se entone a los mil vientos del cosmos / hasta que el tiempo los aplaque / y yo pueda emerger… / sin esta ausencia.” El fado aparece así como un dispositivo musical que cubre los ojos, diluye tristezas y enreda fatalidades, al tiempo que se proyecta a escala cósmica, integrando el tiempo y el destiempo.
En el extremo opuesto, “Serpiente azul” describe el río del Chocó “con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua.” La referencia a los “alabaos” y a las “hadas de piel azul / con sus tímidos alabaos” que retornan con sus peces, aunque “por las heridas del río / aún sucumban los cardúmenes humanos”, combina el marco violento con una tradición de canto fúnebre y resistencia afrodescendiente.
En el paratexto inicial, la autora formula una pregunta clave: “Y ¿si nos reinventamos con las mariposas, las flores, los ríos y los mares y con la vida del verde triunfante, acaso, con el silencio de tus ojos?” La mariposa, la flor, el río, el mar y el verde triunfante configuran un conjunto de imágenes de vida, transformación y naturaleza que se oponen a la muerte y a la violencia, y que ofrecen un horizonte de reinvención frente al silencio opresivo. Esta red de motivos refuerza la cohesión del libro, al articular la imaginería volcánica y acuática con símbolos de renovación.
CAPÍTULO V. ANÁFORAS, INTERROGACIONES Y POÉTICA DE LA RESISTENCIA
5.1. La pregunta como forma de quiebre
Las interrogaciones retóricas cumplen en Tu silencio una función estructural de desestabilización del discurso, al introducir vacíos de respuesta que el lector debe habitar. En “Rescate”, la secuencia ya citada (“¿Cómo variar este ritmo? / ¿Cómo darle alegría al día? / ¿Cómo danzar con sus colores / y hacerme libre?”) no encuentra respuesta explícita dentro del poema, de modo que la pregunta permanece abierta y tensiona la continuidad del texto.
En el texto paratextual del comienzo, las preguntas también estructuran el gesto programático: “¿Qué pasaría si escarbamos en el manto que nos cubre y enfrentamos a los monstruos que nos invaden, bajo los baños dorados de este siglo, como lo hizo Portugal contra el franquismo, con su fado de canto y poesía, y como el pueblo chocoano resiste a la violencia, con sus ritmos, alabaos y narrullos? Y ¿si nos reinventamos con las mariposas, las flores, los ríos y los mares y con la vida del verde triunfante, acaso, con el silencio de tus ojos?” Estas preguntas abren el libro hacia una dimensión política y ética: no buscan sólo respuestas individuales, sino colectivas.
5.2. Anáforas, llamadas y exhortaciones
La anáfora se utiliza tanto en poemas contemplativos como en textos de exhortación. En “Solos”, la repetición de “Cuando” al inicio de versos sucesivos (“Cuando la tierra tiembla…”, “Cuando los aromas se alejan…”) construye un ritmo de enumeración que acumula efectos de catástrofe y desolación. Del mismo modo, “Un día” en “Contra nocturno” y “como en este día” intensifican la sensación de insistencia sobre una misma escena que se expande y se desdobla.
En “Mujer…”, la anáfora adquiere un tono exhortativo: “Mírate al espejo / colócate el casco, y tu coraza brillante, / desenfunda tu espada y atraviesa los vientos / antes que el nuevo dolor se siembre en tu alma.” La acumulación de imperativos (“Mírate”, “colócate”, “desenfunda”) configura un ritmo de marcha que rompe con el tono más contemplativo de la primera parte. Esta variación rítmica acompaña el paso de la queja y la victimización a la acción y la resistencia.
5.3. Poética del quiebre y de la resistencia
El conjunto de encabalgamientos, interrogaciones y anáforas que recorre el libro puede leerse como expresión de una poética del quiebre. Los versos se cortan allí donde el sentido podría concluir, y la sintaxis se interrumpe para dejar huecos que el lector debe completar. Esta práctica formal se corresponde con un mundo fracturado por la violencia, la mentira y la devastación ecológica, donde el discurso lineal y cerrado resulta inadecuado.
Al mismo tiempo, la insistencia en ciertas secuencias rítmicas (anadiplosis implícitas, repeticiones, paralelismos) y la presencia de voces exhortativas y colectivas en la segunda mitad del libro transforman esa poética del quiebre en una poética de la resistencia. El poema “Gratitud” sintetiza este movimiento cuando la voz afirma: “Ahora / te miro vida / sin leyes ni vacíos / pintando corazones de rojo / mientras / yo sigo bebiendo tu elixir de agua / gritando al mundo mi existencia.” Aquí el ritmo se vuelve más afirmativo, con cortes que funcionan como escalones de una declaración de presencia.
CONCLUSIONES
La arquitectura formal de Tu silencio se sostiene sobre una estructura en cuatro partes que acompaña un trayecto desde las sombras del silencio hacia una afirmación de la vida y de la voz poética, sin borrar ni minimizar la violencia histórica que atraviesa la obra. La imaginería volcánica y telúrica, articulada con motivos de río, mar, selva y cuerpos mutilados, ofrece un sistema de metáforas que permite pensar la subjetividad y la historia como territorios sometidos a erupciones, hundimientos y recomposiciones.
Desde el punto de vista rítmico, el libro desarrolla una poética del destiempo mediante encabalgamientos, rupturas sintácticas, repeticiones obsesivas y preguntas sin respuesta que desajustan la lectura y reproducen la experiencia de desacompasamiento temporal vivida por la hablante, especialmente en contextos de pandemia y violencia política. La reiteración de motivos léxicos (silencio, ojos, río, mar, fado, Chocó, mariposas) contribuye a la cohesión global y refuerza la interconexión entre dimensiones íntimas y colectivas.
Finalmente, la combinación de interrogaciones retóricas, anáforas exhortativas y variaciones de tono entre la lamentación y el llamado a la acción permite identificar en Tu silencio una poética del quiebre que se transforma en poética de la resistencia, particularmente a través de las figuras de la mujer guerrera, la niña chocoana, las heroínas anónimas y la memoria afrodescendiente. El libro se presenta así como un caso paradigmático de articulación rítmica no normativa en torno a imágenes de devastación y recomposición, que puede servir de base para una tipología de ritmos del destiempo en la poesía hispánica contemporánea.
CAPÍTULO VI. MARCO TEÓRICO: VERSO LIBRE, ISOTOPÍA Y MOTIVO
6.1. Verso libre y poema en prosa en la tradición contemporánea
La mayoría de los poemas de Tu silencio se escriben en verso libre, con extensiones variables de los versos y sin sujeción a esquemas métricos clásicos, aunque algunos pasajes se aproximan a una cadencia silábica regular. La ausencia de rima fija, la variación de la longitud de los versos y la disposición de estrofas flexibles sitúan el libro en la tradición de la poesía contemporánea hispánica que privilegia la respiración sintáctica y el ritmo interno sobre la métrica tradicional.
Al mismo tiempo, ciertos poemas adoptan un desarrollo próximo al poema en prosa o a una prosa poética versicular, especialmente cuando la autora incorpora referencias narrativas y filosóficas, como sucede en “A Gabo” o en el texto programático inicial. En este último, la sintaxis se despliega en periodos relativamente largos: “¿Qué pasaría si escarbamos en el manto que nos cubre y enfrentamos a los monstruos que nos invaden, bajo los baños dorados de este siglo, como lo hizo Portugal contra el franquismo, con su fado de canto y poesía, y como el pueblo chocoano resiste a la violencia, con sus ritmos, alabaos y narrullos?” Esta construcción se asemeja más al fraseo ensayístico que al verso breve, lo que refuerza la hibridación genérica.
6.2. Isotopías: silencio, destiempo y agua
El concepto de isotopía, entendido como recurrencia de un mismo campo semántico que garantiza la coherencia del texto, resulta particularmente útil para describir la estructura de Tu silencio. A nivel global, pueden identificarse al menos tres grandes isotopías: la del silencio, la del destiempo y la del agua (ríos, mares, lluvias, selvas húmedas).
La isotopía del silencio se manifiesta en el título del libro, en los encabezados de la primera, segunda y tercera parte (“silencio”, “ojos silenciados”, “voces que rompen el silencio”) y en poemas como “Silencio”, “Un silencio en silencio”, “Poema” o “En Rojo”. En “Silencio”, la voz declara: “Y yo… / aquí enrollada de calor / mascando tus historias / adentrándome en tus fisuras / con mis consonantes / ausentes de vocales / y afuera… / solo lluvia.” El verso “con mis consonantes / ausentes de vocales” ofrece una imagen precisa del silencio como pérdida de sonoridad articulada, lo que refuerza la isotopía.
La isotopía del destiempo se concreta en las menciones explícitas al término y en las escenas de desajuste temporal. En “Covid”, se afirma: “desarraigo de memoria / desesperanza azul del cielo, / es el destiempo en este / mi tiempo solo de encierro.” El destiempo aparece asociado a la pérdida de memoria, a la desesperanza y al confinamiento, con lo que se configura una red semántica que da consistencia a la experiencia de ruptura temporal.
La isotopía del agua, por su parte, recorre poemas como “Y ahora”, “Un silencio en silencio”, “Al canto”, “Volar”, “Encuentro” y “Contemplación”. En “Contemplación”, la voz describe: “El sol se aleja con sus últimos reflejos / El mar se cubre de plata / No siente frío / Mis ojos se estrellan / Miran adentro / Mis manos se tocan por el reverso / Mi ser y el firmamento son el espejo.” La presencia del mar que se cubre de plata y la fusión del ser con el firmamento refuerzan la isotopía acuática y conectan el cuerpo con el paisaje.
6.3. Motivo y variación
El motivo, como unidad mínima de sentido repetida y transformada, resulta visible en elementos como el espejo, la mariposa, el río, el fado, el volcán o el náufrago. El espejo, por ejemplo, aparece en “Rescate” (“Otra vez la gruta en el espejo”), en “Cárcel” (“frente al espejo”), en “Mujer…” (“Mírate al espejo”) y en “Yo” (“Y yo / el espejo de un poema / mirando al centro del cosmos”). Aunque la palabra “espejo” se repite, su función varía: de superficie de ahogo a dispositivo de autoconocimiento y, finalmente, a figura de autorrepresentación del poema.
El motivo de la mariposa se enuncia en el paratexto inicial, cuando la autora se pregunta “¿si nos reinventamos con las mariposas, las flores, los ríos y los mares y con la vida del verde triunfante, acaso, con el silencio de tus ojos?” y reaparece en “En este charco quieto”, donde la hablante se sitúa “bajo el unísono de campanas / repicando sus mantras” y declara: “Y yo bajo el rosal / con murmullos de mariposas monarcas / en gota temblorosa resbalando al sol / entre nube y río al llanto / de marimbas por la piel / tintinando libre soy.” Aquí la mariposa monarca se integra con la música de las marimbas, reforzando la conexión entre naturaleza, música y libertad.
CAPÍTULO VII. PROPUESTA METODOLÓGICA DETALLADA
7.1. Análisis métrico-relajado y rítmico
Una monografía centrada en los ritmos del destiempo en Tu silencio puede aplicar un análisis métrico-relajado que no busque encajar los versos en patrones estrictos, sino identificar tendencias de longitud, acentos y pausas. En poemas breves como “Poema” (“En estas frías noches de mi alma / el claro de luna está en su laguna / y su lamento de silencio en este poema.”), la relativa regularidad silábica contribuye a una cadencia reconocible, mientras que en textos de mayor longitud y complejidad, como “Rescate”, predominan versos de extensión variable que se acomodan a la sintaxis de las frases.
El análisis rítmico puede centrarse en la identificación de encabalgamientos, de pausas marcadas por signos de puntuación, de diferentes tipos de repetición (anáfora, paralelismo, enumeración) y de contrastes entre versos breves y largos. En “Gratitud”, por ejemplo, la alternancia entre versos cortos (“Ahora”, “te miro vida”) y otros algo más extensos (“sin leyes ni vacíos”) crea un ritmo escalonado que acompaña el movimiento de reconocimiento y afirmación.
7.2. Estilometría básica y cartografiado de motivos
Una estilometría básica puede consistir en el recuento de la frecuencia de ciertos lemas clave (silencio, tiempo, río, mar, ojos, fado, Chocó, mariposas, etc.), con el fin de cuantificar la importancia de cada campo semántico en el conjunto del libro. Este ejercicio puede combinarse con un análisis de la distribución de estos términos por partes del libro, para observar si se concentran en determinadas secciones o si se reparten de forma relativamente uniforme.
El cartografiado de motivos supondría la elaboración de un esquema que recogiera la aparición de motivos centrales (volcán, espejo, río, mariposa, náufrago, heroínas) y los vinculara con los poemas y las partes donde aparecen. De este modo, se podría comprobar, por ejemplo, cómo el motivo del espejo atraviesa todas las secciones, mientras que el del náufrago se concentra en el poema “A Gabo” y se conecta con la dimensión intertextual del libro.
CAPÍTULO VIII. PERSPECTIVAS DE INVESTIGACIÓN FUTURA
8.1. Ampliación comparativa
La monografía aquí planteada se centra en el estudio formal de Tu silencio como caso paradigmático de ritmos del destiempo, pero puede servir de base para trabajos comparativos que incluyan otros poemarios contemporáneos sobre la pandemia, la violencia y la memoria. La presencia de referencias directas a García Márquez (“me fundo en —el relato de un náufrago— y sucumbo entre sus mágicas palabras.”) y a pensadores como Freire, Nietzsche, Beauvoir o Gramsci sugiere posibles vínculos con una constelación de textos que comparten preocupaciones éticas y políticas.
Una línea de investigación posterior podría conectar Tu silencio con poemarios que aborden también la violencia en el Chocó, la memoria afrodescendiente, o la tensión entre experiencia analógica y digital, prestando atención a la manera en que cada obra organiza sus ritmos y su arquitectura formal.
8.2. Integración con estudios de género y decoloniales
Dado el peso de las figuras femeninas y afrodescendientes en el libro (la mujer guerrera, la niña chocoana, las “veinte seis heroínas”, las viudas del fado, las “hadas de piel azul”), el análisis formal de los ritmos del destiempo puede complementarse con enfoques de género y decoloniales. La combinación de imaginería volcánica, acuática y musical permite pensar la obra como un espacio donde se reescribe la experiencia de mujeres y comunidades históricamente marginadas, no sólo en el plano temático, sino también en el de la temporalidad y la forma.
El estudio de cómo el tiempo se fragmenta, se detiene o se acelera en los poemas puede vincularse con la reflexión sobre los tiempos de la violencia, del cuidado, del duelo y de la resistencia, proporcionando una base formal para análisis interdisciplinares más amplios.
CONCLUSIÓN GENERAL
El examen de Tu silencio desde la perspectiva de las imágenes volcánicas y de los ritmos del destiempo pone de relieve una arquitectura formal compleja en la que la organización en cuatro partes, la variación entre poemas breves y extensos, y el uso sistemático de encabalgamientos, repeticiones y silencios construyen una poética del quiebre y de la recomposición. La imaginería telúrica, acuática y musical articula un universo en el que la subjetividad, la violencia histórica, la memoria afrodescendiente y la experiencia de la pandemia se entrecruzan, mientras que las recurrencias léxicas (silencio, ojos, río, mar, fado, Chocó, mariposas) garantizan la cohesión global del libro.
Desde el punto de vista teórico, la obra se inscribe en la tradición del verso libre y del poema en prosa, y puede analizarse provechosamente mediante los conceptos de isotopía y motivo, así como mediante herramientas de análisis rítmico y estilométrico. La monografía propuesta aspira a mostrar que Tu silencio ofrece un modelo de articulación rítmica no normativa en torno a imágenes de devastación y recomposición, idóneo para fundar una tipología de ritmos del destiempo en la poesía hispánica contemporánea y para abrir nuevas líneas de investigación que integren estudios formales, de género y decoloniales.
