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METÁFORAS DE ESPEJO Y REFLEJO: CONSTRUCCIÓN DEL YO POÉTICO EN TU SILENCIO DE NANCY ORDÓÑEZ SALINAS

Perez-Ayala Huertas, Javier. Artículo académico: metáforas de espejo y reflejo en la construcción del yo poético en tu silencio de Nancy Ordóñez Salinas. TU SILENCIO. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18518809

METÁFORAS DE ESPEJO Y REFLEJO: CONSTRUCCIÓN DEL YO POÉTICO EN TU SILENCIO DE NANCY ORDÓÑEZ SALINAS

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo se propone analizar la construcción del yo poético en Tu silencio de Nancy Ordóñez Salinas a partir de los campos metafóricos del espejo, la orilla, el reflejo y la gruta, con especial atención a las partes I y II del libro. Se parte de la premisa de que estas imágenes no sólo funcionan como motivos temáticos, sino como dispositivos formales de auto-representación y fragmentación de la voz, en estrecha relación con una sintaxis quebrada, con cortes abruptos y con elipsis significativas.

El corpus se centra en los poemas “Somos”, “Rescate”, “Y ahora”, “Quebradizo”, “Cárcel”, “Yo” y “Ella”, que constituyen un eje privilegiado para observar cómo el yo lírico se desdobla, se disgrega y se reconstituye a través de imágenes de refracción y clausura. El marco teórico combina la teoría del sujeto lírico, los estudios sobre autorretrato poético y autorrepresentación, y los ensayos sobre la construcción del silencio en la poesía contemporánea, con el objetivo de identificar un modelo de subjetividad poética que pueda dialogar con otros proyectos líricos del siglo XXI centrados en el espejo como figura crítica de identidad.

 

 

CAPÍTULO I. EL LIBRO Y SU HORIZONTE DE VOZ

1.1. Datos de la obra y declaración programática

Tu silencio se presenta como un libro de poesía de Nancy Ordóñez Salinas, primera edición de 2026, en el que la autora enuncia desde el inicio la centralidad de la voz y de la resistencia. El texto liminar declara:

Mi voz, emerge con la resistencia de la mujer y su capacidad
para reinventarse, tejiendo la narrativa personal, la historia del
arte y el pensamiento filosófico, en una dinámica de liberación.

Esta formulación introduce un yo que se reconoce como voz resistente y que articula, en un mismo gesto, una narrativa personal, una historia del arte y un pensamiento filosófico, lo que enmarca el conjunto del libro en un horizonte de autorreflexión. La voz que emerge se concibe ya como una instancia que se mira a sí misma, que se examina y que se reescribe, anticipando la relevancia de las metáforas de espejo y reflejo.

1.2. El silencio y los ojos como clave del sujeto

En el mismo paratexto inicial, la autora se pregunta: “Y ¿si nos reinventamos con las mariposas, las flores, los ríos y los mares y con la vida del verde triunfante, acaso, con el silencio de tus ojos?” La expresión “el silencio de tus ojos” condensa la tensión entre visión y mudez, entre percepción y imposibilidad de decir, que recorrerá las partes I y II del libro. El yo poético se configurará precisamente en ese espacio donde los ojos ven, pero el lenguaje se quiebra, se fragmenta o queda en suspenso.

CAPÍTULO II. “SOMOS”: UNA PRIMERA FIGURACIÓN DEL YO FRAGMENTADO

2.1. El cuerpo como reflejo quebradizo

“Somos” abre la Parte 1, “Entre las sombras del silencio”, y ofrece una primera figuración del yo como reflejo inestable:

Este existir casi distante
en reflejo cubierto de rojo
serpiente azul por el cuerpo
en latente movimiento
negativo de placa en blanco
la nada, un instante de ahora
cegados sin rescate
al espejo quebradizo
como lluvia en canto.

El verso “en reflejo cubierto de rojo” sitúa al sujeto en el campo semántico del reflejo, mientras que la expresión “espejo quebradizo” transforma ese reflejo en una superficie inestable, incapaz de devolver una imagen íntegra. La voz adopta una primera persona del plural (“Somos”), pero el contenido remite a un “existir casi distante”, lo que sugiere un yo colectivo desajustado de sí mismo, atrapado en una imagen que se fisura.

El encadenamiento de metáforas (“reflejo cubierto de rojo”, “serpiente azul por el cuerpo”, “negativo de placa en blanco”) refuerza esta sensación de fragmentación. El “negativo de placa en blanco” introduce una imagen fotográfica que alude a una presencia en negativo, a una identidad que aparece como reverso o huella, más que como figura plena. El yo poético se configura así, desde el inicio, como un sujeto cuya imagen se halla atravesada por cortes, fisuras y procesos de inversión.

2.2. Sintaxis y quiebre del enunciado

En “Somos”, la sintaxis se organiza en una secuencia de sintagmas breves, sin verbos explícitos en la mayor parte del poema, lo que produce una acumulación de fragmentos nominales y adjetivales: “Este existir casi distante / en reflejo cubierto de rojo / serpiente azul por el cuerpo / en latente movimiento / negativo de placa en blanco / la nada, un instante de ahora”. La ausencia de un verbo rector que articule estos elementos refuerza la sensación de fragmentación del yo y de suspensión del juicio.

La irrupción del sintagma “cegados sin rescate / al espejo quebradizo / como lluvia en canto” introduce una dirección (“al espejo”) que no se resuelve en una frase completa, sino que se detiene en la metáfora, dejando la acción implícita. El enunciado no concluye en un predicado convencional, sino en una comparación (“como lluvia en canto”) que desplaza de nuevo la identidad hacia una imagen fugaz. La sintaxis fragmentada y las elipsis de verbos contribuyen directamente a la configuración de un yo que no se presenta como sujeto estable, sino como conjunto de percepciones y reflejos quebrados.

 

 

CAPÍTULO III. “RESCATE”: LA GRUTA, EL ESPEJO Y LA GRAMÁTICA DEL DESTIEMPO

3.1. La gruta en el espejo

“Rescate” radicaliza la relación entre yo, espejo y gruta:

Otra vez la gruta en el espejo
el humo se expande, me ahoga
fuego y dolor en esta llaga
cubriendo mi reflejo
y yo…
ya no me encuentro
viento, viento tibio
¡ciérrala!
en tu espejo de mar
lava mi alma, libérame al tiempo
mientras el tiempo y el destiempo
caminan por mi pupila.

La “gruta en el espejo” condensa dos espacios paradigmáticos de clausura y de interioridad: la caverna y la superficie especular. El yo no se mira en un espejo diáfano, sino en un espejo que contiene una gruta, es decir, un interior laberíntico y oscuro. El “fuego y dolor en esta llaga / cubriendo mi reflejo” refuerza la idea de que la imagen del yo está tapada por una herida ardiente, por un dolor que impide la visión clara.

La confesión “y yo… / ya no me encuentro” formula explícitamente la pérdida de sí, mientras que el imperativo “¡ciérrala!” se dirige al “espejo de mar”, pidiendo el cierre de ese espacio reflexivo que se ha convertido en amenaza. El espejo ya no es un lugar de reconocimiento, sino de peligro, de ahogo, y debe ser clausurado para que pueda darse un “rescate”.

3.2. Tiempo, destiempo y mirada

El pasaje clave “lava mi alma, libérame al tiempo / mientras el tiempo y el destiempo / caminan por mi pupila” vincula de forma directa la experiencia temporal con la mirada. El tiempo y el destiempo no transcurren en un calendario externo, sino que “caminan por mi pupila”. La pupila se convierte en un espacio de tránsito temporal, en el cual coexisten un tiempo normado y un destiempo que lo desajusta.

Desde la perspectiva del yo lírico, esta coexistencia se traduce en una percepción fracturada: la mirada está atravesada por dos ritmos incompatibles, lo que se refleja en la estructura del poema, donde las oraciones se interrumpen y se reanudan con exclamaciones e interrogaciones. Más adelante, la serie de preguntas (“¿Cómo variar este ritmo? / ¿Cómo darle alegría al día? / ¿Cómo danzar con sus colores / y hacerme libre?”) refuerza la dimensión metapoética del texto, ya que el “ritmo” al que se alude es simultáneamente el ritmo de la vida y el ritmo del poema.

3.3. Sintaxis fragmentaria y poética del rescate

La sintaxis de “Rescate” oscila entre versos de estructura relativamente lineal (“el humo se expande, me ahoga / fuego y dolor en esta llaga”) y versos quebrados por elipsis, exclamaciones y cortes abruptos (“y yo… / ya no me encuentro / viento, viento tibio / ¡ciérrala!”). Esta alternancia refuerza una poética del rescate entendida no como restitución armónica de la identidad, sino como proceso tenso, lleno de vacilaciones y de interrupciones.

La propia palabra “Rescate” funciona como título que anticipa una búsqueda de salvación, pero el poema muestra que esa salvación sólo puede plantearse en medio de un lenguaje roto, donde el yo se reconoce precisamente en su incapacidad de encontrarse. El rescate, por tanto, no consiste en restaurar una imagen previa del yo, sino en aprender a habitar la gruta y el espejo quebrado.

 

CAPÍTULO IV. “Y AHORA” Y “QUEBRADIZO”: EL REFLEJO HÍDRICO Y LA DISOLUCIÓN DEL YO

4.1. El río silencioso y la ausencia de espejos

En “Y ahora”, el campo metafórico del reflejo adopta la forma de un río y de una ausencia de espejos:

Un río silencioso avanza
bajo los verdes ojos
de las enredaderas y sus venas
sin refugio de estrellas
en la nada, entre Alighieri y Zeus
nos quedamos en la nada
nada de un claro de luna regalado al mundo
ni tampoco un piano al vuelo por Liszt
y mucho menos de Schubert, ni de Ravel, ni de Aranjuez
ni tampoco del grabado de Da Vinci
solo este repicar de agua
que aún corre por el estrecho camino
hacia este abismo frío
entre cielo y tierra
disolución incompleta
del claro al profundo
sin espejos en dos tiempos
condenados al destiempo.

El poema contrapone un repertorio de referentes culturales (Liszt, Schubert, Ravel, Aranjuez, Da Vinci) con la imagen de un “río silencioso” que avanza hacia un “abismo frío” sin espejos. La expresión “sin espejos en dos tiempos / condenados al destiempo” resulta crucial: no existen ya espejos que permitan un desdoblamiento temporal, un juego de antes y después, de pasado y presente, porque el sujeto se halla condenado a un destiempo que impide la organización de la experiencia en términos de memoria continua.

En este contexto, el “repicar de agua” sustituye a la música culta mencionada, y se convierte en el único ritmo disponible. El yo poético no se mira en un espejo visual, sino que se reconoce en la sonoridad del agua, en un flujo que no devuelve imagen, sino que arrastra. El reflejo se desplaza de la superficie visual a un nivel auditivo y cinético, lo que refuerza la idea de una subjetividad que se disuelve en el movimiento.

4.2. “Quebradizo”: del humo al sueño

“Quebradizo”, por su parte, desplaza el foco hacia el humo y el sueño, pero mantiene la lógica de la disolución:

Después de izar la voraz llama en frenesí
he visto al humo solo y disperso por el mundo
caer sombrío y dejo entre escombros
hasta adormecerse en este soplo mío.
Lo he visto grave y denso sobre la montaña fría
descender como gemido al día en el ocaso
para fundirse con la oscura noche
entre los retozos de mis sueños.

Aunque no se menciona explícitamente un espejo, el proceso descrito supone la transformación de una energía concentrada (“la voraz llama en frenesí”) en un humo disperso que termina “adormecerse en este soplo mío”. La identidad del yo se asocia a ese “soplo” donde el humo se adormece, lo que sugiere una interiorización de la devastación.

El cierre “entre los retozos de mis sueños” sitúa el escenario de esta disolución en el espacio onírico, es decir, en un ámbito donde las imágenes se mezclan y se transforman continuamente. La subjetividad poética se configura así como un campo de restos, de escombros y de humos que se funden con la noche y con el sueño, sin posibilidad de un reflejo estable. La fractura del yo se articula, entonces, a través de un desplazamiento del reflejo hacia la nebulosa de lo onírico.

CAPÍTULO V. “CÁRCEL”: EL ESPEJO Y LA PIEL DE BARROTES

5.1. El espejo como dispositivo de clausura

En “Cárcel”, el espejo reaparece explícitamente como parte de una escena de encierro:

Esta piel de barrotes no quiere aflojarse
encarnada en mis huesos
los sollozos cubriendo mis ojos
con mis carnes frías, frente al espejo
cargando recuerdos
la soledad bajo ella.

La metáfora principal es la “piel de barrotes”, que se presenta “encarnada en mis huesos”. El cuerpo del yo se convierte en prisión, y la mirada se sitúa “frente al espejo” en un momento de máxima vulnerabilidad (“mis carnes frías”). El espejo ya no se asocia a la autoconciencia emancipadora, sino a una confrontación con una imagen cargada de sollozos y de recuerdos.

La estructura del poema sitúa “frente al espejo” inmediatamente después de la mención a los “sollozos cubriendo mis ojos”, de modo que la escena implica una mirada empañada por el llanto que, aun así, se obliga a contemplar su propio encierro. La “soledad bajo ella” puede leerse como referencia a la piel de barrotes, pero también al espejo, entendiendo que bajo la superficie especular se halla la soledad del yo.

5.2. Fragmentación sintáctica y aparición del yo en primera persona

La concatenación de sintagmas en “Cárcel” (“Esta piel de barrotes no quiere aflojarse / encarnada en mis huesos / los sollozos cubriendo mis ojos / con mis carnes frías, frente al espejo / cargando recuerdos / la soledad bajo ella.”) sigue una lógica de acumulación que evita cerrar la frase con un punto hasta el final. La oración se extiende mediante aposiciones y complementos que añaden capas de significación, como si el yo se viera atrapado en una expansión interminable de su propia definición como preso.

Aunque el pronombre “yo” no aparece explícito, la presencia de “mis huesos”, “mis ojos” y “mis carnes frías” construye un yo que se encarna en la experiencia de la cárcel. El espejo funciona como dispositivo que refleja esa identidad prisionera, sin ofrecer salida. La ausencia del pronombre “yo” puede interpretarse como signo de una subjetividad despersonalizada, que se reconoce en sus partes corporales, pero no puede nombrarse como sujeto autónomo.

CAPÍTULO VI. “YO” Y “ELLA”: AUTORRETRATO Y DESDOBLAMIENTO

6.1. “Yo”: el espejo del poema

En la Parte 4, el poema “Yo” reintroduce el espejo en clave metapoética:

Y yo
el espejo de un poema
mirando al centro del cosmos
simbiosis del alma
caída en el mar del planeta.

La luna besando su reflejo
al abrazo palpitante de su tierra
con sus pies de camino siempre
por la luz de su primer ancestro.

Aquí el yo se define como “el espejo de un poema”, fórmula que invierte la relación habitual entre poema y sujeto. No se dice que el poema sea un espejo del yo, sino que el yo es el espejo del poema, lo que sugiere que la identidad se construye como superficie reflexiva de la escritura. El sujeto se constituye como lugar donde el poema se mira y se reconoce, desplazando la centralidad de la experiencia vivida hacia la experiencia escrita.

La referencia al “centro del cosmos” y a la “simbiosis del alma / caída en el mar del planeta” amplía el horizonte del autorretrato, conectándolo con un escenario cósmico y acuático. La luna que “besando su reflejo / al abrazo palpitante de su tierra” introduce una escena de doble reflejo (luna-agua, tierra-cielo) que refuerza la idea de que toda identidad se construye en relación con un reflejo externo.

6.2. “Ella”: la palabra como otro del yo

El poema “Ella” complementa “Yo” al plantear una figura externa que, sin embargo, está íntimamente ligada al sujeto:

Ella
Camina dejo
cuando me alejo
mientras me mira
rompe mi llanto
cuando regreso
penetra en mi piel
hasta mi alma
esa palabra
siempre será ella
vestida con mis poemas.

El texto comienza con el pronombre “Ella”, pero pronto revela que esa “ella” es “esa palabra”, que “siempre será ella / vestida con mis poemas”. La palabra se personifica como un otro que camina “dejo” cuando el yo se aleja, que lo mira, que “rompe mi llanto” y que penetra “hasta mi alma”. La relación entre el sujeto y la palabra se configura como un vínculo de dependencia y de desdoblamiento: la palabra es otro y, al mismo tiempo, es la vestidura de los poemas del yo.

Desde la perspectiva de las metáforas de espejo y reflejo, “Ella” puede leerse como un reflejo lingüístico del yo: la palabra no es simplemente un instrumento, sino una entidad que devuelve al sujeto una imagen de sí, lo persigue, rompe su llanto y se viste con sus poemas. El yo se ve a sí mismo en ese otro, que no es una persona concreta, sino la palabra misma, elevada a la categoría de protagonista.

CAPÍTULO VII. SÍNTESIS: ESPEJO, REFLEJO, GRUTA Y YO POÉTICO

7.1. Configuración del yo a través de imágenes de clausura

En los poemas analizados, el yo lírico se configura a través de una constelación de imágenes que remiten a espacios de clausura: el espejo quebradizo, la gruta en el espejo, la piel de barrotes, el río silencioso sin espejos. Estas imágenes conforman una poética de la necrosis en la medida en que muestran un sujeto que no puede acceder a una imagen diáfana de sí, sino sólo a reflejos dañados, a humos dispersos y a grutas interiores.

Al mismo tiempo, la insistencia en mirar (al espejo, al mar, al cosmos) introduce una dimensión de rescate. El yo se afirma al sostener la mirada, incluso cuando lo que ve es su propia prisión o su propia disolución. “Y yo / el espejo de un poema / mirando al centro del cosmos” condensa esta tensión: el yo se reconoce como superficie reflexiva de la escritura, pero no renuncia a mirar hacia afuera, hacia un centro cósmico.

7.2. Relación entre imágenes y sintaxis fragmentada

La relación entre estas imágenes y la sintaxis fragmentada es directa: la gruta, el espejo quebrado y el río sin espejos encuentran su correlato formal en oraciones incompletas, en encabalgamientos, en elipsis de verbos y en acumulaciones de sintagmas que evitan la clausura sintáctica. En “Somos”, la ausencia de un verbo principal deja al yo suspendido en una serie de calificativos que no alcanzan a constituir un sujeto estable. En “Rescate”, las pausas, las exclamaciones y las preguntas rompen el flujo del enunciado, reproduciendo la sensación de pérdida de sí.

Esta correspondencia permite hablar de una poética de la refracción: el reflejo del yo no se da en un espejo liso, sino en una superficie fragmentada que descompone el discurso. La voz poética se construye, por tanto, en el punto de cruce entre un imaginario de clausura y una escritura que rehúye la linealidad, optando por el corte, la repetición y la suspensión.

CONCLUSIÓN

El análisis de los poemas “Somos”, “Rescate”, “Y ahora”, “Quebradizo”, “Cárcel”, “Yo” y “Ella” permite afirmar que Tu silencio elabora un modelo de subjetividad poética basado en metáforas de espejo, reflejo, orilla y gruta, que funcionan como dispositivos de auto-representación y de fragmentación del yo. Las imágenes de espejo quebradizo, de gruta en el espejo, de río silencioso sin espejos y de piel de barrotes configuran una poética de la necrosis, en la que la identidad aparece herida, dispersa y sometida a procesos de disolución.

Sin embargo, la recurrencia de estas mismas imágenes en contextos de búsqueda, de interrogación y de reconocimiento metapoético (como en “Yo” y “Ella”) revela también una poética del rescate, en la que el yo aprende a reconocerse como espejo del poema y a aceptar que su identidad se constituye en y por la palabra. La sintaxis fragmentada, los cortes abruptos y las elipsis no son simples rasgos estilísticos, sino traducciones formales de una subjetividad que se sabe refractada y que, precisamente por ello, se abre a nuevos modos de autorrepresentación en la poesía contemporánea.

Este modelo de sujeto que se mira en espejos quebrados, que habita grutas interiores y que se reconoce como espejo del poema puede dialogar con otros proyectos líricos del siglo XXI que utilizan el espejo como figura crítica de identidad, y ofrece una base sólida para futuras investigaciones sobre la construcción del silencio y de la voz en la poesía hispánica actual.

 

 

APÉNDICE I. PERSPECTIVAS TEÓRICAS SOBRE EL SUJETO LÍRICO Y EL ESPEJO

  1. Teoría del sujeto lírico y autorretrato poético

La teoría del sujeto lírico subraya que el “yo” del poema no debe identificarse de manera inmediata con la persona empírica de la autora, sino que constituye una instancia construida por el texto, resultado de elecciones formales, enunciativas y metafóricas. En Tu silencio, este sujeto se manifiesta como una voz que oscila entre la primera persona explícita (“Y yo…”, “yo sigo aquí sola en mí…”) y formas implícitas a través de posesivos y referencias corporales.

Los poemas del corpus analizado ofrecen, en este sentido, diferentes modalidades de autorretrato poético. “Yo” se sitúa en la línea de los autorretratos metapoéticos, al definirse el sujeto como “el espejo de un poema”. “Ella”, por su parte, propone un autorretrato indirecto, al personificar la palabra como un otro que, sin embargo, está “vestida con mis poemas”, lo que indica una proyección del yo en ese personaje verbal.

El análisis de estos textos permite inscribir la obra en una tradición de autorretrato fragmentado, en la que el yo se representa a través de imágenes parciales (ojos, carnes, huesos, piel) y de metáforas espaciales (espejo, gruta, río) más que mediante declaraciones explícitas sobre su identidad. El sujeto lírico se construye así como un efecto de superficie generado por la interacción entre estas imágenes.

  1. Espejo, reflejo y “construcción del silencio”

Los estudios contemporáneos sobre la “construcción del silencio” en poesía han insistido en que el silencio no es sólo ausencia de sonido, sino un elemento estructurante del texto, que se manifiesta en blancos, pausas, elipsis y no dicho. En Tu silencio, la figura del espejo se halla estrechamente asociada a este silencio, tanto a nivel temático como formal.

“Cárcel” muestra un yo “frente al espejo” con “mis carnes frías”, donde los “sollozos cubriendo mis ojos” introducen un silencio emocional denso, una imposibilidad de hablar que, sin embargo, se escribe. En “Rescate”, la orden “¡ciérrala!” dirigida al “espejo de mar” expresa el deseo de clausurar un dispositivo de reflejo que se ha convertido en fuente de ahogo y de dolor, lo que implica una voluntad de control sobre la exposición de la propia imagen.

La construcción del silencio se articula, por tanto, en tres niveles: visual (ojos silenciados, espejos sin reflejo), temporal (destiempo, suspensión) y verbal (elipsis, interrupciones, puntos suspensivos). El resultado es un modelo de sujeto que se define tanto por lo que puede decir como por lo que no puede o no quiere decir, y cuya identidad se juega en esa frontera.

 

 

APÉNDICE II. APORTACIONES DEL ESTUDIO Y LÍNEAS ABIERTAS

  1. Aportaciones específicas de la lectura propuesta

El recorrido realizado permite sintetizar varias aportaciones específicas del análisis de las metáforas de espejo y reflejo en la construcción del yo poético de Tu silencio:

  1. La identificación de un sistema coherente de imágenes de clausura (espejo quebradizo, gruta, piel de barrotes, río sin espejos) que configuran una poética de la necrosis, en la que el yo se percibe como herido, fragmentado y sometido a un proceso de disolución.
  2. La detección de una transformación interna, mediante la cual estas mismas imágenes participarán también en una poética del rescate, cuando el sujeto se asume como “espejo de un poema” y reconoce a la palabra como un otro constitutivo.
  3. La demostración de la estrecha relación entre estas metáforas y una sintaxis fragmentada, que recurre a encabalgamientos, elipsis y acumulaciones sin verbo rector, como traducción formal de la experiencia del yo.
  4. Líneas de investigación futuras

A partir de este estudio se abren varias líneas de investigación posibles:

  • Un análisis comparativo entre Tu silencio y otros poemarios contemporáneos que utilizan el espejo como figura de identidad, para determinar convergencias y divergencias en el tratamiento del yo y del silencio.
  • Una ampliación del corpus dentro de la misma obra, incorporando poemas como “Vida”, “Poema” o “Tal vez…”, que profundizan en la relación entre mirada, memoria y soledad.
  • Un diálogo con perspectivas de género que examinen cómo se entrelazan estas metáforas de refracción y clausura con la experiencia de una voz femenina que enuncia su resistencia y su capacidad de reinventarse, tal como se plantea en el texto programático inicial.

Este artículo propone, en definitiva, una lectura que considera a las metáforas de espejo, reflejo, orilla y gruta como núcleos formales de la subjetividad poética en Tu silencio, y que las vincula con una escritura fracturada que hace del silencio un componente activo del discurso.

BLIOGRAFÍA

Ordóñez Salinas, Nancy. Tu silencio. Primera edición, 2026. Editorial Poesía eres tú.

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