Pérez-Ayala Huertas, Javier. Monografía académica: dolor, duelo y esperanza en clave ecológica y política en tu silencio de nancy ordóñez salinas (versión 1.0). TU SILENCIO. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.18518915
DOLOR, DUELO Y ESPERANZA EN CLAVE ECOLÓGICA Y POLÍTICA EN TU SILENCIO DE NANCY ORDÓÑEZ SALINAS
INTRODUCCIÓN
Presentación del objeto de estudio
La presente monografía propone un análisis de Tu silencio de Nancy Ordóñez Salinas, publicado en 2026, atendiendo a la articulación entre dolor íntimo, duelo colectivo y esperanza en el marco de paisajes ecológicos y contextos políticos que aparecen simbólicamente refractados en la obra. El libro se organiza en cuatro partes que trazan un trayecto desde las “sombras del silencio” hasta las “aguas de la vida”, atravesando los “ojos silenciados” y las “voces que rompen el silencio”. Este recorrido formal acompaña un proceso subjetivo y colectivo en el que la devastación ecológica, la violencia política y la experiencia pandémica se entrelazan con la búsqueda de formas de regeneración y de esperanza.
El corpus privilegiado de análisis incluye poemas como “Serpiente azul”, “Solos”, “De los tesoros”, “Un hilo en el tiempo”, “Encuentro” y “Volar”, junto con otros textos que permiten comprender la configuración global de un imaginario en el que los ríos, el mar y la selva funcionan como territorios heridos y, simultáneamente, como espacios de resistencia y renovación. La hipótesis central sostiene que Tu silencio articula una ética de la esperanza desde territorios heridos, útil para integrar la poesía contemporánea en debates sobre memoria histórica y justicia ecológica.
Marco teórico: ecocrítica, memoria, trauma y duelo
El marco teórico combina tres ámbitos disciplinares fundamentales. En primer lugar, la ecocrítica permite leer los paisajes del libro no como meros escenarios, sino como agentes activos en la construcción del sentido, sometidos a procesos de devastación y regeneración que se corresponden con la experiencia subjetiva. Los ríos del Chocó, el mar de las ballenas, la selva oscura y los jardines de flores operan como territorios discursivos donde se depositan memorias de violencia y proyectos de futuro.
En segundo lugar, los estudios sobre memoria y trauma ofrecen herramientas conceptuales para entender cómo el dolor personal se entreteje con la violencia histórica, especialmente en contextos como la guerra colombiana, la violencia en el Chocó, el franquismo o la pandemia. La teoría del trauma subraya que ciertos acontecimientos no pueden ser representados de manera directa, sino que se inscriben en la escritura mediante síntomas, repeticiones y desplazamientos simbólicos.
En tercer lugar, la teoría del duelo, tal como la desarrollan Judith Butler y Paul Ricœur, permite pensar las formas de elaboración de la pérdida y la manera en que el duelo colectivo se vincula con exigencias de justicia, reconocimiento y memoria. Butler insiste en que el duelo público por ciertas vidas (y no por otras) revela jerarquías políticas sobre qué vidas importan, mientras que Ricœur articula memoria, duelo y narrativa como componentes de una identidad personal y colectiva.
Preguntas de investigación
La monografía se articula en torno a tres preguntas centrales:
- ¿Cómo se entretejen el dolor personal y la violencia histórica del Chocó, la guerra y los cuerpos mutilados en el libro?
- ¿Qué papel cumplen los ríos, el mar y la selva en la construcción de una esperanza que no niega la devastación?
- ¿Cómo se transforma el tono de la obra desde “Entre las sombras del silencio” hasta “En las aguas de la vida”?
CAPÍTULO I. DOLOR ÍNTIMO Y VIOLENCIA HISTÓRICA
1.1. El Chocó como territorio de memoria y violencia
El Chocó aparece en Tu silencio como un territorio marcado por la violencia sistemática, cuya representación poética se concentra especialmente en “Serpiente azul”. El poema comienza con una enumeración cósmica (“He sido / anillo de polvo celeste / nacimiento de una estrella / pálpito en cerebro de galaxia.”) que rápidamente se desplaza hacia una escena de devastación contemporánea:
Y ahora
con este hueco de deshechos
tornado de basuras, flores y auxilios
pobreza y olvido.
Agujero negro de risa
en el espejo de ausentes deseos
llora tus arrugas, sin sueños, sin sexo, solo cristales
aunque el corazón siga invadido de sangre sin amor
como cualquier río del chocó desde el dos mil dos
con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor
navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua.
La mención al “río del chocó desde el dos mil dos / con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua” inscribe la violencia en una temporalidad precisa (desde 2002) y en un espacio concreto (el Chocó), al tiempo que la formula como un proceso de acumulación diaria de cadáveres que navegan en el río. El sintagma “cantos de cuerpos por día” juega con la ambigüedad del término “cantos” (canto funerario y cantidad numérica), reforzando la dimensión colectiva del duelo.
La continuación del poema mantiene esta línea:
La vida reviviendo entre ríos
bramando en salmuera
llegando al mar.
y ahora
las hadas de piel azul
con sus tímidos alabaos
retornan con sus peces,
aunque
por las heridas del río
aún sucumban los cardúmenes humanos
y en su tierra de cosechas
sigan brotando los aromas de muerte.
Los “alabaos”, cantos fúnebres de la tradición afrodescendiente del Chocó, se asocian a “hadas de piel azul” que retornan con sus peces, estableciendo un vínculo entre resistencia cultural, duelo colectivo y continuidad de la vida. Sin embargo, el texto no oculta la persistencia de la violencia: “por las heridas del río / aún sucumban los cardúmenes humanos / y en su tierra de cosechas / sigan brotando los aromas de muerte”. La metáfora de los “cardúmenes humanos” equipara a las víctimas con bancos de peces, lo que refuerza la dimensión colectiva de la masacre y denuncia la banalización de estas muertes.
1.2. Guerra en Colombia y cuerpos de maíz
En “Un hilo en el tiempo”, la referencia a la violencia se desplaza hacia un marco más amplio de la historia colombiana:
Mientras las veinte seis heroínas
retrocedieron con Cuba en su canto
nacieron aquí en Colombia
los doce engendros llenos de sangre y dólar.
Desde esa larga noche
un pura sangre galopa entre olvidos
y en su lomo una guerra blanca de silencios
con los incontables cuerpos de maíz
y sus huellas en las profundidades.
El poema alude a “los doce engendros llenos de sangre y dólar” nacidos en Colombia, en contraste con “las veinte seis heroínas” que “retrocedieron con Cuba en su canto”. Aunque la referencia histórica precisa resulta opaca, el contraste entre heroínas revolucionarias y “engendros llenos de sangre y dólar” señala una lectura crítica de la violencia colombiana ligada al narcotráfico y al poder económico.
La expresión “una guerra blanca de silencios / con los incontables cuerpos de maíz / y sus huellas en las profundidades” introduce la figura de los “cuerpos de maíz”, que puede leerse como referencia a campesinos asesinados, a comunidades indígenas y mestizas cuya subsistencia se vincula al maíz, o como metáfora de una violencia que se ensaña contra la vida agraria y comunitaria. El adjetivo “incontables” refuerza la magnitud de la devastación, mientras que “sus huellas en las profundidades” sugiere un duelo no resuelto, una memoria que permanece enterrada.
1.3. Dolor personal y pandemia: encierro y destiempo
La violencia política y ecológica coexiste, en el libro, con el dolor íntimo derivado de experiencias de pérdida, encierro y enfermedad. El poema “Covid” vincula el confinamiento pandémico con el destiempo y con la pérdida de centro:
El sol resbala al abismo
en laberintos y sueños
llevando consigo
mi centro al olvido.
Paso del día a la noche
en el fondo de este caño
cansada de ver y no ser
de repetir y no encontrar
desarraigo de memoria
desesperanza azul del cielo,
es el destiempo en este
mi tiempo solo de encierro.
La formulación “cansada de ver y no ser / de repetir y no encontrar” condensa una experiencia de parálisis subjetiva en la que la percepción no se traduce en acción ni en sentido. El “desarraigo de memoria” señala una pérdida de continuidad temporal, mientras que “es el destiempo en este / mi tiempo solo de encierro” vincula explícitamente la pandemia con la categoría del destiempo.
Aunque “Covid” no alude directamente a la violencia en el Chocó ni a la guerra, el poema se inscribe en una serie mayor de textos sobre dolor, pérdida y devastación que incluye “De luto”, “Un adiós” y “Necropsia”. En “De luto”, se lee: “Se llevaron mi retina llena de agua / las bandadas de los rostros de esperma / con la mueca eterna puesta en sus ojos / robaron mis ojos, tallaron mi alma / llenos de aire corrieron, los hijos del hambre.” La referencia a “los hijos del hambre” sugiere una violencia social y económica, que se entrecruza con la experiencia íntima de la pérdida de visión y de identidad.
CAPÍTULO II. PAISAJES ECOLÓGICOS COMO TERRITORIOS HERIDOS Y REGENERADORES
2.1. Los ríos: sarcófagos de agua y venas de la tierra
Los ríos cumplen en Tu silencio una función ambivalente: son simultáneamente espacios de muerte (sarcófagos de agua donde navegan cuerpos mutilados) y espacios de vida (corrientes que conectan la selva con el mar, arterias de la tierra). Esta ambivalencia se articula con claridad en “Serpiente azul”, donde el río del Chocó se presenta como canal de cadáveres y, al mismo tiempo, como lugar de retorno de las “hadas de piel azul / con sus tímidos alabaos”.
En “Y ahora”, el río adopta otra forma:
Un río silencioso avanza
bajo los verdes ojos
de las enredaderas y sus venas
sin refugio de estrellas
en la nada, entre Alighieri y Zeus
nos quedamos en la nada
nada de un claro de luna regalado al mundo
ni tampoco un piano al vuelo por Liszt
y mucho menos de Schubert, ni de Ravel, ni de Aranjuez
ni tampoco del grabado de Da Vinci
solo este repicar de agua
que aún corre por el estrecho camino
hacia este abismo frío
entre cielo y tierra
disolución incompleta
del claro al profundo
sin espejos en dos tiempos
condenados al destiempo.
El “río silencioso” que avanza bajo los “verdes ojos / de las enredaderas y sus venas” establece un paralelismo entre el río y el sistema circulatorio de la vegetación. Las enredaderas poseen “venas” que miran, lo que antropomorfiza el paisaje y lo convierte en testigo activo. El río corre “hacia este abismo frío”, lo que refuerza su función como conductor hacia la muerte o hacia la disolución, pero el hecho de que “aún corre” introduce una nota de persistencia: el flujo continúa, a pesar de todo.
En “Solos”, la relación entre tierra, agua y sangre se hace explícita:
Cuando la tierra tiembla, descansa y se limpia
si el aire es puro respira, cual fresca respira
ella sufre cuando está quieta
su dolor la rompe y su sangre la silencia
mientras el rojo y el marrón se mezclan
bañando sus caminos
resbalando al filo de piedra
en corte lento al reverso.
La tierra aparece como un cuerpo vivo que tiembla, descansa, se limpia, respira y sufre. Su “sangre” (que puede leerse como lava, como agua o como sangre humana derramada) se mezcla con el marrón de la tierra y resbala “al filo de piedra / en corte lento al reverso”. El río, en este contexto, es el cauce de esa sangre, el lugar donde se deposita el dolor de la tierra herida.
2.2. El mar como horizonte de esperanza y testimonio
Si los ríos funcionan como arterias de la violencia y de la memoria, el mar aparece como horizonte de apertura, de canto y de esperanza. En “Al canto”, se describe una escena en la que el mar se convierte en lugar de aparición del poema:
Un canto lánguido y profundo
atraviesa un gran silencio
y un boga se abre mar adentro
por entre el ocaso estrecho.
El aro cierra a las seis
su espejo se agazapa
y la láctea gira en mi pecho
un verso por entre la piel.
El candelabro de espejos
rompe la mar en mis ojos
las yubartas baten sus colas
se avista un poema entre olas.
El verso “se avista un poema entre olas” convierte al poema en una entidad visible que emerge del mar, como si la escritura fuera un fenómeno natural comparable al avistamiento de ballenas. Las “yubartas” (ballenas jorobadas) que “baten sus colas” introducen una dimensión de vida animal libre y poderosa, que contrasta con los “cardúmenes humanos” que sucumben en los ríos del Chocó. El mar se presenta así como un espacio donde la vida se afirma, donde el canto “lánguido y profundo” puede “atravesar un gran silencio”.
En “Esperanza”, el mar vuelve a asociarse con la renovación:
Me abrigo en tu sagrado templo
a la orilla de tu mar de plata
bajo tu bóveda color humo
mientras los ballenatos nacen
en las caricias de tus cálidos ríos.
Un tesoro virgen llamado Jovi
me adentra en sus selvas
burbujas de seres míticos
millones de esperanzas
depurando mi alma.
El “mar de plata” y los “ballenatos” que “nacen / en las caricias de tus cálidos ríos” refuerzan la asociación del mar con el nacimiento y con la esperanza. La referencia a “un tesoro virgen llamado Jovi” que “me adentra en sus selvas” introduce un espacio ecológico protegido, habitado por “burbujas de seres míticos / millones de esperanzas”. Jovi puede aludirse al Parque Nacional Natural Utría o a otra reserva del Pacífico colombiano, espacios de alta biodiversidad que funcionan como refugios frente a la devastación.
2.3. La selva: oscuridad, resistencia y regeneración
La selva aparece en el libro bajo formas diversas: como “selva oscura” dantesca, como espacio de resistencia cultural y como territorio de regeneración. En “Contra nocturno”, un poema de estructura compleja y repetitiva, la selva se describe en clave de transición entre oscuridad y luz:
¡la selva oscura!
¡la selva oscura!
la selva oscura se iba por la estepa solitaria
y su sombra de ramas y lianas
diluida en esta primavera
y su sombra de ramas y lianas
oscura y lánguida se esparcía
y mi asombro dispersado
por los rayos de la estrella
como en este día de la vida en primavera
y tu sombra se marchó
y su sombra se marchó
las estrellas se acercaron
la iluminó y marchitó
La repetición de “la selva oscura” evoca el inicio de la Divina Comedia de Dante, estableciendo un diálogo intertextual con la tradición literaria occidental. Sin embargo, el poema no se detiene en la oscuridad, sino que avanza hacia un momento en que “las estrellas se acercaron” y la selva queda “iluminada” y “marchitada”. El cierre del poema afirma: “¡oh! la vida que se junta con la luz y se busca en la pradera con las risas de tus / labios.” La selva oscura, por tanto, no es un destino final, sino un espacio de tránsito hacia la luz y hacia la vida.
En otros textos, la selva se asocia a la resistencia cultural del Chocó. En el paratexto inicial, la autora se pregunta: “¿Qué pasaría si escarbamos en el manto que nos cubre y enfrentamos a los monstruos que nos invaden, bajo los baños dorados de este siglo, como lo hizo Portugal contra el franquismo, con su fado de canto y poesía, y como el pueblo chocoano resiste a la violencia, con sus ritmos, alabaos y narrullos?” Los alabaos y arrullos del pueblo chocoano se sitúan aquí en paralelo con el fado portugués como formas de resistencia cultural mediante el canto y la poesía, lo que establece a la selva y al río como espacios donde estas prácticas se arraigan y se transmiten.
CAPÍTULO III. DUELO COLECTIVO Y MEMORIA
3.1. Teoría del duelo y reconocimiento de vidas perdidas
Judith Butler ha insistido en que el duelo público funciona como un mecanismo de reconocimiento político: llorar a ciertos muertos y no a otros establece jerarquías sobre qué vidas merecen ser lloradas y, por tanto, sobre qué vidas importan. En Tu silencio, el gesto de nombrar a los “cardúmenes humanos” que sucumben en el río del Chocó, de referirse a “los incontables cuerpos de maíz” y de evocar a “las bandadas de los rostros de esperma” en “De luto” constituye un acto de duelo colectivo que exige reconocimiento para víctimas históricamente invisibilizadas.
El poema “Necropsia” puede leerse como un ejercicio de duelo que interroga la relación entre vivos y muertos:
Con el llanto de tantos muertos
asomados a tus grandes ojos azules
un suspiro dejo… me aquieta
bajo tu rostro siempre lívido
los silencios de tu oscura boca
se esconden cual sombras.
Un monosílabo al viento exhalas
entre el frío en que te anidas
cuando sus cráneos y huesos armas.
Tu vida vuelve
como espejo frente al lago
cuando a los vivos, sus muertos revives.
La escena descrita sugiere un ritual de exhumación o de memoria en el que los muertos “asomados a tus grandes ojos azules” intervienen en la vida del sujeto. El verso final, “cuando a los vivos, sus muertos revives”, invierte la relación habitual: no son los vivos quienes recuerdan a los muertos, sino los muertos quienes reviven a los vivos, devolviéndoles su humanidad y su historia. Este giro puede interpretarse desde la teoría del duelo como una afirmación de que la identidad de los vivos se construye en relación con los muertos, especialmente en contextos de violencia masiva.
3.2. Memoria histórica y “guerra blanca de silencios”
Paul Ricœur ha subrayado que la memoria colectiva se articula mediante narrativas que seleccionan, ordenan y transmiten acontecimientos del pasado. En Tu silencio, la “guerra blanca de silencios” mencionada en “Un hilo en el tiempo” nombra precisamente la dificultad de construir una memoria cuando la violencia se ha ejercido mediante el silenciamiento sistemático. Una “guerra blanca” es una guerra sin ruido, sin declaración oficial, sin reconocimiento público, y por tanto una guerra que deja pocas huellas en la memoria colectiva instituida.
El libro se propone, en este sentido, como un dispositivo de memoria que inscribe en el lenguaje poético aquello que permanece silenciado en otros discursos. Los poemas sobre el Chocó, sobre los cuerpos de maíz y sobre las heroínas anónimas cumplen una función de archivo alternativo, donde se depositan experiencias de violencia y de resistencia que no encuentran lugar en la historia oficial.
3.3. Alabaos y duelo afrodescendiente
La referencia a los alabaos en “Serpiente azul” introduce una dimensión específica del duelo afrodescendiente en el Pacífico colombiano. Los alabaos son cantos fúnebres que acompañan los velorios y que permiten a la comunidad elaborar colectivamente la pérdida. Al incorporar esta tradición en el poema, la autora inscribe el duelo personal y literario en una genealogía cultural más amplia, reconociendo a las comunidades afrodescendientes como portadoras de saberes sobre la muerte, el dolor y la resistencia.
El verso “las hadas de piel azul / con sus tímidos alabaos / retornan con sus peces” puede leerse como una imagen de resurrección simbólica: las hadas (que pueden ser espíritus ancestrales o mujeres de la comunidad) retornan cantando alabaos, lo que señala la continuidad de la vida comunitaria a pesar de la violencia. El adjetivo “tímidos” sugiere que estos cantos no son triunfalistas, sino frágiles, pero su persistencia los convierte en formas de resistencia.
CAPÍTULO IV. ESPERANZA SIN NEGACIÓN DE LA DEVASTACIÓN
4.1. De “las sombras del silencio” a “las aguas de la vida”
La estructura del libro en cuatro partes traza un recorrido desde la inmersión en “las sombras del silencio” hasta una apertura a “las aguas de la vida”. Sin embargo, este tránsito no puede entenderse como un movimiento lineal de superación, sino como un proceso complejo en el que la esperanza coexiste con el dolor y en el que la devastación no se niega, sino que se integra en un horizonte de regeneración.
La Parte 1, “Entre las sombras del silencio”, concentra poemas que tematizan la pérdida, la fragmentación del yo y la experiencia de la devastación. El poema “Desencuentro”, por ejemplo, afirma: “En estos pozos profundos / la nada es mi desarmonía / tampoco es plata / solo aleteos negros sin arrullos / que se escapan por los viejos huesos.” El tono es sombrío, los “pozos profundos” señalan una caída sin salida aparente, y los “aleteos negros sin arrullos” sugieren una vida que se escapa sin producir canto ni consuelo.
La Parte 2, “Los ojos silenciados”, radicaliza esta experiencia al vincularla con contextos de opresión política, pandemia y violencia ecológica. Como se ha visto, “Serpiente azul” condensa múltiples formas de devastación (personal, ecológica, política), mientras que “Covid” y “De luto” articulan experiencias de encierro y de pérdida de identidad.
Sin embargo, la Parte 3, “Voces que rompen el silencio”, introduce un cambio de tono. El poema inaugural, “Mujer…”, adopta un registro exhortativo:
Mírate al espejo
colócate el casco, y tu coraza brillante,
desenfunda tu espada y atraviesa los vientos
antes que el nuevo dolor se siembre en tu alma.
Aunque el agua corra por tus dedos
como presagio sin luz, bajo tus ojos.
Tú de frente al presente
como diosa guerrera
desafiando a la muerte
con tus cantos de mujer valiente.
El llamado a la acción (“Mírate al espejo”, “colócate el casco”, “desenfunda tu espada”) marca un giro respecto al tono contemplativo y doloroso de las secciones previas. La figura de la “diosa guerrera” que desafía a la muerte introduce un modelo de subjetividad activa, que no se somete al dolor sino que lo enfrenta. Sin embargo, el poema no niega la persistencia del dolor: “Aunque el agua corra por tus dedos / como presagio sin luz, bajo tus ojos.” La esperanza se construye, por tanto, en tensión con la amenaza de “nuevo dolor” que puede “sembrarse en tu alma”.
La Parte 4, “En las aguas de la vida”, culmina este proceso con poemas que afirman la existencia, la gratitud y la escritura como formas de resistencia. En “Gratitud”, la voz declara:
Yo, andaba cual babosa pegada a ti
denigrando de tu sombra
dejando la estela brillante
al paso lento de la noche
marcando la arena con mis pasos de día.
Ahora
te miro vida
sin leyes ni vacíos
pintando corazones de rojo
mientras
yo sigo bebiendo tu elixir de agua
gritando al mundo mi existencia.
El contraste entre el pasado (“andaba cual babosa pegada a ti / denigrando de tu sombra”) y el presente (“Ahora / te miro vida / sin leyes ni vacíos”) señala una transformación en la relación del yo con la vida. El verbo “gritando al mundo mi existencia” constituye un acto de afirmación que contrasta con el silencio y el encierro de las partes previas. Sin embargo, esta afirmación no implica una superación total del dolor: el yo sigue bebiendo “tu elixir de agua”, lo que sugiere una dependencia vital respecto a elementos básicos, y la mención de la “estela brillante” dejada “al paso lento de la noche” mantiene presente la memoria del sufrimiento.
4.2. “De los tesoros” y “Encuentro”: regeneración en clave suramericana
El poema “De los tesoros” introduce una dimensión continental a la esperanza:
Cuando la sangre huele a canela
nuestro a.d.n. corre a la espera
con Suramérica y sus batallas
de pie, siempre, en camino al alba
abriendo sus retoños, como un fénix
ave de paraíso, con aroma de canela.
La referencia a “Suramérica y sus batallas” vincula la experiencia personal con una historia colectiva de luchas políticas y sociales. El “a.d.n.” que “corre a la espera” sugiere una memoria genética o cultural que conecta al sujeto con una genealogía de resistencia. La imagen del fénix que “abre sus retoños” introduce una metáfora de renacimiento, mientras que el “aroma de canela” (que reaparece dos veces en el poema) vincula esta regeneración con elementos sensoriales y materiales de la tierra suramericana.
“Encuentro” refuerza esta línea con imágenes de sangre, caña y buganvilias:
Un aroma de sangre
baña los nuevos huesos
mientras la brisa de caña
galopa por el firmamento
y los retoños empalagados de panela
cubren la suave aurora
de las rojas buganvilias.
El “aroma de sangre” que “baña los nuevos huesos” sugiere un proceso de regeneración que no oculta la violencia (“sangre”), sino que la integra en el nacimiento de algo nuevo (“nuevos huesos”). La “brisa de caña” que “galopa por el firmamento” y los “retoños empalagados de panela” introducen elementos de la agricultura campesina y de la economía rural, conectando la esperanza con formas de vida agrarias. Las “rojas buganvilias” que cubren la “suave aurora” ofrecen una imagen de florecimiento que cierra el poema en clave de belleza y de renovación.
4.3. “Volar”: ligereza y memoria selectiva
“Volar” propone una forma de esperanza basada en la posibilidad de desprenderse de ciertos recuerdos:
Desde el filo de una ola
llegué a la luna
a colgar mis anhelos
en uno de sus cachos,
dejando en el otro sándalo y madera,
resbalé
y una blanca gaviota
se llevó mis malos recuerdos,
desde entonces
siempre
canto a la luna.
El gesto de “colgar mis anhelos / en uno de sus cachos” de la luna introduce una dimensión de proyección de deseos hacia el futuro. El hecho de que “una blanca gaviota / se llevó mis malos recuerdos” sugiere una operación de memoria selectiva, en la que ciertos recuerdos pueden ser liberados para permitir que el canto se reanude. Sin embargo, el poema no dice que todos los recuerdos desaparezcan: sólo los “malos recuerdos” son llevados por la gaviota, mientras que otros (el “sándalo y madera”) quedan en la luna.
Este proceso de selección y de liberación parcial de recuerdos resulta coherente con la teoría del duelo de Ricœur, que plantea que el trabajo de duelo no consiste en olvidar, sino en integrar la pérdida de modo que no paralice la vida presente. El canto a la luna que se reanuda “desde entonces / siempre” señala una forma de esperanza que se sostiene en la posibilidad de volver a cantar, aun después de la pérdida.
CAPÍTULO V. CAMPOS SEMÁNTICOS DE VIOLENCIA Y REGENERACIÓN
5.1. Metodología de análisis temático comparado
El análisis de campos semánticos permite identificar núcleos de sentido que se repiten a lo largo del libro y que estructuran la relación entre violencia y regeneración. A partir del corpus privilegiado (“Serpiente azul”, “Solos”, “De los tesoros”, “Un hilo en el tiempo”, “Encuentro”, “Volar”), pueden distinguirse al menos cinco campos semánticos principales:
- Campo de la violencia: cuerpos mutilados, cadáveres, río con “sarcófagos de agua”, “cardúmenes humanos”, “cuerpos de maíz”, “sangre y dólar”, “guerra blanca de silencios”.
- Campo de la naturaleza herida: tierra que tiembla y sangra, flores que se esfuman, plantas que lloran, “paisaje mortuorio”, “aromas de muerte”.
- Campo del duelo: alabaos, llanto, “hadas de piel azul”, muertos que reviven a los vivos, “necropsia”.
- Campo de la regeneración: fénix, retoños, “nuevos huesos”, “aurora”, florecimiento de buganvilias, ballenatos que nacen.
- Campo de la esperanza: canto a la luna, gratitud, “millones de esperanzas”, gaviota que se lleva los malos recuerdos, “gritando al mundo mi existencia”.
Estos campos no se distribuyen de manera homogénea por partes del libro, sino que coexisten en múltiples poemas, creando una trama compleja en la que la devastación y la regeneración se entrelazan.
5.2. Análisis comparado de “Serpiente azul” y “Encuentro”
“Serpiente azul” y “Encuentro” pueden leerse como polos opuestos de un mismo eje semántico. En “Serpiente azul”, el campo de la violencia domina la primera mitad del poema (“con cantos de cuerpos por día, mutilados en dolor / navegando sin memoria en sus sarcófagos de agua”), mientras que la segunda mitad introduce el campo del duelo y la resistencia (“las hadas de piel azul / con sus tímidos alabaos / retornan con sus peces”). Sin embargo, el poema no resuelve la tensión: “por las heridas del río / aún sucumban los cardúmenes humanos / y en su tierra de cosechas / sigan brotando los aromas de muerte.” La palabra “aún” y el verbo “sigan” señalan la persistencia de la violencia, lo que impide un cierre optimista.
En “Encuentro”, por el contrario, el campo de la regeneración ocupa el centro del poema: “Un aroma de sangre / baña los nuevos huesos / mientras la brisa de caña / galopa por el firmamento / y los retoños empalagados de panela / cubren la suave aurora / de las rojas buganvilias.” La “sangre” aparece aquí no como signo de muerte, sino de vida nueva (“baña los nuevos huesos”), y los “retoños” cubren la “aurora” con flores rojas. El tono es afirmativo, y la sintaxis encadenada produce un efecto de flujo continuo que contrasta con las interrupciones y las adversativas de “Serpiente azul”.
Esta comparación permite observar que el libro no sigue una lógica de progreso lineal desde la violencia hacia la esperanza, sino que presenta ambos polos en tensión a lo largo de toda la obra. La esperanza no es una meta alcanzada, sino una posibilidad que se afirma en medio de la devastación.
5.3. “Solos”: la tierra como sujeto de duelo
“Solos” ofrece un caso especialmente relevante para la lectura ecocrítica, ya que presenta a la tierra como un sujeto que sufre, sangra y llora:
Cuando la tierra tiembla, descansa y se limpia
si el aire es puro respira, cual fresca respira
ella sufre cuando está quieta
su dolor la rompe y su sangre la silencia
mientras el rojo y el marrón se mezclan
bañando sus caminos
resbalando al filo de piedra
en corte lento al reverso.
Cuando los aromas se alejan
y las flores se esfuman
sin los dulces gorgojeos
de canarios y tucanes
las plantas lloran su ausencia.
Con este fuego y sus tormentas
un paisaje mortuorio nos acecha
entre polvo y tierra la corneta
con su último silencio emerge
cerrando este milenio.
El poema antropomorfiza a la tierra, atribuyéndole dolor, sangre, respiración y llanto. La expresión “su dolor la rompe y su sangre la silencia” sugiere que la devastación ecológica no es un proceso externo, sino una herida interna de la tierra. La referencia a las plantas que “lloran su ausencia” cuando los canarios y tucanes desaparecen introduce una dimensión de duelo ecológico: las plantas sufren la pérdida de los pájaros, lo que señala la interdependencia de todas las formas de vida.
El cierre del poema (“un paisaje mortuorio nos acecha / entre polvo y tierra la corneta / con su último silencio emerge / cerrando este milenio”) sitúa esta devastación en un horizonte apocalíptico. La “corneta” que emerge “con su último silencio” puede aludirse a la trompeta del Juicio Final o a un instrumento de alerta que ya no suena, lo que refuerza la idea de una catástrofe ecológica que cierra un ciclo histórico.
CAPÍTULO VI. TRANSFORMACIÓN DEL TONO: DE LA LAMENTACIÓN A LA EXHORTACIÓN
6.1. Parte I y II: tonos contemplativos y lamentatorios
En las partes I y II del libro, predominan tonos contemplativos, interrogativos y lamentatorios. Los poemas se estructuran mediante descripciones de estados interiores (“Este existir casi distante”, “Y yo… / ya no me encuentro”), mediante preguntas sin respuesta (“¿Cómo variar este ritmo? / ¿Cómo darle alegría al día?”) y mediante confesiones de dolor (“Esta piel de barrotes no quiere aflojarse / encarnada en mis huesos”).
El uso de la primera persona en singular (“yo”) refuerza la dimensión íntima y subjetiva del dolor, aunque en algunos poemas aparece un “nosotros” que amplía el horizonte hacia una experiencia colectiva (“nos quedamos en la nada”, “condenados al destiempo”). Los verbos predominantes son de estado (ser, estar, quedar) o de percepción (ver, mirar, sentir), más que de acción.
6.2. Parte III: irrupción de voces exhortativas y colectivas
La Parte III introduce un cambio radical en el tono mediante la irrupción de voces exhortativas dirigidas a figuras femeninas y colectivas. “Mujer…” marca este giro con una serie de imperativos (“Mírate al espejo”, “colócate el casco”, “desenfunda tu espada”) que interpelan a una destinataria y la conminan a la acción. El poema “Lejos de casa” adopta un tono profético, anticipando las transformaciones que experimentará la destinataria:
Te hallarás a la vida
destruirás tu consuelo…,
armarás la coraza
con los cristales rotos de tu corazón.
Llorarás…
cuando las voces de la soledad te susurren
en las noches oscuras y quietas.
Tejerás…
con tus recuerdos, el abrigo en las lunas de invierno
hasta que el calor del sol te despierte.
El uso del futuro (“Te hallarás”, “destruirás”, “armarás”, “Llorarás”, “Tejerás”) proyecta un recorrido de transformación que culmina en el poema siguiente, “Renacerás…”:
Afrodita en primavera
en tu cuerpo de armadura
una esfera en tu pupila
alumbrando sabiduría.
La figura de Afrodita, diosa del amor y de la belleza, se combina con la imagen del “cuerpo de armadura”, lo que produce una síntesis entre vulnerabilidad y fortaleza. La “esfera en tu pupila / alumbrando sabiduría” sugiere una transformación de la mirada, que pasa de estar silenciada a convertirse en fuente de luz y conocimiento.
6.3. Parte IV: afirmación, gratitud y canto
La Parte IV consolida este giro hacia la afirmación mediante poemas que celebran la existencia, expresan gratitud y reivindican el canto como forma de resistencia. Ya se ha comentado “Gratitud”, donde el yo declara “te miro vida / sin leyes ni vacíos / pintando corazones de rojo / mientras / yo sigo bebiendo tu elixir de agua / gritando al mundo mi existencia.”
El poema “Poemas” elabora una reflexión metapoética sobre la función de la escritura:
Cuando la luz del día se unió al soneto
la palabra desnuda se volvió eterna
y con su altivez
viajó por los cuatro vientos.
Y al esparcir las treinta y dos letras
en las frías macetas
con miel de abejas
recogí la cosecha en versos.
La imagen de la “palabra desnuda” que “se volvió eterna” sitúa a la poesía en un horizonte de permanencia, mientras que la metáfora agrícola (“al esparcir las treinta y dos letras / en las frías macetas / con miel de abejas / recogí la cosecha en versos”) conecta la escritura con el trabajo de cultivo y de regeneración de la tierra. La escritura se presenta así como una forma de esperanza activa, que siembra, cuida y cosecha.
CONCLUSIÓN
Síntesis de hallazgos
El análisis de Tu silencio desde la perspectiva del dolor, el duelo y la esperanza en clave ecológica y política ha permitido identificar las siguientes articulaciones principales:
- El libro entreteje el dolor personal con la violencia histórica del Chocó, la guerra colombiana, el franquismo y la pandemia, mediante la construcción de un sujeto lírico atravesado por múltiples temporalidades de trauma. Los “cardúmenes humanos” que sucumben en el río del Chocó, los “cuerpos de maíz” de la guerra blanca de silencios y los “hijos del hambre” de “De luto” constituyen figuras de un duelo colectivo que exige reconocimiento político.
- Los paisajes ecológicos (ríos, mar, selva) cumplen una función ambivalente como territorios heridos y como espacios de regeneración. El río funciona simultáneamente como “sarcófago de agua” y como arteria donde retornan las “hadas de piel azul con sus tímidos alabaos”. El mar se presenta como horizonte de esperanza donde nacen los ballenatos y donde “se avista un poema entre olas”. La selva transita de la oscuridad dantesca hacia la luz y la pradera donde “la vida se junta con la luz”.
- El tono del libro se transforma desde formas contemplativas y lamentatorias en las partes I y II hacia registros exhortativos, proféticos y celebratorios en las partes III y IV. Este cambio no implica una superación del dolor, sino una reconfiguración de la relación del sujeto con el sufrimiento, que pasa de la parálisis a la acción, del silencio al grito, de la victimización a la afirmación guerrera.
- El análisis de campos semánticos revela que violencia y regeneración coexisten a lo largo de toda la obra, sin que exista una progresión lineal de la primera hacia la segunda. La esperanza se construye en tensión con la persistencia de la devastación, como se observa en “Serpiente azul”, donde los alabaos retornan pero “aún sucumban los cardúmenes humanos / y en su tierra de cosechas / sigan brotando los aromas de muerte”.
Aportación: ética de la esperanza desde territorios heridos
Tu silencio articula una ética de la esperanza que no niega la devastación, sino que la integra como componente constitutivo de la vida presente. Esta ética se sostiene en tres pilares:
- El reconocimiento del duelo colectivo como exigencia política, especialmente en relación con víctimas invisibilizadas de la violencia en el Chocó y en Colombia.
- La afirmación de la interdependencia entre sujeto humano y territorios ecológicos, entendiendo que el dolor de la tierra es también el dolor del yo, y que la regeneración de uno depende de la regeneración del otro.
- La reivindicación del canto, de la escritura y de las tradiciones culturales (alabaos, fado) como formas de resistencia que permiten sostener la esperanza en medio de la catástrofe.
Esta ética resulta especialmente relevante para integrar la poesía contemporánea en debates sobre memoria histórica y justicia ecológica, ya que muestra que ambas dimensiones no pueden separarse: la justicia para las víctimas de la violencia política es inseparable de la justicia para los territorios devastados, y ambas exigen formas de duelo y de memoria que no se limiten al ámbito humano.
BIBLIOGRAFÍA
Ordóñez Salinas, Nancy. Tu silencio. Primera edición, 2026. Editorial Poesía eres tú.
Butler, Judith. Precarious Life: The Powers of Mourning and Violence. Verso, 2004.
Ricœur, Paul. La memoria, la historia, el olvido. Fondo de Cultura Económica, 2003.
