DAGUERROTIPO
Un loro se incrusta chillando en tus rubios cabellos que son candelabros augustos.
Tú miras azul el anillo de siempre en palabras que atroz voy filmando,
tus versos de niña y tu trenza tan larga repueblan los reinos de Eguren,
tu falda escocesa y tu sueño se llenan de petos brillantes y lanzas-cangrejos,
yo creo haber visto tu rostro callado en el bosque más verde del mundo,
recuerdas mi nombre de imagen que mira tu cuerpo florido,
tú amaste a Tenorio, qué importa, veleta, la vida es un juego nupcial,
es miel de los dioses que alientan el verso más largo que existe,
tus labios soltaban diez mil tempestades, tus ojos tremendas ventiscas,
la cabra del tiempo pacía tranquila en tus dientes perfectos de Venus,
Corrías perdida buscando el abrazo de un hombre muy fuerte, parábola de agua,
cual dos caracolas tus senos ansiaban un fauno silvestre en su geórgica estancia,
quietud soledosa de cóncavas naves anclando en tu dicha portuaria.
Tú fuiste tan bella, engastada en la prisa del reno impulsado en el eco,
mirabas mis manos callando y crecías con ímpetu dulce de vieja campana,
tu boca pronuncia una frase que todo imagina, silencio de nubes,
mancebos soñaron tenerte en sus brazos por mil y una noches cutáneas,
a todos dejabas pendiendo en rizadas guedejas que son candelabros,
perdiste canciones de vida que es luz conjurando el ocaso más triste.
Hoy brilla tu cuerpo de pura pasión y de fiesta barroca con boda anhelante,
mas buscas el centro del hombre que hiciera de ti legendaria belleza,
me miras y callas y el loro se escapa a la rama más alta que tú.
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LA MAR HIELA
Desplomo mi pena imposible en deshielo de tarde azarosa, te anhelo,
tu aliento libera al canario llevando en su pico tu rosa fragante.
Vestías al sol y formabas la luna a partir del mirar que navega,
si tú encarminabas tu boca mi yo deseaba tan sólo potente cintura sextante.
Mar mío, me hielas vacío de lirios que te aman por siempre,
Me riegas la vida de amor de marino en destierro tan lejos,
Tú pintas el mundo en un cuadro vestida con bata azulina,
yo traigo amarillas mil rosas que besas con labios color vino tinto,
mis años pasados los trae en silencio el buen Jove con gracia,
yo coso paciente la tarde y tus libros de lomo perdido,
y tú eres verano en persona que irradia una verde mirada en jardín matinal.
El agua que riega las plantas ya corta la luz y se ve el arco iris.
Tu vientre es de fuego, tus dedos son luz, pero Heráclito fluye,
durazno divino, yo sé tu sabor de metáfora dulce, te he amado,
tus hombros tan dulces, tus besos tranquilos de mente barroca,
yo a veces soñaba que tú buganvilia esplendías con garfios tan tiernos,
mi amor en vigilia callaba tranquilo, contento de sólo mirarte,
hallarte un domingo y tocarte de veras, qué dulce arrebato,
entonces no habría en mi larga memoria el ensueño de verte.
Y sigo esperando una vida callada y entera que pueda tocarte mi anhelo,
de tu arduo pincel he salido y naufrago en tu mano tan pura.
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EPÍTETO DE LA BELLA DURMIENTE
Soy siempre tan tuya y el vuelo del ala me hiere la vida en la almohada
y muerde la arena la espuma, marea a la espuma la luna cantando
de noche sonar de principio y el alma dormida en laureles,
incierto es el hado de muerte y de vida, quién sabe tu suerte,
tu andar de amapola al decir: “si volviera yo a verte”,
tocarte despacio en primera ocasión que se escapa en la puerta,
herida madera crujiendo en termitas arando con siete enanitos,
surcando la tierra y el suelo del sueño cantado en tu beso
morado cual reino vedado al silencio de lecho bañado,
perdido en el libro tan verde de olvido y de siempre,
de siempre cantando cual lirio el fragor de mañana,
mañana florece tu sol de acabares maduro en la rama,
la rama caliente y la sangre de adverbios fecundo y helando
los polos de tuyo de mío y de nadie y del tiempo,
de sueño morado que sueña con tren y un espejo partido en esquirlas,
y vidrio sangrando de imagen dolida y memoria que bebe
los pasos de nadie tocando tu puerta y mi puerta tan siempre y tan tuya.
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PRECIOSA
Tu voz ha quedado atrapada en crepúsculo quieto, mis manos
convocan metáfora dulce que encienda la noche de insomnio.
Yo sé, pitonisa, que todos los pasos que he dado son quieta rapsodia,
amor es canción en el eco, dibujo de lienzo teñido en Egipto,
la lluvia más fría del mundo despierta en el alma las ansias,
un sueño de estrellas despierta en tu pecho batallas muy recias,
yo te iba a buscar por las noches mojadas y el mar resoplaba en la orilla,
vivir es tan fácil cuando uno es tan joven y va en bicicleta de brazos cruzados,
hoy cierro los ojos y busco el recuerdo de aquella sonrisa entusiasta,
perdida en sargazos y bucles que callan su amor de vigía en burbujas,
hoy soy solamente una mano que busca escribir en papel aventura,
tú no eres tu propia y visible hermosura, yo sé que eres dura y atroz,
tus manos son dos cimicarias veloces, llegando se van,
no sé cuántos nombres tuviste ni cuántas miradas distintas,
hoy sé que en mis ojos moraba la magia que en ti creí ver,
mis ojos y mi alma abismada admiraban naranjas, por doradas y esféricas,
la azul juventud es un arco de gozo acechado por Cronos ingenuo y puntual,
de todas las cosas que amé, recuerda que amé sin cansancio tu pura sonrisa,
tus labios de barca tan roja que anclaba en instante dichoso,
hoy busca mi mente cansada una almohada tras clásico vino,
la voz que confirme que el Ser es metáfora dulce, inmortal.
PRECIOSA del libro TU SOMBRA Y LA LIRA de MIGUEL ALFONSO TORRES MORALES Compartir en X