CALIDAD LITERARIA
Voz y Estilo Autorial
La voz poética del Arquipoeta presenta una originalidad radical construida sobre la paradoja: es simultáneamente arcaica y contemporánea, marginal y erudita. Torres Morales construye una falsificación tan meticulosa que la voz resulta auténtica en su artificialidad, creando un personaje lírico de consistencia notable que mantiene su registro a lo largo de todo el poemario.
La autenticidad se manifiesta en la coherencia absoluta del personaje ficticio. El Arquipoeta colonial nunca rompe su caracterización: escribe desde el siglo XVIII peruano con plena conciencia de su marginalidad, combinando fervor místico con indignación política, erotismo neoplatónico con denuncia anticolonial. “Consternados por su prolífica obra, algunos pelucones llegaron incluso a proponer, no sin envidia, que se le cortara los dedos”. Esta anécdota apócrifa del prólogo establece al poeta perseguido como figura auténtica dentro del universo ficcional.
La consistencia tonal es extraordinaria. Desde “La herida de la rosa” hasta “Carta de navegación”, la voz mantiene su elevación retórica barroca, su sintaxis latinizante, su vocabulario arcaizante. Incluso en los pasajes de mayor violencia política —”¡Y nos dejamos cegar por esplendor ficticio!”— el registro no desciende a lo coloquial. Esta rigurosa fidelidad al idiolecto inventado distingue la obra de proyectos similares de ventriloquía histórica.
El registro emocional oscila entre tres tonalidades dominantes que se entretejen sin contradicción aparente. La exaltación erótico-mística alcanza momentos de patetismo extremo: “¡Oh dulce Princesa del Alma, alta mar Amada! / ¡Los Siete Sabios de la Grecia juntos / no podrían describir tus gracias ni agotarlas!”. La melancolía elegíaca domina las secciones donde el tiempo y la ausencia se tematizan: “Profetizo que me muero, y mi cadáver preso de los galgos”. La indignación profética irrumpe en denuncias contra la corrupción virreinal y la Inquisición: “¡Alta Audiencia de Lima, mi fatal Audiencia! / ¡Presumido Parlamento, Analfabeto de Alma!”. La adecuación del tono al contenido es perfecta: cada modulación emocional encuentra su forma expresiva precisa.
Recursos Estilísticos
Las metáforas sensoriales constituyen el tejido conectivo del lenguaje poético. “Tu voz de cierzo y tu grito de alcaparra” transforma experiencia auditiva en táctil (viento cortante) y gustativa (sabor agrio). “A beber las gotas de ámbar higo” convierte el deseo erótico en sed de dulzura viscosa. “Me arde la mirada y es que veo mucho” somatiza la visión profética como dolor físico en los ojos.
La sinestesia literaria aparece sistemáticamente. “Csped tan canoro” atribuye musicalidad a la hierba. “Tu voz de viento” fusiona sonido y movimiento aéreo. “Ojos polvorosos” combina visión con textura mineral. Estas combinaciones sensoriales no son ornamentales sino estructurales: expresan la experiencia mística de unidad donde los sentidos se confunden.
Las anáforas crean efectos de letanía obsesiva. “Profetizo tu boca, tus manos, tus dientes, tu mirada / (…) Profetizo que tú creces”. “Mira mi boca declamante, / mira mi mano estremecida, / mira mi cuerpo principiante”. La repetición reproduce rítmicamente la fijación del enamorado que vuelve compulsivamente sobre el objeto de deseo.
Las enumeraciones acumulativas generan desbordamiento lírico. “¡Oh Audiencia Dulce! ¡Real Belleza Justa! / (…) ¡Oh silueta ciudadana! ¡Santo Domingo y la Merced!”. La proliferación de exclamaciones invocativas produce vértigo, sensación de que el poeta intenta abarcar simultáneamente amada, ciudad, patria, justicia.
Los diálogos poéticos introducen dramatismo en estructuras que podrían ser puramente líricas. “¿Y tú, quién eres, si pregunto? / Eras hilandera de celeste, sentada en la ladera”. El poeta se desdobla en interrogador y testigo, construyendo escenas dialógicas con presencias ausentes. “De mí tú no te enamores, me dijiste / en tu primera frase, ya sabiendo”. La cita de palabras de la amada en discurso directo transforma el poema en memoria dramática de un encuentro.
Estructura y Coherencia
La progresión temática entre secciones sigue una lógica emocional más que narrativa. “La herida de la rosa” establece el núcleo lírico: amor imposible sublimado en anhelo místico, denuncia política como contrapunto. “Carta de navegación” desarrolla la metáfora del viaje marítimo como búsqueda existencial, ampliando la dimensión filosófica. No hay desarrollo lineal sino profundización en espiral: los mismos temas —ausencia, tiempo, memoria, patria— retornan con variaciones.
El equilibrio entre poemas individuales y unidad del conjunto se logra mediante recurrencias simbólicas. La rosa, el mar, la piedra, la navegación funcionan como leit-motifs que unifican textos formalmente diversos. Cada poema puede leerse autónomamente, pero la lectura secuencial revela una red de correspondencias que multiplica los significados.
La secuenciación crea un viaje emocional que va de la exaltación profética inicial —”Profetizo tu boca, tus manos”— a la resignación elegíaca final: “S, Poetas, la vida es una rosa / (…) Ignoraremos de largo el vero nombre de las cosas”. El arco emocional reproduce el ciclo vital: juventud ardiente, madurez combativa, vejez contemplativa. Sin embargo, esta progresión no es estrictamente cronológica: momentos de todas las edades coexisten, creando temporalidad compleja.
ELEMENTOS TÉCNICOS ESPECÍFICOS
Aspectos Formales
El manejo de la métrica revela dominio técnico excepcional. El endecasílabo constituye la columna vertebral: “Profetizo tu boca, tus manos, tus dientes, tu mirada” (11 sílabas). El ritmo endecasilábico clásico alterna con alejandrinos de catorce sílabas: “Yo soy aquel que ayer dulcificara / tus naranjas, tus pomas, tus limones”. Los acentos caen regularmente en 6ª y 10ª del endecasílabo heroico, aunque Torres Morales introduce variaciones deliberadas para evitar monotonía.
La rima presenta patrones irregulares que evocan las silvas renacentistas. Alternan versos con rima consonante y asonante sin esquema fijo: “mirada / enamorada / tarde / dolida” combina asonancia en á-a con consonancia parcial. Esta libertad rítmica dentro de la métrica regular crea efecto de espontaneidad controlada, de pasión contenida por la forma.
El verso libre no aparece: toda la obra se atiene rigurosamente a metros tradicionales. Esta elección radical diferencia el poemario de la producción poética contemporánea mayoritariamente amétrica. La efectividad radica precisamente en la restricción: la métrica funciona como corset que intensifica la expresión, obligando al lenguaje a concentrarse.
El encabalgamiento se emplea con maestría para crear tensión entre unidad métrica del verso y unidad sintáctica de la frase. “Y si ya eres madre o ya estás casada / con Creso rotesildo, verde viejo, / en mayor candor yo sigo amando / al Alma que yo vi por tu mirada”. La frase desborda los límites del verso, arrastrando al lector hacia adelante, reproduciendo rítmicamente el anhelo insatisfecho que tematiza.
Coherencia Interna
La consistencia temática es absoluta. Tres ejes se entrelazan constantemente: amor imposible sublimado, denuncia de la injusticia colonial, reflexión metapoética sobre el acto de escribir. Ningún poema abandona este núcleo temático, aunque la proporción varíe.
El equilibrio entre tensión y calma se gestiona mediante alternancia de pasajes. Los momentos de máxima exaltación —”¡Oh dulce Princesa del Alma!”— alternan con pausas contemplativas: “La luna se deshace en oraciones, / por preservar tu rostro en primavera”. Las diatribas políticas violentas —contra la Inquisición, contra virreyes corruptos— contrastan con secciones de introspección melancólica.
La fluidez de lectura presenta deliberada dificultad. El hipérbaton extremo, el vocabulario arcaizante (“nauegantes”, “cibdad”, “effeto”), las referencias eruditas a Dante, Garcilaso, Petrarca exigen lector cómplice. La accesibilidad no se busca: el poemario rechaza la transparencia comunicativa contemporánea, exigiendo desaceleración, relectura, desciframiento. Esta resistencia formal es coherente con la propuesta estética: el texto imita la opacidad de manuscritos antiguos que requieren paleografía y hermenéutica.
ANÁLISIS DE CONTENIDO TEMÁTICO
Temas Principales y Secundarios
Amor imposible y sublimación mística constituye el eje temático dominante. La amada ausente —identificada alternativamente como “Hispania”, “Princesa del Alma”, “Aldonza”— funciona como objeto de deseo erótico que se transfigura en Idea platónica y presencia divina. “Tú eres la fuerza que los días edifican / con lienzos y cinceles, / eres la fama que el futuro escribe”. El amor terrenal se sublima en amor al absoluto, sin que esta transformación cancele la carnalidad del deseo: “Yo la tomo, como al agua, como vuelo hasta acabarme, / yo la bebo cual la última gota de agua sobre el mundo”.
Tiempo y memoria como fuerzas destructoras y preservadoras simultáneamente. El Arquipoeta obsesiona con la fugacidad: “Todo pasa, y lo que duele duele”. Pero la escritura poética pretende detener el tiempo: “Para que tú permanezcas viva entre mis cejas, / allí, en el centro de mi frente, he de cegarme”. La memoria es herida abierta: “Hélos aquí, los mortales del futuro, / los que danzarán sobre el polvo de mis huesos, / los que nunca sabrán de Arquipoeta”.
Denuncia anticolonial y búsqueda de justicia interrumpe regularmente el discurso amoroso. El poeta increpa a la Inquisición: “Viene la Inquisición, viene el arzobispo mequetrefe, / disfrazado de cuervo negro”. Denuncia la esclavitud: “¿Por qué azotan y mutilan al esclavo / que huye del abuso buscando libertad?”. Ataca la hipocresía eclesiástica: “Aquellos que buscan poseer a Dios y encadenarlo, / sólo quieren dominar a los otros y esquilmarlos”. Esta dimensión política no es añadido externo sino parte integral de la voz profética del Arquipoeta.
Metapoesía y reflexión sobre el lenguaje atraviesa todo el libro. El poeta interroga constantemente la función de la escritura: “¿Qué es la vida? ¿Inquisición persiguiendo pesadillas?”. Tematiza la imposibilidad de nombrar lo absoluto: “Pero tan intensa y fuerte es la Verdad, / que al tratar de explicarla, no podemos, / pergamino que no aguanta”. La escritura es simultáneamente salvación y condena: “Profetizo que a mis versos locos, que a mis versos tristes / los haré víctimas del fuego”.
Identidad criolla y conflicto cultural emerge en la tensión entre lo hispano y lo peruano. El Arquipoeta ama a “Hispania” pero denuncia a España colonial. Reivindica la herencia inca mientras escribe en castellano barroco. Esta doble pertenencia desgarrada define la condición mestiza: “Mi patria fuiste, reflejo de mi Patria Verdadera”.
Profundidad Emocional
La capacidad de crear conexiones emocionales profundas radica en la universalización de experiencias específicas. Aunque el Arquipoeta habla desde el siglo XVIII peruano colonial, sus temas —amor no correspondido, paso del tiempo, búsqueda de trascendencia, indignación ante la injusticia— trascienden su contexto.
Los múltiples niveles de significado se despliegan mediante la alegoría. La amada ausente es simultáneamente mujer real, patria perdida, Idea platónica, presencia divina. El mar representa el océano literal, el exilio, la búsqueda metafísica, el inconsciente. Esta densidad simbólica permite lecturas sucesivas que revelan estratos progresivos de sentido.
La intensidad emotiva se contiene mediante la forma métrica rigurosa. El patetismo extremo del contenido —”¡Quiero llorar, mujer, porque eres la rosa que se arranca!”— se disciplina mediante endecasílabos perfectos. Esta tensión entre emoción desbordante y contención formal evita el sentimentalismo explícito: el dolor se presenta mediado por la elaboración retórica, no en bruto.
TÉCNICAS LITERARIAS DESTACADAS
Recursos Sensoriales
La corporalidad del lenguaje poético transforma toda experiencia en materia palpable. “Es como si me mordiera la rabia del gemido / hecho una nuez de caminatas” convierte emoción abstracta (rabia) en sensación táctil-gustativa (mordedura), contenida en objeto físico (nuez) que acumula tiempo (caminatas).
Las metáforas incorporan sistemáticamente los cinco sentidos. Vista: “tu cabello color vino derramado”. Tacto: “tu cuello y tu voz de viento”. Gusto: “a beber las gotas de ámbar higo”. Olfato: “aroma de tu cuerpo forma un invisible arbotante”. Oído: “csped tan canoro”, “eco que borbota”.
La sinestesia como fusión de sensaciones diferentes aparece constantemente. “Blancor de sal y fogorosa brea” combina percepción visual (blancor), gustativa (sal) y olfativa-táctil (brea ardiente). “Silencio canoro” fusiona ausencia de sonido con musicalidad. “Dulce tu latitud poco saciada” mezcla sabor con dimensión espacial y sensación de insatisfacción.
Estructura Retórica
Las anáforas funcionan como martilleo rítmico que refuerza el contenido semántico. “Profetizo” se repite seis veces en un pasaje, estableciendo al poeta como vidente. “Nombro” se reitera para performatizar el acto de dar existencia mediante la palabra: “La nombro. Nombro tu rosa y no la arranco. / Nombro el alma de tu aroma y la flor que no se olvida”.
Las enumeraciones acumulativas generan efectos de plenitud o de caos según el contexto. La acumulación de atributos positivos: “¡Alma de Juventud! ¡En mar Ánimo puro! / ¡Manantial del Sol! ¡Claridad Alta!” crea sensación de desbordamiento jubiloso. La enumeración de injusticias: “¿Por qué condenan al que posee un gato negro, / a los hechiceros y a las agoreras sin fortuna” produce efecto acumulativo de indignación.
La personificación convierte elementos naturales y abstracciones en agentes dramáticos. “Acecha el tiempo con su brazo torvo, / fingiendo mirar hacia adelante”. “La Muerte sentada sobre roca solitaria, / todos la rehúyen, soledad tan ósea”. “El Mar nos pide la oración callada”. Estas personificaciones no son ornamentales: dramatizan fuerzas impersonales, haciéndolas dialogables.
La antítesis genera contraste conceptual que estructura muchos pasajes. “Soy la imagen de tu vientre, soy el sello de tu ombligo” (unión) vs. “me faltará en tu ausencia la memoria de lo sido” (separación). “Del Malo son las sectas, los divorcios” vs. “Altísimo quiere Concordia Eterna”. Esta retórica binaria reproduce el pensamiento neoplatónico de opuestos complementarios.
El oxímoron como figura de la paradoja mística aparece reiteradamente. “Mudo laúd”, “silencio canoro”, “dulce herida”, “alegre melancolía” expresan contradicciones que la lógica común no puede resolver pero que la experiencia mística y erótica conoce como verdaderas.


