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Monografía académica: intertextualidad paródica y nietzscheana entre así habló zaratustra y así habló arquipoeta como gesto de descolonización epistémica

Olivares Tomás, Ana María. «Monografía académica: intertextualidad paródica y nietzscheana entre así habló zaratustra y así habló arquipoeta como gesto de descolonización epistémica». Así habló arquipoeta. Spain: Zenodo, 21 de diciembre de 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.18006892

LA INTERTEXTUALIDAD PARÓDICA Y NIETZSCHEANA: UN ESTUDIO COMPARATIVO ENTRE ASÍ HABLÓ ZARATUSTRA DE NIETZSCHE Y ASÍ HABLÓ ARQUIPOETA

Monografía Académica

Autor del estudio: Ana María Olivarea Tomás.
Obra analizada: Así habló Arquipoeta (Miguel Torres Morales, ed., 2025)
Marco teórico: Intertextualidad paródica, estudios poscoloniales, filosofía nietzscheana
Fecha: Diciembre de 2025

RESUMEN

La presente monografía examina las relaciones intertextuales entre la obra fundacional de Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra (1883-1885), y el poemario contemporáneo Así habló Arquipoeta (2025), editado por Miguel Torres Morales. Se argumenta que la obra de Torres Morales no constituye una mera imitación o homenaje superficial al texto nietzscheano, sino una apropiación paródica compleja que subvierte los fundamentos filosóficos del proyecto ilustrado europeo para proponer una epistemología alternativa desde la periferia colonial andina. Donde Nietzsche propone el Übermensch como superación del nihilismo europeo mediante el descenso desde la montaña, Torres Morales construye un Arquipoeta mestizo que emerge desde el margen colonial para denunciar las estructuras de poder virreinal y republicano. Esta inversión geopolítica de la profecía filosófica constituye un gesto de descolonización epistémica que utiliza las herramientas formales del colonizador contra su propia hegemonía cultural.

Palabras clave: intertextualidad paródica, Nietzsche, poesía colonial, mestizaje, superhombre, descolonización epistémica, heteronimia.

 

 

  1. INTRODUCCIÓN: EL TÍTULO COMO UMBRAL INTERTEXTUAL

El título Así habló Arquipoeta establece desde su enunciación una relación dialógica explícita con la obra cumbre de Friedrich Nietzsche, Also sprach Zarathustra. Ein Buch für Alle und Keinen (1883-1885). Esta referencia titular no puede ser accidental ni meramente ornamental, sino que funciona como pacto de lectura que invita al receptor a interpretar el poemario de Torres Morales en relación con el texto filosófico-poético del pensador alemán.

La elección del verbo “hablar” en lugar de “decir” o “escribir” remite a la oralidad profética que caracteriza al Zaratustra nietzscheano, quien desciende de su retiro montañoso para predicar la muerte de Dios y el advenimiento del Superhombre. Sin embargo, donde el profeta persa-alemán de Nietzsche se dirige a las multitudes europeas en el ocaso del siglo diecinueve, el Arquipoeta mestizo se dirige a un público virreinal del siglo dieciocho desde la marginalidad colonial peruana.

Esta traslación geográfica, temporal y epistemológica constituye el núcleo de la operación paródica que esta monografía se propone analizar. No se trata de una parodia en el sentido trivial de imitación burlesca, sino en la acepción bajtiniana de dialogismo que incorpora críticamente el discurso ajeno para transformarlo desde dentro. Torres Morales no ridiculiza a Nietzsche, sino que lo reescribe desde la perspectiva de los vencidos de la historia, aquellos que el proyecto ilustrado europeo colonizó precisamente en nombre del progreso que Zaratustra anuncia.

El objetivo de esta investigación es triple. Primero, identificar las estructuras narrativas y retóricas que Así habló Arquipoeta toma de Así habló Zaratustra. Segundo, analizar cómo estas estructuras son subvertidas mediante la inserción de contenido anticolonial, mestizo y específicamente andino. Tercero, evaluar las implicaciones filosóficas de esta subversión: qué tipo de sujeto histórico propone el Arquipoeta frente al Superhombre nietzscheano, y qué modelo de emancipación articula frente al proyecto ilustrado europeo.

La hipótesis central sostiene que Torres Morales construye una intertextualidad paródica que invierte los presupuestos eurocéntricos de la filosofía nietzscheana sin abandonar su potencial crítico. El Arquipoeta emerge como un anti-Superhombre que no supera el nihilismo mediante la voluntad de poder individual, sino mediante la solidaridad con los oprimidos y la denuncia de las estructuras coloniales concretas. Esta inversión constituye un gesto de apropiación cultural que devuelve a Europa su propia filosofía transformada por la experiencia colonial, demostrando que el pensamiento crítico no es patrimonio exclusivo del centro metropolitano.

  1. MARCO TEÓRICO: INTERTEXTUALIDAD, PARODIA Y POSCOLONIALISMO

2.1. La intertextualidad según Kristeva y Bajtín

El concepto de intertextualidad, acuñado por Julia Kristeva a partir de las teorías dialógicas de Mijaíl Bajtín, designa la propiedad fundamental de todo texto literario de constituirse mediante la absorción y transformación de otros textos. En palabras de Kristeva, “todo texto se construye como un mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto”. Esta definición supera la noción tradicional de influencia o fuente, que presupone textos autónomos relacionados externamente, para proponer una concepción del texto como espacio de cruce de múltiples discursos.

Bajtín había introducido el concepto de dialogismo para describir la heteroglosia constitutiva de la novela, género que incorpora múltiples registros discursivos en tensión polifónica. La parodia representa para Bajtín una forma intensificada de dialogismo, donde un discurso cita a otro no para ratificarlo sino para cuestionarlo, creando una distancia crítica que permite la reevaluación de los valores implícitos en el discurso parodiado.

Linda Hutcheon, en A Theory of Parody (1985), distingue entre parodia moderna y posmoderna. La parodia moderna, que incluiría las operaciones vanguardistas del siglo veinte, busca destruir el texto original mediante la burla y el ridículo. La parodia posmoderna, en cambio, establece una relación más ambivalente con su hipotexto: lo critica pero también lo reconoce como fundamento ineludible, creando una tensión productiva entre repetición y diferencia.

Esta distinción resulta crucial para comprender la operación de Torres Morales. Así habló Arquipoeta no ridiculiza a Nietzsche ni pretende destruir su legado filosófico. Más bien, lo reconoce como interlocutor válido mientras expone sus límites eurocéntricos, utilizando su propio aparato retórico y conceptual para articular una crítica que Nietzsche no pudo formular por su posición geopolítica.

2.2. La parodia como estrategia poscolonial

Los estudios poscoloniales, desarrollados a partir de los trabajos fundacionales de Edward Said, Homi Bhabha y Gayatri Spivak, han demostrado cómo la cultura imperial europea se construyó mediante la subordinación epistémica de las colonias. El orientalismo, según Said, no es simplemente un conjunto de prejuicios sobre Oriente, sino un sistema de producción de conocimiento que legitima la dominación colonial al representar al colonizado como esencialmente inferior, inmaduro, necesitado de tutela occidental.

Homi Bhabha introduce el concepto de mimetismo colonial para describir la ambivalencia inherente a la relación entre colonizador y colonizado. El sujeto colonial es obligado a imitar al colonizador (aprender su lengua, sus costumbres, su religión), pero esta imitación nunca es perfecta ni puede serlo, porque su perfección aboliría la diferencia que justifica la colonización. El resultado es un “casi pero no del todo” que genera ansiedad en el colonizador y oportunidad de resistencia para el colonizado.

La apropiación paródica de textos canónicos europeos constituye una estrategia frecuente en la literatura poscolonial. Obras como Wide Sargasso Sea de Jean Rhys (reescritura de Jane Eyre) o Foe de J.M. Coetzee (reescritura de Robinson Crusoe) ejemplifican cómo los escritores poscoloniales reescriben los clásicos metropolitanos desde la perspectiva de los personajes marginales o silenciados, cuestionando las narrativas imperiales sin abandonar completamente las estructuras formales del canon.

Torres Morales participa de esta tradición al reescribir a Nietzsche desde la posición del intelectual mestizo colonial. La elección de Nietzsche como hipotexto resulta estratégicamente significativa: si el filósofo alemán se presentaba como crítico radical de la cultura europea, el Arquipoeta puede demostrar que esa crítica no era suficientemente radical, que dejaba intactas las estructuras coloniales que sostenían materialmente la civilización que Nietzsche pretendía superar.

2.3. El superhombre nietzscheano: génesis y problemas

El Übermensch (Superhombre o Suprahombre) constituye el concepto central de Así habló Zaratustra. Tras anunciar la muerte de Dios, Zaratustra proclama que el ser humano debe ser superado, que es puente hacia algo mayor. El Superhombre representa la culminación de la voluntad de poder, el individuo que ha trascendido la moral de esclavos judeocristiana para crear sus propios valores mediante la afirmación dionisíaca de la vida.

Sin embargo, el concepto presenta ambigüedades y problemas que han generado interpretaciones contradictorias. Los nazis lo instrumentalizaron para justificar su ideología racista, aunque los estudiosos coinciden en que esta lectura distorsiona el pensamiento nietzscheano. Otros intérpretes ven en el Superhombre un ideal estético más que político, la figura del creador-artista que transfigura la existencia en obra de arte.

Lo que resulta incuestionable es el individualismo radical del concepto. El Superhombre es fundamentalmente solitario, se eleva por encima de la masa mediante su voluntad excepcional. La compasión por los débiles constituye un lastre que debe ser abandonado. Esta dimensión aristocrática del pensamiento nietzscheano ha sido objeto de críticas desde perspectivas igualitarias y comunitarias.

Desde una perspectiva poscolonial, el problema del Superhombre reside en su universalismo abstracto. Nietzsche habla del “hombre” y de su superación como si estos conceptos tuvieran el mismo significado en Berlín que en Lima, ignorando que la condición humana está atravesada por jerarquías raciales, coloniales y de género que determinan quién puede aspirar a qué tipo de superación. El Superhombre presupone cierta libertad de autodeterminación que el sujeto colonial no posee.

III. ESTRUCTURAS NARRATIVAS COMPARTIDAS: ZARATUSTRA Y ARQUIPOETA

3.1. El profeta que desciende/emerge para hablar

Así habló Zaratustra comienza con el descenso del protagonista desde su retiro montañoso tras diez años de soledad. Zaratustra ha alcanzado sabiduría que necesita compartir, siente que su copa de conocimiento desborda y debe derramarse sobre los humanos. Este movimiento descendente, de la altura solitaria hacia el valle poblado, estructura toda la obra como peregrinación pedagógica del iluminado entre las masas ignorantes.

El Arquipoeta replica formalmente esta estructura profética, pero invirtiendo su dirección geopolítica. No desciende desde una montaña metafísica europea hacia las ciudades ilustradas, sino que emerge desde la marginalidad colonial andina para increpar a las autoridades virreinales. Su posición de enunciación no es la altura sino la profundidad, no el retiro voluntario sino la exclusión forzada, no la soledad elegida sino el exilio impuesto por la persecución inquisitorial.

El prólogo de Torres Morales contextualiza esta posición: el Arquipoeta fue “considerado monstruo de naturaleza, almario de embustes y publicador de sandeces por la Real Audiencia de Lima”, llegando algunos funcionarios a proponer “que se le cortara los dedos” por su prolífica escritura crítica. Esta violencia material contrasta con la recepción que Zaratustra recibe: aunque incomprendido, nadie amenaza con mutilarlo físicamente. La diferencia marca la distinta posición del filósofo europeo y del intelectual colonial ante el poder.

Ambos profetas emplean el discurso directo, la apóstrofe, la interpelación a un auditorio presente o imaginado. Zaratustra habla a las multitudes del mercado, a sus discípulos, a animales simbólicos. El Arquipoeta se dirige a su amada ausente, a los poetas futuros, a las autoridades corruptas, a Dios mismo. Esta multiplicidad de destinatarios fragmenta la voz profética en múltiples registros que van del erotismo místico a la denuncia política.

3.2. La crítica del presente y el anuncio del futuro

Zaratustra critica el nihilismo europeo, la muerte de Dios que ha dejado un vacío de valores que las masas intentan llenar con el conformismo del “último hombre”. Su profecía anuncia la necesidad de crear nuevos valores mediante la voluntad de poder, de superar la condición humana actual hacia el Superhombre venidero.

El Arquipoeta critica la corrupción colonial específica: la Inquisición que persigue a brujas indefensas mientras ignora a los verdaderos criminales, los virreyes que explotan a indígenas y esclavos, los comerciantes que enriquecen mediante el pillaje, los intelectuales serviles que legitiman el sistema. Su crítica no es abstracta sino concreta, nombra instituciones específicas, denuncia abusos particulares:

“Viene la Inquisición, viene el arzobispo mequetrefe,
disfrazado de cuervo negro,
disfrazado de muerte malvada,
monta en mula y en mulaje,
y me acusa de adorarte y de salvaje”.

La profecía del Arquipoeta también anuncia el futuro, pero no el advenimiento del Superhombre sino la llegada de “los mortales del futuro, los que danzarán sobre el polvo de mis huesos, los que nunca sabrán de Arquipoeta”. Esta profecía es melancólica, anticipa no la gloria póstuma sino el olvido, reconoce que la historia la escriben los vencedores y que su voz será borrada. Sin embargo, el acto mismo de profetizar su olvido constituye una forma de resistencia: al anticiparlo verbalmente, lo conjura parcialmente, deja testimonio que quizá alguien rescatará.

3.3. El lenguaje elevado y arcaizante

Nietzsche escribió Zaratustra en una prosa poética deliberadamente arcaizante que imita el alemán de Lutero y la Biblia. Esta elección estilística no es ornamental sino funcional: el lenguaje arcaico confiere autoridad profética al discurso, lo sitúa en una temporalidad mítica más que histórica, sugiere que las verdades proclamadas trascienden su momento de enunciación.

Torres Morales replica esta estrategia mediante un castellano arcaizante que evoca el Siglo de Oro español pero con peculiaridades que delatan su falsificación deliberada. Grafías como “nauegantes”, “cibdad”, “effeto”, construcciones sintácticas latinizantes con hipérbaton extremo, vocabulario culto poblado de referencias a Garcilaso, Dante, Camões: todo el aparato formal señala hacia un pasado literario prestigioso que el texto simultáneamente invoca y subvierte.

La diferencia crucial reside en que mientras Nietzsche arcaíza para dar autoridad a un pensamiento radicalmente nuevo, Torres Morales arcaíza para dar voz a un pensamiento históricamente silenciado. El arcaísmo nietzscheano es retórico, el arcaísmo del Arquipoeta es arqueológico: pretende rescatar una voz que realmente existió (o pudo existir) pero fue censurada. La falsificación se presenta como restauración, complicando la distinción entre creación e investigación histórica.

  1. INVERSIONES FUNDAMENTALES: DEL SUPERHOMBRE AL ARQUIPOETA MESTIZO

4.1. Individualismo aristocrático versus solidaridad con los oprimidos

El Superhombre nietzscheano es esencialmente aristocrático. Se define por su excepcionalidad, su capacidad de elevarse por encima de la masa mediocre. La compasión por los débiles constituye para Nietzsche un sentimiento decadente heredado del cristianismo que el Superhombre debe superar. La famosa frase “caes, pues yo te empujo” expresa esta ética de la dureza que rechaza el igualitarismo democrático como nivelación degradante.

El Arquipoeta invierte radicalmente esta posición. Su crítica no se dirige a las masas sino al poder, no ataca a los débiles sino que los defiende. Cuando denuncia a la Inquisición, lo hace porque persigue a “los ignorantes”, a quienes poseen “un gato negro”, a “los hechiceros y a las agoreras sin fortuna”, mientras ignora a “los grandes heresiarcas” poderosos. Su indignación es solidaria, se coloca del lado de las víctimas del sistema.

Esta inversión no es accidental sino estructural. El Arquipoeta habla desde la posición del colonizado, del mestizo marginalizado, del intelectual perseguido. No puede proclamar una moral aristocrática de superioridad individual porque el sistema colonial lo ha situado estructuralmente en posición de inferioridad racial. Su resistencia no puede ser individualista porque su opresión no es individual sino sistémica, compartida con todos aquellos a quienes el colonialismo ha subordinado.

El prólogo sitúa al Arquipoeta como figura que “no fue un espíritu ególatra que se autogratifica con el esplendor de las luces alcanzadas”, sino alguien que “sintió una alta responsabilidad y se convirtió en un crítico bastante ingobernable”. Esta caracterización contradice punto por punto el individualismo nietzscheano: la responsabilidad social sustituye a la autosuficiencia aristocrática, la crítica política a la introspección metafísica.

4.2. Voluntad de poder versus denuncia de estructuras coloniales

Para Nietzsche, la voluntad de poder constituye el impulso fundamental de toda vida. El Superhombre es quien afirma su voluntad de poder sin coartadas morales, quien crea valores en lugar de recibirlos pasivamente. Esta doctrina presupone cierta autonomía del individuo respecto a las estructuras sociales: el Superhombre puede revalorizar todos los valores porque su voluntad no está determinada externamente.

El Arquipoeta no predica la voluntad de poder sino que denuncia el poder colonial concreto. No busca crear nuevos valores mediante un acto voluntarista individual, sino defender valores tradicionales (justicia, dignidad, libertad) que el colonialismo viola sistemáticamente. Su crítica no es metafísica sino política, no apunta a la condición humana en general sino al sistema virreinal específico.

Cuando el Arquipoeta increpa: “¿Por qué azotan y mutilan al esclavo que huye del abuso buscando libertad?”, está denunciando una estructura concreta de dominación racial y económica. No se trata de superar la moral esclava mediante un acto de voluntad individual, sino de abolir la esclavitud real mediante transformación de las estructuras sociales. La diferencia es abismal: Nietzsche psicologiza la dominación, el Arquipoeta la materializa.

Esta inversión revela los límites del proyecto nietzscheano desde una perspectiva poscolonial. La doctrina de la voluntad de poder, al abstraer las relaciones de dominación concretas (coloniales, raciales, de género) para situarlas en un plano psicológico-metafísico universal, termina naturalizándolas. Si todo es voluntad de poder, entonces la dominación colonial es simplemente expresión de una voluntad más fuerte, y criticarla sería resentimiento de los débiles.

4.3. Europa como centro versus las Américas como periferia

Zaratustra desciende de su montaña suiza hacia los mercados europeos. Su geografía es la de Europa central y mediterránea, sus referencias culturales son griegas, romanas, alemanas. Aunque Nietzsche admiraba aspectos de otras culturas (especialmente la persa preislámica), su proyecto de transvaloración de valores se dirige exclusivamente a Europa y presupone la centralidad europea en la historia mundial.

El Arquipoeta emerge desde el Perú colonial, específicamente desde Arequipa. Su geografía es andina y oceánica: las cumbres nevadas, el Océano Pacífico, el desierto costero peruano. Sus referencias culturales son mestizas: cita a Garcilaso y Góngora pero también menciona toponimia quechua, alude a Túpac Amaru, incorpora cosmovisión andina.

Esta descentración geográfica no es meramente temática sino epistemológica. Al situar la enunciación profética en la periferia colonial, Torres Morales subvierte la pretensión universalista del discurso filosófico europeo. Demuestra que la “condición humana” de la que habla Nietzsche es en realidad la condición del hombre europeo, y que desde otras posiciones geopolíticas emergen diagnósticos diferentes y proyectos emancipatorios alternativos.

El Arquipoeta ama a “Hispania” pero denuncia a España colonial. Esta ambivalencia reproduce la condición mestiza: pertenencia doble que es también doble alienación. No puede simplemente rechazar la cultura europea porque es parte constitutiva de su identidad como escritor en castellano formado en la tradición del Siglo de Oro. Pero tampoco puede abrazarla acríticamente porque esa cultura llegó a América mediante conquista y dominación.

 

 

  1. EL ARQUIPOETA COMO ANTI-SUPERHOMBRE: PROPUESTA FILOSÓFICA ALTERNATIVA

5.1. La emergencia desde el margen versus el descenso desde la cumbre

La metáfora espacial estructura ambos textos pero con orientaciones invertidas. Zaratustra desciende desde la altura montañosa, movimiento vertical que reproduce la jerarquía entre el filósofo iluminado y las masas ignorantes. El descenso es generoso: el sabio podría permanecer en su retiro pero elige compartir su sabiduría. Esta generosidad presupone superioridad: solo quien está arriba puede descender benévolamente.

El Arquipoeta emerge desde el margen, movimiento horizontal más que vertical. No se sitúa por encima de su pueblo sino entre él, como uno más de los marginados que el sistema colonial subordina. Su palabra no desciende desde una sabiduría autosuficiente sino que brota desde la experiencia compartida de la opresión. No es el filósofo que ha superado la caverna platónica para regresar a iluminar a los prisioneros, sino el prisionero que habla desde su prisión denunciando las cadenas.

Esta diferencia tiene consecuencias epistémicas cruciales. El conocimiento del Arquipoeta no es contemplativo sino situado, no surge del retiro meditativo sino del sufrimiento concreto y la lucha política. No pretende universalidad abstracta sino que asume su particularidad histórica como mestizo colonial perseguido por la Inquisición. Paradójicamente, esta renuncia a la universalidad abstracta le confiere mayor universalidad concreta: su denuncia de la injusticia colonial resuena con todas las luchas contra la opresión.

 

5.2. El mestizaje como condición ontológica frente a la pureza del Superhombre

El Superhombre nietzscheano, aunque nunca definido racialmente por Nietzsche de forma explícita, presupone cierta pureza o integridad del individuo excepcional. Es un ser completo en sí mismo, autosuficiente, que ha logrado la síntesis entre impulsos dionisíacos y apolíneos. Su grandeza reside en su capacidad de autodeterminación total, de ser causa sui de sus propios valores.

El Arquipoeta, en cambio, encarna el mestizaje como condición fundamental. Benigno Miguel María Delatorre Saracatu es “mestizo arequipeño”, lo que significa que su identidad misma está constituida por la violencia colonial del encuentro entre lo español y lo andino. No puede pretender pureza ni integridad porque su existencia misma es producto de la fractura colonial. Esta condición mestiza, lejos de ser deficiencia, se convierte en posición epistémica privilegiada: el mestizo ve ambos mundos, habita la frontera, conoce por experiencia vivida la falsedad de las esencias puras.

El poemario tematiza constantemente esta duplicidad constitutiva. El Arquipoeta escribe en castellano barroco pero incorpora toponimia quechua, cita a Garcilaso de la Vega pero se identifica con Túpac Amaru, ama a Hispania pero denuncia a España. Esta tensión irresuelta no es debilidad sino potencia: le permite moverse entre códigos culturales, traducir entre epistemologías, hablar simultáneamente al colonizador y al colonizado.

Frente al Superhombre como ideal de completitud aristocrática, el Arquipoeta propone el mestizo como realidad de incompletitud productiva. No busca superar su condición mestiza mediante síntesis que resolvería la contradicción, sino que la habita como espacio de crítica. Desde esa posición fronteriza puede denunciar tanto la violencia colonial española como los fundamentalismos identitarios que esencializan lo andino ignorando los siglos de mestizaje efectivo.

5.3. La memoria colectiva versus el olvido activo nietzscheano

Nietzsche proclama en la segunda de sus Consideraciones intempestivas la necesidad del olvido para la vida. El ser humano está sobrecargado de historia, de memoria del pasado que paraliza su capacidad de acción presente. El Superhombre debe practicar el olvido activo, liberarse del peso de la tradición para crear lo nuevo. Esta doctrina alcanza su expresión extrema en la idea del eterno retorno: el Superhombre ama tanto el presente que desearía su repetición eterna, incluyendo todo su dolor.

El Arquipoeta invierte completamente esta relación con el tiempo. Para el sujeto colonial, el olvido no es liberación sino imposición del poder. El colonizador borra sistemáticamente la memoria de los colonizados, destruye sus archivos, quema sus libros, censura sus voces. El prólogo explica que “de Arquipoeta se podría decir lo que Don Marcelino Menéndez y Pelayo asevera de Peralta en su Antología de Poetas Hispanoamericanos: que sus cuantiosas obras nadie las ha visto todas juntas”. Esta dispersión no es accidente sino política deliberada de destrucción de memoria.

En este contexto, la resistencia no puede consistir en olvidar sino precisamente en recordar. El Arquipoeta profetiza a los “mortales del futuro, los que danzarán sobre el polvo de mis huesos, los que nunca sabrán de Arquipoeta, el que escribiera encarcelado las penas y su tierra”. Esta profecía melancólica del olvido es simultáneamente conjuro contra él: al verbalizarlo, deja testimonio que quizá alguien rescatará. El acto mismo de escribir se vuelve resistencia contra el olvido impuesto.

Torres Morales radicaliza esta inversión mediante la estructura misma de su proyecto editorial. Al “rescatar” los textos del Arquipoeta, está practicando la memoria activa que el colonialismo intentó impedir. Que el Arquipoeta sea invención no anula sino que intensifica este gesto: si no existió realmente, debió existir, y al inventarlo Torres Morales está rescatando no a un individuo específico sino a todas las voces coloniales efectivamente silenciadas que el Arquipoeta representa metonímicamente.

5.4. La justicia concreta versus la transvaloración abstracta

El proyecto nietzscheano de transvaloración de todos los valores es fundamentalmente abstracto. No se trata de reformar instituciones específicas o corregir injusticias particulares, sino de transformar radicalmente el fundamento mismo de la valoración moral. Nietzsche no propone leyes más justas sino la superación de la categoría misma de justicia como “resentimiento de los débiles”.

El Arquipoeta, en contraste radical, exige justicia concreta. Cuando pregunta retóricamente: “¿Por qué azotan y mutilan al esclavo que huye del abuso buscando libertad?”, no está cuestionando la categoría metafísica de libertad sino denunciando la práctica específica de tortura de esclavos fugitivos. Su crítica nombra instituciones: la Inquisición, la Real Audiencia, el virreinato. Identifica responsables: el arzobispo, los virreyes, los comerciantes esclavistas.

Esta concreción responde a la diferencia de posición. Nietzsche puede permitirse la abstracción filosófica porque no sufre personalmente las injusticias que critica. Su crítica de la moral cristiana es teórica, intelectual, dirigida a una cultura europea que efectivamente está en crisis de valores. El Arquipoeta, perseguido, encarcelado, amenazado con la mutilación, no tiene el lujo de la abstracción. Las injusticias que denuncia son las que padece en su propio cuerpo y ve padecer a su pueblo.

La diferencia se expresa en el lenguaje mismo. Nietzsche escribe con ironía sofisticada, distancia estética, humor corrosivo. El Arquipoeta escribe con indignación visceral, patetismo barroco, furia profética. Donde Nietzsche dice “Dios ha muerto” con tono casi ligero, como constatación de un hecho cultural, el Arquipoeta increpa: “¡Alta Audiencia de Lima, mi fatal Audiencia! ¡Presumido Parlamento, Analfabeto de Alma!”. La exclamación, el apóstrofe directo, el insulto: recursos retóricos que expresan urgencia política más que especulación filosófica.

  1. LA SUBVERSIÓN DEL ETERNO RETORNO: TEMPORALIDAD COLONIAL VERSUS TIEMPO CÍCLICO

6.1. El eterno retorno como afirmación dionisíaca

La doctrina del eterno retorno constituye el núcleo metafísico de Así habló Zaratustra. Nietzsche propone el experimento mental: si todo lo que ha ocurrido volverá a ocurrir infinitas veces, exactamente igual, ¿desearías vivir tu vida de nuevo eternamente? El Superhombre es quien puede responder afirmativamente, quien ama tanto cada instante de su existencia, incluyendo el sufrimiento, que desea su repetición eterna.

Esta doctrina presupone una concepción circular del tiempo que rechaza el progresismo lineal cristiano-ilustrado. No hay salvación futura, no hay perfeccionamiento gradual de la humanidad, no hay sentido teleológico de la historia. Solo hay el eterno retorno de lo mismo, y la grandeza consiste en afirmar este sinsentido con alegría dionisíaca.

6.2. La temporalidad colonial: repetición como condena

El Arquipoeta también medita sobre la repetición temporal, pero con valencia invertida. La repetición no es objeto de afirmación alegre sino reconocimiento melancólico de que las estructuras de opresión se perpetúan. Cuando escribe: “Porque assí como se fue, assí vendrá todo lo pasado, todo lo ido y lo querido, lo uiuido y lo perdido”, no está celebrando esta circularidad sino lamentándola.

El prólogo contextualiza esta temporalidad colonial afirmando que “la historia de la República ha demostrado que, como entreviera Arquipoeta, la posterior Emancipación sólo ha empeorado las condiciones de vida de los peruanos oprimidos”. Esta constatación devastadora invierte el optimismo ilustrado: la independencia, que debía liberar a los colonizados, simplemente sustituyó unos opresores por otros. La estructura de dominación se repite aunque cambien los actores.

El Arquipoeta profetiza no el advenimiento del Superhombre sino la continuación de la opresión bajo nuevas formas. En “Carta de navegación”, anticipa que las futuras repúblicas americanas seguirán subordinadas a imperios extranjeros: “cada gobierno debió vasallaje al insobornable y despiadado imperio de turno, que reside en mejores edificios que nuestros Palacios Desgobierno”. Esta profecía del neocolonialismo revela una temporalidad cíclica, pero no dionisíaca sino trágica en sentido ordinario: la repetición de la desgracia.

6.3. Escribir contra el olvido como resistencia temporal

Frente a esta temporalidad de repetición opresiva, la escritura poética se convierte en acto de resistencia temporal. El Arquipoeta no puede impedir que la historia se repita, pero puede dejar testimonio que interrumpa la amnesia que naturaliza la opresión. Escribe “para reunir pacífica y simbólicamente los miembros dispersos de la descuartizada alma peruana”, metáfora que evoca simultáneamente el descuartizamiento real de Túpac Amaru y la fragmentación espiritual del pueblo colonizado.

La profecía del Arquipoeta sobre su propio olvido funciona paradójicamente como forma de memoria. Al anticipar que los “mortales del futuro” no sabrán de él, está asegurándose de que al menos este texto testimonie su existencia. La estructura temporal del poemario es compleja: escrito supuestamente en el siglo dieciocho, editado en 2025, habla simultáneamente al pasado colonial, al presente poscolonial y al futuro incierto.

Torres Morales intensifica esta complejidad temporal mediante el dispositivo de la falsificación. Al inventar un poeta del pasado, está creando memoria donde no la había, llenando retroactivamente el vacío que el colonialismo produjo al silenciar las voces críticas. Esta operación responde a una concepción no lineal de la temporalidad: el presente puede modificar el pasado no alterando los hechos objetivos sino cambiando su significado, rescatando potencialidades que quedaron truncadas.

VII. ANÁLISIS TEXTUAL COMPARATIVO: PASAJES EMBLEMÁTICOS

7.1. Las profecías inaugurales

El comienzo de Así habló Zaratustra establece el tono profético: “Cuando Zaratustra tenía treinta años dejó su patria y el lago de su patria y marchó a las montañas. Aquí gozó de su espíritu y de su soledad y durante diez años no se cansó de ello. Pero al fin su corazón se transformó, y una mañana se levantó con la aurora, se puso delante del sol y le habló así: ¡Tú gran astro! ¿Qué sería de tu felicidad si no tuvieras a aquellos a quienes iluminas!”.

El Arquipoeta abre con profecía paralela pero de contenido invertido:

“Profetizo tu boca, tus manos, tus dientes, tu mirada,
tu pronto aparecer, frescura y brillo.
Profetizo que tú creces haciendo del mar y las olas
tu lienzo enamorada”.

Donde Zaratustra anuncia su descenso para iluminar a los humanos con su sabiduría solar, el Arquipoeta profetiza la aparición de la amada ausente. La profecía zaratustriana es pedagógica, la del Arquipoeta es erótica. Esta diferencia no es trivial: señala que el Arquipoeta no se sitúa como maestro que desciende a instruir sino como amante que espera el retorno de lo amado. La relación no es vertical (sabio-ignorante) sino horizontal (amante-amada), aunque atravesada por la ausencia que la hace imposible.

La estructura anafórica “profetizo… profetizo…” replica la repetición característica del estilo zaratustriano, pero el contenido profetizado es radicalmente distinto. Nietzsche profetiza la muerte de Dios y el advenimiento del Superhombre. El Arquipoeta profetiza un cuerpo femenino específico: boca, manos, dientes, mirada. Esta concreción corporal frente a la abstracción conceptual marca diferencias de registro: el Arquipoeta habita el lenguaje barroco de la carnalidad, mientras Zaratustra mantiene cierta austeridad conceptual.

7.2. La crítica de las instituciones

Zaratustra critica instituciones abstractas: el Estado (“el más frío de todos los monstruos fríos”), la Iglesia (guardiana de la muerte de Dios), el mercado (reino del último hombre). Estas críticas son generalizadas, no apuntan a un Estado particular ni a una Iglesia específica sino a las formas institucionales como tales.

El Arquipoeta nombra instituciones concretas del virreinato peruano:

“Viene la Inquisición, viene el arzobispo mequetrefe,
disfrazado de cuervo negro,
disfrazado de muerte malvada,
monta en mula y en mulaje,
y me acusa de adorarte y de salvaje”.

La Inquisición no es aquí concepto abstracto sino institución que lo persigue personalmente. El arzobispo no es figura genérica del poder religioso sino individuo específico que monta en mula (detalle realista que concretiza la escena) y lo acusa de adorar a su amada y de ser “salvaje” (término que revela el racismo colonial que considera al mestizo culturalmente inferior). La crítica es situada, nombra actores específicos en contexto histórico determinado.

Esta diferencia refleja posiciones epistémicas divergentes. Nietzsche puede permitirse la abstracción porque su crítica es teórica, dirigida a diagnosticar crisis civilizacional de Europa. El Arquipoeta no teoriza sobre crisis de valores sino que denuncia injusticias concretas que padece. Su conocimiento no es contemplativo sino testimonial, surge de la experiencia vivida de la persecución.

7.3. El amor como tema

En Así habló Zaratustra, el amor erótico es tema marginal. Zaratustra habla del amor al prójimo (que critica como compasión decadente), del amor fati (amor al destino, aceptación de la necesidad), del amor a la sabiduría. Pero el eros sexual, el deseo corporal específico por otro ser humano, está prácticamente ausente. El Superhombre es fundamentalmente ascético en este sentido, sublima el eros en voluntad de poder.

En Así habló Arquipoeta, el amor erótico es tema central que estructura todo el poemario. La amada ausente —identificada como “Hispania”, “Princesa del Alma”, “Aldonza”— es destinataria constante del discurso. El cuerpo femenino se describe con detalle sensorial: “tu cabello color vino derramado”, “tus manos inmortales y tu mano blanca”, “tu boca grande y tu boca pequeñita”.

Sin embargo, este erotismo nunca se consuma. La amada está ausente, quizá casada con otro, quizá muerta, ciertamente inalcanzable. El deseo se sublima no en voluntad de poder sino en escritura poética, en invocación mística, en denuncia política. La frustración erótica se convierte en energía que alimenta tanto la exaltación lírica como la indignación social.

Esta centralidad del amor contrasta con el ascetismo nietzscheano y revela diferente concepción del sujeto. Para Nietzsche, el Superhombre se define por su autosuficiencia, no necesita al otro. Para el Arquipoeta, el sujeto se constituye en relación con la alteridad amada. La identidad no es autogenerada sino dialógica, surge del reconocimiento mutuo (aunque frustrado) con el otro.

VIII. EL MESTIZAJE EPISTÉMICO: FUSIÓN DE TRADICIONES FILOSÓFICAS

8.1. Neoplatonismo versus materialismo colonial

El Arquipoeta incorpora lenguaje neoplatónico que parece contradecir su materialismo político. Habla de la “Rosa Eterna, clara Idea pura”, de la amada como arquetipo platónico que trasciende sus encarnaciones temporales. Esta retórica idealista podría parecer incompatible con su denuncia concreta de injusticias materiales.

Sin embargo, esta aparente contradicción revela la estrategia mestiza del Arquipoeta. Utiliza el neoplatonismo cristiano que aprendió con los jesuitas (el prólogo menciona que “hizo sus primeras letras con los jesuitas de la Compañía”), pero lo reorienta hacia fines distintos. La “Idea pura” no justifica el desprecio del mundo material sino que proporciona fundamento trascendente para la crítica de la corrupción material. Si existe el Bien platónico, entonces la injusticia colonial es objetivamente condenable, no mera perspectiva subjetiva.

Esta fusión de idealismo filosófico y materialismo político resulta estratégicamente potente. Permite al Arquipoeta disputar al colonizador su propio terreno: utiliza las herramientas conceptuales de la filosofía europea (Platón mediado por el cristianismo) para denunciar las prácticas del colonialismo europeo. Demuestra que la tradición occidental contiene recursos para su propia crítica, que no hay que abandonarla completamente sino reapropiársela críticamente.

8.2. Misticismo español y cosmovisión andina

El poemario cita constantemente la tradición mística española, especialmente San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila. El lenguaje del amor divino, la noche oscura del alma, la herida seráfica: todos estos tópicos místicos estructuran la retórica del Arquipoeta. Sin embargo, estos elementos se hibridan con referencias andinas: toponimia quechua, alusiones a Túpac Amaru, mención del “tucán veraz y del gallito de las rocas” como aves peruanas específicas.

Esta hibridación no es sincretismo superficial sino mestizaje profundo que crea nueva epistemología. El Arquipoeta no es cristiano que se apropia elementos andinos decorativos, ni indígena que mantiene creencias ancestrales bajo fachada católica. Es genuinamente mestizo: habita simultáneamente ambas cosmovisiones, traduce constantemente entre ellas, crea terceros espacios donde pueden coexistir.

El prólogo menciona que el Arquipoeta formuló la “Nueva Regla de Oro del Perú”: “Procede de tal modo que los seres a quienes amas y los seres que te aman (…) en ningún universo tengan motivo para avergonzarse de lo que estás haciendo”. Esta reformulación del imperativo categórico kantiano lo comunitariza: no se trata de universalizar máximas individuales sino de actuar de modo que no deshonres a tu comunidad de pertenencia. El individualismo ilustrado se reescribe desde valores comunitarios andinos.

8.3. Barroco americano como síntesis colonial

El lenguaje del Arquipoeta participa del barroco americano, esa estética específica que surge en las colonias españolas mediante apropiación y transformación del barroco peninsular. Lezama Lima teorizó el barroco americano como “arte de la contraconquista”, estrategia mediante la cual los colonizados se apropian las formas del colonizador para subvertirlas desde dentro.

El Arquipoeta practica este barroco de resistencia. Usa endecasílabos perfectos, silvas renacentistas, hipérbaton gongorino: todo el aparato formal del Siglo de Oro español. Pero lo llena de contenido anticolonial, de denuncia de la explotación, de reivindicación de las rebeliones indígenas. La forma habla la lengua del amo, el contenido habla la lengua del esclavo. Esta tensión es productiva: demuestra que se puede usar la lengua del colonizador contra el colonizador mismo.

Comparado con Nietzsche, quien escribe en prosa poética alemana que imita la Biblia luterana, el Arquipoeta escribe en verso barroco español que imita a Garcilaso y Góngora. Ambos recurren a arcaísmos prestigiosos de sus respectivas tradiciones, pero con funciones diferentes. Nietzsche arcaíza para dar autoridad profética a un pensamiento radicalmente nuevo. El Arquipoeta arcaíza para reivindicar una tradición mestiza que existió pero fue silenciada. El arcaísmo nietzscheano es retórico, el del Arquipoeta es arqueológico con voluntad de rescate.

  1. IMPLICACIONES FILOSÓFICAS Y POLÍTICAS

9.1. Crítica del universalismo abstracto

La comparación entre Zaratustra y el Arquipoeta revela los límites del universalismo abstracto de la filosofía europea. Cuando Nietzsche habla del “hombre” y de su necesaria superación, presupone una condición humana universal abstraída de determinaciones históricas concretas. Esta abstracción permite elaborar diagnósticos generales sobre la crisis de valores europeos, pero al precio de invisibilizar las diferencias estructurales entre posiciones de sujeto.

El Arquipoeta demuestra que no existe “el hombre” en abstracto sino hombres y mujeres situados en relaciones de poder específicas. El mestizo colonial peruano del siglo dieciocho no enfrenta los mismos problemas que el profesor alemán del siglo diecinueve. Para el primero, la “crisis de valores” europea es abstracta y lejana; su problema concreto es la explotación material, la persecución inquisitorial, la exclusión racial. Cualquier proyecto de emancipación debe partir de estas condiciones concretas, no de especulaciones sobre la condición humana universal.

Esta crítica no implica relativismo que renuncie a todo horizonte común. El Arquipoeta defiende valores transculturales como justicia, dignidad, libertad. Pero insiste en que estos valores se materializan de formas específicas en contextos diferentes, y que el universalismo abstracto a menudo funciona como máscara del particularismo europeo. Cuando Europa proclama valores universales mientras practica colonialismo genocida, está demostrando que su universalismo es ideología que legitima su dominación particular.

 

 

9.2. Descolonización epistémica

El proyecto del Arquipoeta constituye ejercicio de descolonización epistémica: reivindicación del derecho del colonizado a producir conocimiento válido desde su propia posición, sin necesidad de mediación europea. Esta reivindicación no implica rechazo total del pensamiento europeo, sino apropiación crítica que lo reelabora desde otras experiencias.

Torres Morales radicaliza esta operación mediante el dispositivo de la falsificación histórica. Al inventar o “rescatar” al Arquipoeta, está interviniendo en el archivo colonial para modificar la narrativa histórica. Si los colonizadores borraron las voces críticas mestizas, él las restaura retroactivamente, no para falsear la historia sino para completarla imaginando lo que debió existir. Esta operación responde a la tesis de que el silencio del archivo no refleja ausencia real sino violencia epistémica que destruyó evidencias.

Edouard Glissant habla del “derecho a la opacidad”, la reivindicación de que el colonizado no tiene que hacerse totalmente transparente y comprensible para el colonizador. El Arquipoeta practica esta opacidad mediante su lenguaje arcaizante y su sintaxis barroca compleja. No simplifica su discurso para hacerlo accesible al lector contemporáneo, sino que mantiene la dificultad formal como forma de resistencia. Exige del lector un trabajo de desciframiento que replica el trabajo de descolonización mental necesario para comprender su perspectiva.

Esta estrategia contrasta con Nietzsche, quien escribe para “todos y ninguno” pero asume que sus lectores potenciales serán europeos cultos. El Arquipoeta escribe para los “mortales del futuro” sin saber si alguien lo leerá, anticipando su propio olvido. Esta incertidumbre sobre la recepción refleja la precariedad del intelectual colonial, cuya palabra puede ser borrada en cualquier momento por el poder censorio. Escribir se vuelve acto de fe, apuesta a que algún lector futuro rescatará el mensaje de la destrucción.

9.3. El sujeto colectivo versus el individuo excepcional

Una de las inversiones más profundas que el Arquipoeta opera sobre Zaratustra concierne a la concepción del sujeto histórico. Para Nietzsche, la historia la hacen los individuos excepcionales, los grandes hombres cuya voluntad de poder transforma civilizaciones. El Superhombre es fundamentalmente solitario, se eleva por encima de la masa mediante su excepcionalidad.

El Arquipoeta, aunque individuo singular, se comprende siempre en relación con su comunidad. El prólogo lo presenta no como genio aislado sino como voz de un colectivo oprimido, alguien cuya escritura busca “reunir pacífica y simbólicamente los miembros dispersos de la descuartizada alma peruana”. Su excepcionalidad no lo separa de su pueblo sino que lo vincula más estrechamente: su don poético lo convierte en portavoz, no en amo.

Esta diferencia responde a distintas concepciones de la agencia histórica. Para Nietzsche, influido por el idealismo alemán, la historia es movida por ideas encarnadas en grandes individuos. Para el Arquipoeta, situado en contexto colonial donde la opresión es estructural y colectiva, la emancipación solo puede ser también colectiva. No hay salvación individual posible mientras el sistema colonial persista. El poeta puede aspirar a mayor lucidez que su pueblo, pero no a salvarse solo: su destino está ligado al destino común.

Esta solidaridad estructural se manifiesta en el lenguaje mismo. Donde Nietzsche emplea constantemente la primera persona singular (“Yo, Zaratustra, el abogado de la vida”), el Arquipoeta alterna entre el yo lírico y el nosotros colectivo. Cuando denuncia la corrupción, pregunta: “¿Por qué no le echan el guante a los grandes heresiarcas, a los Estados Tramadores que malquistan a los pueblos?”. El plural señala que no habla solo por sí sino por todos los que sufren la opresión.

9.4. Temporalidad mesiánica versus eterno presente

Walter Benjamin distingue entre dos concepciones del tiempo histórico: el tiempo homogéneo y vacío del historicismo burgués, que concibe la historia como progreso lineal inevitable, y el tiempo mesiánico de los oprimidos, que espera la irrupción revolucionaria que redima el pasado. El Arquipoeta participa de esta segunda temporalidad.

Su profecía no anuncia progreso gradual sino catástrofe redentora. Profetiza simultáneamente su muerte y el olvido que seguirá, pero también la posibilidad de que algún lector futuro rescate su voz. Esta estructura temporal es mesiánica: el presente está cargado de pasado no redimido que puede actualizarse en cualquier momento futuro. No hay garantía de redención, pero tampoco hay clausura definitiva.

Nietzsche rechaza esta temporalidad mesiánica por considerarla residuo del cristianismo. El eterno retorno sustituye la esperanza en redención futura por afirmación del presente eterno. Pero esta sustitución, desde perspectiva colonial, resulta conservadora: si todo retorna eternamente igual, entonces las estructuras de dominación son eternas e inalterables. El amor fati se convierte en resignación ante la opresión.

El Arquipoeta no puede amar su destino porque su destino es la persecución, el encarcelamiento, la amenaza de mutilación. Su escritura no afirma el presente sino que lo denuncia, no celebra el eterno retorno sino que espera la ruptura revolucionaria. Esta esperanza no es optimismo ingenuo sino apuesta política necesaria: sin esperanza de transformación, la resistencia pierde sentido. El poeta perseguido escribe no porque esté seguro de que lo leerán, sino porque debe actuar como si fuera posible ser leído.

  1. LA PARODIA COMO MÉTODO: ANÁLISIS METATEXTUAL

10.1. El prólogo como marco hermenéutico

El prólogo firmado por Miguel Torres Morales funciona como dispositivo paratextual crucial que condiciona toda la lectura del poemario. Presenta los textos como rescate arqueológico de manuscritos coloniales del siglo dieciocho, contextualizando al Arquipoeta como poeta mestizo perseguido por la Inquisición. Este marco convierte el poemario en documento histórico más que en creación literaria contemporánea.

Sin embargo, el prólogo está atravesado por ambigüedades que sugieren su carácter ficcional. Torres Morales afirma que “de Arquipoeta se podría decir lo que Don Marcelino Menéndez y Pelayo asevera de Peralta (…) que sus cuantiosas obras nadie las ha visto todas juntas”. Esta formulación es reveladora: si nadie ha visto las obras completas, ¿cómo puede afirmar Torres Morales que existen? La imposibilidad de verificación es constitutiva del proyecto.

El prólogo también contiene anacronismos deliberados que delatan su construcción retrospectiva. Menciona que la “posterior Emancipación sólo ha empeorado las condiciones de vida de los peruanos oprimidos”, juicio que solo puede hacerse desde el siglo veintiuno mirando retrospectivamente los dos siglos de vida republicana. Un prólogo realmente del siglo dieciocho no podría hacer esta evaluación. Estos anacronismos señalan que el texto juega conscientemente con temporalidades múltiples.

Esta estructura paratextual replica y subvierte la de Así habló Zaratustra. Nietzsche no incluye prólogo contextual que explique quién es Zaratustra; el profeta aparece directamente en el texto sin mediación editorial. Torres Morales, en cambio, necesita el prólogo porque su profeta es históricamente inverosímil: un mestizo colonial crítico con el imperio que logró escribir extensamente en perfecto castellano barroco. El prólogo hace verosímil lo inverosímil, o más bien: hace productiva la inverosimilitud al convertirla en objeto de reflexión.

10.2. Los epígrafes apócrifos

El poemario incluye epígrafes atribuidos a frailes y tratadistas coloniales ficticios: Fray Luis de las Flores de Nuestra Señora, Fray Joan de las Acquas, Fray Carlos de las Breñas. Estos nombres evocan la onomástica religiosa colonial pero con exceso que delata su fabricación: los nombres son demasiado alegóricos, demasiado perfectos.

Estos epígrafes cumplen función múltiple. Primero, refuerzan la ilusión de autenticidad histórica al sugerir que el Arquipoeta pertenecía a una comunidad intelectual más amplia de pensadores coloniales críticos. Segundo, multiplican las voces del texto, creando polifonía que impide identificar una posición autoral única. Tercero, parodian la erudición académica que acumula referencias y citas para legitimar su discurso.

Uno de los epígrafes, atribuido al “Tratado sobre las Flores” de Fray Luis de las Flores, desarrolla toda una teoría sobre “la herida de la rosa” como metáfora existencial. Este texto filosófico-místico en prosa arcaizante funciona como glosa conceptual del poemario, proporcionando marco interpretativo. Sin embargo, su mismo exceso retórico sugiere invención: ningún fraile colonial escribiría con esta densidad metafórica sobre rosas. La parodia reside en la hipérbole: empuja la retórica barroca hasta un punto donde se vuelve sospechosa de sí misma.

10.3. Las notas al pie como ironía erudita

El poemario incluye ocasionales notas al pie que aclaran términos o proponen lecturas alternativas de versos oscuros. Una nota explica que “Alco” es “el nombre del perro en lengua peruana”, sugiriendo que el “negro perro” mencionado en el poema no se llamaba Argos (como indicaría la tradición clásica) sino Alco. Otra nota aclara que “Abreg explica  Arquipoeta convoca al amor que se pueda sentir por el csmico viento que envuelve a la cambiante luna y duracin le da”.

Estas notas presentan problemas textuales característicos de la filología: variantes de lectura, interpretaciones divergentes entre comentaristas, ambigüedades del original. Pero los comentaristas citados (Abreg, Zorro Morales) son tan ficticios como el Arquipoeta mismo. Torres Morales está creando no solo un poeta apócrifo sino toda una tradición crítica apócrifa que lo interpreta. La falsificación se multiplica recursivamente.

Esta estrategia paródica intensifica la que Nietzsche empleó en Así habló Zaratustra. Nietzsche incluye discursos de Zaratustra que parecen contradictorios, dejando al lector la tarea de interpretación sin guía autoral clara. Pero no añade notas eruditas que simulen objetividad académica. Torres Morales sí lo hace, y precisamente esta simulación revela la operación paródica: al exagerar el aparato erudito hasta lo absurdo, expone cómo la erudición construye autoridad mediante acumulación de referencias que a menudo nadie verifica.

 

 

  1. RECEPCIÓN Y HORIZONTES INTERPRETATIVOS

11.1. Lecturas posibles del poemario

Así habló Arquipoeta admite múltiples lecturas según la posición que el lector adopte ante la cuestión de la autenticidad. Una primera lectura ingenua tomaría el prólogo al pie de la letra y leería los poemas como documentos coloniales rescatados. Esta lectura, aunque improbable dado el contexto editorial contemporáneo, sería perfectamente coherente: el texto no contiene elementos que internamente lo contradigan como documento del siglo dieciocho.

Una segunda lectura cínica desdeñaría toda la operación como mistificación intrascendente, mero juego posmoderno de falsificación sin implicaciones significativas. Esta lectura perdería la dimensión política del proyecto: la invención del Arquipoeta no es gratuita sino que responde a necesidad de dar voz imaginaria a voces realmente silenciadas por el colonialismo.

Una tercera lectura, que propongo como más productiva, reconocería la falsificación como estrategia deliberada de intervención historiográfica y política. El Arquipoeta no existió, pero representa metonímicamente a todos los intelectuales mestizos coloniales que sí existieron y fueron efectivamente censurados. Al inventar uno específico, Torres Morales está reclamando el derecho a completar imaginativamente el archivo colonial, a llenar los vacíos que la censura produjo.

Esta tercera lectura permite ver la relación con Nietzsche no como influencia superficial sino como confrontación filosófica profunda. Torres Morales utiliza la estructura profética zaratustriana para demostrar sus límites eurocéntricos, para mostrar que la “superación del hombre” tiene significados radicalmente distintos desde la posición del colonizado. La parodia se vuelve crítica filosófica en acto.

11.2. El lector implicado

El poemario presupone un lector con competencias culturales específicas. Debe reconocer las referencias a Garcilaso, Góngora, San Juan de la Cruz para captar las alusiones intertextuales. Debe conocer historia colonial peruana para comprender las referencias a Túpac Amaru, la Inquisición limeña, las rebeliones indígenas. Debe familiarizarse con Nietzsche para detectar el diálogo paródico con Así habló Zaratustra.

Este lector implicado es necesariamente culto, probablemente académico o al menos con formación universitaria humanística. El poemario rechaza la accesibilidad inmediata que caracteriza gran parte de la poesía contemporánea, especialmente la difundida por redes sociales. Esta elitismo deliberado puede criticarse como limitación del público potencial, pero también puede defenderse como resistencia contra la banalización del discurso poético.

Torres Morales parece apostar por un lector minoritario pero intenso, capaz de trabajar con el texto en lugar de consumirlo pasivamente. Este lector debe realizar investigación para verificar datos, consultar fuentes para identificar alusiones, releer pasajes para descifrar sintaxis compleja. El proceso de lectura replica el proceso de investigación que supuestamente realizó Torres Morales para “rescatar” al Arquipoeta.

Esta exigencia contrasta con la relación que Nietzsche establece con su lector. Aunque Así habló Zaratustra también es texto denso que requiere relectura, Nietzsche escribe en prosa relativamente accesible (comparada con el verso barroco del Arquipoeta) y sus referencias culturales son más canónicas (Grecia, Roma, Biblia) que las del Arquipoeta. Torres Morales radicaliza la dificultad formal como estrategia de selección del público.

 

11.3. Implicaciones para los estudios literarios

El proyecto de Torres Morales plantea preguntas incómodas para la disciplina literaria. Si el Arquipoeta es invención contemporánea, ¿debe estudiarse como poesía colonial o como poesía del siglo veintiuno? La respuesta no es evidente. Formalmente, replica convenciones del siglo dieciocho. Temáticamente, aborda preocupaciones coloniales. Pero conceptualmente, responde a debates poscoloniales del presente.

Esta indeterminación temporal desafía las periodizaciones convencionales de la historia literaria. El texto habita simultáneamente múltiples épocas, demostrando la artificialidad de las divisiones cronológicas que organizan el canon. Si un texto escrito en 2025 puede ser indistinguible de uno escrito en 1780, ¿qué significa realmente la periodización literaria? ¿Es la historia literaria historia de estilos formales o historia de contextos de producción?

La falsificación también cuestiona el fetichismo de la autenticidad que estructura la práctica editorial y museística. ¿Por qué debería importarnos si el Arquipoeta existió realmente, si los poemas atribuidos a él son literariamente valiosos y políticamente significativos? La obsesión con autenticidad biográfica puede ser residuo romántico que privilegia la expresión individual sobre la calidad textual.

Sin embargo, la cuestión de la autenticidad no puede simplemente descartarse. Hay diferencia ética entre presentar un texto como documento histórico rescatado y presentarlo como invención contemporánea. Torres Morales juega deliberadamente con esta ambigüedad, nunca afirma rotundamente que el Arquipoeta existió pero tampoco admite explícitamente haberlo inventado. Esta ambigüedad calculada es parte de la operación: obliga al lector a interrogar sus propios criterios de verdad y ficción.

XII. CONCLUSIONES: LA PARODIA COMO DESCOLONIZACIÓN

12.1. Síntesis del argumento

Esta monografía ha argumentado que Así habló Arquipoeta constituye una parodia compleja de Así habló Zaratustra de Nietzsche que invierte sus presupuestos filosóficos fundamentales desde una posición epistémica poscolonial. Donde Nietzsche propone el Superhombre como superación individualista del nihilismo europeo mediante la voluntad de poder, Torres Morales construye un Arquipoeta mestizo que practica solidaridad con los oprimidos y denuncia estructuras coloniales concretas.

Las estructuras narrativas compartidas —el profeta que desciende o emerge para hablar, la crítica del presente y anuncio del futuro, el lenguaje elevado arcaizante— se llenan de contenidos invertidos que subvierten el significado original. El descenso zaratustriano desde la montaña europea se invierte en emergencia desde el margen colonial andino. La voluntad de poder se invierte en denuncia del poder colonial. El eterno retorno se invierte en temporalidad mesiánica que espera redención.

Estas inversiones no son arbitrarias sino sistemáticas, responden a la diferente posición geopolítica del colonizado frente al filósofo metropolitano. Donde Nietzsche puede permitirse la abstracción filosófica, el Arquipoeta debe ser concreto porque sufre opresiones específicas. Donde Nietzsche proclama aristocratismo individualista, el Arquipoeta practica solidaridad colectiva porque su opresión es estructural.

 

 

12.2. Aportaciones teóricas

El análisis comparativo ha demostrado la productividad de leer textos poscoloniales en diálogo crítico con el canon filosófico europeo. En lugar de simplemente rechazar a Nietzsche como pensador eurocéntrico o defenderlo acríticamente como genio universal, Torres Morales practica una tercera vía: apropiación paródica que reconoce el valor del pensamiento nietzscheano mientras expone sus límites coloniales.

Esta estrategia ejemplifica lo que Homi Bhabha llama “mimetismo colonial”: el colonizado que imita al colonizador pero con diferencia que subvierte la imitación desde dentro. El Arquipoeta habla como Zaratustra (proféticamente, con autoridad, usando lenguaje elevado) pero dice lo opuesto (defiende a los débiles, denuncia el poder, practica solidaridad). Esta imitación subversiva es más efectiva que el rechazo frontal porque usa las herramientas del amo contra la casa del amo.

La falsificación histórica como estrategia literaria también merece atención teórica. Torres Morales no se limita a inventar un personaje poético (como hacen los poetas con heterónimos) sino que lo sitúa históricamente en época específica, creando toda una arqueología apócrifa. Esta operación plantea preguntas sobre la relación entre literatura e historiografía, entre imaginación y documentación, entre verdad factual y verdad poética.

12.3. Limitaciones del estudio

Esta monografía se ha centrado exclusivamente en la relación intertextual con Nietzsche, pero Así habló Arquipoeta dialoga con muchas otras tradiciones que merecerían análisis separados. La relación con la poesía mística española (San Juan de la Cruz, Santa Teresa) requeriría estudio específico. La inscripción en la tradición del barroco americano (Sor Juana, Espinosa Medrano) merece investigación profunda. La comparación con otros proyectos de heteronimia (Pessoa) o falsificación histórica (Borges) enriquecería la comprensión.

Tampoco se ha analizado en detalle la métrica y la prosodia del poemario, aspectos técnicos cruciales que determinan gran parte de su efectividad estética. Un estudio específico de las formas métricas empleadas, las licencias poéticas, el manejo del encabalgamiento y la cesura proporcionaría comprensión más completa del artificio formal.

Finalmente, falta investigación sobre la recepción efectiva del poemario entre lectores contemporáneos. Esta monografía ha propuesto lecturas posibles basadas en análisis textual interno, pero sería valioso conocer cómo lectores reales (académicos, poetas, público general) han interpretado la obra, si detectan la referencia nietzscheana, cómo valoran la estrategia de falsificación.

12.4. Relevancia contemporánea

Así habló Arquipoeta interviene en debates contemporáneos sobre descolonización epistémica, apropiación cultural, memoria histórica. En momento donde se cuestiona la hegemonía del canon occidental y se reivindican epistemologías alternativas, el proyecto de Torres Morales ofrece modelo de cómo relacionarse críticamente con la tradición europea sin rechazarla totalmente ni aceptarla acríticamente.

La estrategia paródica permite simultáneamente reconocer el valor de Nietzsche como pensador crucial de la modernidad y señalar sus límites coloniales. No se trata de “cancelar” a Nietzsche por eurocéntrico, sino de completar su proyecto crítico incorporando perspectivas que él no pudo o no quiso considerar. Esta actitud dialógica resulta más productiva que el rechazo maniqueo o la celebración acrítica.

El poemario también interroga la distinción entre apropiación cultural legítima e ilegítima. ¿Puede un escritor peruano del siglo veintiuno apropiarse de Nietzsche alemán del siglo diecinueve? ¿Puede inventar un poeta colonial que nunca existió? La respuesta que sugiere el texto es afirmativa: el colonizado tiene derecho a apropiarse y transformar la cultura del colonizador, precisamente porque esa cultura se construyó mediante apropiación violenta de las colonias. La apropiación paródica es forma de justicia poética.

12.5. Prospectiva: futuros del superhombre

La confrontación entre Zaratustra y Arquipoeta plantea finalmente la pregunta: ¿qué futuros son posibles después del anuncio del Superhombre? Nietzsche profetizó la necesidad de superar al ser humano actual, pero su proyecto quedó truncado. El Superhombre sigue siendo promesa incumplida, ideal regulativo más que realidad histórica.

El Arquipoeta sugiere que quizá el Superhombre fue siempre proyecto imposible porque presuponía autonomía individual que las estructuras sociales de dominación (coloniales, de clase, de género, raciales) vuelven inalcanzable para la mayoría. No se puede ser Superhombre cuando el sistema te ha situado estructuralmente como subhumano. La emancipación real requiere transformación de estructuras, no solo transfiguración individual.

Sin embargo, el Arquipoeta tampoco ofrece utopía alternativa completamente desarrollada. Su crítica es más clara que su propuesta constructiva. Denuncia la opresión colonial pero no elabora sistemáticamente qué tipo de sociedad poscolonial debería surgir. Esta incompletitud puede ser limitación o puede ser honestidad: reconocimiento de que el pensamiento se produce en contextos de opresión que limitan la capacidad de imaginar alternativas.

Quizá el legado más importante de Así habló Arquipoeta sea precisamente esta interrogación sin clausura. Al mostrar que la profecía nietzscheana del Superhombre era insuficiente desde perspectiva colonial, abre espacio para profecías alternativas. No proporciona la respuesta definitiva pero formula mejor la pregunta: ¿cómo puede superarse la condición humana cuando esa condición está atravesada por dominaciones estructurales que algunos humanos ejercen sobre otros? La respuesta, si existe, tendrá que emerger de diálogos entre tradiciones filosóficas diversas, no de la imposición unilateral de una sola voz, así sea la voz del genio solitario que desciende de su montaña para instruir a las masas.

BIBLIOGRAFÍA

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