de Claudia Soneira, Ángela. «Monografía académica: construcción del mito del arquipoeta entre ficción y realidad en la poesía colonial peruana». Así habló arquipoeta. Spain: Zenodo, 21 de diciembre de 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.18007472
LA CONSTRUCCIÓN DEL MITO DEL ARQUIPOETA: FICCIÓN Y REALIDAD EN LA POESÍA COLONIAL PERUANA
Monografía Académica
Autor del estudio: Ángela de Claudia Soneira
Obra analizada: Así habló Arquipoeta (Miguel Torres Morales, ed., 2025)
Marco teórico: Teoría del seudónimo, falsificación literaria, paratextualidad
Fecha: Diciembre de 2025
RESUMEN
La presente monografía analiza el complejo dispositivo de falsificación histórica que Miguel Torres Morales despliega en Así habló Arquipoeta (2025) para construir la figura de un poeta mestizo colonial peruano del siglo dieciocho. Mediante el análisis exhaustivo de las contradicciones biográficas, los múltiples prólogos que se contradicen entre sí, las notas al pie que citan comentaristas inexistentes y las apostillas que remiten a ediciones previas igualmente apócrifas, se demuestra que la obra constituye una falsificación deliberada y sofisticada que se inscribe en la tradición hispanoamericana del seudónimo y el autor apócrifo. Lejos de constituir un engaño literario reprochable, esta operación se revela como estrategia de intervención historiográfica que completa imaginativamente el archivo colonial para dar voz a intelectuales mestizos efectivamente silenciados por la censura inquisitorial. La monografía documenta cómo Torres Morales construye no solo un poeta ficticio sino toda una tradición crítica apócrifa que lo interpreta, creando un palimpsesto de voces editoriales y académicas que multiplican la verosimilitud del proyecto mientras simultáneamente señalan su naturaleza ficcional mediante contradicciones calculadas.
Palabras clave: falsificación literaria, paratextualidad, seudónimo, poesía colonial, Arquipoeta, Miguel Torres Morales, editores apócrifos.
- INTRODUCCIÓN: EL PROBLEMA DE LA AUTENTICIDAD
La publicación en 2025 de Así habló Arquipoeta por Editorial Poesía eres tú plantea inmediatamente la pregunta inquietante que toda falsificación literaria debe enfrentar: ¿existió realmente Benigno Miguel María Delatorre Saracatu, conocido como “Arquipoeta Barranquino”, poeta mestizo arequipeño perseguido por la Inquisición limeña en la segunda mitad del siglo dieciocho? La respuesta a esta pregunta no es evidente ni puede ser definitiva, precisamente porque el editor Miguel Torres Morales ha construido un aparato erudito tan elaborado que vuelve imposible la verificación independiente.
El libro se presenta como “primera parte” de las obras del Arquipoeta, compiladas y editadas por Torres Morales tras supuestas décadas de investigación en archivos dispersos entre Lima, Arequipa, París y Bonn. El prólogo del editor afirma que “de Arquipoeta se podría decir lo que Don Marcelino Menéndez y Pelayo asevera de Peralta en su Antología de Poetas Hispanoamericanos: que sus cuantiosas obras nadie las ha visto todas juntas”. Esta afirmación es reveladora en su ambigüedad: si nadie ha visto las obras completas juntas, ¿cómo puede afirmarse que existen? La imposibilidad de verificación es constitutiva del proyecto.
Sin embargo, un análisis textual cuidadoso revela múltiples contradicciones internas que señalan la naturaleza ficcional de la operación. Estas contradicciones no parecen errores involuntarios sino marcas deliberadas que invitan al lector atento a descubrir el juego literario. Torres Morales está construyendo lo que Gérard Genette llamaría una “ficción de segundo grado”: no solo inventa un poeta sino todo el aparato crítico y editorial que supuestamente lo ha rescatado del olvido.
Esta monografía se propone tres objetivos interrelacionados. Primero, documentar sistemáticamente las contradicciones biográficas y cronológicas que traicionan la naturaleza ficcional del Arquipoeta. Segundo, analizar los múltiples prólogos y paratextos que se contradicen entre sí, revelando la construcción deliberada de voces editoriales apócrifas. Tercero, situar el proyecto de Torres Morales en la tradición hispanoamericana del seudónimo y el autor apócrifo, desde los heterónimos de Pessoa hasta las falsificaciones de Borges.
La hipótesis central sostiene que Así habló Arquipoeta constituye una falsificación histórica consciente y sofisticada que utiliza las convenciones del aparato erudito académico (prólogos, notas al pie, referencias cruzadas, ediciones previas) para crear la ilusión de autenticidad mientras simultáneamente señala su propia artificialidad mediante contradicciones calculadas. Esta operación no es mera mistificación posmoderna sino gesto político de completar imaginativamente el archivo colonial, dando voz ficticia a intelectuales mestizos cuyas voces reales fueron efectivamente censuradas.
- MARCO TEÓRICO: FALSIFICACIÓN, PARATEXTUALIDAD Y SEUDÓNIMO
2.1. La falsificación literaria como género
La falsificación literaria tiene una larga tradición en la cultura occidental. Desde los poemas ossiánicos de James Macpherson (1760) hasta las memorias de Rigoberta Menchú cuestionadas por David Stoll, pasando por el célebre caso de los diarios falsos de Hitler, la literatura ha explorado constantemente la frontera entre autenticidad y ficción.
Anthony Grafton, en Forgers and Critics (1990), distingue entre falsificaciones que pretenden engañar permanentemente y aquellas que contienen señales de su propia artificialidad. Las primeras buscan beneficio material o ideológico mediante el fraude sostenido. Las segundas funcionan como experimentos epistémicos que cuestionan nuestros criterios de autenticidad.
Torres Morales participa claramente de esta segunda categoría. Su falsificación es demasiado elaborada, contiene demasiadas contradicciones internas evidentes para ser engaño simple. Funciona más bien como lo que Umberto Eco llamaría “falsificación irónica”: aquella que señala su propia naturaleza ficticia precisamente mediante el exceso de autenticidad.
2.2. La paratextualidad según Genette
Gérard Genette define los paratextos como aquellos elementos que rodean el texto principal condicionando su recepción: títulos, subtítulos, prólogos, epígrafes, notas al pie, ilustraciones, solapas. Estos elementos no son ornamentales sino funcionales: determinan cómo debe leerse el texto.
En el caso de Así habló Arquipoeta, los paratextos cumplen función doble y contradictoria. Por un lado, construyen la ilusión de autenticidad histórica mediante prólogos eruditos, notas filológicas, referencias a ediciones previas. Por otro lado, las contradicciones entre estos paratextos señalan su naturaleza ficcional, invitando al lector a interrogar la distinción entre documento y invención.
Genette distingue entre paratextos autoriales (producidos por el autor) y editoriales (producidos por editores, prologuistas, comentaristas). Torres Morales multiplica ambos tipos: no solo inventa al Arquipoeta sino también a sus editores ficticios (Zorro Morales, Salamiro Morales de la Huaca) y comentaristas inexistentes (Padre Abreg, Abreg comentarista, Morales y Pinto, Noltenius).
2.3. El seudónimo y la heteronimia
El seudónimo constituye práctica literaria antigua que permite al autor distanciarse de su obra por razones diversas: protección política, experimentación estilística, liberación de construcciones identitarias previas. Pero el seudónimo presupone que existe un autor real que firma con nombre falso.
Fernando Pessoa llevó el seudónimo a su culminación lógica con la heteronimia: la creación de autores ficticios con biografías completas, estilos diferenciados y hasta desacuerdos filosóficos entre ellos. Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos no son seudónimos de Pessoa sino personalidades literarias autónomas.
Torres Morales va un paso más allá de Pessoa. No solo crea un heterónimo (el Arquipoeta) sino que lo sitúa históricamente en el siglo dieciocho, creando toda una arqueología textual apócrifa: ediciones previas ficticias, comentaristas inventados, prólogos que se contradicen. Si Pessoa creó poetas contemporáneos suyos, Torres Morales crea un poeta del pasado colonial con toda su tradición crítica.
2.4. La tradición hispanoamericana del autor apócrifo
La literatura hispanoamericana tiene tradición rica de autores apócrifos y falsificaciones eruditas. Jorge Luis Borges inventó escritores inexistentes cuyos libros reseña en detalle: Pierre Menard que reescribe el Quijote, Herbert Quain cuyas novelas policiales describe minuciosamente. Roberto Bolaño inventó poetas viscerralistas mexicanos de los años veinte en Los detectives salvajes.
Estos autores apócrifos no funcionan como engaño sino como reflexión metapoética sobre la autoría, la originalidad y la construcción de tradiciones literarias. Al inventar precursores inexistentes, los escritores latinoamericanos están cuestionando las genealogías culturales impuestas desde las metrópolis europeas.
Torres Morales se inscribe en esta tradición pero con componente político adicional: su falsificación no es meramente literaria sino historiográfica. Al inventar un poeta mestizo colonial crítico con el imperio español, está completando imaginativamente el archivo que la censura inquisitorial efectivamente destruyó. Si estos poetas existieron y fueron silenciados, inventar uno específico es forma de reparación histórica simbólica.
III. CONTRADICCIONES BIOGRÁFICAS: MARCAS DE LA FALSIFICACIÓN
3.1. Fechas incompatibles y anacronismos temporales
La biografía del Arquipoeta que emerge de los diferentes prólogos contiene contradicciones cronológicas que revelan la construcción retrospectiva. El prólogo principal de Torres Morales afirma que “hacia 1785, mientras Immanuel Kant desplegaba sus Crític y su afamado Imperativo Categórico, llegó a formular la Nueva Regla de Oro del Perú”. Sin embargo, la Crítica de la razón práctica de Kant, donde se formula el imperativo categórico, se publicó en 1788, tres años después de la fecha mencionada. Esta aparente imprecisión señala conocimiento retrospectivo que un autor del siglo dieciocho no podría poseer.
El prólogo menciona además que “la historia de la República ha demostrado que, como entreviera Arquipoeta, la posterior Emancipación sólo ha empeorado las condiciones de vida de los peruanos oprimidos”. Este juicio requiere perspectiva de dos siglos completos de historia republicana peruana. Un prólogo realmente escrito por un editor del siglo dieciocho o principios del diecinueve no podría evaluar el resultado de la independencia a largo plazo. Este anacronismo marca claramente la voz del siglo veintiuno que habla retrospectivamente.
Las fechas de las supuestas ediciones previas también presentan problemas. El prólogo a “Carta de Navegación” firmado por Zorro Morales menciona “un rarsimo ejemplar de la edicin primordial (…) impreso evidentemente con bastante desamor en la Calle de las Aldabas, hacia marzo de 1778”. Sin embargo, el epígrafe del libro “La Herida de la Rosa” cita el “Tratado sobre las Flores” de Fray Luis de las Flores, datado en 1778. Torres Morales reconoce oblicuamente este problema: “Sospecho que Arquipoeta Barranquino tuvo que tener acceso a los manuscritos o a las pruebas de galera del Tratado sobre las Flores mucho tiempo antes de su publicacin”. Esta explicación resulta inverosímil y señala más bien que ambas fechas fueron asignadas arbitrariamente sin verificar su coherencia.
3.2. La multiplicación de nombres: identidad fragmentada
El protagonista recibe varios nombres diferentes a lo largo de los textos, creando confusión deliberada sobre su identidad. El prólogo principal lo llama “Benigno Miguel María Delatorre Saracatu”. Pero añade inmediatamente: “A su vuelta , hubo de cambiar su nombre por el de Salamiro Morales de la Huaca”. Este segundo nombre coincide sospechosamente con el de uno de los supuestos editores de ediciones previas: “Salamiro Zorro Morales Delbir”, quien firma el prólogo de la edición facsimilar de 1994.
Esta coincidencia genera ambigüedad: ¿es Salamiro Morales de la Huaca el seudónimo del Arquipoeta perseguido, o es el nombre de un editor posterior? ¿O quizá Torres Morales sugiere que el Arquipoeta editó sus propias obras bajo seudónimo editorial? La confusión parece deliberada, multiplicando las identidades hasta volver imposible determinar quién es realmente el autor histórico.
El prólogo del “Catálogo Razonado de Poetas Peruleros” añade otra variante: “Arquipoeta Barranquino”, sugiriendo que “Arquipoeta” no es seudónimo individual sino apelativo genérico. Esta multiplicación de nombres replica la condición mestiza del personaje: identidad múltiple, fragmentada, que no puede fijarse en una sola designación porque su existencia misma es híbrida.
3.3. Biografías contradictorias entre prólogos
Cada prólogo presenta versión ligeramente diferente de la vida del Arquipoeta, creando narrativa contradictoria que imposibilita reconstruir una biografía coherente. El prólogo principal de Torres Morales afirma: “Al parecer, hizo sus primeras letras con los jesuitas de la Compañía, quienes le concedieron un estipendio extraordinario y lo enviaron a estudiar a Lima. Prosigui sus estudios en San Marcos, pero malquistado con la familia del Rector, no alcanz a graduarse”.
Sin embargo, el prólogo del “Catálogo Razonado” ofrece versión más dramática y contradictoria: tras su formación, el Arquipoeta “Lleg a enfrentarse al famoso pirata Hamilton, fue apresado por los portugueses lacayos de Albin y vendido a la Corona de Espaa. Cincuenta azotes le propinaron en Sevilla”. Esta aventura marítima con piratas y prisión en Sevilla no se menciona en absoluto en el prólogo principal, donde el exilio parece consecuencia directa de su adhesión a Túpac Amaru sin episodios intermedios.
El “Catálogo” añade anécdota inverosímil: “Se arroj al precipicio, emulando al Frailn Saltador, pero no cay en peascos, sino en agua fra y salinosa de pleamar. La imaginacin popular acu a la sazn el dicho ser inmortal como un arquipoeta”. Este detalle folklórico, que atribuye al personaje fama popular suficiente para generar un dicho, contradice la afirmación del prólogo principal de que permaneció ignorado y sus obras dispersas.
Estas contradicciones no parecen descuidos sino estrategia deliberada. Torres Morales está creando lo que en narratología se llama “narrador no confiable”: cada prólogo cuenta historia diferente, ninguna puede tomarse como definitiva, obligando al lector a reconocer que está ante construcción ficcional más que ante documentación histórica.
3.4. Atribuciones imposibles y obras fantasmales
Los diferentes prólogos atribuyen al Arquipoeta corpus de obras que se contradicen entre sí en extensión y contenido. El prólogo principal menciona vagamente “cuantiosas obras” sin especificar. Zorro Morales afirma que “Escribió muchísimos poemas, que hoy transpiran sin registro en los stanos del moderno edificio de la Biblioteca Nacional en Lima”, sugiriendo existencia de archivo completo inaccesible.
Pero las atribuciones específicas varían salvajemente entre prologuistas. El “Catálogo Razonado” afirma: “Zorro Morales le atribuye la Sentida Oracin de Siete Horas por las Almas de los Curas sin Cabeza, as como un Diccionario Arquitextual”. Añade que “Escribió un epistolario de 700 cartas Cartas a la Distancia, dirigido a Natalia, y un comentario apostillar a sus obras, titulado Diario Escribir”. Ninguna de estas obras aparece en la edición de Torres Morales ni se explica dónde están.
Más problemático aún, se mencionan obras con títulos que plagian a poetas posteriores: “Leopardo Torres llega incluso a atribuirle el Consejero de Pecadores” con versos que parecen modernos. Indalecio Nieto le atribuye “Placeres del Archibispo y Travesuras del Cardenal”, títulos que suenan más a sátira decimonónica que a poesía colonial.
Estas atribuciones contradictorias cumplen función doble. Por un lado, crean ilusión de que existió corpus extenso del que Torres Morales solo rescata pequeña muestra. Por otro lado, la inverosimilitud de algunas atribuciones señala que todo el aparato crítico es invención: si Leopardo Torres e Indalecio Nieto pueden atribuir obras anacrónicas al Arquipoeta, es porque Leopardo Torres e Indalecio Nieto no existen como críticos reales sino como voces ficticias creadas por Torres Morales.
- LOS PRÓLOGOS MÚLTIPLES: VOCES EDITORIALES APÓCRIFAS
4.1. Miguel Torres Morales: el editor-autor
El prólogo principal, firmado por Miguel Torres Morales y datado en “Bonn, Noviembre y 1995 AD”, establece el marco de recepción del poemario. Torres Morales se presenta como investigador que desde su infancia escuchó “frases hechas” atribuidas al Arquipoeta (“No vivas del sudor ajeno ni de las lgrimas de los tuyos”) y que dedicó su juventud a “rescatar las obras accesibles de este paisano mo”.
Este prólogo cumple función de establecer credenciales del editor: arequipeño como el supuesto Arquipoeta, familiarizado desde niño con su tradición oral, investigador paciente que reunió materiales dispersos. Sin embargo, contiene elementos que problematizan esta presentación.
Primero, la datación “Bonn, Noviembre y 1995” resulta extraña para un prólogo de un libro publicado en 2025. ¿Por qué un prólogo escrito treinta años antes? Torres Morales sugiere que ha estado trabajando en este proyecto durante décadas, pero no explica por qué el prólogo no se actualizó para la publicación.
Segundo, el prólogo contiene el anacronismo ya mencionado sobre la “historia de la República” que “ha demostrado” el fracaso de la emancipación. Un prólogo genuino de 1995 podría evaluar dos siglos de historia republicana, pero uno supuestamente escrito poco después de la muerte del Arquipoeta en 1785 no podría hacerlo.
Tercero, Torres Morales afirma: “yo me propuse en mi juventud rescatar las obras accesibles de este paisano mo”. Si el prólogo es de 1995 y Torres Morales se propuso esto “en su juventud”, ¿cuándo nació? ¿Cuántos años tenía en 1995? Estos detalles biográficos permanecen deliberadamente vagos, impidiendo verificar la coherencia temporal.
El prólogo de Torres Morales funciona como máscara autoral: se presenta como editor objetivo que rescata documentos históricos, pero las contradicciones internas revelan que es el autor creando la ilusión de ser mero transmisor.
4.2. Salamiro Zorro Morales: el editor decimonónico apócrifo
El fascículo fotocopiado de 1995 incluye prólogo firmado por “Salamiro Zorro Morales Delbir”, presentado como editor de una edición facsimilar de “Carta de Navegación” basada en “un rarsimo ejemplar de la edicin primordial” de 1778 conservado en la Biblioteca Nacional de París.
Este Zorro Morales es figura extraordinariamente ambigua. Su apellido coincide con el seudónimo que supuestamente adoptó el Arquipoeta perseguido (“Salamiro Morales de la Huaca”). ¿Es descendiente del poeta? ¿Es el poeta mismo editando sus obras póstumamente? ¿Es invención completa de Torres Morales?
El prólogo de Zorro Morales reconoce explícitamente haber robado manuscritos: “No crean que soy perfecto. Alguna vez, joven yo, tuve en mis manos algunos fragmentos manuscritos de Carta de Navegacin, y, sin dudarlo, los rob impunemente”. Esta confesión cumple función contradictoria: por un lado, añade realismo mediante imperfección moral del editor; por otro lado, resulta tan inverosímil que un editor confiese públicamente robo que señala la naturaleza ficticia del personaje.
Zorro Morales además proporciona detalles filológicos sobre variantes textuales: “En la editio princeps todava puedo leer, con esfuerzo, el verso inicial (…) Otros prefirieron reemplazarlo”. Cita variantes en ediciones rusas de “Nikolai Alexandrowitsch Morosow” que incluyen versos completamente diferentes. Estas referencias a una tradición editorial internacional del Arquipoeta (¡ediciones en ruso!) resultan tan desproporcionadas para un poeta colonial olvidado que delatan la construcción ficticia.
El prólogo termina con datación específica: “Miguel Torres Morales, octubre de 2025”. Pero este prólogo supuestamente es de Zorro Morales, no de Miguel Torres Morales. La confusión de nombres señala que ambos son máscaras del mismo autor real.
4.3. El “Catálogo Razonado”: la anti-hagiografía como estrategia
El texto más revelador es el extracto del “Catálogo Razonado de Poetas Peruleros” incluido como anexo. A diferencia de los prólogos de Torres Morales y Zorro Morales, que presentan al Arquipoeta positivamente, este catálogo lo denigra sistemáticamente: “Destaca entre los mediocres poetas anteriores a la luz de nuestro genio Vallejo una bastante dudosa y polmica figura”.
El autor anónimo del catálogo acusa al Arquipoeta de ser “un conservador barroco, un desconcertante palabrero” cuyas obras están llenas de “versos aparatosos, sin conexin ni sentido, y el abuso de helenismos” que “las convierte en parodia infeliz de las odas”. Concluye devastadoramente: “Este poeta significa el punto culminante de la decadencia de la poesa colonial, que nunca lleg a ser peruana”.
Esta inclusión de una valoración negativa cumple función sofisticada. Si Torres Morales solo incluyera prólogos elogiosos, el lector sospecharía propaganda. Al incluir crítica despiadada, crea ilusión de objetividad: está presentando todo el espectro de opiniones críticas sobre el Arquipoeta, desde admiradores hasta detractores.
Sin embargo, la crítica misma contiene señales de ser apócrifa. El lenguaje (“nefelibata José Mara Eguren”, “nuestro genio Vallejo”) sitúa al autor en el siglo veinte peruano, probablemente en círculos vanguardistas que despreciaban el barroco colonial. Pero ningún “Catálogo Razonado de Poetas Peruleros” de este tipo se registra en bibliografías especializadas. Como todos los prologuistas anteriores, el autor del catálogo es invención de Torres Morales.
4.4. Prólogos del propio Arquipoeta: la mise en abyme final
El dispositivo más vertiginoso es la inclusión de textos firmados por el propio Arquipoeta. “Arte de Olvidarte” incluye un “Prólogo atribuido al Famoso Pacamaro”, supuestamente Túpac Amaru. “La Barca de los Locos” incluye prólogo filosófico sobre la maldad humana. Y fundamentalmente, se incluye una “Carta del Propio Arquipoeta Barranquino” donde se despide de su amada Natalia.
Esta carta es extraordinariamente conmovedora: “Amada, no es cosa de todos los das que alguien te dedique un verso (…) He vivido demasiado, Natalia, pero he vivido bien. Nunca traicion mis ideales, y nunca podr olvidarte”. Concluye con profecía política: “si el Per se desliga malamente del Reino de las Espaas, s vigilante y avizora (…) no vaya a ser que los cfrades criollos que conspiran en la oscuridad venciendo terminen” imponiendo servidumbre peor.
La inclusión de textos supuestamente del propio poeta crea mise en abyme: el Arquipoeta se convierte en editor de sí mismo, comentando y prologando sus propias obras. Esto complica radicalmente la autoría: si el poeta escribe sobre su propia poesía, ¿dónde termina la creación poética y comienza el comentario crítico? ¿Es Torres Morales quien inventa los poemas y los prólogos, o está rescatando ambos?
La respuesta, por supuesto, es que Torres Morales inventa todo. Pero al crear textos donde el supuesto autor reflexiona sobre su propia obra, está demostrando virtuosismo literario: no solo puede imitar el estilo barroco colonial en los poemas sino también el estilo filosófico-confesional en la prosa del Arquipoeta.
- NOTAS AL PIE Y APOSTILLAS: LA ERUDICIÓN APÓCRIFA
5.1. Comentaristas inexistentes
Las notas al pie del poemario citan constantemente comentaristas que no existen fuera del universo del libro. Una nota explica: “En apostilla se lee Argos. Es más probable que el verdadero nombre del susodicho cuadrpedo haya sido Alco., ya que alco u alju es el nombre del perro en lengua peruviana”. Esta apostilla no identifica quién la escribió, creando voz crítica anónima que comenta el texto.
Otra nota afirma: “Abreg explica Arquipoeta convoca al amor que se pueda sentir por el csmico viento que envuelve a la cambiante luna”. Este “Abreg” aparece en varios contextos: a veces como “Padre Abreg, de la Divina Orden de San Felipe Neri” autor de las supuestas “Crnicas de la Barranca”, otras como comentarista académico moderno.
La multiplicación de un mismo nombre (Abreg) en funciones diferentes (cronista colonial / crítico moderno) sugiere que Torres Morales está creando dinastías ficticias de comentaristas. Como los Buendía de Cien años de soledad que repiten nombres generación tras generación, los comentaristas del Arquipoeta comparten apellidos a través de siglos, creando continuidad ficticia.
Otras notas citan a “Morales y Pinto” sin especificar quiénes son ni cuándo escribieron. Mencionan a “Noltenius” como traductor alemán del Arquipoeta, sugiriendo recepción internacional completamente inverosímil para un poeta colonial olvidado. La acumulación de nombres de comentaristas sin contexto biográfico ni bibliográfico verificable señala que todos son invenciones destinadas a crear la ilusión de una tradición crítica extensa.
Esta estrategia replica la que Borges empleó en “Pierre Menard, autor del Quijote”, donde cita obras inexistentes de Menard incluyendo títulos específicos y detalles editoriales. Al acumular referencias que parecen verificables pero no lo son, se crea efecto de realidad que colapsa en cuanto se intenta verificar cualquier dato.
5.2. Referencias a ediciones previas ficticias
Las notas remiten constantemente a ediciones anteriores del Arquipoeta que no existen fuera del universo del libro. Se menciona una “editio princeps” de 1778, un “facsimilar de la edición original en Potos”, ediciones rusas del siglo diecinueve, una edición facsimilar de 1994 en París.
Estas referencias cumplen función de crear profundidad temporal: sugieren que la obra del Arquipoeta ha circulado durante siglos, ha sido editada múltiples veces, ha generado variantes textuales que los filólogos discuten. Sin embargo, ninguna biblioteca especializada en literatura colonial hispanoamericana registra estas ediciones. La Biblioteca Nacional del Perú no tiene catálogo de obras del Arquipoeta. La Biblioteca Nacional de Francia no conserva el ejemplar que Zorro Morales afirma haber consultado.
La imposibilidad de verificar estas referencias es constitutiva del proyecto. Torres Morales no está cometiendo errores al citar ediciones inexistentes; está deliberadamente construyendo una bibliografía apócrifa que el lector no puede verificar. Cada referencia falsa añade una capa más a la ficción, haciendo más compleja la arqueología textual que habría que realizar para desmontar completamente el engaño.
5.3. Variantes textuales y problemas filológicos
Varias notas discuten variantes entre diferentes ediciones, creando la ilusión de tradición textual compleja. Una nota explica que en algunas versiones un verso dice “yo que nada sé” mientras otras dicen “yo que todo sé”, comentando: “La variante cambia radicalmente el sentido”. Otra nota menciona que “en el manuscrito de Bonn se lee ‘amor de la distancia’ mientras que en el ejemplar de París aparece ‘amor a la distancia'”.
Estas discusiones filológicas imitan el lenguaje de la crítica textual académica, donde se comparan manuscritos y ediciones para establecer el texto más fidedigno. Sin embargo, al ser tanto el manuscrito de Bonn como el ejemplar de París invenciones de Torres Morales, las variantes textuales son también ficticias. No reflejan transmisión histórica real del texto sino la imaginación de un autor contemporáneo que simula los problemas que un texto antiguo habría enfrentado.
Esta estrategia es particularmente sofisticada porque demuestra conocimiento profundo de cómo funcionan realmente las ediciones críticas. Torres Morales no simplemente inventa un texto antiguo; inventa toda la historia de su transmisión, incluyendo las corrupciones, variantes y problemas editoriales que un texto real habría acumulado. La falsificación es tan minuciosa que alcanza verosimilitud casi perfecta.
5.4. La función de las apostillas: la voz crítica anónima
Las apostillas cumplen función peculiar en el aparato paratextual. A diferencia de las notas firmadas por comentaristas identificados (Abreg, Morales y Pinto), las apostillas se presentan como voz crítica anónima, como si fueran glosas marginales acumuladas a lo largo de siglos de lecturas sucesivas.
Una apostilla comenta críticamente: “Mucho de lo que aquí se promete no se cumple en los libros que siguen”, sugiriendo que quien escribe ha leído toda la obra completa del Arquipoeta y puede evaluar si cumplió sus promesas literarias. Otra apostilla corrige interpretaciones: “No se refiere a la muerte física sino a la muerte del amor”.
Estas apostillas anónimas crean efecto de texto que ha sido leído, comentado y glosado por múltiples generaciones. Pero al no identificar quién las escribió ni cuándo, Torres Morales está creando una voz crítica intemporal que atraviesa los siglos. Esta voz podría ser del siglo dieciocho, del diecinueve, del veinte o del veintiuno; su anonimato la vuelve universal y simultáneamente sospechosa.
La estrategia recuerda los textos rabínicos donde un pasaje bíblico acumula comentarios de diferentes épocas, creando palimpsesto donde las voces se superponen sin identificarse claramente. Torres Morales está aplicando este modelo textual rabínico a un poeta colonial inventado, creando la ilusión de que el Arquipoeta ha generado tradición exegética comparable a textos sagrados.
- EPÍGRAFES Y FRAILES APÓCRIFOS
6.1. Fray Luis de las Flores de Nuestra Señora
El libro “La Herida de la Rosa” se abre con extenso epígrafe atribuido al “Tratado sobre las Flores, trovado por Fray Luis de las Flores de Nuestra Señora, en el Convento de San Buenaventura, situado en el balneario de los nuebos Chorrillos, al sur de la cibdad de Lima, capital de las islas del Reino del Perú, 1778, Cap. CLIII”.
Este epígrafe desarrolla elaborada teoría sobre “la herida de la rosa” como metáfora existencial: “tocaremos, y será nuestro más íntimo deseo seguir tocando, como si nostra vida fuera coger una rosa sin atender a sus espinas, como si pinchando nos saliera sangre y alegrías, como si la voz y el ser de los mortales fuera la herida traspasada de dolor, nada más que la herida de una rosa”.
El texto es hermoso, filosóficamente denso, perfectamente ejecutado en castellano arcaizante. Pero Fray Luis de las Flores de Nuestra Señora no existe en los registros de la orden franciscana en Perú. El Convento de San Buenaventura en Chorrillos no aparece en las crónicas conventuales coloniales. Y el nombre mismo resulta sospechosamente alegórico: un fraile llamado “de las Flores” que escribe un “Tratado sobre las Flores” es demasiado perfecto para ser real.
Además, el texto citado está en el “Cap. CLIII”, es decir, el capítulo ciento cincuenta y tres de un tratado. Esto implicaría obra de extensión monumental, comparable a las grandes súmulas teológicas medievales. Que un texto tan voluminoso sobre flores haya desaparecido completamente sin dejar rastro en bibliotecas coloniales resulta inverosímil.
La función del epígrafe es doble. Por un lado, proporciona marco interpretativo para los poemas que siguen: el lector debe entenderlos como variaciones sobre el tema de “la herida de la rosa”. Por otro lado, el epígrafe acredita al Arquipoeta situándolo en diálogo con la tradición mística franciscana. Si Fray Luis de las Flores desarrolló teoría filosófica sobre las rosas, y el Arquipoeta la conocía, entonces el Arquipoeta estaba integrado en círculos intelectuales coloniales legítimos.
6.2. Fray Joan de las Acquas y el bestiario franciscano
Otros frailes apócrifos aparecen en epígrafes dispersos. Se menciona a “Fray Joan de las Acquas” y a “Fray Carlos de las Breñas”, todos con nombres igualmente alegóricos. De las Flores, de las Aguas, de las Breñas: estos nombres evocan la tradición franciscana de adoptar advocaciones naturales (San Francisco de Asís, San Buenaventura), pero llevada a un extremo que resulta paródico.
La acumulación de frailes con tratados filosóficos sobre elementos naturales (flores, aguas, breñas) sugiere que Torres Morales está creando un bestiario o herbario franciscano completo. Estos textos existieron realmente en la tradición medieval y colonial: los frailes escribían tratados moralizantes sobre animales, plantas y fenómenos naturales, interpretándolos alegóricamente como lecciones espirituales.
Sin embargo, ninguno de los tratados citados por Torres Morales aparece en los catálogos de literatura conventual peruana colonial. La Biblioteca del Convento de San Francisco de Lima, que conserva la colección más importante de textos franciscanos coloniales, no registra ni el “Tratado sobre las Flores” ni obras de los otros frailes mencionados.
Esta ausencia no es accidental sino estructural. Torres Morales está inventando toda una literatura conventual paralela, un corpus franciscano apócrifo que habría existido si la censura inquisitorial no hubiera sido tan severa. Al igual que inventa al Arquipoeta como poeta crítico silenciado, inventa frailes cuyas obras teológicas heterodoxas habrían sido destruidas.
6.3. La función de los epígrafes: autoridad y parodia
Los epígrafes cumplen tradicionalmente función de autorizar el texto principal. Al citar autoridades prestigiosas (filósofos, poetas canónicos, textos sagrados), el autor sitúa su obra en tradición noble, sugiriendo que merece ser leída con la misma seriedad.
Torres Morales utiliza epígrafes de forma paródica. Al inventar las autoridades que cita, está exponiendo la función retórica del epígrafe: no importa si Fray Luis de las Flores existió realmente; lo que importa es el efecto de autoridad que su cita produce. El lector que no verifica asume que el fraile existió porque el nombre suena plausible. El lector que sí verifica descubre el engaño y debe replantearse toda su relación con el texto.
Esta estrategia es profundamente borgiana. En “Pierre Menard, autor del Quijote”, Borges cita obras inexistentes de Menard para crear la ilusión de que existió. En “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, fabrica una enciclopedia completa sobre un país ficticio. Torres Morales aplica la misma técnica pero específicamente al contexto colonial peruano: inventa frailes, tratados, conventos, creando una Lima del siglo dieciocho alternativa donde existió un fermento intelectual crítico que la historia oficial no registró.
La parodia no es burlesca sino seria. Torres Morales no se ríe de los frailes coloniales sino que los multiplica imaginativamente, sugiriendo que debieron existir más voces críticas de las que conservamos. La falsificación se vuelve gesto político: si el archivo colonial está incompleto porque la censura lo mutiló, completarlo imaginativamente es acto legítimo de reparación histórica.
VII. LA TRADICIÓN DEL SEUDÓNIMO EN LA LITERATURA HISPANOAMERICANA
7.1. De Sor Juana a Borges: el autor enmascarado
La literatura hispanoamericana tiene tradición rica de autores que se ocultan, multiplican o inventan. Sor Juana Inés de la Cruz firmó algunos textos con seudónimos masculinos para poder participar en debates teológicos vedados a mujeres. Los poetas modernistas adoptaron seudónimos exóticos que los distanciaban de sus identidades burguesas provincianas: Rubén Darío era en realidad Félix Rubén García Sarmiento.
Jorge Luis Borges llevó esta práctica a nivel metafísico. No solo utilizó seudónimos sino que inventó autores completos con biografías, obras y estilos diferenciados. Pierre Menard, Herbert Quain, Carlos Argentino Daneri: estos autores ficticios pueblan los cuentos borgianos como si fueran reales, citándose unos a otros, creando intertextualidad apócrifa.
La diferencia crucial es que Borges nunca pretendió que sus autores apócrifos existieran fuera de la ficción. Pierre Menard aparece en un cuento claramente identificado como ficción. El lector sabe que está leyendo literatura fantástica, no historia literaria. Torres Morales, en cambio, presenta al Arquipoeta en un formato editorial (prólogos eruditos, notas filológicas, ISBN, registro legal) que sugiere no-ficción, documentación histórica.
Esta ambigüedad sitúa a Así habló Arquipoeta en zona liminal entre la literatura y la historiografía. No es claramente ficción como los cuentos de Borges, pero tampoco es documentación histórica verificable. Es lo que podríamos llamar “ficción historiográfica”: uso de las convenciones del discurso histórico para narrar algo que no ocurrió pero pudo haber ocurrido.
7.2. Pessoa y la heteronimia radical
Fernando Pessoa representa culminación de la práctica del seudónimo con su sistema de heterónimos. Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos y Bernardo Soares no son seudónimos en sentido tradicional (un mismo autor firmando con diferentes nombres) sino personalidades poéticas autónomas con biografías, estilos y filosofías diferenciadas.
Pessoa escribió cartas donde sus heterónimos se critican mutuamente, poemas donde responden a los versos de otros heterónimos, hasta horóscopos astrológicos de cada uno. Esta elaboración alcanzó nivel de delirio sistemático: Pessoa no solo inventó poetas sino que vivió como si realmente existieran, manteniendo correspondencia con ellos en su imaginación.
Torres Morales se aproxima a Pessoa en la elaboración del Arquipoeta como personalidad independiente. El Arquipoeta tiene biografía completa, estilo reconocible, filosofía coherente. Pero Torres Morales añade dimensión que Pessoa no exploró: la historización. Los heterónimos pessoanos son contemporáneos de Pessoa, viven en el mismo Portugal del siglo veinte. El Arquipoeta es figura histórica situada dos siglos en el pasado.
Esta historización añade capa adicional de complejidad. Pessoa podía inventar lo que Caeiro pensaba porque ambos compartían contexto contemporáneo. Torres Morales debe imaginar cómo pensaba un mestizo colonial del siglo dieciocho, qué problemas enfrentaba, qué lenguaje usaba. La heteronimia se vuelve ejercicio de imaginación histórica, no solo de multiplicación de la personalidad autoral.
7.3. Bolaño y los poetas inventados
Roberto Bolaño en Los detectives salvajes (1998) inventa toda una generación de poetas mexicanos: los “realvisceralistas” de los años veinte. Presenta testimonios de múltiples personajes que recuerdan a estos poetas, cita sus manifiestos, describe sus aventuras. Sin embargo, los realvisceralistas nunca existieron.
La estrategia de Bolaño es diferente de la de Torres Morales en aspecto crucial: Bolaño sitúa su invención dentro de una novela claramente identificada como ficción. El lector sabe que está leyendo una novela, aunque sea una novela que imita géneros documentales (testimonios, entrevistas, diarios). Torres Morales, en cambio, publica el poemario del Arquipoeta como si fuera edición crítica de obra recuperada, sin marcar explícitamente su naturaleza ficcional.
Sin embargo, ambos comparten motivación política similar. Bolaño inventa poetas marginales de la vanguardia mexicana para cuestionar las genealogías oficiales de la poesía latinoamericana. ¿Por qué conocemos a Octavio Paz pero no a docenas de poetas experimentales que también existieron? Al inventar algunos, Bolaño señala que la historia literaria oficial es selectiva, que muchas voces quedaron fuera.
Torres Morales hace lo mismo con el periodo colonial. Al inventar al Arquipoeta, está sugiriendo que debieron existir intelectuales mestizos críticos con el colonialismo cuyas obras fueron destruidas. Si no conservamos ninguno, es porque la censura fue efectiva, no porque no existieran. Inventar uno es forma de reparar simbólicamente esa ausencia.
7.4. César Aira y la falsificación como método
César Aira ha teorizado sobre la falsificación como procedimiento literario legítimo. En varios textos reflexiona sobre cómo la literatura siempre falsea la realidad, cómo todo realismo es convención retórica. Para Aira, la falsificación explícita es más honesta que el realismo que pretende transparencia.
Torres Morales participa de esta estética de la falsificación consciente. No pretende realmente engañar al lector haciéndole creer que el Arquipoeta existió. Las contradicciones internas son demasiado evidentes para quien lea con atención. Más bien, está invitando al lector a participar en un juego donde sabemos que es falso pero actuamos como si fuera verdadero.
Este pacto de lectura es diferente del que establecen las novelas históricas tradicionales. Una novela histórica inventa diálogos y escenas pero sitúa personajes reales en contextos verificables. Torres Morales inventa el personaje principal pero lo sitúa en contexto histórico real (Inquisición de Lima, rebelión de Túpac Amaru, comercio colonial). La falsificación es selectiva: algunos elementos son reales, otros inventados, y el lector debe discriminar.
Esta mezcla de realidad y ficción es característica de la literatura hispanoamericana desde las crónicas coloniales. ¿Cómo distinguir en las crónicas de Indias entre lo que los cronistas vieron realmente y lo que imaginaron o copiaron de otros textos? Torres Morales está aplicando a la poesía colonial el mismo problema epistemológico que las crónicas plantearon: la imposibilidad de separar completamente documento de invención.
VIII. FUNCIONES POLÍTICAS DE LA FALSIFICACIÓN
8.1. Completar el archivo colonial mutilado
La justificación política central de la falsificación de Torres Morales reside en la naturaleza del archivo colonial. El archivo no es neutro: refleja las relaciones de poder de la época. Los documentos que conservamos son aquellos que el poder colonial permitió conservar. Los textos críticos, las voces disidentes, fueron sistemáticamente destruidos.
La Inquisición de Lima quemó libros, censuró obras, persiguió autores. Los archivos virreinales contienen expedientes de procesos contra intelectuales acusados de herejía, pero las obras por las que fueron procesados raramente sobreviven. Conocemos sus nombres en registros inquisitoriales pero no sus textos. El silencio del archivo no refleja que no existieron sino que fueron efectivamente silenciados.
En este contexto, inventar al Arquipoeta no es mentira sino hipótesis histórica materializada en forma literaria. Torres Morales está diciendo: “Debieron existir poetas mestizos coloniales críticos con el imperio. Si no conservamos ninguno, completaré imaginativamente la laguna inventando uno verosímil”. La falsificación se justifica como reparación del daño que la censura infligió al archivo.
Esta estrategia tiene precedentes en otras disciplinas. Los historiadores practican la “historia contrafactual”: imaginar qué habría pasado si eventos clave hubieran ocurrido diferentemente. Los antropólogos practican la “etnografía especulativa”: imaginar cómo serían culturas alternativas. Torres Morales practica lo que podríamos llamar “filología especulativa”: imaginar qué textos habrían existido si el archivo fuera completo.
8.2. Dar voz a los silenciados
El Arquipoeta representa metonímicamente a todos los intelectuales mestizos coloniales cuyas voces fueron silenciadas. Al inventar uno específico, Torres Morales está creando portavoz imaginario para un colectivo real que efectivamente existió pero no dejó testimonios conservados.
Esta operación responde a pregunta planteada por Gayatri Spivak en su famoso ensayo “¿Puede hablar el subalterno?”. Spivak argumenta que el subalterno colonial no puede hablar en sentido pleno porque el archivo está construido desde perspectiva del colonizador. Toda voz subalterna que nos llega está mediada, filtrada, traducida por instituciones coloniales.
Torres Morales responde a Spivak mediante estrategia paradójica: hace hablar al subalterno inventándolo. El Arquipoeta mestizo, perseguido, encarcelado, amenazado con mutilación, representa al intelectual subalterno colonial. Pero al ser invención, su voz está totalmente controlada por Torres Morales, escritor contemporáneo. ¿Es esto realmente dar voz al subalterno o es ventriloquía?
La tensión es irresoluble y probablemente deliberada. Torres Morales no puede dar voz auténtica al subalterno colonial porque esa voz se perdió irremediablemente. Lo único que puede hacer es crear simulacro: voz que suene verosímil, que articule críticas que el subalterno histórico probablemente habría articulado. El simulacro no es la voz real pero es mejor que el silencio absoluto.
8.3. Descolonización epistémica mediante la falsificación
La falsificación del Arquipoeta constituye acto de descolonización epistémica. Desafía el monopolio que las instituciones académicas metropolitanas tienen sobre la producción de conocimiento histórico legítimo. Torres Morales está diciendo: “No necesito permiso de historiadores europeos para decir qué existió en el Perú colonial. Puedo inventar mi propia genealogía intelectual”.
Esta operación responde a crítica poscolonial del historicismo. Dipesh Chakrabarty argumenta que la historiografía moderna es fundamentalmente eurocéntrica: presupone que Europa es sujeto de la historia mientras las colonias son objetos. La historia “realmente importante” ocurrió en Europa; lo que pasó en las colonias es periférico.
Al inventar un poeta colonial de importancia comparable a Garcilaso o Góngora, Torres Morales está centrando la periferia. Está diciendo que en Lima del siglo dieciocho ocurrían cosas tan significativas filosófica y literariamente como las que ocurrían en Madrid o París. El hecho de que el archivo no lo registre refleja violencia epistémica del colonialismo, no irrelevancia real de lo que ocurría en las colonias.
La falsificación se vuelve así herramienta descolonial. Si los colonizadores controlaron el archivo, los colonizados tienen derecho a reimaginarlo. No se trata de falsificar historia en sentido forense (crear documentos falsos para engañar) sino de practicar lo que Édouard Glissant llama “poética de la relación”: crear ficciones que reordenen las genealogías culturales impuestas.
8.4. La ética de la falsificación: ¿dónde está el límite?
Sin embargo, la estrategia de Torres Morales plantea problemas éticos. Si es legítimo inventar poetas coloniales para completar el archivo mutilado, ¿dónde está el límite? ¿Podría alguien inventar testimonios de esclavos, crónicas de indígenas, cartas de mujeres coloniales? ¿En qué punto la falsificación liberadora se convierte en manipulación irresponsable?
La diferencia crucial reside en la transparencia. Torres Morales no está publicando el Arquipoeta como descubrimiento arqueológico real presentado en revista académica con pretensión de verdad histórica. Lo publica en editorial de poesía, con contradicciones internas evidentes, invitando implícitamente al lector a descubrir el engaño.
Las señales de falsificación son deliberadas: los anacronismos temporales, las contradicciones entre prólogos, los nombres demasiado alegóricos de los frailes. Torres Morales no quiere engañar permanentemente sino crear lo que Umberto Eco llama “falsificación irónica”: aquella que señala su propia naturaleza ficticia precisamente mediante el exceso de autenticidad.
El límite ético reside en la intención. Si la falsificación busca beneficio material (vender manuscrito falso a coleccionista) o político inmediato (justificar política contemporánea con documento inventado), es ilegítima. Si busca reflexión filosófica sobre la construcción de la historia y reparación simbólica de violencias pasadas, puede defenderse como ejercicio literario legítimo.
- CONCLUSIONES: EL ARQUIPOETA COMO NECESIDAD HISTÓRICA
9.1. Síntesis del análisis
Esta monografía ha documentado sistemáticamente la naturaleza apócrifa de Así habló Arquipoeta. El análisis de contradicciones biográficas, prólogos múltiples que se contradicen, notas al pie que citan comentaristas inexistentes y epígrafes de frailes con nombres alegóricos demuestra que Miguel Torres Morales ha construido una falsificación histórica deliberada y sofisticada.
Lejos de constituir engaño reprochable, esta operación se revela como estrategia literaria compleja que dialoga con tradiciones hispanoamericanas del autor apócrifo (Borges, Pessoa, Bolaño) mientras cumple función política de completar imaginativamente el archivo colonial mutilado por la censura inquisitorial.
El Arquipoeta no existió históricamente pero debió existir. Esta afirmación paradójica resume la lógica del proyecto: dado que sabemos que existieron intelectuales mestizos coloniales críticos cuyos textos fueron destruidos, inventar uno específico es hipótesis histórica legítima materializada en forma poética.
9.2. Aportaciones a los estudios literarios
El proyecto de Torres Morales plantea preguntas fundamentales para los estudios literarios contemporáneos. ¿Qué distingue un documento histórico de una invención literaria cuando ambos utilizan las mismas convenciones retóricas? ¿Cómo deben catalogarse obras que deliberadamente confunden las fronteras entre ficción e historiografía?
La respuesta probablemente reside en abandonar la dicotomía simple entre verdad y falsedad para adoptar categorías más matizadas. Así habló Arquipoeta no es verdadero en sentido documental pero es verosímil en sentido histórico. No es falso en sentido de engaño deliberado pero es ficticio en cuanto a autenticidad material. Habita zona liminal que las categorías tradicionales no capturan adecuadamente.
Esta liminitud es característica de gran parte de la literatura hispanoamericana desde las crónicas coloniales. Los cronistas de Indias mezclaban observación empírica con fantasía medieval, testimonios directos con copias de textos ajenos, sin distinguir claramente entre géneros. Torres Morales actualiza esta tradición aplicándola a la poesía colonial: mezcla invención con documentación, crea textos que podrían ser reales aunque no lo sean.
9.3. El Arquipoeta en el contexto de la poesía peruana
La invención del Arquipoeta interviene en debates sobre la construcción del canon poético peruano. La historia literaria oficial salta del barroco colonial español (sin reconocer producción mestiza o criolla autónoma) directamente a los románticos republicanos del siglo diecinueve, para culminar en los vanguardistas del veinte (Vallejo, Eielson, Westphalen).
Esta narrativa borra siglos de producción poética colonial en lengua española producida en el Perú. Torres Morales está diciendo: “Existió poesía colonial peruana significativa que no fue mera imitación de modelos peninsulares”. Al inventar al Arquipoeta como poeta barroco pero con consciencia política anticolonial, está proponiendo genealogía alternativa donde la poesía crítica peruana no comienza con Vallejo sino que tiene raíces coloniales.
Esta intervención historiográfica, aunque basada en personaje ficticio, señala ausencia real en el archivo. Si el Arquipoeta no existió, otros como él probablemente sí existieron pero no dejaron obra conservada. La invención sirve como marcador del vacío, como señal de que falta algo en la historia literaria que nos han contado.
9.4. Límites y problemas del proyecto
Sin embargo, el proyecto de Torres Morales no está exento de problemas. El principal reside en la ambigüedad ética de la falsificación. Aunque las contradicciones internas señalan la naturaleza ficticia, lectores no especializados podrían tomar el Arquipoeta como personaje histórico real. De hecho, varios blogs y reseñas iniciales lo presentaron como “rescate” sin cuestionar su autenticidad.
Esta recepción ingenua plantea responsabilidad del autor. ¿Debería Torres Morales haber incluido aviso explícito de que el Arquipoeta es invención? ¿O mantener la ambigüedad es parte legítima del experimento literario? La respuesta no es evidente y depende de concepciones éticas sobre los deberes del autor hacia sus lectores.
Otro problema es la posible trivialización del sufrimiento histórico real. Al inventar persecución inquisitorial del Arquipoeta, Torres Morales está usando materiales de violencia colonial real como materia prima literaria. Personas reales fueron efectivamente torturadas, encarceladas y quemadas por la Inquisición limeña. Convertir esto en ficción poética podría verse como apropiación insensible de trauma ajeno.
La defensa sería que precisamente porque la violencia fue real y sus víctimas olvidadas, inventar una víctima ficticia que les dé voz es acto de memoria, no de trivialización. El Arquipoeta como personaje de ficción puede decir cosas que las víctimas reales no pudieron decir porque fueron silenciadas. La ficción se vuelve así vehículo de memoria histórica, no su negación.
9.5. Prospectiva: futuros de la falsificación literaria
El proyecto de Torres Morales abre posibilidades para falsificaciones similares en otros contextos. ¿Podrían escritores africanos inventar intelectuales coloniales cuyas obras fueron destruidas? ¿Podrían escritoras feministas inventar filósofas medievales cuya producción fue atribuida a hombres? ¿Podrían autores indígenas inventar sabios precolombinos cuyo conocimiento se perdió?
Estas operaciones serían legítimas si se realizan con la misma sofisticación que Torres Morales: creando textos verosímiles pero señalando su naturaleza ficticia mediante contradicciones internas, situando la invención dentro de reflexión filosófica sobre la construcción de la historia, justificando la falsificación como reparación de violencia epistémica.
El riesgo es la proliferación de falsificaciones irresponsables que pretendan engañar permanentemente o que trivialicen sufrimientos reales. La frontera entre falsificación liberadora y manipulación irresponsable es tenue y requiere discusión ética continuada. Pero el experimento de Torres Morales demuestra que, bajo ciertas condiciones, la falsificación puede ser herramienta legítima para interrogar la construcción de la historia y dar voz imaginaria a los silenciados.
9.6. Conclusión final: la verdad de la ficción
Así habló Arquipoeta plantea finalmente pregunta filosófica sobre la relación entre verdad y ficción. ¿Es más verdadero un documento auténtico que silencia aspectos importantes de la realidad histórica, o una ficción que captura verdades esenciales aunque no sea factualmente exacta?
El Arquipoeta no existió factualmente pero es verdadero en sentido más profundo: captura la experiencia real de intelectuales mestizos coloniales perseguidos, articula críticas al colonialismo que efectivamente se formularon aunque no conservemos sus textos, expresa el dolor del exilio y la marginación que personas reales padecieron.
Esta “verdad de la ficción” es diferente de la verdad documental pero no necesariamente inferior. La literatura ha sostenido siempre que puede acceder a verdades sobre la condición humana que la historia factual no alcanza. Torres Morales lleva esta reivindicación al límite: crea documento histórico falso que sin embargo dice verdades históricas que los documentos auténticos callaban.
El Arquipoeta, entonces, es necesidad histórica materializada en forma poética. Necesario no en sentido de que existió realmente sino de que su existencia habría sido coherente con lo que sabemos sobre el periodo colonial. Al inventarlo, Torres Morales no está falsificando la historia sino completando sus silencios, dando forma verbal a ausencias que el archivo registra pero no puede llenar con documentos auténticos.
Esta operación sitúa Así habló Arquipoeta en tradición literaria hispanoamericana que siempre ha entendido la ficción como forma de conocimiento histórico alternativa. Desde las crónicas de Indias hasta el realismo mágico, la literatura latinoamericana ha sostenido que la verdad histórica no se agota en documentos verificables. A veces, inventar es forma más honesta de recordar.
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