TÉCNICAS LITERARIAS EN ‘PARAJES IMPARES’
Parajes Impares despliega unas técnicas poéticas de poemario contemporáneo español que merecen ser leídas con atención de artesano, no solo de lector. Mia Reig — perfil disponible en [nuestrosescritores.com/mia-reig/] — construye un libro donde los cinco sentidos actúan como instrumentos de precisión emocional. El eje técnico central del poemario es la variación temática sostenida: amor, pérdida, tiempo, muerte y solidaridad se tratan desde perspectivas siempre distintas, mientras un campo semántico del viaje — paraje, sendero, camino, ruta — actúa como hilo conductor silencioso.
Este documento analiza las herramientas que usa Reig para construir el poemario.
- METÁFORAS SENSORIALES
Vista y color
La vista es el sentido más cargado de Reig, pero no trabaja con imágenes pasivas. Los colores en Parajes Impares son activos, tienen temperatura moral.
En “Día azul plateado”, el cambio cromático del día estructura la transformación emocional completa: “Era un día rojo dorado, / tuve la impresión de que / mi mejor enemiga / me empujaba con sabiduría / hacia el foso oscuro de la muerte. / El día cambió al azul plateado”. El rojo-dorado nombra la amenaza; el azul plateado, la liberación. El color no describe el estado anímico: lo es.
En “Galaxia espiral”, la vista se vuelve cósmica y minimalista a la vez: “dan a luz / en el azul y amarillo / lienzo del destino”. La pintura y el nacimiento se funden en cinco palabras. El lector ve un cuadro antes de entender el poema.
En “Olas de luz”, la luz se convierte en materia viva y autónoma: “El alba peina la espuma del cortejo nupcial” y “las paredes han emparejado el azul cielo / con el blanco de un sombrero”. La luz pinta, la luz contrae matrimonio. La vista nunca es estática.
Tacto y textura
El tacto en Reig porta siempre una carga relacional: tocar es querer, o perder.
En “Mi mantillo”, la presencia del otro se construye sobre lo tangible antes de derrumbarse: “Calzado estable para el sendero / brújula de mi viaje / bastón y mochila / cuchillo y mapa de ruta”. Cada objeto es una variación táctil del amor. Cuando desaparecen, la voz poética queda “lombriz de tierra / que camina sola por el frío suelo”.
En “El día de mi muerte será alquimia”, el tacto aparece como inventario final de la existencia: “Tus manos rebosantes del tacto / de mi cuerpo poroso”. La palabra “poroso” es de una precisión anatómica inesperada: el cuerpo que se deja atravesar por el otro.
En “Poema huido”, el deseo futuro se formula en términos táctiles: “Recordaba una cálida piel / que anticipaba / lo que a nadie ha dicho aún”. El tacto aquí guarda un secreto que las palabras no pueden formular.
Olfato
El olfato es el sentido de la memoria involuntaria en este libro, en clara resonancia con la tradición proustiana que Reig cita explícitamente.
En “Encrucijada”: “de pronto, te huelo a pan recién horneado”. El olor convoca al ausente con más eficacia que cualquier descripción visual. Es el mecanismo más honesto del recuerdo.
En “El día de mi muerte será alquimia”, el olfato se convierte en testamento: “Incluid los olores / del chocolate de Mercedes / del limón de mi limonero / del dulzor de los magnolios; / aderezad un poco del fresco del rocío / con el olor de las letras de tu nombre”. La enumeración olfativa construye un alma. Cada aroma es una pieza de identidad que el yo poético quiere conservar más allá de la muerte.
En “Escapemos de las autopistas al atardecer”: “el olor de la tierra al amainar la lluvia”. El petricor — ese olor específico tras la lluvia — aparece en un poema sobre el Alzheimer como metáfora de lo que permanece cuando las palabras se pierden.
Gusto
El gusto es el sentido más irónico y lúdico en Reig.
En “Cóctel”, la anatomía de una bebida se convierte en anatomía de un reencuentro: “mezclaste límpido hielo / con el ácido limón y, / la precisión del dosificante jigger / se desparramó en el ginger shot”. El gusto del cóctel y el gusto del amor comparten la misma lógica: precisión de ingredientes, riesgo de mezcla.
En “A mis amigos”: “a los amigos cuya identidad / lleva el purpúreo chispazo / de la caoba, como un buen café”. La identidad humana traducida a sabor: amargo, profundo, cálido. La sinestesia aquí es deliberada.
En “A Ramis”: “Tus arrugas saben a vida”. Tres palabras que condensan toda la técnica del libro: lo visual (arrugas) se transforma en gustativo, y el resultado es filosófico.
Oído
El oído en Parajes Impares trabaja tanto con el sonido presente como con su ausencia.
En “Tiempo”: “¡Tic-tac!” y “¡Zas!, ¡Zas!” son onomatopeyas que estructuran el poema en secciones como actos teatrales. El sonido del reloj marca el paso; el sonido del golpe marca la liberación.
En “Cuesta más”: “Dejar de escuchar tu voz / Cuesta más”. La voz del amado no se describe nunca — solo se nombra su ausencia. El silencio es el sonido más elocuente del poema.
En “Al otro lado del ciprés”: “rajan los muros los cantos del ruiseñor”. El sonido no adorna la escena: la destruye y la reconstruye. Los cantos literalmente rompen la piedra.
Síntesis sensorial
La vista predomina numéricamente, pero el olfato tiene mayor densidad emocional por poema. Reig usa los sentidos en combinación deliberada: cuando un poema trabaja el tacto, casi siempre hay un componente visual que lo contextualiza. El gusto aparece sobre todo en registros irónicos o celebratorios. El oído interviene en los momentos de mayor tensión dramática o en la representación del tiempo. El olfato es exclusivo del territorio del recuerdo y la pérdida.
- SINESTESIA Y FUSIÓN SENSORIAL
Reig practica la sinestesia con contención, lo que la hace más eficaz cuando aparece.
Caso 1. “Vesania”: “cuánta vesania hay en el malva de tus ojos”. El malva es un color (vista), pero la vesania —la locura— se percibe en él como si el ojo tuviera temperatura o sabor. Vista y emoción patológica se fusionan.
Caso 2. “A mis amigos”: “cuya identidad / lleva el purpúreo chispazo / de la caoba, como un buen café”. Vista (purpúreo, caoba), sonido implícito (chispazo), gusto (café). La identidad de los amigos se construye como experiencia multisensorial simultánea.
Caso 3. “Escapemos de las autopistas al atardecer”: “a la sombra de las vocales / en el patio de un colegio”. Las vocales tienen sombra: el sonido produce un efecto táctil/visual. En el contexto del poema dedicado al Alzheimer, esta sinestesia sugiere que el lenguaje mismo es un cuerpo que proyecta presencia física.
Caso 4. “Piel de agua”: el título es ya sinestesia pura — el agua adquiere textura de piel, lo líquido se vuelve orgánico. El poema despliega esa fusión en cada verso: “Tono menor en cualquier música” convierte la música en algo que puede tener altura o peso.
El efecto global de estos cruces sensoriales es hacer que las emociones abstractas —amor, duelo, miedo— tengan consistencia física. Reig no explica los sentimientos; los vuelve palpables.
- ANÁFORAS Y ENUMERACIONES
Anáforas como martillo emocional
Ejemplo 1. “Tiempo”: “El tiempo con sus puertas batientes” abre las tres estrofas principales. La repetición no es decorativa: cada vez que regresa la frase, el tiempo ha hecho algo diferente. Primera vez: amenaza. Segunda vez: posibilidad. Tercera vez: liberación. La anáfora actúa como estructura narrativa.
Ejemplo 2. “Al otro lado del ciprés”: “rajan los muros los cantos del ruiseñor / rajan los muros las verdes y amarillas mariposas” y luego “rajan los muros las rosas del paraje / rajan los muros los puntales de la tierra”. La acción de “rajar” se multiplica hasta hacer evidente que la muerte no cierra: abre. La anáfora es aquí argumento.
Ejemplo 3. “Decidme”: “Decidme cuánto del sol / ha bebido una hoja / decidme cuánto silencio / hay guardado en sus yemas” y “Decidme si reposo y sosiego / vuelven a ser amigos” y “Decidme si moví el mundo”. El imperativo repetido construye una voz que no pide información — pide testigos.
Enumeraciones acumulativas
Ejemplo 1. “Mi hacienda”: una enumeración paratáctica radical — “Un fajo de recuerdos / Los pecados de tu nombre / Todos los cantos de las aves / sin orden ni concierto / La urgencia del tiempo / Miles de besos y una capa de invisibilidad” — define la hacienda sentimental de la voz poética. La enumeración no tiene jerarquía: recuerdos y besos y pecados y urgencia tienen el mismo peso gramatical, que es también el mismo peso existencial.
Ejemplo 2. “El día de mi muerte será alquimia”: “del chocolate de Mercedes / del limón de mi limonero / del dulzor de los magnolios; / aderezad un poco del fresco del rocío / con el olor de las letras de tu nombre”. La enumeración olfativa construye una identidad que se quiere conservar. Cada elemento suma sin suplantar al anterior.
Ejemplo 3. “Hacendosa hormiga”: “horas y arrugas / agua fresca y un sendero / un capricho / un llanto / un claxon y un buen abrazo / un ¿bailas?”. La enumeración mezcla lo cotidiano intrascendente (un capricho, un claxon) con lo emocionalmente crucial (el ¿bailas?). El efecto es una vida completa presentada como inventario aleatorio — que es exactamente como la memoria funciona.
El efecto combinado de anáforas y enumeraciones es rítmico y acumulativo: el lector siente el peso antes de entender el argumento. Reig usa estas dos herramientas para crear urgencia sin aceleración.
- ENCABALGAMIENTO
Ejemplo 1. “Agua de coco”: “Recién desprendida de la arteria / de la vida, en mí jamás olvidadas, quedaste”. La pausa métrica después de “arteria” crea una suspensión: el lector espera la continuación de la imagen anatómica y recibe “de la vida” — que amplía el significado hacia lo existencial. El encabalgamiento retarda y enriquece.
Ejemplo 2. “Poema huido”: “Recordaba una cálida piel / que anticipaba / lo que a nadie ha dicho aún”. El verso corta tras “piel”, genera una pausa de expectativa, y la siguiente línea —”que anticipaba”— suspende de nuevo antes de entregar el contenido del secreto. Dos encabalgamientos consecutivos que reproducen la dificultad de decir lo indecible.
Ejemplo 3. “Paraje gestante de sueños”: “¡Rocío que en tu vientre acoges posibles / regálame un mundo de cielos donde”. El encabalgamiento tras “posibles” produce un efecto de apertura: la palabra queda sola al final del verso, sin que lo que “acoge” se complete todavía. La forma reproduce el contenido — la gestación que aún no ha nacido.
Ejemplo 4. “Ojos de mar”: “de seguir cosiendo rotos, / de planchar arrugas y de abrir / las ventanas que tu cierras”. El encabalgamiento tras “abrir” produce una caída hacia “las ventanas”: la apertura prometida por el verbo se encuentra con el obstáculo del siguiente verso. Forma que replica la tensión emocional del poema.
Los encabalgamientos de Reig son estratégicos: aparecen casi siempre en momentos de suspensión emocional, de revelación diferida o de paradoja. No son arbitrarios.
- REGISTRO LINGÜÍSTICO: CULTO VS. COLOQUIAL
Registro culto — Ejemplos
- “cerúleo andén” (“¿Por qué motivo viven tanto las tortugas gigantes?”)
- “grávido de deseo” (mismo poema)
- “ímproba tarea” (“Las amapolas”)
- “vesania” (“Cóctel” y “Vesania”)
- “escarlata del vestido” (“Las amapolas”)
- “oxidados goznes fijados al quicial” (“Tiempo”)
- “auroreando” (“Una viola se amamanta del pecho de la luna”), vocablo recuperado del diccionario histórico
- “trémula adolescencia” (“¿Por qué motivo…?”)
- “purpúreo” (varios poemas)
- “estólido” (“Evitando autopistas, la más hermosa de las rutas”)
Registro coloquial — Ejemplos
- “si te mereció la pena” (“Exiliaste tu voz”)
- “¡Zas!, ¡Zas!” (“Tiempo”)
- “¡Tic-tac!” (“Tiempo”)
- “un ¿bailas?” (“Hacendosa hormiga”)
- “un subjuntivo no fue suficiente” (“El fin del mundo”)
- “no me gustó” (“Sendero rápido”)
- “¡solo es un cuento!” (“Las lianas del ficus”)
- “igual que contar los granos que / alean en el reloj de arena” (“Las palabras de Pan auroradas”)
- “chismosa luz” (“Tiempo”)
- “ya estaré muerta” (“Hacendosa hormiga”)
Función del contraste
La oscilación entre registros en Parajes Impares no es incoherencia: es la firma estilística más característica del libro. Reig alterna el léxico culto y el coloquial dentro del mismo poema, a veces dentro de la misma estrofa, para producir un efecto de realismo emocional. La experiencia afectiva no habla en un solo registro. El dolor usa palabras de diccionario histórico y palabras de bar con la misma naturalidad.
El efecto sobre el lector es de confianza: esta voz no está tratando de impresionar. Está tratando de decir la verdad con las palabras que tiene a mano, sean “cerúleo” o “¡Zas!”. Esa mezcla coloca a Parajes Impares en una tradición española muy específica — la que va de Larra a Umbral — donde la inteligencia y la cercanía no se excluyen.
- DIÁLOGOS POÉTICOS
Diálogo implícito yo-tú
La segunda persona gramatical organiza la mayor parte del libro. La voz poética habla constantemente a un “tú” que puede ser el amado, el padre muerto, un amigo, la humanidad entera o la propia muerte.
En “Bourbon sin hielo”: “Quiero que vuelvas / Me he aventurado a pedirte / un bourbon sin hielo”. El pedido específico — no el regreso en abstracto, sino una bebida concreta sin hielo — crea intimidad inmediata. El lector asiste a una conversación que reconoce.
En “A mi padre”: “Te guardo en mi casa el limonero, y / una piedra del camino […] / por si un acaso y un tal vez / viniesen contigo”. El “tú” del padre ausente recibe objetos concretos como forma de mantener el diálogo. La muerte no cierra la segunda persona; la hace más urgente.
Monólogo dirigido al otro
En “Decidme”, el imperativo plural convoca a un “vosotros” que es testigo colectivo: “Decidme cuánto del sol / ha bebido una hoja”. No es pregunta retórica — es demanda de participación activa. El lector queda incluido en el poema.
En “Tiempo”: “¡Tiempo, regálame un minuto para que / yo pueda deshacer un punto y seguido!”. El personaje abstracto del tiempo recibe una petición directa. Reig le habla como a una persona.
Desdoblamiento y autointerpelación
En “Paraje gestante de sueños”, la voz poética se dirige al paraje mismo: “si te encuentro, ¿paraje gestante de sueños, / por la gracia de un deseo, me darás tú / el mejor sueño del sendero?”. El paisaje interior recibe una pregunta. La voz poética se habla a sí misma a través de la naturaleza.
En el largo poema “Diciembre nació luciente…”, los meses del año se convierten en interlocutores con personalidad propia. El desdoblamiento es radical: “Marzo dijo no, y poco después llamó a abril / y abril no supo qué decir”. La voz poética no aparece directamente — observa el diálogo entre sus propios estados anímicos personificados.
La función global de los diálogos poéticos en Parajes Impares es abolir el monólogo lírico tradicional. Reig construye un libro de conversaciones: con los muertos, con los vivos, con el tiempo, con los meses, con los parajes. La soledad que puebla el libro nunca es silencio.
- RECURSO CENTRAL SOSTENIDO: EL VIAJE EMOCIONAL COMO TEMA CON VARIACIONES
Parajes Impares es un libro de tema único con variaciones. Ese tema es el tránsito — la experiencia del movimiento entre estados: entre el amor y el desamor, entre la vida y la muerte, entre el recuerdo y el olvido, entre el miedo y la esperanza. El “paraje” del título no es un lugar: es cualquier punto en ese tránsito donde la voz se detiene a mirar.
| Nivel | Descripción | Ejemplo concreto |
| Léxico | Campo semántico del viaje y el tránsito | paraje, sendero, camino, ruta, autopista, andén, travesía, caminante, destino, mochila, brújula, bastón, tren, barco |
| Conceptual | El viaje como figura del tiempo emocional | “El tiempo con sus puertas batientes / me libera de ti” / “Evitando autopistas, la más hermosa de las rutas” / “recojo el rocío del sendero” |
| Estructural | El libro se organiza en secciones tituladas como etapas de viaje | “Agua de coco en el rocío del sendero” / “Sin autopistas al atardecer” / “La luna en una taza de café” / “Paraje singular para Margarita Gil Roësset” |
La coherencia temática no requiere que todos los poemas hablen explícitamente de viajes. Funciona porque la actitud de la voz poética es siempre la misma: la de alguien en tránsito que mira el paraje con atención exacta. Ya esté escribiendo sobre el duelo, sobre el Alzheimer, sobre un cóctel o sobre Marga Gil Roësset, Reig adopta la posición del caminante que se detiene un momento y registra lo que hay.
El mecanismo no se agota porque las variaciones son genuinas. “El día de mi muerte será alquimia” trata el tránsito hacia la muerte como química de laboratorio. “Evitando autopistas, la más hermosa de las rutas” convierte una elección de camino en manifiesto del presente. “Siete días para arreglar el mundo” hace del tránsito colectivo entre el horror y la esperanza una crónica planetaria con estructura semanal. Mismo tema, instrumentos siempre diferentes.
Lo que hace excepcional este uso frente a usos ocasionales del motivo del viaje es que Reig no lo utiliza como adorno — es la lógica profunda del libro. La razón por la que los poemas pueden ser tan distintos entre sí en forma, tono y extensión sin perder coherencia es que todos habitan la misma geografía emocional: el tránsito entre lo que fue y lo que vendrá.
- REFLEXIÓN FINAL
La voz de Reig en Parajes Impares se construye sobre la tensión productiva entre cuatro técnicas que funcionan en simultaneo: las metáforas sensoriales que dan consistencia física a los estados emocionales, los diálogos poéticos que rechazan el monólogo y convierten el poema en conversación, la oscilación de registro que alterna el léxico culto con el coloquial sin jerarquía entre ambos, y las anáforas que golpean con paciencia de artesano hasta que el argumento queda inscrito en el ritmo antes que en el sentido. El resultado es una voz que parece espontánea pero que está construida con mucho oficio.
El recurso técnico más notable del libro es la oscilación de registro. En la poesía española contemporánea, la tendencia dominante es elegir un tono y mantenerlo — o la voz elevada o la conversacional. Reig se niega a esa elección. En el mismo poema donde aparece “oxidados goznes fijados al quicial” encontramos “¡Zas!, ¡Zas!”. Esa negativa a separar el léxico culto del habla directa no es descuido: es la afirmación de que el amor y el duelo no discriminan por vocabulario.
El libro busca producir en el lector lo que sus propios poemas llaman “armonía en el caos” — la frase de la dedicatoria. Reig quiere que el lector reconozca el paraje impar, el momento fuera del orden previsible, como un lugar habitable. No reconfortante, no resuelto, pero habitable. Ese es el objetivo final: hacer que la experiencia difícil tenga nombre, forma y, a veces, incluso belleza. Conoce la obra completa de Mia Reig.





