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PARAJES DE LA VULNERABILIDAD: EMOCIONES, CUIDADO Y RESILIENCIA EN LA POESÍA ESPAÑOLA DEL SIGLO XXI

Graña Ojeda, Antonio Isidro. «Monografía académica — parajes de la vulnerabilidad: emociones, cuidado y resiliencia en parajes impares de mia reig y el giro afectivo de la poesía española del siglo XXI». PARAJES IMPARES. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 21 de marzo de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.19152479

PARAJES DE LA VULNERABILIDAD: EMOCIONES, CUIDADO Y RESILIENCIA EN LA POESÍA ESPAÑOLA DEL SIGLO XXI

Monografía académica

Resumen

La presente monografía sitúa Parajes impares (Editorial Poesía eres tú, 2026), primera obra de la poeta valenciana Mia Reig, seudónimo de M. R. Reig Catalá, en el contexto de una tendencia creciente en la poesía española contemporánea del siglo XXI que tematiza la fragilidad, el cuidado, la enfermedad y la resiliencia desde una perspectiva a la vez íntima y colectiva. A partir de los marcos teóricos de Eva Illouz, Zygmunt Bauman, Byung-Chul Han y Joan Tronto, el análisis describe cómo el poemario articula un ethos de vulnerabilidad compartida que no disuelve la experiencia individual sino que la proyecta hacia lo común. El estudio propone que Parajes impares es un ejemplo paradigmático del giro afectivo y ético que experimenta la lírica española actual: un giro que coloca las emociones y el cuidado en el centro de la reflexión poética y que interpela a una sociedad que ha convertido la eficiencia y la autosuficiencia en valores supremos.

Abstract

This monograph situates Parajes impares (Editorial Poesía eres tú, 2026), the debut work of Valencian poet Mia Reig (pen name of M. R. Reig Catalá), within a growing tendency in twenty-first-century Spanish poetry to thematize fragility, care, illness and resilience from both an intimate and a collective perspective. Drawing on the theoretical frameworks of Eva Illouz, Zygmunt Bauman, Byung-Chul Han and Joan Tronto, the analysis describes how the collection articulates an ethos of shared vulnerability that does not dissolve individual experience but projects it toward the common. The study proposes that Parajes impares is a paradigmatic example of the affective and ethical turn in contemporary Spanish lyric poetry.

Palabras clave

Vulnerabilidad; cuidado; resiliencia; poesía española contemporánea; Mia Reig; Parajes impares; giro afectivo; sociología de las emociones.

 

 

  1. Introducción: el poema como espacio de lo frágil

Toda sociedad produce la literatura que necesita para comprender y elaborar sus propios miedos. La sociedad española del siglo XXI, marcada por las crisis económicas, la fragilización de los vínculos comunitarios, el envejecimiento de la población, la aceleración de los ritmos de vida y la creciente dificultad para sostener formas de cuidado colectivo, ha producido en las últimas dos décadas una poesía que no puede ignorar esos fenómenos. Una de las corrientes más significativas de esa poesía es la que coloca la vulnerabilidad, el cuidado y la resiliencia en el centro de su proyecto: una poesía que no huye hacia la abstracción ni hacia el ornamento formal, sino que se enfrenta a la fragilidad humana con la determinación de nombrarla y, al nombrarla, de hacerla soportable.

Parajes impares (2026), de Mia Reig, se inscribe con coherencia y con originalidad en esta corriente. La dedicatoria del poemario lo anuncia desde la primera página: “A todas las personas que han hallado armonía en el caos y poesía en los parajes impares, los menos previsibles.” La dedicatoria es una declaración de afiliación ética: el libro está escrito para quienes conocen el desorden y han aprendido a vivir en él, para quienes han encontrado en los itinerarios asimétricos de la vida no una derrota sino una forma peculiar de riqueza. Y la sinopsis de la cubierta lo confirma: “Este poemario se convierte en un homenaje a la complejidad de la riqueza de la experiencia humana y de la memoria subjetiva y sensorial.”

La autora llega a la poesía desde la práctica de la pedagogía terapéutica y la educación de personas adultas, dos ámbitos profesionales en los que la vulnerabilidad no es un accidente del camino sino la condición de partida. Esta trayectoria no es un dato biográfico anecdótico: informa la mirada del libro, su tonalidad ética, su modo de relacionarse con el sufrimiento ajeno y propio. Mia Reig no escribe sobre la vulnerabilidad desde la distancia del observador académico sino desde la proximidad del cuidador que ha pasado décadas acompañando a personas en situaciones de fragilidad.

El objetivo de la presente monografía es doble. Por un lado, se propone analizar de qué modo Parajes impares construye un imaginario de vulnerabilidad que es simultáneamente individual y colectivo, íntimo y político. Por otro, sitúa el libro en el contexto de la poesía española contemporánea que ha dado lugar a lo que algunos críticos han comenzado a llamar el “giro afectivo y ético” de la lírica actual, y propone que la obra de Mia Reig representa una aportación singular a ese giro.

  1. Marco teórico: vulnerabilidad, cuidado y modernidad

2.1. La sociedad del cansancio y la agonía del vínculo

Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio (2010), describe la paradoja de una sociedad que ha sustituido la coerción externa por la autoexplotación: los individuos de la modernidad tardía no se cansan por lo que se les obliga a hacer sino por lo que se imponen a sí mismos en la persecución de un rendimiento siempre mayor. Esta sociedad del rendimiento produce sujetos exhaustos, deprimidos, incapaces de la verdadera relación con el otro porque toda relación consume recursos que el yo necesita para seguir produciendo. En La agonía del Eros (2012), Han añade que el amor contemporáneo sufre por esta misma razón: el otro se ha convertido en un obstáculo para la optimización del yo, y el resultado es una incapacidad creciente para la alteridad, para el verdadero encuentro con lo que es radicalmente diferente de uno mismo.

Parajes impares puede leerse como una respuesta poética a este diagnóstico. El libro no describe la sociedad del rendimiento de modo directo, pero la presupone como el fondo oscuro contra el cual sus imágenes de vulnerabilidad y de cuidado adquieren todo su peso. El poema “Siete días para arreglar el mundo” introduce la pregunta por la posibilidad de la reparación colectiva en un mundo desastroso, y el poema “Paz” presenta el cartel irónico del Dios que ha renunciado a administrar el mundo: “Sin moneda de cambio / y, sin vacaciones. / Fdo. Dios de todos los tiempos y universos.” La ausencia de Dios y la ausencia de solución son el horizonte de una sociedad que ha perdido la capacidad de cuidar colectivamente de sí misma.

2.2. La modernidad líquida y la fragilización de los vínculos

Zygmunt Bauman, en Modernidad líquida (2000) y Amor líquido (2003), describe la condición contemporánea como un estado de fluidez en el que los vínculos, las identidades y los compromisos se han hecho tan maleables que ya no sostienen el peso de la vida. Las relaciones humanas se parecen cada vez más a conexiones de red: se establecen y se deshacen con facilidad, se gestionan como inversiones cuyo retorno se evalúa constantemente. El resultado es una soledad colectiva: personas rodeadas de contactos pero incapaces de la verdadera presencia mutua.

Esta fragilización de los vínculos que Bauman describe es el contexto histórico y cultural en el que Parajes impares adquiere su sentido más pleno. El poemario no se limita a lamentarla: propone una alternativa poética. La insistencia del libro en los objetos concretos del amor —el limonero del padre, el chocolate de Mercedes, el hombro prolongado de la amiga muerta— es una respuesta implícita al mundo líquido que Bauman describe: contra la abstracción y la intercambiabilidad de los vínculos líquidos, el libro propone la irreductible singularidad de cada vínculo concreto. El amor no es un estado genérico sino una historia de olores, sabores y tactos específicos que no pueden sustituirse.

2.3. La sociología de las emociones: Illouz y el capitalismo emocional

Eva Illouz, en Intimidades congeladas (2007) y Saving the Modern Soul (2008), analiza cómo el capitalismo contemporáneo ha colonizado el dominio de las emociones: las emociones se han convertido en un capital que se gestiona, se exhibe y se negocia en el mercado del trabajo, de las relaciones y de la autoayuda. El resultado es una paradoja: nunca se ha hablado tanto de las emociones, y sin embargo nunca se ha sentido tan poco. El lenguaje terapéutico de la autoestima y la resiliencia ha vaciado las emociones de su contenido específico para convertirlas en herramientas de adaptación al sistema.

La poética de Mia Reig dialoga críticamente con esta colonización emocional. El libro no usa el lenguaje de la autoayuda ni el vocabulario de la psicología positiva: usa el lenguaje de la poesía, que es el lenguaje de la especificidad radical. Los poemas de Parajes impares no hablan del duelo en general sino de un duelo particular, no hablan del miedo abstracto sino de un miedo que tiene el color del “foso oscuro de la muerte” y el olor del pan recién horneado de la persona amada. Esta especificidad es, en términos de Illouz, una forma de resistencia al capitalismo emocional: negarse a la generalización es negarse a la mercantilización.

2.4. La ética del cuidado: Joan Tronto

Joan Tronto, en Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care (1993), propone que el cuidado no es una actividad privada y femenina sino una práctica política de primer orden: el modo en que una sociedad cuida de sus miembros vulnerables revela sus valores más profundos y sus jerarquías más reales. Para Tronto, una sociedad justa es una sociedad que ha hecho del cuidado un valor público y no solo privado, que no delega el cuidado en las mujeres o en los trabajadores precarizados sino que lo distribuye equitativamente como una responsabilidad colectiva.

Esta concepción del cuidado como práctica ética y política es fundamental para comprender la dimensión colectiva de Parajes impares. El libro no propone solo un cuidado íntimo y bilateral sino un cuidado que se extiende hacia los desconocidos: el poema sobre el Alzheimer cuida de “las personas que enfrentan la enfermedad del Alzheimer” en general, no de una persona concreta. El poema “Siete días para arreglar el mundo” cuida de las víctimas anónimas de la guerra. El poema “Níveo paraje” propone una comunidad de hombres y mujeres que no difaman, no lloran y no se lamentan en exceso, porque la pena excesiva “deja un poso / que les impide volar”. Esta dimensión colectiva del cuidado es la que convierte el libro en un texto político además de lírico.

  1. La vulnerabilidad como ethos compartido

3.1. Del dolor individual al dolor colectivo

Una de las características más singulares de Parajes impares es la capacidad de su voz poética para desplazarse con fluidez entre la experiencia individual y la experiencia colectiva. El libro no elige entre lo íntimo y lo político: los articula en una misma voz que es a la vez la voz de una persona concreta y la voz de una humanidad que comparte la misma condición de fragilidad.

Este desplazamiento se produce con particular claridad en el poema “Eu te amo”, en el que el amor declarado en la primera persona singular se amplía súbitamente para abarcar a la humanidad entera:

“Amor, eu te amo.
¡Humanidad! eu te amo.
Lágrimas del miedo
jamás dispensadas,
zarzales se izarán victoriosos
en las almas
si hay llanto.”

El tránsito de “Amor” a “Humanidad” en los dos primeros versos es el tránsito de lo singular a lo plural, de la relación personal a la solidaridad universal. La lengua portuguesa del “eu te amo” —que crea un efecto de extrañamiento y de intimidad a la vez— atraviesa ese tránsito sin ruptura: el amor al otro concreto y el amor a la humanidad son expresados con las mismas palabras, como si fueran la misma cosa. La advertencia sobre los “zarzales” que se alzarán si el miedo no se elabora y las lágrimas no se vierten es una advertencia que se dirige tanto al individuo como a la colectividad: el duelo no elaborado enducia el alma, y esa dureza tiene consecuencias que van más allá del sujeto que sufre.

El mismo movimiento aparece en el poema “Níveo paraje”, que propone una comunidad basada en la dignidad compartida. El poema usa el plural inclusivo para describir a un “nosotros” que se define por lo que no hace:

“En esta senda el paraje es níveo
somos mujeres y hombres
del valle y de la mar.
No difamamos
No lloramos
No nos lamentamos
La pena y la añoranza
(insalubre su exceso)
nunca tomaron la mano del viento”

La comunidad del paraje níveo no está definida por una identidad étnica, nacional, religiosa o política: está definida por una práctica emocional compartida. Las personas de este paraje son quienes han aprendido a no dejarse paralizar por el exceso de pena, quienes saben que “la pena y la añoranza” en su justa medida son humanas y necesarias, pero que en exceso “dejan un poso / que les impide volar.” Esta ética de la emoción dosificada no es estoicismo frío sino sabiduría afectiva: el cuidado de uno mismo que permite seguir estando disponible para el cuidado del otro.

3.2. La vulnerabilidad como reconocimiento de la condición humana

Judith Butler, en Precarious Life (2004), propone que el reconocimiento de la propia vulnerabilidad —de la condición de ser cuerpos que pueden ser heridos, enfermar y morir— es el fundamento de una ética de la solidaridad. Solo quien reconoce su propia fragilidad puede reconocer la del otro, y ese reconocimiento mutuo es la base de cualquier comunidad política genuina. La negación de la vulnerabilidad, en cambio, produce sujetos que no pueden hacer duelo —ni de sí mismos ni de los demás— y que son por tanto incapaces de la solidaridad que la política necesita.

Parajes impares realiza poéticamente este reconocimiento. La voz poética del libro no pretende la invulnerabilidad: se sabe frágil, se sabe mortal, se sabe capaz de ser herida. El poema “La fragilidad” lo enuncia con la precisión de un apotegma: “Dame el llanto de tu llanto / para que no olvide / la fragilidad de la piedra.” La paradoja de la fragilidad de la piedra —el objeto más asociado culturalmente con la solidez y la resistencia— es la paradoja de la condición humana misma: lo que parece más firme también puede quebrarse, y olvidarlo es el primer paso hacia la crueldad.

El poema “Añoranza” articula el reconocimiento de la vulnerabilidad desde la perspectiva de la injusticia que se comete cuando esa vulnerabilidad no es reconocida por los otros. La voz poética recuerda su juventud y el modo en que las “escrutadoras miradas” de los mayores negaron su valor:

“Llegué temprano,
mi cuerpo avanzó silente
entre escrutadoras miradas
que me acusaban: ¡eres joven, pero
importante no eres!”

La negación de la importancia de la persona joven es una forma de negación de su vulnerabilidad específica: la vulnerabilidad de quien acaba de llegar, de quien todavía no ha tenido tiempo de acumular el capital simbólico que confiere valor social. El poema contrapone a esa negación la afirmación de la propia identidad: “como si fuera un campo de minas / en lugar de tierra de azahares, que es lo que soy.” La identidad como “tierra de azahares” es una imagen de la vulnerabilidad fértil: tierra que puede ser herida, pero que lleva en sí la posibilidad del florecimiento.

 

 

  1. El Alzheimer como figura límite de la vulnerabilidad colectiva

4.1. La enfermedad como experiencia política

Hay en Parajes impares un poema que ocupa un lugar excepcional en el conjunto: “Escapemos de las autopistas al atardecer”, descrito por la propia autora como un “poema de solidaridad y resiliencia para las personas que enfrentan la enfermedad del Alzheimer.” Este poema es excepcional porque es el único del libro que tiene una dedicatoria explícitamente colectiva y un propósito declarado de solidaridad política: no está dirigido a una persona concreta sino a un grupo de personas definido por su condición médica, y su acto de enunciación no es la expresión de una experiencia privada sino el ejercicio de un cuidado público.

El Alzheimer, en el contexto del libro, no es solo una enfermedad: es la figura límite de la vulnerabilidad. Si toda persona es vulnerable porque puede ser herida, la persona con Alzheimer es vulnerable en el sentido más radical: puede perder las palabras que le permiten expresar esa vulnerabilidad, puede perder la memoria de los vínculos que la sostienen, puede perder la capacidad de pedir el cuidado que necesita. El Alzheimer es la enfermedad que destruye la capacidad misma de la narración de sí: ya no solo se pierde lo que se vivió sino la posibilidad de seguir narrándolo.

La respuesta del poema a esta amenaza es la propuesta de un cuidado lingüístico y sensorial:

“y conjurar a los que embellecen los sueños
inventando un nuevo concierto de palabras
que llenen los olvidos.”

“Inventar un nuevo concierto de palabras que llenen los olvidos” es la tarea del cuidador que usa el lenguaje, la música, los olores y los sabores para mantener vivo el hilo de la identidad del que olvida. Es también la tarea del poeta: encontrar las palabras que nombren lo que está a punto de perderse, construir con el lenguaje una casa en la que el olvido no pueda entrar o en la que, si entra, encuentre resistencia.

4.2. Proust como aliado terapéutico

La elección de Proust como referente explícito del poema sobre el Alzheimer no es casual. La autora misma lo explica en la nota al pie del poema: “Especial mención recae sobre su obra más famosa ‘En busca del tiempo perdido’: novela que explora la memoria subjetiva y la experiencia sinestésica (famoso es el episodio de la denominada magdalena Proust por el poder evocador que le causa a Proust). Este tipo de experiencias es algo muy acorde con el propósito de este poema: si se destiñen o desaparecen en algún momento las palabras encontremos un bálsamo curativo en la evocación.”

La conexión entre Proust y el Alzheimer tiene una dimensión teórica que va más allá de la referencia literaria. La memoria involuntaria proustiana —la que se activa a través de una sensación imprevista, sin el esfuerzo consciente de la voluntad— es precisamente el tipo de memoria que los estudios neurocientíficos han identificado como más resistente al deterioro cognitivo del Alzheimer. Mientras la memoria episódica verbal se deteriora, la memoria sensorial y emocional puede conservarse durante más tiempo. La intuición poética de Mia Reig coincide con este dato: proponer las sensaciones como bálsamo para el olvido es proponer la forma de memoria que más puede resistir.

El poema elabora esta propuesta a través de una serie de imágenes sensoriales que funcionan como ejemplos del tipo de evocación terapéutica que sugiere:

“Si al caminar nos cobijamos, por ejemplo,
a la sombra de las vocales
en el patio de un colegio
o en el cristalino torrezno de Soria
—en sensorial cata ciega— servido al mediodía
o nos vemos sobrevolando
el olor de la tierra al amainar la lluvia”

“La sombra de las vocales en el patio de un colegio” es una imagen de la infancia lingüística, del primer aprendizaje de las letras en un espacio abierto y luminoso. El “cristalino torrezno de Soria / —en sensorial cata ciega—” es una imagen del gusto como reconocimiento de lo propio, de lo local, de lo que nos ancla a un lugar y a una tradición. Y el “olor de la tierra al amainar la lluvia” es una de las sensaciones más universalmente reconocibles y afectivamente cargadas, el petricor que Proust habría elegido como su magdalena si hubiera nacido en otro lugar. Los tres ejemplos son propuestas concretas de cómo la evocación sensorial puede actuar como “bálsamo curativo” para quien olvida.

 

 

 

 

  1. La guerra, la injusticia y el horizonte político de la vulnerabilidad

5.1. “Siete días para arreglar el mundo”: el tiempo de la catástrofe colectiva

El poema “Siete días para arreglar el mundo” es el texto más explícitamente político del poemario, y también uno de los más complejos en su estructura formal. Organizado como un calendario semanal en el que cada día del mes corresponde a un estado de la catástrofe colectiva, el poema convierte el ciclo de los días en una estructura de espera desesperada: el mundo necesita ser reparado, pero los días pasan sin que la reparación llegue, y el viernes —el penúltimo día antes del sábado sabático— deja el trabajo sin hacer:

“Viernes, día de venus:
Dios todopoderoso
tiene (aún), (solo)
dos días para arreglar el mundo
antes de que el mundo entero
se encorve y se hinche.
Una palabra será.”

La imagen de los “desarmados pechos” que “yacen / sobre frágiles caminantes limonados” en el jueves es una imagen de guerra: cuerpos muertos sobre otros cuerpos que apenas pueden sostenerse en pie. La compasión se concreta en una planta, la trimezia o lirio caminante —cuya nota al pie explica que “es flor de un solo día” —, que “abre sus brazos / para acogerles”: la naturaleza hace el gesto de cuidado que las instituciones humanas no están haciendo.

La estructura del poema inscribe la experiencia colectiva de la violencia en el ritmo cotidiano del tiempo. Al usar los días de la semana como estructura, el texto sugiere que la catástrofe no es un acontecimiento excepcional sino la condición ordinaria de un mundo que ha normalizado el sufrimiento de los otros. La pregunta “¿dónde se escondieron?” dirigida a los ángeles en el lunes es la pregunta por la ausencia de lo sagrado en un mundo que ha perdido la capacidad de reconocer la vulnerabilidad del otro como un imperativo moral.

5.2. “Paz” y la ironía del cuidado divino

El poema “Paz” es el más breve de los textos políticos del libro, pero condensa con precisión irónica el estado del mundo:

“Leo en el cartel del Mundo:
Sin moneda de cambio
y, sin vacaciones.
Fdo. Dios de todos los tiempos y universos”

El “cartel del Mundo” como si fuera un aviso laboral, la firma burocrática de “Dios de todos los tiempos y universos”, la ausencia de “moneda de cambio” y la ausencia de vacaciones: el poema convierte la trascendencia en burocracia y la paz en un recurso escaso que nadie tiene a mano. La ironía es amarga pero no nihilista: el poema no afirma que la paz sea imposible sino que su gestión ha sido abandonada.

Esta ironía del cuidado divino ausente se corresponde con la propuesta implícita del libro: si el cuidado no viene de arriba, debe venir de los lados, del cuidado horizontal que los seres humanos se prestan mutuamente. La arquitectura ética de Parajes impares es una arquitectura sin trascendencia vertical: el cuidado circula entre iguales, o al menos entre personas que comparten la misma condición de vulnerabilidad.

5.3. “Vuelvo atrás la mirada”: el miedo como red y la esperanza como viento

El poema “Vuelvo atrás la mirada” desarrolla una de las imágenes más perturbadoras del libro para describir la condición social contemporánea. La imagen de las arañas tejedoras que extienden redes de miedo por “todos los cielos y mares” convierte el miedo social en una estructura objetiva, en algo que se construye y se distribuye deliberadamente:

“Las tejedoras —hacendosas arañas—
extienden por todos los cielos y mares
redes de un miedo que atrapa almas
y las arrugas de un tiempo finito
salen a su encuentro cada día.”

La imagen conecta con el diagnóstico de Han y de Bauman: el miedo es la emoción que sostiene la sociedad del rendimiento y la modernidad líquida. Un sujeto que tiene miedo es un sujeto que no puede detenerse a cuidar del otro porque está demasiado ocupado cuidando de sí mismo. Las arañas tejedoras de miedo son el mecanismo estructural que impide la solidaridad.

Pero el poema no cierra en la desesperanza. La voz poética responde a la visión del mundo atrapado en las redes del miedo con el gesto del Principito:

“Vuelvo atrás la mirada
y fascinada por la belleza del mundo
me sentaré con el principito
a esperar un viento favorable
Para mi rosa
Para el mundo
Para mi mundo.”

La referencia a Saint-Exupéry no es decorativa: el Principito es el personaje que tiene una rosa única, su propia rosa, de la que es responsable. “Para mi rosa” es la responsabilidad del cuidado personal; “Para el mundo” es la extensión de esa responsabilidad al conjunto; “Para mi mundo” es la síntesis entre lo íntimo y lo colectivo. La espera del viento favorable no es pasividad sino disposición: la voz poética se sienta, no huye, y aguarda el momento en que la resistencia al miedo sea posible.

  1. El ethos del cuidado: de la intimidad a la comunidad

6.1. Los poemas de dedicatoria como mapa afectivo del libro

Parajes impares contiene un número inusualmente alto de poemas de dedicatoria explícita. Además de la dedicatoria general del libro, los poemas “Tú eres tú sin mí” lleva “Para Joan”; “¿Viste hoy el cerezo en flor?” está “Dedicado a una mujer narciso / por las esperanzas que compartimos”; “Ojos de mar” tiene una dedicatoria que proclama “Dedicado a ti para que no olvides que tú eres el sol”; “Aire verde musgo” lleva la inscripción “Para el amanecer de la Drova”; y el ciclo final está dedicado a Margarita Gil Roësset. Los agradecimientos del libro amplían aún más este mapa afectivo, nombrando a Emilia, Irene, Rosa, Pura, Mercedes, Amparo, Ramis, Mia y Manola como “mujeres diligentes y altruistas” de la familia, a Joan y a Percival, a Alba, Laura, Joel y Valèria.

Este mapa afectivo es en sí mismo una declaración política. En una cultura que tiende a presentar al poeta como un sujeto solitario y autosuficiente, Mia Reig construye un poemario que es explícitamente relacional: el libro existe porque existen estas personas, porque los vínculos con ellas son la materia prima de la experiencia que el libro elabora. La vulnerabilidad del sujeto poético no es debilidad sino apertura: la disponibilidad para ser afectado por los otros, que es también la condición de posibilidad de la poesía.

6.2. El cuidado como práctica cotidiana: “¿Viste hoy el cerezo en flor?”

El poema “¿Viste hoy el cerezo en flor?” es uno de los textos más delicados del libro y uno de los que mejor encarna la concepción del cuidado como práctica cotidiana y atenta. El poema está dedicado a “una mujer narciso / por las esperanzas que compartimos” y describe un encuentro con una persona cuya pequeña estatura la sitúa fuera del tiempo cronológico ordinario: “Sentada en la silla, / tus pies no tocan el suelo.” La pregunta que la persona formula —”¿Cuándo creceré?”— no tiene respuesta posible en los términos convencionales. La voz poética la responde sin mentir y sin herir:

“Te miro y pienso:
¿viste hoy el cerezo en flor?
ayer dormía…
Pero te contesto:
amor, ni te darás cuenta.”

El pensamiento y la respuesta son dos cosas diferentes: la voz poética piensa en el cerezo que florece sin que nadie lo decida, en el tiempo que pasa sin que podamos apresarlo, pero responde con la ternura de quien sabe que la pregunta “¿cuándo creceré?” no necesita una respuesta factual sino una promesa de acompañamiento. “Amor, ni te darás cuenta” es la respuesta del cuidador que transforma la pregunta por el tiempo en una promesa de presencia: te acompañaré mientras creces y no notarás el paso del tiempo porque yo estaré aquí.

Este poema encarna con precisión el concepto de cuidado de Tronto: no como un acto excepcional sino como una práctica cotidiana de atención al otro, un estar presente que no requiere gestos grandiosos sino la capacidad de responder a la pregunta real que el otro formula, aunque esa pregunta esté formulada de modo indirecto.

6.3. “Ángel que tienes un perchero para descansar tus alas”: el cuidado como trascendencia horizontal

El largo poema “Ángel que tienes un perchero para descansar tus alas” desarrolla la figura del ángel como metáfora del cuidado. No es el ángel trascendente de las religiones sino el ángel horizontal de Damsi Figueroa —a quien el poema hace referencia explícita en su nota al pie— que necesita un perchero para colgar sus alas y una mesita de noche para descansar su aureola: un ángel que cuida pero que también necesita ser cuidado, un ángel que tiene un cuerpo y que se cansa.

“Ángel que tienes un perchero
para descansar tus alas.
Ángel que reposas la aureola
en la mesita de noche.
Ángel (de amor desinteresado, y no otro)
que vives en la habitación sin paredes
de un desplegable poema”

La figura del “ángel de amor desinteresado, y no otro” es una definición del cuidado en términos éticos: el amor que cuida no espera retorno, no gestiona una inversión emocional ni calcula el beneficio. Esta definición contrasta directamente con el modelo de amor que Bauman e Illouz describen en el capitalismo emocional, donde todo vínculo se evalúa en términos de costes y beneficios. El ángel de Mia Reig, como el ángel de Figueroa, es el que cuida porque el otro lo necesita y no porque el cuidador espere algo a cambio.

La segunda parte del poema desarrolla la dimensión terapéutica del cuidado: la voz poética pide prestadas las alas y la aureola del ángel para poder realizar el acto de cuidado que la situación exige:

“Préstame tus alas
y tu aureola de sol puro
para no morir
dar un golpe de basta en la mesa
y conseguir asustar al miedo
para que el cuervo se aleje de la esperanza
y un pez dragón huya abatido
para que ella suelte la primera risa
y abra la puerta y tire la copa
y logre esparcir blanco
en el lienzo del tiempo.”

El objetivo del cuidado es aquí concreto y medible: “que ella suelte la primera risa / y abra la puerta”. El cuidado no aspira a curar —curar puede estar fuera del alcance del cuidador— sino a restituir la posibilidad de la alegría y de la apertura. “Abrir la puerta” es el gesto de alguien que vuelve a estar disponible para el mundo, que sale del encierro del miedo o del dolor para reintegrarse en el flujo de la vida. El lienzo del tiempo que se “esparce blanco” es la imagen de un futuro que todavía no ha sido escrito, que está disponible para recibir cualquier trazo.

6.4. El duelo de la amistad: “A Ramis”

El poema “A Ramis” aborda el duelo por un amigo desde una perspectiva que privilegia la experiencia corporal del tiempo vivido juntos. El poema convierte las arrugas en una cifra de la vida compartida y hace de la muerte una figura burocrática torpe —que “en un renuncio / te embarcó en papel”— cuya torpeza contrasta con la riqueza de lo que se pierde:

“Tus arrugas saben a vida,
la muerte, celosa ella,
en un renuncio
te embarcó en papel.
Pesa mucho
tanto amor
navegando calle abajo
al compás de los sombreros de agua.”

La imagen de “tanto amor / navegando calle abajo / al compás de los sombreros de agua” es una imagen de duelo en movimiento: el amor no se detiene en el momento de la muerte sino que continúa su camino, pesado y determinado, como un barco de papel en la corriente. Los “sombreros de agua” son una imagen de la lluvia, del agua que cae y que sigue cayendo aunque el amigo ya no esté para mojarse. La naturaleza continúa indiferente, pero el amor que la voz poética describe no es indiferente: sigue pesando, sigue avanzando.

  1. La resiliencia en Parajes impares: ni resignación ni heroísmo

7.1. Resiliencia como concepto crítico

El concepto de resiliencia ha experimentado en los últimos años una inflación semántica que ha vaciado en parte su contenido crítico. En el lenguaje de la autoayuda y del coaching empresarial, ser resiliente significa adaptarse al sistema, superar los obstáculos y seguir rindiendo. Esta versión de la resiliencia es exactamente la que Byung-Chul Han critica como parte del aparato ideológico de la sociedad del rendimiento: el sujeto resiliente es el sujeto que nunca se detiene a cuestionar por qué el sistema produce tanto sufrimiento.

La resiliencia que Parajes impares propone es diferente. No es la resiliencia del individuo que supera el obstáculo y sigue corriendo: es la resiliencia del que aprende a vivir en los “parajes impares”, en los itinerarios asimétricos, sin pretender que la vida se vuelva simétrica y ordenada. La sinopsis del libro lo enuncia con precisión: “En un mundo donde el orden y la simetría pueden parecer atractivos, la vida nos presenta itinerarios asimétricos; nos encontramos con parajes inesperados.” La resiliencia no consiste en eliminar los parajes impares sino en encontrar en ellos “armonía en el caos y poesía.”

7.2. “Al otro lado del ciprés”: la muerte como umbral y no como fin

El poema “Al otro lado del ciprés” desarrolla una concepción de la resiliencia ante la muerte que rechaza tanto el nihilismo como la consolación fácil. El ciprés, árbol funerario en la tradición mediterránea, es el umbral entre la vida y lo que viene después. Al otro lado de ese umbral, el poema coloca no el vacío sino una vida diferente: “la Vida de la Buena Muerte.”

“Vestidos de franela, al otro lado del ciprés
rajan los muros los cantos del ruiseñor
rajan los muros las verdes y amarillas mariposas
y rompen el estigma de la Muerte
pues, no fue tan hosca al bajar del carruaje.”

La muerte que “no fue tan hosca al bajar del carruaje” es una muerte que ha sido humanizada por la experiencia del duelo compartido. El poema no niega el dolor de la muerte: lo atraviesa. Las repeticiones anafóricas de “rajan los muros” acumulan imágenes de belleza —los cantos del ruiseñor, las mariposas, las rosas— que no anulan el dolor sino que lo acompañan, creando un espacio en el que la pérdida y la belleza coexisten sin cancelarse mutuamente.

El verso final del poema —”la Vida de la Buena Muerte”— es un concepto que resuena con la tradición medieval española del ars moriendi, el arte de morir bien. Pero en el contexto del poemario, “la Buena Muerte” no es solo morir bien sino ser bien recordado: ser acompañado en el duelo por quienes te amaron, tener la memoria que el libro construye. La resiliencia ante la muerte no consiste en negarla sino en rodearla de cuidado y de belleza.

7.3. “Sin claroscuros”: la transparencia como conquista

El libro incluye dos versiones del mismo poema “Sin claroscuros”, una en la primera sección y otra en la segunda, con variaciones mínimas pero significativas. Este desdoblamiento es en sí mismo un gesto de resiliencia: el mismo poema, ligeramente transformado por el tiempo transcurrido entre una sección y otra, muestra que la conquista de la transparencia es un proceso que requiere repetición y que no se logra de una sola vez.

La primera versión presenta la transparencia como un estado de liberación colectiva:

“La cara oculta de la luna ya no está oculta
delatada por su alianza con el sol
asoma sin claroscuros.
Pensamientos transparentes
Palabras directas
Derribado el viento sombrío, derribado…
Mentiras enterradas en salmuera.
Rostros de ángel desenmascarados.”

La segunda versión es más breve y más íntima, más centrada en la experiencia personal de la transparencia que en su dimensión colectiva. La comparación entre las dos versiones muestra el movimiento característico del libro: de lo colectivo a lo íntimo y de lo íntimo a lo colectivo, en un vaivén que no tiene un punto de llegada definitivo sino que es en sí mismo el proceso de la resiliencia.

  1. Parajes impares y el giro afectivo y ético de la poesía española contemporánea

8.1. El contexto literario

La poesía española del siglo XXI ha experimentado un desplazamiento significativo desde las poéticas del conocimiento y la experiencia que dominaron la última parte del siglo XX hacia nuevas formas de interrogación sobre la emoción, el cuidado, la vulnerabilidad y la política de los afectos. Este desplazamiento —que algunos críticos han llamado el “giro afectivo”— no supone el abandono de la reflexión sobre el lenguaje ni de la conciencia de la tradición, sino la reorientación de esa reflexión hacia una pregunta fundamental: ¿qué hace la poesía con el dolor que no puede ser dicho de otro modo?

Poetas como Raquel Lanseros, Juan Carlos Mestre, Ada Salas y, en la franja más joven, Luna Miguel y Elvira Sastre han explorado desde perspectivas diversas esta pregunta. Cada uno con su propio tono y su propia tradición, estos poetas comparten la convicción de que la poesía no puede limitarse a la descripción estética de la experiencia: debe hacerse cargo de ella, debe asumir una responsabilidad ética ante el sufrimiento que nombra.

Parajes impares se inscribe en esta corriente con una voz propia que procede, significativamente, de fuera de los círculos literarios convencionales. La trayectoria profesional de Mia Reig en la pedagogía terapéutica y la educación inclusiva aporta a su poesía una dimensión práctica que es infrecuente: la autora ha trabajado con personas en situaciones de máxima vulnerabilidad, y esa experiencia informa su concepción de la poesía como instrumento de cuidado.

8.2. Lo político en lo íntimo

Una de las aportaciones más singulares de Parajes impares al giro afectivo de la poesía española contemporánea es su modo de hacer política desde lo íntimo. El libro no tiene poemas de denuncia en el sentido convencional: no hay poemas contra un gobierno, contra una ideología o contra una institución. La política del libro es más sutil y más profunda: consiste en proponer que el modo en que cuidamos a las personas concretas que tenemos cerca es ya una práctica política, y que una sociedad que no sabe cuidar a sus miembros vulnerables en la escala íntima tampoco puede hacerlo en la escala colectiva.

Esta concepción conecta directamente con la propuesta de Tronto: el cuidado es político porque define las prioridades de una comunidad, porque revela quiénes importan y quiénes no. La poeta que cuida a “una mujer narciso” que pregunta cuándo crecerá, que escribe un poema para las personas con Alzheimer, que homenajea a Margarita Gil Roësset por haber sido ignorada por la historia literaria, está haciendo política: está afirmando que estas personas importan, que su experiencia merece atención y que el silencio sobre su vulnerabilidad es una forma de injusticia.

8.3. La propuesta del poemario: la poesía como práctica de cuidado

La contribución más original de Parajes impares al debate sobre la vulnerabilidad y el cuidado en la poesía contemporánea española es la propuesta de que la poesía misma es una práctica de cuidado. No solo un objeto estético que describe el cuidado desde fuera, sino un acto de cuidado en su propia realización. Escribir el nombre de una persona, nombrar su olor, recordar el color de sus ojos o el peso de su abrazo es ya un acto de cuidado: es negarse a que esa persona sea borrada por el olvido, es insistir en su singularidad frente a la generalización que la muerte y el tiempo tienden a producir.

La sinopsis del libro lo enuncia desde la primera palabra: el poemario es un “homenaje”. Un homenaje es un acto de reconocimiento y de cuidado póstumo: se rinde a quien ya no puede recibirlo en persona, pero el acto mismo de rendirlo mantiene viva la relación. Los homenajes de Parajes impares —a los familiares muertos, a los amigos queridos, a Margarita Gil Roësset, a las personas con Alzheimer, a los afectados por la guerra— son formas de la misma práctica: la negativa a dejar que la fragilidad sea invisibilizada, la insistencia en que la vulnerabilidad merece ser nombrada y que nombrarla es ya una forma de cuidar.

 

 

  1. Conclusiones

El análisis de Parajes impares desde el marco teórico de la vulnerabilidad, el cuidado y la resiliencia confirma que el poemario es un ejemplo paradigmático del giro afectivo y ético que experimenta la poesía española del siglo XXI. La obra de Mia Reig articula un ethos de vulnerabilidad compartida que no disuelve la experiencia individual sino que la proyecta hacia lo común, y propone una concepción del cuidado como práctica política que conecta las dimensiones más íntimas del vínculo afectivo con las más amplias de la solidaridad colectiva.

El libro responde implícitamente a los diagnósticos de Han sobre la sociedad del cansancio, de Bauman sobre la fragilización de los vínculos y de Illouz sobre la colonización capitalista de las emociones: no mediante la refutación teórica sino mediante la práctica poética concreta de nombrar los vínculos en su singularidad irreductible, de cuidar a los vulnerables con la atención que se les niega en el discurso público y de proponer la resiliencia no como adaptación al sistema sino como capacidad de encontrar “armonía en el caos y poesía en los parajes impares.”

Futuras investigaciones podrían ampliar el corpus comparativo con otros poemarios españoles contemporáneos que abordan la vulnerabilidad y el cuidado, desarrollar el análisis de la recepción del libro en contextos educativos y terapéuticos, y explorar las conexiones entre la poética de Mia Reig y las tradiciones de literatura del cuidado en lengua española e hispanoamericana.

 

 

Bibliografía

Bauman, Zygmunt. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Traducción de Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005.

Bauman, Zygmunt. Modernidad líquida. Traducción de Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002.

Butler, Judith. Precarious Life: The Powers of Mourning and Violence. London: Verso, 2004.

Figueroa Verdugo, Damsi. Muerte natural. Santiago de Chile: Amukan Editorial, 2013.

Han, Byung-Chul. La agonía del Eros. Traducción de Raúl Gabás. Barcelona: Herder, 2014.

Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Traducción de Arantzazu Saratxaga Arregi y Alberto Ciria. Barcelona: Herder, 2012.

Illouz, Eva. Intimidades congeladas. Las emociones en el capitalismo. Traducción de Joaquín Ibarburu. Buenos Aires: Katz, 2007.

Illouz, Eva. Saving the Modern Soul: Therapy, Emotions, and the Culture of Self-Help. Berkeley: University of California Press, 2008.

Proust, Marcel. En busca del tiempo perdido. I: Por el camino de Swann. Traducción de Pedro Salinas. Madrid: Alianza Editorial, 1992.

Reig, Mia . Parajes impares. Primera edición. Madrid: Editorial Poesía eres tú, 2026. ISBN: 979-13-87806-34-7. Depósito Legal: M-7090-2026.

Saint-Exupéry, Antoine de. El Principito. Traducción de Bonifacio del Carril. Buenos Aires: Emecé, 1951.

Tronto, Joan C. Moral Boundaries: A Political Argument for an Ethic of Care. New York: Routledge, 1993.

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