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MUSICALIDAD INTERNA Y RITMO LIBRE EN PARAJES IMPARES: HACIA UNA PROSODIA DE LA EMOCIÓN

Olivares Tomás, Ana María. «Artículo académico — musicalidad interna y ritmo libre en parajes impares de mia reig: hacia una prosodia de la emoción en la poesía española contemporánea». PARAJES IMPARES. 1.ª ed. Spain: Zenodo, 21 de marzo de 2026. https://doi.org/10.5281/zenodo.19152234

MUSICALIDAD INTERNA Y RITMO LIBRE EN PARAJES IMPARES: HACIA UNA PROSODIA DE LA EMOCIÓN

Artículo académico

 

Resumen

El presente artículo analiza los mecanismos prosódicos y rítmicos del poemario Parajes impares (Editorial Poesía eres tú, 2026), primera obra de la poeta valenciana Mia Reig, seudónimo de M. R. Reig Catalá. Desde una perspectiva fundamentada en la teoría del ritmo de Henri Meschonnic, el fonosimbolismo y los estudios de prosodia libre en la poesía contemporánea española, se examinan los patrones de distribución de versos breves y versículos amplios, el uso de encabalgamientos, repeticiones anafóricas, interjecciones y pausas tipográficas, así como el singular recurso de la disolución gráfica del verso en el poema «Diciembre nació luciente, más no se vio nunca ni rey ni emperatriz». El estudio concluye que el poemario articula una prosodia híbrida que el artículo denomina «métrica emocional»: una cadencia formal que no obedece a esquemas silábicos fijos, sino que modela la extensión y el corte del verso según los estados afectivos que el texto busca encarnar.

Abstract

This article analyses the prosodic and rhythmic mechanisms in the poetry collection Parajes impares (Editorial Poesía eres tú, 2026), the debut work of Valencian poet Mia Reig (pen name of M. R. Reig Catalá). Drawing on Henri Meschonnic’s theory of rhythm, phonosymbolism, and studies of free prosody in contemporary Spanish poetry, the article examines patterns of short and expanded verse, enjambment, anaphoric repetition, interjections, typographic pauses, and the singular device of graphic dissolution of the verse in «Diciembre nació luciente, más no se vio nunca ni rey ni emperatriz». The study concludes that the collection articulates a hybrid prosody, here termed «emotional metrics»: a formal cadence that does not follow fixed syllabic patterns but shapes the length and break of each line according to the affective states the text seeks to embody.

Palabras clave: Prosodia libre; ritmo emocional; poesía española contemporánea; Mia Reig; fonosimbolismo; métrica emocional; Parajes impares.

 

 

  1. Introducción

La pregunta por el ritmo en la poesía libre es una de las más persistentes y complejas de la crítica literaria contemporánea. Cuando un poemario renuncia al metro clásico, a la rima consonante y a la estrofa regular, ¿sobre qué base construye su musicalidad? ¿Qué hace que ciertos versos suenen a poesía y no a prosa fragmentada? Estas preguntas, que tienen una larga tradición en la teoría literaria hispánica y europea, adquieren particular relevancia al acercarse a un libro como Parajes impares (2026), de Mia Reig, cuya apuesta formal consiste precisamente en encontrar un orden propio dentro del caos, una armonía en los itinerarios asimétricos que la autora convierte en metáfora central de la experiencia humana.

La dedicatoria del poemario anticipa ya la tensión que recorrerá toda la obra: «A todas las personas que han hallado armonía en el caos y poesía en los parajes impares, los menos previsibles.» Esa búsqueda de armonía en el desorden no es solo temática sino también formal. El libro no emplea metros clásicos de modo sistemático, pero tampoco abandona todo principio de organización prosódica. Su musicalidad interna emerge de la combinación de versículos amplios con versos mínimos, de la anáfora y el estribillo, de las interjecciones y las pausas creadas por guiones y puntos de exclamación, y de un uso muy calculado del encabalgamiento que genera lo que este artículo propone llamar «respiración afectiva»: una cadencia que encarna, en su misma materialidad sonora, el estado emocional que el poema pretende comunicar.

El presente estudio se propone tres objetivos concretos. El primero es identificar los patrones rítmicos dominantes en el poemario y vincularlos con los contenidos emocionales que cada texto despliega. El segundo es describir los mecanismos formales mediante los cuales los versículos amplios, los versos breves y los cortes inesperados producen distintas modalidades de «respiración afectiva». El tercero es verificar si estos mecanismos conforman un sistema prosódico coherente al que pueda atribuirse el concepto de «métrica emocional» específica de este libro.

 

  1. Marco teórico: ritmo, fonosimbolismo y prosodia libre

El punto de partida teórico de este análisis es la concepción del ritmo propuesta por Henri Meschonnic, para quien el ritmo no es un ornamento añadido al lenguaje sino «l’organisation du mouvement de la parole dans l’écriture» (Meschonnic, 1982: 67). Dicho de otro modo, el ritmo es el modo en que el cuerpo y el sujeto se inscriben en el texto, de manera que analizar el ritmo de un poema equivale a analizar el modo en que un ser humano articula su experiencia a través del lenguaje. Esta concepción es especialmente fértil para abordar un poemario como Parajes impares, donde la experiencia corporal, sensorial y emocional es la materia principal del discurso.

En el ámbito hispánico, los estudios de prosodia libre han avanzado significativamente desde los trabajos de Carlos Bousoño sobre el verso libre español hasta las aportaciones de Isabel Paraíso sobre la prosodia en la poesía española. En todos ellos se constata que la ausencia de metro clásico no implica la ausencia de ritmo, sino la emergencia de ritmos de otro orden: rítmicos de entonación, de sintaxis, de imagen y de respiración. Los especialistas en métrica española contemporánea —entre ellos Esteban Torre (Métrica española comparada, 2000) y Antonio Quilis (Métrica española, 1984) — han señalado, además, que en los poetas que trabajan desde el registro coloquial y conversacional el ritmo tiende a coincidir con unidades de sentido sintáctico, reproduciendo así la cadencia del discurso oral reflexivo.

A ello se añade la dimensión fonosimbólica, entendida en el sentido de que los sonidos del lenguaje no son semánticamente neutros y pueden contribuir a crear efectos de significado asociados a experiencias sensoriales y emotivas. El fonosimbolismo, estudiado sistemáticamente por Roman Jakobson, Ivan Fónagy y, en el ámbito hispánico, por Carlos Bousoño, permite observar cómo ciertas combinaciones fónicas en Parajes impares reproducen el estado anímico que el poema describe: la fricción y la dureza del dolor, la suavidad de la calma, la apertura de la epifanía sensorial.

El concepto de «respiración afectiva» guarda relación con la noción meschonniciana de prosodie tal como aparece en Dans le bois de la langue (2008). La diferencia es de orden operativo: mientras Meschonnic trabaja con el poema como sistema total de discurso, la «respiración afectiva» designa específicamente el efecto de los cortes de verso como correlatos formales de estados afectivos discretos. Se trata de una aplicación analítica concreta del marco meschonniciano, no de una propuesta teórica rival.

  1. El corpus y la metodología

El corpus de análisis está constituido por el conjunto de los poemas de Parajes impares. El estudio selecciona como ejemplos principales los poemas «Tiempo», «Sendero rápido», «Evitando autopistas, la más hermosa de las rutas», «Níveo paraje», «Al otro lado del ciprés», «Decidme», «Enfrente», «Cuesta más», «Galaxia espiral», «Eu te amo», y «Diciembre nació luciente, más no se vio nunca ni rey ni emperatriz», incluyendo el poema perteneciente al «Paraje singular para Margarita Gil Roësset».

La metodología combina la escansión cualitativa de los versos, el análisis de las unidades rítmicas de entonación, el estudio de las figuras de repetición y el análisis de las pausas tipográficas. No se aplica escansión silábica cuantitativa de modo sistemático, pues el libro no persigue la regularidad métrica clásica, pero sí se atiende a los momentos en que emerge una cadencia silábicamente reconocible, toda vez que su aparición en medio de un tejido de verso libre produce un efecto de énfasis o clausura notable.

 

  1. Patrones rítmicos y sus correlatos emocionales

4.1. El versículo amplio y la respiración del pensamiento

Una de las modalidades prosódicas más frecuentes en Parajes impares es el versículo amplio, una unidad de verso que supera los diez u once sílabas y que tiende a coincidir con una unidad de sentido completa o con el desarrollo de una imagen en curso. Este tipo de verso reproduce la cadencia del pensamiento en expansión, de la memoria que se despliega, del afecto que busca encontrar sus palabras.

Un ejemplo paradigmático aparece en el poema «Sendero rápido», donde los versos más extensos del poema coinciden con la descripción del conocimiento acumulado de los colores del tiempo:

«Conocí el frío azul del amanecer melancólico
el rubor rosa que desprende el mediodía
y la nostalgia crepuscular que, sentadas
a lo largo del rápido sendero,
regalan las liliáceas, pero no me gustó.»

La longitud de los dos primeros versos de este fragmento, junto con su estructura bimembre y paralela, crea una musicalidad de catálogo sensorial que ralentiza la lectura y exige una aspiración larga, casi contemplativa. Sin embargo, la continuación rompe esta expansión con un encabalgamiento que divide la imagen de las liliáceas en dos versos más breves, y la secuencia concluye con un verso final muy corto y tajante: «pero no me gustó.» El efecto es el de un desengaño: la belleza contemplada se rechaza, y el ritmo lo encarna antes de que el sentido lo explique.

El poema «Paraje gestante de sueños» desarrolla con gran coherencia esta prosodia del pensamiento en expansión. La larga apóstrofe al rocío está construida mediante versículos que se prolongan en una sola respiración antes de desembocar en la imagen central:

«¡Rocío que en tu vientre acoges posibles
regálame un mundo de cielos donde
por la gracia de un deseo,
desaparezcan los bruscos despertares
y el caminante encuentre
un mundo sin penumbras
en el paraje gestante de sueños.»

La estructura en embudo de este fragmento —versos largos que se van acortando hasta llegar a «un mundo sin penumbras» y al verso final que recoge el título— ilustra cómo la prosodia de Mia Reig articula el movimiento de la búsqueda: el pensamiento se expande en el deseo y se contrae al encontrar la palabra exacta que lo nombra.

 

4.2. El verso breve y la contención emocional

En el extremo opuesto al versículo amplio se sitúa el verso breve, que en Parajes impares aparece habitualmente en dos contextos emocionales distintos: la epifanía súbita y la contención.

El poema «Evitando autopistas, la más hermosa de las rutas» constituye el ejemplo más radical de este segundo uso. En su parte central, el texto abandona toda sintaxis verbal y se compone de una serie de adverbios y sintagmas preposicionales de una a tres sílabas:

«Hoy
Aquí
Ahora
A tu lado
En tu espacio
En tu tiempo
Bella, bello»

Esta fragmentación extrema reduce el verso a su núcleo semántico más puro y convierte la disposición vertical de los sintagmas en un latido, en una pulsación. Cada verso es un golpe de presencia. El poema concluye con el retorno a una sintaxis completa: «Evitando autopistas, / la más hermosa de las rutas.» La amplitud del verso final crea el efecto de una apertura, de un suspiro tras la concentración.

Un uso similar del verso brevísimo como contenedor de epifanía aparece en «Galaxia espiral»:

«Estrellas gigantes
en galaxia espiral
dan a luz
en el azul y amarillo
lienzo del destino.»

El verso central, «dan a luz», es el más breve del poema y ocupa el lugar del clímax semántico: el acto del alumbramiento, el nacimiento, el destello de vida. La prosodia lo convierte en relámpago.

En «La fragilidad», el uso de los tres versos mínimos encarna exactamente la precariedad que anuncia el título:

«Dame el llanto de tu llanto
para que no olvide
la fragilidad de la piedra.»

El verso central («para que no olvide») es el más corto y funciona como un momento de suspensión, un instante de temor ante el olvido, antes de que el verso final recupere su amplitud con la paradoja de la fragilidad de la piedra.

El poema «A un mago» lleva esta economía verbal a su grado máximo. El texto completo, de cuatro versos, articula un gesto de gratitud:

«Gracias
por esconderme
siempre
que tú fuiste mejor que yo.»

La disposición de «siempre» en un verso propio produce un efecto de énfasis y eternidad: el adverbio queda aislado como una piedra angular del poema.

4.3. Los cortes inesperados y la fractura del decir

Entre el versículo amplio y el verso brevísimo, Parajes impares despliega una amplia gama de estrategias de corte del verso que no obedecen a la lógica sintáctica esperada, produciendo lo que denominamos «fractura del decir»: un encabalgamiento que señala el momento en que la emoción desborda la gramática.

El ejemplo más notable aparece en el poema «Tiempo»:

«Por oxidados goznes fijados al quicial
me llega la chismosa luz;
ahora sé con seguridad esto de ti:
entre bambalinas me dirás te quiero
en escena tu beso deseado
no será el mío»

El corte entre «te quiero» y «en escena» produce una fractura entre la intimidad de las bambalinas y la ficción de la escena pública. El lector experimenta un instante de esperanza que el verso siguiente desmiente. El encabalgamiento es aquí el instrumento formal de la traición.

En el poema «Hoja gris», el encabalgamiento reproduce la gradual pérdida de fuerza vital:

«me convertí en hoja gris
que sigue agitándose, aunque
nada hay que le otorgue movimiento.»

El corte tras «aunque» deja en suspensión la concesiva, y la espera reproduce formalmente la resistencia inútil de la hoja que se agita sin poder evitar la quietud. La continuación del verso siguiente actúa como una resolución amarga.

 

  1. Dispositivos de musicalidad interna

5.1. La anáfora como arquitectura sonora y afectiva

La anáfora es quizá el recurso de musicalidad interna más sistemáticamente explotado en Parajes impares. Su función no es meramente ornamental ni mnemónica; en este poemario, la anáfora construye la arquitectura emocional de los poemas que la emplean, creando la sensación de una insistencia, de un pensamiento que regresa sobre sí mismo.

El poema «Al otro lado del ciprés» organiza su estructura en torno a la anáfora «rajan los muros», que aparece cuatro veces en el texto:

«Vestidos de franela, al otro lado del ciprés
rajan los muros los cantos del ruiseñor
rajan los muros las verdes y amarillas mariposas
y rompen el estigma de la Muerte»

La repetición de «rajan los muros» produce un efecto rítmico que recuerda al de ciertas letanías litúrgicas y enumeraciones de tradición whitmaniana. Cada elemento introducido con la misma cadencia anafórica crea una expectativa musical: se sabe que vendrá otra voz más a romper la muralla de la muerte, y la serie anafórica convierte la muerte en algo superable por la belleza acumulada.

El poema «Decidme» construye su estructura enteramente sobre la anáfora del imperativo:

«Decidme cuánto del sol
ha bebido una hoja
decidme cuánto silencio
hay guardado en sus yemas.
Decidme si reposo y sosiego
vuelven a ser amigos
que no sinónimos.
Decidme si moví el mundo
al besar una lágrima
escapada al triunfo.»

La insistencia de «Decidme» —cuatro veces en diez versos— produce el efecto de una pregunta que no puede formularse de una sola vez, de una súplica que ha de repetirse para hacerse escuchar. La musicalidad aquí es la de la imploración.

En el poema «Níveo paraje», la anáfora se convierte en instrumento de construcción colectiva y de estoicismo compartido. La serie de negaciones anafóricas produce una cadencia firme, casi litúrgica:

«No difamamos
No lloramos
No nos lamentamos»

La brevedad de los tres versos, de similar extensión, crea un ritmo de tambor, de pasos firmes. Y la anáfora se repite al final del poema:

«Al igual que
la piedra y la montaña
Al igual que
el barco hundido en el mar.»

El poema «Enfrente» desarrolla quizá la estructura anafórica más ambiciosa del libro. La locución «Sean cualesquiera» aparece en cuatro momentos del poema, creando un ritmo de letanía, y culmina con un giro semántico que transforma la desolación en aceptación:

«¡Nunca un adverbio me fue, a la vez,
tan apacible!
Pues enfrente de mi casa
está la tuya y nuestros ojos
se encuentran cada mañana.»

El adverbio «enfrente», que había sido el eje de la angustia a lo largo del poema, se convierte en fuente de apaciguamiento en la coda final.

5.2. Las exclamaciones, las interjecciones y el grito prosódico

Las exclamaciones e interjecciones operan en este poemario como «grito prosódico»: un momento en que la emoción irrumpe en la cadencia como un sonido diferente que rompe el tempo para señalar un punto de inflexión afectiva.

El poema «Tiempo» contiene tres de estos gritos prosódicos. La onomatopeya «¡Tic-tac!» es un verso en sí mismo, el más breve del poema, y funciona como una bofetada rítmica. El monosílabo reduplicado «¡Zas!, ¡Zas!» crea un golpe doble que enmarca el final del poema y encarna el corte definitivo de la liberación («me libera de ti»).

En el poema «Una viola se amamanta del pecho de la luna», las exclamaciones tienen un carácter diferente: no son irrupciones violentas sino invocaciones tendidas:

«¡Un beso de amor para Marga Roësset!
¡Ay! dime pájaro que gorjeas alto,
¿llevas tú ese beso?»

La interjección «¡Ay!» se repite en la segunda parte del poema con una amplificación semántica:

«¡Ay! dime pájaro que gorjeas alto,
¿custodias tú la poesía en un beso?»

La sustitución de «¿llevas tú ese beso?» por «¿custodias tú la poesía en un beso?» eleva el tono del poema de lo anecdótico a lo universal, y el «¡Ay!» que la precede ha ganado en densidad al haberse escuchado antes. La repetición del «¡Ay!» convierte el poema en una estructura de doble estrofa con anáfora interjeccional .

Las exclamaciones del poema «Las amapolas» crean un efecto diferente, más cercano a la pregunta retórica:

«¡ímproba tarea!,
¿de quién heredaron el escarlata del vestido,
tan profundo y abrumador?»

La exclamación entre comas funciona como inciso, como un comentario que el hablante se hace a sí mismo antes de continuar con la pregunta principal.

En el poema «Eu te amo», la estructura de las exclamaciones articula el tránsito del amor personal al amor universal:

«Amor, eu te amo.
¡Humanidad! eu te amo.»

La palabra «¡Humanidad!» en verso propio convierte la humanidad en un interlocutor al que se dirige un amor equivalente al amor personal del verso anterior. La mezcla del portugués («eu te amo») con el español es también un dispositivo de musicalidad: la lengua extranjera crea un efecto de extrañamiento, de distancia íntima.

5.3. El estribillo y el retorno circular

El uso del estribillo articula una lógica de retorno que es también una lógica emocional: la del pensamiento que no puede desasirse de una idea, la del duelo que regresa sobre sí mismo, o la de la esperanza que es preciso reafirmar más de una vez para que sea real.

El poema «Tiempo» organiza su estructura en torno al estribillo «El tiempo con sus puertas batientes», que aparece en tres momentos con variaciones significativas. La primera ocurrencia lo presenta como «un mal presagio»:

«El tiempo con sus puertas batientes
es hoy un mal presagio, pero me aferro
a su luz cada segundo que no te tengo.»

La segunda ocurrencia lo convierte en portador de un «nuevo destino»:

«El tiempo con sus puertas batientes
deja entreabierto un nuevo destino.»

Y la tercera cierra el poema con la liberación:

«El tiempo con sus puertas batientes
me libera de ti.»

Los tres estribillos son idénticos en su primer verso, pero el segundo verso que los sigue varía de la angustia inicial a la resolución final. El estribillo es un eje prosódico estable alrededor del cual gira un proceso emocional.

El poema «Paraje gestante de sueños» emplea el estribillo de un modo semejante. El verso «gestante de sueños» y la imagen de los ojos que contemplan sueños «naciendo y extinguiéndose» reaparecen en la segunda parte del poema con una modulación que señala el paso del tiempo. El primer enunciado es de constatación: los ojos ven. El segundo es de agotamiento: han visto tanto que ya no pueden. El estribillo transmuta su significado mientras mantiene su forma, exactamente como la memoria que regresa sobre una experiencia y la reinterpreta.

El poema «Mi mantillo» construye su estructura a través de la repetición con variación del verso central, «Tú fuiste mi mantillo que todo lo cubre». La primera aparición es una afirmación plena. La segunda retoma el verso idéntico pero lo desmiente en la continuación: el mantillo que todo lo cubre es también el que se deshace. La música del retorno es aquí la música de la traición.

5.4. La disolución tipográfica como gesto extremo

El recurso prosódico más audaz e innovador del poemario es sin duda el que aparece al final del poema «Diciembre nació luciente, más no se vio nunca ni rey ni emperatriz». Tras una narración poética de gran extensión y complejidad, el poema concluye con una secuencia en que la palabra «Diciembre» se va deshaciendo progresivamente, perdiendo sílabas y letras hasta quedar reducida a su consonante inicial:

«Diciembre
Diciembre rey y emperatriz
Diciembre emperatriz y rey
Diciembre diciembr
Diciem
Dici
Di

Esta disolución tipográfica es un gesto que va más allá de la prosodia convencional: convierte la página en el soporte de una muerte visible. La gradual amputación del nombre de diciembre reproduce la desaparición del personaje. No se trata de un simple juego visual, sino de un correlato formal de un proceso semántico: el lenguaje se deshace porque el ser que nombra se desvanece. La «D» final es tanto el mínimo irreducible de la identidad como el vestigio de algo que estuvo completo y ya no puede estarlo.

Prosódicamente, la lectura de esta secuencia impone un silencio creciente. El ritmo deja de medirse en sílabas y pasa a medirse en ausencias: lo que cuenta ya no es lo que el verso contiene sino lo que le falta. La poesía de Mia Reig convierte la tipografía en voz, y la voz en silencio, y el silencio en el final del poema.

 

  1. Hacia una «métrica emocional»: síntesis interpretativa

El análisis de los recursos prosódicos descritos en las secciones anteriores permite proponer el concepto de «métrica emocional» para describir el sistema formal específico de Parajes impares. Por «métrica emocional» se entiende un conjunto coherente de principios que rigen la distribución de los versos, sus longitudes y sus cortes, no en función de un esquema silábico o acentual predeterminado, sino en función del estado afectivo que cada poema pretende crear y comunicar. Este sistema constituye una aplicación analítica de la concepción meschonniciana del ritmo como inscripción del sujeto en el discurso, orientada específicamente al análisis de los correlatos formales de los estados afectivos en el verso libre.

Este sistema se articula en torno a cuatro principios fundamentales. El primero es el principio de correspondencia entre longitud del verso y amplitud emocional: los versos más largos coinciden con estados de expansión, mientras que los versos más breves encarnan la contención, el silencio, la epifanía. El segundo es el principio de fractura significativa: los encabalgamientos no son en este libro meras licencias rítmicas sino señales de que la emoción desborda la sintaxis.

El tercer principio es el de retorno circular: la anáfora y el estribillo funcionan no como ornamentos sino como arquitecturas del pensamiento que no puede liberarse de ciertos núcleos emotivos. El cuarto principio es el de grado cero del verso: el poema puede llegar al verso de una sola letra, señalando así que la métrica emocional del libro reconoce la existencia de un punto en que el lenguaje se aproxima al silencio, y que ese punto es también un punto rítmico, un pulso en la cadencia.

Este sistema no es una invención teórica ajena al texto: está inscrito en la propia poética del libro, que en su dedicatoria propone la búsqueda de «armonía en el caos». La musicalidad interna de Parajes impares es, pues, la musicalidad de una búsqueda: no la armonía preestablecida del metro clásico, sino la armonía que emerge del proceso de nombrar la experiencia en toda su irregularidad y su densidad.

 

  1. Conclusiones

El análisis prosódico de Parajes impares confirma que el rechazo del metro clásico no implica la ausencia de forma sino la emergencia de un sistema rítmico propio, coherente y significativo. La «métrica emocional» que este artículo ha propuesto para describir la prosodia de Mia Reig se sustenta en cuatro principios interrelacionados —correspondencia entre longitud y amplitud emocional, fractura significativa en el encabalgamiento, retorno circular en la anáfora y el estribillo, y grado cero del verso— que confieren al poemario una unidad formal tan rigurosa, a su modo, como la que ofrecería la regularidad del soneto.

El poemario confirma, además, que en la poesía contemporánea española la musicalidad puede construirse sobre la base de recursos prosódicos distintos a los del metro clásico sin perder ni un ápice de su poder sonoro y afectivo. La cadencia de «Tiempo», el latido de «Evitando autopistas, la más hermosa de las rutas», el grito prosódico de «¡Un beso de amor para Marga Roësset!» y el silencio final de la «D» que cierra «Diciembre nació luciente, más no se vio nunca ni rey ni emperatriz» son manifestaciones de una poética formal que merece un lugar en los estudios de prosodia libre de la lírica española del siglo XXI.

Futuras investigaciones podrían abordar el análisis cuantitativo de las longitudes versales mediante software de análisis prosódico, el estudio comparado de esta prosodia con la de otros poemarios de debut reciente en España, y la dimensión fonosimbólica de las opciones léxicas del libro, parcialmente esbozada en este artículo pero merecedora de un desarrollo propio.

 

 

Bibliografía

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Meschonnic, Henri. Dans le bois de la langue. Paris: Laurence Teper, 2008.

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Reig, Mia. Parajes impares. Primera edición. Madrid: Editorial Poesía eres tú, 2026. ISBN: 979-13-87806-34-7. Depósito Legal: M-7090-2026.

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