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Poemas en el bolso: María Navas presenta su ópera prima en el Café Libertad 8

El pasado 15 de diciembre, el emblemático Café Libertad 8 de Madrid acogió la presentación de Poemas en el bolso, el primer poemario de María Navas, publicado por Editorial Poesía eres tú. El evento, que comenzó a las 20:30 horas, reunió a un nutrido público que llenó el local, confirmando el interés por la nueva poesía contemporánea española. Con acompañamiento al piano de Maru Barreiros, la velada transcurrió en este histórico espacio cultural del centro madrileño, cenáculo intelectual desde los años 80 y foro de la nueva canción desde 1994 que ha acogido a figuras como Pedro Guerra, Ismael Serrano, Jorge Drexler y Luis Pastor. El acto fue presentado por Rosa San Segundo, catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid, quien moderó el encuentro entre la autora y los asistentes.

Nacida en Málaga, María Navas es periodista y desde hace más de una década se dedica a la comunicación y la sensibilización social a través del arte. Como promotora cultural está implicada en proyectos de poesía, fotografía, cine y música, y en la actualidad dirige la comunicación de la Plataforma del Voluntariado de España, labor que compagina con el periodismo social. Su debut literario llegó en 2013 con Las Amapolas crecen junto a las Vías del Tren, un libro de cuentos sobre diversidad publicado por Editorial Seeler, al que siguieron guiones de cómics sociales para ministerios. Pero la poesía la perseguía, o ella perseguía a la poesía, hasta que escribió en el metro, en salas de espera de hospitales, en terrazas madrileñas a las tres de la mañana cuando el insomnio del duelo no perdona, hasta completar veinticinco poemas que ahora se publican como Poemas en el bolso.

Este poemario aborda un duelo que no encuentra su espacio social, una pérdida que no recibe acompañamiento y que supone la destrucción de un mundo de confidencias, afectos y apoyo mutuo. María tuvo que migrar, no cruzó fronteras internacionales pero sí atravesó la España vertical: del sur luminoso al norte brumoso, de la Málaga de su infancia al Madrid de la supervivencia precaria, finalmente a una Asturias donde el mar mira en dirección contraria y todo la extraña. “Soy yo la extraviada”, escribe, y esa confesión podría ser el himno de miles de migrantes internos que cambiaron el acento, regalaron los tacones de lunares, revendieron poco a poco los recuerdos hasta despertar periféricos y absurdos sin entenderse en el espejo. La obra traza un viaje geográfico y emocional donde los versos “llevo unos poemas en el bolso, / revueltos entre mis cosas, a medio terminar” establecen una poética del cuidado descuidado, alejada de concepciones sacralizadas de la literatura. El título mismo del poemario funciona como metáfora de un archivo íntimo y femenino, donde la poesía convive con lo urgente y lo olvidado, con el chicle rancio y el caramelo.

La voz poética de Navas se mueve entre la vulnerabilidad y la resistencia, destacando por su capacidad para dialogar con las urgencias contemporáneas sin renunciar a la elaboración lírica. Sus versos transitan desde “el rosa de las rosas rosas / en el jardín de mi abuela Margarita” hasta paisajes norteños como la Virgen de la Cueva en Infiesto, configurando una travesía desde la luz a la sombra. “Mi piel es de uva, / con un roce se desuella”, escribe, versos que exploran el deseo de una resistencia imposible frente al dolor. No se trata de carencia de lenguaje sino de imposibilidad de enunciación, de las palabras que circulan “de mi cabeza al estómago, / sin detenerse en los labios”, arañando los tejidos, intentando “ordenarse para pedir auxilio”. La voz de María Navas no se parece a nada que esté sonando ahora en poesía española: escribe como habla la gente cuando piensa en voz alta, sin poses, sin efectismos, y sus versos huelen a vida real, a WhatsApp borrado durante una canción de Spotify, a chocolate lamido en jardines andaluces, a cemento masticado en casas sin notificaciones.

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