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EL DUELO NO NORMATIVO EN LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA: ANÁLISIS DE “SOLEDAD DE MARILIENDRE” EN POEMAS EN EL BOLSO DE MARÍA NAVAS

Olivares Tomás, Ana María. «EL DUELO NO NORMATIVO EN LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA: ANÁLISIS DE “SOLEDAD DE MARILIENDRE” EN POEMAS EN EL BOLSO DE MARÍA NAVAS». Zenodo, 30 de noviembre de 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.17771626

 

EL DUELO NO NORMATIVO EN LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA: ANÁLISIS DE “SOLEDAD DE MARILIENDRE” EN POEMAS EN EL BOLSO DE MARÍA NAVAS

ÍNDICE

  1. INTRODUCCIÓN II. MARCO TEÓRICO

2.1. El duelo desautorizado: la teoría de Kenneth Doka

2.2. Duelo y melancolía: la perspectiva psicoanalítica freudiana

2.3. La pérdida ambigua en las relaciones no normativas

2.4. El duelo en las comunidades LGTBIQ+

III. CONTEXTO: LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y LA DISIDENCIA SEXUAL

  1. ANÁLISIS DEL POEMA “SOLEDAD DE MARILIENDRE”

4.1. El título: semántica de la exclusión

4.2. La construcción del vínculo afectivo

4.3. El cuerpo textual del duelo

4.4. La ausencia de un nombre para la pérdida

  1. LA ARTICULACIÓN POÉTICA DEL DUELO NO NORMATIVO
  2. CONCLUSIONES

VII. BIBLIOGRAFÍA

  1. INTRODUCCIÓN

La muerte de un amigo gay representa un territorio poco cartografiado en los estudios literarios españoles contemporáneos. A diferencia del duelo conyugal, filial o fraterno, la pérdida de una amistad queer carece de los marcos sociales, rituales y lingüísticos que estructuran tradicionalmente el proceso de elaboración del duelo. Esta monografía examina cómo la poesía española del siglo XXI articula estas pérdidas desautorizadas, centrándose en el análisis del poema “Soledad de mariliendre” de María Navas, incluido en su poemario Poemas en el bolso (Editorial Poesía eres tú, 2025).

El poema de Navas constituye un documento literario excepcional por tres razones fundamentales. Primero, porque nombra explícitamente la condición sexual del fallecido (“maricón”) en un acto de afirmación identitaria que rompe con el silenciamiento histórico de las relaciones homoeróticas en la lírica española. Segundo, porque articula la imposibilidad de procesar el duelo cuando no se posee un estatuto social reconocido dentro de la estructura familiar del difunto. Tercero, porque crea un neologismo (“mariliendre”) que aspira a nombrar lo que carece de nombre en el vocabulario español: la persona no consanguínea, no conyugal, que mantiene un vínculo afectivo profundo con un hombre homosexual.

La hipótesis central de este estudio sostiene que el poema de María Navas no solo representa un duelo, sino que diagnostica la ausencia de los mecanismos culturales necesarios para procesar pérdidas que el orden heteronormativo no reconoce como legítimas. En este sentido, la obra opera simultáneamente en dos registros: el testimonial (dando cuenta de una experiencia de duelo silenciado) y el político (denunciando la estructura de reconocimiento social que determina qué muertes son lloradas públicamente).

Esta monografía se estructura en seis apartados. Tras esta introducción, el segundo capítulo establece el marco teórico, articulando los conceptos de duelo desautorizado (Kenneth Doka), la teoría psicoanalítica freudiana del duelo y la melancolía, la pérdida ambigua (Pauline Boss) y los estudios sobre duelo en comunidades LGTBIQ+. El tercer capítulo contextualiza la obra dentro de la tradición poética española contemporánea, identificando antecedentes y ausencias. El cuarto capítulo realiza un análisis textual detallado del poema. El quinto capítulo examina los procedimientos retóricos y formales mediante los cuales Navas articula poéticamente el duelo no normativo. Finalmente, el sexto capítulo presenta las conclusiones y abre líneas de investigación futura.

 

  1. MARCO TEÓRICO

2.1. El duelo desautorizado: la teoría de Kenneth Doka

El concepto de “disenfranchised grief” (duelo desautorizado, duelo silente, duelo privado de derechos) fue formulado por el tanatólogo estadounidense Kenneth Doka en 1989. Doka define este fenómeno como “el duelo que las personas experimentan cuando sufren una pérdida que no es o no puede ser ampliamente conocida, públicamente lamentada o socialmente apoyada”. La característica fundamental del duelo desautorizado radica en que los dolientes no son vistos como poseedores del “derecho al duelo” por parte de las estructuras sociales.

Doka establece cuatro categorías fundamentales de duelo desautorizado:

  1. Cuando la relación no es reconocida (amantes, ex parejas, amigos íntimos, compañeros de trabajo, relaciones homosexuales en contextos no abiertos).
  2. Cuando la pérdida no es reconocida y el fallecido no es socialmente valorado como significativo (pérdida de mascotas, abortos, pérdidas perinatales, muerte de personas con adicciones).
  3. Cuando el doliente es excluido (niños, personas con discapacidad intelectual, ancianos con demencia).
  4. Según las circunstancias particulares de la muerte (suicidio, ejecución, muerte por SIDA, muerte en contextos de criminalidad).

La amistad entre una mujer heterosexual y un hombre homosexual, cuando este fallece, se inscribe claramente en la primera categoría. Aunque el vínculo puede haber sido profundamente significativo, la estructura social no proporciona un lugar de reconocimiento formal para ese duelo. Como señala Doka, este tipo de duelo “aísla al doliente del soporte social” y genera lo que denomina “injusticia testimonial”: los actos y sentimientos de la persona afectada son “rechazados, descreídos o desacreditados socialmente”.

Las consecuencias del duelo desautorizado incluyen:

  • Ausencia de rituales formales de despedida
  • Falta de reconocimiento social del dolor
  • Imposibilidad de tomar permisos laborales o recibir condolencias formales
  • Aislamiento emocional y social
  • Dificultad para narrar la experiencia de pérdida
  • Intensificación del dolor por la invalidación social
  • Mayor riesgo de duelo complicado o patológico

En el caso específico de las comunidades LGTBIQ+, el duelo desautorizado se ve agravado por factores adicionales: homofobia estructural, falta de reconocimiento legal de las relaciones (históricamente), exclusión de los procesos de toma de decisiones médicas al final de la vida, y exclusión de los rituales funerarios organizados por las familias biológicas del fallecido.

2.2. Duelo y melancolía: la perspectiva psicoanalítica freudiana

Sigmund Freud, en su ensayo fundamental “Duelo y melancolía” (1917), establece una distinción crucial entre dos reacciones psíquicas ante la pérdida del objeto amado. El duelo se define como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal”. Freud considera el duelo un proceso normal, aunque doloroso, mediante el cual el sujeto gradualmente retira la libido del objeto perdido.

El trabajo del duelo (Trauerarbeit) consiste en un proceso de desligamiento progresivo. Freud describe este mecanismo: “El examen de realidad ha mostrado que el objeto amado ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda la libido de sus enlaces con ese objeto”. Este proceso, aunque penoso, permite finalmente que el yo quede “de nuevo libre y desinhibido”.

La melancolía, en cambio, comparte con el duelo la reacción ante la pérdida, pero se caracteriza por un mecanismo patológico: “El melancólico nos muestra todavía algo que falta en el duelo: una extraordinaria rebaja en su sentimiento yoico, un enorme empobrecimiento del yo”. En la melancolía, el sujeto no logra realizar el trabajo de duelo; en su lugar, incorpora el objeto perdido mediante un mecanismo de identificación narcisista. El odio ambivalente hacia el objeto se dirige entonces contra el propio yo, que ha devenido sustituto del objeto.

La pertinencia de esta distinción para el análisis del duelo no normativo radica en lo siguiente: cuando el duelo no puede ser procesado socialmente, cuando no existen los rituales ni el reconocimiento que permitirían el trabajo de elaboración, el doliente corre el riesgo de quedar atrapado en una posición melancólica. El duelo desautorizado impide el “examen de realidad” compartido socialmente; el doliente no recibe la confirmación externa de su pérdida.

Como señala Roberto Mazzuca en su análisis de la clínica psicoanalítica: “Freud sostiene que el sujeto fracasa en el cumplimiento del trabajo de duelo ante la pérdida de la persona amada y que reacciona utilizando el recurso de identificarse con el objeto perdido para, de este modo, reconstruirlo en su propio yo”. Esta imposibilidad de realizar el trabajo de duelo caracteriza precisamente la situación de quien pierde a un amigo gay sin tener un lugar reconocido en el dispositivo social del duelo.

La ambivalencia amor-odio, central en la teoría freudiana de la melancolía, adquiere una dimensión particular en el duelo no normativo. No se trata solo de la ambivalencia hacia el objeto perdido, sino de la ambivalencia hacia las estructuras sociales que niegan el reconocimiento. El doliente puede experimentar simultáneamente amor hacia el fallecido y rabia hacia la familia biológica que lo excluye, hacia los rituales heteronormativos que invisibilizan su vínculo, hacia una sociedad que no le proporciona las palabras para nombrar su relación.

2.3. La pérdida ambigua en las relaciones no normativas

Pauline Boss introduce el concepto de “pérdida ambigua” para describir situaciones en las que no existe claridad sobre la presencia o ausencia del objeto perdido. Boss distingue dos tipos: presencia física con ausencia psicológica (demencia, enfermedad mental grave) y ausencia física con presencia psicológica (desapariciones, divorcios no resueltos, migración).

Aunque el caso del duelo por muerte no encaja exactamente en esta tipología, el concepto de pérdida ambigua resulta productivo para pensar el duelo no normativo por una razón específica: la ambigüedad no radica en el estatus del fallecido, sino en el estatus del doliente. ¿Quién soy yo para el muerto? ¿Qué lugar ocupo en su historia? ¿Tengo derecho a llorar?

Boss identifica tres elementos clave de la pérdida ambigua que resuenan con el duelo desautorizado:

  1. Identificar la pérdida como algo confuso y paralizante, en su ambigüedad intrínseca.
  2. Favorecer el conversar sobre historias alternativas y cómo estas podrían hacerse reales al cambiar rituales y costumbres vinculadas inconscientemente al evento.
  3. Determinar qué está y qué no está perdido para la persona o la familia.

En el duelo no normativo, la ambigüedad se manifiesta en la dificultad para responder: ¿qué he perdido exactamente? No he perdido un cónyuge, ni un hermano, ni un familiar. He perdido algo que carece de nombre en el vocabulario disponible. Esta ausencia lingüística no es casual, sino sintomática de una organización social que solo reconoce ciertos vínculos como legítimos.

Boss señala que en la pérdida ambigua “no se trata de una situación de duelo ni de una complicación del mismo, sino de algo mucho menos tangible”. El duelo congelado (Frozen Grief) que genera la ambigüedad produce “fatiga emocional, entumecimiento físico y síntomas dolorosos de diverso tipo”. Para los profesionales que trabajan con personas atrapadas en la ambigüedad, “las cosas resultan complicadas porque no se trata de una situación de duelo ni de una complicación del mismo, sino de algo mucho menos tangible”.

2.4. El duelo en las comunidades LGTBIQ+

Los estudios sobre experiencias de duelo en comunidades LGTBIQ+ han identificado barreras y factores estresantes específicos que agravan el proceso de elaboración de la pérdida. Un estudio sistemático de 2018 señala: “Las personas LGBT se enfrentan a barreras y factores estresantes adicionales en el duelo, incluida la homofobia, la falta de reconocimiento de su relación, problemas legales y financieros adicionales y la ‘sombra’ del VIH o el SIDA”.

Los investigadores proponen un modelo teórico que explora “la interacción entre la divulgación y la aceptación de las relaciones LGBT, y cómo eso puede afectar las experiencias de duelo”. Los factores identificados incluyen:

  1. a) Falta de reconocimiento legal e institucional de las relaciones (aunque esto ha cambiado significativamente en España tras la aprobación del matrimonio igualitario en 2005, persisten formas de discriminación sutil).
  2. b) Exclusión de los procesos de toma de decisiones al final de la vida, cuando las familias biológicas recuperan el control sobre el cuerpo del enfermo o fallecido.
  3. c) Homofobia internalizada que puede dificultar la expresión abierta del dolor.
  4. d) Discriminación de los proveedores de servicios de salud y funerarios.
  5. e) Miedo a la discriminación durante el proceso de duelo, lo que lleva a ocultar la naturaleza de la relación.
  6. f) Conflictos con las familias de origen del fallecido, especialmente cuando estas habían rechazado su orientación sexual.
  7. g) Falta de modelos de duelo y rituales específicos para estas comunidades.
  8. h) Aislamiento social, particularmente grave cuando la pareja homosexual había sido el núcleo social principal del doliente.

Un aspecto particularmente relevante para el análisis del poema de María Navas es la situación específica de la amistad entre personas LGTBIQ+ y sus aliados heterosexuales. Estas amistades, que históricamente han constituido redes de apoyo fundamentales (especialmente cuando las familias de origen rechazaban la orientación sexual del hijo o amigo gay), carecen de reconocimiento formal incluso dentro de los estudios sobre duelo LGTBIQ+, que se centran principalmente en parejas.

El concepto de “familia elegida” (chosen family) en comunidades LGTBIQ+ adquiere aquí especial relevancia. Frente a las familias de origen que frecuentemente rechazan o violentan a sus miembros homosexuales, se construyen vínculos electivos de profunda intensidad afectiva. Como señala un estudio: “Es necesario que los profesionales de la salud eviten las suposiciones de la heterosexualidad, exploren con sensibilidad la identidad de acuerdo con las preferencias de divulgación y consideren fuentes adicionales de apoyo para garantizar que las personas LGBT reciban la atención holística individualizada que necesitan en el duelo”.

La invisibilidad de estos vínculos en los rituales funerarios heteronormativos constituye una forma específica de violencia simbólica. El amigo gay, que puede haber sido la figura central de apoyo emocional para el doliente heterosexual, desaparece en el relato oficial que la familia biológica construye en el velorio, el funeral y las esquelas. Y, simétricamente, los amigos heterosexuales del fallecido gay pueden verse excluidos de los espacios de duelo gestionados por la familia de origen.

 

III. CONTEXTO: LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA Y LA DISIDENCIA SEXUAL

La representación de la homosexualidad en la poesía española ha transitado un largo camino desde el silenciamiento y la codificación hasta la explicitación contemporánea. Durante el franquismo, poetas como Rafael de León introdujeron lo que Juan Carlos García Piedra denomina “guiños LGTBI” en las letras de copla mediante el uso estratégico del eufemismo y la ambigüedad de género. Como señala Ángel Pascual, “él se guarda de que las marcas de género sean ambiguas, que el tú y el yo poético no marquen diferencias de género”. El término “amigo” funcionaba como código para “amante” en un contexto de represión legal y social.

Antonio Gala representa otra figura emblemática de la poesía homosexual española del siglo XX. Como recoge la prensa literaria: “El español, que durante años fue el autor que más ejemplares vendió en la península, poseía el don de la palabra y que hizo del amor uno de los temas esenciales de su obra”. Sin embargo, incluso en autores como Gala, la exploración del duelo específicamente homosexual permanece marginal.

La transición democrática y, especialmente, la aprobación del matrimonio igualitario en 2005, abrieron nuevos espacios de enunciación. Sin embargo, como señala Sharon Keefe Ugalde en “Ellas tienen la palabra” y otros estudios sobre poesía escrita por mujeres, la intersección entre voz femenina y temática LGTBIQ+ sigue siendo escasa en la lírica española.

La Universidad de Alicante alberga el Grupo de Investigación PoGEsp (Poesía Española y Género), que desde 2013 investiga “la poesía escrita por mujeres y su vinculación con la construcción de género, identidad y subjetividad”. Este grupo ha documentado cómo, aunque existe una tradición importante de poesía femenina contemporánea, la representación de la amistad entre mujeres heterosexuales y hombres homosexuales es prácticamente inexistente.

El curso de verano de la Universidad de Valencia “Líneas divergentes en la poesía española actual” (2024) identifica varias corrientes en la lírica contemporánea: poesía de la experiencia, poesía del silencio, poesía objetual, poesía digital. Sin embargo, ninguna de estas líneas ha desarrollado sistemáticamente lo que podríamos denominar una “poética del duelo queer”.

En este contexto de escasez representativa, “Soledad de mariliendre” de María Navas adquiere un valor documental y estético excepcional. El poema no solo narra una experiencia de duelo, sino que interviene activamente en la creación de un vocabulario para experiencias que carecen de nombre en el idioma español.

 

  1. ANÁLISIS DEL POEMA “SOLEDAD DE MARILIENDRE”

El poema completo dice así:

A Toni Adan, por su amor tan perfecto

Te vas con el invierno. Tú, que eres de soles mediterráneos, que amas la luz,
el verde árido de los olivos
y la tierra seca donde florecen los naranjos,
decides irte cuando comienza la fiesta, maricón.

Te vas como el invierno y me dejas en el más gris de todos los paisajes. No hay palabra que defina este vacío, porque no eres hermano ni eres tieta. No comparto ni una gota de tu sangre
ni el linaje de la gente que hoy arropa tu ataúd.

Entonces, cariño ¿cómo explico este hachazo en las costillas? Cómo seguir adelante sin tu voz al otro lado,
sin contarnos las cosas que nos pasan, sin tu estruendo, ni tus risas ¿cómo sigo?

El silencio de tu abrazo y tu caricia es para siempre. No encuentro mi lugar en este duelo porque más allá de la amistad, no tengo un nombre. No hay espacio en esta despedida,
para tu mariliendre.

4.1. El título: semántica de la exclusión

El título del poema, “Soledad de mariliendre”, condensa las dos operaciones fundamentales del texto: el diagnóstico de la soledad estructural del doliente no reconocido y la creación neológica como respuesta a la carencia lingüística.

“Soledad” no refiere aquí a la simple ausencia de compañía, sino a una forma específica de aislamiento: la soledad de quien no tiene lugar en los dispositivos sociales del duelo. Es una soledad producida por la exclusión, no por la ausencia del otro, sino por la ausencia de reconocimiento social del vínculo con el otro.

“Mariliendre” es un neologismo construido a partir de la suma de “mari” (apócope de maricón, término apropiado por las comunidades gay como forma de autoafirmación) y “liendre” (posible deformación familiar o afectiva). El neologismo opera en varios niveles:

  1. a) Nivel semántico: nombra lo innombrable, crea una palabra para un vínculo que carece de denominación en el vocabulario español.
  2. b) Nivel político: al inventar una palabra, denuncia la ausencia de vocabulario como síntoma de una estructura social que no reconoce ciertos afectos.
  3. c) Nivel afectivo: el tono del neologismo, entre lo cariñoso y lo coloquial, reproduce el registro íntimo de la amistad que describe.
  4. d) Nivel performativo: al usar el posesivo “tu mariliendre”, la voz poética se apropia de un lugar que le ha sido negado.

4.2. La construcción del vínculo afectivo

La primera estrofa dibuja un retrato del fallecido mediante referencias geográficas y sensoriales que lo sitúan en un cronotopo mediterráneo: “soles mediterráneos”, “luz”, “verde árido de los olivos”, “tierra seca donde florecen los naranjos”. Esta caracterización no es casual; establece un contraste con el “invierno” de la muerte y el “más gris de todos los paisajes” en el que queda la doliente.

La dimensión espacial se revela crucial. El poema opone dos geografías: el sur luminoso identificado con el fallecido y el norte gris identificado con la doliente (recordemos que el poemario completo narra una migración de Málaga a Madrid, y posteriormente a Asturias). La muerte del amigo gay supone la pérdida del vínculo con ese sur afectivo.

El verso “decides irte cuando comienza la fiesta, maricón” merece especial atención. El verbo “decidir” introduce una nota de reproche cariñoso; el uso del vocativo “maricón” cumple una función performativa compleja. En el registro coloquial español, “maricón” puede funcionar como insulto homofóbico o como apelativo cariñoso entre amigos cercanos. La voz poética, al usar este término en un poema fúnebre, realiza un acto de apropiación afectiva: reivindica el derecho a usar el lenguaje de la intimidad, el mismo lenguaje que probablemente compartían en vida.

Este uso del término constituye también un acto de resistencia contra el “armario” fúnebre. Las familias biológicas frecuentemente “reheterosexualizan” al hijo gay muerto, borrando las marcas de su identidad sexual en los rituales funerarios. Al nombrar explícitamente la condición de “maricón” del amigo, la voz poética se opone a ese borrado.

La dedicatoria inicial, “A Toni Adan, por su amor tan perfecto”, cumple una función testimonial. El poema no narra una experiencia anónima ni universal; nombra a un sujeto histórico concreto cuya muerte es registrada en el poema. Este gesto de nominación rescata al fallecido de la abstracción y, simultáneamente, valida la posición enunciativa de la doliente: tengo autoridad para hablar de esta muerte porque recibí “su amor tan perfecto”.

4.3. El cuerpo textual del duelo

La segunda estrofa articula el núcleo conceptual del poema: la carencia de nombre para la relación y, consiguientemente, la exclusión del duelo oficial.

“No hay palabra que defina este vacío, porque no eres hermano ni eres tieta.”

Los términos de parentesco (“hermano”, “tieta”) son invocados mediante negación. La voz poética no puede definir positivamente la relación; solo puede señalar lo que no es. Esta estrategia retórica de la via negativa reproduce formalmente la experiencia de la falta de reconocimiento social.

“Tieta” (tía, en el diminutivo afectuoso andaluz) es particularmente significativo. En las comunidades LGTBIQ+ españolas, los hombres homosexuales mayores frecuentemente son llamados cariñosamente “tías” o “tietas” por sus amigos y familia elegida. El poema señala: no tienes ese estatus de tío gay integrado en mi familia. No eres mi hermano de sangre ni mi tío gay adoptivo. No tengo, en definitiva, un lugar formal desde el cual reclamar mi duelo.

“No comparto ni una gota de tu sangre
ni el linaje de la gente que hoy arropa tu ataúd.”

La imagen de la sangre y el linaje invoca directamente las estructuras de parentesco heteronormativas que determinan quién tiene derecho a estar “arropando el ataúd”. En los rituales funerarios españoles, existe una distribución espacial clara: los familiares de sangre ocupan la primera fila, reciben las condolencias, gestionan el cuerpo. La voz poética se reconoce fuera de ese linaje y, por tanto, fuera del espacio ritual.

La tercera estrofa elabora la dimensión física y emocional del dolor:

“Entonces, cariño ¿cómo explico este hachazo en las costillas?”

La metáfora del “hachazo en las costillas” corporaliza el dolor del duelo. No es una pena abstracta o espiritual, sino una violencia física contra el cuerpo. El uso del vocativo “cariño”, dirigido al muerto, establece un registro conversacional que recorre todo el poemario. La voz poética habla con el muerto, no sobre el muerto, reproduciendo la intimidad dialógica que caracterizaba su relación en vida.

Las preguntas retóricas que siguen (“¿Cómo seguir adelante sin tu voz al otro lado?”, “¿sin contarnos las cosas que nos pasan?”, “¿cómo sigo?”) documentan la dimensión cotidiana de la pérdida. No se trata solo de la muerte como evento absoluto, sino de la desaparición de las prácticas micropolíticas de la amistad: las conversaciones telefónicas (“tu voz al otro lado”), el intercambio de confidencias (“contarnos las cosas que nos pasan”), la risa compartida (“tu estruendo, ni tus risas”).

Esta especificidad de las prácticas perdidas contrasta con las formas más abstractas del duelo oficial. En los obituarios, se dice que el fallecido “era buena persona”, “amaba a su familia”, “será recordado”. Pero el poema de Navas registra los gestos concretos que constituían la relación: contar, reír, hablar por teléfono.

4.4. La ausencia de un nombre para la pérdida

La estrofa final condensa la tesis del poema:

“El silencio de tu abrazo y tu caricia es para siempre. No encuentro mi lugar en este duelo porque más allá de la amistad, no tengo un nombre. No hay espacio en esta despedida,
para tu mariliendre.”

El verso “No encuentro mi lugar en este duelo” verbaliza explícitamente la experiencia del duelo desautorizado. No se trata de que el doliente no sienta dolor, sino de que no tiene un lugar socialmente reconocido desde el cual procesarlo. Doka define el duelo desautorizado precisamente así: pérdidas que “no pueden ser públicamente lamentadas o socialmente apoyadas”.

“Porque más allá de la amistad, no tengo un nombre” es el verso clave. Reconoce que existe el término “amistad”, pero diagnostica su insuficiencia. La palabra “amiga” no captura la intensidad, la especificidad, la dimensión cuasi-familiar de este vínculo. Y, crucialmente, “amiga” no otorga un lugar en el dispositivo ritual del duelo.

En los tanatorios españoles, cuando se pregunta por la relación con el fallecido, las categorías reconocidas son: cónyuge, hijo/a, padre/madre, hermano/a, primo/a, amigo/a, compañero/a de trabajo. “Amigo/a” es la categoría residual, el cajón de sastre donde se colocan vínculos de intensidad variable. La insuficiencia de esta categoría para nombrar la “familia elegida” queer es lo que el poema denuncia.

Finalmente, el neologismo “mariliendre” aparece en el último verso como solución y como denuncia. Es una solución porque proporciona un nombre donde no lo había; es una denuncia porque ese nombre debe ser inventado, no existe en el vocabulario compartido. El posesivo “tu mariliendre” subraya que esta identidad relacional solo existe en el contexto específico de esta relación: soy tu mariliendre, nadie más puede usar ese término para mí.

 

  1. LA ARTICULACIÓN POÉTICA DEL DUELO NO NORMATIVO

El poema de María Navas despliega una serie de estrategias formales y retóricas para articular poéticamente una experiencia que carece de marcos culturales de representación.

5.1. El uso del tú conversacional

A diferencia de muchos poemas elegíacos de la tradición española, que tienden a la tercera persona y al tono elevado, “Soledad de mariliendre” mantiene un registro conversacional que interpela directamente al muerto. El “tú” del poema reproduce el “tú” de las conversaciones telefónicas en vida. Esta estrategia cumple varias funciones:

  1. a) Resiste la abstracción: el muerto no se convierte en símbolo ni en excusa para reflexiones universales sobre la muerte. Permanece como tú, como interlocutor concreto.
  2. b) Reproduce el vínculo: al mantener la conversación, el poema niega la muerte a nivel performativo. Mientras puedo hablar contigo, sigues existiendo como destinatario.
  3. c) Documenta la intimidad: el tono conversacional atestigua que existió una relación de intimidad que habilitaba este registro.

5.2. El lenguaje coloquial y los marcadores de oralidad

El poema incluye varios términos coloquiales que contrastan con la dicción elevada tradicional de la elegía española: “maricón”, “tieta”, “cariño”, “mariliendre”. Estos términos no son concesiones al mal gusto ni rupturas gratuitas del decoro lírico; son marcadores de clase, geografía y comunidad.

El uso de “maricón” en un poema elegíaco tiene precedentes en la literatura queer anglosajona (pensemos en los poemas fúnebres de Thom Gunn sobre víctimas del SIDA), pero es excepcional en la lírica española. Su inclusión realiza lo que podríamos llamar una “des-sublimación” del duelo: rechaza el borramiento poético de la identidad sexual del fallecido.

5.3. La vía negativa como estrategia de nominación

Ya señalamos que el poema define la relación mediante negaciones: no eres hermano, no eres tieta, no hay palabra. Esta vía negativa no es solo un recurso retórico, sino una necesidad estructural. Si el vocabulario disponible no proporciona términos positivos para la relación, el poema debe proceder por sustracción, señalando los bordes del vacío semántico.

Esta estrategia conecta con la tradición mística española (San Juan de la Cruz, Santa Teresa), donde lo inefable se aborda mediante la negación de todas las categorías disponibles. Sin embargo, en Navas la razón del silencio no es la trascendencia de la experiencia mística, sino la ausencia de marcos sociales de reconocimiento.

 

 

 

5.4. La creación neológica como acto político

La invención de “mariliendre” constituye el gesto más radical del poema. Frente a la ausencia de nombre, el poema no se resigna ni se limita a documentar la carencia; produce activamente un término nuevo.

Este gesto conecta con una tradición importante en la literatura LGTBIQ+: la creación de vocabulario para experiencias no reconocidas por la lengua hegemónica. Términos como “queer”, “outing”, “coming out”, “compañero”, fueron acuñados o resignificados por comunidades que necesitaban nombrar sus experiencias.

“Mariliendre”, sin embargo, tiene características específicas:

  1. a) No es un anglicismo ni un cultismo, sino una palabra compuesta a partir de elementos del español coloquial.
  2. b) No aspira a la universalidad; es un término idiosincrático, válido para esta relación específica.
  3. c) Su sonoridad (con la terminación en “-iendre”) tiene resonancias de palabras jocosas o afectivas del español: hambriento, caliente, durmiente. El neologismo no pretende solemnidad, sino capturar el tono de la relación misma.

5.5. La geografía afectiva: sur y norte

El poema establece una oposición geográfica que estructura simbólicamente el duelo: el sur mediterráneo del fallecido versus el norte gris de la doliente. Esta oposición no es solo climática, sino afectiva y existencial.

El poemario completo de María Navas narra una migración de Málaga a Madrid y posteriormente a Asturias. Esta travesía geográfica es simultáneamente una travesía del duelo. El amigo gay muerto permanece asociado al sur, a la luz, a una forma de vida más cálida. Su muerte deja a la doliente “en el más gris de todos los paisajes”, tanto literal (el norte lluvioso de Asturias) como metafóricamente (el paisaje emocional del duelo).

Esta geografía del duelo conecta con lo que Laura Scarano ha denominado “cartografías de la identidad” en la poesía española reciente: la identidad del sujeto lírico se construye mediante referencias espaciales que son simultáneamente referencias afectivas.

5.6. La temporalidad del duelo: invierno y fiesta

El poema abre con dos referencias temporales que establecen una contradicción: “Te vas con el invierno” y “decides irte cuando comienza la fiesta”. El invierno es la estación de la muerte, de la oscuridad, del recogimiento. La fiesta es el tiempo de la vida, de la comunidad, de la celebración.

Esta contradicción no es un defecto lógico, sino la captura de la experiencia contradictoria del duelo: el mundo sigue en fiesta, pero para el doliente es invierno. La muerte interrumpe la continuidad festiva de la vida social, pero solo para quienes están autorizados a vivir el duelo. Para los demás, las fiestas continúan, generando una disonancia insoportable.

El uso del verbo “decidir” (“decides irte”) introduce una nota de agencia que contrasta con la pasividad habitual de la muerte. El muerto es interpelado como si hubiera elegido morir, como si su muerte fuera un acto de voluntad. Este reproche afectuoso (“¿por qué te vas justamente ahora?”) reproduce la lógica de las conversaciones de amistad, donde constantemente se reclama la presencia del otro.

 

 

  1. CONCLUSIONES

El análisis de “Soledad de mariliendre” permite extraer varias conclusiones sobre la articulación poética del duelo no normativo en la poesía española contemporánea:

  1. La insuficiencia del vocabulario disponible

El poema documenta que el español contemporáneo carece de términos adecuados para nombrar ciertos vínculos afectivos que no encajan en las categorías heteronormativas del parentesco y el matrimonio. Esta carencia léxica no es accidental, sino sintomática de una estructura social que solo reconoce como legítimas ciertas formas de relación.

  1. La exclusión ritual como violencia específica

El duelo desautorizado no consiste solo en la ausencia de reconocimiento social abstracto, sino en la exclusión concreta de los rituales funerarios. El poema señala explícitamente: “No encuentro mi lugar en este duelo” y “No hay espacio en esta despedida”. Esta exclusión espacial y ritual del doliente constituye una forma específica de violencia simbólica que agrava el dolor de la pérdida.

  1. El duelo queer como categoría analítica

El concepto de “duelo queer” que emerge del análisis del poema no se limita al duelo de las parejas homosexuales, sino que incluye todas las configuraciones de pérdida que el orden heteronormativo no reconoce: la amistad entre mujeres heterosexuales y hombres homosexuales, las redes de familia elegida, los vínculos de apoyo mutuo en comunidades marginalizadas.

  1. La poesía como intervención creadora de vocabulario

El poema no se limita a documentar la ausencia de vocabulario, sino que interviene activamente creando términos nuevos. La invención de “mariliendre” no es un juego formal, sino un acto político: hacer existir en el lenguaje lo que la estructura social niega.

  1. La dimensión testimonial del poema

Al incluir el nombre real del fallecido (Toni Adan) en la dedicatoria, el poema asume una dimensión testimonial que excede lo puramente estético. No se trata de una elegía genérica, sino del registro de una muerte específica y de un duelo concreto que exige reconocimiento.

  1. La necesidad de marcos teóricos específicos

El análisis del poema demuestra la pertinencia de articular los estudios literarios con la teoría del duelo desautorizado (Doka), la teoría psicoanalítica (Freud), el concepto de pérdida ambigua (Boss) y los estudios sobre duelo en comunidades LGTBIQ+. Solo mediante este marco teórico interdisciplinar es posible dar cuenta de la complejidad de la experiencia que el poema articula.

  1. La amistad queer como objeto de estudio

La crítica literaria ha prestado considerable atención a las representaciones de relaciones homosexuales en la literatura. Sin embargo, las amistades entre personas heterosexuales y homosexuales permanecen infrateorizadas. El poema de Navas señala la necesidad de desarrollar un marco conceptual específico para estas formas de vínculo.

Implicaciones para la investigación futura

Este análisis abre varias líneas de investigación que merecerían desarrollo:

  1. Un corpus de poemas de duelo no normativo en la poesía española contemporánea. ¿Qué otros textos abordan pérdidas desautorizadas? ¿Qué estrategias formales y retóricas despliegan?
  2. Un estudio comparativo con tradiciones poéticas internacionales. La literatura anglosajona, especialmente la poesía gay estadounidense sobre la crisis del SIDA, desarrolló una rica tradición de elegías por amigos muertos. ¿Qué diferencias y similitudes existen con el caso español?
  3. La dimensión generacional del duelo. María Navas pertenece a una generación (nacida en los años 80) que ha vivido en un contexto de derechos LGTBIQ+ relativamente establecidos en España. ¿Cómo difiere su articulación del duelo queer de la de generaciones anteriores que vivieron bajo el franquismo o la transición?
  4. El duelo por SIDA como historia silenciada. En España, a diferencia de otros contextos, existe escasa producción literaria sobre el duelo por amigos y parejas muertas durante la epidemia de SIDA. Esta ausencia merecería una investigación específica.
  5. La relación entre migración y duelo en la poesía reciente. El poemario completo de Navas articula la migración sur-norte con la experiencia del duelo. ¿Cómo se relacionan los desplazamientos geográficos con las pérdidas afectivas en la lírica contemporánea?
  6. Las dimensiones de género del duelo desautorizado. El poema narra el duelo de una mujer heterosexual por un amigo gay. ¿Cómo se articula la dimensión de género en esta configuración? ¿Existen diferencias cuando el doliente es un hombre heterosexual o cuando el fallecido es una mujer lesbiana?

Reflexión final

“Soledad de mariliendre” constituye un documento literario excepcional porque logra articular poéticamente una experiencia que carece de marcos culturales de representación. El poema no solo narra un duelo individual, sino que diagnostica una ausencia estructural en nuestra organización social: la falta de reconocimiento para los vínculos afectivos que no encajan en las categorías heteronormativas del parentesco.

Al crear el neologismo “mariliendre”, María Navas no solo inventa una palabra; interviene en la construcción del lenguaje mediante el cual podemos nombrar nuestras relaciones más significativas. En este sentido, el poema cumple una función que excede lo estético: participa en la ampliación de los marcos de reconocibilidad social.

Como señalara Judith Butler en Marcos de guerra, solo las vidas reconocidas como tales pueden ser lloradas. El duelo desautorizado revela quiénes cuentan como dolientes legítimos y, por tanto, quiénes contaban como vínculos significativos en vida. Al documentar y protestar contra su exclusión, “Soledad de mariliendre” reclama el derecho al duelo y, simultáneamente, el reconocimiento retroactivo del vínculo que la muerte ha destruido.

La literatura, en este caso la poesía, emerge así como un espacio donde pueden nombrarse experiencias que la estructura social oficial niega o invisibiliza. No se trata de un consuelo individual, sino de una intervención política en los vocabularios disponibles. Cada poema que nombra lo innombrable abre un espacio para que otros dolientes desautorizados encuentren palabras para su dolor.

 

 

VII. BIBLIOGRAFÍA

Teoría del duelo y psicoanálisis:

  • Boss, Pauline. La pérdida ambigua: cómo aprender a vivir con un duelo no terminado. Barcelona: Gedisa, 2001.
  • Doka, Kenneth J. Disenfranchised Grief: Recognizing Hidden Sorrow. Illinois: Research Press, 1989.
  • Freud, Sigmund. “Duelo y melancolía” (1917). En Obras Completas, vol. XIV. Buenos Aires: Amorrortu, 1979.
  • Mazzuca, Roberto. “Clínica psicoanalítica de la depresión y la melancolía”. Revista Virtualia, n.º 14 (2005).

Estudios sobre duelo LGTBIQ+:

  • “Las experiencias de duelo de lesbianas, gays, bisexuales y/o trans”. ATC Libertad (15 de septiembre de 2018).
  • “Psicoanálisis y duelo: Comprendiendo el dolor frente a la pérdida”. Dialnet, 2024.

Poesía española contemporánea:

  • García Piedra, Juan Carlos. Género gramatical y género erótico en la poesía de Rafael de León. Madrid: Fundación García Lorca, 2018.
  • Keefe Ugalde, Sharon. “La poesía escrita por mujeres en España: un paradigma de cambio”. RILCE, 2025.
  • PoGEsp (Poesía Española y Género). Grupo de Investigación, Universidad de Alicante.

Obra analizada:

  • Navas, María. Poemas en el bolso. Madrid: Editorial Poesía eres tú, 2025.

Estudios culturales y teoría queer:

  • Butler, Judith. Marcos de guerra: Las vidas lloradas. Barcelona: Paidós, 2010.

 

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