book4

LENGUAJE COLOQUIAL Y ORALIDAD EN LA POESÍA TARDOMILLENIAL: UN ANÁLISIS DE POEMAS EN EL BOLSO DE MARÍA NAVAS

Olivares Tomás, Ana María. «LENGUAJE COLOQUIAL Y ORALIDAD EN LA POESÍA TARDOMILLENIAL: UN ANÁLISIS DE POEMAS EN EL BOLSO DE MARÍA NAVAS». Zenodo, 30 de noviembre de 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.17771557

LENGUAJE COLOQUIAL Y ORALIDAD EN LA POESÍA TARDOMILLENIAL: UN ANÁLISIS DE POEMAS EN EL BOLSO DE MARÍA NAVAS

 

Introducción: La poesía en tiempos de WhatsApp

La poesía española del siglo XXI ha experimentado una transformación profunda en su relación con el lenguaje cotidiano y las tecnologías de comunicación. Frente a la tradición lírica que privilegiaba un registro elevado, culto y alejado del habla común, una nueva generación de poetas —aquellos nacidos entre finales de los años setenta y los años noventa, la llamada generación tardomillenial— ha incorporado de manera natural y sin complejos el vocabulario, las referencias y las formas expresivas propias de la era digital. Esta incorporación no es meramente ornamental o anecdótica, sino que responde a una comprensión diferente de la función de la poesía y de su relación con la experiencia contemporánea.

Poemas en el bolso (2025) de María Navas se sitúa en el centro de esta transformación. El poemario incorpora referencias tecnológicas explícitas —”wasap” (WhatsApp), “Spotify”, “nube”, “algoritmo”, “selfie”, “notificaciones”— y adopta un registro conversacional que subvierte las convenciones líricas tradicionales sin por ello renunciar a la intensidad emocional ni a la elaboración formal. Esta aparente contradicción —un lenguaje “bajo” al servicio de emociones “altas”— constituye uno de los rasgos definitorios de la poesía tardomillenial y merece un análisis detallado.

El presente ensayo explora cómo el lenguaje coloquial y la incorporación de referencias tecnológicas en Poemas en el bolso no constituyen una mera concesión a la moda o un intento de parecer “actual”, sino que responden a una comprensión de que la experiencia afectiva contemporánea está mediada de manera fundamental por las tecnologías digitales. Los afectos digitales —la ansiedad por la falta de notificaciones, el gesto de borrar un contacto, la memoria almacenada en la nube— no son menos reales ni menos dignos de atención poética que los afectos tradicionales. La poesía de Navas demuestra que el lenguaje cotidiano y tecnológico puede alcanzar la misma intensidad lírica que el vocabulario tradicionalmente considerado “poético”.

  1. El registro coloquial como estrategia de autenticidad

1.1. La conversación como modelo poético

Uno de los rasgos más distintivos de Poemas en el bolso es su adopción de un registro conversacional que replica las características del habla cotidiana. Esto se manifiesta en varios niveles: el uso de un vocabulario accesible, la construcción de frases que reproducen los ritmos del habla, la inclusión de expresiones coloquiales, y una sintaxis que privilegia la claridad comunicativa sobre la complejidad ornamental.

El poema “He borrado tu nombre del wasap” ejemplifica esta estrategia desde su propio título, que utiliza la forma coloquial “wasap” (en lugar de “WhatsApp” o la más formal “aplicación de mensajería”) y construye una frase que podría perfectamente ser pronunciada en una conversación entre amigas. El poema continúa en este registro:

Nada más irte
borré tu nombre del wasap
y toda nuestra historia se volvió una cifra.
Por rabia te hice extraño.

La construcción “Nada más irte” es típicamente coloquial, con la elisión del sujeto y el uso del infinitivo en función temporal. La frase “te hice extraño” utiliza el verbo “hacer” en un sentido conversacional (convertir a alguien en extraño) que difícilmente aparecería en un registro más formal. El poema describe después las actividades cotidianas del otro mientras hablaban por teléfono:

Quise borrar tu nombre y tu recuerdo,
evitar todo impulso de volver a escucharte,
de imaginarte al otro lado
haciendo las cosas que tú haces cuando hablamos:
recoger la ropa limpia del cordel,
regar el macetón,
pasear por la playa,
o quejarte de tu marido mientras preparas un arroz.

Esta enumeración de actividades domésticas —recoger la ropa, regar plantas, preparar comida— introduce en el poema elementos de lo cotidiano que tradicionalmente habrían sido considerados demasiado prosaicos para la poesía. La referencia específica al “macetón” (en lugar de un término más general como “las plantas”) y al “arroz” (no “la comida” o “el almuerzo”) ancla el poema en una materialidad concreta que rechaza la abstracción lírica tradicional.

1.2. El andalucismo y la marca dialectal

El registro coloquial de Navas está además marcado por andalucismos y expresiones específicas del sur de España que añaden una capa adicional de autenticidad regional. El término “mariliendre” en el poema del mismo nombre es el ejemplo más evidente: se trata de una expresión coloquial andaluza que designa a la amiga íntima de un hombre homosexual, un término que no tiene equivalente preciso en el español estándar.

El uso de “maricón” como vocativo cariñoso en “Soledad de mariliendre” —”decides irte cuando comienza la fiesta, maricón”— es otro ejemplo de esta marca dialectal y social. Aunque el término puede ser ofensivo en otros contextos, aquí funciona como una expresión de intimidad y afecto, típica del habla coloquial entre amigos cercanos, especialmente en el contexto de las comunidades LGTBQ+ del sur de España.

Estas marcas dialectales no son simplemente color local sino que cumplen una función poética importante: establecen la voz del yo poético como una voz específica, situada, con una procedencia geográfica y social concreta. Frente a la aspiración tradicional de la lírica a una voz universal y atemporal, la poesía tardomillenial de Navas asume su particularidad como una fortaleza, no como una limitación.

1.3. La sintaxis de la oralidad

La sintaxis de muchos poemas de Navas replica las características del habla oral: frases cortas, yuxtaposición sin conjunciones subordinantes complejas, uso frecuente de puntos suspensivos que indican pausas o pensamientos incompletos, y una tendencia a la coordinación sobre la subordinación.

El poema “La pena en mí” ejemplifica esta sintaxis:

La pena en mí, a veces, es hastío.
Un sueño inapetente que desconecta
toda ilusión y sus planes.
Cansa saber que volveré,
sin querer, al origen
de los irremediables días,
con sus malas noches.

La primera frase establece una ecuación simple: “La pena en mí […] es hastío”. La segunda frase añade una aposición explicativa sin establecer una relación sintáctica compleja. El uso de “Cansa” como verbo impersonal al inicio de la tercera frase replica la forma en que iniciaríamos una queja en una conversación cotidiana. Esta sintaxis, que podría parecer simple o incluso simplista en una primera lectura, es en realidad una elección deliberada que busca la inmediatez comunicativa de la oralidad.

1.4. Los diminutivos afectivos

El uso de diminutivos constituye otro rasgo característico del registro coloquial en el poemario. En “Buscando veranos”, el yo poético se describe como “una niña chica”, utilizando tanto el sustantivo diminutivo (“niña” por “niña pequeña”) como un adjetivo redundante (“chica”) que refuerza el tamaño reducido. Esta construcción es típicamente coloquial y añade una carga afectiva que un término más neutral como “una niña pequeña” no transmitiría.

El diminutivo “macetón” (aunque técnicamente es un aumentativo, funciona afectivamente como diminutivo en el contexto andaluz) en “He borrado tu nombre del wasap” añade una nota de familiaridad e intimidad a la descripción de las actividades cotidianas del otro. Estos usos del diminutivo no son meramente ornamentales sino que funcionan como marcadores de afectividad y cercanía emocional.

  1. Tecnología digital y mediación de los afectos

2.1. WhatsApp como espacio de relación y pérdida

La referencia más extensa a una tecnología específica en el poemario aparece en “He borrado tu nombre del wasap”, un poema que toma como eje central el gesto contemporáneo de eliminar un contacto de la lista de WhatsApp. Este gesto, que no existía hace apenas dos décadas, se ha convertido en uno de los rituales fundamentales de ruptura en las relaciones contemporáneas.

El poema reconoce la potencia simbólica de este gesto: borrar el nombre del contacto equivale a convertir “toda nuestra historia” en “una cifra”. La aplicación de mensajería, que ha funcionado como el espacio donde se desarrollaba la relación cotidiana, se convierte en el escenario del duelo. La frase “Por rabia te hice extraño” tiene un doble significado: convertir al otro en un extraño emocionalmente, pero también literalmente hacerlo un “contacto desconocido” al eliminar su nombre de la agenda.

Lo notable del poema es que no trata el gesto tecnológico como algo superficial o menos real que un gesto “físico” equivalente. Borrar el nombre del wasap tiene el mismo peso emocional que, por ejemplo, quemar fotografías o deshacerse de objetos personales del otro. La tecnología no es presentada como un obstáculo para la autenticidad emocional sino como un espacio más donde se despliegan los afectos.

La descripción de imaginar al otro “haciendo las cosas que tú haces cuando hablamos” introduce una dimensión de intimidad mediada que es específicamente contemporánea: la relación telefónica o por mensajería que se desarrolla mientras cada uno realiza sus actividades cotidianas. Esta forma de estar-juntos-a-distancia, facilitada por las tecnologías móviles, ha transformado profundamente las relaciones afectivas contemporáneas y merece atención poética.

2.2. Spotify y la banda sonora de las emociones

La referencia a Spotify en el mismo poema —”Te he borrado un momento, / durante una canción muy corta en Spotify”— introduce otra dimensión de la mediación tecnológica de las emociones. La plataforma de streaming musical ha transformado no solo cómo escuchamos música sino cómo vivimos y procesamos nuestras emociones.

La especificación de que se trata de “una canción muy corta” añade una dimensión temporal precisa al gesto: el intento de borrar al otro duró aproximadamente dos o tres minutos, el tiempo de una canción breve. Esta precisión temporal, posible gracias a la tecnología de reproducción digital que muestra la duración exacta de cada canción, contrasta con las temporalidades más vagas de la experiencia emocional tradicional.

La canción específica mencionada es “senza fine” (sin fin), un título en italiano que introduce una ironía: el yo poético intenta un gesto de finalidad (borrar al otro) mientras escucha una canción titulada “sin fin”. Esta yuxtaposición sugiere la imposibilidad de cerrar definitivamente ciertas relaciones, de poner un final definitivo al duelo.

2.3. La nube y el algoritmo como nuevos agentes de la memoria

El poema titular “Poemas en el bolso” introduce una reflexión sobre la tecnología de almacenamiento digital y su impacto en la memoria:

Pasará con ellas lo mismo que con esas fotos
que duermen en la nube
y el dios del algoritmo
despierta de año en lustro.

La metáfora de las fotos que “duermen en la nube” personaliza el almacenamiento digital, dotándolo de cualidades orgánicas (el sueño) que contrastan con su naturaleza tecnológica. La “nube” (cloud storage) es presentada no como un espacio de acceso inmediato e ilimitado —como la publicidad tecnológica nos quisiera hacer creer— sino como un espacio de olvido donde las memorias quedan depositadas y olvidadas.

La expresión “el dios del algoritmo” es particularmente significativa. Al referirse al algoritmo como un “dios”, Navas señala el poder que estas entidades tecnológicas ejercen sobre nuestras vidas y memorias. Los algoritmos deciden qué fotografías nos serán mostradas en los “recuerdos” que generan las aplicaciones, qué contenidos aparecerán en nuestros feeds, qué canciones nos serán recomendadas. Este poder es comparable al de las divinidades tradicionales: invisible, incomprensible para el usuario común, y aparentemente arbitrario.

La frase “despierta de año en lustro” sugiere que el algoritmo decide periódicamente (anualmente, cada cinco años) qué recuerdos merecen ser recuperados. Esta mediación algorítmica de la memoria representa una transformación fundamental en cómo los seres humanos nos relacionamos con nuestro pasado. Ya no somos nosotros quienes decidimos qué recordar, sino que un algoritmo diseñado por corporaciones tecnológicas hace esa selección por nosotros.

2.4. Las notificaciones y la ansiedad digital

El poema “Sin notificaciones” aborda directamente la ansiedad que genera la falta de interacción digital:

Sin notificaciones,
sin comentarios.
Mirando las paredes
de esta vieja casa nueva
regreso, otra vez,
al primer enunciado.

La ausencia de notificaciones en el smartphone se presenta como un marcador de aislamiento social equivalente a la ausencia de visitantes en una casa. Las notificaciones —esas interrupciones digitales que pueden parecer molestas— se revelan como signos de conexión social, de pertenencia a una comunidad. Su ausencia genera una sensación de vacío que el poema equipara con estar mirando las paredes vacías de una casa.

Esta ansiedad por la falta de notificaciones es un fenómeno específicamente contemporáneo que ha sido ampliamente estudiado por psicólogos y sociólogos. Navas no necesita explicar o contextualizar esta experiencia; asume que sus lectores comprenderán inmediatamente el estado emocional que describe. Esta asunción de una experiencia compartida es característica de la poesía tardomillenial: no necesita traducir o explicar las referencias tecnológicas porque escribe para una audiencia que las vive cotidianamente.

2.5. El selfie y la distorsión de la realidad

En el poema “Niebla”, Navas introduce una crítica a la cultura del selfie:

Y ahora huyo de las luces,
del brillo que ciega,
del selfie que impide
ver la imagen de las cosas,
con sus sombras.

El selfie —esa forma de autorretrato digital optimizado, filtrado, retocado— se presenta como un obstáculo para ver “la imagen de las cosas, con sus sombras”. La contraposición es clara: el selfie elimina las sombras, busca la luz perfecta, oculta las imperfecciones. Esta estética del filtro y el retoque se opone a una estética de la autenticidad que incluye las sombras, las imperfecciones, la complejidad.

Esta crítica al selfie puede leerse en un nivel más amplio como una crítica a cierta poesía contemporánea que busca presentar una imagen perfeccionada, filtrada, de la experiencia. Frente a esta tendencia, Navas propone una poesía que incluya las sombras, que no huya de la complejidad ni de la imperfección.

  1. La subversión de las convenciones líricas tradicionales

3.1. De los pájaros a las cucarachas: la transformación del bestiario poético

La tradición lírica española está poblada de pájaros —ruiseñores, golondrinas, alondras— que funcionan como símbolos de la libertad, el amor, la transcendencia. Poemas en el bolso introduce un bestiario radicalmente diferente que incluye cucarachas, gatos locos y perros humanos.

En “Poemas en el bolso”, los poemas perdidos no encontrarán lectores cultivados en bibliotecas, sino que “buscarán los oídos de las cucarachas / para recitarse a sí mismos”. Esta imagen subvierte completamente la aspiración tradicional de la poesía a la trascendencia y la permanencia. Las cucarachas, tradicionalmente asociadas con la suciedad y lo despreciable, se convierten en la audiencia de estos poemas desechados.

Esta elección no es gratuita ni meramente provocadora. Las cucarachas son notoriamente resistentes, capaces de sobrevivir en condiciones extremas. Al imaginar sus poemas siendo recitados a las cucarachas en un vertedero, Navas sugiere que la poesía encontrará siempre quien la escuche, incluso en las circunstancias más adversas. Hay además una dimensión de clase en esta imagen: los poemas no aspiran a circular en las esferas culturales elevadas sino que encuentran su lugar entre lo desechado, lo marginal.

El poema “Vivo con una gata loca” introduce otro animal alejado del bestiario lírico tradicional: una gata psicópata que “quiere matar al perro para que vivamos solas”. Esta gata, que “se trastornó un día de mayo”, funciona como un alter ego del yo poético, compartiendo su crisis mental:

En este Madrid sofocante,
la gata y yo vamos perdiendo el juicio.

La equiparación entre la mujer y la gata en su pérdida de cordura subvierte la relación tradicional entre humanos y animales en la poesía. No se trata de que el animal simbolice algo humano, sino de que humano y animal comparten una condición de desajuste y locura que los iguala.

3.2. De los jardines a los vertederos: la transformación del paisaje lírico

El paisaje poético tradicional incluye jardines cuidados, rosas, fuentes, palacios. El mundo de Poemas en el bolso incluye, por supuesto, algunos de estos elementos (el jardín de la abuela Margarita), pero introduce también espacios radicalmente antipoéticos: vertederos, contenedores de basura, ambulancias, batas blancas de hospital.

El poema “Poemas en el bolso” imagina el destino final de los poemas perdidos:

Volarán mis palabras por el camión de la basura.
Así, los poemas que hablaban de tanto
y viajaban conmigo a muchas partes
buscarán los oídos de las cucarachas
para recitarse a sí mismos,
como versos que se resisten a morir.
Hallarán, seguro, quien los cuide.
Encontrarán acomodo mis poemas
en algún vertedero,
a las afueras de Madrid.

El camión de la basura, el vertedero a las afueras de Madrid —estos espacios marginales, antiestéticos, se convierten en el hogar de la poesía. Esta elección puede leerse como una declaración sobre el lugar de la poesía en la sociedad contemporánea: ya no ocupa un lugar central en la cultura sino que debe encontrar su espacio en los márgenes, entre lo desechado.

Pero hay también una afirmación aquí: incluso en el vertedero, los poemas “encontrarán acomodo”, “hallarán quien los cuide”. La poesía es resistente, se adapta, sobrevive incluso en las condiciones más adversas. Esta visión es simultáneamente pesimista (la poesía está en el vertedero) y optimista (la poesía sobrevive incluso allí).

3.3. Del amor cortés al amor bueno: la transformación del lenguaje amoroso

La tradición lírica occidental está profundamente marcada por el lenguaje del amor cortés: el amante que sufre, la dama inalcanzable, el amor como tormento dulce. Poemas en el bolso propone un vocabulario amoroso radicalmente diferente, basado en metáforas culinarias y domésticas.

El poema “Amor bueno” establece esta transformación de manera explícita:

Me da amor del bueno.
Bueno como el pan tierno
que venden en las tiendas hipsters,
del que no inflama las tripas después de haberte saciado.
Me da amor del bueno.
Bueno como el vino espeso
que sabe a madera, regaliz y otras cosas deliciosas,
del que no da resaca ni deja el cuerpo roto.

El amor se compara con pan y vino —elementos eucarísticos que en la tradición lírica occidental han tenido connotaciones espirituales— pero aquí se presentan en términos completamente materiales y corporales. El buen pan es el que “no inflama las tripas”, el buen vino es el que “no da resaca ni deja el cuerpo roto”. Estas son preocupaciones decididamente prosaicas, alejadas del lenguaje elevado del amor romántico.

La especificación de que se trata del pan “que venden en las tiendas hipsters” añade una nota de ironía contemporánea: este amor aparentemente simple es en realidad sofisticado, requiere discernimiento, es algo que se busca deliberadamente. La mención de las “tiendas hipsters” sitúa el poema en un contexto urbano contemporáneo muy específico, rechazando la aspiración lírica tradicional a la atemporalidad.

La conclusión del poema articula explícitamente esta transformación:

Y yo, que siempre quise un buen dramón de cine,
ahora solo deseo un buen amor como el suyo.

El “dramón de cine” representa el ideal romántico tradicional, influido por las narrativas cinematográficas del amor pasional, tormentoso, dramático. El “buen amor” se define en oposición a este ideal: es un amor que “calienta y no aprieta”, que sostiene sin asfixiar. Esta redefinición del amor en términos de comodidad, nutrición y sostén —en lugar de pasión, tormento y drama— representa una subversión radical del lenguaje amoroso tradicional.

3.4. De la muerte heroica al duelo cotidiano

La tradición elegíaca occidental ha tendido a presentar la muerte en términos heroicos o transcendentes. Incluso cuando se lamenta la pérdida, frecuentemente se busca algún tipo de consuelo en la idea de la fama póstuma, el recuerdo perdurable, o la reunión en una vida futura.

Poemas en el bolso rechaza estas consolaciones y presenta la muerte en términos brutalmente materiales. En “Vivo con una gata loca”, el amigo muerto es descrito así:

Pero ya no estoy preocupada, porque eres polvo,
no de purpurina verde,
como la que usabas para envenenar a tu hermano chico.
Ni polvo de colores,
como el de las carrozas de julio.
Eres polvo gris que abona el suelo.
Una sombra de polvo.

La repetición de “polvo” insiste en la materialidad de la muerte: no hay transcendencia, no hay espíritu que pervive. El contraste con los polvos coloridos (la purpurina verde, el polvo de las carrozas de julio) que se asocian con la vida y la festividad, refuerza la grisura definitiva de la muerte. La frase final —”Una sombra de polvo”— es casi una contradicción en términos: el polvo es material, pero aquí se convierte en una sombra, en algo menos que polvo.

Esta presentación descarnada de la muerte subvierte las convenciones de la elegía tradicional. No hay idealización del muerto, no hay promesas de reencuentro, no hay consuelo. Solo la constatación material de la pérdida.

  1. La oralidad como principio constructivo

4.1. La estructura de la conversación

Varios poemas de Poemas en el bolso están estructurados como conversaciones, ya sea con el lector, con el yo poético mismo, o con un interlocutor ausente. Esta estructura conversacional no es simplemente un efecto superficial sino un principio constructivo que organiza los poemas.

“Ahora callo” reproduce una conversación interior, con el yo poético dirigiéndose a sí misma:

¡Cállate, niña, cállate ya!
No podía,
cuesta mucho alzarse sin ser vista.

El cambio abrupto de la segunda persona del imperativo (“cállate”) a la primera persona de pasado (“No podía”) reproduce los giros característicos del habla interior, donde el sujeto se desdobla en el que habla y el que escucha, el que ordena y el que responde.

“Instrucciones para pasar la navidad” adopta la estructura de un manual de autoayuda, con el yo poético ofreciéndose consejos a sí misma en segunda persona:

Conviene no transitarla en plan nómada
porque puedes volver a la primera vez
de las primeras cosas

El uso de “conviene” y “puedes” sugiere un tono de consejo prudente, como si el yo poético hubiera aprendido estas lecciones por experiencia y las estuviera compartiendo con una versión más joven o menos experimentada de sí misma.

4.2. Las repeticiones y las anáforas del habla

La oralidad se caracteriza por el uso de repeticiones que en el lenguaje escrito formal serían consideradas redundantes pero que en el habla cumplen funciones importantes de énfasis y organización del discurso. Navas incorpora estas repeticiones de manera deliberada.

El poema “Me llamabas hermana” está estructurado en torno a la repetición anafórica de la frase titular:

Me llamabas hermana y me gustaba,
aunque no nos prestáramos la ropa
y tuviéramos estilos muy distintos.
[…] Me llamabas hermana y me gustaba,
aunque nunca me llevaras a tu pueblo
ni conociera el hogar donde creciste.
[…] Me llamabas hermana y me gustaba
que me contaras inquietudes
y escucharas mis temores.

Esta repetición no es simplemente un recurso retórico sino que replica la forma en que insistiríamos en un punto importante durante una conversación. Cada repetición introduce una nueva dimensión de la relación, construyendo acumulativamente un retrato complejo del vínculo entre el yo poético y el amigo muerto.

4.3. Las interjecciones y las expresiones emotivas

La oralidad se caracteriza también por el uso de interjecciones y expresiones emotivas que expresan directamente el estado afectivo del hablante. Estos elementos, tradicionalmente excluidos de la poesía lírica “seria”, aparecen con frecuencia en Poemas en el bolso.

En “Soledad de mariliendre”, el yo poético exclama: “decides irte cuando comienza la fiesta, maricón”. El vocativo “maricón”, como ya hemos señalado, funciona como una expresión de intimidad y afecto, pero también como una forma de reprochar cariñosamente al amigo por morir (“irte”) en un mal momento.

En “Infiesto”, encontramos una serie de exclamaciones dirigidas a la Virgen de la Cueva:

Virgen de la Cueva ¡que salga el sol!
¡Que encienda un arcoíris!
Y cante Rodrigo.
y levante las brumas oscuras que vienen del norte.

La estructura de estas exclamaciones replica la forma de las peticiones en las oraciones populares, donde el suplicante enumera sus deseos con urgencia y emoción. El uso de las exclamaciones indica la intensidad emocional de la petición.

4.4. Los silencios y las pausas

Paradójicamente, la oralidad también se caracteriza por sus silencios: las pausas, las vacilaciones, los pensamientos que quedan sin completar. Navas incorpora estos elementos mediante el uso de puntos suspensivos, versos cortados, y espacios en blanco.

En “Al norte”, el último verso está marcado por puntos suspensivos:

Deja la pena…
a la orilla de un nuevo mar.

Esta pausa antes de “a la orilla de un nuevo mar” sugiere una vacilación, una dificultad para completar el pensamiento. El yo poético debe hacer un esfuerzo para llegar a esa conclusión, para imaginar la posibilidad de dejar la pena atrás.

El poema “Diagnóstico” utiliza versos extremadamente cortos que crean una sensación de fragmentación y de respiración entrecortada:

Quiste denso
ojos rojos
miedo intenso
calma falsa

Cada verso es una pausa, un respiro, replicando quizá la dificultad para respirar que acompaña a los estados de ansiedad que el poema describe.

  1. La autorreflexividad y la metapoesía coloquial

5.1. Hablar sobre la escritura sin solemnidad

Una de las características más interesantes de Poemas en el bolso es su capacidad para ser metapoético —para reflexionar sobre la naturaleza y la función de la poesía— sin caer en la solemnidad o la abstracción que tradicionalmente ha caracterizado la metapoesía.

El poema titular “Poemas en el bolso” es fundamentalmente metapoético: reflexiona sobre el destino de los poemas, sobre la relación entre palabra y experiencia, sobre la función de la memoria poética. Pero lo hace en un registro completamente coloquial:

Llevo unos poemas en el bolso,
revueltos entre mis cosas, a medio terminar.
Mis versos descansan tranquilos en un forro de raso descosido,
junto a un chicle rancio y un caramelo.

La imagen de los poemas físicamente mezclados con “un chicle rancio y un caramelo” en el fondo de un bolso es radicalmente antipoética según los estándares tradicionales. Pero precisamente esta materialización prosaica de los poemas —como objetos físicos que comparten espacio con la basura cotidiana del bolso— les otorga una presencia real, tangible, alejada de la abstracción.

El término “mis versos” introduce una nota irónica: el yo poético reconoce que está escribiendo “versos”, utilizando el término técnico de la tradición lírica, pero inmediatamente los sitúa en el contexto más prosaico posible (el fondo del bolso). Esta yuxtaposición de lo elevado (versos) y lo bajo (chicle rancio) es característica de la estrategia poética de Navas.

5.2. La pregunta sobre la función de la palabra

El poema plantea una pregunta fundamental sobre la función de la palabra poética:

Si se pierden las palabras,
¿olvidaré la emoción?
¿Se perderá lo vivido, si no conservo las palabras?

 

Esta pregunta sobre la relación entre palabra y experiencia, entre lenguaje y memoria, es una pregunta filosófica profunda. Pero Navas la formula en el lenguaje más directo posible, sin aparato teórico ni referencias eruditas. La pregunta surge naturalmente de la situación concreta (los poemas que podrían perderse en el bolso) y se formula en términos accesibles.

La respuesta implícita del poema es que sí, que las palabras son necesarias para conservar la experiencia. De ahí la ansiedad sobre la posible pérdida de los poemas. Pero el poema también sugiere que incluso si se pierden, los poemas “encontrarán acomodo” en algún lugar, seguirán existiendo de alguna forma. Esta es una visión modesta pero esperanzada sobre la permanencia de la poesía.

5.3. El verso en el cuerpo

El poema “Tengo un verso” presenta la creación poética como un proceso corporal, casi físico, pero lo hace nuevamente en un lenguaje directo y coloquial:

Tengo un verso en la punta de la lengua
que besa y acaricia
la punta de mi lengua.
Rasca en la garganta,
pidiendo que le abra
la puerta de mi boca.

La expresión coloquial “tener algo en la punta de la lengua” —esa sensación de saber algo pero no poder recordarlo completamente— se toma literalmente aquí: el verso está físicamente en la lengua, tiene presencia corporal. Las acciones que el verso realiza —besar, acariciar, rascar— son acciones físicas que crean una sensación casi erótica.

Esta corporalización del proceso creativo subvierte la imagen romántica del poeta inspirado que recibe las palabras de las musas. Aquí no hay musas ni inspiración divina, solo un verso que “rasca en la garganta”, molesto, insistente, exigiendo salir. La creación poética se presenta como una necesidad corporal, comparable quizá a toser o estornudar.

El verso que finalmente sale —”Después de todo la mar, / durante la vida, el misterio”— se presenta como algo que el yo poético escupe “sin saber bien lo que digo”. Esta confesión de no entender completamente el propio verso es radicalmente honesta: rechaza la imagen del poeta que controla completamente su creación y presenta la escritura como un proceso donde el significado puede no estar completamente claro ni siquiera para quien escribe.

  1. Los afectos digitales como materia poética legítima

6.1. La legitimación de las emociones mediadas tecnológicamente

Uno de los logros más significativos de Poemas en el bolso es su tratamiento de las emociones mediadas por la tecnología como emociones tan reales y dignas de atención poética como las emociones “directas” o “no mediadas” (si es que tales emociones existen todavía en nuestra época).

El gesto de borrar un nombre de WhatsApp no es tratado como un gesto superficial o menos significativo que un gesto “real”. Para el yo poético, borrar el nombre tiene consecuencias emocionales profundas. Del mismo modo, la ausencia de notificaciones no es una molestia trivial sino un signo de aislamiento social que genera una ansiedad real.

Esta legitimación de los afectos digitales es importante porque reconoce que la vida emocional contemporánea está inextricablemente entrelazada con la tecnología. No podemos separar nuestras emociones “reales” de nuestras emociones “digitales” porque esa distinción ya no tiene sentido. Cuando pasamos horas cada día interactuando a través de pantallas, cuando mantenemos relaciones significativas principalmente a través de mensajería, cuando nuestra identidad se construye en parte a través de nuestras presencias digitales, los afectos digitales son simplemente afectos.

6.2. La ansiedad como emoción característica de la era digital

Si tuviéramos que identificar una emoción dominante en Poemas en el bolso, probablemente sería la ansiedad. No la tristeza (aunque hay abundante tristeza) ni la rabia (aunque también hay rabia), sino la ansiedad: esa sensación de inquietud difusa, de espera angustiosa, de incertidumbre persistente.

Esta ansiedad está frecuentemente asociada con las tecnologías digitales: la ansiedad por la falta de notificaciones, la ansiedad por perder las palabras almacenadas en el teléfono, la ansiedad sobre qué recuerdos decidirá mostrarnos el algoritmo. Pero también hay una ansiedad más general sobre el desplazamiento, la pérdida, la incapacidad de encontrar un lugar estable.

Esta ansiedad contemporánea es diferente de las emociones que tradicionalmente han sido el objeto de la lírica (amor, melancolía, júbilo). Es una emoción más difusa, menos narrativizable, más persistente. El lenguaje coloquial y las referencias tecnológicas permiten a Navas capturar esta ansiedad de una manera que un lenguaje más elevado o tradicional no podría.

6.3. La soledad hiperconectada

Uno de los fenómenos más paradójicos de la era digital es la posibilidad de sentirse profundamente solo mientras se está constantemente conectado. “Sin notificaciones” captura perfectamente esta paradoja: el yo poético está potencialmente conectado (tiene el teléfono, tiene las aplicaciones) pero la ausencia de mensajes genera una sensación de aislamiento.

Esta soledad hiperconectada es cualitativamente diferente de la soledad pre-digital. No es simplemente estar físicamente solo, sino estar solo en medio de la posibilidad constante de conexión. Es saber que otros están conectados, están recibiendo mensajes, están interactuando, mientras uno permanece en silencio.

El lenguaje coloquial y las referencias tecnológicas permiten a Navas explorar este tipo de soledad contemporánea sin tener que explicarla extensamente. La simple mención de “sin notificaciones, / sin comentarios” es suficiente para evocar todo un estado emocional que sus lectores reconocerán inmediatamente.

 

 

 

 

  1. La democratización de la poesía y el rechazo al elitismo cultural

7.1. La accesibilidad como valor estético

Una de las consecuencias más significativas de la adopción del lenguaje coloquial y las referencias contemporáneas en Poemas en el bolso es la democratización del acceso a la poesía. Frente a una tradición lírica que frecuentemente requería un conocimiento extenso de referencias culturales, mitológicas o literarias para ser plenamente apreciada, la poesía de Navas es inmediatamente accesible para cualquier persona que haya vivido en la España contemporánea.

Esta accesibilidad no debe confundirse con simplicidad. Los poemas de Navas son complejos en su construcción emocional y conceptual, pero no requieren un capital cultural específico para ser comprendidos. No es necesario haber leído a los clásicos grecolatinos, conocer la tradición lírica española, o estar familiarizado con la teoría literaria para entender y apreciar estos poemas. Solo es necesario haber vivido en el siglo XXI, haber usado WhatsApp, haber sentido la ansiedad por la falta de notificaciones.

Este rechazo al elitismo cultural puede verse como parte de un proyecto más amplio de democratización de la poesía que ha caracterizado a muchos poetas tardomilleniales. Frente a una concepción de la poesía como un arte minoritario destinado a una élite cultivada, estos poetas proponen una poesía que pueda circular más ampliamente, que pueda ser compartida en redes sociales, que pueda resonar con experiencias comunes.

7.2. La crítica implícita a la cultura “hipster”

Paradójicamente, aunque Poemas en el bolso utiliza referencias contemporáneas y urbanas, también mantiene una distancia irónica respecto a ciertos aspectos de la cultura contemporánea, particularmente la cultura “hipster” asociada con el consumo cultural sofisticado.

En “Amor bueno”, la referencia al “pan tierno / que venden en las tiendas hipsters” introduce una nota de ironía. El yo poético reconoce que está utilizando referencias de la cultura urbana contemporánea, pero también marca una distancia respecto a ella. El amor se compara con el pan de las tiendas hipsters, pero la comparación está mediada por una consciencia de la ironía de utilizar precisamente esa referencia.

Esta autoconciencia irónica evita que el poemario caiga en lo que podríamos llamar “elitismo inverso”: el rechazo al elitismo cultural tradicional no se convierte en una celebración acrítica de la cultura popular o contemporánea. Navas mantiene una posición crítica que le permite utilizar referencias contemporáneas mientras señala sus limitaciones.

7.3. La reivindicación de lo ordinario

Más allá de la accesibilidad del lenguaje, Poemas en el bolso reivindica lo ordinario, lo cotidiano, lo aparentemente insignificante como materia digna de atención poética. Las actividades domésticas (recoger la ropa del cordel, regar el macetón, preparar un arroz), los objetos prosaicos (chicle rancio, caramelo), los espacios marginales (vertederos, contenedores de basura) son tratados con la misma seriedad que los temas tradicionalmente considerados poéticos.

Esta reivindicación de lo ordinario tiene una dimensión política implícita. Al centrar la atención en las experiencias cotidianas de una mujer del sur de España que se desplaza al norte, que mantiene relaciones afectivas no normativas, que lucha con la ansiedad y el duelo, Navas está diciendo que estas experiencias —frecuentemente invisibilizadas o consideradas triviales— merecen ser el centro de la atención poética.

El título mismo del poemario —Poemas en el bolso— señala esta orientación hacia lo ordinario. Los poemas no están guardados en una biblioteca, en un archivo literario, en un espacio consagrado a la cultura. Están en el bolso, mezclados con las cosas cotidianas, llevados de un lugar a otro como parte del equipaje diario.

  1. La construcción de una comunidad interpretativa

8.1. El lector como cómplice

El uso del lenguaje coloquial y las referencias contemporáneas establece una relación específica entre el texto y el lector. No se trata de la relación tradicional entre el poeta visionario y el lector reverente, sino de una relación más horizontal, donde el lector es tratado como un cómplice que comparte las mismas experiencias y referencias.

Cuando Navas escribe “He borrado tu nombre del wasap”, no necesita explicar qué es WhatsApp ni qué significa borrar un contacto. Asume que sus lectores lo saben, que han realizado ese gesto o al menos lo comprenden. Esta asunción de experiencia compartida crea una sensación de intimidad y complicidad entre el texto y el lector.

Esta estrategia tiene el riesgo de excluir a lectores que no compartan estas referencias —lectores de otras generaciones, de otros contextos culturales— pero también crea una comunidad interpretativa específica: aquellos que reconocen y comprenden estas experiencias se sienten interpelados directamente por el texto.

8.2. La poesía como conversación pública sobre experiencias privadas

Uno de los fenómenos más interesantes de la poesía contemporánea, particularmente aquella que circula en redes sociales, es su capacidad para crear comunidades en torno a experiencias emocionales compartidas. Los poemas funcionan como formas de articular experiencias que muchas personas han vivido pero no han sabido expresar.

Cuando un lector lee “Sin notificaciones, / sin comentarios” y reconoce su propia experiencia de ansiedad digital, el poema está cumpliendo una función de validación y comunalización de esa experiencia. El lector descubre que no está solo en sentir esa ansiedad, que otros la han experimentado también, que es lo suficientemente significativa como para ser objeto de un poema.

Esta función de la poesía como conversación pública sobre experiencias privadas es facilitada por el lenguaje coloquial y las referencias compartidas. El poema se convierte en un espacio donde experiencias que podrían parecer triviales o vergonzosas (¿quién admite sentirse ansioso por la falta de notificaciones en su teléfono?) son reconocidas y legitimadas.

8.3. La circulación en redes sociales y la poesía shareable

Aunque Poemas en el bolso es un libro físico publicado por una editorial tradicional, sus características formales —poemas breves, lenguaje accesible, referencias contemporáneas— lo hacen perfectamente adecuado para la circulación en redes sociales. De hecho, muchos de estos poemas funcionarían muy bien como posts de Instagram o tweets.

Esta adaptabilidad a las plataformas digitales no es accidental. La poesía tardomillenial ha evolucionado en un contexto donde la circulación digital es tan importante, si no más, que la publicación en papel. Los poetas escriben sabiendo que sus textos pueden ser fotografiados, compartidos, comentados en redes sociales, y esta consciencia afecta sus elecciones estéticas.

El lenguaje coloquial y las referencias contemporáneas hacen que estos poemas sean fácilmente “shareables” (compartibles). Un lector puede publicar en su historia de Instagram el poema “He borrado tu nombre del wasap” y sus seguidores comprenderán inmediatamente de qué se trata, reconocerán la experiencia, y quizá compartan el poema a su vez.

Esta viralidad potencial no implica que la poesía se haya vuelto superficial o meramente comercial. Más bien, refleja una transformación en cómo la poesía circula y cumple su función social. La poesía ya no circula principalmente a través de libros vendidos en librerías especializadas, leídos en soledad, y comentados en círculos académicos. Circula también, y quizá principalmente, a través de pantallas, se lee en tránsito, se comparte con amigos, se comenta en espacios digitales.

  1. Temporalidad y obsolescencia: los riesgos del lenguaje contemporáneo

9.1. El problema de la datación

Una de las críticas frecuentemente dirigidas contra la poesía que incorpora referencias contemporáneas y tecnológicas es que corre el riesgo de envejecer mal, de volverse incomprensible o ridícula cuando las tecnologías referidas queden obsoletas. ¿Qué pasará con un poema sobre WhatsApp cuando WhatsApp ya no exista o haya sido reemplazado por otras plataformas de mensajería?

Esta crítica tiene algo de cierto. Es probable que dentro de veinte o treinta años, algunos lectores necesiten una nota al pie que explique qué era WhatsApp, del mismo modo que hoy necesitamos notas al pie que expliquen referencias culturales de poemas antiguos. La expresión “wasap” —forma coloquial y españolizada de WhatsApp— puede volverse un marcador temporal tan específico como lo son hoy expresiones de décadas pasadas.

Sin embargo, esta crítica asume que la poesía debe aspirar a una atemporalidad que quizá nunca ha sido realmente posible. Toda poesía está situada en un momento histórico específico y utiliza referencias que pueden volverse opacas con el tiempo. Los poemas de Garcilaso requieren notas al pie para explicar referencias mitológicas que eran de dominio común en el siglo XVI. Los poemas de García Lorca sobre la Guerra Civil requieren contextualización histórica. No hay razón para pensar que la poesía contemporánea deba ser diferente.

9.2. La especificidad histórica como valor

De hecho, la especificidad histórica puede ser vista como un valor más que como un defecto. Los poemas de Poemas en el bolso documentan con precisión cómo se vivían y sentían ciertas experiencias en la España de mediados de los años 2020. Son un testimonio de su momento histórico, y esa especificidad histórica puede hacerlos más valiosos, no menos.

Los futuros lectores que encuentren estos poemas podrán aprender algo sobre cómo las personas de esta época experimentaban la tecnología, el duelo, el desplazamiento. Las referencias a WhatsApp, Spotify y el algoritmo funcionarán como marcadores históricos que situarán claramente los poemas en su momento, del mismo modo que las referencias a cartas, telegramas o gramófonos sitúan otros poemas en sus épocas respectivas.

9.3. La universalidad de las emociones a través de las particularidades

Además, aunque las referencias tecnológicas específicas puedan volverse opacas, las emociones que articulan son potencialmente universales. El dolor de perder el contacto con alguien querido, la ansiedad del aislamiento social, la dificultad de procesar el duelo —estas experiencias son transhistóricas, aunque las formas específicas que toman varíen según el contexto tecnológico y social.

Un lector futuro que no sepa qué es WhatsApp todavía podrá comprender el gesto de borrar el nombre de alguien como una forma de intentar (sin éxito) cerrar una relación. La tecnología específica es menos importante que el gesto humano que facilita. Del mismo modo, la ansiedad por la falta de notificaciones es una forma específica de una ansiedad más general sobre el reconocimiento social y la pertenencia comunitaria.

En este sentido, las referencias tecnológicas en Poemas en el bolso funcionan de manera similar a como funcionan las referencias a tecnologías más antiguas en poemas anteriores. Cuando leemos en un poema del siglo XIX sobre recibir (o no recibir) una carta, comprendemos inmediatamente la emoción incluso si ya no nos comunicamos por carta. La tecnología es un vehículo para la emoción, no la emoción misma.

  1. La tradición de la antipoesía y la continuidad de la ruptura

10.1. Nicanor Parra y la antipoesía hispanoamericana

Aunque Poemas en el bolso es un producto de la poesía española del siglo XXI, tiene conexiones claras con la tradición de la antipoesía desarrollada en Hispanoamérica, particularmente por el poeta chileno Nicanor Parra. La antipoesía, tal como la concibió Parra, rechazaba el lenguaje elevado de la lírica tradicional en favor de un lenguaje coloquial, prosaico, frecuentemente irónico.

El propio Parra declaró en su poema “Manifiesto”: “Los poetas bajaron del Olimpo”. Esta imagen de los poetas descendiendo de las alturas para hablar en el lenguaje común es precisamente lo que hace Navas en Poemas en el bolso. Sus poemas no aspiran a la transcendencia olímpica sino que se sitúan deliberadamente en el nivel de lo cotidiano.

Sin embargo, hay diferencias importantes entre la antipoesía de Parra y la poesía de Navas. Parra mantenía frecuentemente un tono irónico, distanciado, casi cínico. Navas, aunque utiliza la ironía ocasionalmente, es más directamente emotiva. Sus poemas no rechazan la emoción sino que buscan expresarla en un lenguaje accesible.

10.2. La continuidad con la poesía de la experiencia española

Como señalamos anteriormente, Poemas en el bolso también se conecta con la tradición de la “poesía de la experiencia” que dominó la poesía española desde los años ochenta. Poetas como Luis García Montero ya habían incorporado el lenguaje coloquial y las referencias a la vida urbana contemporánea en su poesía.

Sin embargo, la poesía de Navas va más allá de la poesía de la experiencia en su incorporación de referencias tecnológicas específicas y en su exploración de experiencias que la generación anterior de poetas de la experiencia no había vivido. García Montero podía escribir sobre bares, películas de cine, canciones de Sabina. Navas escribe sobre WhatsApp, Spotify y algoritmos porque estas son las referencias de su generación.

10.3. La normalización de la ruptura

Lo que es quizá más significativo sobre el lenguaje coloquial en Poemas en el bolso es que ya no se presenta como una ruptura provocadora con la tradición. No hay en estos poemas un gesto de rebelión explícito, una declaración de que se está rompiendo con las normas. El lenguaje coloquial y las referencias contemporáneas se utilizan con naturalidad, como si fueran simplemente la forma normal de escribir poesía.

Esto sugiere que la batalla por legitimar el lenguaje coloquial en la poesía española ya ha sido ganada. Ya no es necesario defender o justificar el uso de expresiones como “wasap” o “maricón” en un poema. Se pueden utilizar simplemente porque son parte del lenguaje que utilizamos para hablar sobre nuestras experiencias.

Esta normalización de lo que alguna vez fue ruptura es característica de cómo evolucionan las tradiciones literarias. Lo que una generación considera escandaloso, la siguiente lo considera normal. La ruptura se convierte en tradición, y luego en convención.

  1. Género, clase y lenguaje

11.1. El lenguaje coloquial como lenguaje feminizado

Existe una larga tradición en la crítica literaria occidental de asociar el lenguaje elevado, formal, con lo masculino, y el lenguaje coloquial, emotivo, con lo femenino. Esta asociación ha sido frecuentemente utilizada para desvalorizar tanto a las escritoras como al lenguaje coloquial: ambos son considerados menos serios, menos importantes, menos dignos de atención crítica.

La adopción del lenguaje coloquial por parte de Navas puede leerse en este contexto. Al utilizar un registro conversacional, emotivo, centrado en experiencias domésticas y relaciones personales, Navas está trabajando en un territorio que ha sido tradicionalmente codificado como femenino. Sin embargo, no parece estar preocupada por legitimarse según los estándares masculinos de seriedad y formalidad.

Esta falta de ansiedad sobre la percepción de su trabajo como “femenino” (y por tanto potencialmente trivial) es característica de muchas escritoras contemporáneas que han dejado de intentar escribir “como hombres” para ser tomadas en serio. En lugar de eso, reivindican las formas de expresión asociadas con lo femenino como igualmente válidas y potentes.

11.2. La marca de clase en el lenguaje

El lenguaje coloquial de Poemas en el bolso también tiene marcas de clase. Las referencias a actividades domésticas (recoger la ropa del cordel, regar plantas), los espacios marginales (vertederos, contenedores de basura), y las expresiones coloquiales andaluzas sitúan al yo poético en una posición de clase trabajadora o media-baja.

Esto contrasta con el lenguaje de la poesía tradicional, que frecuentemente asumía (y reproducía) una posición de clase alta o al menos de clase media educada. El vocabulario culto, las referencias a la cultura clásica, los escenarios de salones y jardines aristocráticos —todos estos elementos situaban la poesía tradicional en un espacio de clase privilegiada.

Al rechazar este lenguaje y estos escenarios en favor de un lenguaje y unos espacios marcados por la clase trabajadora, Navas está haciendo una elección que tiene implicaciones políticas. Está diciendo que las experiencias de las personas de clase trabajadora merecen ser el centro de la atención poética, que su lenguaje es tan válido como el lenguaje culto.

11.3. La intersección de género, clase y geografía

La experiencia que documenta Poemas en el bolso está marcada por la intersección de género, clase y geografía. El yo poético es una mujer del sur de España (región históricamente más pobre que el centro y el norte) que se desplaza al norte, presumiblemente por razones económicas o profesionales, como han hecho millones de españoles a lo largo del siglo XX y XXI.

Esta triple marca —mujer, del sur, clase trabajadora o media-baja— sitúa al yo poético en una posición de subalternidad múltiple. El lenguaje coloquial, con sus marcas dialectales andaluzas y sus referencias a experiencias de clase trabajadora, funciona como una forma de resistencia contra la hegemonía lingüística del español estándar, educado, del centro del país.

Al mismo tiempo, el poemario documenta las presiones para modificar este lenguaje, para “limpiarse” el acento, para adoptar las formas de expresión dominantes. El poema “Extraña” menciona explícitamente que el sujeto “Cambió el acento, / las palabras”, señalando el costo identitario de la adaptación al nuevo territorio.

  1. La poesía en la era de la atención fragmentada

12.1. La brevedad como estrategia

La mayoría de los poemas en Poemas en el bolso son relativamente breves, frecuentemente de una página o menos. Esta brevedad puede relacionarse con las condiciones de atención de la era digital, donde los textos largos compiten con una infinidad de otras demandas de atención.

La poesía, que tradicionalmente ha sido un género breve, está particularmente bien situada para prosperar en la era de la atención fragmentada. Un poema puede leerse en el tiempo que se tarda en esperar el metro, durante una pausa en el trabajo, antes de dormir. No requiere el compromiso sostenido de tiempo que requiere una novela.

Navas parece ser consciente de estas condiciones de recepción. Sus poemas son lo suficientemente breves como para ser leídos en una sola sesión de lectura, pero lo suficientemente densos como para recompensar la relectura. Pueden funcionar tanto en la lectura rápida y superficial de las redes sociales como en la lectura más lenta y meditativa del libro físico.

12.2. La intensidad frente a la extensión

La brevedad de los poemas no implica superficialidad. De hecho, la intensidad emocional de muchos poemas de Poemas en el bolso es considerable. La estrategia parece ser concentrar la emoción en espacios breves, crear impacto mediante la condensación más que mediante la extensión.

El poema “Diagnóstico”, por ejemplo, tiene solo dieciséis versos breves, pero logra transmitir una sensación abrumadora de crisis mediante la acumulación rápida de imágenes y sensaciones. La brevedad misma contribuye al efecto: el lector experimenta una sensación de bombardeo, de ser abrumado por información y emociones, que replica la experiencia de la crisis que el poema describe.

12.3. La modularidad del poemario

El poemario como un todo también tiene una cualidad modular: cada poema funciona como una unidad relativamente autónoma que puede leerse independientemente de los demás. No hay una narrativa fuerte que conecte todos los poemas, no hay una estructura argumental que requiera leer el libro en un orden específico.

Esta modularidad es adaptativa en el contexto digital, donde los poemas individuales pueden circular separados del libro que los contiene. Un lector puede encontrar “He borrado tu nombre del wasap” compartido en Instagram, leerlo, apreciarlo, sin necesariamente conocer el resto del poemario. Si le gusta, puede buscar el libro completo, pero el poema individual ya ha cumplido su función.

Esta estructura modular contrasta con ciertos poemarios contemporáneos que funcionan como obras unitarias, donde cada poema es una pieza de un proyecto más amplio que solo cobra sentido en conjunto. Poemas en el bolso permite ambos tipos de lectura: la lectura fragmentada de poemas individuales y la lectura continua del libro completo.

 

 

Conclusión: Hacia una poética del presente continuo

Poemas en el bolso de María Navas representa una maduración de las estrategias que han caracterizado a la poesía tardomillenial española: la incorporación naturalizada del lenguaje coloquial, la integración de referencias tecnológicas contemporáneas, la exploración de afectos digitales, y la reivindicación de experiencias ordinarias como materia poética legítima. El poemario demuestra que estas estrategias no son meramente modas pasajeras sino recursos poéticos potentes capaces de capturar la complejidad de la experiencia contemporánea.

La subversión de las convenciones líricas tradicionales que opera Navas —el reemplazo de los pájaros por cucarachas, de los jardines por vertederos, del amor cortés por el amor bueno— no es simplemente iconoclastia ni rechazo irreflexivo de la tradición. Es más bien una actualización de los recursos poéticos para dar cuenta de una experiencia que la tradición lírica no contemplaba: la experiencia de la mujer tardomillenial, migrante interna, de clase trabajadora o media-baja, que navega entre múltiples formas de subalternidad mientras intenta construir una vida significativa.

El lenguaje coloquial en este poemario no es un descenso desde las alturas de la lírica tradicional, sino un reconocimiento de que el lenguaje que utilizamos cotidianamente para hablar sobre nuestras experiencias más significativas es también un lenguaje capaz de intensidad poética. Cuando Navas escribe “He borrado tu nombre del wasap”, no está rebajando la poesía al nivel de lo trivial; está elevando lo cotidiano al nivel de lo poético, demostrando que los gestos que realizamos con nuestros teléfonos móviles son tan cargados de significado como los gestos rituales de épocas anteriores.

Las referencias tecnológicas —WhatsApp, Spotify, la nube, el algoritmo, las notificaciones— no son meros adornos contemporáneos sino elementos estructurales de cómo vivimos y sentimos en el siglo XXI. Los afectos digitales no son menos reales que los afectos “directos”; de hecho, esa distinción misma ha dejado de tener sentido en una época donde nuestras vidas están inextricablemente entrelazadas con las tecnologías digitales. La poesía que ignora esta realidad corre el riesgo de volverse irrelevante, de hablar sobre una experiencia humana que ya no existe (si es que alguna vez existió).

Al mismo tiempo, Poemas en el bolso evita la trampa del presentismo acrítico, la celebración ingenua de todo lo contemporáneo simplemente por ser contemporáneo. La referencia irónica a las “tiendas hipsters”, la crítica al selfie que impide ver las sombras, la caracterización del algoritmo como un dios caprichoso —todos estos elementos señalan una posición crítica respecto a la cultura contemporánea. Navas utiliza el lenguaje y las referencias de su tiempo sin quedar atrapada en una aceptación acrítica de ese tiempo.

La construcción de una comunidad interpretativa a través del lenguaje coloquial y las referencias compartidas tiene implicaciones importantes para el futuro de la poesía. Sugiere que la poesía puede recuperar relevancia social no aislándose en una torre de marfil de experimentación formal y referencias eruditas, sino conectando directamente con las experiencias comunes de una comunidad de lectores. La poesía shareable, que circula en redes sociales, que se comenta y se comparte, que genera conversaciones, puede ser simultáneamente poesía seria, compleja, formalmente sofisticada.

El riesgo de la datación —que los poemas envejezcan mal cuando las tecnologías referidas queden obsoletas— es real pero quizá menos importante de lo que los críticos puristas sugieren. Toda poesía está situada en su momento histórico, y esa especificidad histórica puede ser un valor más que un defecto. Los futuros lectores de Poemas en el bolso encontrarán en él un testimonio preciso de cómo se vivían ciertas experiencias en la España de mediados de los años 2020, y eso tiene su propio valor, independientemente de si todavía se use WhatsApp o no.

Finalmente, la dimensión política del lenguaje coloquial en Poemas en el bolso —su función como resistencia contra las hegemonías de género, clase y geografía— sugiere que las elecciones lingüísticas en poesía nunca son puramente estéticas sino que siempre tienen implicaciones políticas. Al escribir en un registro marcado por el género femenino, la clase trabajadora y el origen andaluz, Navas está haciendo una declaración sobre quién tiene derecho a hablar en poesía, qué experiencias merecen atención poética, qué lenguajes son considerados legítimos.

La poética del presente continuo que emerge de Poemas en el bolso no es una poética de la novedad perpetua ni del rechazo de toda tradición. Es más bien una poética que reconoce que vivimos en un presente que está constantemente transformándose, donde las formas de vida, las tecnologías de comunicación, las estructuras de sentimiento están en cambio continuo. La poesía que quiera dar cuenta de este presente en movimiento debe ser capaz de incorporar sus lenguajes, sus referencias, sus afectos, sin perder por ello intensidad ni complejidad.

En este sentido, Poemas en el bolso no es solo un poemario sobre el duelo, el desplazamiento y la reconstitución identitaria. Es también, quizá principalmente, un testimonio sobre cómo se vive, se siente y se habla en la España tardomillenial. Es un documento de su tiempo, pero como todo gran documento de su tiempo, contiene elementos que trascienden ese tiempo: la experiencia del desarraigo, la dificultad de procesar la pérdida, la búsqueda de lenguajes adecuados para nombrar lo que nos pasa. Estos son problemas humanos transhistóricos, pero cada época los vive y los articula de maneras específicas. La contribución de Navas es haber encontrado un lenguaje —coloquial, tecnológico, específicamente situado— capaz de dar cuenta de cómo nuestra época los vive y los articula.

 

Tags: No tags