Olivares Tomás, Ana María. «AMOR DEL BUENO: ECONOMÍAS AFECTIVAS, PRECARIEDAD EMOCIONAL Y NUEVO ROMANTICISMO EN LA POESÍA ESPAÑOLA MILLENNIAL». Zenodo, 30 de noviembre de 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.17771507
AMOR DEL BUENO: ECONOMÍAS AFECTIVAS, PRECARIEDAD EMOCIONAL Y NUEVO ROMANTICISMO EN LA POESÍA ESPAÑOLA MILLENNIAL
ANÁLISIS DEL POEMA “AMOR BUENO” DE MARÍA NAVAS EN EL CONTEXTO DE LA GENERACIÓN POST-CRISIS
ÍNDICE
- INTRODUCCIÓN
- MARCO TEÓRICO
2.1. La generación millennial española: dos crisis y una precariedad estructural
2.2. Economías afectivas y mercantilización del amor en la era neoliberal
2.3. La fatiga del swipe y el agotamiento emocional digital
2.4. El retorno del romanticismo como contracultura
III. EL POEMA “AMOR BUENO”: TEXTO Y CONTEXTO
- ANÁLISIS TEXTUAL
4.1. La metáfora del pan hipster: clase, consumo y afectividad
4.2. La oposición entre amores inflamatorios y amores sostenibles
4.3. El vino espeso: placer sin resaca, afecto sin ruina
4.4. El rechazo del “dramón de cine”: contra el romanticismo tóxico
4.5. “Amor en presente y en ahora”: temporalidad y sostenibilidad afectiva
- LA CONSTRUCCIÓN DE UNA AFECTIVIDAD SOSTENIBLE
- EL POEMA EN EL CONTEXTO GENERACIONAL MILLENNIAL
VII. CONCLUSIONES
VIII. BIBLIOGRAFÍA
- INTRODUCCIÓN
El poema “Amor bueno” de María Navas, incluido en su poemario Poemas en el bolso (Editorial Poesía eres tú, 2025), articula una propuesta afectiva que debe leerse en el contexto de las transformaciones profundas que han experimentado las formas de vinculación amorosa en la España post-crisis. La voz poética establece una distinción explícita entre tipos de amor mediante un vocabulario que mezcla el lenguaje del consumo (“pan tierno que venden en las tiendas hipsters”), el léxico corporal (“inflama las tripas”, “deja el cuerpo roto”) y la temporalidad del presente (“amor en presente y en ahora”).
Esta mercantilización aparente del afecto —hablar de “amor del bueno” como quien habla de “pan del bueno”— podría leerse superficialmente como una reproducción de la lógica neoliberal que convierte toda relación humana en una transacción de mercado. Sin embargo, un análisis más detallado revela que el poema opera precisamente en la dirección contraria: utiliza el vocabulario del consumo para subvertirlo, proponiendo una forma de vinculación que rechaza tanto el romanticismo tóxico del “dramón de cine” como la precariedad afectiva de las relaciones líquidas contemporáneas.
El poema debe situarse dentro de un contexto generacional específico. María Navas, nacida en los años ochenta, pertenece a la generación millennial española, que ha vivido su entrada a la vida adulta marcada por dos crisis económicas devastadoras (2008 y 2020), por la precarización laboral estructural, por la imposibilidad de emancipación y por el agotamiento emocional producido por las aplicaciones de citas y las redes sociales. Esta generación, como señalan los estudios recientes, es “la más preparada” pero también “la más rota emocionalmente”.
En este contexto, la búsqueda de un “amor del bueno” no es un capricho consumista sino una necesidad existencial: encontrar formas de vinculación que no reproduzcan la precariedad que atraviesa todas las demás dimensiones de la vida millennial. El poema propone lo que podríamos llamar una “afectividad sostenible”, un amor que “calienta y no aprieta”, que “sostiene en el aire cuando te sientes caer”, que existe “en presente y en ahora” sin las promesas grandilocuentes del romanticismo tradicional ni el cinismo desencantado del amor líquido.
La presente monografía examina cómo “Amor bueno” articula esta propuesta afectiva, analizando sus estrategias retóricas, su inscripción en el contexto generacional millennial español, y su contribución a la configuración de nuevas formas de pensar el amor en la poesía española del siglo XXI. El análisis se centra en cómo el poema utiliza el vocabulario del consumo, la corporalidad, la temporalidad y el rechazo del dramatismo para proponer una economía afectiva alternativa.
- MARCO TEÓRICO
2.1. La generación millennial española: dos crisis y una precariedad estructural
Los millennials españoles, definidos como la cohorte nacida aproximadamente entre 1981 y 1996, han experimentado una trayectoria vital marcada por la precariedad estructural. A diferencia de sus padres, que vivieron la transición democrática y la bonanza económica de los años noventa y principios de los 2000, los millennials han tenido que construir sus vidas en un contexto de crisis permanente.
La crisis financiera de 2008 golpeó a esta generación precisamente en el momento de su incorporación al mercado laboral. Como señalan los estudios recientes, “los millennials españoles han sufrido dos profundas recesiones en su ardua incorporación al mercado laboral”. La primera crisis (2008-2014) destruyó millones de empleos, especialmente los ocupados por jóvenes. La segunda crisis, provocada por la pandemia de COVID-19 (2020-2021), impactó nuevamente de forma desproporcionada a los trabajadores jóvenes.
Las consecuencias de esta doble crisis son múltiples y profundas:
Precariedad laboral estructural: Más de la mitad de los contratos de los menores de 30 años son temporales. Los salarios reales de los jóvenes han caído sistemáticamente. La temporalidad, la parcialidad no deseada y el subempleo (trabajar en puestos por debajo de la cualificación) son la norma, no la excepción.
Imposibilidad de emancipación: La edad media de emancipación en España es de 29 años, muy por encima de la media europea (26 años). Solo un 16% de los jóvenes españoles está emancipado, según datos del Consejo de la Juventud de España. Los precios de la vivienda, tanto de compra como de alquiler, han crecido exponencialmente mientras los salarios se estancaban, haciendo materialmente imposible la independencia residencial para la mayoría de los jóvenes.
Infantilización social: Como señala la socióloga Miriam Jiménez, “la precariedad infantiliza y hace que las personas no puedan tener independencia en sus vidas, que es la primera característica de la adultez: poder ser autónomo y no depender de tus progenitores”. Los millennials experimentan una sensación generalizada de “no sentirse del todo adultos”, de que “la vida se les escapa de las manos”, de estar atrapados en una adolescencia prolongada no deseada.
Imposibilidad de planificación vital: La precariedad impide cualquier proyecto de vida a medio o largo plazo. No se puede decidir tener hijos, comprar una vivienda, cambiar de trabajo o iniciar un proyecto empresarial cuando el futuro es radicalmente incierto. Esta imposibilidad de proyectar genera un presentismo forzado: vivir día a día porque no hay forma de planificar el mañana.
Impacto psicológico: Aproximadamente el 18% de los jóvenes españoles entre 16 y 35 años experimenta trastornos de ansiedad, y el 12% presenta síntomas de depresión. Los millennials son descritos como “la generación del burnout”, del agotamiento crónico que combina el sobreesfuerzo constante (estudiar más, trabajar más, moverse más) con la ausencia de resultados (no se logra la estabilidad, no se alcanza la independencia, no se consigue la seguridad).
En este contexto de precariedad estructural, las relaciones afectivas no pueden permanecer indemnes. La imposibilidad de emanciparse implica dificultades para convivir en pareja. La movilidad laboral forzada (tener que mudarse constantemente buscando trabajo) dificulta mantener vínculos estables. La incertidumbre económica genera ansiedades que impactan en las relaciones. Y, fundamentalmente, el agotamiento emocional generalizado reduce la energía disponible para el cuidado afectivo.
2.2. Economías afectivas y mercantilización del amor en la era neoliberal
El neoliberalismo, como sistema económico y como racionalidad gubernamental, ha colonizado progresivamente todas las esferas de la vida, incluyendo las relaciones afectivas. Esta colonización opera mediante la extensión de la lógica del mercado —competencia, contrato, cálculo costo-beneficio— a dominios que previamente operaban con otras lógicas.
Eva Illouz, en Por qué duele el amor (2012), analiza cómo el capitalismo emocional transforma las relaciones íntimas mediante dos procesos complementarios: la mercantilización de las emociones (las emociones se vuelven recursos que se administran, se invierten, se rentabilizan) y la emocionalización del consumo (compramos objetos y servicios no por su utilidad sino por las emociones que prometen).
En el ámbito específico de las relaciones amorosas, esta mercantilización se manifiesta en varios fenómenos:
El amor como mercado: Las aplicaciones de citas han literalizado la metáfora del “mercado del amor”. En Tinder, Bumble o Grindr, los usuarios se presentan como productos que compiten por la atención, se valoran mediante sistemas de puntuación implícitos (los likes, los matches), y se descartan con la misma facilidad con que se descarta un producto defectuoso. El vocabulario del marketing invade el discurso sobre las relaciones: hay que “venderse bien”, “diferenciarse de la competencia”, “maximizar las oportunidades”.
La contractualización de los vínculos: Como señala el artículo “Poliamor: ¿amor libre o neoliberal?”, existe una tendencia creciente a conceptualizar las relaciones amorosas como contratos entre individuos autónomos que negocian términos y condiciones. Esta lógica contractual, presentada como liberadora, reproduce la estructura de las relaciones de mercado: quienes tienen más poder (capital económico, relaciones sociales, capital erótico) explotan a quienes tienen menos.
La optimización afectiva: El imperativo neoliberal de la productividad y la eficiencia se extiende al ámbito afectivo. Hay que optimizar el tiempo invertido en las relaciones, maximizar la satisfacción, minimizar los costos emocionales. Las relaciones se evalúan según su “retorno de inversión emocional”.
El consumo emocional: El amor se vuelve una experiencia de consumo más. Se buscan “experiencias” amorosas que proporcionen satisfacción inmediata, que sean “instagrameables”, que generen las emociones apropiadas. Y cuando una relación deja de proporcionar satisfacción, se descarta y se busca una nueva, con la misma lógica con que se cambia de teléfono móvil.
Sin embargo, esta mercantilización del amor genera profundas contradicciones y malestares. El amor mercantilizado es amor precario: vínculos frágiles, fácilmente descartables, que no proporcionan la seguridad ni el reconocimiento que los sujetos necesitan. La lógica del mercado, aplicada a las relaciones, produce un sufrimiento específico que múltiples voces, especialmente feministas, han denunciado.
2.3. La fatiga del swipe y el agotamiento emocional digital
Las aplicaciones de citas, que prometían democratizar el acceso al amor y ampliar las opciones disponibles, han producido lo que se conoce como “fatiga del swipe” o “agotamiento de las apps de citas”. Este fenómeno tiene varias dimensiones:
La paradoja de la elección: Aunque aparentemente tener más opciones es mejor, la psicología cognitiva ha demostrado que un exceso de opciones genera parálisis, insatisfacción y ansiedad. En las apps de citas, los usuarios se enfrentan a cientos o miles de perfiles, lo que dificulta la toma de decisiones y genera la sensación constante de que “quizá haya alguien mejor” en el siguiente swipe.
La gamificación del deseo: Las apps están diseñadas con mecánicas de videojuego (notificaciones, recompensas intermitentes, sistemas de puntos) que generan adicción y ansiedad. El match se convierte en una fuente de validación narcisista, pero al mismo tiempo produce una cosificación mutua: las personas se reducen a imágenes que se descartan con un gesto.
El ghosting y la descartabilidad: La facilidad para conectar se corresponde con una facilidad equivalente para desconectar. El “ghosting” (desaparecer sin explicación) se ha normalizado como práctica, generando heridas emocionales específicas: la persona “fantasmizada” queda en la incertidumbre, sin saber qué ocurrió, sin poder procesar el final de la relación.
La multiplicación de vínculos precarios: Las apps favorecen la multiplicación de contactos superficiales frente a la construcción de vínculos profundos. Se mantienen simultáneamente múltiples conversaciones que no conducen a ninguna parte, generando una sensación de actividad frenética pero estéril.
El impacto en la autoestima: La experiencia continua de ser rechazado (no recibir matches, no recibir respuestas, ser ghosteado) impacta negativamente en la autoestima. Los usuarios internalizan la lógica del mercado: “no soy suficientemente atractivo/interesante/valioso”.
Los estudios recientes muestran que cada vez más usuarios abandonan las plataformas de citas o las usan con menor frecuencia y mucho menos entusiasmo. Como señala un artículo de Vogue citado en los estudios, “tener novio en 2025 da vergüenza”, lo que revela la profundidad del cinismo y el desencanto que caracterizan el panorama afectivo millennial.
Esta fatiga del swipe produce lo que se ha denominado “Recesión Crush” o “recesión del enamoramiento”: una disminución general en la disposición a enamorarse, a comprometerse, a invertir emocionalmente en relaciones. Esta recesión no es solo el resultado de las apps sino de un conjunto más amplio de factores (precariedad, agotamiento, desconfianza), pero las apps la han intensificado.
2.4. El retorno del romanticismo como contracultura
Paradójicamente, en medio de este paisaje de amor líquido, mercantilizado y agotador, emerge un fenómeno que los analistas culturales denominan “el retorno del romanticismo”. Como señala un artículo reciente de El Mundo, “lo romántico se ha convertido en contracultura. Cansados de escuchar la cantinela del amor líquido, millennials y zetas han decidido solidificarlo en masa”.
Este retorno del romanticismo tiene características específicas que lo diferencian tanto del romanticismo tradicional como del amor líquido:
Romanticismo elegido, no impuesto: A diferencia del romanticismo tradicional, que formaba parte de un sistema normativo que prescribía roles de género rígidos, este nuevo romanticismo se presenta como una elección consciente. Como señala la psicóloga Silvia Sanz, “el amor ya no se vive desde la imposición o la necesidad, sino desde la elección. Mejor aún, desde el compromiso”.
Búsqueda de profundidad y duración: Frente a los vínculos superficiales y efímeros de las apps, las nuevas generaciones buscan “historias que duren, rituales que den sentido, vínculos que anclen”. Hay un deseo explícito de “recuperar profundidad en medio de tanto movimiento”.
El compromiso como refugio de la precariedad: En un contexto de incertidumbre total —precariedad laboral, alquileres imposibles, crisis climática—, el compromiso afectivo se presenta como una forma de crear estabilidad. Como dice una de las entrevistadas: “valoramos más la tranquilidad que te da tener un compañero de vida y un proyecto junto a otra persona”.
Renuncia a la “vida resuelta”: A diferencia de la generación anterior, que esperaba tener toda la vida “resuelta” (casa, trabajo estable, independencia económica) antes de comprometerse en pareja, los millennials han renunciado a esa expectativa. Como señala una entrevistada: “hemos renunciado a tener nuestra vida resuelta antes de atrevernos a dar ese paso”.
Parejas como “equipos”: El modelo emergente no es el del amor romántico tradicional (dos mitades que se completan) sino el del “equipo” que enfrenta juntos la adversidad del mundo. La metáfora del partnership, del compañerismo, sustituye a la del amor pasional.
Sin embargo, este retorno del romanticismo coexiste con fuertes resistencias y contradicciones. Persiste un cinismo generalizado hacia las relaciones (“tener novio da vergüenza”), una dificultad para confiar después de las experiencias traumáticas en apps, y una tensión entre el deseo de compromiso y el miedo a la dependencia.
III. EL POEMA “AMOR BUENO”: TEXTO Y CONTEXTO
El poema completo dice así:
Me da amor del bueno. Bueno como el pan tierno que venden en las tiendas hipsters, del que no inflama las tripas después de haberte saciado.
Me da amor del bueno. Bueno como el vino espeso que sabe a madera, regaliz y otras cosas deliciosas, del que no da resaca ni deja el cuerpo roto.
Me da amor del bueno. Del que calienta y no aprieta, pero sostiene en el aire cuando te sientes caer.
Amor, en presente y en ahora.
Y yo, que siempre quise un buen dramón de cine, ahora solo deseo un buen amor como el suyo.
El poema consta de diecisiete versos organizados en cinco estrofas de longitud desigual. La estructura es claramente repetitiva, con la frase “Me da amor del bueno” funcionando como estribillo que se repite tres veces. Esta repetición no es ornamental sino estructural: el poema construye su significado mediante la acumulación de definiciones y comparaciones que van especificando qué es ese “amor del bueno”.
El poema aparece en la página 49 de Poemas en el bolso, en la parte final del poemario, después de los poemas sobre duelo, enfermedad y migración. Esta ubicación es significativa: después de narrar múltiples formas de pérdida y dolor, el poemario culmina con una afirmación de la posibilidad del amor. No es un final feliz convencional, pero sí un gesto de apertura hacia el futuro, una declaración de que el amor sostenible es posible incluso después del trauma.
El título del poema, “Amor bueno”, es deliberadamente sencillo, casi coloquial. Podría ser el título de una receta de cocina o de una reseña de producto en Amazon. Esta simplicidad contrasta con los títulos grandilocuentes que caracterizaban la poesía amorosa tradicional (“Soneto del amor oscuro”, “Los éxtasis del amor”, etc.). La sencillez del título anticipa la propuesta del poema: desinflar el amor de su retórica grandilocuente y hablarlo en términos simples, cotidianos, casi domésticos.
- ANÁLISIS TEXTUAL
4.1. La metáfora del pan hipster: clase, consumo y afectividad
La primera comparación del poema introduce una metáfora alimentaria que será central en todo el texto:
“Bueno como el pan tierno que venden en las tiendas hipsters”
Esta imagen es sorprendente por varias razones. Primero, introduce el referente de las “tiendas hipsters”, estableciendo un marcador de clase y generacional muy específico. Las tiendas hipsters —panaderías artesanales, tiendas de productos ecológicos, comercios de diseño— son un fenómeno urbano reciente, asociado con una clase media joven con cierto poder adquisitivo pero sin acceso a la propiedad, que invierte en consumo experiencial y en productos con narrativas de autenticidad.
El “pan tierno” de estas tiendas se opone al pan industrial de los supermercados. Es más caro, se presenta como más saludable (masa madre, harinas integrales, procesos artesanales), y forma parte de un estilo de vida que valora lo “auténtico”, lo “local”, lo “slow”. Comprar pan en una panadería hipster es un acto de consumo que comunica identidad: soy alguien que valora la calidad sobre la cantidad, que está dispuesto a pagar más por un producto mejor, que se preocupa por el origen de lo que consume.
Al comparar el amor con este pan hipster, el poema está operando simultáneamente en dos registros. Por un lado, está utilizando el vocabulario del consumo, mercantilizando aparentemente el amor (“amor del bueno” como “pan del bueno”). Por otro lado, está estableciendo una distinción de calidad: no todo amor es igual, hay amores buenos y amores malos, y esta distinción es análoga a la distinción entre el pan artesanal y el pan industrial.
La especificación que sigue es crucial:
“del que no inflama las tripas después de haberte saciado”
Esta imagen corporal introduce la dimensión de la digestibilidad, del impacto que el alimento (y por extensión el amor) tiene sobre el cuerpo. El pan industrial, hecho con harinas refinadas y aditivos, puede generar inflamación intestinal, problemas digestivos, malestar. Sacia momentáneamente pero produce efectos secundarios desagradables.
La metáfora es clara: hay amores que sacian momentáneamente pero que después inflaman, que producen malestar, que dejan el cuerpo en un estado peor que antes. Son amores que parecen nutrirnos pero que en realidad nos enferman. El “amor del bueno”, en cambio, nutre sin inflamar, sacia sin producir efectos secundarios negativos.
Esta metáfora del amor inflamatorio conecta con experiencias que probablemente resonarán con muchos lectores millennials: relaciones intensas pero tóxicas, que generan constante ansiedad, que producen un estado de inflamación emocional permanente. El discurso terapéutico contemporáneo ha popularizado el concepto de “relación tóxica”, y la metáfora del poema puede leerse en ese registro: el amor malo es tóxico, inflama el sistema, produce enfermedad.
4.2. La oposición entre amores inflamatorios y amores sostenibles
La segunda estrofa desarrolla la metáfora alimentaria mediante una nueva comparación:
“Bueno como el vino espeso que sabe a madera, regaliz y otras cosas deliciosas”
El vino espeso, con su sabor complejo (“madera, regaliz y otras cosas deliciosas”), representa el placer sofisticado, el disfrute cultivado. No es el vino barato de tetrabrik sino el vino de calidad, probablemente de una bodega pequeña, ecológico, con denominación de origen. Nuevamente, estamos en el universo del consumo hipster, pero ahora aplicado a una sustancia embriagante.
El vino introduce una dimensión que el pan no tenía: la intoxicación, la alteración de la consciencia, el riesgo de la resaca. Y precisamente esta dimensión es lo que la siguiente especificación aborda:
“del que no da resaca ni deja el cuerpo roto”
Esta imagen es particularmente potente. La resaca es el castigo físico del exceso, el precio que se paga por la embriaguez de la noche anterior. En términos metafóricos, la resaca amorosa sería el sufrimiento que sigue al placer, la depresión que sigue a la euforia, el dolor de cabeza (y de corazón) que sigue al exceso afectivo.
La expresión “deja el cuerpo roto” es aún más fuerte. Sugiere violencia, daño físico, una destrucción que va más allá del mero malestar. Un cuerpo roto es un cuerpo que necesita tiempo para recuperarse, que ha sufrido un trauma.
La oposición que el poema establece es clara: hay amores que son como el alcohol malo, que embriagan momentáneamente pero que después dejan el cuerpo roto, que producen una resaca terrible. Y hay amores que son como el vino bueno: proporcionan placer (“sabe a madera, regaliz y otras cosas deliciosas”) sin producir los efectos secundarios devastadores.
Esta oposición entre amores inflamatorios/destructivos y amores sostenibles/nutritivos estructura todo el poema. El “amor del bueno” no es un amor aburrido, sin pasión, sin placer. Es un amor que proporciona satisfacción (“saciado”, “deliciosas”) sin el costo del sufrimiento posterior.
4.3. El vino espeso: placer sin resaca, afecto sin ruina
La insistencia en que el vino bueno “no da resaca ni deja el cuerpo roto” merece un análisis más detenido. Esta formulación está rechazando implícitamente un modelo de amor que podríamos llamar “amor euforia-catástrofe”, caracterizado por ciclos de intensidad emocional extrema (la euforia del enamoramiento, la pasión arrebatadora) seguidos de caídas igualmente extremas (el sufrimiento, la ruptura traumática, la depresión).
Este modelo de amor euforia-catástrofe tiene profundas raíces culturales. Es el modelo del amor romántico tradicional, especialmente en su versión trágica (Romeo y Julieta, Tristán e Isolda): el amor verdadero es intenso, absoluto, totalitario, y frecuentemente termina en muerte o destrucción. Es también el modelo del amor pasional cantado por el rock, el pop, las baladas: el amor que te vuelve loco, que te destruye, que te consume.
Este modelo de amor tiene una lógica adictiva: la euforia es tan intensa que justifica la posterior catástrofe. El dolor del desamor es el precio que se paga por haber experimentado la intensidad del enamoramiento. Y esta lógica adictiva se ve reforzada por las narrativas culturales que romantifican el sufrimiento amoroso: “quien no sufre, no ama”, “el amor duele”, “sin lágrimas no hay amor verdadero”.
El poema rechaza explícitamente este modelo. El “amor del bueno” proporciona placer (“deliciosas”) pero no produce resaca, no deja el cuerpo roto. Es un amor que rompe la lógica adictiva del ciclo euforia-catástrofe, que propone una forma de placer sostenible, que no requiere pagar con sufrimiento posterior.
Esta propuesta puede parecer poco romántica, casi prosaica. ¿Dónde está la pasión arrebatadora, la intensidad, el drama? La respuesta del poema es clara: esas cosas, lejos de ser deseables, son precisamente lo que hay que evitar. Son los síntomas del amor malo, del amor que inflama y destruye.
4.4. El rechazo del “dramón de cine”: contra el romanticismo tóxico
La tercera estrofa introduce una nueva metáfora, ahora no alimentaria sino térmica y física:
“Del que calienta y no aprieta, pero sostiene en el aire cuando te sientes caer”
Esta imagen es compleja y merece un análisis cuidadoso. “Calienta” sugiere confort, protección, el calor del hogar, la sensación de estar arropado. “No aprieta” sugiere la ausencia de opresión, de agobio, de asfixia. La combinación “calienta y no aprieta” define una paradoja: cómo estar cerca sin oprimir, cómo proporcionar calor sin asfixiar.
Esta paradoja describe una de las tensiones fundamentales de las relaciones contemporáneas: el equilibrio entre intimidad y autonomía, entre cercanía y libertad, entre compromiso y espacio personal. Las narrativas del amor romántico tradicional tendían a resolver esta tensión mediante la fusión: los amantes se vuelven uno, se pierden el uno en el otro, renuncian a su autonomía individual. Las narrativas del amor líquido contemporáneo resuelven la tensión en la dirección opuesta: máxima autonomía, mínimo compromiso, vínculos que no atan.
El poema propone una tercera vía: un amor que proporciona calor (intimidad, cercanía, apoyo) sin apretar (sin oprimir, sin asfixiar, sin eliminar la autonomía). Esta formulación es más fácil de enunciar que de practicar: requiere un equilibrio delicado, una negociación constante, una atención mutua a las necesidades cambiantes de espacio e intimidad.
La segunda parte de la estrofa introduce una imagen diferente:
“pero sostiene en el aire cuando te sientes caer”
Esta imagen del sostenimiento frente a la caída es particularmente reveladora en el contexto de la precariedad millennial. La sensación de “estar cayendo” —económicamente, laboralmente, vitalmente— es una experiencia generalizada en esta generación. La metáfora del poema sugiere que el “amor del bueno” no puede evitar la caída (no puede resolver la precariedad estructural, no puede proporcionar un trabajo estable o una vivienda asequible), pero puede “sostener en el aire”, puede proporcionar un apoyo que hace la caída menos aterradora.
Esta función de sostén es fundamental. En un contexto de precariedad generalizada, donde las instituciones tradicionales (el Estado del bienestar, el empleo estable, la familia extensa) ya no proporcionan la seguridad que antes proporcionaban, las relaciones afectivas se vuelven redes de seguridad cruciales. El amor, en este sentido, no es un lujo ni una distracción, sino una infraestructura de supervivencia.
4.5. “Amor en presente y en ahora”: temporalidad y sostenibilidad afectiva
El verso aislado tipográficamente, “Amor, en presente y en ahora”, condensa una de las propuestas centrales del poema. Esta formulación sobre la temporalidad del amor merece un análisis detallado.
El amor romántico tradicional operaba con una temporalidad específica: la eternidad. “Te amaré para siempre”, “hasta que la muerte nos separe”, “amor eterno”. Las promesas de eternidad eran constitutivas de la legitimidad del amor: un amor que no aspiraba a la eternidad era considerado menor, superficial, no auténtico.
El amor líquido contemporáneo, en cambio, opera con una temporalidad opuesta: el instante. No hay promesas de futuro, no hay compromisos duraderos, solo el presente inmediato del match, del encuentro, de la noche compartida. Esta temporalidad del instante proporciona flexibilidad pero impide cualquier forma de construcción compartida a medio o largo plazo.
La formulación del poema, “amor en presente y en ahora”, se sitúa en un espacio intermedio. No promete eternidad (con sus connotaciones de promesas imposibles, de grandilocuencia retórica), pero tampoco se limita al instante efímero. “Presente” y “ahora” sugieren una temporalidad del estar-siendo, una duración que no se proyecta indefinidamente hacia el futuro pero que tampoco es puntual.
Esta temporalidad conecta con el presentismo forzado de la generación millennial, que como vimos antes no puede planificar a largo plazo debido a la precariedad. Pero el poema convierte este presentismo forzado en una virtud: no poder prometer eternidad no es una debilidad sino una honestidad. El amor que existe “en presente y en ahora” es un amor que no engaña con promesas grandilocuentes, que no hipoteca un futuro incierto, que se sostiene en el estar-juntos cotidiano.
La estrofa final introduce una vuelta reflexiva:
“Y yo, que siempre quise un buen dramón de cine, ahora solo deseo un buen amor como el suyo”
Este giro es fundamental para entender el poema completo. La voz poética reconoce explícitamente que su deseo ha cambiado: antes deseaba “un buen dramón de cine”, ahora desea “un buen amor como el suyo”.
El “dramón de cine” es una referencia directa a las narrativas románticas del cine hollywoodiense: amores imposibles, obstáculos dramáticos, intensidad emocional extrema, grandes gestos, escenas de ruptura y reconciliación, finales felices o trágicos pero siempre grandilocuentes. Estas narrativas han educado sentimentalmente a generaciones enteras, han configurado las expectativas sobre cómo debe ser el amor, han establecido los guiones que las personas intentan reproducir en sus vidas.
El poema reconoce la seducción de estas narrativas (“siempre quise”) pero las rechaza explícitamente en favor de “un buen amor” sin drama. Este rechazo no es una resignación sino una maduración: la voz poética ha aprendido que el drama no es deseable, que los “dramones” son precisamente los amores que “dejan el cuerpo roto”, que “dan resaca”.
El contraste entre “siempre quise” (pasado, duración indefinida) y “ahora solo deseo” (presente, cambio) marca una transformación en la subjetividad. Hay un antes (el deseo del dramón) y un después (el deseo del amor bueno). Y este tránsito se presenta como un aprendizaje, una ganancia, no como una pérdida o una renuncia.
- LA CONSTRUCCIÓN DE UNA AFECTIVIDAD SOSTENIBLE
El poema “Amor bueno” propone lo que podríamos llamar una afectividad sostenible, un modelo de amor que responde a las condiciones específicas de la precariedad millennial. Esta propuesta tiene varias características:
Rechazo de la lógica adictiva: El amor sostenible no opera según ciclos de euforia y catástrofe sino según una lógica de equilibrio. Proporciona placer y satisfacción sin los efectos secundarios devastadores.
Equilibrio entre intimidad y autonomía: “Calienta y no aprieta” define un balance entre cercanía y libertad, entre compromiso y espacio personal. No es el amor fusional del romanticismo tradicional ni el amor distante del amor líquido.
Función de sostén frente a la precariedad: En un contexto de inseguridad generalizada, el amor funciona como red de apoyo, como infraestructura de supervivencia. “Sostiene en el aire cuando te sientes caer”.
Temporalidad del presente: No promete eternidades imposibles ni se limita a instantes efímeros. Existe “en presente y en ahora”, en una duración que se construye día a día sin hipotecar el futuro.
Rechazo del dramatismo: El amor sostenible renuncia al drama, a la intensidad destructiva, a los grandes gestos. Se construye en lo cotidiano, en lo doméstico, en lo simple.
Lenguaje del cuidado: Aunque el poema no usa explícitamente el vocabulario del cuidado, toda su propuesta puede leerse en esos términos: el amor bueno es el que cuida, el que nutre sin inflamar, el que sostiene sin oprimir.
Esta propuesta de afectividad sostenible puede leerse como una respuesta específica a la crisis de las formas tradicionales de amor. Frente al agotamiento producido por las apps de citas, frente a la precariedad que impide los compromisos a largo plazo, frente al cinismo generalizado sobre las relaciones, el poema propone una tercera vía: ni el romanticismo tradicional con sus promesas grandilocuentes, ni el amor líquido con su descartabilidad, sino un amor que podríamos llamar “realista”, “sostenible”, “cuidadoso”.
- EL POEMA EN EL CONTEXTO GENERACIONAL MILLENNIAL
El poema “Amor bueno” debe leerse como un documento generacional, como una articulación poética de las ansiedades, deseos y saberes de la generación millennial española. Varios elementos del poema son específicamente generacionales:
El vocabulario del consumo hipster: Las referencias a “tiendas hipsters”, al “pan tierno”, al “vino espeso” sitúan el poema en un universo cultural específico: la clase media urbana millennial con cierto capital cultural pero sin acceso a la propiedad, que invierte en consumo experiencial y productos con narrativas de autenticidad.
La experiencia del daño corporal: Las imágenes de los amores que “inflaman las tripas”, que “dan resaca”, que “dejan el cuerpo roto” resuenan con la experiencia generalizada millennial de relaciones que han producido daño psicológico y emocional. Esta generación ha experimentado masivamente el agotamiento de las apps de citas, el ghosting, las relaciones tóxicas.
La renuncia al drama: El rechazo explícito del “dramón de cine” es generacional. Después de décadas de narrativas románticas que romantizaban el sufrimiento, hay una fatiga del drama, un deseo de relaciones que no reproduzcan la violencia simbólica del romanticismo tóxico.
El presentismo afectivo: La formulación “amor en presente y en ahora” responde al presentismo forzado de una generación que no puede hacer planes a largo plazo debido a la precariedad. Si no se puede prometer eternidad (porque el futuro es radicalmente incierto), al menos se puede comprometerse con el presente.
La búsqueda de sostén: La imagen del amor que “sostiene en el aire cuando te sientes caer” responde a una necesidad específica de una generación que experimenta la sensación constante de estar cayendo, de que “la vida se le escapa de las manos”. En este contexto, el amor como red de sostén es una necesidad existencial.
El poema puede leerse también como parte del fenómeno más amplio del “retorno del romanticismo” que analizamos en el marco teórico. Como señalaban los estudios, los millennials están “solidificando” el amor después de años de fluidez, están buscando “historias que duren, rituales que den sentido, vínculos que anclen”. Pero este retorno no es una vuelta al romanticismo tradicional: es la búsqueda de una tercera vía que combine compromiso con realismo, intimidad con autonomía, duración con flexibilidad.
VII. CONCLUSIONES
El análisis de “Amor bueno” permite extraer varias conclusiones sobre la configuración de nuevas formas de pensar el amor en la poesía española contemporánea:
- La mercantilización como estrategia crítica
El poema utiliza el vocabulario del consumo (pan hipster, vino espeso, amor del bueno) no para reproducir la mercantilización neoliberal del amor sino para subvertirla. Al aplicar criterios de “calidad” al amor (bueno vs. malo), el poema está proponiendo que no todas las relaciones son iguales, que hay que discriminar, que es legítimo rechazar los amores que dañan. Esta operación desmantela la ideología neoliberal que presenta toda elección como igualmente válida.
- El cuerpo como territorio del daño y del cuidado
El poema insiste en las metáforas corporales: tripas inflamadas, cuerpo roto, resaca. Esta corporalización del sufrimiento amoroso es significativa: rechaza las concepciones puramente espirituales o abstractas del amor para insistir en que el amor tiene efectos materiales sobre el cuerpo. Y si el amor malo daña el cuerpo, el amor bueno lo cuida, lo nutre, lo sostiene.
- El rechazo del dramatismo como gesto político
El rechazo explícito del “dramón de cine” no es solo una preferencia personal sino un gesto político. Las narrativas dramáticas del amor romántico han normalizado formas de violencia (celos como prueba de amor, sufrimiento como autenticidad, control como cuidado) que el feminismo ha denunciado sistemáticamente. Rechazar el drama es rechazar estas formas de violencia.
- La temporalidad del presente como ética afectiva
La propuesta de un “amor en presente y en ahora” no es una limitación sino una ética: ser honesto sobre lo que se puede prometer, no hipotecar el futuro con promesas grandilocuentes, construir la relación día a día. Esta ética responde a las condiciones de precariedad pero también propone una forma de habitar el tiempo más atenta, más consciente.
- El amor como infraestructura de supervivencia
En el contexto de precariedad millennial, el amor no es un lujo ni una distracción sino una infraestructura de supervivencia. La imagen del amor que “sostiene en el aire cuando te sientes caer” define esta función: en un mundo que no proporciona redes de seguridad institucionales, las redes afectivas se vuelven cruciales.
- La búsqueda de una tercera vía afectiva
El poema articula una búsqueda generacional de una tercera vía entre el romanticismo tradicional y el amor líquido. Esta tercera vía combinaría compromiso con realismo, intimidad con autonomía, duración con flexibilidad, placer con sostenibilidad.
Líneas de investigación futura
Este análisis abre varias líneas de investigación que merecerían desarrollo:
- Un corpus de “poesía del amor sostenible”: ¿Qué otros poemas contemporáneos articulan propuestas similares? ¿Cómo dialogan entre sí? ¿Hay diferencias de género, clase, generación?
- Amor y precariedad en la literatura española post-crisis: ¿Cómo ha impactado la crisis de 2008 y la posterior de 2020 en las representaciones literarias del amor? ¿Qué continuidades y rupturas existen con períodos anteriores?
- El vocabulario del consumo en la poesía amorosa contemporánea: ¿Cómo utilizan otros poetas el lenguaje del mercado para hablar del amor? ¿Cuándo reproduce la mercantilización y cuándo la subvierte?
- Generación y afectividad: ¿Existen diferencias significativas entre cómo los millennials y la Generación Z piensan el amor? ¿Cómo se manifiestan estas diferencias en la producción poética?
- La corporalización del daño afectivo: ¿Cómo representan otros textos el impacto corporal de las relaciones? ¿Qué vocabularios (médico, terapéutico, sensorial) se utilizan?
- El rechazo del dramatismo: ¿Existe una tendencia más amplia en la cultura millennial al rechazo del drama romántico? ¿Cómo se manifiesta en otros ámbitos (cine, series, música)?
Reflexión final
“Amor bueno” constituye un documento poético excepcional porque logra articular, en apenas diecisiete versos, una propuesta compleja sobre cómo repensar el amor en condiciones de precariedad. El poema no ofrece soluciones mágicas ni promesas imposibles. No pretende que el amor pueda resolver la crisis estructural que atraviesa la generación millennial. Pero sí propone que, incluso en estas condiciones adversas, son posibles formas de amor que nutran en lugar de dañar, que sostengan en lugar de oprimir, que existan en el presente sin hipotecar el futuro.
Esta propuesta de un “amor del bueno” —sencillo, cotidiano, sostenible— puede parecer poco romántica en el sentido tradicional. No hay grandes gestos, no hay promesas de eternidad, no hay drama. Pero quizá precisamente por eso sea una propuesta más realista, más honesta, más adecuada para una generación que ha aprendido a desconfiar de las promesas grandilocuentes y que busca, simplemente, formas de vinculación que no reproduzcan la precariedad que ya atraviesa todas las demás dimensiones de sus vidas.
VIII. BIBLIOGRAFÍA
- LIBROS
Bauman, Zygmunt. Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Traducción de Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2005. 203 pp. ISBN: 978-968-16-8372-6. Colección Sociología. Título original: Liquid Love: On the Frailty of Human Bonds (2003).
Fisher, Mark. Realismo capitalista. ¿No hay alternativa?. Traducción de Claudio Iglesias. Buenos Aires: Caja Negra, 2016. 128 pp. ISBN: 978-987-1622-35-0. Título original: Capitalist Realism: Is There No Alternative? (2009). [Referencia teórica implícita en artículos citados]
Illouz, Eva. Por qué duele el amor. Una explicación sociológica. Traducción de María Victoria Rodil. Madrid: Katz Editores, 2012. 298 pp. ISBN: 978-84-92946-47-1. Colección Ensayos. Título original: Why Love Hurts: A Sociological Explanation (2012).
Navas, María. Poemas en el bolso. Madrid: Editorial Poesía eres tú, 2025. ISBN: 979-13-87806-24-8. Depósito Legal: M-25311-2025.
- ARTÍCULOS ACADÉMICOS Y ESTUDIOS
Aumaitre, Ariane y Galindo, Jorge. La generación de la doble crisis. Madrid: EsadeEcPol / Friedrich Naumann Foundation, diciembre 2020. Disponible en: https://www.esade.edu/ecpol/es/publicaciones/la-generacion-de-la-doble-crisis/. Consultado el 30 de noviembre de 2025.
- ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS
Canales, Candela. “La precariedad infantiliza: por qué la generación de quienes rondan los 30 no se siente adulta”. elDiario.es, 25 de enero de 2024. Disponible en: https://www.eldiario.es/era/precariedad-infantiliza-millennials-no-se-sienten-adultos_1_10867207.html. Consultado el 30 de noviembre de 2025.
“‘Millennials’, una generación entre dos crisis”. Revista Haz, 13 de julio de 2021. Disponible en: https://hazrevista.org/rsc/2021/07/millennials-jovenes-generacion-entre-dos-crisis/. Consultado el 30 de noviembre de 2025.
“La generación de la doble crisis (y el doble desengaño)”. Ethic, 24 de marzo de 2021. Disponible en: https://ethic.es/2021/03/millennials-la-generacion-de-la-doble-crisis/. Consultado el 30 de noviembre de 2025.
“La generación del anillo: por qué los jóvenes vuelven a estar locos por casarse”. El Mundo, 25 de noviembre de 2025. Disponible en: https://www.elmundo.es/papel/historias/2025/11/25/69206447fdddffe27b8b45d3.html. Consultado el 30 de noviembre de 2025.
Soler Martínez, Álvaro y Bobadilla, José Manuel. “Jóvenes sin alternativa: cómo la precariedad y el realismo capitalista definen una generación”. El Salto Diario, 3 de octubre de 2024. Disponible en: https://www.elsaltodiario.com/precariedad/jovenes-alternativa-precariedad-realismo-capitalista-definen-una-generacion. Consultado el 30 de noviembre de 2025.
- DATOS ESTADÍSTICOS Y FUENTES INSTITUCIONALES
Consejo de la Juventud de España (CJE). Observatorio de Emancipación. Informe 2024. Madrid: CJE, 2024. [Dato citado: 16% de jóvenes emancipados en España]
INJUVE (Instituto de la Juventud de España). Informe Juventud en España 2020. Madrid: Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, 2021.
The Knot Worldwide. Wedding Trends to Watch Report 2025. Nueva York: The Knot Worldwide, 2025. [Dato citado: 86% de jóvenes Gen Z planea casarse]



